miércoles, 29 de julio de 2026

El masover”. 83. Julia comete un error

    El curso 1933-34 comienza para Zaca de manera muy diferente que los anteriores. Su primera contrariedad se la lleva cuando ojea los manuales de cuarto curso que le han llevado sus padres y que madre, como hace siempre, los ha forrado con papel de estraza. Las asignaturas con las que tendrá que lidiar son las de Lengua española y Literatura, Geografía e Historia, Matemáticas, Física y Química, Ciencias naturales, Francés y Latín. En las materias de letras cree que no va a tener mayores problemas, tampoco en el francés, pues gracias a sus prácticas en esa lengua con la tía Paca la Francesa domina la asignatura bastante bien, pero en las mates y las ciencias va a ser otro cantar. Duda mucho que las pueda aprender en plan autodidacta, pues constata que su contenido es difícil. Y en latín, el problema será mayor, pues se ve incapaz de aprobarlo sin la ayuda de mosén Florencio, ya que ha sido una asignatura en la que siempre flojeó. Si quiere tener probabilidades reales de aprobarlos tendrá que buscar ayuda docente allá donde pueda encontrarla y piensa que el sitio más próximo al Mas donde hay maestros y un cura es Benlloch. Tendrá que averiguar si en el pueblo alguno de los maestros residentes y el párroco van a querer echarle una mano como mentores, aunque como utilicen la misma metodología que sus maestros del pueblo de poco le van a servir.

   Piensa que lo primero que debería hacer es hablarlo con Julia por si ella conoce a alguien que esté dispuesto a ayudarle. Lo de la ayuda va a constituir un problema porque es consciente que ningún maestro va a venir al Mas a enseñarle mates y ciencias, deberá ser él quien se desplace al pueblo donde resida el maestro o maestros que vayan a ser sus mentores. ¿Y cómo va a desplazarse? Si lo hace a pie tardará mucho y perderá mucho tiempo. Este pensamiento le lleva a considerar que quizá haya calculado mal sus fuerzas puesto que, además de tener que empollarse las asignaturas de cuarto, tiene otras tareas a las que atender: en los dilluns del mercat hacer de vendedor en el puesto de Los Masos de la Plana Alta. En el resto de la semana ha de ocuparse de llevar la contabilidad de los negocios del Canònge. Y de martes a sábado, en sesión de mañana y tarde, dar clase a los veinticuatro masoverets que se apretujan en la antesala de la almazara, y que son los que al final han conseguido reunir Germán el Rizos y Demetrio el Largo con la ayuda de Hortensia la Beltrana. Mucho tajo al que atender y el día sigue teniendo veinticuatro horas. El muchacho se pone de malhumor, por lo que para no amargarse la mañana opta por cavilaciones más gratas como son hacer las cuentas de los ingresos mensuales que le va a reportar su trabajo docente. Las hace al estilo de las cuentas de la vieja: 18 alumnos a 5 duros son 450 pesetas; más 6 alumnos -las tres parejas que son hermanos- a 4 duros son 120 pesetas. Total al mes: 570  pesetas. A esta cantidad hay que sumar las 600 mensuales que recibe por su trabajo de vendedor y de llevar la contabilidad de Los Masos de la Plana Alta, lo que significa que en total ingresará al mes 570 más 600, ¡la friolera de 1170 pesetas! Un pastizal que remitirá a padre y que engrosará la cuenta que el llumero ha abierto en el Banco de Vizcaya del pueblo. Y en la que calculan que en un año tendrá fondos suficientes para comprar una casa en propiedad. Ese es el motivo que padre cree que más ha influido en que su hijo se quede en el Mas, pero no es el que han difundido en el pueblo. Rosario le ha contado, confidencialmente, a Consuelo la Maicalles que su primogénito se ha quedado en el Canònge para que sus pulmones sanen. El hecho de que sea una confidencia es un seguro aval de que la información será conocida en los mentideros locales en cuestión de horas. Por otra parte, aducir motivos de salud sirve a los Clavijo para quedar bien con los maestros de Zaca, con los que no quieren enemistarse, puesto que don José sigue siendo el cacique local y, además, con los que mandan hay que estar siempre a bien, nunca sabes cuando los vas a necesitar. Por otra parte, quizá en un futuro próximo puedan ser los profes de bachillerato de Pedrito y Chimet. Como siempre ocurre, que Charito estudie no entra en los planes de futuro de los padres, pues al ser una chica está destinada a casarse y trabajar como ama de casa. Padre desconoce que, por encima de la cuestión monetaria, lo que más ha primado en su hijo para quedarse en el Mas ha sido una cuestión sentimental. Que haya creído eso es bastante lógico, pues el muchacho no tiene más que trece años, y a esa edad solo se piensa en chiquilladas.

   El chiquillo, sometido a presiones propias de los adultos, está muy atareado organizando al nuevo grupo de escolares a su cargo. Sabe que si lo organiza adecuadamente tendrá mucho ganado para conseguir buenos resultados y está decidido a poner toda la carne en el asador para salir victorioso del reto que tiene ante sí. Como hizo en verano con los chiquillos del Mas, distribuye a los masoveritos en tres grupos en función de sus conocimientos. Con los siete chicos que más saben forma el grupo A. En el B -los que leen y escriben y saben o están empezando a dividir- cuenta con nueve alumnos. Y en el C –los neolectores- con ocho. Va a contar con la ayuda de Sisca, dado que la abuela le ha dado permiso, para que dedique el tiempo que considere necesario para, amén de dar clase de costura a las masoveritas, le ayude en las tareas docentes. Zaca cuenta con ella para que el grupo C progrese lo más rápido posible. Y con todos estos factores pone en marcha la metodología cooperativa que tan buenos resultados le dio en la escuela de verano. Como le pidieron los padres, ha retrasado el comienzo de la sesión matinal a las 09:30 y que se extenderá hasta las 12:30. De esa hora a las 14.00, pausa para el almuerzo. Y de las 14.00 a las 16:00 la sesión vespertina. Así, los masoverets, salvo en los días más cortos del invierno, podrán estar de vuelta a sus hogares a una hora razonable.

   La abuela, a petición de su nieta, ha accedido a continuar con la práctica que dos de los alumnos almuercen diariamente en el Canònge. Sisca, que es quien mejor conoce la situación de cada uno de los masos que proporcionan alumnos a la escuela, es la que se encarga de seleccionar a los alumnos que degustarán los guisos de la señora Concha.

   Zaca se hace cruces de la disciplina que muestran los alumnos y lo mentalizados que parecen en aceptar que, aunque solo tiene unos pocos años más que ellos –y en algunos casos, ni pocos- es su maestro, que lo sabe todo o casi, y que en la escuela hace el papel de sus padres, por lo que cuanto dice va a misa, como se dice coloquialmente. Los resultados de una ordenada disciplina, de un buen ambiente convivencial, y de una férrea voluntad de aprender, hacen de los masoverets unos alumnos modélicos. Ante lo cual, Zaca pone toda su voluntad en enseñarles cuanto sabe, y no escatima esfuerzos ni tiempo en darles cuanto tiene, puede y quiere. Tener, poder y querer conforman un poderoso tridente que conlleva que el ritmo de aprendizaje de la escuela del Canònge adquiera cotas de excelencia.

   Esos alumnos modélicos a veces son algo fantasiosos y últimamente se han inventado la especie de que Zaca y Sisca son novios, pues es frecuente que ambos maestros compartan cuchicheos y miraditas tiernas.  Mientras el chismorreo no salga del recinto escolar no pondrá en peligro la excelente conjunción que forman la pareja de profes, pero como se extienda más allá de la antesala de la almazara puede suponer un auténtico desastre. Porque lo de ser novios y tener trece años no cuadra. Sisca no da al cotilleo tanta importancia como Zaca, pero si le preocupa que el bulo llegue a su abuela, pues teme su reacción. Y como a Julia no se le escapa ni una brizna de cuanto ocurre en sus dominios, acaba por enterarse del chisme.

   -Paqui, ¿qué es ese rumor que se ha extendido por ahí de que los dos jovencitos maestros de la escuela del Canònge son novios?

   -Es una bobada que los críos de la escuela se han inventado, abuela. ¿Cómo vamos a ser novios Zaca y yo si solo tenemos trece años? Lo que pasa es que los chavales nos ven todos los días juntos e intercambiando información, precisamente sobre ellos, y se han imaginado algo que no es. Y por mucho que Zaca les ha reñido y les ha repetido, por activa y por pasiva, que no hay ningún noviazgo, como a la gente le gustan los chismes, el bulo se ha extendido pero, como te digo, abuela, no es más que un cotilleo sin razón de ser.

   -Me tranquiliza oírte. Pero has de ser consciente de que, aunque sea un bulo te perjudica porque puede espantar a futuros aspirantes a cortejarte.

   -Abuela, vuelvo a recordarte los años que he cumplido. Y no tengo ninguna intención de ennoviarme hasta que cumpla quince o dieciséis años o más –En ese momento, Sisca recuerda haber oído a Zaca usar la expresión: la mejor defensa es un buen ataque, y decide cambiar el signo de la conversación-. Y ya que has tocado el tema  de posibles noviazgos quiero pedirte algo. No sé si recuerdas que hace tiempo me contaste que tu matrimonio y el de mi madre fueron concertados por las familias. Y, concretamente, que fuiste tú quien arregló la boda de mis padres. Bien, pues te quiero pedir que no hagáis lo mismo conmigo cuando tenga edad para ello. Me gustaría casarme enamorada y eso difícilmente puede ocurrir cuando te imponen el marido. Y como te conozco, y sé lo que te gusta meterte en la vida de los demás, te pido, te suplico que no lo hagas con la mía. ¿Lo harás, abuela? ¿Me lo prometes?

   A Julia le impacta la madurez mostrada por Paqui en su petición, así como la pasión que ha puesto en manifestarlo. Y siente que algo se remueve en sus entrañas. Va a hacer con su nieta lo que no hizo con su hija: respetará sus sentimientos y no interferirá en su futura vida amorosa. Y así se lo dice.

   -Paquí, te prometo que respetaré tus sentimientos y que no me meteré en tu vida. Con una excepción: que crea que vayas a unirte con alguien que no te convenga en absoluto. Si ocurriera tal caso, no me quedaría otra que hacértelo saber. Si no lo hiciera no cumpliría mi elemental deber como abuela tuya. Pero si no se da tal caso, y rezo para que sea así, por mi parte tendrás carta blanca para que te unas con quien te pete.

   -Gracias, abuela, de corazón. Y mis padres, ¿crees que se meterán en futuros noviazgos?

   -Tu padre, si la enfermedad no le hubiera mermado, te diría que sí, pero en las condiciones en que se encuentra no hará nada. De tu madre tampoco hay que esperar demasiado, aunque quizá alguna puntada si pueda darte, pero sin que vaya mucho más lejos.

   -Me tranquiliza, abuela. Y promesa por promesa: si es que algún día conozco a alguien que me guste a rabiar, te prometo que serás la primera en saberlo.

   -Espero vivir lo suficiente para que llegue ese día.

   -Abuela, tú no morirás nunca. Llegarás a centenaria y más aún.

   -Ay, hija mía. Todos morimos y yo no seré la excepción. Aunque gracias por tus deseos-El inexistente noviazgo de los maestros de la escuela del Canònge tan rápidamente como se hizo materia de cotilleo dejó de serlo. Y Sisca, Zaca y la abuela respiraron tranquilos.

    Poco más o menos, durante la época que duró el bulo del noviazgo de Sisca y Zaca ocurrió algo más que afectó al negocio de Los Masos de la Plana Alta.  Todo empezó a raíz de una visita que recibió Julia de dos industriales textiles de Villafranca del Cid, un pueblo del Alto Maestrazgo que tiene el infrecuente rasgo de ser un núcleo industrial, pues es el que tiene más fábricas de la provincia –casi todas textiles-. Tras la reunión, la abuela llamó a consulta al que, pese a sus pocos años, considera uno de sus consejeros áulicos con más caletre, quizá después de Valerio.

   -Vamos a ver, Bachiller, ¿tú que sabes de la industria de la ropa?

   -Pues nada, señora Julia. Es una de los mil  millones de cosas que ignoro.

   -¿Y que sabes de Villafranca del Cid?

   -Muy poco. Que es un pueblo del Maestrazgo, que está a más de mil metros de altitud, que es el que tiene más fábricas textiles de la provincia y que también son famosas sus patatas. Y poco más. Ah, y que suele hacer bastante frío, dado que nieva con alguna frecuencia.

   -Entonces, no me sirves. Otra pregunta: ¿qué opinas si en el puesto de Los Masos de la Plana Alta también vendiéramos ropa?

   -No sé que decirle. No lo he pensado, pero a bote pronto opino que vender al alimón comida y ropa no parece que casen mucho. Eso sería como ir a la botiga del señor Elio, una tienda de mi pueblo que vende telas, y además de comprar una pieza para hacerme un traje, pedir una docena de huevos o un litro de aceite. Se me haría muy raro.

   -Esa es una opinión que quizá tengamos ocasión de comprobar si es válida o no –Y con estas palabras, la abuela da por concluida la charla.

   Julia, tras hablarlo con Valerio –cuya opinión fue `parecida a la de Zaca, aunque no se opuso frontalmente al proyecto- y, algo excepcional, con las demás mujeres del Mas, incluidas Concha y Pili -que tuvieron una opinión neutra- se echa la manta a la cabeza y toma la decisión de meterse en el negocio textil, de forma impulsiva y sin considerar las posibles consecuencias. En el mercat del dilluns y en el puesto de Los Masos, se venderán medias y prendas de ropa íntima para mujeres, fabricadas por la empresa de Marie Claire -que ya tiene una fábrica en Castellón- en su factoría de Villafranca del Cid. La venta de los nuevos productos supone todo un bombazo en el mercado, pues la marca de Marie Claire tiene prestigio, pero sobre todo porque sus productos no encajan en el ámbito de un mercadillo popular, por lo que los problemas surgen desde el primer momento. Han de ampliar el puesto y la ampliación diferenciarla del resto donde están los productos agropecuarios que han popularizado el chiringuito de Los Masos de La Plana Alta. También han de contratar la publicidad aparte. Pero lo más problemático es encontrar vendedoras que estén al tanto de la siempre cambiante moda femenina. Hasta ahora, las vendedoras del puesto de Los Masos han salido del mundo masovero, pero en las masías no encuentran expertas en el complicado orbe de la moda. Han de buscar en otros caladeros donde hallar personas que estén preparadas para vender ropa íntima femenina, por lo que han de contratar jóvenes de Castellón. Lo que acaba produciendo problemas en la armonía laboral existente en el puesto. Valerio, que fue otro que en su momento no vio con buenos ojos el negocio de la ropa, sentencia la nueva aventura en que se ha metido Julia con un popular refrán.

   -Quien mucho abarca, poco aprieta –pero se cuida muy mucho de decirlo delante de Julia.

   Todos los indicadores habidos y por haber apuntan a que en esta ocasión Julia ha cometido un error. Y si así fuera, ¿cómo afectará al futuro del negocio global de Los Masos de La Plana Alta? ¿Y cómo incidirá en la vida del protagonista de esta historia? Habrá que ver que ocurre en los siguientes episodios.

 

  PD. El próximo martes publicaré el episodio 84 de la novela “El masover” titulado: Un socialista en el Canònge

martes, 21 de julio de 2026

“El masover”. 82. El postre del músico

    

La decisión de Zaca de quedarse, al menos, un año más en el Canònge ha sido para su familia fuente de

sensaciones dispares, especialmente para su madre. Los Clavijo se vuelven a Torreblanca con una sensación agridulce. Por un lado, sienten que su primogénito se quede, pues deja un hueco en la familia difícil de reemplazar. Además, tendrán que re      ordenar las actividades caseras que eran de su competencia: especialmente las de escrivent y la de coniller. Y tienen el temor de que, aunque les ha prometido que seguirá estudiando, su estancia en el mas pueda favorecer que abandone los libros y diga adiós a los planes que, junto a los tíos Emilia Callín y Paco Roca, habían preparado. Eso es lo que más les desazona. Por otro lado, están muy satisfechos de cómo ha evolucionado su hijo: ha madurado, se ha hecho más realista y ha dejado atrás la mayoría de tabúes y complejos. Sin olvidar el dineral que va a ganar en el Mas, lo que les permitirá realizar su sueño dorado de adquirir una vivienda. También valoran que el chico se haya convertido en alguien importante para la gente del Canònge, y hasta de muchos masos de los alrededores.

   En su viaje de vuelta a Torreblanca, a lomos de los mulos del Mas, comentan muchas de las cosas que han aprendido de la vida masovera, unas importantes, otras meramente anecdóticas, como aquella sobre la cual pregunta Charito a madre.

   -¿Qué es el postre de músico que nos dijeron que íbamos a probarlo y al final no lo sirvieron?

   -El postre de músico es un postre tradicional que consiste en un puñado de frutos secos como almendras, nueces o avellanas, acompañado de un vasito de moscatel o de alguna fruta desecada como las pasas o los higos secos. La presentación suele ser en un plato de postre, con el vaso de la bebida en medio y los diferentes frutos alrededor –la explicación de madre la complementa padre contando su origen.

   -Un posible origen de ese postre y de su nombre es, según la creencia popular, lo que se solía ofrecer a los músicos callejeros que animaban las fiestas de los pueblos.

   Mientras los Clavijo van de camino al pueblo, los masoveros ya se están preparando para recoger las cosechas más abundantes en este principio de septiembre: las de algarrobas y almendras, luego vendrá la vendimia. Empiezan por los segundos, pues este año los algarrobos van algo más retrasados en la maduración de sus frutos

   Zaca sabe, pues en Torreblanca hay multitud de campos de almendros, que la recolección de almendras se realiza tradicionalmente con vareo, golpeando las ramas del árbol con una vara o una caña –que conserve como un palmo de su raíz- para que caigan los frutos. También se utilizan redes o lonas en el suelo para recoger las almendras que caen. Sobre el vareo, el mayoral hace una predicción:

   -Un día alguien inventará máquinas vibradoras que sacudan los árboles para recoger las almendras, y acabará con el vareo. 

   Zaca lo que desconoce es el momento óptimo para cosechar las almendras. Y, como acostumbra, se lo pregunta a Valerio.

   -Se considera que las almendras están listas para recolectarlas cuando la cáscara verde que las envuelve se abre y se separa fácilmente del fruto.

   -En Torreblanca, donde la almendra es la cosecha de frutos secos más importante, quitarles la cáscara verde, que allí le llaman pelar la almendra, la realizan las mujeres. Y es frecuente que ayuden familiares, amigas y vecinas, así charlan y se distraen porque es un trabajo muy monótono. Una vez peladas, las almendras se dejan secar al sol, extendidas sobre una superficie limpia y seca, para reducir su humedad. 

   -¿Y cuándo las descascarillan?

   -Les quitan la cáscara manualmente, y casi toda la cosecha la venden a un catalán, apellidado Garriga, que tiene una máquina descascarilladora. Luego, las clasifica por tamaño y calidad, y las envasa para su comercialización. La gente solo suele quedarse como medio saco para las necesidades caseras.

   -En el Mas hacemos lo mismo. Las vendemos al mejor postor y nos quedamos más o menos un saco para las necesidades caseras.

   En cuanto termina la recolección de la almendra que dura algo más de dos semanas, y sin solución de continuidad, comienza la de la algarroba, fruto al que en La Plana Alta llaman garrofa y garrofer o garrofera al árbol. En Torreblanca también hay bastantes algarrobales pero, al revés que con la almendra, Zaca nunca los ha cosechado. De ahí que le pide a Valerio que le explique algunas cuestiones  sobre los algarrobos y sus frutos.

   -El algarrobo, además de algarrobas, proporciona madera, sombra y enriquece y mejora las condiciones del suelo. Las garrofas se destinan únicamente para pienso –aunque por su especial sabor, a veces se ha hecho chocolate con ellas- y su valor comercial es escaso. Pienso que el día que los labradores cambien sus mulos y caballos por tractores se arrancarán la mayoría de algarrobos. Y tengo un amigo que opina que las semillas o garrofines acabarán valiendo más que las propias algarrobas. Ah, una anécdota curiosa sobre los garrofines. Cuando se pone algarrobas en los pesebres de mulas, caballos y asnos se las comen con avidez, pues les gustan mucho, pero escupen los garrofines, no se comen ni uno –explica Valerio.

  -Que curioso. ¿Hay algarrobos en toda España?

 -Hasta donde sé, el cultivo se encuentra localizado principalmente en el reino de Valencia, Tarragona y Baleares; también tiene cierta importancia en la costa de Murcia y Málaga. Es un árbol de litoral, pues a pesar de su rusticidad es poco resistente al frío. Por eso vegeta cerca del mar y a una altitud menor de 500 metros. A 40 kilómetros de la costa ya no se le suele encontrar.

   -¿Y cómo se cosecha?

   -Se cosecha de forma parecida al almendro. O sea, sacudiendo las ramas con palos o cañas, pero sin dañar los árboles, pues en ese momento ya están formándose las flores de la próxima cosecha. Cuando las algarrobas caen al suelo se recogen a mano y se meten en sacos.

   -¿Y cómo se sabe que las algarrobas están maduras para cosecharlas?

   -Las vainas están maduras cuando cambian de color verde a un marrón rojizo oscuro. Entonces es el momento de cosecharlas.

   Tras la recolección de almendras y algarrobas, le toca el turno a la vid, cuyos frutos, las uvas, son uno de los ingredientes del postre del músico. El Canònge no tiene grandes viñedos, solamente produce uvas para convertirlas en vino para el consumo casero, también en alcohol y en unas decenas de kilos de pasas, que a lo largo del año se utilizan sobre todo como postre y que son otro de los ingredientes del postre del músico. La vendimia en La Plana Alta, al igual que en otras zonas de España, viene determinada por las temperaturas y la maduración de las uvas, dependiendo del momento en que la relación entre los azúcares y los ácidos de la uva han alcanzado el valor óptimo para el tipo de vino que se desea producir.

   -¿Todas las viñas maduran al mismo tiempo? –pregunta al muchacho.

   -No. Las viñas expuestas al sur y que están a más altitud maduran primero. Y los viñedos de uva blanca maduran generalmente antes que los de uva negra.

   -Antes se ha referido al tipo de vino que se desea producir, ¿cómo se consigue eso?

   -El tipo de vino que se quiere obtener está condicionado por la mayor o menor presencia de algunos componentes, tales como los azúcares. Una mayor cantidad de  zúcar aumenta el grado alcohólico del vino. Tener una justa cantidad de azúcar es indispensable para iniciar la

fermentación alcohólica. Luego, están los ácidos, necesarios, tanto para evitar la proliferación de

bacterias causantes de enfermedades, como para la conservación del vino. Finalmente, también cuentan los componentes aromáticos, que  varían durante la maduración de la uva, y que contribuyen a determinar las características orgánicas del vino.

   -Hábleme de la vendimia.

   -Antes de vendimiar hay que tener en cuenta una serie de factores para que la recolecta se realice de la mejor manera posible. La uva debe estar seca en el momento de se recolectada. Es recomendable que se realice la vendimia por la noche, de esta manera la recogida se realiza a baja temperatura para evitar los calores  durante el día e impedir la fermentación de las uvas. La vendimia en sí se hace a mano, cortando los racimos uno a uno con unas tijeras de vendimiar, así se pueden elegir los racimos de modo más selectivo, algo que cuando se trata de producir vinos de alta calidad es imprescindible. Es una tarea dura para el vendimiador, puesto que debe estar muchas horas levantándose y agachándose para recoger la uva y después llevando el capazo lleno al carro. Es aconsejable que pase el menor tiempo posible entre la recogida y la llegada a la bodega. Y los recipientes en los que se deposita la uva deben de ser planos y con poca capacidad, para que los frutos no se aplasten.

   -¿Ya está todo?

   -Eres incansable, mocete. Tú y tus preguntas. Puedo añadir un par más de detalles. Es preciso evitar recoger la uva mojada, ya que el agua puede influir en la calidad del mosto; además se debe evitar vendimiar en las horas de más calor del día, para impedir el inicio indeseado de la fermentación. Finalmente, la uva debe ser transportada a los lagares en los cuales se efectuará la vinificación en el menor tiempo posible, para evitar maceraciones indeseadas.   

   Zaca no participa en la cosecha de almendras ni algarrobas, esa recolección la tiene más que vista en Torreblanca, pero si se apunta a la vendimia. Como en el Mas el calendario es un objeto más de adorno que otra cosa –salvo el Calendario Zaragozano, que es consultado por la mayoría de campesinos-, suele elegirse un domingo para vendimiar, y es cuando las vides están en su punto justo de maduración. El primer día de la vendimia, Zaca se sorprende de lo animosa que está la gente, pues más que a un duro trabajo parece que van a una fiesta, tal es el alegre ambiente con el que los masoveros se desplazan a los viñedos. A Zaca le han dado una tijera de vendimiar y Sisca, que le acompaña, le explica que racimos debe cortar. Al principio, está torpe con la herramienta hasta que le coge el tranquillo; una vez familiarizado con el instrumento ya no se queda tan retrasado respecto a los demás vendimiadores. Aún así…

  -Vamos, Zaquita, más aprisa que te están cogiendo mucha delantera –le anima Sisca que, para que no se retrase, de cada tres racimos que corta uno lo mete en el capacho del chico.

   De vez en cuando, los masoveros hacen breves paradas a las que llaman los parones para fumar. Como Zaca no fuma lo que hace es, además de recuperar el resuello, pega la hebra con Sisca. La muchacha aprovecha uno de esos parones para contarle:

   -La uva que estamos recogiendo es de la variedad de Monastrell y mañana vendimiaremos un campo de Bobal. Ambas son variedades propias del Levante y producen tintos. Ah, y tenemos un viñedo de Garnacha que también sirve para tintos.

   -¿Y uvas para vino blanco tenéis?

   -En el Mas tenemos casi de todo –afirma, orgullosa, la muchacha-. En unos días vendimiaremos un viñedo de la variedad Moscatel, que produce un blanco que no está mal, es muy dulce. Y es el vino que suele acompañar al postre del músico.

   -¿Y los tintos que obtenéis que tal son?

   -No están mal. Para vinos tintos potentes y con cuerpo, así como para vinos dulces, utilizamos, además de la variedad Moscatel, la Monastrell. La Bobal,  conocida por su resistencia a la sequía, la usamos sobre todo para vinos rosados. Vamos al lagar y verás la sensación que te produce pisar las uvas para obtener el mosto que es el zumo exprimido, antes de fermentar y hacerse vino –le pide Sisca, que añade-: Lo primero que harán en el lagar será colocar las uvas en un cubo perforado. Luego, las pisaremos, lo que provoca que el mosto fluya a través de los orificios del cubo hacia un recipiente. Ah, antes de proceder al prensado hay que lavarse bien los pies para no contaminar el mosto.

   -Yo creía que el prensado se hacía de forma mecánica con una prensa.

   -Así lo hace la gente que produce cantidades industriales de vino pero, para la cantidad que producimos en el Mas, no es rentable tener una instalación de prensado en regla. Además, el prensado manual permite un mayor control sobre la presión aplicada para obtener el mosto deseado, separando el jugo de la piel y las semillas de manera cuidadosa.

  -¿Y qué tal es el vino que obtenéis?

   -Hombre, no es que sea rioja o jerez, pero no está mal.

   Tras lavarse los pinreles, ambos muchachos se meten en el cubo donde se hace el prensado, y se divierten como críos pisoteando la uva. Previamente, Zaca se ha remangado los pantalones y Sisca se ha subido la falda. Zaca no puede evitar fijarse en los prietos muslos de la muchacha. La visión termina por provocarle un sofoco, pues siente el principio de una erección, con lo que ha de echar mano del método que, hace algún tiempo descubrió y que le funciona como antídoto: recitar mentalmente la tabla de multiplicar, eliminando las tablas del dos y el cinco por facilonas y, algo más importante, apartar la vista de las esbeltas piernas y mirar al infinito. Zaca trata de recordar si lo que le pasa con Sisca le ha ocurrido con otras muchachas, pero en ese apartado parece que su memoria está vacía, pero de pronto un recuerdo le viene a la mente: en el viaje que hicieron al mar le pasó lo mismo con Lía. También se excitó cuando vio a la muchacha bañándose; o sea, que no le ocurre solo con Sisca. Intenta rememorar si ha habido más episodios de ese tipo, pero no recuerda ninguno. Se pregunta: ¿Me excito solo con las masoveras? ¿O me impresiono porqué me he hecho mayor? Al chico comienza a preocuparle la frecuencia con que se excita, hecho que antes no le ocurría y ahora le pasa cada dos por tres. Es algo que le perturba, pues le ocasiona situaciones incómodas. Piensa que debería buscar la manera que eso no ocurriera, pero no da con ninguna. La razón le dice que la respuesta lógica a las preguntas que se ha planteado debe de ser la segunda, pero tiene sus dudas. Eso es lo que mejor se le da: dudar. Y las dudas lo que le ocasionan es presionarle más y obligarle a seguir pensando. Es su sino.

 

 PD. El próximo martes publicaré el episodio 83 de la novela “El masover” titulado: Julia comete un error

martes, 14 de julio de 2026

“El masover”. 81. Adelante, pues

    Zaca, dado que la decisión de quedarse en el Mas o volver al pueblo ha de ser suya, piensa que lo más sensato es evaluarla sin prisas y para ello es mejor estar solo, sin recibir presiones externas. Se refugia en su habitación y comienza una larga y tortuosa reflexión. Se le amontonan los pros y contras que parecen tener ambas posibilidades, su búsqueda la hace de forma caótica a medida que va cavilando. Llega un momento en que su natural reflexivo y ordenado le lleva a sistematizar su meditación, y decide hacer una lista. Abre una página en blanco de la libreta en que anota sus pensamientos y traza una línea vertical que divide la plana en dos columnas: en la de la izquierda escribe A favor de quedarse. En la derecha A favor de irse. Y comienza a escribir…

   En A favor de quedarse el primer punto es… SISCA y lo escribe con mayúsculas para realzarlo. Solo escribe el nombre, no necesita más, sería una redundancia innecesaria describir los motivos de que la pubilla sea la primera baza para quedarse en el Mas. El segundo es el dinero que va a ganar si se queda, siempre una cuestión importante sobre todo para los que no lo tienen como es el caso de su familia. El tercero es una consecuencia del segundo: con lo que puede ganar sus padres estarán en condiciones de comprar una casa propia y ellos y sus hermanos podrán vivir dignamente cuando padre se jubile. El cuarto es el cariño que ha cogido a los moradores del Canònge, en el que incluye el que tiene a sus alumnos masoveritos. En el quinto valora las vivencias que está experimentando y que no tendría en el pueblo: los lunes del mercat y el trajín de Los Masos de La Plana Alta. El sexto y último, por ahora, la vida serena, tranquila y placentera que le proporciona el modus vivendi masovero. Y ahí se queda.

   En A favor de irse el primer punto es su familia: el amor de su madre, los consejos de padre, la devoción que le tiene Pedrito, verá cómo crece Chimet, hasta echa de menos sus peleas con Charito. En el segundo anota los amigos: volverá a mantener las interminables charlas con Pifa, se burlará de las boutades de Queralt, se reirá con los chascarrillos de Pitarch. El tercero es el cine: recobrará su pasión cinéfila. Para el cuarto piensa en sus maestros, pero acaba tachándolo, la verdad es que casi los ha olvidado; aunque paradójicamente le gustaría volver a ir al Grupo escolar. El punto anterior le lleva a recordar sus paradas en la terraza del Pincho y lo mucho que aprendía de los contertulios; por lo que en el cuarto pone el Pincho. En el quinto va a escribir las amigas, pero recapacita: ninguna de las chiquillas que son sus amigas oficiales le suscita una gran simpatía, y el punto, de momento, se queda en blanco.

   Antes de comparar ambos inventarios ya sabe el resultado: el peso de la lista de A favor de quedarse

es infinitamente superior al de A favor de irse. Si eso se lo cuentan cuando a fines de junio se decía que dos meses en una masía pasan pronto, en relación a su estancia en el Mas en julio y agosto, lo hubiese tomado por una broma de mal gusto.

   Tomada la trascendental opción de quedarse, Zaca solo tiene un pensamiento en mente: contárselo a Sisca. Vuelve a la escuela y en el corto trayecto se cruza con la Beltrana que le pregunta:

   -¿Te has decidido?

   -Ahora vuelvo y se lo cuento.

   En el aula, Sisca está con las dos masoveretas enseñándoles a zurcir.

   -¡Sisca. Me quedo!

   -¿De verdad?

   - De verdad de la buena.

   La muchacha se arranca y se abraza a Zaca con todas sus fuerzas y, lo más inesperado: le planta un casto y apasionado beso en la boca. Cuando el muchacho quiere devolvérselo, Sisca ya se ha apartado y está gritando:

   -¡Se queda, se queda, se queda! ¡Dios mío que alegrón! Cuéntame cómo ha sido.

   -Luego te lo cuento. Antes he de decírselo a la abuela y a los masoveros.

   La noticia ha llegado antes al cuarto de estar, el señor Zacarías la ha previsto y se la ha contado a los allí reunidos. Cuando llega Zaca, le dan un corto y sonoro aplauso y la abuela, en su nombre y en el de los presentes, le felicita.

   -Bachiller, en nombre de todos, gracias por haber aceptado la oferta. Creo, y es una opinión personal, que has elegido la mejor opción. Tu padre nos ha contado que, además de tus otras obligaciones, piensas seguir con el bachillerato. Considero que es una sabia decisión y desde ya te anuncio que contarás con toda nuestra ayuda para que puedas aprobar el cuarto curso. Amigos -agrega dirigiéndose a los masoveros-, estáis invitados a comer. Le diré a Concha que mate unos pollos y que haga una paella que os vais a chupar los dedos. Hay que celebrar la decisión del Bachiller que nos hace felices a todos. Quedaos aquí y os traerán algo para ir haciendo boca. Ah, y un clarete del Mas del Carreró que entra sin pedir permiso. Voy a acercarme a la cocina.

   Zaca, que lleva media mañana pensando a cien por hora, cuenta a los masoveros algo que le ha aconsejado padre.

   -Aunque no lo he contado antes porque mi padre me lo ha sugerido después, quiero que les quede claro que mi compromiso de quedarme es hasta el verano del año que viene. Después, en función de cómo me hayan ido los exámenes de cuarto decidiré, junto con mi familia, si me quedo para el siguiente curso o no. Deben entender que me estoy jugando mi futuro.

   -No te amohínes, chaval. De aquí al siguiente verano pueden pasar un millón de cosas y nadie tiene la vida asegurada –sentencia el Largo.

   -Hablando de cosas prácticas –mete baza el Rizos-. Necesitaremos que antes de comenzar, un día o quizá dos, no des escuela. Queremos volver a encalar la sala y hemos de traer más pupitres y otro armario. Ah, Demetrio, tenemos que hablar con los de la Hispano de Fuente En Segures para contratar un autobús más grande.

   -Habrá que ir a Benassal. Por cierto, maestro –recuerda el Largo-, repito lo que te dije en julio. Con los críos mano dura, que les quede claro desde el primer día que el que manda eres tú. Y si alguno se pone chulito, nos lo dices y un guantazo a tiempo es mano de santo, se quedan más suaves que la seda –El Largo repite lo que ya dijo en julio.

   -No tenga cuidado, Demetrio. Los guantazos sobran. Los chicos son muy obedientes y no he tenido ningún problema disciplinario. Me perdonarán, pero tengo que volver a la escuela.

   Al llegar, los alumnos, a quienes Sisca ha contado que Zaca les seguirá dando escuela el nuevo curso, le reciben aporreando los pupitres y se escuchan algunos gritos de bravo y viva el maestro. Cuando se calman, Antoniet Prades, el mayor de todos, se levanta.

   -Señor maestro, quiero decirte que, aunque yo no volveré porque he cumplido los quince y he de ponerme a trabajar, estoy muy contento, y todos lo están, porque sigas dando escuela. Eres el mejor maestro que he tenido, que hemos tenido. Y eso es todo lo que quería decir.

   Un aplauso cierra la intervención del decano del grupo. Una de las dos niñas de la clase levanta la mano.

   -Dime, Fernandina.

   -Quiero preguntar si Paquita nos seguirá enseñando costura.

   -Claro que sí, Fernandina. Si el señor maestro no se opone –responde Sisca. Zaca le gasta una broma a su amiga del alma.

   -Todas las alumnas que quieran que Paquita siga con las clases de costura que levanten la mano -Dos bracitos se alzan. No hay más niñas en el aula.

   -Aprobado por unanimidad. Paqui seguirá con nosotros.

   -Señor maestro. ¿Qué quiere decir esa palabra: unani… no sé que?

   No todos están felices por la decisión tomada por Zaca, hay al menos dos excepciones: una es madre, que reprocha a su marido y a su hijo que hayan tomado la resolución de que el chico se quede sin haberlo hablado antes con ella.

   -Madre, perdóneme, pero había que decidirse sobre la marcha. Aunque lo cierto es que no se me ha ocurrido hablarlo con usted, como estaba padre…  

   -Claro, yo siempre soy la última mona en enterarme de los asuntos familiares. Pero cuando las cosas salen torcidas ¿a quién acudís para que os consuele?

   -Rosario, no le riñas, el chaval no tiene la culpa. Estaba muy presionado y he creído que mi opinión contaría con tu apoyo. No ha sido nuestra intención hacerte de menos.

   El otro miembro de los Clavijo que está que echa las muelas porque su Tete va a quedarse en el Mas es Pedrito.

   -Pues por mí que no se quede. Tete, te vas a aburrir más que un mejillón. Estarás sin amigos y creo que aquí no hay cine.

   -Pedri, espero que cuando vaya a visitaros, algo que de vez en cuando pienso hacer, me cuentes todas las pelis que hayas visto y así, aunque sea de forma oral, será como si las hubiese visto.

   -No pienso contarte ninguna.

   En un aparte, Pedrito explica a su hermano mayor la verdadera razón del por qué está tan rabioso por que se quede.

   -… y ahora, Charito será la mayor. ¿Cómo les voy a contar a mis amigos que tengo de Tete a una chica?    

   La abuela tiene interés en hablar con el señor Zacarías de un asunto profesional antes de que se vayan.

   -Verá, señor Zacarías. Primero llegó la electricidad a los pueblos. Y ahora hay algunos masos, los más cercanos a las poblaciones, a los que está llegando. Hace unos meses estuve un día en el Mas de Roures de la Vall d´Alba y me impresionó lo que ha ganado con la luz eléctrica. Estoy dándole vueltas sobre traer la electricidad al Canònge. Usted, que es llumero, ¿cuánto estima que me podría costar traer la luz?

   -Dependerá de lo lejos que esté la conexión con una línea de media tensión, que es una red que transporta electricidad a un voltaje entre 1.000 y 35.000 voltios. No conozco las redes que hay en esta zona, pero supongo que… ¿Cuál es el pueblo más cercano al Mas?

   -Benlloch.

   -Imagino que será Benlloch donde se podrá hacer la conexión. Pero de todos modos, voy a enterarme y ya le contaré.

   -¿Usted me recomienda que pongamos la luz?

   -Señora Julia. Tener electricidad será como pasar de la noche al día. Y para un mas como el Canònge el beneficio de tener electricidad será doble o es posible que triple. Me explico. Ustedes necesitan bombear el agua, tanto para el consumo casero como para las huertas, tienen una pequeña almazara y un molino de trigo. Todo eso puede funcionar con motores eléctricos que son menos contaminantes, más seguros y económicos que los de gasolina o de fuel. Aparte de que no necesitarán más candiles, velas, petromax y demás artilugios para tener luz. Solo tendrán que dar un cuarto de vuelta a un interruptor, se encenderán las bombillas y habrá luz. Es como vivir en otro mundo. Y no se preocupe por lo que pueda costarles la instalación. El dinero invertido lo recuperarán en poco tiempo y el salto en su calidad de vida será espectacular.

   -¿Usted cree?

   -Totalmente. Se lo digo, no como llumero sino como el buen amigo que soy. En cuanto llegue a Torreblanca me informaré y le escribiré aconsejándole los pasos que deben dar. Y si quiere, le pondré en contacto con un instalador electricista conocido de Castellón para que le haga un presupuesto de lo que les puede  costar electrificar el Mas. E insisto, si pueden y, según me ha contado el chico, sé que tienen poderío para eso y para mucho más, no lo duden: instalen la electricidad y les cambiará la vida. Para bien.

   Rosario acuerda con Paca que el próximo lunes irá a Castellón y les hará llegar los libros de cuarto curso de su hijo, así como la ropa de invierno y cuanto necesita para pasar los siguientes meses en el Mas. Antes de la partida, la abuela propone a los Clavijo que en lugar de volver a Torreblanca, vía Benlloch- Castellón, para lo que han de coger hasta tres transportes distintos, Valerio los puede llevar directamente al pueblo con las mulas. Irán por los atajos que cruzan Villanueva de Alcolea y allí cogerán la carretera comarcal que lleva hasta Torreblanca. Si salen a primera hora, para comer pueden estar en el pueblo y al mayoral le dará tiempo a volver al Canònge antes de que cierre la noche. Y se ahorrarán dar un rodeo tan grande. Charo y Pedrito que nunca han hecho un viaje así piden a padre que acepte la invitación de la abuela.

   -Ande, padre, dígale que sí. Tiene que ser un viaje de lo más chuli.

  -Pero, ¿cómo va a tener Valerio tantos mulos para llevar a cinco personas?

   -El Tete, me ha contado que los mulos no son del señor Valerio, que son del Mas. Y que tienen muchos y, además, que son muy mansos –aclara Pedrito.

   -¿Y a los Villalonga eso les parecerá bien?

   -El Tete dice que quien manda en el Mas es la abuela Julia, que el señor Manuel y la señora Paca no pintan nada –apunta Charito.

   -Niña, ten cuidado con lo que dices. Que no te oigan los Villalonga que se pueden molestar.

   -Solo repito lo que el Tete me ha dicho. Y si él lo dice por algo será.

   Padre acaba por aceptar la oferta de la abuela y acuerdan que adelantarán un día el viaje de vuelta y que se marcharán el jueves, 31. En la cena de la última noche, la señora Concha echa los restos. Prepara un menú que más se parece a los fastuosos banquetes de un palacio real que a los humildes ágapes de una masía de La Plana Alta.

   El 31, con el sol asomándose por las crestas de las lomas que bordean el levante de la masía, Valerio tiene cinco mulas debidamente enjaezadas esperando a los Clavijo en la puerta del Mas. Sienta a la señora Rosario, que llevará con ella a Chimet, en la acémila que parece más mansa. Al señor Zacarías, con el que irá Pedrito, le hace montar un mulo equino, el más grande de los cinco animales. A Charito la instala en una mula burdégana, la más chica de todas. En las otras dos mulas va la impedimenta de los Clavijo y el mar de regalos -la mayoría en forma de los frutos que crecen en la masía- que los Villalonga les han hecho y que, por mucho que se negaron a recibirlos, han tenido que aceptarlos ante la insistencia de los anfitriones. Y, bien guardados en la cartera, el llumero lleva los primeros cien duros que su hijo aporta a la cuenta familiar para comprar, cuando tengan ahorrado lo suficiente, la ansiada casa en propiedad.

   Los Clavijo se van y su primogénito se queda. Una expectante, aunque incierta, etapa de su vida comienza para Zaca. ¿Con renglones rectos o torcidos? Chi lo sa. El futuro está por escribir y los vericuetos por los que el chico vaya a caminar son imprevisibles. Pero Zaca piensa que, como dice el proverbio popular: el que no se moja no pasa el río.

Si hay que mojarse, se mojará. Adelante, pues, y en definitiva que sea lo que tenga que ser.

  

PD. El próximo martes publicaré el episodio 82 de la novela “El masover” titulado: El postre del músico

martes, 7 de julio de 2026

El masover”. 80. Giro copernicano

   El miércoles, 30 de agosto se presentan en el Canònge Germán el Rizos, del Mas de Planchadell, y Demetrio el Largo, del Mas de Roures, los dos padres que negociaron con Zaca la apertura de la escuelita dels masoverets. Les acompaña Hortensia la Beltrana, que en las últimas semanas se ha encargado de la relación de los masoveros con Zaca. Quieren hablar con la abuela Julia. Los cuatro se encierran en el cuarto de estar y el conciliábulo dura algo más de hora y media. Zaca y Sisca, enterados de la visita, especulan sobre lo que puedan querer los masoveros.

    -Debe ser algo referente a lo de Los Masos de la Plana Alta, porque tanto el Planchadell como el Roures son dos de los masos asociados que más aportan al negocio de l mercat –especula Sisca.

   En esas que llega Pili adonde los adolescentes con el recado que la abuela quiere hablar enseguida con el Bachiller. Cuando Zaca llega al cuarto de estar su primera impresión es que los reunidos están expectantes, pues le miran con una mezcla de sensaciones encontradas, pero lo que más le sorprende es que padre también está allí. “¿Qué hace padre aquí?”-se pregunta el muchacho-. Que se reúna con Julia es normal, ¿pero con los masoveros? ¿Qué tripa se les debe de haber roto”. La abuela es quien toma la palabra.

   -Siéntate, Bachiller, que tenemos para rato –le avisa Julia, y sin más entra en faena-. Aquí, nuestros amigos, a quienes ya conoces, quieren proponerte algo. Escúchales con atención, como ha hecho tu padre –y, dirigiéndose a los masoveros les pregunta-: ¿Quién se lo va a contar?

    Germán el Rizos es quien toma la palabra. Y, como es proverbial entre los masoveros, antes de entrar en faena da más bandazos que un Fórmula uno sin frenos.

   -Lo primero, maestro, es volver a recordarte lo muy contentos que estamos los padres de los críos a los que das escuela por lo mucho que han aprendido en el mes y poco más que han estado contigo. Eso es lo que nos ha llevado a plantearnos la petición que te vamos a hacer y que te pedimos que la escuches de buenas porque está hecha con nuestra mejor voluntad ya que para nosotros es importante.

   -Germán –le interrumpe la Beltrana-, antes de que le cuentes lo que queremos, déjame añadir un ejemplo para que comprenda nuestras razones: mi hija Fernandina, que con seis años no sabía ni palote, ha aprendido el alfabeto y ya lee silabeando. Y hace unos pespuntes que ni su abuela los mejora. Y, como bien has dicho, lo ha aprendido en poco más de un mes. Si eso no es ser un muy buen maestro que venga Dios y lo vea. De ahí nuestra petición.

   -Que estamos muy contentos con tu desempeño, ea –reitera el Rizos-. Por eso, que te vayas, algo que ya sabíamos, nos ha llevado a pedirte una cosa que solo tú puedes dar.

   -Antes de que Germán siga –ahora es Demetrio el Largo quien corta al Rizos-, tenemos que aclararte que la petición que te vamos a hacer la hemos hablado con tu padre. Y nos ha dicho que la respuesta a nuestra solicitud solo puede ser tuya y nada más que tuya. ¿No es así, señor Zacarías? –El llumero asiente.

   A todo esto, Zaca está hecho un verdadero lío porque no tiene ni repajolera idea de qué es lo que quieren los masoveros y que, según acaba de decir Demetrio, padre dice que se hará lo que su hijo diga.

   -A lo que iba –el Rizos retoma la palabra-. Lo hemos hablado los padres de los chavales y estamos de acuerdo. Solo tienes trece años, aún no eres bachiller y no tienes el título de maestro, pero estamos convencidos de que no vamos a encontrar otro maestro como tú. Por eso nos hemos acordado de lo que dice el dicho: lo que funciona lo mejor es no tocarlo.

   Zaca siente que le va a dar un ataque de nervios si de una puñetera vez no le cuentan que es lo que pretenden de él. Y, visto que los masoveros no se arrancan, decide apremiarles.

   -Perdone, señor Germán, pero todavía no me han contado qué es lo que quieren de mí.

   -Al grano, Germán –insta Julia-. No des más rodeos -Y el Rizos toma carrerilla y suelta la bomba.

   -Lo que te pedimos es que no te vuelvas a tu pueblo, que te  quedes, y que sigas dando escuela a los críos por las mañanas, que sabemos que tienes libre. Varios padres lo tenemos hablado y lo hemos hecho con otros padres de masos más o menos cercanos. Y lo hablado es que queremos que sigas dando escuela todo el año, aquí en el Canònge. Para ello, hemos llegado a un acuerdo con la abuela Julia. Nos seguirá dejando el cuarto de la almazara como escuela. Solo ha puesto dos condiciones, que hemos aceptado de mil amores: que sigas enseñando a su nieta y a los críos del Anselmo y que els dilluns del mercat no darás escuela –Y dirigiéndose a Julia pregunta-: Señora Julia, ¿le cuenta ahora su parte o sigo?

   -Sigue, sigue. Luego hablo yo.

   -De momento, contamos con diecinueve críos seguros como alumnos. Y hay varios padres que se lo están pensando. Yo calculo que podemos arrejuntar, como poco, de veinte a veintitantos chavales. Te preguntarás: ¿Si accedes, qué ganarás? Te seguiríamos pagando al mes cinco duros por crío y las parejas de hermanos continuarían pagando cuatro cada uno. Te podrías sacar entre cien y ciento veinte duros al mes, lo que es mucho dinero, sobre todo para un chaval de trece años. Y hasta hemos pensado que, para cuando llegue el mal tiempo, pondríamos una estufa en la escuela, y todos los días cada chaval traería un tronquito para alimentarla y así no pasaríais frío. Hay una nueva condición: como algunos críos vendrán de masos bastante alejados, tendrías que comenzar la escuela algo más tarde para que no tengan que madrugar tanto. Digamos que entre nueve y media y diez. Podrías recuperar el tiempo alargando la sesión de la mañana aunque tuviesen menos tiempo para comer. A tu voluntad. Y eso es lo que te pedimos, que te quedes.

   -Y más que un trato –agrega la Beltrana-, es un favor lo que te pedimos. Por lo que llevamos visto, los críos aprenderán contigo lo que no está en los escritos. Somos conscientes de que te ofrecemos poco para lo mucho que pedimos. Sabes que los masoveros no nadamos en la abundancia, pero llegamos hasta donde podemos. Y contarás con nuestra buena voluntad y nuestro agradecimiento. Y si Germán o Demetrio no tienen más que decir, creo, señora Julia, que ha llegado su turno porque su ofrecimiento complementa el nuestro y es de justicia que el maestro lo sepa para que se haga su composición de lugar.

   -Me parece bien –acepta Julia-. Bachiller, has de saber que en el caso de que te quedes, después de que te lo pienses y lo hables con tus padres, por nuestra parte, me refiero al Canònge, se te trataría como hasta ahora. Más como alguien de la familia que como alguien que está de paso. Y debes saber, que creo que lo sabes, que todos nos llevaríamos un alegrón si aceptaras la oferta de nuestros amigos. Y no te cuento como se pondría Paqui, loca de contento. Y que además seguiría ayudándote, dando clase de costura a las chavalas de la escuela. Y yendo al asunto de lo que ganarías en el conjunto de tu trabajo en el Mas. En vez de los treinta duros al mes que te damos ahora por llevar la contabilidad de Los Masos de la Plana Alta y estar en el mercat del dilluns, te pagaríamos cuarenta. Cifra que, sumada a los cien o ciento veinte machacantes que sacarás de la escuela, alcanza la cantidad de ciento cuarenta o ciento sesenta duros. Y eso, para cualquier trabajador cualificado sería un sueldazo. ¡Y no digamos para un muchacho de tu edad! Y te lo digo de corazón, más que de los dineros, que también, lo importante para nosotros, y hablo por todos los que vivimos en el Mas, sería tu presencia aquí. Te has hecho de querer y te estimamos como si fueras uno más de la familia. Y como creo que te hemos dicho lo que teníamos que contarte, es hora de que lo hables con tu padre y decidáis lo que sea. Pero, insisto, si decides quedarte nos darás, a ellos –señalando a los masoveros- y a nosotros una gran  alegría. Señor Zacarías, como lo expuesto supongo que querrá hablarlo con su hijo sin testigos que los molesten, los demás nos retiramos y les dejamos el cuarto para que hablen lo que tengan que hablar, que hablando se entiende la gente.

   Dicho lo cual, los masoveros y la abuela se retiran dejando solos a los Clavijo. Zaca se siente por momentos como si le hubieran metido en una olla a presión en la que el agua hierve a todo trapo. Es un mar de sensaciones las que siente. Está confuso, alegre, preocupado, asombrado, perplejo y hecho un lío. De pronto, sin saber muy bien por qué, se acuerda de la expresión giro copernicano, que encontró hace tiempo en el Sopena, y que es un cambio radical de perspectiva, ya sea en el pensamiento o en la vida, metafóricamente comparado con la revolución científica de Copérnico. Y vislumbra que es la situación en la que el destino acaba de meterle: la decisión que tome, sea la que fuere, supondrá un giro de ciento ochenta grados en su desempeño actual, en su futuro, en su vida. Aunque queda una persona que puede ser determinante y que, hasta el momento, no ha dicho ni palabra: su padre y, de rechazo, su familia. Pero es que el señor Zacarías está tan confuso, preocupado y hecho un caos como si hijo. Se debate entre dos alternativas. Por un lado, sigue creyendo que el futuro de su primogénito es el que tenían planificado: acabar el bachillerato elemental, luego cursar magisterio y después opositar al Cuerpo de Maestros. Ese es el camino seguro. Por otro, que su hijo pueda ganar ciento cuarenta o ciento sesenta duros al mes, supone que solo en un año ahorrarían lo suficiente para comprar una casa a la que llamar suya y en la que podrían asentar sus reales cuando se jubile. Que eso ocurra solo será posible si el chico dice sí a la oferta que acaban de hacerle. Dado que padre parece ensimismado en sus pensamientos, el chico le interpela:

   -Padre, ¿qué hacemos?

   El señor Zacarías sale de sus cavilaciones y mira a su hijo. A fuer de leal con el chico, tendrá que decirle la verdad sobre qué piensa del asunto y de sus derivadas. Y le cuenta el problema que tiene la familia de no tener casa propia. ¿Qué harán cuando se jubile? Porque piensa que tendrán que abandonar la Fábrica para que pueda ocuparla el encargado de la LUTE que le suceda. Entonces, como no tienen casa propia, ¿dónde vivirán? Tendrán que alquilar un piso, pero con lo que le quedará de jubilación, ¿qué clase de piso podrán alquilar? Y que, a corto y medio plazo, el único modo que considera factible para ahorrar el dinero necesario para comprar una vivienda es que acepte la oferta que acaban de hacerle. El gran pero es ¿y qué pasa con sus estudios? ¿Dejar de estudiar? ¿Echar por la borda el esfuerzo hecho por él y el resto de la familia en los tres últimos años? ¿Abandonar un proyecto en el que tanta ilusión han puesto, no solo los Clavijo, también el resto de la familia? Lo confiesa: está hecho un lío. Por primera vez se ve incapaz de aconsejar a su hijo. Porque elija la alternativa que tome, las consecuencias pueden ser determinantes para el resto de su vida. Y así lo resume:

   -Hijo, sé que un padre debe, entre otras cuestiones, aconsejar a sus hijos cuando llegan a una encrucijada tan difícil como en la que ahora estás. Pero no puedo mentirte, he de decirte la verdad por mucho que me duela: no sé que aconsejarte. Y me parte el corazón no saberlo pero, como te he explicado, ambas alternativas tienen tanto de positivo como de negativo. Y no sé si una de las dos es mucho mejor que la otra. Si lo supiera, te lo diría, pero no es el caso. Por lo que me veo obligado a hacer algo que un buen padre nunca debería hacer: dejar que seas tú, a tus trece años, quien decida que opción escoger. Piénsatelo bien. Y te adelanto que escojas marcharte o quedarte respaldaré tu decisión. Quizá tú tengas razones, que yo desconozco, que te lleven a elegir una de las opciones por considerarla más positiva para tu futuro. Es cuanto puedo decirte.

   Zaca, tras escuchar a padre, se siente aliviado, pues aunque sigue teniendo dudas sobre si marcharse o quedarse, un poderoso sentimiento se va abriendo paso en su mente: si se queda, dineros aparte, que también, supondrá que no perderá la compañía de Sisca y descubre que eso es algo mucho más importante para él que todas las demás razones. Aunque sigue habiendo un potente pero: le disgusta la posibilidad de dejar los estudios. Sigue siendo un chico pegado a los libros, abandonarlos será como convertirse en otra persona. Y ello no le gusta, es feliz siendo el que es. Aunque una idea va abriéndose paso en su mente: “¿Y por qué no quedarse y seguir estudiando por libre el cuarto curso? Si lo hace en Torreblanca, ¿qué le impide no hacerlo también en el Canònge? No tendrá a los maestros del pueblo, pero para que le escuchen cantar las lecciones no los necesita”. Y le cuenta a padre lo que acaba de pensar sobre cómo conjugar quedarse en el Canònge y seguir estudiando. El señor Zacarías suspira aliviado: su hijo acaba de encontrar un portillo por el que colarse para sortear el dilema en el que el destino lo ha metido.

   -Hijo, si tú no dudas de que puedes hacerlo, no seré yo quien ponga impedimentos. Y puestos en esa coyuntura, pienso que, si te quedas, todavía ahorraremos más, puesto que nos libraremos de pagar a los maestros los veinte duros que les damos todos los meses.  Albarda sobre albarda.

   -¿Qué dirá madre? –pregunta el chico.

   -Por tu madre no te preocupes. Déjalo de mi cuenta.

   -¿Y qué pasará con las cartas que escribo, con la venta de los conejos y con todas las demás tareas que hago? –el chaval hace de su propio abogado del diablo.

   -Olvídate de ello. En solo un mes ganarás más que en todo el año haciendo de escrivent y de coniller. Y de las otras tareas ya nos apañaremos. Conque tú decides si te vienes o te quedas.

   El giro copernicano que ha recordado el muchacho vuelve a hacerse realidad. ¿Lo tomará Zaca o cogerá el camino cómodo de llevar a cabo el plan que su tío Paco Roca le trazó a los diez años? La respuesta, sea la que fuere, supondrá un cambio trascendental en la vida del jovencito y, en mayor o menor medida, también influirá en las personas de su entorno más cercano. Amén de que incidirá asimismo en el devenir de esta historia. Lector, ¿tú qué alternativa elegirías? Danos tu opinión. La tendremos en cuenta.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 81 de la novela “El masover” titulado: Adelante, pues.