martes, 13 de octubre de 2026

“El masover”. 92. ¿Celos?

    El episodio de la carbonera, que tanto le gustó a Zaca, acabó ya entrado diciembre, por lo que el fin de año está al caer. Ante ello, Zaca se plantea qué hacer: si ir a Torreblanca y pasar la Navidad y el inicio del nuevo año con su familia, o quedarse en el Mas. Al respecto, la abuela Julia le ha dicho que comprenden que quiera estar con los suyos en las fiestas navideñas y que escoja le opción que más le apetezca, que ellos no lo tomarán a mal si se marcha unos días. Algo que puede hacer sin menoscabar su trabajo, puesto que ha dado vacaciones a sus alumnos, desde la víspera de Navidad hasta después de Año Nuevo. Sisca le dice lo mismo que su abuela, pero es evidente que lo hace con la boca pequeña, pues lo que de verdad desea es que el muchacho se quede en el Canònge. Sin su compañía, la Navidad será una pesadez, ya que no tendrá con quien conversar, ni nadie con quien confesarse y hacer depositario de sus confidencias. A Zaca le ocurre lo mismo. Si pasa las Navidades en su casa, será como todos los años, más de lo mismo. Mientras se  plantea que opción elegir, una carta de padre despeja la incertidumbre sobre su dilema al desearle que pase una feliz Navidad y tenga un próspero Año Nuevo –frase arquetípica en esas fechas-, y por la que el novel maestro entiende que su progenitor da por sentado que se quedará en el Mas. Junto a la misiva, madre ha añadido una foto familiar, que se hicieron el pasado verano en Torrenostra, el día de la Virgen del Carmen, y que tiene como telón de fondo el Mediterráneo. El chico se apresta rápido a comunicar a Sisca la buena nueva: pasará la Navidad con ellos. Al enseñarle la fotografía, la muchacha comenta al desgaire.

   -Lo que darían nuestros alumnos por verlo.

   -¿Ver qué?

   -Que va a ser, el mar.

   -Ah, ¿pero es que no conocen el mar? Si en línea recta está a menos de veintitantos kilómetros.

   -Sí, pero esos veinte kilómetros para un masover es como si fueran veinte mil.

   -¿De verdad que no han visto nunca el mar? No me lo creo.

   -Puedes creerlo. Probablemente, de los veintitantos chicos que asisten a la escuela quizá uno o lo máximo dos habrán visto el mar.

   -Pues si es así, ya sé cuál va a ser la próxima lección ocasional que les vamos a impartir –cuando habla con Sisca de sus alumnos, Zaca siempre lo hace en plural, pues sabe que ello agrada a la muchacha-: como es el mar y, más concretamente, el Mediterráneo.

   -Será un acierto, les gustará. Digo más: les emocionará.

   Ese fin de año, Zaca prepara cuidadosamente dos temas para sus alumnos: lo qué significa la Navidad y, para después de las fiestas, una lección sobre el mar. De la Pascua se centra más que en su aspecto religioso que, como ha comprobado, es bastante conocido por sus alumnos, que en lo que podrían denominarse los aspectos civiles de la Navidad: la idea de paz, concordia, y armonía que encierra el espíritu navideño. Y también los elementos colaterales y festivos, tales como el montaje de un pequeño belén en el aula, el aprendizaje de  villancicos, la costumbre de hacerse regalos… Y va un paso más allá y prepara un pequeño muestrario de algunas de las costumbres navideñas más populares en varios países europeos. Se ha propuesto, como en su día hizo con Sisca, que los masoverets entiendan que hay más mundos y modos de vivir diferentes más allá de los agrestes parajes del interior de La Plana Alta.  En el desarrollo de sus proyectos, la primera piedra con que se tropieza es la confección del belén. Descubre que lo del portal con las distintas figuritas representadas en un nacimiento no se acostumbra a montar en los masos de la comarca, debido a lo cual a sus alumnos les parece una pérdida de tiempo armar un belén con la de figuritas que pueden tomar parte en el mismo. Sisca anima a Zaca, pero al mismo tiempo le induce a afrontar la realidad.

   -Lo del belén es una bonita idea, pero has de aceptar que en un ambiente como el de los masos resulta una obra bastante ficticia y carente de realismo. En el Canònge tampoco lo hemos montado nunca, por lo cual nos dice bien poco.

   -Posiblemente tienes razón, pero me hacía mucha ilusión montar un belén en el aula, aunque hubiese sido pequeñito. En casa, cuando se acerca la Navidad, lo primero que hacemos los hermanos es buscar el cajón en el que guardamos las figuritas, ver si están todas bien, reparar las que se hubiesen roto y, si tenemos dinero, comprar alguna nueva. Y luego, lo instalamos en una mesita que ponemos en el comedor, y a lo que nos ayuda padre que, como es muy mañoso, algún que otro año nos confecciona una pieza nueva; su especialidad son las chozas y edificios. Nos lleva dos o tres días colocar todos los elementos que componen el nacimiento y recuerdo que yo, al ser el mayor, soy el encargado de adelantar un poquito cada día la posición de los Reyes Magos en su ruta hacia el portal.

   Sisca, al comprender la carga sentimental que el belén tiene para su amigo, decide ayudarle en lo posible y sugiere una alternativa.

   -Se me ocurre que montar todo un belén quizá no sea posible este año, pero podríamos confeccionar un portal con las figuritas imprescindibles: el Niño, María y José, el buey, la mula y el pesebre.

     -Y coronándolo todo la Estrella de Oriente. Eso creo que podríamos hacerlo. Se lo comentamos a los chicos, a ver qué les parece.

   -Sabes perfectamente que todo lo que les sugieras les parecerá bien.

  Como había predicho Sisca, los alumnos aceptan como buena la sugerencia de su maestro aunque, en honor a la verdad, sin gran entusiasmo. A varios de los masoveritos de más edad y que parecen ser más habilidosos, Zaca encarga la confección de las figuras del portal y, para dar ejemplo, se auto asigna la elaboración de la estructura del portal. Craso error, pues aunque ahora tiene muchas habilidades que antes no tenía, lo del trabajo manual sigue resistiéndosele y la construcción del portal resulta un fiasco. Gracias a Lía puede remediarlo, pues le cuenta que su padre es habilidoso y que construir un portal lo puede hacer en ratos perdidos. Zaca le agradece la información y le pide que pregunte a Anselmo si podría hacerlo.

   -No me importa preguntárselo a padre, pero creo que a él le gustaría que se lo pidieras tú.

   -¿Por qué?

   -Porque dice que le tienes comida la sesera a la abuela y en cambio él no es santo de su devoción y bebe los vientos por agradarla. Y si tú le debes un favor le puedes hablar bien de padre a la abuela. Y eso lo necesita padre porque, como es un rojo, si algún día lo descubre la abuela lo podría echar. ¿Y de qué íbamos a vivir? Por tanto, sí haces lo que te propongo también nos haces un favorazo a mí y a mis hermanos.

   -Gracias por tu sinceridad, Lía. Se lo pediré a tu padre y, como venga a cuento, hablaré bien de él a la señora Julia.

   Anselmo acepta de mil amores la petición de Zaca y en unos ratos construye un portal que queda asaz aparente. Casi a la par, los masoveritos encargados de elaborar las figuritas las van trayendo. La mayoría ha utilizado como materia prima el barro, con la resultante de que las figuras son bastante rústicas y rollizas. Solo la mula, que ha sido hecha de corcho, parece de verdad una acémila. Hecho el portal, el siguiente paso es aprender algunos villancicos. Zaca, con la ayuda impagable de Sisca y de Lía, que se han revelado como unas sopranos con buena entonación, comienza enseñando a los masoveritos las canciones navideñas más populares. Y la primera que ensayan es “Noche de Paz”, como   un canto a la paz y la serenidad en la noche de Navidad, celebrando el nacimiento de Jesús. Al principio, armonizar las voces de chiquillos ayunos de lo que es la polifonía, resulta trabajoso, pero los esfuerzos y el empeño, sobre manera, de Lía consigue que las estrofas de  “Noche de paz, noche de amor…” suenen decorosamente. Sin embargo,  a los chavales les atraen más los villancicos más españoles y, populares como “Campana sobre campana” y “Mira como beben los peces en el río”. A sugerencia de Sisca, Zaca invita a la abuela Julia y a la señora Paca a que vayan a la escuela a ver el portal y, de paso, a oír un mini concierto de canciones navideñas interpretadas por los alumnos. Cantan las tres únicas piezas que conocen, “Noche de Paz” y los dos villancicos españoles citados. El coro suena razonablemente bien y las patronas del Mas salen encantadas de la audición. Zaca, al mostrarles el portal, no se olvida de algo que le ha pedido Lía.

   -Por cierto, el autor del portal ha sido Anselmo que se ofreció para construirlo. Y lo ha hecho muy decorosamente.

   -Pues a un rojo construir un belén le pega menos que a un masovero unos zapatos de charol –apunta la abuela que al parecer está al tanto de la ideología de su caporal.

   -No sé si es rojo, pero es hombre de bien y le agrada echar una mano en todo lo que haga falta –lo defiende Zaca.

   -Si tú lo dices, Bachiller… -la abuela no parece muy convencida.

   La explicación de Zaca sobre la idea de paz, concordia, y armonía que encierra el espíritu navideño es recibida por sus alumnos con alguna que otra reticencia porque como argumenta Manèl Sales que, al haberse producido la baja de Antoniet Prades, se ha convertido en el listo del grupo de masoverets:

   -Eso de que en Navidad tenemos que ser más pacíficos, más buenos y cariñosos que de costumbre no acabo de entenderlo. Pues me pregunto: ¿por qué en Navidad y no en el resto del año?

   -Por supuesto, hay que ser bondadosos siempre, pero lo que trato de inculcaros es que, además, hay que serlo especialmente en Navidad, para festejar el nacimiento del Niño Jesús.

   Manèl no se atreve a contradecir al maestro, pero su rostro indica patentemente que la explicación no acaba de convencerle. Otra idea navideña que no acaba de ser asumida por los alumnos es la costumbre de hacerse regalos. En los masos de La Plana Alta los regalos son escasos, pues los dineros también lo son, y dar cosas gratis por que sí no cuadra en absoluto con la mentalidad más bien espartana de los masoveros. Como mucho, se les da a los niños algún regalo en su cumpleaños, regalos que se generalizan el día de los Reyes Magos, pues esa costumbre si está arraigada en La Plana Alta, como ocurre en el resto del país. Generalmente, se suele regalar algo útil o que necesiten, como ropa, alpargatas, útiles escolares, un puñado de peladillas o caramelos… Pese a ello, Zaca ha aprovechado uno de los lunes de mercado para comprar algunos obsequios a sus más allegados. Para Julia tiene un juego oficial de pesos y una pañoleta ricamente bordada. Para Paca unas nuevas tijeras para coser y una blusa con encajes. Para Concha unos moldes para hornear y una toquilla. Para Valerio una brújula y un cuchillo albaceteño de monte. Para el matrimonio Ariza una docena de platos y tazas, pues andan mal de vajilla. Para los pequeños Ariza unos cuentos. Para Lía, un juego de peinetas. Y para Sisca, un bonito traje de punto; es con diferencia el regalo que más le ha costado, tanto elegirlo como pagarlo. También se ha acordado de enviar un giro postal a padre de doscientas cincuenta pesetas para que compre, de su parte, regalos para el resto de la familia. A su vez, y a Zaca no le sorprende, recibe varios regalos navideños: uno de Sisca, otro de la abuela, y un tercero, que sí le sorprende, de Lía. Julia le regala una edición barata de los “Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós, y un ábaco. Sisca le obsequia  con dos novelas bellamente encuadernadas, una de Emilio Salgari y otra de Julio Verne, y un reloj de pulsera, su primer reloj. Zaca se pregunta de donde habrá sacado el dinero para costear un regalo tan caro. Y Lía, la sorpresa navideña, le ha confeccionado unos guantes de ganchillo; en el derecho ha bordado una Z mayúscula y en el izquierdo una C. Cuando da las gracias a ambas chiquillas resulta que Sisca desconocía el regalo de Lía y no le ha sentado nada bien que la muchachita lo haya hecho. Se siente celosa y no lo oculta. Por eso, tras darle los regalos a Zaca y, en cuanto él se marcha, se revuelve como una pantera contra la que es su única amiga.

   -¿Y tú a santo de qué le regalas esa mierda de guantes a Zaca?

   -Los guantes no son de mierda, son de ganchillo y bastante me ha costado aprender. ¿Y por qué razón no puedo hacerle un regalo a Zaca?

   -Pues porque no es amigo tuyo, solo tu maestro.

   -Precisamente, por eso ha sido el regalo, porque es mi maestro, el que me ha enseñado a leer y escribir y, además, porque ha hecho a mi padre el favor de hablar bien de él a tu abuela. ¿Te parecen pocos motivos? –Lía no se ha arrugado frente a la pubilla que algún día será la patrona del Mas, se ha defendido sin perder la calma y con valentía. A la mayor de los Ariza lo que es agallas no le faltan.

   -Pues que sea la última vez que le regalas algo. Los regalos no se hacen a los maestros, sino a los amigos. Y Zaca ni ha sido ni es ni será nunca amigo tuyo. O sea, que ya lo sabes. Y mucho cuidadito que, al fin y al cabo, los Ariza no sois más que unos trabajadores del Canònge, y a los peones cuando resultan incómodos se les echa y aquí paz, y después gloria –concluye Sisca en tono amenazante.

   Las que han sido hasta ahora amigas inseparables, da la impresión que por el ataque de celos de Sisca -suponiendo que lo sean- pueden dejar de serlo. ¿Influirá de algún modo esa ruptura en la plácida vida de Zaca? Porque el chico sabe que los celos suelen ser malos consejeros y, asimismo, recuerda –no sabe si es un refrán, un dicho o un pensamiento de alguien- una expresión que dice: El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta. Y tanto Sisca como Lía han demostrado tener buena imaginación. No está tan seguro de que sean celos, pero si fuera así le preocupa, pues sabe que los celos son muy malos consejeros.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 93 de la novela “El masover” titulado: Y mientras, Zaca en el limbo