martes, 24 de marzo de 2026

“El masover”. 64. Lía

 

   Sisca y Zaca se han acercado a la cocina para que la muchacha, al tiempo que ayuda a la señora Concha, vaya aprendiendo el arte de guisar. Zaca ha aprovechado la ocasión y le ha pedido a la cocinera que si la puede echar una mano en algo, pues en casa ayuda a su madre. Cocha no ha mostrado ninguna sorpresa por la petición, ni ha puesto ningún impedimento de que el muchacho le pueda ayudar. Incluso le ha prestado un delantal y le ha contado a Sisca algo la que muchacha desconocía.

   -Mi marido, aunque lo hace pocas veces, también se maneja en la cocina. Cuando estuvimos de masoveros en el Mas de Abascal, en un par de ocasiones en que estuve enferma de cierta gravedad, fue el señor Valerio quien estuvo guisando. Y no se le daba nada mal, sobre todo los arroces y los guisos con caza.

   -Eso no me lo había contado, Concha –le reprocha Sisca.

   -Porque es un tema del que nunca hemos hablado. Estoy viendo que con tu maestro vas a aprender muchas más cosas que a leer y escribir. Y eso está muy bien porque el saber no ocupa lugar.

   -Bueno, señora Concha, ¿qué tenemos para cenar esta noche? –pregunta Zaca para cambiar de tema.

   - L´olla de cardets como la llaman aquí. ¿Sabes que plato es?

   -Naturalmente. La olla de cardos es uno de los platos recurrentes de madre, pero siempre la hace para comer, nunca para cenar.

   -Es que en el Mas, como te expliqué, la comida fuerte no es la de mediodía, sino la de la noche. Y tiene su razón de ser. La mayor parte de los mediodías la gente está en el campo y, generalmente, hacen comidas frías. En cambio, por la noche todo el mundo está en casa y por eso las cenas son las fuertes. Las únicas comidas como Dios manda de mediodía son las de los domingos y fiestas de guardar.

   -¿Puedo remover la olla? –pide el muchacho.

   -Faltaría más –responde Concha alargándole el cucharón-. Pero hazlo con cuidado, no te vayas a salpicar y te quemes.

   Zaca remueve el contenido de la olla y ve que, al contrario de la que prepara madre, en ésta hay casi tanta carne como verdura.

   -Esta es una olla potente. Madre apenas si le echa carne. Quizás un hueso, si tiene alguno.

   -Ya te conté el motivo por el que la cena es el plato fuerte en el Mas. La gente trabaja mucho y duro y ha de alimentarse en consonancia.

   -L´olla de cardets, ¿también se la enseñó la francesa de la que fue ayudante?

   -Al contrario, fui yo quien se la enseñó a ella.

   -¿Y la cocina francesa le gusta?

   -Mucho, aunque reconozco que quizá emplean demasiada mantequilla. Cuando cocino recetas francesas lo que hago es cambiar la mantequilla por el aceite de oliva. Virgen si puede ser.

   -Concha –dice Sisca-, Zaca me ha dicho que ayuda a su madre en la cocina. ¿No le parece raro que un hombre se meta entre los fogones?

   -En absoluto. Ya os conté que a mi marido se le da bien el guisoteo, y madama Clarelle me contó que en Francia los cocineros más famosos son hombres.

   -Pues madre dice que la cocina es cosa de mujeres y los hombres no han de meterse en lo que hacemos nosotras.

   -No me extraña que Paca diga eso. Nunca salió del Mas y solo conoce la vida que aquí se lleva. Pero el mundo es muy grande, hay costumbres muy diferentes y opiniones para todos los gustos. Eso es algo que le puedes enseñar a Paquita –agrega Concha dirigiéndose a Zaca-: que más allá del Mas existen muchos pueblos y países, y que hay mil formas de vivir, de ser y de comportarse. No todo gira alrededor del Canònge.

   -Bueno, señora Concha. Hasta dónde sé, en todas partes, hasta en las aldeas más pequeñajas, la gente presume de que como allí no se vive en ninguna parte. En Torreblanca en cuanto te descuidas te sueltan que allí viuen en el rovellet de l´ou, y lo afirman absolutamente convencidos de que viven en la yema del mundo, en el mejor lugar posible.

Y padre me contó que de donde es su familia, Alcalá de la Selva, sus paisanos presumen que tienen la mejor agua de todo Aragón. Resumiendo: que en todas partes cuecen habas y en la mía a calderadas.

Y volviendo a l´olla de cardets. ¿Usted que le pone?

   -Es un clásico plato de fortuna. Le pongo lo que tengo en la despensa y en la fresquera. Pero los ingredientes básicos son la carne de pollo, brazuelo de cordero, unas morcillas de cebolla y unos huesos. Naturalmente, cardos, y también garbanzos, patatas, zanahorias y nabos.

   -¡Vaya! Le debe de salir una olla como para revivir a un muerto. 

   -Ya está bien de cháchara. Como sigamos así, hoy no cenamos.

   -Perdone, señora Concha. Me voy. ¿Sisca te quedas?

   -¿Qué es eso de Sisca? ¿Desde cuándo te llamas así? –pregunta, sorprendida, Concha.

   -Es un nombre que me ha puesto él –responde la muchacha señalando a Zaca-. Es más bonito y suena mejor que Paquita o Paqui.

   -¡Ay la gente joven! Tenéis la cabeza a pájaros. Mejor será que no lo oiga Julia. Igual no le gusta y te monta un pollo.

   Ambos chavales abandonan la cocina, y a Zaca le falta tiempo para preguntar:

   -¿De verdad a tu abuela no le puede gustar que te llame Sisca?

    -La abuela es muy suya. Nadie sabe nunca por dónde puede salir. Pero no te preocupes, soy la niña de sus ojos y, si tiene que tragar con lo de Sisca, tragará, aunque se la lleven los demonios. De todos modos, mejor que no me llames así estando ella delante.

   -O sea, que más vale prevenir que curar.

   -Eso me suena a refrán. Se lo he oído a la abuela.

   Durante la cena Zaca comprueba que la olla de Concha se parece tanto a la de madre como una comadreja a un verderón. Repite de la olla, ante la mirada asombrada de Sisca y la complacida de la cocinera. Al día siguiente, Zaca madruga como nunca. Puso el despertador a las seis y cuando suena no se lo puede creer. No recuerda haberse levantado nunca tan temprano, pero enseguida le llegan sonidos que delatan que en la masía hay gente que ya está moviéndose. Se levanta de un salto, pues de no hacerlo sospecha que no saldrá de la cama. Se viste en un periquete. Se lava como los gatos y baja. La gente anda atareada y no le han hecho ningún caso. Llega a tiempo para ayudar a Sisca a dar de comer a los animales del corral. Cuando acaban, la chiquilla le pregunta:

   -Ahora tengo que ir donde Concha a poner la mesa para el desayuno. Si quieres ayudarme…

   La mesa la ponen entre ambos en un abrir y cerrar de ojos. Plato, cuchara y vaso por comensal. Ni tenedores ni cuchillos ni servilletas. Luego cortan gruesas rebanadas de una hogaza, las depositan en una panera y las ponen en el centro de la mesa, junto a un par de jarras de leche recién ordeñada que Anselmo ha traído del establo de las vacas. A su vez, Concha ha puesto en la mesa una fuente con un macizo queso de cabra y un requesón que ha sacado de la fresquera. A medida que van llegando los comensales, Concha va sirviendo platos de l´olla de cardets, que ha debido de sobrar anoche. Han aparecido dos cuchillos medianos con los que los comensales van cortando cuñas de queso a su antojo. Para trasegar un desayuno tan simple como contundente, la gente lo acompaña con toda la leche que pueden beber. Zaca se hace cruces de lo que llegan a deglutir los habitantes del Mas, sobre todo los varones. En cuanto van rematando el desayuno, los comensales se van levantando y, sin decir amén, salen de la cocina. Solo quedan las mujeres y no todas. Zaca es de los que no se va, pues ha quedado con el señor Valerio que le enseñará las huertas que hay en los alrededores del Mas y en las que siembran hortalizas.

   -¿Y qué es lo que cultivan en esas huertas? 

   -Ahora es la época de plantar berenjenas, espinacas, melones y sandías, calabazas, guisantes, repollos, lechugas, zanahorias y cebollas tempranas. Eso, entre otras hortalizas. Depende de lo que se vaya a necesitar en la cocina en los siguientes meses.

   -Plantan de todo –se admira el chaval.

   -Ten en cuenta, hijico, que un mas ha de ser autosuficiente. Aquí si te falta algo no hay un mercado o una tienda a la que puedas ir a comprarlo. O lo tienes almacenado o no hay tu tía.

   En esas que, a grandes trancos, llega Anselmo y cuenta a su tío que el zagal que pastorea uno de los rebaños de cabras se ha caído en la garganta del Pinar Chico y se ha quebrado una pierna. Valerio parte raudo con su sobrino y la visita a las tierras campas de las hortalizas queda para mejor ocasión.

   Como Sisca ha ido con su madre a remeter las camas y limpiar las habitaciones, Zaca duda entre quedarse en su cuarto y leer alguno de los tebeos que ha traído o darse un garbeo por los alrededores. Piensa que desperdiciar un día como el que hace es una lástima. Se pone el sombrero de paja, se calza las botas –recordando el consejo que en su día le dio el mayoral- y escoge uno de los senderos que, partiendo del Mas, vaya Dios a saber dónde le llevará. Al pie de la colina que la senda recorre en zigzag encuentra algo que no esperaba: una balsa, mediada de agua, que al parecer proporciona un viejo molino de viento adosado a la alberca. La puerta está abierta y el chaval lo aprovecha para curiosear. Supone que el viento debe mover la rueda de aspas, en cuyo eje horizontal hay colocada otra rueda de engranaje menor, a su vez unida a otra barra horizontal, que por su otro extremo se une a un eje vertical que mueve un pistón, que debe de ser el encargado de dar fuerza a las aspas. No está muy seguro que la máquina funcione así, pero es que nunca había visto por dentro un molino de viento tan antiguo. En Torreblanca no hay molinos, todo son norias que las mueven las acémilas de los labradores. Va a dar un sorbo de agua cuando oye croar una rana. Se abstiene de beber y se limita a limpiarse las manos y refrescarse la cara. Duda entre si seguir el sendero o volver al Mas, pero el calor está apretando lo que disipa sus dudas. Se vuelve.

   En la clase de la tarde se sorprende al ver que Sisca no está atenta a sus explicaciones. Anda como distraída y remolonea cuando le pide que vaya señalando las capitales de los países europeos que hay en el atlas.

   -Esto es Austria. ¿Capital?

   La chiquilla vacila, pero finalmente contesta.

   -Berlín.

   -Es Viena. Sisca no estás prestando atención.

   Sisca no se disculpa. Se limita a encogerse de hombros. Hoy tiene el día tonto, piensa Zaca. En el pueblo se suelen llamar tontos a los días en los que las mujeres tienen el período. El muchacho conoce la expresión popular, pero solo tiene una vaga y difusa idea de lo que se esconde tras ella. Así como también sabe que en esos días a las féminas se les perdonan muchas cosas. Por lo que no riñe a la chiquilla, pero sí a Julita que, imitando a su amiga, tampoco está por la labor de aprender.

   -Julita, haz el favor. Deja de cuchichear con Sisca y presta atención a lo que te estoy explicando.

   -Paqui también habla y no la riñes. ¿Por qué a mí sí y a ella no?

   -Eso no es cierto. Ya le he dicho a Sisca que no está prestando atención –Juli se marcha enfurruñada.

   Sisca hace un aparte con Zaca y le susurra:

   -Zaquita, tengo que pedirte algo en nombre de Lía.

   -¿Y por qué no me lo pide ella?

   -Dice que le da apuro. Te interesa, pues me ha dicho que si se lo concedes, se portará bien y dejará de chincharte y tomarte el pelo.

   -No caerá esa breva. A ver, dime qué quiere.

   -Que le pongas un sobrenombre como me lo pusiste bien. Está harta de lo de Juli y Julita. Quiere un nombre nuevo.

   -Estoy yo para bautizos, pero si de verdad va a dejar borde… A ver, Juli, ven aquí. Así que quieres un sobrenombre.

   -Quiero que me pongas un nombre bonito y exótico como has hecho con Paqui, que ahora quiere que la llamemos Sisca. Quiero tener otro nombre además de Julita. Si lo haces, te prometo que me portaré bien.

   -Vale. Te pondré un nuevo nombre, pero con la condición que has de prestar atención a mis explicaciones. ¿De acuerdo? Vamos a ver, te llamas Julia, pero todos te dicen Julita. Te podríamos llamar Julieta.

   -Ese nombre no vale. De pequeña ya me llamaban así.

   -A ver, déjame pensar… Julita… ¿Y Lita, te gusta Lita? –La respuesta es negativa.

   -Pues no se me ocurre nada… A ver, te llamas Julia, Ju… lia. ¿Y si te llamo Lía.

   La sonrisa que ilumina el rostro de la chicuela vale por la afirmación más contundente. Lía. Lo de Zaca de ir rebautizando a las muchachas que le rodean ¿debe de ser una manía, una forma de camelarlas o un simple divertimento? Primero fue Sisca, ahora Lía, ¿quién será la tercera?, se pregunta el hacedor de sobrenombres.


 [CM1]

. Post info. Reparación de un errror

Estimados lectores. Hoy he cometido un error al colgar en el blog el episodio correspondiente a este martes, 24 de marzo. Debía de haber publicado el episodio 64, titulado "Lía", y no el que lleva por título "De la caza con parany i piqueta",  que es el episodio 65. Procedo a colgar el mencionado episodio 64. La consecuencia es que en vez de un episodio, este martes se publican dos. Mis disculpas por el cambiazo. Supongo que son los errores propios de un nonagenario. El autor.

“El masover”.65. De la caza con parany i piqueta

     Anoche, Zaca se quedó con ganas de preguntar a Sisca, el porqué de su indolente actitud en la clase de la tarde. Pensó que era algo para preguntarlo de manera privada, pero no tuvo oportunidad. En la cena, la conversación giró en torno al accidente sufrido por el pastor del rebaño de cabras. Según el médico de Benlloch, el zagal presenta una doble fractura de tibia y peroné, y el galeno los ha remitido a un traumatólogo de Castellón. El Valerio ha tenido que llamar al tío Tonellaes para que con su camioneta lleve al lesionado a la capital, donde ha quedado ingresado en el hospital provincial.

   El domingo, Zaca vuelve a madrugar para ayudar a Sisca a dar de comer a los bichos del corral. Ha aprovechado el momento en que se lavan las manos antes de desayunar para preguntarle lo que no pudo hacer anoche:

   -¿Se puede saber que te pasaba ayer en clase?

   -Que yo sepa, no me pasaba nada.

   -¿Cómo que nada? Estabas distraída y no diste ni una a derechas.

   -Ni a izquierdas. No te amola el señor maestro -La respuesta va cargada de chulería.

   La actitud de la chicuela vuelve a desconcertar a Zaca que prefiere no seguir la conversación, pues la señora Paca se ha acercado a la pileta para lavarse las manos. Espera continuar el interrogatorio por la tarde, pues esta mañana Valerio le ha dicho que le va a enseñar el parany. Zaca sabe que es un método de caza cuyo objetivo es atrapar tordos –zorzales como los denomina el mayoral- u otras aves, pero nunca ha estado en alguno, dado que no abundan, pues son costosos de construir y más de mantener, por lo que la visita le apetece un montón. El cazadero está bastante apartado del Mas, como de una horita masovera, según le dice Valerio.

   -¿Qué quiere decir una horita masovera?

   -Es una expresión que usamos los masoveros cuando hablamos de distancias. Se supone que una persona corriente tarda, más o menos, una hora en recorrer un kilómetro. Pues bien, un masovero, la misma distancia suele andarla en unos tres cuartos de hora.

   -O sea, que los masoveros andan más deprisa.

   -Eso dicen. Yo nunca lo he comprobado –Zaca se queda sin saber si el mayoral está hablando en serio o se está quedando con él.

   Del parany lo primero que le sorprende al chico es que ocupa un espacio más grande del que suponía. En el caso del que es propiedad de los Villalonga está emplazado en el área en que se levantan media docena de copudos olivos de buen porte. El mayoral se pone en plan profesoral y le explica la esencia de la trampa.
   -El parany consiste en transformar, mediante poda, árboles bien desarrollados, preferentemente algarrobos u olivos, e incorporar en sus ramas estructuras hechas con varillas impregnadas de liga o visc, un pegamento industrial, donde las aves migratorias son atraídas por medio de reclamos, especialmente en los meses de octubre y noviembre, que es cuando en esta zona emigran los zorzales u otras aves.

   -¿Esto se hace en toda España?

   -No lo creo, pero está ampliamente extendido en las regiones valenciana, catalana y también en la aragonesa.

    -Y las estructuras de las que habla, ¿de qué son?

   -Generalmente de madera, pero también pueden ser metálicas, aunque al ser más caras hay pocas.  Suelen tener forma de caja, con un entarimado donde se coloca el armazón de madera, que aquí llaman capolls, en el que se sitúan las perchas y varetas impregnadas con la liga. Todo ello se camufla  con las ramas de los árboles, enredaderas, etcétera, que dan al espacio un aspecto típico. Vamos a subir y verás lo bien que está montado.

   -Antes de subir, ¿qué es la liga?

   -La liga o visc es una sustancia pegajosa y natural para atrapar aves. Se obtiene de plantas como el muérdago o el ajonje, se unta en ramas o varas y se coloca en perchas estratégicas para que los pájaros queden pegados en ella al posarse. Tengo oído que comienzan a fabricarla de manera artificial, pero en el Mas usamos la de toda la vida. Vamos arriba.

   Por una precaria escalerita, el mayoral y el chaval suben a la parte superior del entramado y recorren los travesaños de madera que hacen el papel de pasillos entre las copas de los olivos. A Zaca le impresiona el volumen y complejidad de la construcción. Y sigue con sus preguntas.

   -¿Y sólo se cazan tordos?

   -No, aunque el parany está pensado para ellos, pero a cualquier pájaro que se queda enganchado en el visc se le aplica el dicho de pájaro que vuela a la cazuela.

   -Y parany, ¿cómo se traduciría al castellano?

   -Como trampa.

   -¿Y a los pájaros cómo se los atrae?

   -Por medio de reclamos que pueden ser otros pájaros, mejor si son hembras, o imitando el gorjeo característico de los zorzales. Durante las noches de octubre y noviembre, se activan los reclamos de zorzales para atraer a los bandos migratorios y, dependiendo de las condiciones meteorológicas, se pueden cazar muchas piezas. Prácticamente, se cogen todas las aves que acuden a posarse sobre los árboles y quedan atrapadas. En ese momento es fácil su captura al no poder volar.

   -En general, ¿cuántos árboles son necesarios para construir un parany?

   -Depende de cuánto se quiera gastar el dueño. Los poranays  pueden estar formados por un árbol o por grupos de dos a ocho, aunque los he visto de hasta casi veinte árboles.

   -¿Y a todo esto no es mucho montaje para cazar a unos pobres tordos?

   -Si uno es aficionado a la caza, la respuesta es no. Además, se ayuda a los olivareros. Los zorzales comen aceitunas como buitres, y como una bandada se pose en un olivar pueden dejarlo más tieso que la mojama. En cuanto a que el parany únicamente se utiliza dos meses, es verdad hasta cierto punto.  En la caseta que hay en todos los paranys es habitual que, a lo largo del año, se reúna el dueño, o dueños, porque a veces es de varios, del parany con sus amigos e invitados para almorzar o merendar. O, simplemente, para beber unos vasos de vino y charlar. Entonces, el parany se convierte en un lugar de encuentro como las tabernas o los cafés.

   Al muchacho, nada adicto a la caza, el método del parany no le convence ni poco ni mucho, pero como sabe que el mayoral si es cazador, solo esboza un enmascarado rechazo.  

   -O sea que esta trampa solo tiene bondades.

   -Hijico, has de saber que casi todo en la vida tiene una cara buena y otra mala o, al menos, regular. Como las monedas, que tienen un anverso y un envés. Personalmente, opino que este sistema de caza, aparte de que te tiras noches sin dormir, tiene un problema, y es que no solo quedan atrapados los zorzales, especie central en esta actividad, sino que también atrapa a otros tipos de aves, dado que el parany es un método no selectivo, y al no serlo afecta a aves cantoras, insectívoras, rapaces, etcétera. También hay que explicar que los que son paranyeros de raza cuando cazan aves que no son zorzales, si no están dañadas por la liga, las soltamos, pues no son nuestro objetivo. Recuerdo, como ejemplo, que el año pasado Anselmo cazó una curruca capirotada, pájaro que se come la cochinilla del olivo y, tras quitarle los restos de liga que tenía en un ala, la soltó.  Y¸ mocete, no me hagas más preguntas que para esta mañana creo que has cumplido con el cupo. ¡La leche que te dieron! ¿Es que no te cansas de preguntar?

   -Señor Valerio, perdone si lo he molestado con tanta pregunta, pero es mi natural, no puedo remediarlo.

   -A ver si te queda claro, en absoluto me molesta que me preguntes, pero sin excederte, pues no estoy acostumbrado a que me hagan preguntas como su fueran racimos de cerezas. Además, si uno no pregunta lo que no sabe siempre será un ignorante.

   -Menos mal que piensa así. Y lo último que ha dicho, me recuerda un proverbio chino que me enseñó el vicario de mi pueblo: Aquel que pregunta es un tonto por cinco minutos, pero el que no pregunta permanece tonto por siempre -La respuesta del mayoral es una carcajada que provoca un eco entre el entramado del paranay.

   -¡Hijico, eres la releche! Como todavía nos queda algo más de una hora, tenemos tiempo para que te enseñe la otra trampa que tenemos para cazar pájaros: la piqueta. ¿Sabes qué es?

   -Si. Una trampa como el parany, pero con agua.

   -¿Has visto alguna?, porque si es así, no hace falta que te la enseñe. Todas son muy parecidas.

   -No, no he visto ninguna.

   -Pues vamos allá.

   La piqueta o el bebedero de pájaros, como también le llama el mayoral, es una modesta trampa comparándola con el parany. Está hecha con un recipiente poco profundo, una especie de paellera vieja, semienterrada en una zona en la que existen varios frondosos árboles que dan sombra al garlito. A su alrededor hay varias rama secas y dentro del recipiente se ven algunas piedras que sobresalen del agua. A unos metros del bebedero hay una especie de chozo de la altura de un ribazo con una mirilla que apunta a la trampa.

   -En este chamizo es donde se esconde el cazador que tira de un cordel que hace caer una red sobre el bebedero y atrapa los pájaros que están bebiendo.

   -¿Y dónde están el cordel y la red?, no los veo.

   -Los guarda Juanito en su casa.

   -¿Juanito?

   -Es el único que viene a cazar alguna que otra vez. Se acuclilla o se tiende en el chozo y se pasa horas tendido, total para pillar unos cuantos pájaros. Pero el crío tiene afición y se divierte. De seguir así, será un buen cazador.

   -Esta trampa tiene poco que ver con el parany.

   -Por supuesto. Lo único que las iguala es que son trampas de cebo. En un caso, los reclamos, y en otro, el agua. ¿Qué te han parecido?

   -La piqueta es poca cosa. El parany me ha sorprendido, sobre todo por su tamaño y lo aparatoso de su construcción. A usted, Valerio, ¿qué le gusta más, el parany o coger la escopeta y el Careto y echarse al monte a por unas perdices o unas liebres?

   -No hay punto de comparación. Cazar con trampas, aunque yo lo hacía de joven, es propio de lo que llamo cazadores tripones, a los que les gusta poco pasearse por el monte. Coger la escopeta y pegar unos tiros lo hacen los cazadores de raza. Y ya está bien de cháchara. Volvamos, a ver con que nos sorprende hoy la parienta.

   En el camino de vuelta, Valerio explica al muchacho más aspectos de los masos.

   -Básicamente, las masías son casas de campo tradicionales que sirvieron como hogares y centros de trabajo agrícola para familias campesinas. Su historia y como entienden la vida están vinculados a la agricultura y la ganadería. Yo me crie en una, donde comencé mi vida laboral como porquero, para pasar a los quince años a mozo de labranza. Cuando volví de la mili, estuve trabajando de primer peón en una gran finca de Bocairente. Luego, fui mayoral en la masía más grande de Morella, hasta que Julia me propuso venirme al Canònge. Y aquí llevo un cuarto de siglo.

   -¿Hace veinticinco años la abuela ya era la que mandaba en el Mas?

   -Siempre lo ha sido, incluso cuando el señor Manuel estaba sano. Heredó la masía siendo poco más que una adolescente. Y el mando lo lleva en la sangre. No solo es la más lista, sino que comparada con los demás, es la más culta con diferencia. De niña, estuvo interna cuatro años en el colegio de las monjas de la Consolación de Castellón. Y se le nota una barbaridad. Otro día te contaré más sobre la abuela y los masos.

   -Mientras llegamos al Mas lo que podría contarme es lo que suelen hacer en los masos las otras épocas del año, pues las tareas que hacen en verano ya las conozco.

   -El otoño es tiempo de arar y sembrar. Se abonan con estiércol los bancales y se aran las tierras. La siembra se hace a partir de octubre o noviembre, aunque si el clima es seco la siembra se retrasa. También es tiempo de vendimia: de septiembre a fines de octubre. Y también el momento de recoger ciertas frutas: almendras, manzanas, cerezas, nueces, higos, maíz, patatas tardías, legumbres, judías y garbanzos. En diciembre se recogen las aceitunas. No faltan tareas con las caídas de las hojas, no.

   -¿Y en invierno?

   -El invierno es época de baja intensidad de trabajo, pero tareas no faltan. Se queman rastrojos y hierbajos, se podan árboles, se recoge leña, se desgrana el maíz, se muele el trigo y mil cosas más como limpiar los corrales y herrar los mulos. A partir de San Martín comienza la época de las matanzas.

   -¿Y en la primavera?

   -Pues entre otras muchas faenas, se escardan los campos de cereales. Se preparan campos para la siembra de patatas tempranas, tomates y judías…, y ya está bien. Eres una ametralladora preguntando, pero todo tiene un límite. Hoy lo has rebasado con creces. Ya estamos en casa, veamos a qué le metemos la cuchara hoy. Ah, ¿sabes manejar una escopeta? –Ante el gesto negativo del jovencito se explica-: Esta tarde te enseñaré a manejarlas para que cuando salgamos a por liebres o perdices no te pegues un tiro en un pie.

   Zaca ha seguido atentamente la explicación de Valerio sobre los masos y piensa que, para un hombre que ha estado casi toda su vida viviendo en las masías, el mayoral tiene una buena cultura, especialmente de ese mundo. Se dice que va a ser una buena fuente para aprender todo lo referente al entorno en que ahora vive y del que no sabía nada. Aunque dos meses no dan mucho de sí para llegar al fondo de un amplio conocimiento. Pero, por ahora, le vale, tampoco es que vaya a convertirse en un especialista en masadas. ¿Para qué le iba a servir ese conocimiento?, se pregunta y al punto se contesta: para nada.

   Después de almorzar, Zaca retoma el análisis de los seis servidores honestos de Kipling, que np ha vuelto a tocar en los últimos días. Se quedó en el quien (las personas), del que no se le ocurrió nada y ni tampoco ha tenido nuevas ideas. Por lo que ahora analiza el cuándo o tiempo. Es lógico pensar que serán los lunes los días de mayor actividad para el proyecto de vender productos de los otros masos, pero habrá que concretar otros periodos temporales como cuando recoger esos productos, cuando pagárselos a los masoveros, cuando retornar lo que no se ha vendido y… no se le ocurre más. Visto lo cual, comienza el análisis del dónde o lugar de la actividad del proyecto, pero no sigue, pues Valerio le ha invitado, junto a Sisca, a merendar a su casa. Tendrá que continuar otro día en acabar con el análisis de los seis servidores.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 66 de la novela “El masover” titulado: La publicidad