martes, 20 de octubre de 2026

“El masover”. 93. Y mientras, Zaca en el limbo


   Algunos días en los que, por una u otra causa, Zaca no ayuda a primera hora a Sisca a repartir el pienso a los animales de los corrales, suele matar el tiempo que falta, hasta que sea el momento de abrir la escuela, quedándose en la cocina tras el desayuno, pelando la pava con la señora Concha. A la aragonesa le gusta el palique y, dado que la mayor parte de la jornada trabaja sola, cuando tiene alguien con quien pegar la hebra le da a la sin hueso sin pararse en barras. Puesto que atesora muchos años de experiencia, y ha vivido en diferentes lugares cuenta con todo un arsenal de vivencias, anécdotas y sucedidos. Se complementa muy bien con el novicio maestro, pues éste es más proclive a escuchar que a exponer. Y así, en los diálogos entre ambos, el muchacho pregunta y la matrona contesta. Y el coloquio fluye con naturalidad en toda la gama de diálogos que mantienen. Esta mañana, para encender el hogar, Concha ha utilizado algunas piñas secas de las que guarda en la leñera, lo que ha dado pie a que Zaca, como es su natural, le pregunte por los conos leñosos.

   -¿Las piñas secas arden bien?

   -Arden muy bien y son muy adecuadas para encender fuego, ya sea en una chimenea o en la cocina económica. Como tienen poros, el aire circula fácilmente por ellos, mientras que la resina que contienen las hacen altamente inflamables.

   -Supongo que son de los pinos del Mas.

   -Casi todo lo que consumimos crece en los terrenos del Canònge. Y lo que es de pinos vamos bien servidos. Junto con las encinas son los árboles que más abundan por estos pagos.

   -¿Y hay pinos de diferentes clases o son todos de la misma especie? -Cuando Concha va a contestar, aparece Sisca y la pregunta queda sin respuesta.

   -¿De qué hablabais? –quiere saber la muchacha.

   -De pinos y piñas, ya ves que interesante –responde Zaca-. Señora Concha, otro día me cuenta más. Nos vamos a la escuela que en cualquier momento llegará el autobús con los chicos.

    La pareja de adolescentes aprovecha los momentos en que están solos para contarse lo que prefieren no hacerlo en público­: confidencias, secretos, dudas, vivencias, problemas… Hoy es Sisca la que guarda algo en la cartera que, al parecer, le incomoda y cree llegado el momento de hacérselo saber a su amigo del alma.

   -Zaquita, quiero contarte algo y espero que no te lo tomes a mal.

   -¿Y cuándo me he tomado a mal algo que me hayas contado?

   -Bueno, yo te prevengo porque lo que tengo que decirte puede cogerse de muchas maneras distintas, y por nada del mundo quisiera molestarte.

   -O sea, que no he de coger el pepino por donde amarga, como suele decir Valerio. No me seas masovera y no andes con rodeos, suelta lo que tengas que soltar.

   -Quiero hablarte de Juli.

   -¿Y qué le pasa a Lía?

   -Precisamente de eso quería hablarte. ¿Por qué tuviste que ponerle un nuevo nombre? Con Julieta o Juli iba servida.

   -No me digas que te molesta que la llame Lía. Eso me parece una chiquillada impropia de ti.

   -Por mí, la puedes llamar como quieras. Lo que me molesta es como se lo ha tomado ella. Desde que la bautizaste como Lía se ha vuelto de lo más tontorrona. Exige a todos los alumnos y a sus hermanos que la llamen así. Y no sé si te has dado cuenta, pero hasta está aprendiendo a firmar como Lía Ariza.

   -¿Y a ti todo eso qué más te da? No es algo que te afecte. Y te recuerdo que también tú hiciste en su momento una campaña parecida para que todo el mundo te llamara Sisca, ¿Y alguien se molestó por ello? Que yo sepa, nadie. Bueno, algo tu abuela. ¿Por qué una medida diferente para Lía?

    -Ves, hasta tú la llamas Lía.

   -¿Y qué más da cómo la llame? Julia, Julieta, Juli, Lía

  …, sigue siendo la misma. La hermana mayor de Juanito y Mito.

   -Bueno, lo del nombre es lo que menos me molesta, lo que más me chincha son las confianzas que se toma contigo…

   -¿Confianzas? No sé a qué te refieres. Vaya, aquí llega el autobús. Si quieres, en el recreo seguiremos hablando.

   Sisca ha terminado dándose cuenta de que, como continúe hablando de Juli, Zaca acabará por descubrir que lo que tiene es un ataque de cuernos, por lo que decide no proseguir el diálogo. En el recreo, a pesar de que el muchacho le invita a continuar la charla sobre Lía, escurre el bulto y toca otros temas. Piensa que el problema en que se está convirtiendo la primogénita de los Ariza, a medida que se va haciendo mayor, tendrá que resolverlo por su cuenta. Y el problema no es otro que Lía aprovecha cuantas oportunidades tiene para coquetear con su maestro: le interpela, le incita a dar explicaciones, le dice que no ha entendido tal o cual tema, le pide que le ayude y cien añagazas más, todas encaminadas a llamar su atención y acaparar la interrelación con el muchacho. Otro medio que está usando la chicuela, y muy eficaz para atraer la atención  de su mentor, es haberse convertido en la mejor alumna de la escuela. Ha dado un salto increíble en la progresión de su aprendizaje hasta conseguir que Zaca haya dicho de ella que es la joya de la escuela de los masoverets. Sisca se dice que o corta de raíz esos coqueteos o la primogénita de los Ariza puede convertirse en una rival temible, y no está dispuesta, bajo ningún concepto, a dejar de ser la única y exclusiva amiga de Zaca. En última instancia, piensa que antes de tomar otras medidas para apartar a Juli debería hablar con ella.

   -Juli, ven, tenemos que hablar.

   -Ahora no puedo, tengo que ayudar a mi madre a terminar la colada. Y, si no te importa, llámame Lía.

   -La terminas más tarde. Necesito hablar contigo y no quiero dejarlo para otro día. Y pienso seguir llamándote Juli.

   -Pero mi madre…

   -Ni madre, ni porras en vinagre. Digo que te vengas conmigo y no pienso repetirlo. Si luego Pili te regaña, dile que tuviste que hacer un mandado de mi parte –Sisca se ha puesto seria, por lo que Lía agacha la cabeza y sigue a la pubilla del Canònge. Es muy consciente de la posición que ocupan ambas en la escala social del Mas. Paqui es la heredera y algún día será la patrona y ella no es más que la hija de unos empleados.

   La conversación entre las muchachas es tormentosa. Sisca acusa a la que hasta ayer era su única amiga de coquetear –aunque no usa ese término, sino el de tontear- descaradamente con Zaca. Y que eso debe de acabar de una vez por todas. Zaca es el maestro y es una falta de respeto, además de ser una acción muy fea y desconsiderada, tontear a todas horas con él. ¿Qué dirán los padres de los demás alumnos si se enteran que el maestro y una de sus alumnas están de cháchara todo el rato?

   -¿No comprendes que pones a Zaca en una situación embarazosa? ¿No has…

   -¿Qué quiere decir embarazosa? –el vocabulario de Lía es más limitado que el de Sisca.

   -Incómoda, molesta. ¿No has pensado que podrían acusarle de valerse de su posición para hacerte cualquier perrería de las que a veces hacen los hombres a las chicas jóvenes?

   -Pero Zaca no es un hombre, solo tiene unos meses más que nosotras.

   -No seas burra, Juli. ¿Zaca es o no es tu maestro?, tenga la edad que tenga.  

   -Lo es, y también el tuyo. Y tú hablas mucho más tiempo con él del que lo hago yo. O sea, que quien le pone mayormente en una situación embarazosa eres tú, no yo.

   -Hablo mucho con él porque le ayudo en la escuela, pues soy la que da la clase de costura y… -Sisca se ha ido calentando en la medida que Lía ha ido recusando sus argumentos, y explota- porque me sale de las narices. Para algo soy la que algún día heredará el Mas. A ver si te enteras de una puñetera vez. Aquí la que mando soy yo y tú no eres más que la hija de unos sirvientes de mi abuela y mis padres. Y si quieres seguir siéndolo, no te queda otra que callarte, agachar la cabeza y decir: sí, Sisca, haré lo que mandes, dejaré en paz a Zaca. Y si no me obedeces, los Ariza sobráis en el Canònge. ¿Te ha quedado claro?

   -Lo que tú digas, ama –responde Lía con gesto compungido, pero al que desmiente el rabioso fulgor de sus ojos. Sabe que esta batalla dialéctica la ha perdido, pero no está dispuesta a perder la guerra de ser la preferida por Zaca.

   Que Lía haya aceptado a regañadientes la imposición de Sisca no acaba de convencer a la pubilla. Por eso cavila que soluciones podría adoptar para solventar el problema de una vez por todas. Piensa que lo más drástico, pero quizá más eficaz, sería que los Ariza dejaran de trabajar en el Canònge, y se marcharan del Mas, pero rápidamente se da cuenta de la de teclas que tendría que tocar para conseguir su despido. Tendría que inventarse un motivo muy gordo como causa de la expulsión; quizá podría valer lo de que Anselmo es un rojo, pero sospecha que es algo que su abuela sabe, aunque hace como si no lo supiera. Y en el caso de que encontrara otra causa para echarles, y suponiendo que convenciera a la abuela que los expulsara, debería tener la aquiescencia de sus padres, y siempre habría que contar con la postura que adoptaría Valerio, tío de Anselmo. Y es perfecta conocedora de que el día a día del Mas descansa en gran medida sobre los hombros del Mayoral. Por lo que duda mucho que aunque se demostrara que algún Ariza ha hecho una grave fechoría, ni su abuela ni su madre ni siquiera su padre estarían dispuestos a prescindir, no solo de Valerio sino también de Concha. Por consiguiente, lo de la expulsión de los Ariza la descarta. Tendrá que buscar soluciones menos radicales y la primera que se le ocurre es la de recortar, en la medida de lo posible, el tiempo que Zaca y Juli están juntos. Las horas de clase de la sesión de mañana son intocables, pero en las de la tarde cree que tiene margen de maniobra para acortarlas. Juli, que es habilidosa con la aguja, le ayuda en la llamada clase de costura que ella da a las masoveritas, con lo que también suele coincidir con el muchacho por la tarde. Ahí sí podría intrigar para que ello no ocurra. Cuantas menos  oportunidades tenga su amiga de hablar con Zaca, menos veces podrá tontear con él, pues es lo que está ocurriendo. Y decide utilizar una trama, mezclando verdades y mentiras, encaminada a que Juli tenga otras ocupaciones después del almuerzo, de manera que no pueda asistir a la escuela en la sesión vespertina.

   -Abuela, ¿a qué no sabes lo que ayer me enseñó Concha? La receta del arroz a banda. Es muy fácil, aunque según ella el arroz es muy puñetero y nunca es seguro que te vaya a salir bien.

   -Con la experiencia de Concha y la buena mano que tiene, casi estoy por asegurarte que si sigues su receta al pie de la letra te saldrá más veces bien que mal. Y me alegro de que continúes empeñada en aprender a guisar. No por que vayas a necesitarlo, sino porque algún día también tendrás que mandar en la cocina. Y para mandar hacer algo de forma adecuada es necesario saber cómo se hace.

   -Por cierto, me di cuenta que Concha tiene más trabajo del que puede hacer, y desde que Pili la ayuda menos, al tener que ocuparse de las tareas que yo hacía antes de dedicarme a la escuela, el tiempo se le queda corto. Alguien tendría que echarle una mano, sobre todo a mediodía.

   -No lo creo necesario. Concha es mucha Concha y puede con todo.

   -Eso quizá fuera antes, pero los años no pasan en balde y Concha ya no es una jovencita. Me he fijado que de vez en cuando tiene que sentarse unos minutos para recuperarse y eso es señal de que comienzan a pesarle los años.

   -No sabía eso. Y me extraña que ni ella ni nadie me lo haya comentado.

   -Ni te lo comentará. Ya sabes lo orgullosa que es.

   -Me agrada mucho que muestres tanto interés por nuestra gente. Así es como debe comportarse la futura ama del Canònge. Y volviendo a Concha, ¿crees de verdad que le hace falta alguien que le eche una mano en la cocina?

   -Estoy convencida que sí, abuela. Y hasta sé quién podría hacerlo, pues ya va siendo hora de que comience a ayudar en la casa, Juli.

   -Pero Juli va a la escuela del Bachiller y estudiar y trabajar al mismo tiempo son bastante incompatibles –la abuela, quizá porque la chiquilla lleva su nombre, tiene aprecio a Juli. 

   -Hace unos días lo estuve hablando con Juli y me comentó que por las mañanas le gustaría seguir yendo a la escuela, pero que por las tardes podría saltarse la clase de costura porque en lo tocante a las labores de aguja lo hace tan bien o mejor que yo.

   -Bueno. Lo hablaré con Pili y con Concha a ver qué opinan. Y en cuanto a la propia Juli estoy de acuerdo que cuanto antes comience a trabajar, antes aprenderá a manejar una cocina como la nuestra. Y gracias, hija, por interesarte por nuestra gente. Vas por el buen camino para aprender lo que el día de mañana, cuando seas la mestresa, tendrás que saber mandar.

   Tras la conversación con su nieta, Julia no se lo piensa más. En los masos es costumbre que los hijos de los masoveros comiencen a ayudar a sus padres o a servir a sus patronos más pronto que tarde. La inmensa mayoría de niños masoveros, si están escolarizados en cuanto acaban la enseñanza primaria, que suele ser sobre los doce años, empiezan a realizar tareas más o menos secundarias, pero que forman parte del trabajo cotidiano. La adscripción a alguna tarea auxiliar incluso se hace antes de cumplir los doce. Por eso, que Juli comience a ayudar a un adulto, en su caso a Concha, sería visto por el resto de los residentes del Canònge como algo natural. Ser hija de unos sirvientes le lleva también a serlo en un futuro cercano. La maquinación urdida por Sisca da la impresión que va a tener un final feliz para la pubilla, y quizá no tanto para la hija mayor de los Ariza. La situación forma parte natural de la estructura social de los masos: están los que mandan –los dueños- y los que obedecen –los sirvientes-. Y en tanto, el enfrentamiento entre las dos muchachas por los mal reprimidos celos de la que manda se ahonda y recrudece. Y el resultado parece ineluctable: Sisca, gana, Lía, pierde. Y mientras tanto, Zaca en el limbo. Algo raro, pues es buen observador y no se le suele escapar una, pero parece que no es así en lo que atañe a sus amigas.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 94 de la novela “El masover” titulado: Res non verba

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