martes, 22 de septiembre de 2026

“El masover”. 91. La carbonera

   A Zaca, que a veces es de ideas fijas, se le ha metido entre ceja y ceja el asunto de la carbonera y no deja de preguntar a Valerio que cuando se pondrá en funcionamiento.

   -No tardaremos demasiado, pues contamos con la materia prima necesaria: la leña. En la última tormenta, un rayo hendió uno de los corpulentos robles del Camí de L´Atall, una partida en la que los Villalonga tienen una de sus muchas fincas. Ha habido que talarlo y en cuanto estime que la leña se haya secado lo suficiente, avisaré a los carboneros de la comarca de Els Ports para que lo corten. Y antes de que lo transformen en carbón vegetal  hemos de convertir el roble en madera de tamaño adecuado para la carbonera, pues los troncos y leños no han de ser ni excesivamente largos ni demasiado chicos.

   Pasan los días y el Mayoral no ha vuelto a mencionar lo de la carbonera, por lo que Zaca le sigue preguntando que cuando se hará. Un día que ha vuelto a insistirle respecto a la carbonera, Valerio se revuelve.

   -Que pesadito eres, mocete. No vuelvas a preguntarme por la dichosa carbonera. Cuando vayamos a ponerla en marcha te lo diré –Al chico la respuesta del Mayoral le ha sentado mal y se queja a su paño de lágrimas que, como no, es Sisca. Lo que le dice la pubilla aún le enfada más.

   -Zaquita, no debes sentirte molesto por la respuesta de Valerio. Es cierto que a veces te pasas con tus continuas preguntas. No debes de ser tan insistente. Si ha dicho que ya te dirá cuando comienzan a construir la carbonera, no debes volver a preguntarle –el muchacho sigue enfurruñado, pero acepta como buena la reconvención de Sisca.

   Hasta que por fin llegan los carboneros. Valerio les ha dicho a los muchachos que el siguiente domingo los llevará a ver como se forman las carboneras. La visita se convierte en la perfecta excusa para montar una merienda campestre en la que los partícipes principales son la gente menuda del Mas: Sisca, Lía, Juanito y Zaca. En el Camí de L´Atall les espera el Mayoral que ha ido de buena mañana para ayudar a los tres carboneros de Els Ports, encargados de la tarea. Cuando los chiquillos llegan, dos de los castellfortís –o naturales de Castellfort, pueblo del Alto Maestrazgo- están seleccionando la madera y la apilan en dos montones: en uno, los troncos que formarán el esqueleto de la carbonera y en otro los palos y tacos pequeños con los que rellenarán su interior. El tercer carbonero está despejando un trozo de terreno, donde no pegue demasiado el aire para que la carbonera no se queme excesivamente rápida, hasta dejarlo razonablemente plano y sin hierbajos. Seleccionada la leña, lo que es la construcción de la carbonera comienza cuando los peones ponen una rueda vieja de carro en el suelo que servirá de plataforma. Después, van colocando cuidadosamente la leña -algo más de tres mil kilos, según les comenta Valerio- encima de la rueda y en el centro dejan un hueco vertical formando una chimenea que servirá para encender la carbonera. Poco a poco, en círculos concéntricos cuidadosamente ordenados, el montón de leña va creciendo en altura y engordando en anchura, y va tomando la forma de un cono, pero Zaca lo encuentra más parecido a un iglú esquimal, aunque el  paralelismo no es el más afortunado, pues asemejar una carbonera –metáfora del fuego- con un iglú – metáfora del hielo- no deja de ser una forzada equiparación. El siguiente paso es poner paja encima de la capa de leña del exterior y finalmente echar un delgado manto de tierra para cubrir toda su superficie. Luego, ponen unas piedras medianas en el perímetro para que sujeten la tierra que han puesto encima de la paja que recubre la carbonera. Finalmente, alrededor de ésta, y a ras de suelo, ponen una corona de boj seco.

   A Zaca le ha llamado la atención un detalle de los carboneros: que no es que sean morenos, es que tienen la piel oscura, sin llegar a ser negra. Comparte su impresión con Sisca que le explica el motivo.

   -Estos hombres se dedican al carboneo la mayor parte del año y el polvillo que suelta el carbón acaba por metérseles en la piel, por eso dan la impresión de tenerla oscura.

  -No me gustaría tener un trabajo así.

  -Ni a mí. Es muy duro, solitario y hasta peligroso. Fíjate en el que lleva la boina que está a nuestra izquierda. Mírale los tobillos y los brazos.

   -Los tiene llenos de cicatrices –constata el muchacho -. ¿De qué son?

   -Es porque hace años se cayó dentro de una carbonera ardiendo y se quemó de cintura para abajo. Los brazos se los quemó al apoyarse para salir. Dicen las malas lenguas que también se quemó la pilila –es usar esa expresión infantil y Sisca se aturulla-. No murió por poco, pero estuvo muchos años sin poder trabajar.

   Valerio se ha acercado al grupo de muchachos, lo que aprovecha Juanito para preguntarle:

   -Tío, ¿la leña la colocan al buen tuntún? –Zaca le mira con gesto satisfecho, que el mediano de los Ariza haya utilizado tuntún significa que algo está aprendiendo en sus clases.

   -No, Juanito. En el centro de la carbonera colocarán  los mejores troncos, y en la parte más exterior la peor leña. De los primeros se obtiene el carbón más grande y grueso que es el que sirve mejor para las largas cocciones. De los segundos se extrae el llamado carbón de piconcillo que sirve, sobre todo, para los encendidos rápidos, como es el caso de los braseros.

   Como tiene Valerio a tiro, Zaca formula una de sus inevitables preguntas:

   -¿Cuál es la mejor madera para convertirla en carbón?

   -La de encina, sin duda alguna, pues pesa más y el carbón que se obtiene es de mejor calidad. Aunque la de roble también es buena. Y en última instancia de toda la madera puede hacerse carbón.

   Los materiales y herramientas que usan los carboneros son bastante más diversos de lo que pensaba Zaca, pues alrededor de la carbonera, esparcidos aquí y allá, se ven aperos y elementos tan distintos como palas, regaderas, rastrillos, azadas, hachas, paja, piedras y leña. También hay un palo de tamaño medio que mide poco menos de un metro y termina en punta. Como no sabe qué es, Zaca pregunta a Valerio.

   -¿Y ese palo para qué sirve?

   -Para hacer agujeros en la carbonera. Al parecer en Las Vascongadas, de donde proviene, lo llaman makila. Estos vascos usan unos palabros que no los entiende ni Dios.

   -O sea, ¿que la carbonera tiene agujeros?

   -Mocete, el día que después de una pregunta no hagas media docena más es que se habrá colgado algún santo en el cielo. Claro que tiene agujeros, ha de entrarle aire para que la leña pueda arder o es que no has estudiado que sin oxígeno no se produce ninguna combustión. ¿Pero que rediez estudias en el bachillerato? Las carboneras tienen un agujero principal en la parte superior por donde se meten las brasas y, cuando la carbonera coge fuerza, hay que taparlo para que no entre demasiado oxígeno y la combustión se acelere. También se hacen otros agujeros por todo el perímetro hasta casi llegar a ras de suelo para que respire. Precisamente, para eso se utiliza la makila.

   -La última pregunta, señor Valerio, se lo prometo. ¿Cuándo la encienden?

   -Eso de tu última pregunta no se lo cree ni el que invento la gaseosa de bolita. Pero bueno… Le prenderán fuego mañana.

   -¿Puedo venir a verlo?

   -Tendrás que madrugar. Comienzan en cuanto Lorenzo asome la gaita. Calcula que sobre las siete y algo.

   -Madrugaré –es la contundente respuesta de Zaca.

   -Entonces, mañana a las seis y media te espero en la cocina para desayunar. Si a las siete menos cuarto no estás, me iré sin ti.

   -Allí estaré, no se preocupe.

   Al día siguiente, con la primera luz de la aurora, Valerio y Zaca -en esta ocasión no le acompañan las chicas- parten hacia el Camí de L´Atall. Cuando llegan, los carboneros están terminando los últimos flecos del cono de leña. Antes de prenderle fuego han rezado una especie de oración a San Alejandro de Comana, patrón de los carboneros,  rogándole que todo vaya bien y que no haya ninguna desgracia. “Hasta los carboneros tienen su patrono, quien lo diría”, piensa Zaca. Y uno de ellos, el que se quemó, que parece ser el jefe, coge la makila y hace unos cuantos agujeros más alrededor de su base. Hecho lo cual, con una pequeña pala coge unas brasas de la fogata en la que han calentado su desayuno, mira al Mayoral que le hace un gesto de asentimiento, sube a la estructura cónica por una ligera escalerita adosada a la pared y, a través de la pequeña abertura en la cúspide, prende fuego a la carbonera. Luego, tapa el orificio, para que el fuego vaya penetrando cada vez más abajo.

   -Esa operación la repetirán muchas veces. Avivar la llama, y volver a taparla para que la leña se vaya quemando poquito a poco –comenta Valerio.

 -Y los agujeros laterales que ha hecho, ¿para que sirven?

   -Ya te lo dije ayer. Para conseguir que el fuego prenda por toda la pira, y no sólo en el centro. Cuando de la carbonera sale poco humo hay que hacer agujeros para que respire mejor. Cuando por los agujeros salga humo azul, significa que el carbón está hecho. Entonces, tapan los agujeros de la parte superior y los hacen más abajo hasta que llegan al suelo. Cuando se haya acabado la carbonización  saldrá una llamarada entre piedra y piedra, eso indicará que el carbón se ha hecho. Entonces, taparán todos los agujeros y la dejarán descansar dos o tres días para que lentamente se apaguen los fuegos del interior.

   Encendida la carbonera, Valerio mantiene un último intercambio verbal con los carboneros y se despiden de ellos. En el viaje de vuelta al Mas, donde le esperan sus alumnos, Zaca tiene ocasión de formular más preguntas sobre el tema de la carbonización al Mayoral.

   -¿Y cuántos días, aproximadamente, durará la operación de la carbonera?  

   -La cocción costará un par de semanas, día arriba, día abajo. Es un proceso  largo, peligroso y requiere cuidados constantes. Por eso, los carboneros duermen aquí y se van turnando para vigilar la carbonera las veinticuatro horas. Uno vigila y los otros dos duermen por turnos alternativos. Es un trabajo a tiempo completo.

   -¿Y rinde mucho una carbonera?

   -Depende de varias circunstancias, y una importante es la clase de leña empleada. Si es carrasca o roble, el rendimiento medio viene a ser de alrededor de un tercio de la leña. Es decir, por cada tres kilos de leña se obtiene uno de carbón.

   -¿Y todo el carbón que se saca es para el Mas o para los carboneros?

   -Una parte es para nosotros y otra para los carboneros. Y como sé que tu siguiente pregunta será como se dividen las partes, te la adelanto. Antes, cuando hacía los tratos el señor Villalonga, el Mas se quedaba con tres quintos y los carboneros con los otros dos. Cuando cogió el timón la abuela, concertó un nuevo trato, y ahora tres cuartos son para nosotros y uno para los carboneros.

   -Es un trato muy desigual,

   -Hasta cierto punto. Ten en cuenta que la leña es del Mas, y además un trato es un trato, si los dels Ports lo han aceptado será porque les sale a cuenta.

   -Buena es la señora Julia haciendo tratos.

   -Ni te lo puedes imaginar, hijico. Es más dura negociando que Isabel, la reina católica.

   -¿Me avisará del día que saquen el carbón?

   El aviso se lo dio Valerio unos quince días después. También tuvieron que madrugar, al parecer los carboneros son gente a la que no se les pegan las sábanas. Lo primero que hizo Pere el Castellfortí -así le dijo Valerio que se llamaba el cap de colla de los carboneros- para extraer el carbón fue subirse encima de la carbonera, usando la misma escalerita que empleó para encenderla, hacer un agujero con una azada y echarle agua con una regadera para enfriarla y después lo tapó con tierra y paja. Luego, los tres tipos de els Ports fueron abriendo la carbonera con un rastrillo separando el carbón de la tierra y esparciéndolo alrededor. Si al abrir la carbonera salía fuego o ardían trozos de carbón, los mojaban con la regadera. Una vez apagado todo el carbón los peones fueron metiéndolo en sacos de esparto. Zaca fue a coger un pedazo de carbón de un negro brillante, pero el más joven de los carboneros le gritó:

   -No lo cojas, chaval o te vas a quemar. Deja que se enfríe.

   Cuando pudo tocarlo, Zaca notó que el tacto del carbón era suave y relativamente blando, pues lo rayó con la uña y al tirarlo al suelo se rompió. El novel maestro pensó que la próxima lección ocasional que explicará a sus alumnos será la producción de carbón vegetal del que en las últimas semanas ha recibido una magistral lección práctica. Ahora se impone estudiar los aspectos que podrían denominarse científicos para que la lección que imparta sea completa. Para lo cual echa mano de su inseparable diccionario ilustrado Sopena. El primer concepto con el que se queda es el de carbonización, que implica quemar madera en condiciones de bajo oxígeno para producir un material combustible. Proceso también llamado pirolisis, voz que  desconocía. Otro dato nuevo que encuentra es que las temperaturas de la carbonera oscilan entre 400 y 700 grados. Finalmente, también anota que al arder el carbón vegetal no solo libera calor sino también dióxido de carbono, gas que si se respira en altas concentraciones y de manera prolongada puede producir desde dolores de cabeza a envenenamiento que en ocasiones puede llegar a ser letal.

   Al explicar en su día la lección ocasional a los masoveritos, Zaca descubrió que sobre carboneras todos sus alumnos sabían más que él, pues en la mayoría de masos se solía construir una casi todos los años para obtener combustible como alternativa a la leña que es el material más usado. Sus alumnos quizá no supieran que es la diéresis, pero de la vida del mundo masovero lo sabían todo. Por lo que desistió de explicar cómo se consigue el carbón vegetal. Se limitó a alertarles del peligro que encierra el dióxido de carbono. Y ahí terminó la historia de la carbonera. Otra lección más de la vida de las masías que Zaca guarda en su mochila mental. También piensa que esa lección no la hubiera aprendido en el pueblo, pues que él recuerde en Torreblanca no se montaban carboneras. Lo que le lleva a decirse que la vida en el Mas es más apegada a la realidad y a las vivencias rurales que la del pueblo. Con lo cual, el día que le toque regresar a casa tendrá un bagaje vivencial que de otro modo jamás hubiera poseído. La moraleja a la que llega es que cuando se cambia de lugar se pueden alcanzar otros conocimientos y vivencias que no se tenían. Vivir para ver, se dice.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 92 de la novela “El masover” titulado: ¿Celos?

martes, 15 de septiembre de 2026

“El masover”. 89. El veranillo de San Martín retrasa la matanza

    La hoja de noviembre ha aparecido en el calendario y en la primera quincena del mes, cuando suelen comenzar los primeros fríos en La Plana Alta, Valerio –el factótum del Canònge- había previsto la matanza de dos de los tres gorrinos que en el Mas se sacrifican anualmente. Pero un periodo de tiempo anormalmente cálido en mitad del otoño, le ha hecho cambiar de planes. En vez de realizar la matanza hacia el once de noviembre, como manda la tradición y el refranero: A cada cerdo le llega su San Martín, Por San Martín, se mata el gorrín o Por San Martino, prueba tu vino y mata tu cochino, la realizarán algo más tarde, cuando no haga tanto calor, que una matanza con el sol dándole de lo lindo no es de lo más aconsejable.

   -A ver si termina de una vez el veranillo de San Martín y podemos apiolar los cochinos –el deseo de Anselmo es compartido por otros muchos residentes del Mas, en especial por los masoverets de la escuela de Zaca, pues la matanza es una costumbre popular,

muy arraigada en innumerables lugares en los que por esas fechas es típico que se consuman productos recién cosechados y animales recién sacrificados. Como una tarde explicó el mayoral al Bachiller:

    -Antiguamente, la matanza era una actividad importante para la obtención de alimento durante el invierno, de manera especial en las masías, lugares donde no existe una carnicería o un supermercado al que acudir a comprar medio lechón o unas costillas de recental. La matanza, en las masías, también es una fiesta muy valorada, pues los festejos son un producto escaso en los masos. Lo que conlleva que las pocas fiestas que hay sean especialmente bienvenidas. Ese lado festivo y de celebración conlleva que la matanza se convierta en un motivo para reunir a parientes, vecinos y amigos. Comer hasta hartarse, algo que no ocurre todos los días, beber el mejor vino joven que han producido los lagares caseros y charlar, cantar y hasta bailar mientras el cuerpo aguante forman parte del programa de diversiones que acompañan al sacrificio de los puercos –concluye el mayoral. 

   Respecto al sacrificio de los gorrinos, Sisca le ha contado a Zaca que en los masos la matanza se realiza de forma artesanal y, habitualmente, se efectúa una vez al año, generalmente coincidiendo con el final del otoño o principios del invierno, ya que el frío ayuda a la conservación de la gran cantidad de arrobas de carne que genera un guarro que ha estado bien cebado durante un porrón de meses.

   Con las explicaciones de Valerio y de Sisca, y tras haberlas convertido en una unidad didáctica, Zaca ha dado a sus alumnos una lección ocasional sobre todo ello, explicándoles que la tradición de la matanza por las fechas otoñales  no solo es española sino que se extiende a otros muchos países europeos. Por ejemplo, en Alemania por San Martín no se matan cerdos, pero sí gansos. Uno de los alumnos del grupo de los mayores le pregunta:

   -Y el refrán de A cada cerdo le llega su San Martín, realmente, ¿qué quiere decir?

   -Ese refrán se usa para señalar que, así como los cerdos son sacrificados en esa época, cada persona recibirá su merecido tarde o temprano.

   -Entonces, ¿eso supone que cuando haces una barrabasada pronto o tarde recibirás tu castigo?

   -Pues, más o menos, así es.

   -Si eso es así –interviene un segundo alumno-, ¿el refrán también vale para cuando recibes “la castellana”? -Es un recurso didáctico que se ha sacado Zaca del magín para que los masoveritos, que andan a leches con la lengua castellana, tengan menos tropiezos con el diccionario. A Zaca, el problema que tienen  buena parte de sus alumnos se le quedó grabado de forma indeleble el día que en una de sus explicaciones utilizó el vocablo ombligo. Ante la pregunta de un masoveret sobre qué quería decir aquella palabra tan rara y contestar que era como en castellano se llama al melic –que así es como se dice en valenciano-, el asombro de algunos alumnos fue como para pintarlo. Y ahí fue cuando se hizo imprescindible el manejo de la “castellana”. El esquema del recurso didáctico es simple: cada día, al primer escolar que en lugar del castellano emplea el valenciano Zaca le entrega una vieja moneda de un franco, a la que, pese a ser gabacha, denominan “la castellana”. Su poseedor debe cedérsela al condiscípulo que cometa el mismo lapsus, y así la moneda va pasando de mano en mano hasta el final de la sesión. Aquel alumno que la tenga en ese momento es sancionado con una multa consistente en que ha de donar al fondo común de material escolar algún objeto personal o de su plumier: un lápiz de color, una goma, un sacapuntas, una pluma… El juego ha tenido una gran acogida entre los chavales y “la castellana” se ha convertido en otro más de los recursos didácticos que emplea Zaca para incentivar el mejor aprendizaje lingüístico de sus alumnos. También recuerda que una vez que “la castellana” le tocó a Lía al final de la clase, la chiquilla tuvo la desfachatez de dejar como multa en el fondo común una de sus horquillas. Cuando Zaca le requirió para que pagase la multa con otra prenda u objeto, la mayor de los hermanos Ariza contestó:

   -Amos, anda. ¿Hay algo más personal para una chica que una horquilla? –A Zaca lo que más le fastidió no fue la respuesta en sí, sino la chulería y la desvergüenza con la que se expresó la chicuela.

  El día de la matanza, el matarife, que no era otro sino Anselmo, despachó a los cochinos en un visto y no visto, los desmembró y extrajo la vejiga que rápidamente se convirtió en una pelota. Tras ser inflada, Zaca organizó un partido de fútbol con la mitad de sus alumnos atacando una portería –dos  piedras de mediano tamaño en el extremo de una era- y la otra mitad intentando meter gol en la otra portería. Y él se convirtió en el árbitro dispuesto a sacar tarjeta roja a todo aquel jugador que anduviese buscando más las espinillas de los adversarios que regatear a los rivales. Con la matanza de los cerdos, Anselmo no ha finiquitado su papel de carnicero, le falta degollar una vieja cabra y una oveja primala, cuyas carnes se usarán para complementar la de los guarros, y con ellas elaborar longanizas, chorizos y otros embutidos. Aunque en casa de Zaca se han realizado matanzas de cerdos, el muchacho escucha atentamente lo que Valerio está contando a un grupo de masoveritos.

   -Hay que entender la matanza como un periodo largo, que comprende varias fases: El engorde, desde la compra del cerdo y su cebado hasta el día de la matanza. La duración depende de cuando se compra el cochino, aunque lo más usual son diez meses para cebarlos. La matanza en sí, que suele durar uno o dos días. Y el curado, dependiendo del uso que se haga de los productos cárnicos, y que puede durar desde días hasta varios años. ¿Os ha quedado claro, hijicos?

   -¿Antes cuándo se compraban los cerditos para comenzar a engordarlos? –quiere saber uno de los masoverets.

   -Al llegar el mes de marzo ya se solía empezar la negociación en los mercados de ganado para la compra de uno o varios lechones para la matanza. El engorde se planificaba con antelación, se alimentaba al guarro con productos tales como berzas, calabazas, patatas, remolachas e hierbas diversas, como cardos tiernos u ortigas que se solían acompañar con salvado de centeno o de otros cereales. En el otoño se incluían en la dieta los restos inservibles de las cosechas de frutales: manzanas, peras, membrillos... También suponían una importante aportación los restos de las comidas caseras. Finalmente, en la última fase de la cría del cerdo el engorde se realizaba en lo que era conocido como la montanera. Es decir, cuando los cerdos se dejaban libres en las dehesas coincidiendo con la maduración y caída de la bellota, en los meses de octubre a diciembre. La bellota más apreciada era la de la encina, generalmente más dulce, más apetecida por los cochinos y de mayor valor nutritivo. El engorde con bellotas, pasto y hierbas aromáticas de las dehesas y el ejercicio físico del animal en régimen de libertad, no solo conseguía una carne con menos grasa superficial y más entreverada, sino de un sabor excepcional. Es así como se obtienen los tan valorados jamones ibéricos o de pata negra.

   -¿Y es verdad que a muchos de los cochinos se los capa? -pregunta otro.

   -No es raro que los cerdos se castren antes de la matanza por dos motivos: los animales capados engordan más y son más tranquilos y porque, tras la muerte, los testículos desprenden sustancias que empeoran el sabor de la carne del animal. ¿No hay más preguntas? Pues, hala, a pegar patadas al balón.

   El día de la matanza, a mediodía, entre Concha y Pili han preparado unos bocadillos de panceta para los chavales de la escuela de Zaca, que estos se han comido en un pispás. Y otros más se hubieran zampado si se les hubiese dado la oportunidad, pero la abuela, que ha sido de quien ha partido la iniciativa, opina que la generosidad ha de tener límites, si no se convierte en derroche y derrochando no se construye el  pequeño emporio económico que es el Canònge.

   Sisca y Zaca, que durante la comida han hecho un aparte, comentan los sucesos del día y lo bien que se lo están pasando sus alumnos, así como los recuerdos de otras matanzas.

   -En casa –explica el muchacho-, los años que hicimos la matanza, recuerdo que madre conservaba parte de la carne en una tinaja con aceite para poder disfrutar de ella durante todo el año.

   -Aquí también lo hacemos y además la conservamos en salazón, además de con el curado y el ahumado.

   -Esos métodos no los conozco. ¿Cómo se emplean?

   -En la salazón se aplica sal a la carne, a menudo con otras especias, para extraer la humedad y prevenir el crecimiento de bichos. En cuanto al proceso de curado puede llevarse a cabo con sal y azúcar, que ayuda a realzar el color y sabor de la carne y a dificultar el crecimiento de microbios. Luego, la carne salada y curada la colgamos para secarla al aire libre, lo que ayuda a eliminar más humedad y a preservar la carne de su posible descomposición. 

   -Te falta contarme lo del ahumado.

   -En el ahumado sometemos la carne al humo producido por la combustión de madera, lo que le confiere un sabor característico y ayuda a conservar la carne y protegerla de los bichos. Y también ayuda a secar la carne, eliminando la humedad y prolongando su empleo útil.  

   Al atardecer, y tras acabar los trabajos de la matanza, se ha organizado un baile en una de las eras. Forman la orquesta de cuerda algunos de los masoveros invitados: el tío Jaume el Golós, que toca la bandurria, Pere el del Más d´Enqueixa que pulsa la guitarra y Jordi el Surdo que maneja, mal que bien, el violín. La gente danza al compás de la música y casi todos se han emparejado excepto el Bachiller.

   -¿Bailamos, Zaquita? –le invita Sisca.

   -No quiero hacerte un feo, pero no. Bailando soy un pasmarote que no hace más que pisar los pies de su pareja.

   -Pues me haces un feo negándote. Imaginaba que te gustaría.

   -Tienes que perdonarme, Sisca. No hay nada que me gustaría más que bailar contigo, pero es que lo paso tan mal que se me llevan los demonios. Porque cuando bailo me pongo tan rígido que parezco un poste de telégrafo y no hay manera de llevar el compás. Y encima siempre tengo la impresión de que la gente me mira y se burla de mi mala sombra como bailarín.

   -Vamos a hacer una cosa. Nos iremos a un rincón donde la gente no se fije en nosotros y te enseñaré a perder ese agarrotamiento y a sentir la música. Tú me has inculcado que todo se puede aprender tirando de paciencia y persistencia. Veamos si ese principio también sirve para aprender a bailar.

   Sisca, echando mano de una generosa paciencia, va enseñando al muchacho los pasos más fáciles del baile, así como la manera de distender los músculos y de seguir el ritmo de la música. Poquito a poco, y siguiendo las instrucciones de su eventual instructora, Zaca se va soltando, va perdiendo rigidez y acaba siendo capaz, aunque de aquella manera, de seguir el ritmo de la improvisada orquesta. Pese a todo, el muchacho está persuadido de que nunca será un buen bailarín, pues su flexibilidad y su oído musical son bastante incompatibles con cualquier sonido armonioso. Como mucho saldrá del paso. Todo va razonablemente bien hasta que ocurre lo indeseado, -“Maldita pilila, ¿otra vez te has puesto en guardia?”- Se maldice el chico, cuando Sisca apoya el rostro contra su mejilla y al ceñirse, nota los senos de la muchacha pegados a su pecho. Una vez más, ha de echar mano de la tabla de multiplicar y comienza el recitado mental: tres por uno es tres, tres por dos…

   -¿Qué callado te has quedado, Zaquita? ¿Te pasa algo?

   -No, nada. Es que si hablo pierdo el compás –Se excusa el chico, que piensa que si la muchacha supiera lo que de verdad le está ocurriendo se moriría de vergüenza. Menos mal que el recitado de la tabla comienza a producir sus efectos casi taumatúrgicos.

   Y así, entre bromas y veras, termina la matanza en el Mas que retrasó el veranillo de San Martín, también llamado de San Miguel. Un día de jolgorio y divertimento, feliz para todos los moradores del Mas, menos para el cerdo, naturalmente.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 90 de la novela “El masover” titulado: Leña seca para quemar

martes, 1 de septiembre de 2026

“El masover”. 88. Dame pan y llámame tonto

   Del aprendizaje de los asuntos agrarios que Zaca está llevando a cabo bajo la tutela de Valerio ha sacado en principio dos consecuencias: una es el conocimiento teórico de las prácticas agrícolas más comunes en las comarcas del Levante español; la otra, que la vida de los campesinos no es precisamente idílica. Y en ese contexto está escuchando con marcada atención el parlamento de Valerio que ha esperado a que la cena terminara para poner sobre la mesa una de las cuestiones capitales del ciclo agrícola en La Plana Alta

   -Julia, mañana voy a comenzar a contratar braceros, pues hay que preparar los campos para la siembra del cereal.

   -¿Dónde piensas ir?

   -Primero a Benlloch. Y si allí no encuentro suficientes peones a Villanueva de Alcolea.

   -¿Qué campos vas a dejar en barbecho?

   -Los que están al sur de la Barrancada del Clot.

   -¿Serán las mismas fanegas que la pasada temporada?

   -Bastantes menos. Como unas ciento y pico. Hemos de dar cobertura a los otros cultivos necesarios para abastecer el puesto de Los Masos de la Plana Alta.

   El diálogo entre Julia y Valerio le ha llevado a Zaca a recordar que, tras las charlas que ha mantenido con el mayoral, ya sabe lo referente a las plantas herbáceas y hortalizas que se plantan en septiembre, pero que sigue estando pez sobre el cultivo más importante, que también se planta en otoño en La Plana Alta: el de los cereales, comprendidos el trigo, el centeno, la cebada y la avena. Como de lo hablado se desprende que el mayoral va a estar muy ocupado, opta por no molestarlo y se busca otra persona que sepa de agricultura, Anselmo. Aunque sabe que no es su fuerte, pues se dedica mayormente a la gestión de los rebaños de cabras y ovejas del Mas. Al día siguiente lo aborda.

   -Anselmo, como sabes, tu tío me ha estado explicando los cultivos que se siembran en otoño, pero no le ha dado tiempo a explicarme los de los cereales. ¿Me harías el favor de contármelo? Solamente lo más básico. Te adelanto que sobre el cultivo del trigo sé bastante, pues en la Fábrica lo sembrábamos en uno de los bancales.

   -Por mí no ha de quedar, pero no soy el que más sabe del asunto aunque, si solo es lo básico hasta ahí llego. ¿Por qué cereal quieres que empiece?

   -Por el que te parezca mejor.

   -Entonces, por el más importante, el trigo, pero como me has dicho que lo conoces, solo te recordaré que en La Plana Alta, la siembra del trigo de invierno generalmente se realiza a principios de otoño,  lo que permite que la planta complete su desarrollo antes de la llegada de las heladas invernales. 

   -Por lo que acabas de explicar, ¿lo del trigo de invierno supone que hay otro que no lo es? –le interrumpe el muchacho.

   -Sí. El que se siembra en primavera y se cosecha en otoño. Volvamos a la siembra del trigo de otoño que en estos pagos es el más común. El momento exacto para plantarlo puede variar ligeramente según las condiciones del tiempo, la variedad de trigo utilizada y el tipo de suelo, pues no son lo mismo los suelos arcillosos que los arenosos. Aquí solemos sembrar variedades antiguas y autóctonas de trigo como la “assolacambres”.

   -¿Y que se siembre en otoño es por algún motivo específico?

   -Sí. Porque el cereal necesita que las plantas desarrollen sus raíces antes de los fríos del invierno y aprovechen las lluvias de esta estación para un buen crecimiento.

  -Otra pregunta, ¿qué es lo de la tierra en barbecho?

   -El barbecho es la tierra labrantía que no se siembra durante uno o más años para que se recupere. Es más propia de la agricultura de secano.

      -Una última pregunta, ¿en qué se diferencian del trigo los otros cereales; es decir el centeno, la cebada y la avena?

   -El centeno, la cebada y la avena son cereales con diferencias para comerlos y en cuanto a su apariencia física te cuento de forma resumida. El centeno es una planta anual de uno a metro y medio de altura, que florece de mayo a julio. Es rico en fibra y se utiliza a menudo para panes y bebidas alcohólicas. La cebada es un cereal con hojas estrechas y de color verde claro. Su tallo es una caña hueca que puede alcanzar algo más de un metro de altura. El grano de cebada es alargado y más grueso en el centro. Se consume en forma de granos, copos o harina, y se utiliza, sobre todo, para elaborar cerveza. La avena es una planta herbácea con raíces profundas y un tallo recto que puede llegar a metro y medio de altura. Sus hojas son alargadas y planas, de color verde oscuro. El fruto es un grano, alargado y aplanado, cubierto por un pelo fino y sedoso. Se consume principalmente en forma de copos o harina. 

   -Del centeno, la cebada y la avena, ¿cuál se usa más como pienso para los animales?

   -La cebada y la avena son más utilizados como pienso que el centeno, aunque este último también se puede emplear. Y ya está bien de preguntas, que si por ti fuera estarías preguntando todo el día. La leche que te dieron, mocete, eres un jodido preguntón.

   Visto que Anselmo no está por la labor de enseñarle mucho más sobre la agricultura, a Zaca se le ocurre que otra fuente informativa pueden ser sus propios alumnos que, al vivir en un entorno en el que las cuestiones agrícolas son esenciales, a la fuerza han de saber de ellas. Y durante los recreos, escoge a alguno de los masoveritos más despabilado y le pregunta y repregunta hasta el fin del receso recreativo. Y así es como se ha enterado de que, antes de sembrar nada, los campos suelen labrarse, ya que la labranza ayuda a romper la compactación del suelo, lo que facilita la infiltración del agua y la aireación, además de eliminar malas yerbas y enterrar restos de cultivos para enriquecer el suelo.Asimismo, descubre que los cultivos se abonan para reponer los nutrientes del suelo que se agotan con el crecimiento de las plantas y para mejorar la  calidad y productividad de las cosechas. El abonado proporciona a las plantas los elementos esenciales para su desarrollo, tales como nitrógeno, fósforo y potasio, que pueden no estar presentes en cantidades suficientes en el suelo de forma natural. El abono que más utilizan los masoveros es el estiércol pues, como en prácticamente todos los masos hay rebaños de cabras y ovejas, no necesitan comprarlo. Cuando el muchacho le cuenta a la pubilla como va adquiriendo una cierta cultura, principalmente teórica, sobre la agricultura, se acuerda de que Sisca sabe mucho sobre los asuntos agrícolas, pues al haberse criado en el Mas ha convivido con ellos desde pequeña.

   -Y yo buscando personas que me ilustrasen sobre esas cuestiones, cuando tenía al lado una magnífica profesora. Podrías habérmelo recordado.

   -Podría pero, salvo cuando Valerio comenzó a explicarte lo de las plantas herbáceas, no habías vuelto a tocar ese tema. Pero ahora que lo sabes, ya no tendrás que molestar a nadie más. Me tienes a mí.

   -Eres una joyita, Sisca y toda un arca de misterios. Dios sabe cuántas cosas más debes de saber que desconozco. Es una de tus virtudes que más me gustan: que no alardeas de lo que sabes. No haces como suelo hacer yo en más ocasiones de las que debiera: que exhibo como un pavo real las cuatro cosas que sé.

   -De cuatro cosas, nada. Di mejor de cuatrocientos millones.

   -Tú que me miras con buenos ojos.

   -No digo más que lo que creo que es verdad. Si hasta la abuela va diciendo que eres el que más sabe del Mas. Y cuando ella lo dice, por algo será.

   Y en diálogos de ese porte la pareja pasa mucho tiempo. En cambio, los coloquios sobre sentimientos, emociones y pasiones son bastante menos frecuentes, algo anómalo en unos adolescentes. Y eso ocurre porque a Zaca todavía le cuesta abrirse, y hablar a calzón quitado de sus sentimientos le supone forzar su encallecida tendencia a guardar para sí su intimidad. En lo que respecta a Sisca, si no habla de sentimientos es, por una parte, porque no está segura de como recibiría el muchacho sus confesiones y, por otra, porque ha sido educada que en ese terreno, como en otros muchos, ha de ser el varón quien dé el primer paso. Cuestión, pues, de pudor femenino. Aunque cada vez es menor la distancia que les separa de meterse de lleno en el siempre escabroso terreno de los sentimientos.

   En la clase de hoy, han  hablado de la alimentación y el joven maestro ha explicado a sus alumnos que en el mundo hay cuatro grandes culturas relativas a un alimento básico como es el pan o sus sucedáneos. La cultura del trigo que se extiende fundamentalmente por Europa, la cultura del arroz por Asia, la cultura del maíz por América y la cultura del mijo por África y la India. Uno de los mayores le pregunta:

   -Conozco el trigo, el maíz y el arroz, pero no sé que es el mijo.

  -El mijo es un pequeño cereal de grano redondo y color amarillo, naturalmente libre de gluten. Es tan o más resistente que el trigo y necesita mucha menos agua. Con su harina suele cocerse una especie de pan redondo y delgado al que se le llama torta y si se come directamente suele ser hervido añadiendo dos partes y media de agua por cada parte de mijo. Contiene el doble de proteínas y hasta seis veces más hierro que el arroz común. Y como os he dicho, donde más se emplea es en la India y en muchos países africanos. ¿Vale? Y ya que hablamos de cereales¸ ¿sabéis en que conocida oración se cita a un popular cereal? -Un enjambre de manitas se alzan al aire y a coro los masoveritos gritan:

   -¡El padrenuestro!

   Hoy ha salido un tema sacado a la palestra por los alumnos del grupo A –los mayores- que ha evidenciado la diferencia madurativa de Sisca y Zaca. En una lección sobre biología del cuerpo humano ha salido a la luz el tema de la reproducción. Los masoveritos, criados en un ambiente en el que conviven con toda clase de animales domésticos, han visto mil veces cómo estos se aparean y como nacen sus crías, y no entienden que el maestro dé tantas vueltas y use tantos eufemismos para explicar algo que para ellos es de lo más natural: la forma en que se conciben las crías de los animales y los consecuentes nacimientos. Es Sisca, la que viendo el jardín en el que, sin pretenderlo, se está metiendo Zaca, interviene para reconducir la lección al vocabulario que suelen manejar los alumnos: el de la realidad.

   -… y entonces el conejo monta a la coneja y en poco más de un mes nacen los gazapos. Y colorín, colorado… -Sisca no termina la frase, han de hacerlo los chavales.

   -Este cuento se ha acabado –rematan los alumnos a coro, y entre risas.

   A Zaca la intervención de Sisca le ha molestado. Eso, y comprobar, por enésima vez, que la conexión entre su amiga y los masoveritos es muy superior a la suya. Esa sensación de familiaridad y comprensión mutua se da con total fluidez entre los alumnos y Sisca, y es bastante menos natural entre los chavales y él. Cuando termina la clase, Zaca reprocha a Sisca su intervención, pero a fuer de sincero reconoce que la muchacha se entiende mejor con los masoverets que él. Lo que quizá le hace sentirse un tanto celoso, confiesa.

   -Zaquita –esa forma familiar de llamarle, tan usada por madre, es la que emplea cada vez más a menudo la muchacha-, no tienes por qué sentirte celoso, ten en cuenta que soy masovera como ellos y entre masoveros anda el juego. Ellos me ven como a una de sus iguales y en cambio tú eres un chico de puebloque nunca había vivido en un mas. Por lo que es natural que se sientan más cercanos y tengan más confianza en mí que en ti, que no dejas de ser su maestro. Y yo, aunque les enseñe alguna que otra cosilla, en el fondo solo sigo siendo para ellos la pubilla del Canònge.

   -¿Sabes qué? Pues que me has convencido. Cada vez te explicas mejor. Te estás convirtiendo en un pico de oro. Si algo he tenido que ver en ello, me felicito. He hecho un buen trabajo. zzz

   -Déjame que te corrija, torreblanquí de mis entretelas, no has tenido algo que ver en ello. Lo has tenido todo. Sin ti, sin tus enseñanzas y sin tu ejemplo seguiría siendo la pubilla malcriada, caprichosa y egoísta que fui. Nunca podré pagarte lo que has hecho y lo que haces cada día para que sea mejor persona y más humana.

   -Ya será menos –Zaca trata de restar importancia a los elogios de Sisca, aunque por dentro está que revienta de orgullo.

   -De menos, nada de nada. Hasta la abuela opina que me has dado la vuelta como a un calcetín. No te digo más.

   -Debes ser el calcetín más bonito de toda España –la piropea el muchacho.

   -Eso se lo dirás a todas.

   -Te juro por todas las novelas de Salgari que eres la primera chica a la que motejo de calcetín.

   -¿Y he de alegrarme o enfadarme por eso?

   -Bueno, pretendía ser un piropo y parece que lo he convertido en un crucigrama.

   -Nada de eso, tontín. Sabes piropear mejor que ningún chico que haya conocido.

   -¿Quiere decir eso que te han piropeado muchas veces?

   -Alguna que otra vez, pero no tantas como puedas creer. Los masoveros no somos muy dados a los piropos. ¿Y tú has lanzado piropos a muchas chicas?

   -Más bien no. He sido demasiado vergonzoso y tímido como para atreverme a piropear a una chica.

   -Te voy a poner a prueba. Piensa que piropo me dirías si acabaras de conocerme -El muchacho piensa unos minutos hasta que se le ocurre algo.

   -Acabo de conocer a la rosa más linda de toda La Plana Alta.

   -No te has lucido demasiado que digamos. Inténtalo otra vez -Nuevo receso hasta que…

   -En el Canònge vive una pubilla que no es que luce, es que brilla.

   -Algo has mejorado y hasta has intentado que rimara, pero qué quieres que te diga… -Otra vez a darle vueltas al magín.

   -Eres más linda que una flor, que más que el sol brilla,  y por eso mi chiquilla, te daré todo mi amor, cuando me haga mayor.

   -Bueno, es lo mejor que has compuesto. Aunque creo recordar que a ese tipo de versos sueles llamarles ripios, ¿no?

   -Como crítica eres demasiado dura. Y sí, son ripios, pero nunca he pretendido ser un poeta, lo mío es la prosa. Y dejémoslo aquí que me estoy poniendo de mal café.

   -¿Eso es lo que tú dices que es un eufemismo?

   Una carcajada compartida pone fin al diálogo. Coloquios de ese estilo son cada vez más frecuentes en la relación entre ambos adolescentes. Son como una suerte de juegos florales verbales en los que lucen su habilidad dialéctica y que en el fondo esconden que la interrelación está comenzando a bordear la frontera entre la amistad y algo de mayor porte, pero a la que todavía no se la podría calificar como ¿algo más que afecto, quizá profundo cariño, o simplemente amor?  Sea lo que fuere, lo cierto es que la relación entre ambos adolescentes se estrecha más cada día que pasa. Dialogan de manera más profunda y sincera. Los temas de sus coloquios son más reales y cercanos que nunca. Aunque sigue existiendo una objeción crucial: no acaban de mostrar del todo sus  verdaderos sentimientos: ella porque se lo prohíbe su pudor; él porque se lo impone su timidez. ¿Serán capaces de vencer esos obstáculos?

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 89 de la novela “El masover” titulado: El veranillo de San Martín retrasa la matanza,