martes, 26 de mayo de 2026

“El masover”. 74. Lo que está mal está mal y no valen paños calientes

   El miércoles, 26 de julio, la plana mayor del puesto de Los Masos de la Plana Alta, se ha reunido en el cuarto de estar para evaluar las ventas del pasado lunes. La noticia más sustancial de la reunión la proporciona Julia: se le ha ocurrido una nueva idea para incrementar las ventas.

   -Me ha llegado la onda que en algunos mercadillos ambulantes utilizan un sistema de venta que se llama dos por uno o tres por dos.  

   -¿Y eso en qué consiste, madre? –pregunta Paca.

   -Pues que por el precio que pagas por la unidad de un producto, que generalmente está de oferta, te llevas otras dos unidades. O por lo que pagas por dos te llevas tres.

   -O sea, que si compras un kilo de patatas te llevas dos. Dudo mucho que eso sea rentable, Julia –objeta Valerio.

  -Realmente no se busca la rentabilidad, sino que es otra forma de atraer a más clientes. En definitiva, un cebo como lo de rebajar el aceite. Solo se suele hacer con ciertas mercancías y, algo importante: mientras duren las existencias.

   -No sé, no sé… -a Valerio sigue sin convencerle el método.

  -Yo creo lo mismo que Valerio, madre –apunta Paca-. Dudo que eso funcione.

   -A ver, Bachiller, ¿tú que opinas? –quiere saber Julia.

   Que la abuela le pregunte, ha sorprendido a Zaca, por lo que se toma su tiempo para responder. Como tampoco lo ve claro, decide ser diplomático y propone una salida que contente a todos.

   -No sabría decirle, señora Julia, pero por probar poco se puede perder.

   Como nadie más pone pegas a la propuesta de la abuela, acuerdan ponerla en práctica y el próximo dilluns probarán el nuevo cebo a ver que resultado da. Otro asunto del que se trata en la reunión lo recuerda Valerio: tendrán que hablar con los de Radio Castellón para que incluyan la nueva oferta en la programación del próximo fin de semana para que la información llegue a los potenciales compradores. Terminada la reunión, Sisca ha esperado que su madre y el mayoral se fueran del cuarto y, sin importarle que esté delante Zaca, le espeta a Julia:

   -Abuela, tengo que contarte algo que no es precisamente un plato de gusto, pero que alguien tiene que afontarlo: no sé si te has dado cuenta, pero la sinvergüenza de la Etelvina[CM1]  no para de tontear con el Anselmo. Y no sé si lo de tontear se queda corto. En cualquier caso, Pili no se merece que le hagan ese feo. Tú verás.

   -Ya me di cuenta de lo que parece que llevan entre manos esa pareja de merluzos, Paquita, pero no te preocupes, hija, eso está solucionado.

   -¿Lo has hablado con Anselmo?

   -No ha hecho falta. La Etelvina, que ciertamente es de las que resbala sin haber barro, no volverá a vender ni vendrá más veces al Canònge. Esa muchacha, además de ligera de cascos, es más corta que la noche de San Juan. En cuanto al Anselmo, en pasando unos días, le voy a poner las peras a cuarto.

   -Que descanso, abuela. Estaba preocupada, sobre todo por Pili.

   “Que tenaz es Sisca -piensa Zaca-, cuando se le mete algo entre ceja y ceja no para hasta que consigue lo que se había propuesto. Si alguna vez pone sus ojos en un chico va apañado el pobre”. El muchacho es listo y sabe mucho para su edad, pero es un pardillo en lo referente a los sentimientos. Muchos libros, mucha enciclopedia Sopena, pero de las personas de carne y hueso -¡y no digamos de las mujeres!- no sabe de la misa la mitad. Toda la vida metido entre libros y la realidad es un coto cerrado para él.

   Los últimos cinco días de julio han discurrido para Zaca en una vorágine de actividad. Los domingos ayuda a recoger, almacenar y contabilizar los productos a vender en el mercat del dilluns, tanto los del Canònge como los de los masos asociados. Además, ya supone que el lunes va a tener otra tarea: visto el excelente resultado que dio como cobrador, la abuela lo ha confirmado como tal, junto a Paca y Sisca. El resto de la semana, da escuela a los masoveritos por la mañana y a Sisca, Lía y Juanito por la tarde. No tiene ni un minuto para el ocio, pero es algo que no le molesta. Sentirse ocupado y, sobre manera, comprobar que le necesitan es un sentimiento tan fuerte, y al que no está acostumbrado, que compensa con creces todo el trabajo que debe afrontar. Apenas si tiene tiempo para ojear los muchos tebeos, cuentos y novelas que se ha traído pero, impensablemente, ello no le reporta ninguna molestia. Los escasos huecos libres que tiene los suele emplear charlando con Sisca –y a veces también con Lía-, que se ha convertido en una colaboradora indispensable en la clase de los masoveritos, en la que da nociones de costura a las dos chiquillas del grupo.

   El último día de escuela de julio, cuando el minibús deja a los alumnos a la puerta de la circunstancial aula, la masovera del Mas de Roures que, alguna que otra vez, sigue acompañando a los masoveritos -Hortensia la Beltrana es su gracia-, hace solemne entrega a Zaca de trece duros, que es la compensación prometida por los cinco días de escuela en julio. ¡Nada menos que sesenta y cinco pesetas! Con los cuatro duros que le dio la abuela el pasado lunes son ochenta y cinco pesetas, “casi para un mes de pago a sus maestros”, se dice el muchacho. Que ya no se siente tan muchacho, sino más bien un adulto joven, porque alguien capaz de ganar tanto dinero ya no es un chaval, sino una persona mayor. En toda Torreblanca no conoce ni un solo chico de su edad, y hasta de bastantes más años, capaz de ganar una cantidad así. Ni siquiera Ismael Escoí, con fama bien ganada de ser el más despabilado joven –pues tiene dieciocho años cumplidos- del pueblo y del que cuentan que hay meses que llega a ganar más de treinta duros ayudando a compradores foráneos de cerdos.  

   En la escuela, los nuevos alumnos masoveros están respondiendo positivamente a los esfuerzos de su maestro. Zaca basa su metodología docente en hacer lo contrario de lo que hacen sus maestros del pueblo, que todo lo fían a la memoria del alumno. Por el contrario, el muchacho explica, aclara, razona, pone ejemplos y hace todo lo posible para que sus alumnos comprendan lo que estudian. Lo de menos es que lo memoricen, lo que importa es que lo entiendan. A los chicos de los grupos A y B les está enseñando su método de estudio LESURE para sacarle rentabilidad al tiempo que dedican al aprendizaje. Y ambos grupos están logrando resultados realmente magníficos. El grupo C, el de los pequeñajos, al tener el triple de docentes –Zaca y los chicos de los grupos A y B- encima de ellos son los que más rápido progresan en su alfabetización. Es algo que Zaca ha podido comprobar cuando, a finales de julio, realiza una serie de pruebas evaluadoras sobre el aprendizaje de los alumnos, con unos resultados espectaculares. Así se lo confirma también el tío Germán el Rizos que un día se deja caer por la escuela.

   -Maestro, los críos están más que contentos contigo. Dicen que nunca han tenido un maestro como tú. Que se divierten un montón y encima aprenden mucho. Lástima que tengas que volverte a Torreblanca. Contigo iban a aprender más en un mes que en las escuelas a las que van en un año.

   Su nueva experiencia como docente le lleva a Zaca a formarse la idea de que la educación solo se da, de manera efectiva, cuando se produce la interacción entre alguien –un maestro- que tiene voluntad de enseñar con alguien – un discípulo- que tiene la voluntad de aprender. Todo lo demás no cuenta. Por lo que se pregunta, si sus maestros del pueblo deben tener esa voluntad de enseñar, porque realmente no le enseñan nada, se limitan a constatar que se ha aprendido de memoria la lección del manual de turno. Ese descubrimiento le deja tocado. No le enseñan nada y cobran a padre veinte duros mes tras mes. Pues vaya.

   En cuanto al mercat del dilluns, marcha tan bien que Julia se está pensando en si montar el puesto de Los Masos de la Plana Alta en otras localidades.

Una de las que tiene en el punto de mira es Burriana, población situada en la comarca de La Plana Baja y que limita con poblaciones de gran densidad de habitantes como Villarreal, Almazora, Nules y las Alquerías del Niño Perdido. Cuenta con un puerto marítimo construido para la exportación de cítricos, pues la comarca también es un importante centro naranjero y, por consiguiente, con gente de alto poder adquisitivo. La otra localidad que está estudiando es el Puerto de Sagunto, al nordeste de Valencia, donde existe la única planta siderúrgica de la costa mediterránea, propiedad de Altos Hornos de Vizcaya, y que lleva funcionando desde comienzos del siglo XX, abasteciéndose del hierro de las minas turolenses de Ojos Negros, y que llega al Puerto a través de un ferrocarril de vía estrecha, algo más consistente que la Panderola. En ocasiones, los altos hornos también emplean mineral de hierro procedente de las marroquíes minas del Rif. Asimismo es un importante núcleo naranjero. Puesto que la localidad cuenta con una numerosa población de obreros industriales, se supone que su poder adquisitivo es alto.

   El cebo del sistema de ventas de dos por uno ha funcionado hasta cierto punto. El principal problema que han tenido que superar es que las cosechas veraniegas en La Plana Alta se centran en la fruta y ésta, dados los hábitos gastronómicos de la sociedad española, no forma parte esencial de los menús de la mayoría de las familias, por lo que pagar por medio kilo de manzanas, peras o albaricoques para llevarse un kilo, no es algo que tiente a demasiados compradores. A todos los ardides puestos en marcha para atraer a más clientes, han añadido una nueva muestra de regalo: son las hierbas aromáticas que, en el origen de la idea del nuevo puesto, Zaca sugirió a la abuela, Pero con un matiz importante: no las venden, las regalan a aquellos compradores que realizan compras voluminosas o que son clientes de los de siempre. Las dos hierbas que más valoradas están son el perejil y el orégano.

   Zaca los lunes se va con los vendedores del puesto a Castellón, donde su principal tarea es la de cobrar y echar una mano a Paca y a Sisca cuando se ven desbordadas por la clientela. Sigue siendo el que más recauda de los tres. Quizá por eso, Julia le ha subido la gratificación, y ahora le da cinco duros por día de mercado. El muchacho continúa pensando que ganar veinticinco pesetas por una mañana de trabajo, posiblemente no le ocurre a nadie en Torreblanca. Es un afortunado. Lástima que el treinta y uno de agosto se le acabará el momio.

   En sus escasos momentos de ocio, el mayor de los Clavijo suele dedicar su tiempo libre a charlar con Sisca y Lía. Cada día que pasa está más a gusto con las muchachas y sus conversaciones a veces toman giros insospechados. Hoy, aprovechando que no está Lía, Sisca y Zaca recuerdan el affaire que el Anselmo tuvo con la Etelvina, que hace semanas dejó de ir al Mas.

   -¿Tú crees que Pili llegó a enterarse de lo que había entre los dos? -pregunta Zaca, que sigue sin haber contado a nadie la escena que presenció junto  al molino de viento entre la Etelvina y el Anselmo.

   -Pili es lista, Supongo que debió enterarse porque esos días tenía muy mala cara. Y con razón. No es de hombres que se visten por los pies engañar a la mujer con la primera que le pone ojitos tiernos –responde, tajantemente, Sisca.

   -Bueno, pues tú no sabes lo peor –Y Zaca cuenta a su amiga la escena del molino de viento con Etelvina y Anselmo apareándose como chuchos en celo.

   -¡Qué asco! ¿Y por qué no me lo contaste antes?

   -Te lo cuento ahora. Que más da.

   -No hiciste bien, si me lo hubieses dicho antes podría habérselo contado mucho antes a la abuela. Desde luego, algunos hombres son unos cerdos. No creí que el Anselmo pudiera caer tan bajo. Liarse con una calentorra como la Etelvina.

   -No seas tan dura, Sisca. Todo el mundo dice que la carne es débil, hasta se lo oí decir al vicario de Torreblanca que es un santo.

   -Ni débil, ni niño muerto, ni siquiera santo. Lo que está mal, está mal y no valen paños calientes.

  “¡Joder!”, exclama, mentalmente, Zaca. “Pues no es intransigente ni nada la pubilla. ¡Cómo para engañarla!”. El muchacho no es tan tajante con el comportamiento de la pareja como lo es la pubilla. Piensa que las emociones y las pasiones pueden hacerte perder la cabeza y que, en definitiva, los sentimientos son los que son y no siempre puedes controlarlos. A raíz de lo cual le viene a la mente una cita de Pascal que le encanta: “El corazón tiene razones que la razón no comprende”. Claro que, ¿acaso el lío entre la Etelvina y el Anselmo respondÍa a impulsos del corazón o del sexo? Importante dilema que le gustaría saber desentrañar.

   El 28, sábado, el Mas recibe una visita que, al parecer, se esperaba: Jaume el Fideuer. Su apodo responde a su actividad profesional: es quien viaja por los masos dedicándose a la elaboración de fideos. Sisca cuenta a Zaca cómo funciona el Fideuer. Los masoveros le proporcionan la harina, él la amasa y la prepara para meter bolas de pasta en una máquina manual de hacer fideos. Los hace de diferentes tamaños, pero siempre con la misma forma, redondos. Luego, los deja colgados de unas cañas al aire libre para que se vayan secando. Y por dicha tarea, que suele durar casi toda una jornada, recibe la retribución previamente pactada con los masoveros, que en algunas ocasiones en vez de pagarle con dinero lo hacen con el producto. En cuanto termina, el Fideuer recoge los bártulos, los carga en el borriquillo que le acompaña en sus viajes y marcha en busca de otra masía que haya requerido sus servicios. Zaca, curioso como acostumbra, pregunta a Jaume sobre su trabajo que, por otra parte, ya conocía, pues en su casa también iba un confeccionador de fideos una vez al año.

   -¿Y tienes trabajo todo el año o solo en verano?

   -Cuando más trabajo es algo después de la siega que es cuando los masos tienen más harina. Y también en el otoño, antes de que comiencen los fríos.

   -¿Y por qué solo haces fideos, aunque de diferentes grosores?, ¿por qué no haces algunos tipos italianos de pasta?

   -Pues porque no tienen salida. Al principio, cuando comencé a trabajar de fideuer, intenté vender en los masos el concepto de la pasta italiana elaborando fusilli, farfale, rigatoni, spaghetti, tagliatelle y demás. Fue un fracaso, solo salieron adelante los macarrones, quizá porque los consideraban unos fideos gordos. Y es lo que hago: fideos y macarrones.

   -Lo que he observado es que haces mucha cantidad.

   -Es natural. Hago para muchos meses, pues a la mayoría de masos solo voy una vez al año. Únicamente en los más grandes, como el Canònge, acudo dos veces.

  ­-¿Y dónde guardan los ftdeos?

   -Los meten  en tarros de cerámica o de cristal, los guardan en un lugar seco de la despensa y van sacando raciones a medida que los necesitan para espesar las ollas, los cocidos y las sopas.

   -¿Y a veces no comen pasta como plato único?

   -No, que yo sepa. Como te he dicho, la suelen comer acompañando a otros platos.

   -Que fideos tan finos estás haciendo ahora.

   -Sí, son los más finos que puede hacer la máquina. Los llamo cabello de ángel y los suelen comer casi siempre haciendo más densa cualquier clase de sopa. Señora Concha, estoy terminando, ¿dónde cuelgo la última tanda?

   “Curioso oficio el del fideuer, pero supongo que necesario, como el de los que hacen la matanza del cerdo” –piensa Zaca, recordando al tío Javier Segura que ayudaba a sus padres a sacrificar el gorrino que engordaban en los buenos tiempos. Lo que le hace preguntarse: “¿Cuándo llegue San Martín, aquí también contratarán a un matarife o lo harán ellos mismos?”.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 75 de la novela “El masover” titulado: Casamenteros

 [CM1]