martes, 14 de julio de 2026

“El masover”. 81. Adelante, pues

    Zaca, dado que la decisión de quedarse en el Mas o volver al pueblo ha de ser suya, piensa que lo más sensato es evaluarla sin prisas y para ello es mejor estar solo, sin recibir presiones externas. Se refugia en su habitación y comienza una larga y tortuosa reflexión. Se le amontonan los pros y contras que parecen tener ambas posibilidades, su búsqueda la hace de forma caótica a medida que va cavilando. Llega un momento en que su natural reflexivo y ordenado le lleva a sistematizar su meditación, y decide hacer una lista. Abre una página en blanco de la libreta en que anota sus pensamientos y traza una línea vertical que divide la plana en dos columnas: en la de la izquierda escribe A favor de quedarse. En la derecha A favor de irse. Y comienza a escribir…

   En A favor de quedarse el primer punto es… SISCA y lo escribe con mayúsculas para realzarlo. Solo escribe el nombre, no necesita más, sería una redundancia innecesaria describir los motivos de que la pubilla sea la primera baza para quedarse en el Mas. El segundo es el dinero que va a ganar si se queda, siempre una cuestión importante sobre todo para los que no lo tienen como es el caso de su familia. El tercero es una consecuencia del segundo: con lo que puede ganar sus padres estarán en condiciones de comprar una casa propia y ellos y sus hermanos podrán vivir dignamente cuando padre se jubile. El cuarto es el cariño que ha cogido a los moradores del Canònge, en el que incluye el que tiene a sus alumnos masoveritos. En el quinto valora las vivencias que está experimentando y que no tendría en el pueblo: los lunes del mercat y el trajín de Los Masos de La Plana Alta. El sexto y último, por ahora, la vida serena, tranquila y placentera que le proporciona el modus vivendi masovero. Y ahí se queda.

   En A favor de irse el primer punto es su familia: el amor de su madre, los consejos de padre, la devoción que le tiene Pedrito, verá cómo crece Chimet, hasta echa de menos sus peleas con Charito. En el segundo anota los amigos: volverá a mantener las interminables charlas con Pifa, se burlará de las boutades de Queralt, se reirá con los chascarrillos de Pitarch. El tercero es el cine: recobrará su pasión cinéfila. Para el cuarto piensa en sus maestros, pero acaba tachándolo, la verdad es que casi los ha olvidado; aunque paradójicamente le gustaría volver a ir al Grupo escolar. El punto anterior le lleva a recordar sus paradas en la terraza del Pincho y lo mucho que aprendía de los contertulios; por lo que en el cuarto pone el Pincho. En el quinto va a escribir las amigas, pero recapacita: ninguna de las chiquillas que son sus amigas oficiales le suscita una gran simpatía, y el punto, de momento, se queda en blanco.

   Antes de comparar ambos inventarios ya sabe el resultado: el peso de la lista de A favor de quedarse

es infinitamente superior al de A favor de irse. Si eso se lo cuentan cuando a fines de junio se decía que dos meses en una masía pasan pronto, en relación a su estancia en el Mas en julio y agosto, lo hubiese tomado por una broma de mal gusto.

   Tomada la trascendental opción de quedarse, Zaca solo tiene un pensamiento en mente: contárselo a Sisca. Vuelve a la escuela y en el corto trayecto se cruza con la Beltrana que le pregunta:

   -¿Te has decidido?

   -Ahora vuelvo y se lo cuento.

   En el aula, Sisca está con las dos masoveretas enseñándoles a zurcir.

   -¡Sisca. Me quedo!

   -¿De verdad?

   - De verdad de la buena.

   La muchacha se arranca y se abraza a Zaca con todas sus fuerzas y, lo más inesperado: le planta un casto y apasionado beso en la boca. Cuando el muchacho quiere devolvérselo, Sisca ya se ha apartado y está gritando:

   -¡Se queda, se queda, se queda! ¡Dios mío que alegrón! Cuéntame cómo ha sido.

   -Luego te lo cuento. Antes he de decírselo a la abuela y a los masoveros.

   La noticia ha llegado antes al cuarto de estar, el señor Zacarías la ha previsto y se la ha contado a los allí reunidos. Cuando llega Zaca, le dan un corto y sonoro aplauso y la abuela, en su nombre y en el de los presentes, le felicita.

   -Bachiller, en nombre de todos, gracias por haber aceptado la oferta. Creo, y es una opinión personal, que has elegido la mejor opción. Tu padre nos ha contado que, además de tus otras obligaciones, piensas seguir con el bachillerato. Considero que es una sabia decisión y desde ya te anuncio que contarás con toda nuestra ayuda para que puedas aprobar el cuarto curso. Amigos -agrega dirigiéndose a los masoveros-, estáis invitados a comer. Le diré a Concha que mate unos pollos y que haga una paella que os vais a chupar los dedos. Hay que celebrar la decisión del Bachiller que nos hace felices a todos. Quedaos aquí y os traerán algo para ir haciendo boca. Ah, y un clarete del Mas del Carreró que entra sin pedir permiso. Voy a acercarme a la cocina.

   Zaca, que lleva media mañana pensando a cien por hora, cuenta a los masoveros algo que le ha aconsejado padre.

   -Aunque no lo he contado antes porque mi padre me lo ha sugerido después, quiero que les quede claro que mi compromiso de quedarme es hasta el verano del año que viene. Después, en función de cómo me hayan ido los exámenes de cuarto decidiré, junto con mi familia, si me quedo para el siguiente curso o no. Deben entender que me estoy jugando mi futuro.

   -No te amohínes, chaval. De aquí al siguiente verano pueden pasar un millón de cosas y nadie tiene la vida asegurada –sentencia el Largo.

   -Hablando de cosas prácticas –mete baza el Rizos-. Necesitaremos que antes de comenzar, un día o quizá dos, no des escuela. Queremos volver a encalar la sala y hemos de traer más pupitres y otro armario. Ah, Demetrio, tenemos que hablar con los de la Hispano de Fuente En Segures para contratar un autobús más grande.

   -Habrá que ir a Benassal. Por cierto, maestro –recuerda el Largo-, repito lo que te dije en julio. Con los críos mano dura, que les quede claro desde el primer día que el que manda eres tú. Y si alguno se pone chulito, nos lo dices y un guantazo a tiempo es mano de santo, se quedan más suaves que la seda –El Largo repite lo que ya dijo en julio.

   -No tenga cuidado, Demetrio. Los guantazos sobran. Los chicos son muy obedientes y no he tenido ningún problema disciplinario. Me perdonarán, pero tengo que volver a la escuela.

   Al llegar, los alumnos, a quienes Sisca ha contado que Zaca les seguirá dando escuela el nuevo curso, le reciben aporreando los pupitres y se escuchan algunos gritos de bravo y viva el maestro. Cuando se calman, Antoniet Prades, el mayor de todos, se levanta.

   -Señor maestro, quiero decirte que, aunque yo no volveré porque he cumplido los quince y he de ponerme a trabajar, estoy muy contento, y todos lo están, porque sigas dando escuela. Eres el mejor maestro que he tenido, que hemos tenido. Y eso es todo lo que quería decir.

   Un aplauso cierra la intervención del decano del grupo. Una de las dos niñas de la clase levanta la mano.

   -Dime, Fernandina.

   -Quiero preguntar si Paquita nos seguirá enseñando costura.

   -Claro que sí, Fernandina. Si el señor maestro no se opone –responde Sisca. Zaca le gasta una broma a su amiga del alma.

   -Todas las alumnas que quieran que Paquita siga con las clases de costura que levanten la mano -Dos bracitos se alzan. No hay más niñas en el aula.

   -Aprobado por unanimidad. Paqui seguirá con nosotros.

   -Señor maestro. ¿Qué quiere decir esa palabra: unani… no sé que?

   No todos están felices por la decisión tomada por Zaca, hay al menos dos excepciones: una es madre, que reprocha a su marido y a su hijo que hayan tomado la resolución de que el chico se quede sin haberlo hablado antes con ella.

   -Madre, perdóneme, pero había que decidirse sobre la marcha. Aunque lo cierto es que no se me ha ocurrido hablarlo con usted, como estaba padre…  

   -Claro, yo siempre soy la última mona en enterarme de los asuntos familiares. Pero cuando las cosas salen torcidas ¿a quién acudís para que os consuele?

   -Rosario, no le riñas, el chaval no tiene la culpa. Estaba muy presionado y he creído que mi opinión contaría con tu apoyo. No ha sido nuestra intención hacerte de menos.

   El otro miembro de los Clavijo que está que echa las muelas porque su Tete va a quedarse en el Mas es Pedrito.

   -Pues por mí que no se quede. Tete, te vas a aburrir más que un mejillón. Estarás sin amigos y creo que aquí no hay cine.

   -Pedri, espero que cuando vaya a visitaros, algo que de vez en cuando pienso hacer, me cuentes todas las pelis que hayas visto y así, aunque sea de forma oral, será como si las hubiese visto.

   -No pienso contarte ninguna.

   En un aparte, Pedrito explica a su hermano mayor la verdadera razón del por qué está tan rabioso por que se quede.

   -… y ahora, Charito será la mayor. ¿Cómo les voy a contar a mis amigos que tengo de Tete a una chica?    

   La abuela tiene interés en hablar con el señor Zacarías de un asunto profesional antes de que se vayan.

   -Verá, señor Zacarías. Primero llegó la electricidad a los pueblos. Y ahora hay algunos masos, los más cercanos a las poblaciones, a los que está llegando. Hace unos meses estuve un día en el Mas de Roures de la Vall d´Alba y me impresionó lo que ha ganado con la luz eléctrica. Estoy dándole vueltas sobre traer la electricidad al Canònge. Usted, que es llumero, ¿cuánto estima que me podría costar traer la luz?

   -Dependerá de lo lejos que esté la conexión con una línea de media tensión, que es una red que transporta electricidad a un voltaje entre 1.000 y 35.000 voltios. No conozco las redes que hay en esta zona, pero supongo que… ¿Cuál es el pueblo más cercano al Mas?

   -Benlloch.

   -Imagino que será Benlloch donde se podrá hacer la conexión. Pero de todos modos, voy a enterarme y ya le contaré.

   -¿Usted me recomienda que pongamos la luz?

   -Señora Julia. Tener electricidad será como pasar de la noche al día. Y para un mas como el Canònge el beneficio de tener electricidad será doble o es posible que triple. Me explico. Ustedes necesitan bombear el agua, tanto para el consumo casero como para las huertas, tienen una pequeña almazara y un molino de trigo. Todo eso puede funcionar con motores eléctricos que son menos contaminantes, más seguros y económicos que los de gasolina o de fuel. Aparte de que no necesitarán más candiles, velas, petromax y demás artilugios para tener luz. Solo tendrán que dar un cuarto de vuelta a un interruptor, se encenderán las bombillas y habrá luz. Es como vivir en otro mundo. Y no se preocupe por lo que pueda costarles la instalación. El dinero invertido lo recuperarán en poco tiempo y el salto en su calidad de vida será espectacular.

   -¿Usted cree?

   -Totalmente. Se lo digo, no como llumero sino como el buen amigo que soy. En cuanto llegue a Torreblanca me informaré y le escribiré aconsejándole los pasos que deben dar. Y si quiere, le pondré en contacto con un instalador electricista conocido de Castellón para que le haga un presupuesto de lo que les puede  costar electrificar el Mas. E insisto, si pueden y, según me ha contado el chico, sé que tienen poderío para eso y para mucho más, no lo duden: instalen la electricidad y les cambiará la vida. Para bien.

   Rosario acuerda con Paca que el próximo lunes irá a Castellón y les hará llegar los libros de cuarto curso de su hijo, así como la ropa de invierno y cuanto necesita para pasar los siguientes meses en el Mas. Antes de la partida, la abuela propone a los Clavijo que en lugar de volver a Torreblanca, vía Benlloch- Castellón, para lo que han de coger hasta tres transportes distintos, Valerio los puede llevar directamente al pueblo con las mulas. Irán por los atajos que cruzan Villanueva de Alcolea y allí cogerán la carretera comarcal que lleva hasta Torreblanca. Si salen a primera hora, para comer pueden estar en el pueblo y al mayoral le dará tiempo a volver al Canònge antes de que cierre la noche. Y se ahorrarán dar un rodeo tan grande. Charo y Pedrito que nunca han hecho un viaje así piden a padre que acepte la invitación de la abuela.

   -Ande, padre, dígale que sí. Tiene que ser un viaje de lo más chuli.

  -Pero, ¿cómo va a tener Valerio tantos mulos para llevar a cinco personas?

   -El Tete, me ha contado que los mulos no son del señor Valerio, que son del Mas. Y que tienen muchos y, además, que son muy mansos –aclara Pedrito.

   -¿Y a los Villalonga eso les parecerá bien?

   -El Tete dice que quien manda en el Mas es la abuela Julia, que el señor Manuel y la señora Paca no pintan nada –apunta Charito.

   -Niña, ten cuidado con lo que dices. Que no te oigan los Villalonga que se pueden molestar.

   -Solo repito lo que el Tete me ha dicho. Y si él lo dice por algo será.

   Padre acaba por aceptar la oferta de la abuela y acuerdan que adelantarán un día el viaje de vuelta y que se marcharán el jueves, 31. En la cena de la última noche, la señora Concha echa los restos. Prepara un menú que más se parece a los fastuosos banquetes de un palacio real que a los humildes ágapes de una masía de La Plana Alta.

   El 31, con el sol asomándose por las crestas de las lomas que bordean el levante de la masía, Valerio tiene cinco mulas debidamente enjaezadas esperando a los Clavijo en la puerta del Mas. Sienta a la señora Rosario, que llevará con ella a Chimet, en la acémila que parece más mansa. Al señor Zacarías, con el que irá Pedrito, le hace montar un mulo equino, el más grande de los cinco animales. A Charito la instala en una mula burdégana, la más chica de todas. En las otras dos mulas va la impedimenta de los Clavijo y el mar de regalos -la mayoría en forma de los frutos que crecen en la masía- que los Villalonga les han hecho y que, por mucho que se negaron a recibirlos, han tenido que aceptarlos ante la insistencia de los anfitriones. Y, bien guardados en la cartera, el llumero lleva los primeros cien duros que su hijo aporta a la cuenta familiar para comprar, cuando tengan ahorrado lo suficiente, la ansiada casa en propiedad.

   Los Clavijo se van y su primogénito se queda. Una expectante, aunque incierta, etapa de su vida comienza para Zaca. ¿Con renglones rectos o torcidos? Chi lo sa. El futuro está por escribir y los vericuetos por los que el chico vaya a caminar son imprevisibles. Pero Zaca piensa que, como dice el proverbio popular: el que no se moja no pasa el río.

Si hay que mojarse, se mojará. Adelante, pues, y en definitiva que sea lo que tenga que ser.

  

PD. El próximo martes publicaré el episodio 82 de la novela “El masover” titulado: El postre del músico

martes, 7 de julio de 2026

El masover”. 80. Giro copernicano

   El miércoles, 30 de agosto se presentan en el Canònge Germán el Rizos, del Mas de Planchadell, y Demetrio el Largo, del Mas de Roures, los dos padres que negociaron con Zaca la apertura de la escuelita dels masoverets. Les acompaña Hortensia la Beltrana, que en las últimas semanas se ha encargado de la relación de los masoveros con Zaca. Quieren hablar con la abuela Julia. Los cuatro se encierran en el cuarto de estar y el conciliábulo dura algo más de hora y media. Zaca y Sisca, enterados de la visita, especulan sobre lo que puedan querer los masoveros.

    -Debe ser algo referente a lo de Los Masos de la Plana Alta, porque tanto el Planchadell como el Roures son dos de los masos asociados que más aportan al negocio de l mercat –especula Sisca.

   En esas que llega Pili adonde los adolescentes con el recado que la abuela quiere hablar enseguida con el Bachiller. Cuando Zaca llega al cuarto de estar su primera impresión es que los reunidos están expectantes, pues le miran con una mezcla de sensaciones encontradas, pero lo que más le sorprende es que padre también está allí. “¿Qué hace padre aquí?”-se pregunta el muchacho-. Que se reúna con Julia es normal, ¿pero con los masoveros? ¿Qué tripa se les debe de haber roto”. La abuela es quien toma la palabra.

   -Siéntate, Bachiller, que tenemos para rato –le avisa Julia, y sin más entra en faena-. Aquí, nuestros amigos, a quienes ya conoces, quieren proponerte algo. Escúchales con atención, como ha hecho tu padre –y, dirigiéndose a los masoveros les pregunta-: ¿Quién se lo va a contar?

    Germán el Rizos es quien toma la palabra. Y, como es proverbial entre los masoveros, antes de entrar en faena da más bandazos que un Fórmula uno sin frenos.

   -Lo primero, maestro, es volver a recordarte lo muy contentos que estamos los padres de los críos a los que das escuela por lo mucho que han aprendido en el mes y poco más que han estado contigo. Eso es lo que nos ha llevado a plantearnos la petición que te vamos a hacer y que te pedimos que la escuches de buenas porque está hecha con nuestra mejor voluntad ya que para nosotros es importante.

   -Germán –le interrumpe la Beltrana-, antes de que le cuentes lo que queremos, déjame añadir un ejemplo para que comprenda nuestras razones: mi hija Fernandina, que con seis años no sabía ni palote, ha aprendido el alfabeto y ya lee silabeando. Y hace unos pespuntes que ni su abuela los mejora. Y, como bien has dicho, lo ha aprendido en poco más de un mes. Si eso no es ser un muy buen maestro que venga Dios y lo vea. De ahí nuestra petición.

   -Que estamos muy contentos con tu desempeño, ea –reitera el Rizos-. Por eso, que te vayas, algo que ya sabíamos, nos ha llevado a pedirte una cosa que solo tú puedes dar.

   -Antes de que Germán siga –ahora es Demetrio el Largo quien corta al Rizos-, tenemos que aclararte que la petición que te vamos a hacer la hemos hablado con tu padre. Y nos ha dicho que la respuesta a nuestra solicitud solo puede ser tuya y nada más que tuya. ¿No es así, señor Zacarías? –El llumero asiente.

   A todo esto, Zaca está hecho un verdadero lío porque no tiene ni repajolera idea de qué es lo que quieren los masoveros y que, según acaba de decir Demetrio, padre dice que se hará lo que su hijo diga.

   -A lo que iba –el Rizos retoma la palabra-. Lo hemos hablado los padres de los chavales y estamos de acuerdo. Solo tienes trece años, aún no eres bachiller y no tienes el título de maestro, pero estamos convencidos de que no vamos a encontrar otro maestro como tú. Por eso nos hemos acordado de lo que dice el dicho: lo que funciona lo mejor es no tocarlo.

   Zaca siente que le va a dar un ataque de nervios si de una puñetera vez no le cuentan que es lo que pretenden de él. Y, visto que los masoveros no se arrancan, decide apremiarles.

   -Perdone, señor Germán, pero todavía no me han contado qué es lo que quieren de mí.

   -Al grano, Germán –insta Julia-. No des más rodeos -Y el Rizos toma carrerilla y suelta la bomba.

   -Lo que te pedimos es que no te vuelvas a tu pueblo, que te  quedes, y que sigas dando escuela a los críos por las mañanas, que sabemos que tienes libre. Varios padres lo tenemos hablado y lo hemos hecho con otros padres de masos más o menos cercanos. Y lo hablado es que queremos que sigas dando escuela todo el año, aquí en el Canònge. Para ello, hemos llegado a un acuerdo con la abuela Julia. Nos seguirá dejando el cuarto de la almazara como escuela. Solo ha puesto dos condiciones, que hemos aceptado de mil amores: que sigas enseñando a su nieta y a los críos del Anselmo y que els dilluns del mercat no darás escuela –Y dirigiéndose a Julia pregunta-: Señora Julia, ¿le cuenta ahora su parte o sigo?

   -Sigue, sigue. Luego hablo yo.

   -De momento, contamos con diecinueve críos seguros como alumnos. Y hay varios padres que se lo están pensando. Yo calculo que podemos arrejuntar, como poco, de veinte a veintitantos chavales. Te preguntarás: ¿Si accedes, qué ganarás? Te seguiríamos pagando al mes cinco duros por crío y las parejas de hermanos continuarían pagando cuatro cada uno. Te podrías sacar entre cien y ciento veinte duros al mes, lo que es mucho dinero, sobre todo para un chaval de trece años. Y hasta hemos pensado que, para cuando llegue el mal tiempo, pondríamos una estufa en la escuela, y todos los días cada chaval traería un tronquito para alimentarla y así no pasaríais frío. Hay una nueva condición: como algunos críos vendrán de masos bastante alejados, tendrías que comenzar la escuela algo más tarde para que no tengan que madrugar tanto. Digamos que entre nueve y media y diez. Podrías recuperar el tiempo alargando la sesión de la mañana aunque tuviesen menos tiempo para comer. A tu voluntad. Y eso es lo que te pedimos, que te quedes.

   -Y más que un trato –agrega la Beltrana-, es un favor lo que te pedimos. Por lo que llevamos visto, los críos aprenderán contigo lo que no está en los escritos. Somos conscientes de que te ofrecemos poco para lo mucho que pedimos. Sabes que los masoveros no nadamos en la abundancia, pero llegamos hasta donde podemos. Y contarás con nuestra buena voluntad y nuestro agradecimiento. Y si Germán o Demetrio no tienen más que decir, creo, señora Julia, que ha llegado su turno porque su ofrecimiento complementa el nuestro y es de justicia que el maestro lo sepa para que se haga su composición de lugar.

   -Me parece bien –acepta Julia-. Bachiller, has de saber que en el caso de que te quedes, después de que te lo pienses y lo hables con tus padres, por nuestra parte, me refiero al Canònge, se te trataría como hasta ahora. Más como alguien de la familia que como alguien que está de paso. Y debes saber, que creo que lo sabes, que todos nos llevaríamos un alegrón si aceptaras la oferta de nuestros amigos. Y no te cuento como se pondría Paqui, loca de contento. Y que además seguiría ayudándote, dando clase de costura a las chavalas de la escuela. Y yendo al asunto de lo que ganarías en el conjunto de tu trabajo en el Mas. En vez de los treinta duros al mes que te damos ahora por llevar la contabilidad de Los Masos de la Plana Alta y estar en el mercat del dilluns, te pagaríamos cuarenta. Cifra que, sumada a los cien o ciento veinte machacantes que sacarás de la escuela, alcanza la cantidad de ciento cuarenta o ciento sesenta duros. Y eso, para cualquier trabajador cualificado sería un sueldazo. ¡Y no digamos para un muchacho de tu edad! Y te lo digo de corazón, más que de los dineros, que también, lo importante para nosotros, y hablo por todos los que vivimos en el Mas, sería tu presencia aquí. Te has hecho de querer y te estimamos como si fueras uno más de la familia. Y como creo que te hemos dicho lo que teníamos que contarte, es hora de que lo hables con tu padre y decidáis lo que sea. Pero, insisto, si decides quedarte nos darás, a ellos –señalando a los masoveros- y a nosotros una gran  alegría. Señor Zacarías, como lo expuesto supongo que querrá hablarlo con su hijo sin testigos que los molesten, los demás nos retiramos y les dejamos el cuarto para que hablen lo que tengan que hablar, que hablando se entiende la gente.

   Dicho lo cual, los masoveros y la abuela se retiran dejando solos a los Clavijo. Zaca se siente por momentos como si le hubieran metido en una olla a presión en la que el agua hierve a todo trapo. Es un mar de sensaciones las que siente. Está confuso, alegre, preocupado, asombrado, perplejo y hecho un lío. De pronto, sin saber muy bien por qué, se acuerda de la expresión giro copernicano, que encontró hace tiempo en el Sopena, y que es un cambio radical de perspectiva, ya sea en el pensamiento o en la vida, metafóricamente comparado con la revolución científica de Copérnico. Y vislumbra que es la situación en la que el destino acaba de meterle: la decisión que tome, sea la que fuere, supondrá un giro de ciento ochenta grados en su desempeño actual, en su futuro, en su vida. Aunque queda una persona que puede ser determinante y que, hasta el momento, no ha dicho ni palabra: su padre y, de rechazo, su familia. Pero es que el señor Zacarías está tan confuso, preocupado y hecho un caos como si hijo. Se debate entre dos alternativas. Por un lado, sigue creyendo que el futuro de su primogénito es el que tenían planificado: acabar el bachillerato elemental, luego cursar magisterio y después opositar al Cuerpo de Maestros. Ese es el camino seguro. Por otro, que su hijo pueda ganar ciento cuarenta o ciento sesenta duros al mes, supone que solo en un año ahorrarían lo suficiente para comprar una casa a la que llamar suya y en la que podrían asentar sus reales cuando se jubile. Que eso ocurra solo será posible si el chico dice sí a la oferta que acaban de hacerle. Dado que padre parece ensimismado en sus pensamientos, el chico le interpela:

   -Padre, ¿qué hacemos?

   El señor Zacarías sale de sus cavilaciones y mira a su hijo. A fuer de leal con el chico, tendrá que decirle la verdad sobre qué piensa del asunto y de sus derivadas. Y le cuenta el problema que tiene la familia de no tener casa propia. ¿Qué harán cuando se jubile? Porque piensa que tendrán que abandonar la Fábrica para que pueda ocuparla el encargado de la LUTE que le suceda. Entonces, como no tienen casa propia, ¿dónde vivirán? Tendrán que alquilar un piso, pero con lo que le quedará de jubilación, ¿qué clase de piso podrán alquilar? Y que, a corto y medio plazo, el único modo que considera factible para ahorrar el dinero necesario para comprar una vivienda es que acepte la oferta que acaban de hacerle. El gran pero es ¿y qué pasa con sus estudios? ¿Dejar de estudiar? ¿Echar por la borda el esfuerzo hecho por él y el resto de la familia en los tres últimos años? ¿Abandonar un proyecto en el que tanta ilusión han puesto, no solo los Clavijo, también el resto de la familia? Lo confiesa: está hecho un lío. Por primera vez se ve incapaz de aconsejar a su hijo. Porque elija la alternativa que tome, las consecuencias pueden ser determinantes para el resto de su vida. Y así lo resume:

   -Hijo, sé que un padre debe, entre otras cuestiones, aconsejar a sus hijos cuando llegan a una encrucijada tan difícil como en la que ahora estás. Pero no puedo mentirte, he de decirte la verdad por mucho que me duela: no sé que aconsejarte. Y me parte el corazón no saberlo pero, como te he explicado, ambas alternativas tienen tanto de positivo como de negativo. Y no sé si una de las dos es mucho mejor que la otra. Si lo supiera, te lo diría, pero no es el caso. Por lo que me veo obligado a hacer algo que un buen padre nunca debería hacer: dejar que seas tú, a tus trece años, quien decida que opción escoger. Piénsatelo bien. Y te adelanto que escojas marcharte o quedarte respaldaré tu decisión. Quizá tú tengas razones, que yo desconozco, que te lleven a elegir una de las opciones por considerarla más positiva para tu futuro. Es cuanto puedo decirte.

   Zaca, tras escuchar a padre, se siente aliviado, pues aunque sigue teniendo dudas sobre si marcharse o quedarse, un poderoso sentimiento se va abriendo paso en su mente: si se queda, dineros aparte, que también, supondrá que no perderá la compañía de Sisca y descubre que eso es algo mucho más importante para él que todas las demás razones. Aunque sigue habiendo un potente pero: le disgusta la posibilidad de dejar los estudios. Sigue siendo un chico pegado a los libros, abandonarlos será como convertirse en otra persona. Y ello no le gusta, es feliz siendo el que es. Aunque una idea va abriéndose paso en su mente: “¿Y por qué no quedarse y seguir estudiando por libre el cuarto curso? Si lo hace en Torreblanca, ¿qué le impide no hacerlo también en el Canònge? No tendrá a los maestros del pueblo, pero para que le escuchen cantar las lecciones no los necesita”. Y le cuenta a padre lo que acaba de pensar sobre cómo conjugar quedarse en el Canònge y seguir estudiando. El señor Zacarías suspira aliviado: su hijo acaba de encontrar un portillo por el que colarse para sortear el dilema en el que el destino lo ha metido.

   -Hijo, si tú no dudas de que puedes hacerlo, no seré yo quien ponga impedimentos. Y puestos en esa coyuntura, pienso que, si te quedas, todavía ahorraremos más, puesto que nos libraremos de pagar a los maestros los veinte duros que les damos todos los meses.  Albarda sobre albarda.

   -¿Qué dirá madre? –pregunta el chico.

   -Por tu madre no te preocupes. Déjalo de mi cuenta.

   -¿Y qué pasará con las cartas que escribo, con la venta de los conejos y con todas las demás tareas que hago? –el chaval hace de su propio abogado del diablo.

   -Olvídate de ello. En solo un mes ganarás más que en todo el año haciendo de escrivent y de coniller. Y de las otras tareas ya nos apañaremos. Conque tú decides si te vienes o te quedas.

   El giro copernicano que ha recordado el muchacho vuelve a hacerse realidad. ¿Lo tomará Zaca o cogerá el camino cómodo de llevar a cabo el plan que su tío Paco Roca le trazó a los diez años? La respuesta, sea la que fuere, supondrá un cambio trascendental en la vida del jovencito y, en mayor o menor medida, también influirá en las personas de su entorno más cercano. Amén de que incidirá asimismo en el devenir de esta historia. Lector, ¿tú qué alternativa elegirías? Danos tu opinión. La tendremos en cuenta.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 81 de la novela “El masover” titulado: Adelante, pues.

martes, 30 de junio de 2026

El masover”. 79. Vísperas que Zaca se vaya del Canònge


   El calendario marca el 24 de agosto, festividad de San Bartolomé, patrono de Torreblanca, y en el pueblo comienza el evento más anhelado por la juventud torreblanquina: las fiestas patronales. A Zaca no se le ha olvidado la fecha ni lo que supone, pero como, dado su carácter, no fue excesivamente festero, no lo echa de menos. Para el señor Zacarías el veinticuatro de agosto sí es importante porque, como suele hacer, es cuando se coge la única semana de vacaciones que la familia suele pasar en la playa, pero este año cambian el mar por la montaña. Las pasarán en el Mas del Canònge, donde han sido invitados por los Villalonga. Los Clavijo viajan hasta Castellón en el autobús de línea de la compañía Mediterráneo, en la ciudad cogen el bus de la Hispano de Fuente En Segures hasta Benlloch. Allí les espera Valerio que con sus mulas les lleva hasta el Canònge.

   Zaca recibe emocionado a su familia, emocionado y orgulloso de lo mucho y bueno que les puede contar sobre su estancia en la masía. Los Villalonga se esfuerzan en agasajar a los recién llegados y se desviven para que los Clavijo se encuentren en el Mas como en su propia casa. Les enseñan cada uno de los rincones del Canònge. Los llevan a Benlloch, pues son las fiestas de la Asunción y a los hermanos chicos de Zaca los invitan a la feria del pueblo para que disfruten de norias y carruseles feriales. La señora Concha se esmera preparando sus mejores platos. Valerio lleva al señor Zacarías a visitar el parany y le invita a un día de caza mayor, verán de abatir a algún jabalí. Paca tiene interminables tardes de charla con Rosario. Y hasta la abuela Julia se desvive para que los Clavijo sientan que son algo más que unos meros invitados. A su vez, los Clavijo descubren que su primogénito se ha convertido en un masovero más y que como tal es aceptado y valorado por los residentes del Mas. Lo que les llena de satisfacción y orgullo. Y perciben que su chico ha madurado, como si en vez de algo menos de dos meses llevase allí todo un año. Su satisfacción crece muchos enteros cuando Zaca, en la primera ocasión que la familia está a solas, les cuenta el dineral que está ganando con el negocio de Los Masos de la Plana Alta, amén de lo que ingresa como maestro.

Asimismo, les enseña, muy orgulloso, la seudo-escuelita de los masoverets. Y les hace una demostración de autoridad y de cómo sus alumnos le llaman señor maestro. Padre piensa que esa experiencia docente le servirá para cuando estudie magisterio, pues sigue creyendo que, dado el apoyo de los tíos Emilia y Paco Roca, ese es el camino que deberá tomar su primogénito en cuanto acabe el bachillerato. Al señor Zacarías el dinero que está ganando su hijo le ha impresionado. Echa cuentas rápidas y llega a la turbadora conclusión de que si el chico siguiera en la masía ganando lo que gana ahora, más lo poco que él ha ahorrado de su magro jornal, podría allegar en poco tiempo el suficiente dinero para cumplir uno de los sueños de los Clavijo: comprarse una casa. O, al menos, un piso, o, en el peor de los supuestos, adquirir un solar para construir una casita de nueva planta. Así, cuando se jubile, la familia tendrá un techo bajo el que cobijarse. ¡Lástima que el chico se tenga que volver al pueblo! Tras decirse esto, recapacita y piensa que es un egoísta y un pésimo padre, pues en lugar de concentrarse en el futuro de su hijo está primando su deseo de convertirse en propietario. Y el porvenir de su chico está en seguir estudiando. Debe aprobar el bachillerato elemental y luego hacerse maestro, y con esa carrera, y el apoyo del tío Paco Roca, conseguirá un puesto de maestro nacional, con lo que tendrá asegurado el pan para el resto de su vida. O sea, que nada de ensoñaciones, debe volver al pueblo y proseguir sus estudios. Es lo que explica a los Villalonga en una sobremesa ante una pregunta de Julia.

   -Señor Zacarías, ¿el hico va a continuar estudiando para bachiller? –quiere saber la abuela.

   Por supuesto, señora Julia. En el curso que comienza el próximo septiembre hará cuarto y, como espero que lo apruebe, el año que viene lo matricularemos en la Escuela Normal de Castellón para estudiar magisterio por enseñanza libre. Será el primero de la familia en tener una carrera. De lo que, como puede suponer, estamos muy orgullosos.

   -Es para estarlo –afirma Julia, que formula otra de sus indiscretas pregunta-: ¿Se han planteado de si en vez de maestro no tendría más futuro si estudiara para perito mercantil? Lo digo porque, desde que lleva la contabilidad de Los Masos de la Plana Alta, nos ha demostrado que las matemáticas tampoco se le dan mal.

   -La verdad es que no nos lo hemos planteado. Nuestros dos parientes, que son maestros, nos han dicho que si estudia Magisterio pueden ayudarle a aprobar las oposiciones y en cuanto sea miembro del Magisterio Nacional pasará a ser funcionario público, lo que supone tener trabajo para toda la vida. En cambio, si se hiciese perito mercantil no conocemos a nadie que pudiera apadrinarlo. Y ya sabe lo que se dice: quien no tiene padrinos, no le bautizan. Aunque estamos hablando de algo que está por venir. De momento, que termine el bachillerato elemental y luego Dios dirá. De hecho, ya he comprado los libros de cuarto y su madre se los ha forrado, como hace todos los años.

   -Bueno, Zaquita –interviene Paca para que su madre no estropee la charla con otra pregunta indiscreta-, cuando estudies para maestro te vendrá como anillo al dedo la experiencia que has cogido con los masoverets. No sé si lo sabe, señor Zacarías y amiga Rosario, pero su chico se ha revelado como un maestro de categoría. Sus alumnos, y no digamos los padres, están más que satisfechos de lo que aprenden sus chicos.

   -No es pasión de madre, pero es que mi Zaquita vale mucho.

   -Y que lo digas, Rosario. Es más listo que un raposo. Y será un gran maestro. No tengo ninguna duda –afirma Paca.

   Zaca se siente un poco violento ante tantos elogios. Mira a Sisca y se sorprende al ver el gesto serio y un tanto tristón de la muchacha. “¿Por qué ese ceño fruncido y ese aire de abatimiento?”, se pregunta. Y la abuela Julia tampoco parece muy contenta con el sesgo de la conversación. “¿Por qué?”, vuelve a preguntarse el muchacho.

   -Aprovecho la ocasión –es el llumero quien toma de nuevo la palabra- para darles nuevamente las gracias por todo lo que han hecho para que Zacarías se sienta bien en el Mas. Y les anuncio que el uno de septiembre nos marcharemos, y Zaca volverá con nosotros.

   La noticia, aunque previsible, causa honda consternación, especialmente, en dos personas: una era de esperar, Sisca; la otra, quien lo diría, la abuela Julia, pues la partida del Bachiller supone que tendrá que buscar un contable. Y hasta hay un grupo de personas, que no viven en el Canònge, que se sienten frustradas ante la partida del maestro de sus hijos: los masoveros que han puesto en funcionamiento la escuelita del Mas. Terminado el almuerzo, Zaca busca a Sisca, quiere saber el porqué de su tristeza y abatimiento.

   -¿Qué por qué estoy triste? ¿No sabes la respuesta? Como no voy a estarlo, si te vas.

   -Sabes que solo he venido para estar el verano y que en septiembre tengo que volver al pueblo para terminar el bachillerato –se excusa el muchacho.

   -Lo sabía, sí, pero como en las últimas semanas nos hemos hecho tan amigos, tu partida me va a doler mucho. Te has convertido en mi mejor amigo; realmente, en mi único amigo. ¿A quién le voy a contar mis deseos, mis ilusiones, mis desencantos? ¿A quién se lo voy a contar? Antes se los contaba a Juli, ahora ni eso. Me voy a quedar más sola que la una. Como no voy a estar triste.

   -Sinceridad por sinceridad. Me quedaría de buen grado.  Y lo haría por no dejar a la abuela sin contable para el mercat del dilluns. Y lo haría por mis alumnos masoverets. Pero, sobre todo, lo haría por ti. Creo que no te lo he contado nunca, pero eres la primera chica a la que puedo llamar amiga. Amiga de corazón. Amiga, con la que comparto tantas cosas que mi vida va a ser muy plana y aburrida sin tenerte cerca. A mí también me duele marcharme, ¿pero qué voy a hacer? Mi vida está escrita en los próximos cuatro años. He de terminar el bachillerato elemental y he de cursar la carrera de maestro y luego ya veremos que hago. Quizá en ese momento pueda volver al Canònge. Y te prometo que volveré todos los veranos, y quizá también pueda hacerlo unos días en Navidad y en Semana Santa.

  -¿De verdad que soy tu única amiga? Sé que te gustaba la China. ¿No sigue siendo amiga tuya?

   -No te negaré que algo sí que me gustaba, pero la cosa no pasó de ahí. Nunca la consideré mi amiga ni le di a entender que pudiese serlo algún día. La única chica que me hace feliz solo con tenerla a mi lado eres tú. No hay otras.

   -Me alegro que me lo digas porque, dentro de la tristeza por tu marcha, oír eso me tranquiliza. ¿Me escribirás?

   -Todos los días. Lo tengo pensado. Todos los días cuando vuelva de cantar las lecciones, me encerraré en mi cuarto y te escribiré contándote lo que he hecho durante el día y cuanto te añoro. Porque, puedes estar segura de ello: te voy a añorar muchísimo. Voy a añorar lo que me cuentas, lo que no me dices, tus miradas, tus sonrisas, tus silencios, tus enfados…, tu sola presencia. No puedes imaginarte cuanto y como te voy a añorar, reina mora.

   Sisca escucha, arrobada, la apasionada parrafada de Zaca y se dice que como no va a sentir lo que cree sentir de su único y exclusivo amigo. ¿O es algo más que un amigo? Quizá por su corta edad aún no es capaz de darle nombre a sus afectos, a sus emociones, a su cariño. De lo que no tiene ninguna duda es que conversaciones como la que están manteniendo la hacen sentirse la mujer más feliz del mundo.

   Al margen de sus turbadoras y agridulces charlas con Sisca, Zaca tiene asuntos más objetivos que debe cerrar. El primero, y más acuciante, es la contabilidad del negocio de Los Masos de la Plana Alta. Y eso solo lo puede hacer con Julia. Busca a la abuela.

   -Señora Julia. Ya oyó a mi padre. El primero de septiembre nos vamos. ¿Qué piensa hacer con la contabilidad?

    -Pues buscar alguien que te reemplace porque a mí me supera. Y no va a ser fácil. Me han hablado que el secretario de la cooperativa agrícola de la Vall d´Alba maneja bien los números, pero no le conozco y no sé que pie calza. También tengo referencias de un maestro de Cabanes que da repasos después de las clases y está puesto en aritmética, pero tampoco lo conozco. Tendré que tantearlos, pero me llevará tiempo. Lo cierto es que me haces una jodida faena yéndote.

   -Abuela, sabía que me tenía que ir. Solo vine para el verano.

   -Por supuesto que lo sabía, lo que no pude imaginar es que se te ocurriría que el Canònge podía vender mucho más en el mercat del dilluns y todo lo que ha venido después. Porque lo de Los Masos de la Plana Alta lo hemos puesto en marcha un poco entre todos, pero tú, y solo tú, eres el padre de la criatura.   Y ahora te vas y nos dejas con el embolado.

   -Compréndalo, señora Julia. Con gusto me quedaría, pero no puedo defraudar a mis padres y al resto de la familia. Mi futuro está escrito.

   -No te culpo a ti, pero tus padres podrían comprender que ese futuro escrito es muy pobre, muy acomodaticio y muy mediocre. Ser maestro de primeras letras tiene un horizonte muy gris. Es de todo menos ilusionante.

   -Es posible, señora Julia, pero yo no puedo hacer nada. Solo tengo trece años y son mis padres los que deciden. Y ya lo han hecho. Volviendo a la contabilidad, si llego a conocer a alguien preparado y que sea de confianza, se lo recomendaré. Aunque de momento no conozco a nadie… Quizá el secretario de la Cooperativa San Isidro de Torreblanca podría valer, pero antes tengo que hablarlo con alguno de mis tíos que le conocen mejor. Le voy a dejar las cuentas hechas del último lunes y la distribución de beneficios. Y no se me ocurre qué más puedo hacer.

   -Tranquilo, Bachiller. Mi madre decía que no hay que llorar por la leche derramada. De algún modo, nos apañaremos.

   El otro asunto importante que debe cerrar es la escuela dels masoverets. Espera que esto no le cause problemas, aunque emocionalmente lo va a sentir tanto o más que lo del mercat del dilluns. El martes, 29, anuncia a sus alumnos que el 31 de agosto será la última clase. Los chicuelos lo sabían, pero el recordatorio les llena de melancolía. Van a volver a las escuelas del pueblo donde tienen maestros que los tratan como ignorantes por ser masoveros y que no juegan con ellos en los recreos por considerarse superiores. Y además de todo eso, van a aprender mucho menos y se van a aburrir mucho más. Zaca duda de si recordarles que el 31 sus padres deberán abonarle el mes de agosto, pero opta por no hacerlo. Está convencido de que los masoveros no han olvidado su compromiso.

   Parece que los dados del futuro están echados y la partida de Zaca es algo que no tiene vuelta atrás. Pero los hados, la divina providencia o ¡vaya usted a saber quién! han determinado que el curso de los acontecimientos relativos al primogénito de los Clavijo discurra por cauces insospechados. Una vez más, la vida de Zaca va a dar un giro de ciento ochenta grados y los causantes de ellos son unos actores con los que nadie, ni siquiera Zaca, contaba. ¿Quiénes serán?

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 80 de la novela “El masover” titulado: Giro copernicano