martes, 2 de junio de 2026

“El masover”. 75. Casamenteros

   El domingo, 30 de julio, Valerio había prometido a Zaca que se lo iba a llevar con él, a ver si podían cazar algún ejemplar de una manada de jabalíes que está devastando uno de los campos del Canònge en el que habían plantado remolachas. Cuando ya tenían dispuestos los pertrechos, el Mayoral ha tenido que suspender la cacería por la llegada de un visitante inesperado. Según le ha contado al muchacho, se trata del tío Mauro el Forner, dueño del Mas de Besana, masía sita a medio camino entre Cabanes y la Vall d Alba, y que es famosa y rica porque tiene un gran horno de leña en el que los Molins –apellido de la familia del tío Mauro-, desde hace décadas hornean toda clase de cocas, cocs i pastissos y, sobre todo, un pan denominado pa d´oli que se vende como rosquillas en toda la comarca. Y hasta hay gente de la capital que se desplaza adrede al Mas solo para comprar y degustar alguna de sus exquisiteces. Al parecer, el tío Mauro es viejo conocido y amigo de la abuela, y ha venido para tratar unos asuntos familiares con ella. El recién llegado, pese a que tiene sus años, continúa mostrando un aspecto vigoroso. De su cabeza destaca una cabellera abundante, aunque canosa, y un pronunciado mentón. Es de mediana estatura y más bien recio, aunque sigue moviéndose con soltura. Viste buena ropa, se nota que es un masovero pudiente.

   Durante el almuerzo, Mauro ha monopolizado la charla contando chascarrillos y sucedidos de cuando Julia y él eran mozos. El viejo tiene facundia y cae simpático, pues se nota que, además de mano izquierda y desparpajo, es buena gente. Eso es lo que piensa Zaca, pensamiento que parece ser compartido por los restantes comensales, pues le tratan con gran deferencia. Acabado el almuerzo, abuela y visitante se encierran en el cuarto de estar para hablar de lo que el propio Mauro ha calificado, vagamente, como asuntos familiares. Sisca ha contado a Zaca que de los Molins se dice que son tan o más ricos que los Villalonga, y que ambas familias tienen varias fincas con lindes comunes, que más de una vez han intentado comprarse mutuamente sin que hayan llegado a un acuerdo, pero que, a pesar de ello, las relaciones entre los dueños de ambos masos han sido y siguen siendo cordiales.

   -¿Y además del tío Mauro, hay más Molins? –quiere saber Zaca.

   -Que recuerde, está el hijo del tío Mauro, Pau, el Forner Jove, que debe ser, más o menos, de la edad de mi madre, y su hijo Pauet, el Forneret, que debe de tener un par de años más que nosotros. Son buenas personas, pero tienen fama de ser muy peseteros. Alguna vez le oí contar a mi padre que chavo que llega al Mas de Besana, chavo que no vuelve a ver la luz del sol porque de allí no sale –Todo esto lo refiere Sisca medio en broma, medio en serio. Posiblemente, el talante de la chiquilla sería otro si pudiese escuchar la conversación que mantienen ambos abuelos.

   -Mauro, si has venido, como otras veces, a tantear si te vendemos alguna de nuestras fincas que linda con una vuestra, la respuesta es no. Te lo digo de entrada para que no perdamos el tiempo.

   -Julia, cumples años, pero sigues siendo tan directa como siempre. Y no, no es ese el motivo de mi viaje. Y no va a ser el de esta charla, si me das un respiro para contarte el por qué he venido a veros.

   -Perdona, Mauro. A lo mejor me he pasado y no te he tratado como lo que eres: un viejo amigo y un buen vecino. Pero he creído que era mejor dejar las cosas bien sentadas desde el principio para evitar malos entendidos.

   -No hay nada que perdonar, Julia. Estoy de acuerdo contigo en que, como suele decirse, las cosas claras y el chocolate espeso, y así nos evitamos malentendidos –dicho que ha acompañado de una sonora carcajada. 

   -Pues bien, Mauro. Cuéntame a que has venido. Soy toda oídos.

   -El asunto por el que estoy aquí va de nuestros nietos, de tu Paquita y de mi Pauet –antes de proseguir, Mauro se ha echado al buche un sorbo del café que les ha traído Concha-. Oye, este café está buenísimo, veo que la Concha no ha perdido la mano.

   -Al grano, Mauro –le insta Julia, que se ha puesto en guardia al escuchar el nombre de su nieta. Algo que le ha sorprendido, pues era lo que menos podía esperar.

   -No voy a andarme por las ramas, Julia. Voy a ir al grano como pides. Tu nieta es pubilla y mi nieto hereu. Imagina el fortunón y la de propiedades que juntarían si un buen día llegaran a casarse. Serían los masoveros más ricos y poderosos de toda La Plana Alta; que digo de La Plana, de toda la provincia –al ver que la abuela va a hablar, se le adelanta-. Perdona, Julia, déjame contarte todo lo que quiero decirte y luego te cedo la palabra.

   -Estamos en mi Mas, por lo que deberé ser yo quien te ceda la palabra –objeta Julia, que no parece dispuesta a achantarse ante la verborrea del visitante.

   -Una vez más, he de reconocer que te sobra la razón y que me he pasado. Te pido que me disculpes. Me hago viejo, pero mi carácter me sigue gastando las mismas malas pasadas que de joven.

   -Si. Me recuerdas aquello de genio y figura hasta la sepultura. Pero, por favor, sigue con lo que decías.

   -Al grano. La pregunta que viene al caso es: ¿Habéis pensado en algún arreglo de futuro para Paquita? Yo si lo he hecho de mi nieto. Aunque ha llovido desde entonces, recordarás que hace una pila de años vine a proponerte arreglar la boda de tu hija con mi Pau, pero no llegamos a un acuerdo. Preferiste a Manuel, aunque los Villalonga no nos llegan ni a la suela del zapato, al menos, en cuanto a fortuna. No, no te lo reprocho. Hiciste lo que creíste mejor para tu Paca y para el Canònge, y además eso es agua pasada. No vengo a removerla, ni mucho menos. Lo que estoy haciendo es mirar al futuro y ahí están nuestros nietos para hacerlo no sé si mejor, pero sí más seguro. Eso es lo que he venido a proponerte: un arreglo de boda entre nuestros nietos, y vengo con las manos abiertas y sin planteamientos previos. Estoy abierto a cualquier clase de contrapropuesta que quieras hacerme. Solo me guía el futuro bienestar de nuestras familias. Y, si me permites, una última pregunta para terminar y te devuelvo la palabra: ¿Tenéis acordado algún arreglo de casamiento para Paquita? Porque si es así, solo me resta pedirte disculpas y retirar mi propuesta. Y es lo que quería decirte y dicho queda.

   La abuela se toma su tiempo para contestar. No quiere hacerlo a la ligera, pues el asunto que le plantea Mauro es de tal trascendencia para el futuro del Canònge, que debe de andar con tiento en su respuesta. Tal es así, que decide que lo mejor será dejar la contestación en suspenso hasta que la haya meditado a fondo y quizá hablarlo con Paquita, pues la chiquilla ya tiene edad para pensar por su cuenta. Y por supuesto, también lo tendrá que hablar con Paca y Manuel. Ahora de lo que se trata es de no cerrarse ninguna puerta, pues el mundo da muchas vueltas y el futuro no está escrito.

   -Mauro, te agradezco tu franqueza y, ¿por qué no?, tu propuesta. Me complace que lo hayas hecho en corto y por directo y no que lo hayas planteado con medias tintas y zorrerías por el estilo. Te pagaré con la misma moneda. La proposición no me la esperaba, por eso no estoy preparada para darte una respuesta concreta a un posible arreglo, que ni admito ni rechazo. Lo aplazo. Dame…, digamos hasta finales de agosto para que lo medite y lo hable con mi nieta y sus padres. Supongo que la chiquilla algo tendrá que decir al respecto. Aunque va a cumplir trece años es muy madura y hace tiempo que piensa por su cuenta.

   -Perdona, Julia. No quiero entrometerme en como manejas tu familia, pero he de decirte que a mi Pauet, que ya cumplió los quince, ni se me ha pasado por la imaginación pedirle su opinión sobre este asunto. A la gente joven hay que darles los asuntos importantes ya mascados, pues tienen la cabeza a pájaros. Y tu nieta, que aún no cumplió los trece, ni te digo…, pero repito que no pienso meterme en cómo mandas en tu casa. Respetaré lo que decidas, con o sin escuchar la opinión de tu nieta. Otra pregunta, si no te molesta: ¿De verdad necesitas tantos días para decidirte?

   -Mauro, buen amigo. Ya sabes lo que se dice: cada fruta requiere un tiempo para entrar en sazón. Y el mío es el que te he dado. Debe de ser que me estoy haciendo mayor.

   -De eso, nada. Te veo tan bien o mejor que la última vez que estuve en el Canònge. Que si no recuerdo mal hará unos tres años de eso. Ah, se me olvidaba la otra cuestión que me ha traído aquí. Me cuentan, y no paran, de lo bien que marcha el nuevo puesto de Los Masos de la Plana Alta en el mercat del dilluns. De lo que, como supondrás, me alegro infinito. Y de ahí, mi otra pregunta: ¿Has pensado si os interesaría vender en el mercat nuestros panes y cocas? Sabes que en Castellón nuestro Mas tiene un gran cartel y que hay caragoleros que se acercan aposta al Besana a comprar nuestros productos. Estoy abierto a negociar el tanto por ciento que os llevaríais. Por mi parte, creo que llegaremos a un acuerdo, no pienso discutir por un punto arriba o abajo. Lo que tú propongas.

   -Ves, Mauro, para contestar a esa oferta no necesito ni un día. Si te parece, la podemos dejar zanjada ahora mismo –Y tras un regateo, tan cortés como inmisericorde, propio de dos viejos zorros, llegan a un acuerdo y el mas de Besana venderá sus productos panaderos en el mercat del dilluns.

   El tío Mauro se despide de los Villalonga y de los demás residentes del Canònge con el mismo buen talante con el que llegó. Al menos, es lo que aparenta, aunque su embajada se haya saldado con un “lo estudiaremos” que le ha dejado un regusto agridulce.

    Tras su marcha, Julia queda pensando en la proposición que le ha hecho el Forner. Tiene mucho en qué cavilar. Antes de tomar una decisión, debe saber de que pasta está hecho el Forneret, pues no ha vuelto a verle desde que era un rapaz. Decide no aplazarlo –el hierro hay que forjarlo cuando está caliente, se dice- y esa misma tarde manda a Valerio que ensille uno de los caballos y parta a Cabanes para hablar con las primas de su yerno para enterarse qué se dice en el pueblo del Forneret, pues el chico frecuenta el pueblo; luego que vaya al Mas de Planchadell para entrevistarse con Germán el Rizos, de quien sabe que tiene frecuentes contactos con los Molins, y, finalmente, a la Vall d´Alba, que es la otra localidad que frecuentan los del Besana, y donde sabe que el Forneret tiene buenos amigos con los que se junta siempre que puede. La finalidad de los viajes del Mayoral es la misma: obtener la mayor información posible sobre la vida y andanzas del hereu del mas de Besana. El miércoles por la tarde, Valerio está de vuelta y trae un saco de noticias acerca de que pie cojea el Forneret. Las tres fuentes consultadas concuerdan que el muchacho es buena gente, pelín fanfarrón, pagado de sí, algo simple, no se le conocen grandes vicios y, según las malas lenguas, un poco blando de carácter. Estudió para bachiller en el internado que los Padres Escolapios tienen en Castellón, pero no llegó a cursar cuarto, porque según los calasancios ni valía para estudiar ni tenía excesivo interés por los libros. Y poco más. En definitiva, puede decirse de él que su historia está por escribir.

   -Por lo que han callado, más que por lo que han contado –opina Valerio-, me da la impresión de que el chico es un huevo a medio cocer y algo blando de remos, aunque no sé si se acuna en tablas -el Mayoral, como el padre de Zaca, también es dado al lenguaje de la tauromaquia.

   Julia tiene ahora los mimbres suficientes para hacerse una idea cabal del aspirante –por persona interpuesta- a la mano de su nieta. Y lo que en principio piensa es que un chico con poco carácter no es un aspirante que convenga ni a su nieta ni al Canònge. Tanto el Mas como Paquita necesitan a un hombre que los tenga bien puestos y no un alfeñique. Pero, como el posible pretendiente tampoco tiene un bagaje excesivamente negativo, opta por sondear a su nieta pero, por el momento, sin revelarle el porqué del interrogatorio.

   -Paquita, cariño, el amigo Mauro me contó el otro día lo majo que es su único nieto, el Forneret. Por un casual, ¿le conoces?

   -Sí, abuela, aunque no demasiado. El verano pasado, cuando estuve en las fiestas de la Asunción en Benlloch, me sacó a bailar un par de veces. Recuerdo que estuvo todo el rato hablando de que no iba a ir a la mili, pues su abuelo le había prometido que pagaría a otro chico de su quinta para que fuera por él.

   -¿Y es tan majo como dice el tío Mauro?

   -A mí más que majo me pareció bonachón, algo cantamañanas, un poco simplón y muy en plan hereu. Un pavo, vamos. ¿Por qué lo preguntas, abuela?

   -No es por nada, solo por curiosidad –Julia piensa que la opinión de su nieta concuerda de algún modo con la información sobre el joven Forneret que le ha proporcionado Valerio. En consecuencia, se impone lo de meter la petición de su amigo Mauro en la fresquera y dejar correr los días. Y esperar a ver.

   En un sitio tan reducido como el Mas, es casi imposible que los secretos tengan una larga vida y, pese a que la conversación entre Julia y Mauro no tuvo testigos, parte de la charla entre los dos viejos masoveros acaba filtrándose. ¿Cuál de los dos se fue de la boca? No se sabe, pero el presunto e hipotético arreglo matrimonial entre la pubilla del Canònge y el hereu del Besana se comenta en voz baja en la masía. La especie le llega a Zaca por quien menos podía suponer: por Lía.

   -¿Y por qué ha venido el abuelo del chico a pedir relaciones para su nieto y no lo ha hecho él?

   -Porque en la mayoría de ocasiones las bodas entre pubillas y hereus se realizan así: en un arreglo entre las familias y no por relación directa entre los protagonista. ¿Cómo crees que se casaron la señora Paca y el señor Manuel? Según me contó mi tío Valerio, ni se conocían. Arreglaron su casorio los padres de él y la abuela.

      Y ahí queda, de momento, el asunto del posible pretendiente de Paquita. Se supone que, dada que es una pubilla con el riñón forrado, no le faltarán pretendientes, y el Forneret puede ser el primero de una larga lista. Aunque el escribidor se planteauna pregunta inédita: “Y Sisca, ¿qué pensará al respecto? ¿Habrá madurado lo suficiente para pensar en posibles novios? ¿Su corazón todavía no se acelera cuando se le acerca un determinado muchacho?”. Una vez más, y van tropecientas mil, aparecen preguntas sin respuestas, incluso si son de casamenteros. Pero en esta ocasión, las preguntas pesan, pues de cual sea su respuesta dependerá el devenir de algunos de los protagonistas de esta historia.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 76 de la novela “El masover” titulado: A Julia no le gusta lo de Sisca