martes, 9 de junio de 2026

“El masover”. 76. A Julia no le gusta lo de Sisca


    Julia está al tanto de cuanto acontece en el Canònge y su entorno. Lo que es natural, pues para mandar como es debido hay que estar al día de cuanto ocurre en tu territorio. Y, por tanto, sabe que su nieta y el novato maestro charlan con mucha frecuencia, lo que por otra parte es lógico, dado que pasan juntos buena parte de la jornada. También es conocedora que su nieta le tiene cariño y enorme respeto al novel maestro, pero de lo que son sus afectos y emociones más íntimas está ayuna, ya que la chiquilla es poco dada a explayarse sobre ellos. Desde que el viejo Mauro, el del Mas de Besana, le propuso un arreglo para unir en santo matrimonio a sus dos nietos, le ha dado muchas vueltas a los sentimientos que pueda tener Paquita y de los que no sabe nada. De ahí que piense que entre chavales de la misma edad, es posible que la muchacha se abra más, y cuente a Zaca interioridades que no desvelará a un adulto. Por eso, ha decidido sondear al muchacho, a ver que sabe sobre los sentimientos de su nieta. Aprovecha que están repasando las cuentas del último dilluns del mercat y, como el que no quiere la cosa, pregunta:

   -Por cierto, Bachiller, me dijo Paqui que anteayer le echaste una mano cuando una clienta se puso impertinente protestando porque no se la había atendido cuando le tocaba el turno.

   -Fue una menudencia, señora Julia. Unas palabritas, un poco de vaselina, repetir varias veces lo de doña Lola, una señora como usted… Y asunto zanjado. Cosillas así pasan la mayoría de los lunes. Y Sis…, perdón, y Paqui estuvo a la altura. Yo solo tuve que rematar lo que ella había iniciado.

   -A propósito, ya que hablas diariamente con Paqui, ¿te ha contado algo sobre si hay algún mozo que le haga tilín? Lo digo, porque igual cuando estuvo en tu pueblo conoció a alguien que le puso ojitos y a ella le pareció bien -El muchacho vacila. Se nota que la pregunta le incomoda.

   -Señora Julia, tendrá que perdonarme, pero hacer de chivato es un plato de mal gusto.

   -¡Oh!, no era mi intención ponerte en un aprieto. Solo quería saber si Paqui tiene algún admirador desconocido. Pura curiosidad de abuela. Y como habla tanto contigo…

   Al chico la pregunta de Julia sigue sin gustarle, pero no se atreve a no responder a la abuela.

   -Lo cierto es que charlamos diariamente de un millón de cosas, pero sobre temas de sentimientos personales no lo hacemos nunca. No por nada, sino porque ambos somos muy estrictos en lo referente a los afectos. Por lo que no sabría decirle si tiene algún admirador, algo que tampoco sería tan raro, pues cualidades sobran a Sis…, perdón, a Paqui para tener, no un admirador, sino a toda una legión.

   Pese a que la exposición del muchacho ha sido bastante ambigua, Julia se da por satisfecha con la respuesta, pero en lo que se queda pensando es que el Bachiller ha pronunciado dos veces la sílaba Sis y no ha completado la palabra. “¿Qué demontres querrá decir Sis…?”, se pregunta.

   A todo esto, agosto ha comenzado y Zaca tiene idénticas tareas een lo que respecta al mercat del dilluns, pero con un cambio sensible en su actividad docente. Como Sisca le ayuda cada vez más en la enseñanza de los masoveritos, algunas tardes falta a la clase mañanera, por lo que Zaca solo da escuela a Lía y Juanito, pues Mito no cuenta. El hecho de mantener dos diferentes periodos diarios de clase le está generando algún que otro problema, lo que le lleva a pensar que podría convertir sus dos grupos de alumnos en uno y pasar a un horario de mañana y tarde como el que tienen las escuelas públicas. Como la mayor parte de sus ideas, lo comenta con Sisca para que, al mismo tiempo que sigue profundizando en su aprendizaje, le continúe ayudando en la docencia, pues tiene un grado de conocimientos superior al de los masoveros, quizá con la excepción de Antoniet Prades. A Sisca, la idea le gusta, pero señala una falla.

   -Con el horario de mañana y tarde, ¿qué harán els masoverets con la comida de mediodía? Si fueran solo dos o tres podríamos darles de comer en el Mas, pero a tantos no es posible.

   -No había caído en eso. El almuerzo, claro. Podrían traérselo de sus casas. Podrían…

   -Lo mejor es que lo hablemos con la abuela. Quizá a ella se le ocurra la solución.

   Van a ver a Julia y le explican lo que han pensado. Usan el plural, como si la idea hubiese partido de ambos. Para unificar los dos grupos de alumnos, el argumento justificativo que manejan es que si los chicos de Pili se pasan al grupo de mañana y se integran con los masoveros estarán acompañados por chavales de su edad y, posiblemente, aprenderán más y, sobre todo, Mito no se aburriría tanto. Y al mismo tiempo, podrían aumentar el tiempo que dedican a los masoveros. Ahora bien, eso conllevaría otro problema: que los chavales de los masos tendrían que almorzar en el Canònge. Julia, que el cambio sea una idea conjunta de su nieta y el muchacho le agrada y, les contesta que por ella no hay problema; es más, le parece bien, pero que con quien tendrían que pactar el posible cambio de horario es con los padres de los masoverets, y como no podrán hacerlo con todos, se impone dialogar con Germán el Rizos, que hace el papel de portavoz de los padres de los masoveritos. Por medio de uno de los chicos del Mas de Planchadell, Zaca envía recado a Germán que debe de hablar con él a la mayor brevedad posible. Al día siguiente, martes, uno de agosto, el Rizos se presenta en el Canònge. Germán, sin preámbulos de ninguna clase, pregunta:

   -Maestro, tú dirás. ¿Ha surgido alguna pega? ¿Algún crío te ha faltado al respeto?

   El muchacho le explica lo que se les ha ocurrido para llevar parte del horario docente a la tarde. Así, los críos no tendrían que pegarse los madrugones que ahora se dan, tendrían horario de mañana y tarde, como lo tienen en las escuelas de los pueblos, irían más descansados y ello redundaría en que estarían en mejores condiciones de aprender más y mejor. Solo hay un problema: el almuerzo. Germán, parece comprender la propuesta y entender el obstáculo, pero no da una respuesta firme.

   -Lo tengo que hablar con los otros padres. Te daremos una respuesta en cuarenta y ocho horas. Dos preguntas: ¿ese cambio lo sabe Julia? Y otra, ¿Aumentar el horario, supondrá aumentar lo que te pagamos?

   Zaca, lo de los dineros ni se lo había planteado. Y ahora que lo menciona el Rizos piensa en ello. La duda le dura poco: no va a ponerse en plan pesetero y pedirles más perras. Con lo que gana se siente más que satisfecho. Y ya que la propuesta parte de él, debe mostrarse generoso.

   -A la señora Julia, a la que le he adelantado la propuesta, el cambio le parece bien. En cuanto a los dineros, no quiero ni una perra de más. Sigo estando conforme con lo que me dan.

   -Es todo un detalle de tu parte, maestro. Eres un chaval, pero tienes cosas de hombre. Pasado mañana te contaré. Y te adelanto que, por lo que a mí respecta, el cambio me parece bien. Hay críos que tienen que levantarse a las seis de la mañana para venir a la escuela. El cambio les va a parecer cojonudo.

   Como dijo, el Rizos se presenta el miércoles en el Canònge. Le acompaña Hortensia la Beltrana, una de las masoveras del Mas de Roures, a la que conoce Zaca y que en ocasiones ejerce el rol de vigilante en el mini bus que transporta a los masoveritos.

   -Maestro, te cuento. No todos los padres están de acuerdo con el cambio pero, como los que sí lo estamos somos mayoría, al final todos han aceptado el nuevo horario. Respecto a la comida no habrá poblema, cada chico se traerá un saquito o una fiambrera con las viandas de su casa. Están acostumbrados a las comidas frías. En el Canònge solo tendrán que darles agua. Y déjame decirte, otra vez, que eres el mejor maestro que han tenido los críos. Cuando te vayas, los chavales te van a echar mucho de menos. ¿Cuándo empieza el nuevo horario?

   -Cuando los chicos y sus familias estén preparados.

  -¿Te parece que el viernes?

   Y el viernes, 4 de agosto, comienza para Zaca una nueva etapa en su corta carrera de docente. El hecho de tener horario de mañana y tarde, le hace acordarse de sus maestros del pueblo y se siente como si también fuese un maestro de verdad, cuando no es más que un estudiante de bachillerato que ni siquiera ha completado el grado elemental. Precisamente, eso le recuerda Sisca.

   -Bueno, Zaquita, casi eres como tus maestros de Torreblanca. Solo falta que te llamen don Zacarías.

   -Quita, quita. Solo me faltaría eso, que me volvieran a llamar Zacarías. Ni por todo el oro del  mundo.

   -Es una broma, tonto. ¿Sabes una cosa? Tengo a la abuela y a madre medio convencidas de que, en aquellos días en los que en casa falta gente a la comida de mediodía, podemos invitar a un par de masoveritos a comer con nosotros.  Comerían de caliente y podrías, como hiciste con Lía, Juanito y conmigo, enseñarles modales en la mesa. ¿Qué te parece?

   -Una idea estupenda. Pero, ¿no será abusar de vuestra hospitalidad?

   -¡Que va! Casi todos los chicos de la escuela son de masos socios del puesto de La Plana Alta y nos interesa tenerles contentos.

   -Pero eso será darle más trabajo a la señora Concha.

   -A Concha, cuando se pone ante los fogones, le da lo mismo guisar para cinco que para cincuenta.

   El viernes, 4 de agosto,  comienza el horario partido en la “escuela” del Canònge. Todos los chavales, excepto uno que lleva una tartera, han traído un saquito casero de tela donde guardan su almuerzo. Zaca observa que hay diferencias entre ellos: el volumen de unos saquitos es sensiblemente más voluminoso que el de otros. Cuando se lo cuenta a Sisca, ésta le explica la posible causa.

   -Es natural. No todas las familias de nuestros alumnos –ya habla de ellos en plural- son igual de ricas. Es posible que acertara si te dijese que los saquitos más voluminosos pertenecen a chicos de familias que son propietarias de los masos en que viven. Los saquitos de menos volumen, y se supone que con menos comida, son de aquellos que solo son masoveros. Pero, quédate tranquilo. Ninguno de ellos pasará hambre. Primero, porque los masoveros, en general, somos frugales –hace tan solo unas semanas, Sisca desconocía este adjetivo- y segundo porque, con independencia de la cantidad, a buen seguro que todos llevan comida suficiente. Y se me ocurre otra cosa: fíjate en los que llevan los saquitos menos voluminosos y a esos serán los primeros que invitaremos a comer con nosotros.

   “Esta Sisca no da puntada sin hilo -piensa Zaca-. A mí eso no se me había ocurrido. Hay que ver lo que ha madurado esta cría”. La cría, que ya no es tal, se dice que el Bachiller, como le llama la abuela, es más bueno que el pan y más cándido que una novicia, pues no se entera de los mensajes subliminales que lleva tiempo mandándole. “Tendré que tener paciencia con él, pues como dice Valerio cada fruta tiene un tiempo de sazón y parece que el tiempo de maduración de Zaquita es moroso”.

   Mientras, Julia ha encontrado, no porque lo haya buscado sino por casualidad, quien le revele lo que hay detrás del Sis…, que a veces se le escapa al Bachiller y que le suscitó curiosidad. El descubrimiento se ha producido en una charla con Concha.

   -¿Has visto a Paquí? –pregunta Julia.

   -No, pero a esta hora debe estar con los chavales de la escuela del Bachiller –contesta Concha.

   -Esta cría, desde que se ha hecho medio maestra, ha descuidado por completo sus deberes con el Mas –se lamenta la abuela.

   -Es natural, Julia, entre enseñar a unos rapaces que la adoran y dar de comer a los guarros hay todo un mar de diferencias.

   -La culpa de eso la tiene el Bachiller.

   -No le eches la culpa al pobre chaval. Es otro de los que, como los masoverets, adora a tu nieta. Y encima, ya sabrás que la ha bautizado con un nuevo nombre –Nada más decir lo último, Concha se ha arrepentido, conoce lo suficiente a Julia para intuir que lo de Sisca no le va a gustar ni un pelo. Ha metido la pata, pero no ve cómo arreglarlo si Julia sigue preguntando. Y lo que se temía…

   -¿Qué quiere decir eso de que el Bachiller le ha puesto un nuevo nombre a Paqui? ¿Quién se cree que es ese chaval para andar bautizando a otra gente? ¡Y encima esa gente es mi nieta! ¡Qué ni se le ocurra ponerle apodos raros, que esas cosas empiezan como una broma y Dios sabe cómo terminan! ¡Paquita es Paquita y no hay más que hablar!

   Julia se ha cogido un enfado que no es proporcional a lo que le ha descubierto Concha, pero la abuela tiene su genio y no puede domeñarlo fácilmente. Ante la directa pregunta de Julia de qué quiere decir eso de que el Bachiller le haya puesto un nuevo nombre a Paqui, a Concha no le queda otra que cantar la gallina, pero trata de endulzar la respuesta en la medida de lo posible.

   -Pues que cuando están de broma, en vez de llamarla Paquita, el muchacho le dice Sisca. Pero solo es una especie de juego entre ellos.

   -¿Sisca? ¿Y qué clase de nombre es ese, si puede saberse?. No me suena a nombre cristiano.

   -Por lo que me ha contado el chico es una especie de abreviatura de Francisca, que es el nombre de bautismo de Paqui.

   -¡La leche que le dieron al torreblanquí! –Es la primera vez que Julia alude a Zaca por su gentilicio, señal de que está enfadada-. Y tú lo sabías, ¿y no me lo has dicho?

   -No me eches los perros, Julia.  Ya te he dicho que solo se trata de un juego entre chiquillos. No tiene la menor importancia.

   -Claro que la tiene. Mi nieta es Paquita porque así lo decidimos de pequeña para no confundirla con su madre. Y no va a venir ningún forastero, por muy bachiller que vaya a ser, a cambiarle el nombre. ¡Hasta ahí podríamos llegar!

   -Perdona que te lo diga, Julia, pero estás haciendo una montaña de lo que no es más que un grano de arena. Una chiquillada, vamos.

   -No me vengas con monsergas, Concha. Estas cosas comienzan medio en broma y nunca sabes cómo pueden acabar. En cuanto me eche el torreblanquí a la cara se va a enterar de lo que vale un peine.

   “Buena la hice -se dice Concha- ¿Por qué no me habré callado? Tengo que avisar al muchacho de la que se le viene encima. Al menos, que esté prevenido. ¡Dios mío, Dios mío, qué forma de meter la pata!”. Da la impresión que Zaca, sin comerlo ni beberlo, se ha metido en un avispero. Y las avispas son tercas picando.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 77 de la novela “El masover” titulado: De cirios y picnic

martes, 2 de junio de 2026

“El masover”. 75. Casamenteros

   El domingo, 30 de julio, Valerio había prometido a Zaca que se lo iba a llevar con él, a ver si podían cazar algún ejemplar de una manada de jabalíes que está devastando uno de los campos del Canònge en el que habían plantado remolachas. Cuando ya tenían dispuestos los pertrechos, el Mayoral ha tenido que suspender la cacería por la llegada de un visitante inesperado. Según le ha contado al muchacho, se trata del tío Mauro el Forner, dueño del Mas de Besana, masía sita a medio camino entre Cabanes y la Vall d Alba, y que es famosa y rica porque tiene un gran horno de leña en el que los Molins –apellido de la familia del tío Mauro-, desde hace décadas hornean toda clase de cocas, cocs i pastissos y, sobre todo, un pan denominado pa d´oli que se vende como rosquillas en toda la comarca. Y hasta hay gente de la capital que se desplaza adrede al Mas solo para comprar y degustar alguna de sus exquisiteces. Al parecer, el tío Mauro es viejo conocido y amigo de la abuela, y ha venido para tratar unos asuntos familiares con ella. El recién llegado, pese a que tiene sus años, continúa mostrando un aspecto vigoroso. De su cabeza destaca una cabellera abundante, aunque canosa, y un pronunciado mentón. Es de mediana estatura y más bien recio, aunque sigue moviéndose con soltura. Viste buena ropa, se nota que es un masovero pudiente.

   Durante el almuerzo, Mauro ha monopolizado la charla contando chascarrillos y sucedidos de cuando Julia y él eran mozos. El viejo tiene facundia y cae simpático, pues se nota que, además de mano izquierda y desparpajo, es buena gente. Eso es lo que piensa Zaca, pensamiento que parece ser compartido por los restantes comensales, pues le tratan con gran deferencia. Acabado el almuerzo, abuela y visitante se encierran en el cuarto de estar para hablar de lo que el propio Mauro ha calificado, vagamente, como asuntos familiares. Sisca ha contado a Zaca que de los Molins se dice que son tan o más ricos que los Villalonga, y que ambas familias tienen varias fincas con lindes comunes, que más de una vez han intentado comprarse mutuamente sin que hayan llegado a un acuerdo, pero que, a pesar de ello, las relaciones entre los dueños de ambos masos han sido y siguen siendo cordiales.

   -¿Y además del tío Mauro, hay más Molins? –quiere saber Zaca.

   -Que recuerde, está el hijo del tío Mauro, Pau, el Forner Jove, que debe ser, más o menos, de la edad de mi madre, y su hijo Pauet, el Forneret, que debe de tener un par de años más que nosotros. Son buenas personas, pero tienen fama de ser muy peseteros. Alguna vez le oí contar a mi padre que chavo que llega al Mas de Besana, chavo que no vuelve a ver la luz del sol porque de allí no sale –Todo esto lo refiere Sisca medio en broma, medio en serio. Posiblemente, el talante de la chiquilla sería otro si pudiese escuchar la conversación que mantienen ambos abuelos.

   -Mauro, si has venido, como otras veces, a tantear si te vendemos alguna de nuestras fincas que linda con una vuestra, la respuesta es no. Te lo digo de entrada para que no perdamos el tiempo.

   -Julia, cumples años, pero sigues siendo tan directa como siempre. Y no, no es ese el motivo de mi viaje. Y no va a ser el de esta charla, si me das un respiro para contarte el por qué he venido a veros.

   -Perdona, Mauro. A lo mejor me he pasado y no te he tratado como lo que eres: un viejo amigo y un buen vecino. Pero he creído que era mejor dejar las cosas bien sentadas desde el principio para evitar malos entendidos.

   -No hay nada que perdonar, Julia. Estoy de acuerdo contigo en que, como suele decirse, las cosas claras y el chocolate espeso, y así nos evitamos malentendidos –dicho que ha acompañado de una sonora carcajada. 

   -Pues bien, Mauro. Cuéntame a que has venido. Soy toda oídos.

   -El asunto por el que estoy aquí va de nuestros nietos, de tu Paquita y de mi Pauet –antes de proseguir, Mauro se ha echado al buche un sorbo del café que les ha traído Concha-. Oye, este café está buenísimo, veo que la Concha no ha perdido la mano.

   -Al grano, Mauro –le insta Julia, que se ha puesto en guardia al escuchar el nombre de su nieta. Algo que le ha sorprendido, pues era lo que menos podía esperar.

   -No voy a andarme por las ramas, Julia. Voy a ir al grano como pides. Tu nieta es pubilla y mi nieto hereu. Imagina el fortunón y la de propiedades que juntarían si un buen día llegaran a casarse. Serían los masoveros más ricos y poderosos de toda La Plana Alta; que digo de La Plana, de toda la provincia –al ver que la abuela va a hablar, se le adelanta-. Perdona, Julia, déjame contarte todo lo que quiero decirte y luego te cedo la palabra.

   -Estamos en mi Mas, por lo que deberé ser yo quien te ceda la palabra –objeta Julia, que no parece dispuesta a achantarse ante la verborrea del visitante.

   -Una vez más, he de reconocer que te sobra la razón y que me he pasado. Te pido que me disculpes. Me hago viejo, pero mi carácter me sigue gastando las mismas malas pasadas que de joven.

   -Si. Me recuerdas aquello de genio y figura hasta la sepultura. Pero, por favor, sigue con lo que decías.

   -Al grano. La pregunta que viene al caso es: ¿Habéis pensado en algún arreglo de futuro para Paquita? Yo si lo he hecho de mi nieto. Aunque ha llovido desde entonces, recordarás que hace una pila de años vine a proponerte arreglar la boda de tu hija con mi Pau, pero no llegamos a un acuerdo. Preferiste a Manuel, aunque los Villalonga no nos llegan ni a la suela del zapato, al menos, en cuanto a fortuna. No, no te lo reprocho. Hiciste lo que creíste mejor para tu Paca y para el Canònge, y además eso es agua pasada. No vengo a removerla, ni mucho menos. Lo que estoy haciendo es mirar al futuro y ahí están nuestros nietos para hacerlo no sé si mejor, pero sí más seguro. Eso es lo que he venido a proponerte: un arreglo de boda entre nuestros nietos, y vengo con las manos abiertas y sin planteamientos previos. Estoy abierto a cualquier clase de contrapropuesta que quieras hacerme. Solo me guía el futuro bienestar de nuestras familias. Y, si me permites, una última pregunta para terminar y te devuelvo la palabra: ¿Tenéis acordado algún arreglo de casamiento para Paquita? Porque si es así, solo me resta pedirte disculpas y retirar mi propuesta. Y es lo que quería decirte y dicho queda.

   La abuela se toma su tiempo para contestar. No quiere hacerlo a la ligera, pues el asunto que le plantea Mauro es de tal trascendencia para el futuro del Canònge, que debe de andar con tiento en su respuesta. Tal es así, que decide que lo mejor será dejar la contestación en suspenso hasta que la haya meditado a fondo y quizá hablarlo con Paquita, pues la chiquilla ya tiene edad para pensar por su cuenta. Y por supuesto, también lo tendrá que hablar con Paca y Manuel. Ahora de lo que se trata es de no cerrarse ninguna puerta, pues el mundo da muchas vueltas y el futuro no está escrito.

   -Mauro, te agradezco tu franqueza y, ¿por qué no?, tu propuesta. Me complace que lo hayas hecho en corto y por directo y no que lo hayas planteado con medias tintas y zorrerías por el estilo. Te pagaré con la misma moneda. La proposición no me la esperaba, por eso no estoy preparada para darte una respuesta concreta a un posible arreglo, que ni admito ni rechazo. Lo aplazo. Dame…, digamos hasta finales de agosto para que lo medite y lo hable con mi nieta y sus padres. Supongo que la chiquilla algo tendrá que decir al respecto. Aunque va a cumplir trece años es muy madura y hace tiempo que piensa por su cuenta.

   -Perdona, Julia. No quiero entrometerme en como manejas tu familia, pero he de decirte que a mi Pauet, que ya cumplió los quince, ni se me ha pasado por la imaginación pedirle su opinión sobre este asunto. A la gente joven hay que darles los asuntos importantes ya mascados, pues tienen la cabeza a pájaros. Y tu nieta, que aún no cumplió los trece, ni te digo…, pero repito que no pienso meterme en cómo mandas en tu casa. Respetaré lo que decidas, con o sin escuchar la opinión de tu nieta. Otra pregunta, si no te molesta: ¿De verdad necesitas tantos días para decidirte?

   -Mauro, buen amigo. Ya sabes lo que se dice: cada fruta requiere un tiempo para entrar en sazón. Y el mío es el que te he dado. Debe de ser que me estoy haciendo mayor.

   -De eso, nada. Te veo tan bien o mejor que la última vez que estuve en el Canònge. Que si no recuerdo mal hará unos tres años de eso. Ah, se me olvidaba la otra cuestión que me ha traído aquí. Me cuentan, y no paran, de lo bien que marcha el nuevo puesto de Los Masos de la Plana Alta en el mercat del dilluns. De lo que, como supondrás, me alegro infinito. Y de ahí, mi otra pregunta: ¿Has pensado si os interesaría vender en el mercat nuestros panes y cocas? Sabes que en Castellón nuestro Mas tiene un gran cartel y que hay caragoleros que se acercan aposta al Besana a comprar nuestros productos. Estoy abierto a negociar el tanto por ciento que os llevaríais. Por mi parte, creo que llegaremos a un acuerdo, no pienso discutir por un punto arriba o abajo. Lo que tú propongas.

   -Ves, Mauro, para contestar a esa oferta no necesito ni un día. Si te parece, la podemos dejar zanjada ahora mismo –Y tras un regateo, tan cortés como inmisericorde, propio de dos viejos zorros, llegan a un acuerdo y el mas de Besana venderá sus productos panaderos en el mercat del dilluns.

   El tío Mauro se despide de los Villalonga y de los demás residentes del Canònge con el mismo buen talante con el que llegó. Al menos, es lo que aparenta, aunque su embajada se haya saldado con un “lo estudiaremos” que le ha dejado un regusto agridulce.

    Tras su marcha, Julia queda pensando en la proposición que le ha hecho el Forner. Tiene mucho en qué cavilar. Antes de tomar una decisión, debe saber de que pasta está hecho el Forneret, pues no ha vuelto a verle desde que era un rapaz. Decide no aplazarlo –el hierro hay que forjarlo cuando está caliente, se dice- y esa misma tarde manda a Valerio que ensille uno de los caballos y parta a Cabanes para hablar con las primas de su yerno para enterarse qué se dice en el pueblo del Forneret, pues el chico frecuenta el pueblo; luego que vaya al Mas de Planchadell para entrevistarse con Germán el Rizos, de quien sabe que tiene frecuentes contactos con los Molins, y, finalmente, a la Vall d´Alba, que es la otra localidad que frecuentan los del Besana, y donde sabe que el Forneret tiene buenos amigos con los que se junta siempre que puede. La finalidad de los viajes del Mayoral es la misma: obtener la mayor información posible sobre la vida y andanzas del hereu del mas de Besana. El miércoles por la tarde, Valerio está de vuelta y trae un saco de noticias acerca de que pie cojea el Forneret. Las tres fuentes consultadas concuerdan que el muchacho es buena gente, pelín fanfarrón, pagado de sí, algo simple, no se le conocen grandes vicios y, según las malas lenguas, un poco blando de carácter. Estudió para bachiller en el internado que los Padres Escolapios tienen en Castellón, pero no llegó a cursar cuarto, porque según los calasancios ni valía para estudiar ni tenía excesivo interés por los libros. Y poco más. En definitiva, puede decirse de él que su historia está por escribir.

   -Por lo que han callado, más que por lo que han contado –opina Valerio-, me da la impresión de que el chico es un huevo a medio cocer y algo blando de remos, aunque no sé si se acuna en tablas -el Mayoral, como el padre de Zaca, también es dado al lenguaje de la tauromaquia.

   Julia tiene ahora los mimbres suficientes para hacerse una idea cabal del aspirante –por persona interpuesta- a la mano de su nieta. Y lo que en principio piensa es que un chico con poco carácter no es un aspirante que convenga ni a su nieta ni al Canònge. Tanto el Mas como Paquita necesitan a un hombre que los tenga bien puestos y no un alfeñique. Pero, como el posible pretendiente tampoco tiene un bagaje excesivamente negativo, opta por sondear a su nieta pero, por el momento, sin revelarle el porqué del interrogatorio.

   -Paquita, cariño, el amigo Mauro me contó el otro día lo majo que es su único nieto, el Forneret. Por un casual, ¿le conoces?

   -Sí, abuela, aunque no demasiado. El verano pasado, cuando estuve en las fiestas de la Asunción en Benlloch, me sacó a bailar un par de veces. Recuerdo que estuvo todo el rato hablando de que no iba a ir a la mili, pues su abuelo le había prometido que pagaría a otro chico de su quinta para que fuera por él.

   -¿Y es tan majo como dice el tío Mauro?

   -A mí más que majo me pareció bonachón, algo cantamañanas, un poco simplón y muy en plan hereu. Un pavo, vamos. ¿Por qué lo preguntas, abuela?

   -No es por nada, solo por curiosidad –Julia piensa que la opinión de su nieta concuerda de algún modo con la información sobre el joven Forneret que le ha proporcionado Valerio. En consecuencia, se impone lo de meter la petición de su amigo Mauro en la fresquera y dejar correr los días. Y esperar a ver.

   En un sitio tan reducido como el Mas, es casi imposible que los secretos tengan una larga vida y, pese a que la conversación entre Julia y Mauro no tuvo testigos, parte de la charla entre los dos viejos masoveros acaba filtrándose. ¿Cuál de los dos se fue de la boca? No se sabe, pero el presunto e hipotético arreglo matrimonial entre la pubilla del Canònge y el hereu del Besana se comenta en voz baja en la masía. La especie le llega a Zaca por quien menos podía suponer: por Lía.

   -¿Y por qué ha venido el abuelo del chico a pedir relaciones para su nieto y no lo ha hecho él?

   -Porque en la mayoría de ocasiones las bodas entre pubillas y hereus se realizan así: en un arreglo entre las familias y no por relación directa entre los protagonista. ¿Cómo crees que se casaron la señora Paca y el señor Manuel? Según me contó mi tío Valerio, ni se conocían. Arreglaron su casorio los padres de él y la abuela.

      Y ahí queda, de momento, el asunto del posible pretendiente de Paquita. Se supone que, dada que es una pubilla con el riñón forrado, no le faltarán pretendientes, y el Forneret puede ser el primero de una larga lista. Aunque el escribidor se planteauna pregunta inédita: “Y Sisca, ¿qué pensará al respecto? ¿Habrá madurado lo suficiente para pensar en posibles novios? ¿Su corazón todavía no se acelera cuando se le acerca un determinado muchacho?”. Una vez más, y van tropecientas mil, aparecen preguntas sin respuestas, incluso si son de casamenteros. Pero en esta ocasión, las preguntas pesan, pues de cual sea su respuesta dependerá el devenir de algunos de los protagonistas de esta historia.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 76 de la novela “El masover” titulado: A Julia no le gusta lo de Sisca

martes, 26 de mayo de 2026

“El masover”. 74. Lo que está mal está mal y no valen paños calientes

   El miércoles, 26 de julio, la plana mayor del puesto de Los Masos de la Plana Alta, se ha reunido en el cuarto de estar para evaluar las ventas del pasado lunes. La noticia más sustancial de la reunión la proporciona Julia: se le ha ocurrido una nueva idea para incrementar las ventas.

   -Me ha llegado la onda que en algunos mercadillos ambulantes utilizan un sistema de venta que se llama dos por uno o tres por dos.  

   -¿Y eso en qué consiste, madre? –pregunta Paca.

   -Pues que por el precio que pagas por la unidad de un producto, que generalmente está de oferta, te llevas otras dos unidades. O por lo que pagas por dos te llevas tres.

   -O sea, que si compras un kilo de patatas te llevas dos. Dudo mucho que eso sea rentable, Julia –objeta Valerio.

  -Realmente no se busca la rentabilidad, sino que es otra forma de atraer a más clientes. En definitiva, un cebo como lo de rebajar el aceite. Solo se suele hacer con ciertas mercancías y, algo importante: mientras duren las existencias.

   -No sé, no sé… -a Valerio sigue sin convencerle el método.

  -Yo creo lo mismo que Valerio, madre –apunta Paca-. Dudo que eso funcione.

   -A ver, Bachiller, ¿tú que opinas? –quiere saber Julia.

   Que la abuela le pregunte, ha sorprendido a Zaca, por lo que se toma su tiempo para responder. Como tampoco lo ve claro, decide ser diplomático y propone una salida que contente a todos.

   -No sabría decirle, señora Julia, pero por probar poco se puede perder.

   Como nadie más pone pegas a la propuesta de la abuela, acuerdan ponerla en práctica y el próximo dilluns probarán el nuevo cebo a ver que resultado da. Otro asunto del que se trata en la reunión lo recuerda Valerio: tendrán que hablar con los de Radio Castellón para que incluyan la nueva oferta en la programación del próximo fin de semana para que la información llegue a los potenciales compradores. Terminada la reunión, Sisca ha esperado que su madre y el mayoral se fueran del cuarto y, sin importarle que esté delante Zaca, le espeta a Julia:

   -Abuela, tengo que contarte algo que no es precisamente un plato de gusto, pero que alguien tiene que afontarlo: no sé si te has dado cuenta, pero la sinvergüenza de la Etelvina[CM1]  no para de tontear con el Anselmo. Y no sé si lo de tontear se queda corto. En cualquier caso, Pili no se merece que le hagan ese feo. Tú verás.

   -Ya me di cuenta de lo que parece que llevan entre manos esa pareja de merluzos, Paquita, pero no te preocupes, hija, eso está solucionado.

   -¿Lo has hablado con Anselmo?

   -No ha hecho falta. La Etelvina, que ciertamente es de las que resbala sin haber barro, no volverá a vender ni vendrá más veces al Canònge. Esa muchacha, además de ligera de cascos, es más corta que la noche de San Juan. En cuanto al Anselmo, en pasando unos días, le voy a poner las peras a cuarto.

   -Que descanso, abuela. Estaba preocupada, sobre todo por Pili.

   “Que tenaz es Sisca -piensa Zaca-, cuando se le mete algo entre ceja y ceja no para hasta que consigue lo que se había propuesto. Si alguna vez pone sus ojos en un chico va apañado el pobre”. El muchacho es listo y sabe mucho para su edad, pero es un pardillo en lo referente a los sentimientos. Muchos libros, mucha enciclopedia Sopena, pero de las personas de carne y hueso -¡y no digamos de las mujeres!- no sabe de la misa la mitad. Toda la vida metido entre libros y la realidad es un coto cerrado para él.

   Los últimos cinco días de julio han discurrido para Zaca en una vorágine de actividad. Los domingos ayuda a recoger, almacenar y contabilizar los productos a vender en el mercat del dilluns, tanto los del Canònge como los de los masos asociados. Además, ya supone que el lunes va a tener otra tarea: visto el excelente resultado que dio como cobrador, la abuela lo ha confirmado como tal, junto a Paca y Sisca. El resto de la semana, da escuela a los masoveritos por la mañana y a Sisca, Lía y Juanito por la tarde. No tiene ni un minuto para el ocio, pero es algo que no le molesta. Sentirse ocupado y, sobre manera, comprobar que le necesitan es un sentimiento tan fuerte, y al que no está acostumbrado, que compensa con creces todo el trabajo que debe afrontar. Apenas si tiene tiempo para ojear los muchos tebeos, cuentos y novelas que se ha traído pero, impensablemente, ello no le reporta ninguna molestia. Los escasos huecos libres que tiene los suele emplear charlando con Sisca –y a veces también con Lía-, que se ha convertido en una colaboradora indispensable en la clase de los masoveritos, en la que da nociones de costura a las dos chiquillas del grupo.

   El último día de escuela de julio, cuando el minibús deja a los alumnos a la puerta de la circunstancial aula, la masovera del Mas de Roures que, alguna que otra vez, sigue acompañando a los masoveritos -Hortensia la Beltrana es su gracia-, hace solemne entrega a Zaca de trece duros, que es la compensación prometida por los cinco días de escuela en julio. ¡Nada menos que sesenta y cinco pesetas! Con los cuatro duros que le dio la abuela el pasado lunes son ochenta y cinco pesetas, “casi para un mes de pago a sus maestros”, se dice el muchacho. Que ya no se siente tan muchacho, sino más bien un adulto joven, porque alguien capaz de ganar tanto dinero ya no es un chaval, sino una persona mayor. En toda Torreblanca no conoce ni un solo chico de su edad, y hasta de bastantes más años, capaz de ganar una cantidad así. Ni siquiera Ismael Escoí, con fama bien ganada de ser el más despabilado joven –pues tiene dieciocho años cumplidos- del pueblo y del que cuentan que hay meses que llega a ganar más de treinta duros ayudando a compradores foráneos de cerdos.  

   En la escuela, los nuevos alumnos masoveros están respondiendo positivamente a los esfuerzos de su maestro. Zaca basa su metodología docente en hacer lo contrario de lo que hacen sus maestros del pueblo, que todo lo fían a la memoria del alumno. Por el contrario, el muchacho explica, aclara, razona, pone ejemplos y hace todo lo posible para que sus alumnos comprendan lo que estudian. Lo de menos es que lo memoricen, lo que importa es que lo entiendan. A los chicos de los grupos A y B les está enseñando su método de estudio LESURE para sacarle rentabilidad al tiempo que dedican al aprendizaje. Y ambos grupos están logrando resultados realmente magníficos. El grupo C, el de los pequeñajos, al tener el triple de docentes –Zaca y los chicos de los grupos A y B- encima de ellos son los que más rápido progresan en su alfabetización. Es algo que Zaca ha podido comprobar cuando, a finales de julio, realiza una serie de pruebas evaluadoras sobre el aprendizaje de los alumnos, con unos resultados espectaculares. Así se lo confirma también el tío Germán el Rizos que un día se deja caer por la escuela.

   -Maestro, los críos están más que contentos contigo. Dicen que nunca han tenido un maestro como tú. Que se divierten un montón y encima aprenden mucho. Lástima que tengas que volverte a Torreblanca. Contigo iban a aprender más en un mes que en las escuelas a las que van en un año.

   Su nueva experiencia como docente le lleva a Zaca a formarse la idea de que la educación solo se da, de manera efectiva, cuando se produce la interacción entre alguien –un maestro- que tiene voluntad de enseñar con alguien – un discípulo- que tiene la voluntad de aprender. Todo lo demás no cuenta. Por lo que se pregunta, si sus maestros del pueblo deben tener esa voluntad de enseñar, porque realmente no le enseñan nada, se limitan a constatar que se ha aprendido de memoria la lección del manual de turno. Ese descubrimiento le deja tocado. No le enseñan nada y cobran a padre veinte duros mes tras mes. Pues vaya.

   En cuanto al mercat del dilluns, marcha tan bien que Julia se está pensando en si montar el puesto de Los Masos de la Plana Alta en otras localidades.

Una de las que tiene en el punto de mira es Burriana, población situada en la comarca de La Plana Baja y que limita con poblaciones de gran densidad de habitantes como Villarreal, Almazora, Nules y las Alquerías del Niño Perdido. Cuenta con un puerto marítimo construido para la exportación de cítricos, pues la comarca también es un importante centro naranjero y, por consiguiente, con gente de alto poder adquisitivo. La otra localidad que está estudiando es el Puerto de Sagunto, al nordeste de Valencia, donde existe la única planta siderúrgica de la costa mediterránea, propiedad de Altos Hornos de Vizcaya, y que lleva funcionando desde comienzos del siglo XX, abasteciéndose del hierro de las minas turolenses de Ojos Negros, y que llega al Puerto a través de un ferrocarril de vía estrecha, algo más consistente que la Panderola. En ocasiones, los altos hornos también emplean mineral de hierro procedente de las marroquíes minas del Rif. Asimismo es un importante núcleo naranjero. Puesto que la localidad cuenta con una numerosa población de obreros industriales, se supone que su poder adquisitivo es alto.

   El cebo del sistema de ventas de dos por uno ha funcionado hasta cierto punto. El principal problema que han tenido que superar es que las cosechas veraniegas en La Plana Alta se centran en la fruta y ésta, dados los hábitos gastronómicos de la sociedad española, no forma parte esencial de los menús de la mayoría de las familias, por lo que pagar por medio kilo de manzanas, peras o albaricoques para llevarse un kilo, no es algo que tiente a demasiados compradores. A todos los ardides puestos en marcha para atraer a más clientes, han añadido una nueva muestra de regalo: son las hierbas aromáticas que, en el origen de la idea del nuevo puesto, Zaca sugirió a la abuela, Pero con un matiz importante: no las venden, las regalan a aquellos compradores que realizan compras voluminosas o que son clientes de los de siempre. Las dos hierbas que más valoradas están son el perejil y el orégano.

   Zaca los lunes se va con los vendedores del puesto a Castellón, donde su principal tarea es la de cobrar y echar una mano a Paca y a Sisca cuando se ven desbordadas por la clientela. Sigue siendo el que más recauda de los tres. Quizá por eso, Julia le ha subido la gratificación, y ahora le da cinco duros por día de mercado. El muchacho continúa pensando que ganar veinticinco pesetas por una mañana de trabajo, posiblemente no le ocurre a nadie en Torreblanca. Es un afortunado. Lástima que el treinta y uno de agosto se le acabará el momio.

   En sus escasos momentos de ocio, el mayor de los Clavijo suele dedicar su tiempo libre a charlar con Sisca y Lía. Cada día que pasa está más a gusto con las muchachas y sus conversaciones a veces toman giros insospechados. Hoy, aprovechando que no está Lía, Sisca y Zaca recuerdan el affaire que el Anselmo tuvo con la Etelvina, que hace semanas dejó de ir al Mas.

   -¿Tú crees que Pili llegó a enterarse de lo que había entre los dos? -pregunta Zaca, que sigue sin haber contado a nadie la escena que presenció junto  al molino de viento entre la Etelvina y el Anselmo.

   -Pili es lista, Supongo que debió enterarse porque esos días tenía muy mala cara. Y con razón. No es de hombres que se visten por los pies engañar a la mujer con la primera que le pone ojitos tiernos –responde, tajantemente, Sisca.

   -Bueno, pues tú no sabes lo peor –Y Zaca cuenta a su amiga la escena del molino de viento con Etelvina y Anselmo apareándose como chuchos en celo.

   -¡Qué asco! ¿Y por qué no me lo contaste antes?

   -Te lo cuento ahora. Que más da.

   -No hiciste bien, si me lo hubieses dicho antes podría habérselo contado mucho antes a la abuela. Desde luego, algunos hombres son unos cerdos. No creí que el Anselmo pudiera caer tan bajo. Liarse con una calentorra como la Etelvina.

   -No seas tan dura, Sisca. Todo el mundo dice que la carne es débil, hasta se lo oí decir al vicario de Torreblanca que es un santo.

   -Ni débil, ni niño muerto, ni siquiera santo. Lo que está mal, está mal y no valen paños calientes.

  “¡Joder!”, exclama, mentalmente, Zaca. “Pues no es intransigente ni nada la pubilla. ¡Cómo para engañarla!”. El muchacho no es tan tajante con el comportamiento de la pareja como lo es la pubilla. Piensa que las emociones y las pasiones pueden hacerte perder la cabeza y que, en definitiva, los sentimientos son los que son y no siempre puedes controlarlos. A raíz de lo cual le viene a la mente una cita de Pascal que le encanta: “El corazón tiene razones que la razón no comprende”. Claro que, ¿acaso el lío entre la Etelvina y el Anselmo respondÍa a impulsos del corazón o del sexo? Importante dilema que le gustaría saber desentrañar.

   El 28, sábado, el Mas recibe una visita que, al parecer, se esperaba: Jaume el Fideuer. Su apodo responde a su actividad profesional: es quien viaja por los masos dedicándose a la elaboración de fideos. Sisca cuenta a Zaca cómo funciona el Fideuer. Los masoveros le proporcionan la harina, él la amasa y la prepara para meter bolas de pasta en una máquina manual de hacer fideos. Los hace de diferentes tamaños, pero siempre con la misma forma, redondos. Luego, los deja colgados de unas cañas al aire libre para que se vayan secando. Y por dicha tarea, que suele durar casi toda una jornada, recibe la retribución previamente pactada con los masoveros, que en algunas ocasiones en vez de pagarle con dinero lo hacen con el producto. En cuanto termina, el Fideuer recoge los bártulos, los carga en el borriquillo que le acompaña en sus viajes y marcha en busca de otra masía que haya requerido sus servicios. Zaca, curioso como acostumbra, pregunta a Jaume sobre su trabajo que, por otra parte, ya conocía, pues en su casa también iba un confeccionador de fideos una vez al año.

   -¿Y tienes trabajo todo el año o solo en verano?

   -Cuando más trabajo es algo después de la siega que es cuando los masos tienen más harina. Y también en el otoño, antes de que comiencen los fríos.

   -¿Y por qué solo haces fideos, aunque de diferentes grosores?, ¿por qué no haces algunos tipos italianos de pasta?

   -Pues porque no tienen salida. Al principio, cuando comencé a trabajar de fideuer, intenté vender en los masos el concepto de la pasta italiana elaborando fusilli, farfale, rigatoni, spaghetti, tagliatelle y demás. Fue un fracaso, solo salieron adelante los macarrones, quizá porque los consideraban unos fideos gordos. Y es lo que hago: fideos y macarrones.

   -Lo que he observado es que haces mucha cantidad.

   -Es natural. Hago para muchos meses, pues a la mayoría de masos solo voy una vez al año. Únicamente en los más grandes, como el Canònge, acudo dos veces.

  ­-¿Y dónde guardan los ftdeos?

   -Los meten  en tarros de cerámica o de cristal, los guardan en un lugar seco de la despensa y van sacando raciones a medida que los necesitan para espesar las ollas, los cocidos y las sopas.

   -¿Y a veces no comen pasta como plato único?

   -No, que yo sepa. Como te he dicho, la suelen comer acompañando a otros platos.

   -Que fideos tan finos estás haciendo ahora.

   -Sí, son los más finos que puede hacer la máquina. Los llamo cabello de ángel y los suelen comer casi siempre haciendo más densa cualquier clase de sopa. Señora Concha, estoy terminando, ¿dónde cuelgo la última tanda?

   “Curioso oficio el del fideuer, pero supongo que necesario, como el de los que hacen la matanza del cerdo” –piensa Zaca, recordando al tío Javier Segura que ayudaba a sus padres a sacrificar el gorrino que engordaban en los buenos tiempos. Lo que le hace preguntarse: “¿Cuándo llegue San Martín, aquí también contratarán a un matarife o lo harán ellos mismos?”.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 75 de la novela “El masover” titulado: Casamenteros

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