martes, 20 de enero de 2026

55. “El masover”. El Canònge no solo es un mas, también es una empresa

   La respuesta de Zaca a la petición de la tal Pili de que si puede dar clase a sus niños es cauta. No vaya a decir algo de lo que luego tenga que arrepentirse, pues no esperaba tal demanda. Y todo lo que es imprevisto le resta capacidad de procesarlo de manera lógica, al tiempo que le suele producir nerviosismo e inseguridad.

   -Señora Pili, le ruego que no me hable de usted, solo tengo trece años. Y en cuanto a enseñar a sus hijos, no sé qué decirle. Nadie me había hablado de sus chicos y, antes de darle una respuesta, lo tengo que hablar con la señora Paca, es ella la que me ha traído para darle clase a Paqui y, por tanto, supongo que algo tendrá que decir al respecto. Después, ya le contaré lo que me haya dicho –Y cambiando de tema, pues éste le incomoda, pregunta-: A todo esto, ¿dónde anda la gente? No he visto a nadie.

   -La señora Julia y Paquita están vareando un colchón, precisamente el que estaba en tu cama. La señora Julia, en la sala de estar echando cuentas y el señor Manuel en su dormitorio –le informa Concha.

   -¿Y el señor Valerio?

   -Está en los bancales junto a la Barrancada del norte con los braceros. Creo que están reparando unos ribazos. ¿Quieres comer algo más?, has hecho un desayuno muy ligero y la experiencia me ha enseñado que para aguantar bien la jornada hay que comenzar el día con un desayuno recio. La francesa que me enseñó a guisar solía repetir un proverbio, creo que indio, que dice: “Hay que desayunar como un rey, almorzar como un burgués y cenar como un mendigo”. Aunque la verdad es que en el Mas no siempre seguimos esa regla, pero es que la vida de los masos tiene sus propias exigencias.

   -No, gracias, no quiero nada más. ¿Por dónde se va a la sala de estar? –La pregunta viene a cuento porque el chico ha pensado que si la señora Julia está echando cuentas o haciendo balances es una oportunidad pintiparada para comenzar a ganársela, pues de cuentas seguro que sabe más que ella. La encuentra sentada en la mesa camilla. Está apuntando algo en lo que parece ser un libro mayor.

   -Buenos días, señora Julia. Me tiene que perdonar, pero se me han pegado las sábanas. ¿Puedo ayudarla en algo?

   -Buenos días, mocete. Es natural que no hayas madrugado. El viaje hasta aquí es cansino. Y gracias, pero me apaño sola, aunque esto de las cuentas cada vez me resultan más latosas. Debe de ser que me pesan los años. ¿Por qué no buscas a mi nieta y que te enseñe el Mas?, así te vas haciendo una idea de cómo es. Está con su madre. Sales de la casa, tuerces a la derecha, al llegar a la esquina giras otra vez a la derecha y allí las encontrarás, en el que llamamos el patio pequeño de mediodía.

   En el patio, madre e hija están vareando un viejo colchón con largas y delgadas ramas de sauce con las que golpean el jergón para ahuecar la lana de su interior. Van vestidas con unas acampanadas sayas grisáceas que casi llegan al suelo, llevan sendos sombreros de paja para resguardarse del sol y se las ve sudorosas y acaloradas. Lo de protegerse del astro rey va con las modas. Ninguna mujer que se precie quiere estar morena, no vayan a tomarla por una campesina. E incluso las labradoras se cuidan muy mucho de que el sol no las broncee. Al verle, madre e hija dejan el vareo y le saludan.

   -Buenos días, Zaca –lo saluda la masovera. Paquita hace tiempo que le contó a su madre cual es, de sus muchos apelativos, el que menos disgusta al muchacho-. ¿Has dormido bien? ¿La cama te ha parecido blanda? ¿Has desayunado? ¿Sí? Paqui, ¿por qué no le enseñas a tu maestro el lugar donde te dará escuela? -La chicuela, obediente, deja la vara, se desprende del sombrero y, con un hilo de voz, dice.

   -Si quieres, vamos y te lo enseño.

   La estancia donde Zaca dará escuela a Paquita –expresión que al chico le hace gracia, piensa que resultaría más adecuado decir dar clase, enseñar o impartir conocimientos, pero es la frase que se usa habitualmente en la comarca- resulta ser la sala de estar, relativamente espaciosa, y donde la abuela continúa con sus anotaciones contables.  Cuando Julia ve a la pareja cierra el libro mayor y pregunta:

   -¿Ya vais a empezar la escuela?

   -No, abuela. Solo quiero enseñarle la sala a Zaca por si le parece bien.

   -Por mí, vale -dice el muchacho tras echar una ojeada valorativa al cuarto que está amueblado espartanamente: una mesa camilla –la que utiliza la abuela-, cuatro sillas, una especie de mueble-librería y varios armarios de obra. Tras la ojeada, Zaca concreta lo que considera que falta-.Quizá falte una pizarra y también nos vendría bien tener algunos libros, mapas, cuadernos, lápices y demás material escolar, pero por sus dimensiones puede servir. Y tiene buena luz.

   -Haz una cosa, Sacarietes –da la impresión que lo de Zaca aún no se lo ha aprendido la abuela-. Haz una lista con todo lo que estimes necesario para las clases –aquí Julia da un salto lingüístico y habla con más propiedad-, y el lunes, que Paca va al mercat a Castellón, te lo traerá. No peques por defecto, mejor que lo hagas por exceso, pues, ya sabes: es mejor tener que desear.

   -Cómo usted diga, señora Julia. Hoy mismo haré la lista, pero antes Paquita debe enseñarme los libros y cuadernos con los que le daba repaso doña Carlota. Para no pedir material del que ya dispone.

   -Ah, una cosa, muchacho. Como vas a estar con nosotros todo el verano, mejor que vayas acostumbrándote a llamarme abuela como hace todo el mundo, aunque no lo sea tuya. Lo de señora Julia arriba, señora Julia abajo resulta cansino y andar con cumplidos no viene a cuento. Por favor.

   -Le ruego que me perdone, abuela, pero es mi costumbre llamar señor y señora a todas las personas mayores en edad, dignidad y gobierno, como dice el catecismo del padre Astete, y usted lo es en todos. Al menos, así lo creo.

   -Rediez, tiene razón Valerio cuando dice que eres más cumplido que un duelo. Aunque admito que en cuestión de modales más vale pasarse que no llegar. Os dejo solos para que habléis de lo vuestro. Ah, mocete, por si no te lo han dicho, comemos sobre mediodía. En la cocina.

   Paquita muestra a su maestro el material didáctico que usaba con doña Carlota. Zaca, sonríe al ver el manual principal de la chiquilla: es la enciclopedia de grado medio de Dalmau-Carles que él usó cuando hizo el ingreso del bachillerato y de la que antes le había examinado el tío Paco Roca. En cuanto a la escritura, el chico comprueba, por los cuadernos de clase, que la muchacha tiene una caligrafía muy mejorable y una ortografía que deja mucho que desear. Su sintaxis también es muy pobre. Tenía la esperanza de que la chica estuviera más formada, pero ve que tiene mucho trabajo por delante. Solo le quedan dos conocimientos que evaluar: la lectura y el cálculo.

   -¿Te importa leerme algo? Dame ese libro –Lo abre al buen tuntún-. Lee esta página.

  -¿Toda?

  -Hasta que yo te diga.

“También la lectura habrá que trabajarla”, piensa Zaca, tras oír la pobre expresión lectora de la muchacha y la facilidad con la que se atranca en las palabras polisílabas. “Esto es una sorpresa que no esperaba, esta chicuela está muy verde. Ponerla al día me va a llevar más tiempo del que esperaba”, se dice. Lo único que le resta por evaluar es la aritmética, pero lo deja para la tarde. Entonces recuerda la petición de la sobrina de la señora Cocha de si podría enseñar a sus chavales. Como es la que tiene a mano, interpela a Paquita:

   -La sobrina de la señora Concha, la llamada Pili, me ha pedido que si puedo dar clase a sus hijos. ¿Sabes algo de eso?

   Paquita le cuenta que Pili es la esposa de Anselmo, el segundo capataz y adjunto de Valerio, del que es sobrino carnal, y que también hace las veces de rabadán de los pastores del Mas. Al parecer, le pidió a su tío y éste a la abuela Julia si Zaca podría enseñar a sus chicos los rudimentos de la lectura y la escritura pues, prácticamente, nunca fueron a la escuela. La abuela ha descargado la decisión en su hija y ésta ha resuelto pasar la decisión a Zaca alegando que la última palabra la debe de tener el maestro. El muchacho piensa que han ido pasándose la pelota unos a otros y, a la postre, el marrón tendrá que comérselo él.

   -¿Y tendría que darles clase aparte o podría simultanearla con la tuya?

   -Que palabras tan difíciles sabes decir, simul… -y la muchacha es incapaz de completar el vocablo-. Mi madre me ha dicho que el cómo, el cuándo y todo lo demás sobre enseñarles deberá decidirlo el maestro; o sea, tú.

   -En confianza, Paqui, y aprovechando que estamos solos: ¿a la abuela qué le gustaría más, que los acogiera como alumnos o que no?

   -En confianza, Zaca. A ciencia cierta no lo sé pero, sí lo de los críos de Pili se lo ha pedido el Valerio a la abuela, has de saber que todo lo que sea tener contento a Valerio, a la abuela le viene de cara. Se lo estima mucho. Es que, ¿sabes?, la abuela es la que piensa y la que tiene la última palabra, pero el que dirige el trabajo y manda a gañanes y pastores y contrata a los braceros de fuera es Valerio. Sin él no habría Mas o seria uno del montón, y no el mejor de la contornada y, posiblemente, de la provincia. Y para serte del todo sincera, a mí me gustaría que, al menos, enseñaras a leer a Juli, la mayor de los hijos de Pili, que para mí es como una hermana y mi única amiga. Y otra cosa, ya que estamos hablando en confianza, te quiero pedir algo: cuando estemos a solas como ahora, ¿te importa llamarme Sisca, como me bautizaste, y no Paquita o Paqui? No me gusta nada mi nombre, en cambio el de Sisca me chifla. También se lo he pedido a Juli que, como te he dicho, es la hija mayor de Pili y Anselmo.

   Zaca no puede evitar una sonrisa de complicidad. “Mira por donde –se dice- no soy el único que está a disgusto con el nombre que le pusieron al cristianarlo”. Y siente nacer una corriente de simpatía hacia la muchacha. “Esta chica es mucho más maja de lo que pensé”, se dice. Otra cosa que le ha sorprendido es que Sisca es capaz de enhebrar más de dos frases seguidas, nunca le había oído unas parrafadas tan largas. Quizá es que, al sentirse más cómoda en el entorno del Mas, su proverbial timidez desaparece.

   -Si así está el panorama y la abuela quiere tener contento al mayoral, lo tengo claro. También yo la quiero tener contenta. Por tanto, dile a tu abuela que le diga a la Pili que esta tarde me envíe a sus hijos y hablaré con ellos. Y en lo que a ti respecta, desde ya, cuando estemos solos, te llamaré Sisca. A mí también me gusta más que Paquita, que no creo que sea un nombre tan feo como el mío, pero vulgar lo es un rato largo -En esas aparece Paca que pregunta:

   -Bueno, Zaca, ¿valdrá la sala de estar para dar escuela? Si no te parece bien, no te cortes y dilo con franqueza. Tenemos más cuartos donde aposentaros y haremos lo que tú digas, ya que eres el maestro.

   -Por espacio me parece bien, señora Paca. Y ya que la tengo a tiro, me ha dicho su madre que haga una lista con todo el material que necesitaré para la enseñanza. Esta tarde la haré y luego se la daré. En cuanto a los críos… -el muchacho no acaba la frase porque ha visto que Sisca le ha hecho un gesto negativo-. Ehhh, no sé qué iba a decir. Ah, sí, ya sé. Convendría que también pusieran un par de vasos y una jarra de agua. Cuando se habla mucho tiempo la garganta se te seca.

   -Así me gusta, que no te cortes y pidas lo que vayas a necesitar. En un cuarto de hora comemos. Paqui, enséñale donde puede lavarse las manos –dicho lo cual les deja.

   -¿Por qué me has hecho ese gesto cuando iba a mencionar a los críos de Pili? -pregunta el novel maestro.

   -Porque a la abuela le gusta ser la primera en dar las noticias cuando son buenas. Y la de los niños de Pili lo es. Ya irás descubriendo las manías de mi familia, no siempre salen por donde esperas.

   -Si es así, has hecho bien en avisarme. Y hasta que no conozca por donde respira cada uno y no meter la pata, necesitaré tu ayuda.

   -¿Cómo te la voy a negar si me has puesto un nombre tan precioso?

   -Tampoco es nada del otro mundo.

   -Quita, quita. Es un nombre de lo más bonito. Seguro que en toda la comarca y hasta en toda la provincia no hay una sola chica que se llame Sisca. En cambio, Paquitas las debe de haber a patadas.

   Zaca va tejiendo deducciones. Confirmado que la abuela es la que piensa y la que manda. Que se lleva muy bien con Valerio, que es el ejecutor. Y que a Sisca la tiene de su lado. Solo le falta saber los roles que juegan los esposos Villalonga y los Ariza. Y que papel desempeña la tal Pili y su marido. “Primer día, primeras sorpresas -se dice el chico-, aunque han sido sorpresas pequeñitas y no demasiado difíciles de superar”.

   Zaca creía que el Mas sería un lugar rústico, simple y sin sorpresas. “Y parece que, en efecto, –se dice-, el Canònge es rústico, pero no simple sino complejo y las sorpresas, aunque sean de medio pelo, te las encuentras a la vuelta de la esquina”. Con lo observador que es, le ha bastado poco más de veinticuatro horas para descubrir que el Canònge no solo es un mas, también es una empresa agropecuaria. Porque funciona como tal, está eficientemente organizado y todos sus integrantes saben cuál es su rol y como deben desempeñarlo. El chico no sabe mucho de empresas, solo las cuatro cosas que le contó su padre de la empresa para la que trabaja, Luz y Fuerza de Levante (LUTE). Amplía sus conocimientos leyendo lo que el diccionario enciclopédico Sopena dice sobre las empresas y sus consejos de administración y no puede, por menos, que hacer una comparación de cómo debe de ser el consejo directivo de la empresa que es el Canònge. La abuela sería la presidenta y, por tanto, la máxima responsable de dirigir el consejo, convocar y presidir sus reuniones, y actuar como enlace entre el consejo y la dirección ejecutiva, asegurando el buen funcionamiento del órgano y la correcta toma de decisiones. Su hija Paca sería la vicepresidenta no ejecutiva y, en consecuencia, un miembro de alto nivel en el consejo, pero que no estaría involucrada en la gestión diaria de la empresa, actuando como un contrapeso y garantizando el buen gobierno. Valerio tendría un doble papel: ser el consejero delegado o, por decirlo en lenguaje actual, el CEO -Chief Executive Officer-, responsable de la gestión estratégica y operativa de la empresa, actuando como el nexo entre la junta directiva y el resto del equipo. Y, al mismo tiempo, el director general del sector agrario de la empresa. Anselmo sería el director general del sector pecuario y adjunto al CEO. Y el señor Villalonga, ¿qué rol debería desempeñar? Dada su precaria salud, evidentemente su papel se reduciría a ser un retrato colgado en la galería de ilustres antepasados de la empresa. Ah, y Paquita o Sisca sería a quien están preparando para ser la futura presidenta cuando la abuela resigne el mando. “Y yo –se pregunta-, ¿qué papel representaría?”. Es obvio se responde: “el de un visitante que ve los toros desde la barrera”. Zaca todavía no ha descubierto que las obviedades no siempre tienen un desarrollo lineal. ¿Lo descubrirá?

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 56 de la novela “El masover” titulado: Las dudas de un maestro primerizo