viernes, 29 de enero de 2016

10.13. ¡Qué país, qué paisaje, qué paisanaje!



   Alfonso Grau no acaba de creerse lo que le cuenta Martín Esteller, piensa si no será una de las muchas historietas en las que el barbero convierte un grano de mostaza de realidad en una enorme planta de inventiva. Está convencido de que si hay un matrimonio en Senillar que formen una pareja poco menos que modélica es la constituida por José Vicente y Lola. Les ha tratado lo suficiente para saber que si algo puede achacárseles es que están muy por encima de la mayoría de matrimonios de la localidad. José Vicente es inteligente, de fácil palabra, se le dan muy bien las relaciones públicas y si algo puede reprochársele es que se ha convertido en un político profesional de los que sostienen que el fin siempre justifica los medios. En cuanto a Lola es una mujer espléndida en muchos sentidos: encantadora, inteligente, sensible, buena conversadora y si habría que ponerle algún pero sería el que a veces se muestra excesivamente sinuosa. Ha ido pensando todo eso después de lo último que ha dicho el rapabarbas: apechugar con los cuernos.
- ¿Cuál de ambos tiene que apechugar con los cuernos? – quiere saber el veterinario.
- Ahí está uno de los poblemas – Esteller vuelve a dar patadas al diccionario – más gordos. Si fuera ella la cosa tendría menos pelendengues porque como es sabido a los hombres nos gusta mojar en más de una salsa, pero lo jodido del caso es que los cuernos son de él y eso ya son palabras mayores.
- ¿Qué Lola le ha puesto los cuernos a José Vicente?, no sé si creérmelo.
- Lo que yo le diga, don Alfonso, lo que yo le diga.
- Pero, bueno, Martín, ¿acaso los ha visto usted encamados?
- Don Alfonso, no me ofenda. Una cosa es que me guste darle a la sin hueso. Al fin y al cabo eso forma parte de mi oficio. Y otra muy distinta es que sea un alcahuete. Hasta ahí no llego.
- ¿Entonces cómo está tan seguro de que Lola ha engañado a su marido?
- Le podría responder que lo sé porque es lo que se cuenta en todas las esquinas del pueblo, pero por lo que estoy realmente seguro es porque en ese mismo sillón en el que está usted sentado hace tan solo unos días estaba el fulano que le ha puesto a Gimeno unos cuernos más grandes que los de un Miura.
- O sea, que usted admite como prueba incontestable de un adulterio la confesión o el farol de cualquier cantamañanas que va por ahí jactándose de que ha hecho esto o lo otro. Eso no me parece serio, Martín. Hay que ser más riguroso en lo que se cuenta, sobre todo cuando puede afectar a la honra de una mujer como Lola Sales y al honor de un hombre como José Vicente Gimeno – A Grau le ha dolido lo que barrunta que puede ser una ligereza del fígaro que, con tal de dar palique a un parroquiano, es capaz de inventarse cualquier cotilleo.
- Perdone, don Alfonso, no he querido molestarle con mis palabras. Razón tienen cuando dicen aquello de que en boca cerrada no entran moscas. Como si no hubiese dicho nada – El barbero se calla y continúa con su trabajo.
   Grau piensa que quizá se ha pasado un poco en la reprensión y no quiere que Martín, a quien ha llegado a apreciar, se quede disgustado, por eso no da por terminado el asunto:
- De todas formas, Martín, le confieso que tiene usted una habilidad inigualable de despertar mi curiosidad. Ha dicho que el supuesto burlador – esto no lo va a entender, se dice Grau -, el que ha puesto los cuernos se lo ha contado a usted. Y ese fulano supongo que tendrá un nombre.
- Si señor, lo tiene, y hasta dos apellidos como todo españolito – La respuesta del rapabarbas ha sido más bien seca y no ha añadido nada más.
- Bueno, no puede usted dejarme en ayunas. Ya que me ha contado lo más, el supuesto adulterio y sus víctimas, también debe contarme lo menos: el tenorio que ha sido el causante.
- ¿Sabe uno de los efectos de los cuernos, don Alfonso? – El barbero no parece que tenga ninguna gana en darle el nombre del burlador -. Un viejo cliente me contaba que cuando estuvo en la guerra de África tenía un sargento que, cuando se hablaba de cornamentas, siempre solía citar a un famoso escritor, cuyo nombre no recuerdo, que escribió que los cuernos son como los dientes, que al nacer duelen pero que luego ayudan a comer. Bien, pues en este caso ni siquiera existe ese consuelo.
- ¿Por qué?
- Porque el tenorio, como usted llama al que ha colocado los pitones, no le puede dar pan al que ha convertido en cabrón, solo berrinches y mala leche, mucha mala leche.
   Visto que el fígaro se empecina en no dar el nombre del supuesto donjuán y con su curiosidad a flor de piel, Grau insiste:
- Bueno, Martin, toda relación adúltera siempre está formada por un trío: el engañado o engañada, el adúltero o adúltera y el engañador o engañadora. ¿Va a decirme o no el nombre que falta para completar el trío?
- Don Alfonso, si me lo pide así yo le digo lo que usted quiera. Faltaría plus. El tenorio de marras es Rafael Blanquer. En el sillón que usted ocupa ahora alardeó de cómo se estaba tirando a la mujer del jefe local del Falange y, no contento con eso, lo contó con todo lujo de detalles, tantos que si no es cierto lo que dijo es que me estoy volviendo mochales.
- Ah – es cuanto dice Grau, un mucho asombrado por la revelación.
   El veterinario sale de la barbería con el pelo recién cortado y su fe en el género humano también bastante recortada. ¿Lola Sales liada con un petimetre como Rafa Blanquer? Un cantamañanas que no le dio jamás un palo al agua, un tío más superficial que las caras de un polígono, un tipo decadente que lleva impreso en el rostro la huella del vicio. Un fulano sin consistencia, ni hombría ni ambiciones. No puede ser. No se lo cree. Sabe que para gustos están los colores, pero es que lo que le ha contado el barbero es poco creíble. Tendrá que quedarse con la duda porque no es algo que se deba ir preguntando por ahí. ¡Solo faltaría que se le relacionara con semejante escándalo! De pronto, un nombre le viene a la cabeza. Hay una persona cuya discreción tiene más que probada y que, sin ser una chismosa, suele estar al corriente de cuanto ocurre en el pueblo, la novia del que pronto será su cuñado, Pilarín Vives.
- Pilarín, sabes que no me gustan los chismorreos, pero esta mañana me han contado uno en la barbería que no acabo de creerme. Y lo cierto es que han conseguido que me picara la curiosidad. Solo a ti me atrevo a preguntar algo que no me atañe en absoluto, pero que me gustaría que me lo confirmaras o que lo desmintieras. Bueno, y ya está bien de circunloquios. Lo que me han dicho, y me lo han asegurado como cierto, es que tu amiga Lola Sales tiene un romance, por decirlo de manera fina, con Rafael Blanquer. ¿Sabes algo o no es más que el clásico bulo para hacer daño?
- ¿A ti también te ha sorprendido?, pues puedes imaginarte la sorpresa de los que tratamos a Lola con cierta asiduidad. Parece que sí, que es cierto. Al menos, todos los datos que se conocen apuntan a ello. De hecho, la propia Lola le ha contado a una de sus íntimas que no se va a ir con José Vicente a Valencia y que él se lleva a la niña. Y, al parecer, añadió más, dijo que si estuviéramos en la República ya se habría divorciado. Y para completar la falla, y enredar más este lío, también se rumorea que los Arbós han tenido algo que ver en esa historia tan lamentable, que han sido ello los que han espoleado a Rafa para que le pusiera los cuernos al marido.
- Esto último no me cabe en la cabeza, no lo entiendo.
- Está claro, un individuo al que todo el mundo señala como cornudo queda desprestigiado y un hombre así no puede seguir siendo jefe local del Movimiento y mucho menos el cacique de facto del pueblo. Hasta le han sacado un remoquete, ahora le llaman “El Manso”. Blanco y en botella.
   Días después, Grau le cuenta a su novia la adulterina historia del trío formado por José Vicente, Lola y Rafael. Beatriz le da otras pistas que arrojan más luz sobre la aventura.
- Lola, con la que sabes que llegué  tener una buena amistad, aunque aparenta ser alguien que todo lo controla, es una mujer de sentimientos volcánicos. Rafael Blanquer fue su primer novio y, estoy convencida, de que también ha sido el único. Se casó con Gimeno para no convertirse en una solterona, pero dudo mucho de que estuviera enamorada de él. Lo que pongo en cuarentena es la intervención de los Arbós. No por ellos, que retorcidos lo son un rato, sino por el necio de Blanquer que es de los que piensa con la bragueta. Aunque de cierta gente de Senillar, que son capaces de todo para alcanzar el poder, te lo puedes esperar todo.
- Como diría Unamuno: ¡Qué país, qué paisaje, qué paisanaje!

martes, 26 de enero de 2016

10.12. Está a punto de partir palletes con su mujer



   Martín Esteller levanta la cabeza al oír la campanilla que suena cuando la puerta de la barbería se abre. Para su sorpresa quien acaba de entrar es el veterinario.
- Buenas tardes, don Alfonso, ¿cómo usted por aquí? – le saluda el barbero.
- Buenas tardes, Martín y la compaña. He venido a que me corte el pelo.
- No tenía por qué haber venido, ya se lo cortaré mañana cuando vaya a afeitarle.
- Mañana no estaré, me voy de viaje.
- Si es así, en cuanto termine con el señor Eugenio me pongo con usted. Solo van a ser unos minutos.
   En cuanto Grau ocupa el sillón del rapabarbas, Esteller comienza a darle palique siguiendo su inveterada costumbre.
- Así que de viaje, eh… – El barbero está a punto de preguntar que adónde, pero se contiene. El veterinario es uno de sus más distinguidos clientes y no es cuestión de incomodarlo.
   Grau, que le conoce bien, ha percibido la indecisión del fígaro y opta por complacerle. Al fin y al cabo, su viaje no pasará inadvertido y sabe, por experiencia, lo que disfruta el peluquero enterándose de los chismorreos más nimios.
- Voy a Faura – Ante el gesto de ignorancia de Esteller, completa la información -. Es un pueblo que está en la comarca del Campo de Morvedre, al lado de Sagunto.
   Por un momento, Grau está tentado de explicarle también al barbero el motivo de su viaje, pero en última instancia decide que será más prudente no contar más, sobre todo por si su plan no cuaja. Ha dicho una verdad a medias. Se desplaza a esa localidad y al contiguo pueblo de Benifairó de les Valls, a conocerlos y a hablar con las autoridades, porque ha quedado libre la plaza de veterinario, cuya demarcación abarca ambas localidades, y ha pensado solicitarla. Son pueblos más pequeños que Senillar, pero tienen la gran ventaja para él de que están cerca de Puzol, que es donde ahora viven los padres de Beatriz. Ha convencido a su novia para que pida la excedencia y prosiga los estudios de Filosofía y Letras en Valencia. Lo que aún no le ha confesado, pero tiene en mente, es que en cuanto se haya instalado, si es que consigue la plaza, va a pedirle que se casen. Interrumpe su soliloquio al percatarse de que Esteller está preguntándole algo.
- Perdone, Martín, pero estaba distraído. ¿Qué me preguntaba?
- Me refería a lo de la ONU. ¿Qué le parece? Se lo pregunto porque es una de las pocas personas con quien puedo hablar de esos poblemas. Aquí no creo que se haya enterado nadie de que han admitido a España, y además por goleada, y si lo saben seguro que les importa una higa porque el asunto no va con ellos.
- Es natural, bastante tienen con sus propios problemas y con los del resto del país, que no son pocos.
- Ciertos son los toros. En España hay problemas – Esteller es rápido aprendiendo a mejorar su léxico - para dar y tomar y aquí también tenemos los nuestros, pero al menos en el pueblo no escasea la comida ni el trabajo. Y cambiando de tercio, ¿ahora que se va a ir Gimeno, quién cree que tomará las riendas del carro?
- Martín, le recuerdo que el experto en cuestiones locales es usted, yo solo sigo siendo un forastero.
   Al barbero le ha encantado la respuesta de su cliente. Y se lanza a exponer su opinión sobre el posible devenir del futuro. En el pueblo está a punto de ocurrir un cambio capital: la desaparición de quien durante años ha sido el cacique local. Lo que no está muy claro es quien le va a suceder, porque a un cacique solo le sucede otro. Ese aparente e importante vuelco político y el tiempo transcurrido desde que terminó la guerra civil tendrían que haber producido cambios relevantes en la sociedad senillense, sin embargo da la impresión de que todo sigue como siempre.
- O sea, que una vez más parece que va a cumplirse la máxima lampedusiana: es necesario que todo cambie para que todo permanezca igual – sentencia el veterinario.
   Esteller está en un tris de preguntar qué demonios quiere decir eso de lampedusiana, pero prefiere dar un nuevo giro a la charla.
- ¿Y qué me dice de cómo está creciendo el turismo? Sin ir más lejos, tanto en Albalat como en Benialcaide cada estío hay más veraneantes, hasta extranjeros y todo se ven. Se están construyendo apartamentos y hoteles a toda pastilla.  Y todo eso va a suponer un río de dinero para nuestros vecinos. En cambio aquí, ya ve, nadie mueve un dedo para meter a nuestra Marina en el negocio turístico.
- Pues si sus paisanos no se despabilan mal asunto. Hay una vieja máxima que dice: o crece o muere.
- Pues aquí de crecer poquito, poquito o, si me apura, más bien nada.
- Siendo bien pensados, Martín, quizá lo que ocurra es que la mayoría de sus convecinos opinen que no merece la pena crecer. ¿Para qué se dirán? Si están convencidos de que viven en la millor terreta del mon como suelen repetir con frecuencia.
- Eso, como usted sabe mejor que yo, es una chorrada y en el mejor de los casos solo propaganda. Es como cuando dicen eso de Madrid al cielo. No son más que frases hechas para que las repitan los simplones que son los que más abundan en este pueblo; bueno, aquí y en todas partes. Aunque le acepto, don Alfonso, que hay mucha gente que cree que esto es poco menos que el paraíso terrenal, pero luego de atar los perros con longanizas na de na. Aquí, como en toda tierra de garbanzos, o doblas el lomo o nadie te lleva el pan a casa.
- Martín, siempre he pensado que la filosofía ha perdido con usted a todo un pensador – comenta Grau con gesto grave para que el peluquero no se mosquee. A un hombre con una navaja barbera en la mano es mejor no importunarle.
- Perdone que se lo diga, don Alfonso, pero usted es un bromista. Filósofo yo que solo soy un barbero de pueblo. Y volviendo al asunto anterior, ¿qué opina de la marcha de José Vicente Gimeno?
- Pues que quiere que le diga – Grau que conoce a sus clásicos no quiere meterse en el charco de la política local, no obstante decide recoger el envite pero dando una respuesta de tipo más personal que política -. Eso un asunto de índole particular y si a Gimeno le han ofrecido un puesto, como se rumorea, que es mucho mejor que la secretaría de la cooperativa lo natural es que lo acepte – y añade pensando en sí mismo -. Todo el mundo desea progresar, es lo más natural del mundo. Por cierto, ¿se confirma que lo nombran para el Sindicato de Hostelería?
- Sí señor, parece que será el jerarca del Sindicato de Hostelería y Similares, que ese es su nombre completo. Y ya ve usted lo que es la vida. Cuando ese hombre comienza una nueva carrera y que parece que todo le va de dulce va a tener que tragarse el sapo de estar a punto de partir palletes con su mujer.
- ¿Qué es eso de partir palletes con su mujer? – pregunta Grau.
- Así es como llamamos aquí a romper una relación – aclara el rapabarbas -. No me diga que no sabía usted que José Vicente y Lola están a punto de romper, eso si no lo han hecho ya.
- Es la primera noticia que tengo y, si fuera cierta, bien sabe Dios que lo sentiría, por ambos, porque son una pareja a la que aprecio – La tristeza de Grau ante la noticia parece auténtica -. ¿No será un calentón de esos que te pillan de improviso, pero que al final terminan solucionándose? Porque todos los matrimonios atraviesan por malos momentos.
- Según se cuenta en todos los corrillos no se trata de una situación de esas de pelillos a la mar que aquí no ha pasado nada, parece que la cosa es mucho más grave. Claro que solución tiene, todo es cuestión de apechugar con los cuernos.
- ¿Apechugar con los cuernos, pero que me dice? 

viernes, 22 de enero de 2016

10.11. Votos a favor: 55. En contra: 0


    Rodrigo Arbós ha convocado urgentemente al núcleo duro del clan familiar, han acudido sus hermanos Antonino y Gonzalo más su sobrino Leoncio. El patriarca actual del clan no pierde el tiempo en florituras y va directamente al grano:
- Os he llamado porque me ha llegado un rumor que de confirmarse puede suponer un cambio sustancial en la política local – Ante la expectación de sus familiares suelta la noticia -. Me han contado de buena fuente que José Vicente Gimeno se va a marchar del pueblo.
- ¿Y dónde va? – pregunta Leoncio curioso.
- Parece que a Valencia, pero lo de menos es adonde pueda ir, lo importante es que si se marcha del pueblo hemos de movernos rápidos para retomar un poder que nunca debió salir de nuestras manos – contesta Rodrigo tajante.
- Un grano en el culo menos que tendremos – comenta Antonino con satisfacción.
- Si se va Gimeno, ¿seguirá Marín cómo alcalde? – pregunta Gonzalo.
- Esa es la cuestión – abunda Rodrigo -, qué va a pasar con el Ayuntamiento y con la jefatura local. Tenemos que ponernos al tajo para reconquistar lo que era nuestro y que nunca debimos dejarnos arrebatar – reitera.
- Para mí que Marín no aguantará el tirón sin tener a Gimeno al lado – especula Gonzalo -. Todos sabemos que el alcalde no da un paso sin antes consultarlo con José Vicente. Como se quede solo no va a saber ni cuando ir a mear.
- Puedes apostar que será así – confirma Rodrigo -. Por lo tanto, hay que tener gente preparada para el relevo de Marín en cuanto se produzca, algo que si se confirma la marcha de Gimeno puede ser cuestión de meses o quizá de semanas. Pero como la primera vacante será la de la jefatura local, antes que nada hemos de tener preparado un nombre para proponerlo a nuestros amigos de la Jefatura Provincial como nuevo jefe de Falange. Del Ayuntamiento ya nos ocuparemos en su día.
- A bote pronto, no se me ocurre nadie de la familia que pueda ser un candidato presentable para los de la capital  - dice Antonino como para sí.
- No es necesario que tenga que ser un pariente, lo importante es que sea alguien fácil de manejar y que reúna una serie de condiciones. Tendría que ser uno que estuviese afiliado a Falange, que tuviera buena fama, que no fuese mal visto por el mando, mejor si tuviera un título o alguna clase de estudios y, por descontado, que fuese un hombre sin aristas ni recámara para que se dejara aconsejar debidamente. Esto último es lo más importante. Hemos de evitar por todos los medios que nos vuelva a salir otro Gimeno. ¿Conocéis a alguien así? – plantea Rodrigo.
   Tras unos minutos de silencio pensando en personas que respondan al perfil que ha dibujado el patriarca, Antonino toma la palabra:
- Se me ocurre que quizá nuestro sobrino Gervasio podría servir.
- Tío – interviene Leoncio -, no es por llevarle la contraria, pero Gervasio no vale. Tiene mucho desparpajo, pero es medio analfabeto, apenas si sabe firmar. ¿Cómo va a ser el jefe de Falange?
- Estoy de acuerdo con Leoncio – respalda Rodrigo.
   El grupo vuelve al silencio hasta que Leoncio hace una nueva propuesta:
- ¿Y si proponemos a Rafael Blanquer?, por su matrimonio con Pepita está emparentado con la familia, reúne algunas de las condiciones que has citado y con lo flojo que es de muelles será fácil de llevar del ramal.
- Quita, quita, sobrino – rebate Rodrigo -. Con lo mujeriego que es el Rafa no ganaríamos para follones, o peor aún si algún marido engañado no pretendiera tomarse la justicia por su mano. Necesitamos a alguien que piense con la cabeza y no con la polla.
   Otra vez el silencio se adueña de la situación hasta que Gonzalo suelta otro nombre:
- ¿Qué os parece Ricardo Poveda, el maestro?
- Es forastero – puntualiza Antonino.
- Sí, pero está casado con Adelina Salvador que es del pueblo, lo que le hace senillense por matrimonio – aclara Gonzalo – y, además, a mí me da en la nariz que es boquirrubio.
- A Ricardo le nombró Gimeno Delegado del Frente de Juventudes– recuerda Rodrigo -. En principio podría ser considerado un hombre suyo, pero por lo que le he tratado, y ahí coincido con Gonzalo, me da la impresión de que no tiene mucho carácter y de que podría ser maleable. Y cumple con los demás requisitos que planteé antes. Quizá fuera una opción a tener en cuenta. ¿Qué opináis?
- Si me dejan decirles algo... – interviene Leoncio un tanto dubitativo - Felisa es prima de la mujer de Poveda y se llevan muy bien; de hecho, es la madrina de su niña mayor. Explico esto porque mi mujer me ha dicho en más de una ocasión que quien lleva los pantalones en esa casa es Adelina. O sea, que si podemos llegar hasta ella, manejar a su marido no tendrá que ser demasiado difícil. Y como les decía, ambas hacen buenas migas.
- Eso está bien pensado, Leoncio – admite Rodrigo palmeando a su sobrino en la espalda -. A falta de mejores candidatos vamos a centrarnos de momento en Poveda. Comenzar a preguntar a los nuestros por ese fulano. Necesito saberlo todo de él, especialmente cuáles son sus puntos flacos. Y tú, sobrino, dile a Felisa que se deje caer más a menudo que antes por la casa de su prima y que le baile bien el agua. Para meter en la talega al tal Ricardo lo primero será conquistar a su mujer.
   Los problemas y trapicheos políticos a escala pueblerina no tienen parangón con los que tiene el país en el marco internacional. Desde que acabó la segunda guerra mundial, el Régimen franquista ha sido una especie de apestado en el concierto internacional. Hasta no hace mucho las fronteras españolas, salvo la portuguesa, estaban cerradas y en Madrid las embajadas abiertas eran contadas, con la excepción de algunos países hispanoamericanos y árabes.  La partición del mundo en dos bloques antagónicos y el inicio de la llamada guerra fría han supuesto, casi por carambola, la salvación del Régimen. La comunidad internacional, por intereses estratégicos y en algunos casos tapándose la nariz, se ha apresurado a olvidarse de las carencias democráticas españolas, por decirlo de forma suave, y a reconocer su gobierno. La Santa Sede y los Estados Unidos han sido los primeros en dar un paso al frente con la firma de sendos acuerdos que confirman la aceptación de un modelo político que años antes había sido duramente criticado y presentado al mundo como una dictadura que estuvo en connivencia durante años con los derrotados regímenes fascista y nazi.
   Tras el ingreso de España en la UNESCO en enero de mil novecientos cincuenta y tres, el Gobierno español ha estado maniobrando para que el país adquiera el estatus de nación plenamente aceptada en el marco internacional. El problema no parece fácilmente soluble pese al declarado apoyo que están prestando los Estados Unidos y sus adláteres. A mediados del cincuenta y cinco se produce el enésimo enfrentamiento entre los dos bloques antagónicos que se reparten el poder mundial: esta vez se trata de admitir como nuevos miembros de la ONU a dieciséis naciones, entre ellas España. Por motivos estratégicos, una serie de maniobras de última hora provocan que se cierre un acuerdo de compromiso entre Estados Unidos y la URSS. El catorce de diciembre del cincuenta y cinco, y ante la satisfacción de los representantes españoles Erice y Areilza, la Asamblea General proclama el ingreso de España en la Organización de Naciones Unidas, pese a la tenaz oposición de algunos países como Méjico y Bélgica que en el último momento se abstuvieron. Votos a favor de la admisión: 55. En contra: 0.
   A pesar de que España ha sido homologada internacionalmente en su interior todavía resuenan los ecos de la sangrienta guerra civil y la mayor parte de sus ciudadanos, salvo algunos privilegiados y quienes no muestran demasiados escrúpulos, se conforman con sobrevivir. El pueblo español tiene poco tiempo y menos interés en ocuparse de los problemas internacionales. Senillar no es una excepción a ese estado de cosas, allí lo que interesa en estos momentos es si José Vicente y su esposa Lola se van del pueblo o no. Y si se van quien ocupará el sillón del poder.