martes, 3 de febrero de 2026

57. “El masover”. Sisca, poliédrica

   Zaca lleva algunos días ejerciendo de maestro primerizo. Las dudas que tenía antes demeterse en el rol de docente comienzan a disiparse. El alumno, por llamarle de algún modo, que más le incomoda es el pequeño Anselmito o Mito como le llaman los demás. Con sus cuatro años es demasiado pequeño para enseñarle los rudimentos de la lectura y la escritura, aunque Zaca recuerda que con poco más de esos años comenzó a trazar garabatos en sus cuadernos imitando la tipografía del periódico Las Provincias del que padre era suscriptor. Pero no parece que Mito tenga la misma capacidad o el mismo interés que tuvo él en alfabetizarse. Al final, lo que ha hecho es proveer al niño de un buen surtido de libros dotados de láminas, litografías y dibujos de toda laya para que se entretenga con ellos. A veces, el pequeño se duerme con la cabeza apoyada en la pequeña mesa individual que ha conseguido para él, entonces Zaca reclama a los demás que bajen el tono y dejen que Mito duerma. A su vez, Julita se ha revelado como una chica lista, intuitiva y dotada de gran potencial para el aprendizaje, aunque también es descarada, casi hasta rozar la insolencia y, en ocasiones, proclive a no tomarse en serio las exhortaciones de Zaca a comportarse correctamente. A veces, ha de llamarle la atención, pues cuchichea a menudo con Sisca a la que le hace perder demasiado tiempo. En cuanto a Juanito, se ha mostrado como un chico normalito, pero también con gran voluntad y deseo de aprender, por lo que su formación en las técnicas lectoras y escritoras también marcha a buen ritmo. Cuando Sisca está ocupada trabajando de forma autónoma, Zaca dedica sus esfuerzos a enseñarles a los hermanos Ariza lo de la eme con la a se lee ma y a que hagan prácticas de rudimentos de escritura trazando palotes y círculos y combinándolos para formar letras. Ambos chavales ya aprendieron a trazar las vocales y han comenzado con las consonantes. Sisca es el mayor logro de Zaca como maestro, ayudado porque la pubilla tiene una enorme voluntad de aprender y se muestra en todo momento receptiva a las indicaciones de su profesor. Su actitud tan positiva, su decidido afán de aprender y su disciplinado, aunque voluble comportamiento, hacen de la muchacha una alumna cuasi modelo. A Zaca la conducta de la chicuela al principio le sorprendió, pues no dejaba de recordar los comentarios de la señora Paca y, sobre todo, de la abuela Julia sobre la chiquilla: que si estaba muy mimada, que si era una respondona, que si hacía lo que le daba la gana, que si se negaba a aprender y un largo etcétera. Todo lo cual pintaba a una chicuela que no era, en absoluto, a la que él da escuela, por usar la curiosa expresión local. “¿Cuál es la auténtica Sisca -se pregunta Zaca-, la que describen su abuela y su madre o la que es mi alumna?”. Por otra parte, se ha dado cuenta que el comportamiento de la chica no es el mismo en función de quien sea la persona con la que trata. Con su abuela es sumisa y receptiva. Con su madre, condescendiente y a veces desdeñosa. Con su padre, compasiva, pero lejana. Con Valerio, respetuosa, pero marcando distancias. Con la señora Concha, amable, pero a veces imperativa. Y con el resto del personal, ejerciendo de pubilla; es decir, de futura ama y patrona del Canònge: autoritaria, caprichosa y voluble. Al llegar aquí se da cuenta que a él le trata diferente, pues casi siempre se comporta con espontaneidad, simpatía y ¿un cierto cariño?, aunque aún no son amigos… de momento. A propósito de la diversidad de facetas caracteriales de la muchacha, el primerizo maestro ha descubierto en el Sopena un adjetivo, que no conocía, y que le va a la pubilla como anillo al dedo: poliédrico. “El edificio es poliédrico”. Se dice que el adjetivo, aplicado a una persona, suena horroroso, pero resulta que Sisca es así, poliédrica. Piensa que sí debería contárselo a la chicuela, pero decide que mejor no. “Igual le sienta como un tiro”.

   Las diferentes facetas de la personalidad de la pubilla se ponen de manifiesto durante la cena, en la que se produce un desagradable incidente entre Julia y Sisca. A una mínima observación de la abuela de que la chica no debía hablar con la boca llena, la muchacha ha respondido con insolencia.

   -Hablo cuándo me parece, abuela, tenga la boca llena o vacía.

   -Esa no es manera de contestar a tu abuela –la reprende su madre.

   -Le contesto así porque no hace más que meterse conmigo, y estoy hasta el moño de sus reproches. Para ella todo lo hago mal.

   Contestación a la que ha seguido un áspero diálogo entre madre e hija, en la que ésta ha ido contestando cada vez con peores maneras, y el diálogo ha terminado cuando la chicuela, en un arranque de mal genio, se ha levantado de la mesa, dando un portazo al salir. Detrás de ella ha salido Julita, se supone que para consolarla. La abuela se ha callado y no ha intervenido, y a la madre se le han puesto los ojos vidriosos. El resto de comensales, que han sido testigos en silencio del desagradable incidente, no saben dónde mirar y han seguido cenando con evidente desgana. Valerio ha intentado en un par de ocasiones comenzar una conversación, pero su esfuerzo ha sido baldío, nadie de la familia le ha seguido. Zaca, ha tomado el relevo del mayoral, y ha pretendido comenzar una conversación, con idéntico resultado que Valerio: nadie le ha secundado. Visto lo cual, en cuanto ha terminado la cena y, previendo que esta noche no habrá la habitual sobremesa, el muchacho ha deseado las buenas noches y se ha ido a su habitación. Antes de dormirse, tras haber leído unas páginas de una novela de Emilio Salgari, se plantea si debería haber intervenido, pero razona que no es quien para meterse en un rifirrafe entre abuela, madre e hija. Sigue analizando lo ocurrido y acaba diciéndose que: “Como maestro de Sisca, aunque solo lo sea temporalmente, tiene el deber de hacerle comprender que su conducta no ha sido la más adecuada. Lo que le dijo la abuela de que no debía de hablar con la  boca llena es una elemental norma de buenos modales en la mesa”. Y llega a la conclusión de que se lo tiene que meter a Sisca en la cabeza, pues en casa sus padres no perdonaban ni una sola falta que atentara contra las buenas maneras. Siempre que venía a cuento el señor Zacarías o la señora Rosario repetían el refrán de "Buen porte y buenos modales abren puertas principales". Recordando que la educación y el buen comportamiento pueden abrir oportunidades impensables. Lo que no tiene tan claro es cómo hacerlo. Dándole vueltas al asunto, piensa que: “La forma que menos molestará a Sisca será dándole un curso de buenas maneras de conducta en la mesa y, quizá también, de fuera de ella, que tampoco le vendrá mal”. Al día siguiente, para que no parezca que lo de los buenos modales incumbe solo a la muchacha, y antes de finalizar la sesión, se dirige a sus alumnos de forma global.

   -Para ser una persona bien educada debéis tener en cuenta que no solamente hay que saber leer, escribir y hacer cuentas, también hay que saber comportarse correctamente, lo que suele llamarse tener buenos modales o buenas maneras. En definitiva, comportarse siempre de forma educada. Por eso, hoy vamos a comenzar una clase de buen comportamiento. Y como hay que empezar por alguna parte, comenzaré a recordaros la importancia de los saludos. Según la mayoría de sabios, las personas y los animales tenemos, físicamente, muchas cosas en común, pero también grandes diferencias. Una de ellas es el habla. De ahí la importancia de la palabra que, a su vez, nos conduce a la importancia de los saludos. Vayamos al terreno práctico. Cuando por la mañana os tropecéis con gente, sean o no de la familia, no tenéis que soltar un gruñido o pasar sin decir nada. Hay que saludarlos de buenas maneras diciéndoles buenos días. Se pueden añadir otras frases, tales como: ¿Ha dormido bien?, o Parece que hoy hará un buen día, o Tiene pinta de que va a llover.

   -Y si no va hacer un buen día o no tiene pinta de que vaya a llover, ¿qué es lo que hay que decir? – pregunta Julita con cierta retranca.

   -Basta con decir lo de buenos días. Añado otros saludos: a partir de mediodía y hasta la puesta del sol, hay que saludar diciendo buenas tardes. Y por las noches el saludo es buenas noches. Vamos a practicar esos saludos. Imaginad que os acabáis de levantar y me veis, ¿qué debéis decirme?

   -Hola maestro, ¿si falto esta tarde, me va a castigar? –es Julita la que ha formulado la pregunta hecha con toda la ironía que solo una deslenguada como ella puede emplear.

   -Julita, no tolero las burlas. O te portas bien o tendré que hablar con tu padre –La chiquilla pone cara de compungida, pero sus ojos la desmienten, pues todo lo que sea tomarle el pelo al incipiente maestro parece que la encandila. Zaca hace un esfuerzo para no perder el control y vuelve a intentarlo.

   -Probemos otra vez. Supongamos que me veis por primera vez durante la mañana, ¿qué tenéis que decirme? -Los alumnos responden al unísono lo de buenos días. Y siguen practicando durante unos minutos lo de buenas tardes y buenas noches.

   -Muy bien. Espero que así lo hagáis a partir de ahora. Mañana os enseñaré los buenos modales en la mesa, me refiero a cómo comportarse durante las comidas.

   -Señor maestro –se apresura a puntualizar Juanito-, mañana es domingo, ¿también nos darás escuela?

   -Vaya, no me acordaba que es domingo. Y ya que lo preguntas, y como no lo he pensado, no sé qué decirte. Lo consultaré con la señora Paca. Sisca, ¿tú qué opinas, os doy clase o no?

   -Por mí, estupendo que haya escuela.

   -Julita, ¿y tú que opinas?

   -¿Puedo decir de verdad lo que pienso o te hago la pelota como Sisca?

   -Juli, tienes la lengua más afilada que una navaja cabritera. Sisca no me ha hecho la pelota. Supongo que se ha limitado a decir lo que pensaba. Que es lo que debes hacer tú y no salirte por la tangente.

   -No sé que es tangente, pero pienso de que haya escuela los domingos es pasarse tres masos.

   -Muy bien. Pero has de aprender a hablar mejor: en ese pienso de que, sobra el vocablo de. Lo correcto es pienso que. ¿Y tú, Juanito, que opinas? -El chaval no contesta, pero su rostro le traiciona: prefiere que no haya clase.

   -Bueno, esta noche os diré lo que sea.

   Consultada sobre el particular, la señora Paca comenta lo que dice siempre sobre los asuntos que atañen la escuela: que se hará lo que él diga, que para eso es el maestro pero, que en su opinión, sería buena cosa tener el domingo libre, así tendrán más tiempo para preparar los productos que van a vender en el mercat del dilluns de Castellón.  A Zaca, lo de vender en el mercado del lunes, le suscita curiosidad y pregunta a Sisca. La muchacha se lo explica.

   -Dos lunes al mes, y en verano casi todos, vamos a Castellón, al mercat del dilluns, a vender lo que producimos en el Mas. Esas ventas son importantes para nosotros, pues representan unos dineros que complementan lo que sacamos de las cosechas y de las ventas de lechales y cabritos. Y es una manera de dar salida a productos que, de otro modo, no serían fácil venderlos, tales como quesos, manteca, huevos, miel y cosas así. Y de paso, compramos todo cuando nos hace falta y no criamos o cultivamos en el Mas. Lo de vender en el mercado de los lunes de Castellón se lo sacó de la manga la abuela hace unos años, y desde entonces se ha convertido en una forma de tener ingresos que la mayoría de masos no tienen. Y hablando del mercado, se me había olvidado decirte que el lunes no iré a clase, pues cuando vamos al mercat regresamos de Castellón mediada la tarde.

   -Conozco la existencia del mercat del dilluns. Recuerdo que siendo un crío me llevó madre, pero sé poco de él. Un día que no tengamos otra cosa de que hablar, te pediré que me cuentes cómo es y cómo funciona.

   Creyendo que los domingos la gente del Mas no madrugará tanto como en los días laborables, Zaca no pone el despertador la noche del sábado pero, como su cuerpo se ha hecho a madrugar, antes de las ocho ya se ha despertado. Tras arreglarse, baja a la cocina pensando que la va a encontrar llena, pero solo están la señora Concha y Pili.

   -Buenos días. ¿Dónde están los demás?

   -Apañando a los animales.

   -¿Los domingos también?

   -He oído comentar a la señora Paca que tu familia tiene o ha tenido muchos conejos, ¿los domingos les dabais de comer? Sí, ¿verdad?, pues las vacas, los pollos, las ovejas y demás animales también comen los domingos. Ya te conté que una de las normas no escritas del Mas es que primero los animales, luego las personas.

   -Ahora que lo dice, es lógico. Mi pregunta, más tonta no ha podido ser. Y los domingos, además de cuidar al ganado, ¿qué es lo que se suele hacer?

   -Pues aparte de aviar a los animales, se descansa. Lo que no quiere decir que algo no se trabaje, porque en una masada tan grande como ésta siempre hay cosas que hacer. Y hablando de hacer, me ha dicho mi marido que hoy van a castrar las colmenas, si te apetece te enseñará como se hace.

   En esas, aparece Sisca. La muchacha está desconocida: luce un vestido nuevo, calza unas cómodas sandalias y en lugar de sus habituales trenzas lleva el pelo suelto. También lleva pendientes: dos grandes aros que enmarcan el óvalo de su cara. Es la primera vez que Zaca la ve con zarcillos, y piensa que la favorecen, parece mayor de lo que es y está más guapa. Tras la masovera, aparece su inseparable Julita, que saluda a Zaca con un mohín burlón, pero quien habla es la pubilla.

   -Buenos días a todos. Zaca, veníamos a por ti. Si no tienes otros planes, te invito a ver la castra de las colmenas que están haciendo Valerio y Anselmo. Te gustará.

   El muchacho sabe -pues hubo una época en la que padre también tuvo colmenas a medias con su cuñado Daniel- que la castra es una etapa vital en la apicultura porque se trata de recolectar la miel de las colmenas, asegurándose de dejar suficientes reservas para que las abejas sobrevivan en los periodos de escasez de néctar. Pero se hace el ignorante.

   -Me encantará verlo… ¿y las abejas no nos picarán?

   -En absoluto. Y si nos pican se pone barro encima de la picadura y apenas la notarás.

   Zaca sale en pos de las chiquillas, a la par que piensa que Sisca tiene gran capacidad de transformarse.” Esta chica -se dice-, tiene más aristas de las que parece”, pero eso le gusta. La hace más compleja de lo que creía, y todo lo que es complejo, dada su mente analítica, le atrae más que lo simple. Entonces, se pregunta, “¿Hay una variante de Sisca que me atrae más que las otras?”. El interrogante le provoca una especie de cosquilleo que le incomoda, más que nada porque todo lo que no controla le pone nervioso, y es la primera vez que pensando en una chica ha sentido esas cosquillas. ¿”Por qué será?”, se pregunta. Buena pregunta, pero desconoce la respuesta.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 58 de la   novela “El masover” titulado: A un panal de rica miel…