Sin que el hecho haya causado ningún tipo de revuelo en la masía, de la noche a la mañana Lía ha pasado a convertirse en pinche de la señora Concha, desde que sale de la sesión matinal de la escuela del mas hasta la preparación de la cena. Julia comunicó la noticia del nuevo rol de la muchacha a Pili y Concha como una decisión personal, sin dar muchas más explicaciones, recalcando que la chicuela continuará yendo a la escuela durante la sesión matinal, al menos hasta que complete el manejo de las cuatro operaciones aritméticas básicas y escriba y lea con fluidez. Y encargó a Pili que fuese ella quien se lo dijera a su hija. Así fue como se enteró Lía, que tomó con resignación su nuevo rol, aunque por aquello de lo que dice el dicho popular: piensa mal y acertarás, no dejó de sospechar que tras aquel decisivo cambio en su vida podía estar la larga mano de su otrora amiga la pubilla. Ni protestó ni se quejó ni lo lamentó. Se limitó a presentarse en la cocina y decirle a su tía Concha –realmente quien es su tío carnal es Valerio- que a partir de ya vendría todos los días a ayudarla en cuanto saliese de la clase matutina.
-Pues, hija, algún día tenías que empezar a trabajar en serio. Yo comencé a los doce. Y me alegro que seas tú porque así aprenderás y cuando yo me retire podrás ocupar mi puesto y vas a tener suerte, pues el Canònge es una buena masada.
-Cuando le he preguntado a madre en que tenía que ayudarla, me ha dicho que eso me lo dirá usted.
-¿Estás contenta con empezar a trabajar?
-Si le digo la verdad, hubiese preferido continuar en la escuela toda la jornada, por otra parte estoy contenta por trabajar a su lado. Podrían haberme destinado a sitios peores. Aunque ser cocinera no es un futuro que me atraiga. Sinceramente, creo que puedo hacer mejores tareas, sin que eso suponga que desmerezca la importancia de aprender a guisar bien. Y a su lado estoy segura que lo lograré.
-Me parece atinado tu planteamiento. Denota que tienes buena cabeza. Por el momento, solo te mandaré que hagas trabajos sencillos, los que suele hacer un pinche primerizo.
-¿Qué es un pinche, tía?
-Es la persona que presta servicios auxiliares en la cocina. Dicho de otro modo, es un ayudante o auxiliar del cocinero. La tarea que te llevará más tiempo será tener limpia y ordenada la cocina y todos los cachivaches que usamos para guisar. Y de echarme una mano en tareas sencillas como pelar y cortar vegetales, batir huevos, rebanar las hogazas, almacenar los suministros, picar ingredientes, recoger los residuos y cuantas tareas de esa clase te mande. Y a medida que vayas cogiendo experiencia, te pediré que hagas trabajos de más enjundia como preparar sopa, hacer ensaladas, tortillas y otros platos fáciles. Y, con el paso del tiempo, acabarás haciendo toda clase de guisos. Con lo espabilada que eres, y a poco que pongas interés, llegarás a ser una buena cocinera. Hasta es muy posible que llegues a superarme y te conviertas, como dicen en Francia, en una chef, que significa "jefe" y se refiere al líder de la cocina encargado de preparar platos de alta calidad. Y te advierto que los chefs famosos ganan tanto o más dinero que un buen médico o un ingeniero.
-No pretendo ser una chef famosa. Me conformo con llegar a ser la mitad de buena que es usted. Me daría con un canto en los dientes si lo consiguiera.
Zaca ha sentido la marcha de Lía de las sesiones vespertinas pues, aunque por las tardes no daba clase a la muchacha, se había acostumbrado a tenerla cerca, algo que le satisfacía, dado que le ha cogido ley a la chicuela, puesto que su opinión sobre ella ha cambiado mucho desde que la conoció. Al principio de su relación la conceptuó como una chavala descarada, impertinente, un tanto deslenguada e indisciplinada y una mala estudiante. Pero desde el momento en que la bautizó como Lía, la chiquilla pareció cambiar y ahora no es descarada aunque sí audaz, ha olvidado las impertinencias aunque mantiene las respuestas prontas, se contiene hablando y ya no es una respondona, ha dejado de ser una indisciplinada y muestra una disciplina modélica, y ha pasado de ser una mala estudiante a la mejor alumna de la clase. El chico ha preguntado a Lía el motivo de su nuevo papel y la respuesta de la muchacha Ariza ha sido un punto enigmática.
-A ciencia cierta no lo sé. Pregúntale a Sisca.
-¿Por qué a Sisca?
-Porque las pubillas suelen tener la mano muy larga –es la enigmática contestación de la muchacha.
-Esa respuesta no me dice nada -se queja Zaca.
-Es una respuesta masovera. Algún día la entenderás –Lía sigue en plan indescifrable.
Puesto que da la impresión de que Lía en lugar de responder de manera directa no hace más que encadenar acertijos, Zaca no insiste y opta por preguntar a Sisca.
-¿Por qué Lía se va a trabajar con la señora Concha?
-Cosas de la abuela. Aunque tengo entendido que seguirá yendo a clase por las mañanas.
-Entonces, ¿no sabes el motivo del cambio?
-Ya te digo, cosas de la abuela –y de ahí no se apea la pubilla.
Vista la cerrazón de ambas muchachas, Zaca opta por no seguir preguntando; además se dice que tampoco es de su competencia conocer los entresijos laborales de la masía y deja de preguntar, pese a que intuye que ninguna de ambas muchachas le ha contado todo lo que saben sobre el nuevo papel laboral de Lía.
En cuanto el tiempo comienza a mejorar y la tramontana deja de soplar, Zaca empieza a preparar el proyectado viaje a Torrenostra para que sus masoverets conozcan el mar. El primer problema que ha de solucionar es el del transporte y como sufragarlo. Piensa que deberían costearlo los padres de los alumnos. Habla con la Beltrana, que es su contacto habitual con los masoveros en los últimos tiempos, le cuenta el proyecto y le pregunta si los padres estarían dispuestos a pagar el transporte, que va a ser el único gasto de importancia, puesto que el viaje será de ida y vuelta en el mismo día.
-Así, de pronto, no lo sé, pero sospecho que habrá más padres que dirán que nanay, que los que acepten pagar. Rascarse el bolsillo no es algo que vuelva loca a la gente. Pero, bueno, preguntaré -La consulta de la Beltrana tiene un resultado negativo. Una mayoría de padres contestan con respuestas del tipo de:
-Si el xiquet lleva toda su vida sin haber visto el mar y ha llegado hasta hoy, puede continuar sin conocerlo y no pasa nada –Otros dan otro tipo de respuesta tal como-: Si el maestro tiene el capricho de llevarlos al mar que lo pague él. Sus buenos duros está ganando a nuestra costa.
Visto el negativo resultado, Zaca explora otras posibles alternativas. Dado que lo que tiene más a mano es el mini bus que transporta los alumnos a su escuela, habla con el chófer del mismo sobre la posibilidad de que sea ese transporte quien les lleve a la costa. Lo que hace Ricardo –que así se llama el conductor- es remitirlo a la empresa del mismo, la Hispano Fuente En Segures de Benasal. Zaca les envía una carta explicándoles su proyecto, al tiempo que, considerando la finalidad pedagógica del viaje, les pide que hagan un precio acorde con el carácter altruista de la excursión. La respuesta de la empresa es que sintiéndolo mucho no pueden hacer excepciones y el presupuesto del viaje queda muy por encima de las posibilidades de los escolares. El novel maestro se plantea entonces la posibilidad de ser él quien sufrague la expedición, pero su talante de chico educado en la austeridad dineraria no favorece dicha postura. El dinero no crece en los árboles, como siempre ha oído en casa. No sabe adónde recurrir, pero hablando del tema con Sisca, la pubilla le abre un portillo a la esperanza.
-¿Y por qué no se lo pides a la abuela?
-Ya se me había ocurrido pero, por un lado, no quiero molestarla con una cuestión tan insignificante comparada con la de problemas que ha de afrontar en el día a día. Y por otro, la abuela tiene fama de ser de la Virgen del Puño, por lo que supongo que no le hará ninguna gracia que le vaya con peticiones como la de costear el viaje.
-Es cierto que la abuela es más bien cicatera, pero has de tener en cuenta que, primero, no se trata de una gran cifra y, segundo, que lo que le pedirás es para los hijos de sus socios masoveros, a los que se desvive por tenerlos contentos, todavía más desde el fracaso de lo de la venta de ropa. Yo, de ti, se lo pediría, y quizá te puedas llevar una sorpresa. Y otra cosa, para reforzar la petición me ofrezco a acompañarte y contarle que el proyecto ha sido una iniciativa de ambos.
-¿De verdad lo harías? –pregunta Zaca, a quien el ofrecimiento de Sisca le ha tocado su fibra sensible.
-De verdad. Sabes el afecto que te tengo y el cariño que siento por nuestros alumnos. Me enseñaste que en Torreblanca suelen decir lo de pensat i fet. Por tanto, no le demos más vueltas y vamos a hablar con la abuela.
Antes de hacerlo, la pareja se ha repartido los papeles: ella contará como descubrió que los alumnos no conocían el mar y que de ahí surgió la idea de que podrían hacer un viaje para que lo conocieran; él explica las diligencias que han hecho para costear el viaje y el fracaso de sus gestiones. La explicación la remata Sisca dejando caer que la única esperanza que les queda es que la abuela pueda ayudarles de alguna manera. Julia, que los ha escuchado atentamente, se toma su tiempo para responderles.
-Me parece un proyecto atractivo, muestra de cuanto os preocupáis por vuestros alumnos. Lo que no me habéis contado es el cómo del viaje –La pareja se mira y Sisca le hace un gesto a Zaca que se apresura a darle a Julia los pormenores del proyecto.
-El viaje sería de un día. Saldríamos del Mas de mañanita en el mini bus que trae diariamente a los alumnos. En menos de un par de horas estaríamos en Torreblanca y de allí a Torrenostra, que es como se llama la playa de mi pueblo. Los chicos se bañarían y jugarían en la arena. Comeríamos en un chiringuito lo que cada uno haya traído de su casa, como hacen todos los días. Luego, daríamos una vuelta por el mar en la barca de una familia de pescadores que son viejos amigos de mis padres y con la que previamente habrán hablado. Finalmente, volveríamos al Canònge y de allí, el mismo bus llevaría a los chicos a sus masos. El viaje más barato no puede salir pues, como le acabo de contar, el único gasto será el del transporte hasta Torrenostra y regreso –Oída la explicación, la abuela queda pensativa. Cuando habla, su respuesta es imprecisa.
-Bien. El viaje me parece interesante. Conocer el mar les gustaría a los críos, pero… Bueno, le echaré un pensament –Lo del pensament le recuerda a Zaca que sus padres suelen decirlo cuando no tienen una respuesta clara. De ahí que, en cuanto se despiden de Julia, el muchacho comente:
-Lo de que le echará un pensament me da mala espina. Eso y no concretar nada es lo mismo.
-No te pongas la venda antes que la herida. La abuela no hace nada a tontas y a locas, se piensa las cosas. Démosle tiempo.
Pasa un día, pasa otro, pasa una semana y Julia sigue sin dar respuesta alguna a la pareja sobre el proyectado viaje. Como si se hubiese olvidado del mismo. Zaca piensa que quizá cuando el lunes por la tarde le lleve las cuentas del mercat de ese día, la abuela le diga algo del viaje, pero Julia no hace mención alguna a lo de la ida al mar.
Justo en la clase del día siguiente se produce una chusca anécdota que refuerza la idea de Zaca de que solo viendo en directo el mar los masoveritos serán capaces de ponderar su inmensidad y sus peculiares características. El hecho ocurrió tal que así. En la hora antes del recreo ha estado describiendo a sus alumnos como es la playa de Torrenostra, la grandeza del mar, como son las barcas de los pescadores, los guijarros del cordón dunar o cudolar y los recuerdos que guarda de los veranos que pasó en la playa. Hasta les ha enseñado algunas de las fotos familiares de la playa que, a petición suya, le han enviado sus padres. Tras la mitad de la sesión matinal, en el recreo ha sido testigo involuntario del diálogo entre dos de los masoverets, Andreu Barberá, uno de sus alumnos más adelantado, y Vicentico Algarra, un voluntarioso pero torpe chaval.
-Entonces, Andréu, por lo que cuenta el maestro, ¿cómo crees que debe ser de grande el mar? ¿Cómo el bassot? –Así le llaman a la balsa de riego, una excavación del terreno para almacenar agua, que hay cerca del Mas.
-Calla, ignorante. Ha de ser forzosamente mucho más grande que el bassot. ¡Lo menos, como cinco o seis veces más grande!
El diálogo le ha hecho gracia al joven maestro, pero también ha puesto en cuarentena su habilidad docente. Ha explicado tan mal la grandeza del mar que uno de sus alumnos más listo considera que es como cinco o seis veces más grande que el bassot. Descorazonador. Lo que le hace recordar el latinajo de res non verba. Lo que importa es la realidad, no las palabras. Un solo vistazo al mar va a dar a sus alumnos más información sobre su enormidad que todas las explicaciones que pueda darles. Aunque sea a pie, pero tiene que llevar a sus chicos a conocerlo. Decidido, se dice: “Si no encuentro un mecenas, costearé de mi bolsillo el viaje, pero els masoverets se mojarán en la playa de cudols de Torrenostra. Como me llamo Zaca”. El otrora tímido e irresoluto muchacho se ha transformado en alguien capaz de tomar una decisión en un santiamén, y lo del res non verba lo materializa. Los cambios personales son posibles, aunque a priori no lo parezca.
PD. El próximo martes publicaré el episodio 95 de la novela “El masover” titulado: ¿Hasta dónde llegan los tentáculos de la abuela?
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