martes, 2 de junio de 2015

5.8. ¿A qué puñetas jugáis en Senillar?



   La conversación que mantienen Lolita y José Vicente acerca de qué deberían hacer, respecto al proyecto de Vives de solicitar que se desvíe la carretera nacional que discurre por el interior del pueblo, está teniendo unos tintes de sincera profundidad desconocidos hasta ahora entre ellos, aunque la joven sigue manteniendo ciertas reservas hacia su jefe político. Por eso, cuando Gimeno dice que no solo es una mujer maravillosa sino también la persona más inteligente que conoce, Lolita se queda mirando fijamente al hombre, trata de descubrir el más pequeño signo que delate falsedad o ironía en sus palabras, pero solo ve sinceridad. Y eso le conmueve. No está acostumbrada a que la traten como una persona capaz de pensar por su cuenta y al mismo tiempo como una mujer. Y descubre que le gusta. Sabe muy bien lo qué suelen valorar los hombres en las mujeres, no hay más que observar adónde van sus miradas: a los pechos, al culo, a las piernas, a la cara y casi siempre por ese orden. José Vicente es una excepción, salvo en sus primeros contactos, en los que tuvo que ponerle en su sitio, nunca más le dirigió una mirada salaz y la trató siempre como a una igual. Recuerda que Rafael nunca se comportó así, solo veía en ella a la mujer, jamás a la persona. En la comparación gana Gimeno por goleada, aunque a los sentimientos eso les traiga sin cuidado.
- Gracias por tus palabras, José Vicente, pero como sigas así – acompaña su respuesta con una generosa sonrisa - tendré que volver a llamarte jefe. Vamos a centrarnos en la próxima reunión de Vives y su pandilla. Me contaste que tienes un topo infiltrado entre ellos. No, no quiero saber quién es, no me interesa… por el momento. Se me ocurre que podrías pedirle que en esa reunión plantease alguna sugerencia para que tomasen aquellas medidas que previamente hubiésemos estudiado. Con lo cual, seríamos nosotros quienes marcaríamos el camino a seguir y el ritmo del proceso.
- Me parece una idea cojonuda… Perdona el vocabulario, pero no se me ocurre otro calificativo más expresivo.
- ¡Ay los hombres!, siempre a vueltas con vuestros atributos. Creo que deberías sugerirle a tu topo que deje caer la idea de que, como en Valencia no les hicieron caso, lo mejor sería cursar la solicitud del desvío directamente al ministerio. El no ya lo tienen, pero a lo mejor en Madrid hay más suerte y cambia la tortilla. Si lo hacen los tendremos atrapados.
- Ya veo por dónde vas. Si llega la solicitud al ministerio lo más probable es que pregunten a Obras Públicas de Valencia qué pasa con esa petición del Ayuntamiento de Senillar, con lo cual el delegado se cabreará todavía más por haberlo puenteado.
- Muy bien José Vicente, ya le vas cogiendo el aire a las añagazas políticas. Ese es uno de los efectos que podríamos obtener. Y pudiera ser que consiguiéramos un trofeo más valioso, si el Gobierno Civil también se enterara de que el Ayuntamiento se dirige directamente al ministerio sin pasar por su filtro el rebote que seguramente cogerían nos vendría de perlas.
- Pienso que también nos interesará primar a Severino para que nos pase una copia de la solicitud que haga el Ayuntamiento.
- Excelente idea. Me siento como una Mata Hari. Te prometo que no me lo pasaba tan bien desde... – sabe perfectamente cuándo se lo pasaba bien y con quién -; bueno, desde que llevaba trenzas.
   El infiltrado de Gimeno juega sus cartas y Vives se traga el cebo con anzuelo y todo. Elaboran y envían al Ministerio de Obras Públicas una solicitud formal pidiendo la construcción del desvío. Veinticuatro horas después de su redacción, Gimeno tiene en su poder copia del escrito y de la documentación aneja que le acompaña. Su topo ha sido quien, bajo mano y con la promesa de total discreción, le ha pasado copia del expediente. Sin esperar a que desde Madrid haya respuesta, José Vicente lleva la documentación a su camarada y amigo Germán Peláez, secretario de la Jefatura Provincial del Movimiento. La ruleta del juego sucio de la política se ha puesto en marcha, solo falta averiguar quién ganará la partida.
   Transcurrido casi un mes, Gimeno es convocado al Gobierno Civil. Tras una espera de cerca de una hora, el Gobernador y Jefe Provincial le recibe. Su cara es inexpresiva, pero el tono de su voz corta como un bisturí:
- Buenas tardes, Gimeno – coge un expediente que tiene encima de la mesa y le echa un vistazo -. Te he llamado para que me expliques a qué puñetas jugáis en Senillar al dirigiros directamente a Madrid sin que en Gobierno Civil, ni en la correspondiente delegación se tenga noticias de ello. ¿Es qué no sabéis cómo funciona la administración? ¿Acaso pensáis que el Gobernador Civil es una especie de florero puesto por el gobierno de la nación como decorado? ¿Os imagináis qué pasaría si cada uno de los casi nueve mil municipios del país se pusieran a pedir obras a la administración central sin ton ni son? Pero, hombre de Dios, yo te hacía mucho más inteligente que todo eso, pero visto este expediente ya no estoy tan seguro.
   Gimeno aguanta el chaparrón lo mejor que puede. En cuanto el poncio le da la primera oportunidad se apresura a explicarle que los documentos, que el Gobernador ha arrojado encima de la mesa, los aportó él precisamente para subsanar una falta, en su opinión imperdonable, del Ayuntamiento de Senillar y en la que la jefatura local no ha tenido ni arte ni parte. Cuenta al jerarca la historia del proyecto y de cómo se enteró del mismo por casualidad. En el momento que tuvo noticia cierta de la falta de lealtad del alcalde hacia la jerarquía, se apresuró a hacer llegar la documentación a la provincial. A él también le ha dolido profundamente el hecho, que es prueba de una carencia total de fidelidad hacia los principios de Falange y de que se hayan saltado la cadena de mando. Actuaciones así jamás las hubiese realizado un verdadero falangista.
- Bien..., perdona mis exabruptos de antes, Gimeno, pero estos chicos de la secretaría no siempre me lo cuentan todo correctamente. No sabía que te habías limitado a denunciar el hecho, creía que también eras partícipe de esta..., no sé cómo tipificarla.
- Lo entiendo, camarada, y no hay nada que perdonar. Me considero, ante todo, un hombre de partido y jamás hubiese consentido que este disparate se llevase a cabo de haberlo sabido. Esto se ha producido porque, como antes afirmaba, lo han llevado a cabo individuos que no sienten nuestro ideario.
- Sí, pero el alcalde también es afiliado. ¿Cómo alguien con carné se mete en aventuras que pueden salirle tan caras?
- Esa es la cuestión, camarada. El alcalde es un afiliado de pacotilla. Le daría igual tener el carné de socio de un club de fútbol. No es un falangista auténtico. Solo es un comerciante que hizo mucho dinero con el mercado negro y que cree que todo vale. Actúa como los nuevos ricos y está convencido de que el dinero abre todas las puertas. Por eso hace lo que hace.  
- ¿No hay ninguna duda de que la iniciativa de esta descabellada petición ha partido del alcalde? ¿Cómo se llama? – hojea el expediente -. ¿Ha sido Vives el autor?
- Hasta dónde he podido averiguar parece que sí. Y, naturalmente, la solicitud lleva su firma.
- Te pregunto esto porque ya sabes lo que pasa en los pueblos. Siempre hay un listo, con intereses personales, que coge al alcalde de turno, que en muchos casos es medio analfabeto, y le calienta la cabeza sobre lo interesante que sería realizar tal o cual obra. Convence al pobre hombre y le hace firmar lo que sea. ¿Ha podido pasar algo de eso en este caso?
- No lo creo, camarada. Francisco Vives no es hombre de estudios, pero tampoco es un ignorante y sabe pensar por su cuenta. Lo que le ocurre es que pretende gobernar el pueblo como si fuera un cacique de los años veinte, de aquéllos contra los que clamaba tu paisano Joaquín Costa. Cree que el Estado Nacionalsindicalista no es más que una mera formulación retórica. Está convencido de que todo vale y de que la cadena de mando no es más que un estorbo. Yo sufro en mi jefatura actuaciones de ese tipo constantemente, que no te he denunciado porque sé que tienes asuntos mucho más importantes que resolver y no vas a perder tu valioso tiempo en enmendarle la plana a un alcalde de pueblo.
- Pues quizá hiciste mal, Gimeno. La prudencia es una virtud, pero si hubiésemos intervenido antes, actuaciones tan desordenadas como ésta acaso no se hubiesen producido.
- Tienes toda la razón, camarada, pero de verdad me da no sé qué venirte con cuentos de esa índole. No sé si te acuerdas, pero hace un tiempo ya hubo un problema con motivo de la puesta en marcha del coto arrocero y en aquel momento tuve que recurrir a ti porque se trataba de lo que consideré un auténtico golpe de mano contra el partido.
- Siii, algo recuerdo – no recuerda absolutamente nada, pero lo del coto le suscita otra cuestión -. Por cierto, y a propósito del arroz, quiero felicitarte por tu magnífico informe sobre el aumento de la producción cerealista en Senillar. Se lo he mostrado a más de un jefe local poniéndolo como modelo de buen hacer. Y te lo adelanto: te he propuesto al Ministerio de Agricultura para que te concedan la medalla al Mérito Agrícola. Enhorabuena por adelantado.
- Muchas gracias, jefe. Mi única aspiración es servir al partido y a la patria con total entrega. En cuanto a lo del expediente del desvío, ¿quieres que haga alguna gestión? – Gimeno teme que el jefe se haya olvidado de por qué está allí.
- No, no hace falta. Ya me encargo de tirarle de las orejas al cantamañanas de tu alcalde y de hacerle saber que de ésta se va a librar, pero que va a ser su última oportunidad. Puedes retirarte. 
- A tus órdenes, camarada. ¡Arriba España!

viernes, 29 de mayo de 2015

5.7. Siempre te tomo en serio



   La iniciativa de Vives sobre el posible desvío de la carretera nacional a su paso por el pueblo concita, como no podía ser menos, la atención de los parroquianos del café El Porvenir. Y, como suele ocurrir, cada uno opina en función de sus intereses y simpatías.
- ¿Cómo quedará lo del desvío? – pregunta el ferroviario Ballesta.
- Cualquiera sabe – contesta Sanchís, el boticario -. De momento ha servido para que, por enésima vez, el clan de los Arbós y sus amigos se traben de cuernos con Vives y los suyos.
- ¿Y José Vicente tendrá algo qué decir al respecto? – quiere saber Clavé, el telegrafista.
- Gimeno no es más que un correveidile de los Arbós y solo dirá lo que sus amos le manden que diga – asegura Bonet, el otro ferroviario del grupo.
- Hombre, Celestino, creo que te pasas. José Vicente tiene personalidad más que sobrada para pensar por su cuenta. No necesita a los Arbós ni a nadie para decidir por sí mismo – replica Grau, el joven veterinario.
- Pero volviendo a mi pregunta ¿alguien sabe qué va a pasar, se hará o no el desvío? – insiste Ballesta.
   Unos aseguran que sí, otros que no. Aunque realmente nadie tiene información fidedigna que pueda asegurar una u otra opción. Hasta que toma la palabra Lapuerta, a quien todos respetan, no se sabe bien si es por ser un hombre cabal o porque es el médico de la mayoría de los contertulios, y que hasta ese momento no ha intervenido en la discusión.
- Quizá más importante que la obra en sí es la carga simbólica que hay detrás de ella.
-  ¿Y eso qué significa, don Manuel? – pregunta, curioso, Esteller, el rapabarbas.
- Pues según quien sea la facción que gane la pelea eso marcará, posiblemente, el devenir del pueblo en las próximas décadas.
- Manolo, si no te explicas mejor nos has dejado a todos in albis – puntualiza Grau.
- El desvío es una obra menor que tendrá un mínimo impacto en la red viaria, pero no dejará de formar parte del sistema de carreteras que es soporte fundamental para la economía. Una de las causas más determinantes del secular atraso económico de España son sus pésimas comunicaciones. No tenemos vías fluviales, el transporte aéreo está en mantillas, el ferroviario, además de escaso, quedó destrozado tras la guerra y tardará años en recuperarse, y de las carreteras ¿qué decir?, todos conocemos su lamentable estado; pese a eso, por ellas circula más del ochenta por ciento del transporte terrestre. Cualquier obra, por pequeña y modesta que sea pero que mejore su trazado, sirve para facilitar las comunicaciones y por consiguiente ayuda a la economía y al progreso del país – tras la parrafada, Lapuerta se calla.
   La mayoría de los tertulianos se quedan mirándole esperando que prosiga, pero el médico sigue silencioso. Es Sanchís quien rompe el mutismo:
- Todo lo que has dicho, Manolo, ya lo sabíamos, pero ¿dónde está la carga simbólica de que ganen unos u otros y cómo influirá en el futuro del pueblo?
- Lo que voy a decir no es más que una opinión, que conste. El desvío algo mejorará las comunicaciones locales, lo que a medio y largo plazo ayudará a la economía y, por tanto, al progreso del pueblo. Aquellos que se oponen se supone que es porque aceptan como buena la situación actual. Si ganan los que piden esa reforma, es probable que detrás de esa pequeña obra vengan otras que estimulen el despegue económico y social del municipio. La localidad crecerá y el crecimiento traerá cambios que influirán en la composición social y, de algún modo, en la estructura política. Si quienes vencen son los inmovilistas, se mantendrá el statu quo, el pueblo seguirá igual, nada o muy pocas cosas cambiarán.
- ¿Y usted quién cree que se llevará el gato al agua? – pregunta Esteller tan curioso como siempre.
   Lapuerta, por toda respuesta, esboza una media sonrisa irónica y se encoge de hombros. Si conoce la respuesta, prefiere no darla.
   El grupo que apadrina el desvío decide que sean                                                                          Paco Vives y su amigo Rúas los que visiten al delegado provincial de Obras Públicas. Le exponen sus pretensiones exagerando los problemas que provoca el continuo tránsito de camiones por el centro del pueblo. El delegado les escucha cortésmente, después les comunica que obras como las que solicitan las programan en Madrid y que en la última planificación recibida cree recordar que apenas existen desvíos. 
- ¿Y nos puede decir, señor delegado, si se va a construir alguno en nuestro pueblo?
   El funcionario pide por teléfono interior que le busquen el dato. No, no hay ninguna obra prevista en Senillar.
- ¿Y qué tendríamos que hacer para que construyan el desvío?
- Como les he dicho, las obras se planifican en el Ministerio. No creo que ustedes puedan hacer algo.
- Pero, señor delegado, las molestias las sufre el vecindario. Algo tendrán que decir sus representantes, que en este caso somos nosotros.
- Comprenderán que si en Madrid tuvieran que hacer caso de lo que pide cada pueblo, el Estado no tendría dinero suficiente para atender ni la milésima parte de las peticiones. La planificación la elaboran los órganos centrales que son los únicos que conocen todos los datos y necesidades de la nación y manejan los escasos fondos con que se cuenta.
- Pero como Ayuntamiento, y en representación de los vecinos, podremos pedir…
- Perdonen, caballeros – el delegado comienza a irritarse -, les ruego que no insistan. Si ustedes quieren cursar una solicitud háganlo por los cauces reglamentarios. Y ahora me disculparán, pero tengo una mañana muy ocupada.
   Pese a que el funcionario se ha puesto de pie para despedirles, Vives sigue insistiendo en que algo podrán hacer para pedir la obra. El delegado, decididamente molesto, llama a un conserje para que les acompañe a la salida. El alcalde y su acompañante salen de la delegación no solo frustrados sino también irritados por la poca atención que se les ha prestado.
- Ese tío nos ha tratado como si fuéramos unos patanes. Me dieron ganas de enviarlo a hacer puñetas.
- La verdad es que se portó como si hubiésemos venido a robarle la cartera.
- Este tipo podrá tener muchos estudios, pero lo que es educación no tiene ni gota.
- Y que mal genio tiene el cabrón. Hay que ver como se ha puesto.
- ¿Y ahora, Jaime, qué hacemos?
- La verdad es que no lo sé. Creía que ese fulano nos daría alguna pista sobre lo que podríamos hacer, pero ya le oíste, las obras son competencia del ministerio y de ahí no lo hemos sacado.
   Ambos comisionados regresan al pueblo con las manos vacías y la cabeza caliente. Rúas, de parte de Vives, se encarga de citar a sus partidarios a una reunión que tendrá lugar en el Ayuntamiento para escuchar de viva voz la versión completa de lo tratado en la delegación y tomar las medidas que se crean oportunas. Como otras veces, Borrás le ha chivado a Gimeno la información sobre la reunión y sus motivos. A éste le falta tiempo para contárselo a su consejera áulica, a quien ya no le oculta nada. Ambos reflexionan sobre el próximo paso que deberían dar.
- ¿No crees, Lolita, qué es el momento de lanzar el rumor de que esa gestión ha colocado al pueblo en la cola de las obras públicas?
- Creo que debemos aguardar hasta saber qué acuerdan en la reunión que ha convocado Vives… Espera, se me ocurre algo mejor, en vez de esperar a que muevan ficha, quizá fuera más eficaz inducirles a que tomen el camino más adecuado a nuestros intereses.
- Explícate, bonita.
- Quiero decir que si esperamos a que Vives tome una decisión, luego nosotros trataremos de contrarrestarla, pero en verdad quien seguirá llevando la iniciativa será él. Creo que es mucho mejor darle la vuelta a la tortilla, que seamos nosotros quienes tomemos la delantera y fijemos las reglas de juego.
- Te prometo, y no lo digo de broma, que escuchándote hay veces que pienso que el jefe deberías de ser tú. Tienes materia gris para parar un tren exprés y, encima, la ocultas tras el rostro más atractivo que conozco. Dicho sea con todo el respeto – Gimeno sabe que cuando piropea a Lolita debe de hacerlo con pies de plomo y en tono festivo para eludir la fácil irritabilidad de la joven en ese terreno.
- Eres imposible José Vicente – La joven comienza a no molestarse por las cada vez más frecuentes alusiones a su físico que hace Gimeno, algo impensable unos meses atrás -. Estoy intentando ayudarte y tú, como si fueras un adolescente, piropeándome. A ver si por una vez eres capaz de tomarme en serio.
- Lolita, perdóname, es cierto que a veces disfruto gastándote pequeñas bromas, me encanta ver la carita que pones, pero siempre desde el gran respeto que te tengo. Dicho esto añado que siempre te tomo en serio. Sé que no descubriré la pólvora, pero tampoco soy tan estúpido como para no saber que tengo a mi lado, no solo a una mujer maravillosa, sino a la persona más inteligente que conozco, y a los inteligentes siempre hay que tomarlos en serio digan lo que digan.

martes, 26 de mayo de 2015

5.6. Eres maquiavélica



   Gimeno ha encontrado en Lolita la persona a la que puede contar sus dudas y a quien pedir opinión sobre casi todo, incluidas las cuestiones políticas. Ya metido de lleno en el camino de las confesiones, se sincera con la joven y ante su pregunta de ¿qué quieres hacer con tu vida? le da cumplida respuesta: le ha cogido gusto a la política, quiere ser el número uno del pueblo, quiere ser quién decida también en el Ayuntamiento, para ello ha de ser alcalde y al mismo tiempo necesita desprenderse de la tutela de los Arbós. Todo eso para empezar y luego, ¿quién sabe?, dar el salto a un puesto de más responsabilidad y mayor futuro en el ámbito provincial y al mismo tiempo mejorar profesionalmente.
- ... y eso es lo que quiero. Otra cosa es que pueda conseguirlo.
   Lolita no se sorprende demasiado sobre lo que está oyendo. Intuía las ambiciones políticas de su amigo, pero no creía que tuviera proyectos de futuro tan firmes. A sus ojos, Gimeno crece, es más maduro y luchador de lo que suponía, por eso su respuesta es la que es:
- Si pones voluntad y corazón estoy convencida de que lo conseguirás.
- No digo que no, pero ahora que te he abierto mi almario, ¿qué opinas? Sobre el problema concreto del proyecto del desvío.
- En principio, lo del desvío creo que sería positivo para el pueblo, por tanto opino que no deberías de oponerte. Dicho eso añadiré que tengo la impresión de que hay muchas más probabilidades de que la administración rechace la propuesta. El gobierno no tiene un duro, las pocas divisas que ingresa las tiene que gastar en carburantes y en productos de primera necesidad. Dudo mucho de que tenga capacidad para invertir en proyectos que no son prioritarios, como puede ser construir un desvío para un pequeño pueblo como éste.
- Opino lo mismo, pero en cualquier caso aunque digan que no, Vives se apuntará el tanto político de que ha sido quien ha cursado la petición.
- Es cierto y eso habría que contrarrestarlo. Y antes de que me preguntes cómo, te diré que no lo sé. Es cuestión de pensarlo. Posiblemente se te ocurrirá la solución antes que a mí.
   Deciden continuar la charla al día siguiente, a ver si mientras tanto encuentran alguna solución a los dilemas políticos que suscita el proyecto del desvío. Lolita se marcha a su casa excitada. La conversación le ha hecho sentir sensaciones que creía muertas o, en el mejor de los casos, dormidas. Se siente más viva, con más ganas de pelea, con hambre de comerse el mundo. La inmersión que acaba de tener en el escenario de la política real, aunque sea en un contexto tan modesto como el municipal, le ha sentado maravillosamente. Hasta siente un cierto cosquilleo en sus partes íntimas como hacía tiempo que no sentía y lo que le resulta más embarazoso es que nota una ligera humedad en las mismas. ¡Dios mío, se dice, si ahora va a resultar que vuelvo a la adolescencia! Debe de ser eso que algunos llaman la erótica del poder, piensa. Hacía mucho que no se lo pasaba tan bien, desde los añorados días de sus primeros años con Rafael. El recuerdo le cambia el semblante y su cara adopta, casi como si fuera un acto reflejo, la máscara de hosquedad y acritud que ha sido la constante en los últimos tiempos.
   Gimeno se queda en el despacho pensando por enésima vez que las mujeres en general y Lolita en particular son como esos arcones que te encuentras en los desvanes de la casa de los abuelos llenos de misterios y sorpresas, nunca sabes que vas a encontrar en ellos. Te puedes topar con una tonta de pomelo como la niña del tío Braulio, con una tímida discreta y amable como Merceditas la Estanquera o con una leona, toda energía y astucia, como ha demostrado ser Lolita. Tener al lado una mujer con ese empuje sería tanto como contar con una bandera de la Legión o una brigada de panzers: el éxito al alcance de la mano. ¡Qué lástima que le caiga tan mal como hombre! Porque es verdad que se han hecho muy amigos, pero nada más. Debe de tener razón Guillermo, se dice, puede que siga encoñada con el guaperas de Rafael Blanquer, que será un figurín pero también es tonto de baba, porque ya me dirás el trueque que ha hecho el fulano: cambiar a una tigresa como Lolita por una caniche como Pepita, por muchas fincas que vaya a heredar.
   Al día siguiente vuelven a encontrarse. Gimeno es el primero en confesar:
- Te soy sincero, no se me ha ocurrido nada que sea medianamente potable.
- Algo parecido me ha pasado. Solo un par de simplezas.
- A ver, cuéntamelas.
- Pues verás. Antes que nada, me reafirmo en que el desvío es algo bueno para el pueblo, por tanto no deberíamos torpedear el proyecto allí donde reside la capacidad para llevarlo a cabo; es decir, en Madrid o, en su caso, en Valencia. Algo distinto es que, tanto si se realiza como no, podemos utilizar su efecto propagandístico para llevar el agua a nuestro molino – y ya lanzada en su exposición política, Lolita sigue argumentando -. ¿Qué habría qué hacer? Si aprueban el proyecto, algo poco probable, habría que lanzar el rumor de que la construcción del desvío traerá al pueblo más inconvenientes que soluciones. Problemas del tipo de indemnizaciones por las expropiaciones, que estarán muy por debajo del valor real de las fincas, perderán los comercios del centro que ahora se benefician con el tráfico, etcétera. Y, lo más importante, los rumores a la contra: los únicos beneficiados serán los de siempre, Vives y sus amigos. Ahí funciona lo que te dije ayer, lo de los tuertos y los ciegos; es decir, algo tan español como la envidia.
- Oye, pues para ser una simpleza es de lo más retorcido y astuto que he escuchado. Si hubieras leído a Maquiavelo no lo habrías hecho mejor.
- Lo leí.
- Lolita, eres..., eres la caraba, aunque te tratara mil años seguirías sorprendiéndome. Anoche pensaba en ti; bueno, en lo que habíamos hablado, y te comparaba mentalmente con un arcón de esos de los abuelos en los que te encuentras lo que menos podías imaginar. Y en tu caso todas las sorpresas que deparas son a cual mejor. Si estuvieras de premio en una tómbola – dice con una amplia sonrisa para paliar la seriedad de su parrafada anterior – ten por cierto que sería el que me pediría.
- Bueno, ya solo me faltaba eso, que me rifen en una tómbola – también contesta humorísticamente, pero evidentemente halagada al detectar que los elogios de su amigo rezuman sinceridad a quintales.
- Bien. Has pensado una sugerencia soberbia sobre qué hacer si aprueban el proyecto. Ahora, por favor, cajita de las sorpresas, cuéntame la otra que se le ocurrió a esa cabecita tan maravillosamente amueblada que tienes.
- Eres incorregible, José Vicente, que forma de tomarle el pelo a una pobre muchacha como yo, pero te perdono. Pues he pensado otra simpleza, porque no merece otro calificativo. Si deniegan el proyecto tendríamos – Sin darse cuenta ya utiliza el plural de primera persona – que dejar correr el rumor de que la petición ha molestado no solo a los del Ministerio, sino también a Gobierno Civil, motivo por el cual han situado a Senillar en la cola de las localidades solicitantes, no solo para futuros desvíos sino para toda clase de obras públicas. Con lo que Vives y compañía, quizá sin pretenderlo, han podido hacer un daño irreparable al pueblo.
   Gimeno no puede evitar que se le escape un silbido admirativo.
- Lolita, no tengo palabras, de verdad que no sé cómo calificarte. Decirte que eres maquiavélica, en su mejor sentido, se queda corto. El día que decidas meterte en política vas a acabar con todos. No me importa confesar que, a tu lado, el aficionado soy yo.
- Al final has conseguido que me ponga colorada – Y sorprendentemente lo está -. Lo de maquiavélica no me pega ni con cola. Sigo insistiendo que lo más probable es que denieguen la petición. Quizá te preguntes que de donde saco esa impresión. De la simple lectura de la prensa diaria y sobre todo de escuchar Radio París.
- Ah, pero ¿sabes francés? Yo lo estudié en el bachillerato, pero ni lo hablo ni lo entiendo, siempre fui malo para las lenguas. Y hablando de formación, muchas veces tuve la tentación de preguntártelo, pero nunca me atreví, creo que, además de la escuela del pueblo, solo estuviste un par de años en un colegio de monjas cursando cultura general. Tan pocos estudios no se corresponden con la culturaza que tienes. Yo estudié más años y no tengo ni la mitad de tus conocimientos. ¿Cómo es posible que sepas tanto?
- No seas modesto, José Vicente. Sabes mucho más que yo. Además, no sé tanto como dices, mi bagaje cultural tiene más agujeros que un queso suizo. Lo que pasa es que he sido, y sigo siendo, una lectora voraz, leo cuanto cae en mis manos y durante los últimos años he tenido mucho tiempo libre. Encima tengo buena memoria. Si a todo eso añades que uno de mis maestros me inculcó una curiosidad enciclopédica y me enseñó a utilizar los instrumentos para buscar toda suerte de conocimientos, el puzle se completa.
- Lo que cuentas explica las muchas cosas que sabes, pero no por qué eres tan maquiavélica.