martes, 4 de agosto de 2026

“El masover”. 84. Un socialista en el Canònge


   El fiasco de la venta de ropa de Los Masos de La Plana Alta ha causado un bajón en la moral de la gente del Canònge. Julia es la que más lo ha acusado, es natural, ha sido la autora del desaguisado y lo gestó sin consultarlo con los demás. Quizá eso es lo que más ha molestado al resto de los masoveros socios: que no les pidiera su opinión y que hiciera de su capa un sayo. Cuando Zaca, como contable,  hace públicas las pérdidas del fallido negocio el descontento se convierte en indignación, pues que le toquen a uno el bolsillo es algo que a todo el mundo fastidia. La marejada sube y se convierte en tormenta cuando un grupo de masoveros descontentos piden –más bien exigen- una reunión de todos los socios para tratar sobre el malogrado negocio.

   La junta se celebra en el Mas de Roures y acuden buena parte de los socios de Los Masos de La Plana Alta, señal de que el asunto preocupa y mucho a la mayoría. Germán el Rizos ha enviado un recado a Zaca diciéndole que también debe acudir a la reunión, por si en su desarrollo alguien preguntase por las cuentas del negocio y él, como contable, es el más indicado para explicarlas. Lo de participar de algún modo en el cónclave no le hace ni pizca de gracia al joven maestro, pues supone que el ambiente será más bien tenso y que Julia será la diana de la mayor parte de las reconvenciones, pero no se atreve a enfrentarse con los masoveros de los que recibe buena parte de sus ingresos.

   Como presumía, el ambiente de la reunión es tirante y Julia es el blanco de todas las quejas de los asistentes. El único que intenta defenderla es Mauro el Forner, viejo amigo de la abuela y que no hace tanto le propuso casar a su nieto con Paquita, pero es una gota en un mar de recriminaciones. Tras la cascada de reprensiones, y más apaciguados los ánimos, un grupo de participantes presenta una moción de que en adelante todo cambio significativo que pretenda hacerse en el negocio de Los Masos de La Plana Alta requerirá la aprobación de, al menos, la mitad más uno de los socios del negocio. Con lo que se le quita a Julia la potestad de manejar el chiringuito de Los Masos como si fuera exclusivamente de su propiedad. Y aún le restan más capacidad de maniobra, pues también se presenta, y se aprueba, una segunda propuesta: que se nombren a tres socios que, en adelante, supervisarán todas las actividades de Los Masos, incluidas las cuentas, y que el contable –Zaca- las presentará a la terna antes que a nadie. Con Julia derrotada en parte y Zaca preocupado termina la reunión en la que definitivamente se entierra el fallido asunto de la venta de ropa femenina en el puesto del mercat del dilluns de la capital de la Plana.

   El fiasco de la venta de ropa, le lleva a Zaca a pensar la de cambios y giros inesperados que la vida puede depararte cuando menos lo esperas, y de retruque le hace recordar los esparcimientos de los que disfrutaba en el pueblo y que no tiene en el Canònge. Hay algunos a los que echa de menos más acusadamente que a otros. Uno de ellos es el cine. Añora las pelis, dado que proporcionaban  material nuevo a su ya rica imaginación. También recuerda a sus amigos, sobre todo a Pifa, y las interminables charlas que mantenían. Y, aunque en menor intensidad, echa asimismo de menos momentos como las paradas en el café del Pincho donde se enteraba de cómo iban los asuntos de la nación, algo que tampoco puede hacer en el Mas. Hasta que un día, se le ocurre que tiene una forma de suplir esa carencia de información: leer el Diario de Castellón que, aunque con 24 horas de retraso, se recibe en la masía pero que, salvo Julia, nadie se molesta en ojear.

   -Señora Julia, ¿dónde guarda el Diario de Castellón de hoy?

   -El de hoy llegará mañana. El que han traído es el de ayer y está donde los demás: en el armario bajo de la izquierda del cuarto de estar.

   A través del rotativo de Castellón se entera Zaca de que en ese mes de septiembre cae el gobierno Azaña, sustituido por el de Lerroux -nombre que le suena a extranjero- y, en octubre, por el de un tal Martínez Barrio que, nada más tomar posesión, propone al presidente de la República, Alcalá-Zamora, la disolución del parlamento y la convocatoria de elecciones generales para el día 19 de noviembre en primera vuelta y el 3 de diciembre en segunda. Asimismo, descubre que en julio se aprobó una nueva ley electoral que introdujo algunos cambios respecto a la que se aplicó en las anteriores elecciones de junio del 31. Dicha ley, conforma un sistema electoral mayoritario de listas abiertas que premia las candidaturas que obtengan más votos. Zaca se dice que no podrá ver la nueva elección, pues no cree que nadie del Canònge, con capacidad de voto, se avenga a llevarle el día de la votación, como antaño hizo padre. En alguna de las sobremesas, el muchacho ha sacado el tema de la próxima elección a las Cortes generales, pero el eco que ha tenido su intento ha sido muy escaso. Solo Julia y Valerio han mostrado un mínimo interés, pero la conversación sobre los comicios ha tenido escaso recorrido.

   -Lo de las elecciones sería positivo si luego los políticos cumpliesen aunque solo fuese la mitad de lo que prometen en las campañas electorales.  Mientras no sea así, votar es una pérdida de tiempo –sentencia la abuela que poco a poco se va recuperando del palo recibido en el asunto de la venta de ropa femenina.

   -Julia, por una vez estamos de acuerdo. Cuando tengamos unos políticos que cumplan lo que prometen será el día que me verán el poco pelo que me queda en un colegio electoral –remacha Valerio.

   -Pero si las personas sensatas como ustedes no votan, entonces ¿en qué manos queda la elección? –les interpela Zaca.

   -Yo te lo diré, mocete: en manos de los paniaguados, los estómagos agradecidos, los ingenuos y de los que no saben hacer ni la o con un canuto -explica el mayoral.

   -Y así nos luce el pelo –recalca Julia.

   -Y, por curiosidad, ¿alguna vez ha habido un partido o algún político que haya hecho alguna promesa referida a los masos? –pregunta Zaca.

   -Que yo sepa, partido, ninguno, y político, no recuerdo, pero creo que tampoco –responde la abuela.

   -A ti ¿es que te interesa la política?, mocete –quiere saber el mayoral.

   -Realmente, no, señor Valerio. Es simple curiosidad. Y les diré que en casa no se habla nunca de política, pues mi padre tiene a los políticos en tan mal concepto como ustedes.

   De todas formas, Zaca sigue el curso de los acontecimientos políticos de la nación leyendo el Diario, cuya información demuestra que mantiene una línea editorial cercana al periódico católico El Debate que apoya a la coalición conservadora de la Confederación Española de Derechas Autónomas, más conocida por su sigla CEDA. Tan es así que, hojeando números atrasados, descubre que el periódico llegó a sufrir una breve suspensión gubernamental en 1932 por sus informaciones y editoriales contrarios a la política de izquierdas. O sea, resume para sí Zaca, “que es un periódico de derechas. Y si la abuela es suscriptora es que también está de acuerdo con esa ideología. Bueno es saberlo”. Por eso no se extraña cuando Julia comenta a Valerio y a Zaca una noticia que se conoce a mediados de octubre.

   -Vosotros dos, que sois los únicos que sentís alguna curiosidad por la política, os diré que, de cara a las próximas elecciones, las derechas no republicanas han formado una coalición electoral con el nombre de Unión de Derechas y Agrarios, en la que se han integrado la CEDA, como partido más importante, y además el Partido Agrario, los monárquicos de Renovación Española y los carlistas de la Comunión Tradicionalista, amén de algunos independientes católicos.

   -¿Y gente de pelajes tan distintos van a ponerse de acuerdo en elaborar un programa común? –pregunta Valerio con aire escéptico.

   -Tendrán que hacerlo obligados o la coalición se vendrá abajo. No tienen otra opción.

   El tiempo da la razón a Julia. A pesar de sus diferencias ideológicas y tácticas, los partidos derechistas coaligados consiguen elaborar un programa mínimo que consta de tres puntos: revisión de la constitución de 1931 y de la legislación izquierdista del primer bienio republicano; abolir la Ley de Reforma Agraria, y declarar una amnistía por los delitos políticos. También en el Diario de Castellón, Zaca lee que el Partido Republicano Radical, de Lerroux, se presenta como una opción de centro, con su propuesta de “República, orden, libertad, justicia social”. En cambio, los republicanos de izquierda y los socialistas se presentan por separado. Y que la Central Nacional de Trabajadores, más conocida por su sigla de la CNT, de ideología anarquista, realiza una campaña sin precedentes a favor de la abstención y con descalificaciones a derecha e izquierda. No votar es su lema.

   Desde la posición en que se encuentra ahora, Zaca observa la vida política y las peleas entre partidos como algo de otro planeta. Aunque, dada su innata curiosidad, le gustaría escuchar alguno de los debates sobre las inmediatas elecciones generales que, a buen seguro, supone que mantendrán los integrantes de la tertulia del Pincho. La pluralidad ideológica de los tertulianos de su pueblo se contrapone a la de la gente del Mas que parecen interesarse algo por la vida política, pues estos se decantan ostensiblemente por las derechas. Por ello piensa que, si en el Mas hubiese un debate le tocaría desempeñar el papel de izquierdista y no está muy seguro de sentirse cómodo en ese rol. Pero por pura casualidad descubre que hay alguien más en el Canònge que siente la política con bastante más pasión que Julia, Valerio y él.

   -Bachiller –el remoquete que en su día le puso Julia se ha extendido a otros miembros de la masía-, me ha dicho Julita que necesitas cuadernos, lápices y tinta para la escuela. Si quieres, te los puedo traer de Benlloch –se ofrece Anselmo.

   -Gracias, Anselmo. Me haces un favor porque, sobre todo, los cuadernos los estoy necesitando ya.    ¿Cuándo vas al pueblo?

   -Cuando tú quieras.

   -¿Cómo que cuando yo quiera?

   -Natural. Tienes que decirle a la señora Julia o a mi tío Valerio que me manden al pueblo a por esos cuadernos.

   -No lo entiendo, Anselmo. ¿Es que no puedes ir por tu cuenta?

   -Pues no. No puedo dejar mis obligaciones sin permiso de la abuela o de mi tío. Y para que me lo den he de manifestar un motivo concreto para ir al pueblo.

   -Vamos a ver si lo he entendido bien. ¿Me estás contando que tengo que decir a la abuela o a tu tío que necesito un material escolar y así podrás ir al pueblo a por él? Pero que tú no se lo puedes pedir directamente. ¿Es así?

   -Equilicuá.

   -Y deduzco que si quieres ir al pueblo, no es tanto para traer ese material, sino que es por otro motivo.

   -Te ha costado entenderlo, Bachiller. Con la fama de listo que tienes y a veces eres lento en comprender.

   Zaca siente recelo ante la petición de Anselmo al recordar el affaire que tuvo con aquella masovera del primer grupo de vendedoras del puesto de Los Masos de la Plana Alta. “¿Tendrá Anselmo otro lío de faldas en Benlloch?”, se pregunta. Pregunta que le lleva a pedir más información al sobrino de Valerio.

   -¿Y se puede saber cuál es ese motivo para ir a Benlloch?

   -Es un asunto particular y no te lo puedo contar.

   -Me parece bien, Anselmo, pero si no me lo cuentas no haré esa petición. Porque podría meterme en un berenjenal de tres pares de narices sin comerlo ni beberlo.

   -Y a ti que más te da por lo qué quiero ir. Ni ganas ni pierdes nada.

   -Ganar, seguro que no, pero puedo perder la confianza de la abuela y de tu tío. Porque ¿quién me asegura que no me meteré en un embrollo si vas a por el material y aprovechas el viaje para hacer Dios sabe qué? Te lo repito: o me dices porqué tienes tanto interés en ir a Benlloch o no hago la petición. Tú mismo.

   Anselmo se muestra contrariado, aunque en el fondo reconoce que el muchacho algo de razón tiene. Como le da la impresión de que Zaca no va a ceder, se aviene a contarle su oculta razón, pero antes…

   -Bueno. Te lo voy a contar, pero me has de jurar que lo que te diga no lo vas a repetir a nadie. Y cuando digo nadie, es nadie. ¿De acuerdo?

   -Sí, pero no lo voy a jurar. Te lo voy a prometer que para mí es igual que si te lo jurase.

   -Eso de la promesa no me vale. Lo has de jurar.

   -Nanay. No haré ningún juramento. Tendrás que conformarte con la promesa formal o esta conversación se ha terminado.

   -¡Joder, macho, eres más duro que el granito del Canchal Rojizo! Bueno, pues que sea una promesa, pero formal, eh.

   -De acuerdo. Prometo que no se lo diré a nadie. Cuenta.

   Anselmo no tiene un lío de faldas en Benlloch. Lo que tiene es un encargo del responsable de la Casa del Pueblo para repartir por los masos, bajo mano, unos panfletos contra la coalición derechista, encabezada por la CEDA, que se presenta a las próximas elecciones. Porque resulta –y esto si que es una sorpresa para el chico- que el bueno de Anselmo es un sindicalista de la Unión General de Trabajadores –el sindicato socialista- y, además, está afiliado al PSOE, y no quiere que, por ningún concepto, se enteren en el Mas, pues lo más probable es que si llega a saberse le puede costar su puesto. Ya que tanto la abuela como su tío, aborrecen a los socialistas. Es lo que menos podía imaginar Zaca, que el padre de Lía, Juanito y Mito fuera un rojo. El descubrimiento aviva su curiosidad.

   -Y viviendo en el Mas y teniendo en cuenta lo conservadores que son los masoveros, ¿cómo te hiciste socialista?

   -Fue en la mili… La hice en Madrid, en un regimiento de caballería. Un día, un compañero que era de un pueblo manchego y minero llamado Almadén, me llevó a un mitin de Pablo Iglesias, que fue un gallego que fundó el PSOE y la UGT, y me gustó cantidad lo que allí se dijo. Era la primera vez que oía hablar de la igualdad, la equidad y la justicia social. Después de aquel mitin, asistí a más reuniones y cuanto más oía que los valores más importantes son la libertad, la igualdad y la solidaridad más me gustaba aquella doctrina. Por lo que acabé haciéndome del partido. Soy de los contados que en Benlloch tienen el carnet. Pero, como te he dicho, si llegan a enterarse la abuela y mi tío, dos carcas de mucho cuidado, voy a durar menos en el Mas que un grano de alpiste en la jaula de un canario. ¿Comprendes por qué no te lo podía contar y por qué no se lo debes decir a nadie?

   A Zaca le ha impresionado la confesión de Anselmo, pues es el primer socialista masovero que conoce personalmente. Y no es verdad que los rojos tengan cuernos y rabos como dice la gente de derechas. Anselmo es bastante normalito y más bien buena persona. Le queda claro que uno no puede fiarse de lo que dice la gente al buen tuntún. Anselmo, socialista. ¡Quién lo iba a decir! Pero representa una novedad en el monocolor ambiente político del Canònge. Al menos, y siempre que sean discretos, tendrá alguien con quien debatir los asuntos políticos de la nación, pues un socialista como Anselmo puede ser un buen yunque en el que martillear sobre la política republicana. Además, tiene otro motivo para alegrarse: al contrario de su pasivo papel de oyente en los debates de la terraza del Pincho, en el Mas al ser solo dos los polemistas, le tocará el rol activo de debatiente. Y en esta ocasión tendrá que representar a las derechas. Mira por dónde.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 85 de la novela “El masover” titulado: Una de Charlot

miércoles, 29 de julio de 2026

El masover”. 83. Julia comete un error

    El curso 1933-34 comienza para Zaca de manera muy diferente que los anteriores. Su primera contrariedad se la lleva cuando ojea los manuales de cuarto curso que le han llevado sus padres y que madre, como hace siempre, los ha forrado con papel de estraza. Las asignaturas con las que tendrá que lidiar son las de Lengua española y Literatura, Geografía e Historia, Matemáticas, Física y Química, Ciencias naturales, Francés y Latín. En las materias de letras cree que no va a tener mayores problemas, tampoco en el francés, pues gracias a sus prácticas en esa lengua con la tía Paca la Francesa domina la asignatura bastante bien, pero en las mates y las ciencias va a ser otro cantar. Duda mucho que las pueda aprender en plan autodidacta, pues constata que su contenido es difícil. Y en latín, el problema será mayor, pues se ve incapaz de aprobarlo sin la ayuda de mosén Florencio, ya que ha sido una asignatura en la que siempre flojeó. Si quiere tener probabilidades reales de aprobarlos tendrá que buscar ayuda docente allá donde pueda encontrarla y piensa que el sitio más próximo al Mas donde hay maestros y un cura es Benlloch. Tendrá que averiguar si en el pueblo alguno de los maestros residentes y el párroco van a querer echarle una mano como mentores, aunque como utilicen la misma metodología que sus maestros del pueblo de poco le van a servir.

   Piensa que lo primero que debería hacer es hablarlo con Julia por si ella conoce a alguien que esté dispuesto a ayudarle. Lo de la ayuda va a constituir un problema porque es consciente que ningún maestro va a venir al Mas a enseñarle mates y ciencias, deberá ser él quien se desplace al pueblo donde resida el maestro o maestros que vayan a ser sus mentores. ¿Y cómo va a desplazarse? Si lo hace a pie tardará mucho y perderá mucho tiempo. Este pensamiento le lleva a considerar que quizá haya calculado mal sus fuerzas puesto que, además de tener que empollarse las asignaturas de cuarto, tiene otras tareas a las que atender: en los dilluns del mercat hacer de vendedor en el puesto de Los Masos de la Plana Alta. En el resto de la semana ha de ocuparse de llevar la contabilidad de los negocios del Canònge. Y de martes a sábado, en sesión de mañana y tarde, dar clase a los veinticuatro masoverets que se apretujan en la antesala de la almazara, y que son los que al final han conseguido reunir Germán el Rizos y Demetrio el Largo con la ayuda de Hortensia la Beltrana. Mucho tajo al que atender y el día sigue teniendo veinticuatro horas. El muchacho se pone de malhumor, por lo que para no amargarse la mañana opta por cavilaciones más gratas como son hacer las cuentas de los ingresos mensuales que le va a reportar su trabajo docente. Las hace al estilo de las cuentas de la vieja: 18 alumnos a 5 duros son 450 pesetas; más 6 alumnos -las tres parejas que son hermanos- a 4 duros son 120 pesetas. Total al mes: 570  pesetas. A esta cantidad hay que sumar las 600 mensuales que recibe por su trabajo de vendedor y de llevar la contabilidad de Los Masos de la Plana Alta, lo que significa que en total ingresará al mes 570 más 600, ¡la friolera de 1170 pesetas! Un pastizal que remitirá a padre y que engrosará la cuenta que el llumero ha abierto en el Banco de Vizcaya del pueblo. Y en la que calculan que en un año tendrá fondos suficientes para comprar una casa en propiedad. Ese es el motivo que padre cree que más ha influido en que su hijo se quede en el Mas, pero no es el que han difundido en el pueblo. Rosario le ha contado, confidencialmente, a Consuelo la Maicalles que su primogénito se ha quedado en el Canònge para que sus pulmones sanen. El hecho de que sea una confidencia es un seguro aval de que la información será conocida en los mentideros locales en cuestión de horas. Por otra parte, aducir motivos de salud sirve a los Clavijo para quedar bien con los maestros de Zaca, con los que no quieren enemistarse, puesto que don José sigue siendo el cacique local y, además, con los que mandan hay que estar siempre a bien, nunca sabes cuando los vas a necesitar. Por otra parte, quizá en un futuro próximo puedan ser los profes de bachillerato de Pedrito y Chimet. Como siempre ocurre, que Charito estudie no entra en los planes de futuro de los padres, pues al ser una chica está destinada a casarse y trabajar como ama de casa. Padre desconoce que, por encima de la cuestión monetaria, lo que más ha primado en su hijo para quedarse en el Mas ha sido una cuestión sentimental. Que haya creído eso es bastante lógico, pues el muchacho no tiene más que trece años, y a esa edad solo se piensa en chiquilladas.

   El chiquillo, sometido a presiones propias de los adultos, está muy atareado organizando al nuevo grupo de escolares a su cargo. Sabe que si lo organiza adecuadamente tendrá mucho ganado para conseguir buenos resultados y está decidido a poner toda la carne en el asador para salir victorioso del reto que tiene ante sí. Como hizo en verano con los chiquillos del Mas, distribuye a los masoveritos en tres grupos en función de sus conocimientos. Con los siete chicos que más saben forma el grupo A. En el B -los que leen y escriben y saben o están empezando a dividir- cuenta con nueve alumnos. Y en el C –los neolectores- con ocho. Va a contar con la ayuda de Sisca, dado que la abuela le ha dado permiso, para que dedique el tiempo que considere necesario para, amén de dar clase de costura a las masoveritas, le ayude en las tareas docentes. Zaca cuenta con ella para que el grupo C progrese lo más rápido posible. Y con todos estos factores pone en marcha la metodología cooperativa que tan buenos resultados le dio en la escuela de verano. Como le pidieron los padres, ha retrasado el comienzo de la sesión matinal a las 09:30 y que se extenderá hasta las 12:30. De esa hora a las 14.00, pausa para el almuerzo. Y de las 14.00 a las 16:00 la sesión vespertina. Así, los masoverets, salvo en los días más cortos del invierno, podrán estar de vuelta a sus hogares a una hora razonable.

   La abuela, a petición de su nieta, ha accedido a continuar con la práctica que dos de los alumnos almuercen diariamente en el Canònge. Sisca, que es quien mejor conoce la situación de cada uno de los masos que proporcionan alumnos a la escuela, es la que se encarga de seleccionar a los alumnos que degustarán los guisos de la señora Concha.

   Zaca se hace cruces de la disciplina que muestran los alumnos y lo mentalizados que parecen en aceptar que, aunque solo tiene unos pocos años más que ellos –y en algunos casos, ni pocos- es su maestro, que lo sabe todo o casi, y que en la escuela hace el papel de sus padres, por lo que cuanto dice va a misa, como se dice coloquialmente. Los resultados de una ordenada disciplina, de un buen ambiente convivencial, y de una férrea voluntad de aprender, hacen de los masoverets unos alumnos modélicos. Ante lo cual, Zaca pone toda su voluntad en enseñarles cuanto sabe, y no escatima esfuerzos ni tiempo en darles cuanto tiene, puede y quiere. Tener, poder y querer conforman un poderoso tridente que conlleva que el ritmo de aprendizaje de la escuela del Canònge adquiera cotas de excelencia.

   Esos alumnos modélicos a veces son algo fantasiosos y últimamente se han inventado la especie de que Zaca y Sisca son novios, pues es frecuente que ambos maestros compartan cuchicheos y miraditas tiernas.  Mientras el chismorreo no salga del recinto escolar no pondrá en peligro la excelente conjunción que forman la pareja de profes, pero como se extienda más allá de la antesala de la almazara puede suponer un auténtico desastre. Porque lo de ser novios y tener trece años no cuadra. Sisca no da al cotilleo tanta importancia como Zaca, pero si le preocupa que el bulo llegue a su abuela, pues teme su reacción. Y como a Julia no se le escapa ni una brizna de cuanto ocurre en sus dominios, acaba por enterarse del chisme.

   -Paqui, ¿qué es ese rumor que se ha extendido por ahí de que los dos jovencitos maestros de la escuela del Canònge son novios?

   -Es una bobada que los críos de la escuela se han inventado, abuela. ¿Cómo vamos a ser novios Zaca y yo si solo tenemos trece años? Lo que pasa es que los chavales nos ven todos los días juntos e intercambiando información, precisamente sobre ellos, y se han imaginado algo que no es. Y por mucho que Zaca les ha reñido y les ha repetido, por activa y por pasiva, que no hay ningún noviazgo, como a la gente le gustan los chismes, el bulo se ha extendido pero, como te digo, abuela, no es más que un cotilleo sin razón de ser.

   -Me tranquiliza oírte. Pero has de ser consciente de que, aunque sea un bulo te perjudica porque puede espantar a futuros aspirantes a cortejarte.

   -Abuela, vuelvo a recordarte los años que he cumplido. Y no tengo ninguna intención de ennoviarme hasta que cumpla quince o dieciséis años o más –En ese momento, Sisca recuerda haber oído a Zaca usar la expresión: la mejor defensa es un buen ataque, y decide cambiar el signo de la conversación-. Y ya que has tocado el tema  de posibles noviazgos quiero pedirte algo. No sé si recuerdas que hace tiempo me contaste que tu matrimonio y el de mi madre fueron concertados por las familias. Y, concretamente, que fuiste tú quien arregló la boda de mis padres. Bien, pues te quiero pedir que no hagáis lo mismo conmigo cuando tenga edad para ello. Me gustaría casarme enamorada y eso difícilmente puede ocurrir cuando te imponen el marido. Y como te conozco, y sé lo que te gusta meterte en la vida de los demás, te pido, te suplico que no lo hagas con la mía. ¿Lo harás, abuela? ¿Me lo prometes?

   A Julia le impacta la madurez mostrada por Paqui en su petición, así como la pasión que ha puesto en manifestarlo. Y siente que algo se remueve en sus entrañas. Va a hacer con su nieta lo que no hizo con su hija: respetará sus sentimientos y no interferirá en su futura vida amorosa. Y así se lo dice.

   -Paquí, te prometo que respetaré tus sentimientos y que no me meteré en tu vida. Con una excepción: que crea que vayas a unirte con alguien que no te convenga en absoluto. Si ocurriera tal caso, no me quedaría otra que hacértelo saber. Si no lo hiciera no cumpliría mi elemental deber como abuela tuya. Pero si no se da tal caso, y rezo para que sea así, por mi parte tendrás carta blanca para que te unas con quien te pete.

   -Gracias, abuela, de corazón. Y mis padres, ¿crees que se meterán en futuros noviazgos?

   -Tu padre, si la enfermedad no le hubiera mermado, te diría que sí, pero en las condiciones en que se encuentra no hará nada. De tu madre tampoco hay que esperar demasiado, aunque quizá alguna puntada si pueda darte, pero sin que vaya mucho más lejos.

   -Me tranquiliza, abuela. Y promesa por promesa: si es que algún día conozco a alguien que me guste a rabiar, te prometo que serás la primera en saberlo.

   -Espero vivir lo suficiente para que llegue ese día.

   -Abuela, tú no morirás nunca. Llegarás a centenaria y más aún.

   -Ay, hija mía. Todos morimos y yo no seré la excepción. Aunque gracias por tus deseos-El inexistente noviazgo de los maestros de la escuela del Canònge tan rápidamente como se hizo materia de cotilleo dejó de serlo. Y Sisca, Zaca y la abuela respiraron tranquilos.

    Poco más o menos, durante la época que duró el bulo del noviazgo de Sisca y Zaca ocurrió algo más que afectó al negocio de Los Masos de la Plana Alta.  Todo empezó a raíz de una visita que recibió Julia de dos industriales textiles de Villafranca del Cid, un pueblo del Alto Maestrazgo que tiene el infrecuente rasgo de ser un núcleo industrial, pues es el que tiene más fábricas de la provincia –casi todas textiles-. Tras la reunión, la abuela llamó a consulta al que, pese a sus pocos años, considera uno de sus consejeros áulicos con más caletre, quizá después de Valerio.

   -Vamos a ver, Bachiller, ¿tú que sabes de la industria de la ropa?

   -Pues nada, señora Julia. Es una de los mil  millones de cosas que ignoro.

   -¿Y que sabes de Villafranca del Cid?

   -Muy poco. Que es un pueblo del Maestrazgo, que está a más de mil metros de altitud, que es el que tiene más fábricas textiles de la provincia y que también son famosas sus patatas. Y poco más. Ah, y que suele hacer bastante frío, dado que nieva con alguna frecuencia.

   -Entonces, no me sirves. Otra pregunta: ¿qué opinas si en el puesto de Los Masos de la Plana Alta también vendiéramos ropa?

   -No sé que decirle. No lo he pensado, pero a bote pronto opino que vender al alimón comida y ropa no parece que casen mucho. Eso sería como ir a la botiga del señor Elio, una tienda de mi pueblo que vende telas, y además de comprar una pieza para hacerme un traje, pedir una docena de huevos o un litro de aceite. Se me haría muy raro.

   -Esa es una opinión que quizá tengamos ocasión de comprobar si es válida o no –Y con estas palabras, la abuela da por concluida la charla.

   Julia, tras hablarlo con Valerio –cuya opinión fue `parecida a la de Zaca, aunque no se opuso frontalmente al proyecto- y, algo excepcional, con las demás mujeres del Mas, incluidas Concha y Pili -que tuvieron una opinión neutra- se echa la manta a la cabeza y toma la decisión de meterse en el negocio textil, de forma impulsiva y sin considerar las posibles consecuencias. En el mercat del dilluns y en el puesto de Los Masos, se venderán medias y prendas de ropa íntima para mujeres, fabricadas por la empresa de Marie Claire -que ya tiene una fábrica en Castellón- en su factoría de Villafranca del Cid. La venta de los nuevos productos supone todo un bombazo en el mercado, pues la marca de Marie Claire tiene prestigio, pero sobre todo porque sus productos no encajan en el ámbito de un mercadillo popular, por lo que los problemas surgen desde el primer momento. Han de ampliar el puesto y la ampliación diferenciarla del resto donde están los productos agropecuarios que han popularizado el chiringuito de Los Masos de La Plana Alta. También han de contratar la publicidad aparte. Pero lo más problemático es encontrar vendedoras que estén al tanto de la siempre cambiante moda femenina. Hasta ahora, las vendedoras del puesto de Los Masos han salido del mundo masovero, pero en las masías no encuentran expertas en el complicado orbe de la moda. Han de buscar en otros caladeros donde hallar personas que estén preparadas para vender ropa íntima femenina, por lo que han de contratar jóvenes de Castellón. Lo que acaba produciendo problemas en la armonía laboral existente en el puesto. Valerio, que fue otro que en su momento no vio con buenos ojos el negocio de la ropa, sentencia la nueva aventura en que se ha metido Julia con un popular refrán.

   -Quien mucho abarca, poco aprieta –pero se cuida muy mucho de decirlo delante de Julia.

   Todos los indicadores habidos y por haber apuntan a que en esta ocasión Julia ha cometido un error. Y si así fuera, ¿cómo afectará al futuro del negocio global de Los Masos de La Plana Alta? ¿Y cómo incidirá en la vida del protagonista de esta historia? Habrá que ver que ocurre en los siguientes episodios.

 

  PD. El próximo martes publicaré el episodio 84 de la novela “El masover” titulado: Un socialista en el Canònge

martes, 21 de julio de 2026

“El masover”. 82. El postre del músico

    

La decisión de Zaca de quedarse, al menos, un año más en el Canònge ha sido para su familia fuente de

sensaciones dispares, especialmente para su madre. Los Clavijo se vuelven a Torreblanca con una sensación agridulce. Por un lado, sienten que su primogénito se quede, pues deja un hueco en la familia difícil de reemplazar. Además, tendrán que re      ordenar las actividades caseras que eran de su competencia: especialmente las de escrivent y la de coniller. Y tienen el temor de que, aunque les ha prometido que seguirá estudiando, su estancia en el mas pueda favorecer que abandone los libros y diga adiós a los planes que, junto a los tíos Emilia Callín y Paco Roca, habían preparado. Eso es lo que más les desazona. Por otro lado, están muy satisfechos de cómo ha evolucionado su hijo: ha madurado, se ha hecho más realista y ha dejado atrás la mayoría de tabúes y complejos. Sin olvidar el dineral que va a ganar en el Mas, lo que les permitirá realizar su sueño dorado de adquirir una vivienda. También valoran que el chico se haya convertido en alguien importante para la gente del Canònge, y hasta de muchos masos de los alrededores.

   En su viaje de vuelta a Torreblanca, a lomos de los mulos del Mas, comentan muchas de las cosas que han aprendido de la vida masovera, unas importantes, otras meramente anecdóticas, como aquella sobre la cual pregunta Charito a madre.

   -¿Qué es el postre de músico que nos dijeron que íbamos a probarlo y al final no lo sirvieron?

   -El postre de músico es un postre tradicional que consiste en un puñado de frutos secos como almendras, nueces o avellanas, acompañado de un vasito de moscatel o de alguna fruta desecada como las pasas o los higos secos. La presentación suele ser en un plato de postre, con el vaso de la bebida en medio y los diferentes frutos alrededor –la explicación de madre la complementa padre contando su origen.

   -Un posible origen de ese postre y de su nombre es, según la creencia popular, lo que se solía ofrecer a los músicos callejeros que animaban las fiestas de los pueblos.

   Mientras los Clavijo van de camino al pueblo, los masoveros ya se están preparando para recoger las cosechas más abundantes en este principio de septiembre: las de algarrobas y almendras, luego vendrá la vendimia. Empiezan por los segundos, pues este año los algarrobos van algo más retrasados en la maduración de sus frutos

   Zaca sabe, pues en Torreblanca hay multitud de campos de almendros, que la recolección de almendras se realiza tradicionalmente con vareo, golpeando las ramas del árbol con una vara o una caña –que conserve como un palmo de su raíz- para que caigan los frutos. También se utilizan redes o lonas en el suelo para recoger las almendras que caen. Sobre el vareo, el mayoral hace una predicción:

   -Un día alguien inventará máquinas vibradoras que sacudan los árboles para recoger las almendras, y acabará con el vareo. 

   Zaca lo que desconoce es el momento óptimo para cosechar las almendras. Y, como acostumbra, se lo pregunta a Valerio.

   -Se considera que las almendras están listas para recolectarlas cuando la cáscara verde que las envuelve se abre y se separa fácilmente del fruto.

   -En Torreblanca, donde la almendra es la cosecha de frutos secos más importante, quitarles la cáscara verde, que allí le llaman pelar la almendra, la realizan las mujeres. Y es frecuente que ayuden familiares, amigas y vecinas, así charlan y se distraen porque es un trabajo muy monótono. Una vez peladas, las almendras se dejan secar al sol, extendidas sobre una superficie limpia y seca, para reducir su humedad. 

   -¿Y cuándo las descascarillan?

   -Les quitan la cáscara manualmente, y casi toda la cosecha la venden a un catalán, apellidado Garriga, que tiene una máquina descascarilladora. Luego, las clasifica por tamaño y calidad, y las envasa para su comercialización. La gente solo suele quedarse como medio saco para las necesidades caseras.

   -En el Mas hacemos lo mismo. Las vendemos al mejor postor y nos quedamos más o menos un saco para las necesidades caseras.

   En cuanto termina la recolección de la almendra que dura algo más de dos semanas, y sin solución de continuidad, comienza la de la algarroba, fruto al que en La Plana Alta llaman garrofa y garrofer o garrofera al árbol. En Torreblanca también hay bastantes algarrobales pero, al revés que con la almendra, Zaca nunca los ha cosechado. De ahí que le pide a Valerio que le explique algunas cuestiones  sobre los algarrobos y sus frutos.

   -El algarrobo, además de algarrobas, proporciona madera, sombra y enriquece y mejora las condiciones del suelo. Las garrofas se destinan únicamente para pienso –aunque por su especial sabor, a veces se ha hecho chocolate con ellas- y su valor comercial es escaso. Pienso que el día que los labradores cambien sus mulos y caballos por tractores se arrancarán la mayoría de algarrobos. Y tengo un amigo que opina que las semillas o garrofines acabarán valiendo más que las propias algarrobas. Ah, una anécdota curiosa sobre los garrofines. Cuando se pone algarrobas en los pesebres de mulas, caballos y asnos se las comen con avidez, pues les gustan mucho, pero escupen los garrofines, no se comen ni uno –explica Valerio.

  -Que curioso. ¿Hay algarrobos en toda España?

 -Hasta donde sé, el cultivo se encuentra localizado principalmente en el reino de Valencia, Tarragona y Baleares; también tiene cierta importancia en la costa de Murcia y Málaga. Es un árbol de litoral, pues a pesar de su rusticidad es poco resistente al frío. Por eso vegeta cerca del mar y a una altitud menor de 500 metros. A 40 kilómetros de la costa ya no se le suele encontrar.

   -¿Y cómo se cosecha?

   -Se cosecha de forma parecida al almendro. O sea, sacudiendo las ramas con palos o cañas, pero sin dañar los árboles, pues en ese momento ya están formándose las flores de la próxima cosecha. Cuando las algarrobas caen al suelo se recogen a mano y se meten en sacos.

   -¿Y cómo se sabe que las algarrobas están maduras para cosecharlas?

   -Las vainas están maduras cuando cambian de color verde a un marrón rojizo oscuro. Entonces es el momento de cosecharlas.

   Tras la recolección de almendras y algarrobas, le toca el turno a la vid, cuyos frutos, las uvas, son uno de los ingredientes del postre del músico. El Canònge no tiene grandes viñedos, solamente produce uvas para convertirlas en vino para el consumo casero, también en alcohol y en unas decenas de kilos de pasas, que a lo largo del año se utilizan sobre todo como postre y que son otro de los ingredientes del postre del músico. La vendimia en La Plana Alta, al igual que en otras zonas de España, viene determinada por las temperaturas y la maduración de las uvas, dependiendo del momento en que la relación entre los azúcares y los ácidos de la uva han alcanzado el valor óptimo para el tipo de vino que se desea producir.

   -¿Todas las viñas maduran al mismo tiempo? –pregunta al muchacho.

   -No. Las viñas expuestas al sur y que están a más altitud maduran primero. Y los viñedos de uva blanca maduran generalmente antes que los de uva negra.

   -Antes se ha referido al tipo de vino que se desea producir, ¿cómo se consigue eso?

   -El tipo de vino que se quiere obtener está condicionado por la mayor o menor presencia de algunos componentes, tales como los azúcares. Una mayor cantidad de  zúcar aumenta el grado alcohólico del vino. Tener una justa cantidad de azúcar es indispensable para iniciar la

fermentación alcohólica. Luego, están los ácidos, necesarios, tanto para evitar la proliferación de

bacterias causantes de enfermedades, como para la conservación del vino. Finalmente, también cuentan los componentes aromáticos, que  varían durante la maduración de la uva, y que contribuyen a determinar las características orgánicas del vino.

   -Hábleme de la vendimia.

   -Antes de vendimiar hay que tener en cuenta una serie de factores para que la recolecta se realice de la mejor manera posible. La uva debe estar seca en el momento de se recolectada. Es recomendable que se realice la vendimia por la noche, de esta manera la recogida se realiza a baja temperatura para evitar los calores  durante el día e impedir la fermentación de las uvas. La vendimia en sí se hace a mano, cortando los racimos uno a uno con unas tijeras de vendimiar, así se pueden elegir los racimos de modo más selectivo, algo que cuando se trata de producir vinos de alta calidad es imprescindible. Es una tarea dura para el vendimiador, puesto que debe estar muchas horas levantándose y agachándose para recoger la uva y después llevando el capazo lleno al carro. Es aconsejable que pase el menor tiempo posible entre la recogida y la llegada a la bodega. Y los recipientes en los que se deposita la uva deben de ser planos y con poca capacidad, para que los frutos no se aplasten.

   -¿Ya está todo?

   -Eres incansable, mocete. Tú y tus preguntas. Puedo añadir un par más de detalles. Es preciso evitar recoger la uva mojada, ya que el agua puede influir en la calidad del mosto; además se debe evitar vendimiar en las horas de más calor del día, para impedir el inicio indeseado de la fermentación. Finalmente, la uva debe ser transportada a los lagares en los cuales se efectuará la vinificación en el menor tiempo posible, para evitar maceraciones indeseadas.   

   Zaca no participa en la cosecha de almendras ni algarrobas, esa recolección la tiene más que vista en Torreblanca, pero si se apunta a la vendimia. Como en el Mas el calendario es un objeto más de adorno que otra cosa –salvo el Calendario Zaragozano, que es consultado por la mayoría de campesinos-, suele elegirse un domingo para vendimiar, y es cuando las vides están en su punto justo de maduración. El primer día de la vendimia, Zaca se sorprende de lo animosa que está la gente, pues más que a un duro trabajo parece que van a una fiesta, tal es el alegre ambiente con el que los masoveros se desplazan a los viñedos. A Zaca le han dado una tijera de vendimiar y Sisca, que le acompaña, le explica que racimos debe cortar. Al principio, está torpe con la herramienta hasta que le coge el tranquillo; una vez familiarizado con el instrumento ya no se queda tan retrasado respecto a los demás vendimiadores. Aún así…

  -Vamos, Zaquita, más aprisa que te están cogiendo mucha delantera –le anima Sisca que, para que no se retrase, de cada tres racimos que corta uno lo mete en el capacho del chico.

   De vez en cuando, los masoveros hacen breves paradas a las que llaman los parones para fumar. Como Zaca no fuma lo que hace es, además de recuperar el resuello, pega la hebra con Sisca. La muchacha aprovecha uno de esos parones para contarle:

   -La uva que estamos recogiendo es de la variedad de Monastrell y mañana vendimiaremos un campo de Bobal. Ambas son variedades propias del Levante y producen tintos. Ah, y tenemos un viñedo de Garnacha que también sirve para tintos.

   -¿Y uvas para vino blanco tenéis?

   -En el Mas tenemos casi de todo –afirma, orgullosa, la muchacha-. En unos días vendimiaremos un viñedo de la variedad Moscatel, que produce un blanco que no está mal, es muy dulce. Y es el vino que suele acompañar al postre del músico.

   -¿Y los tintos que obtenéis que tal son?

   -No están mal. Para vinos tintos potentes y con cuerpo, así como para vinos dulces, utilizamos, además de la variedad Moscatel, la Monastrell. La Bobal,  conocida por su resistencia a la sequía, la usamos sobre todo para vinos rosados. Vamos al lagar y verás la sensación que te produce pisar las uvas para obtener el mosto que es el zumo exprimido, antes de fermentar y hacerse vino –le pide Sisca, que añade-: Lo primero que harán en el lagar será colocar las uvas en un cubo perforado. Luego, las pisaremos, lo que provoca que el mosto fluya a través de los orificios del cubo hacia un recipiente. Ah, antes de proceder al prensado hay que lavarse bien los pies para no contaminar el mosto.

   -Yo creía que el prensado se hacía de forma mecánica con una prensa.

   -Así lo hace la gente que produce cantidades industriales de vino pero, para la cantidad que producimos en el Mas, no es rentable tener una instalación de prensado en regla. Además, el prensado manual permite un mayor control sobre la presión aplicada para obtener el mosto deseado, separando el jugo de la piel y las semillas de manera cuidadosa.

  -¿Y qué tal es el vino que obtenéis?

   -Hombre, no es que sea rioja o jerez, pero no está mal.

   Tras lavarse los pinreles, ambos muchachos se meten en el cubo donde se hace el prensado, y se divierten como críos pisoteando la uva. Previamente, Zaca se ha remangado los pantalones y Sisca se ha subido la falda. Zaca no puede evitar fijarse en los prietos muslos de la muchacha. La visión termina por provocarle un sofoco, pues siente el principio de una erección, con lo que ha de echar mano del método que, hace algún tiempo descubrió y que le funciona como antídoto: recitar mentalmente la tabla de multiplicar, eliminando las tablas del dos y el cinco por facilonas y, algo más importante, apartar la vista de las esbeltas piernas y mirar al infinito. Zaca trata de recordar si lo que le pasa con Sisca le ha ocurrido con otras muchachas, pero en ese apartado parece que su memoria está vacía, pero de pronto un recuerdo le viene a la mente: en el viaje que hicieron al mar le pasó lo mismo con Lía. También se excitó cuando vio a la muchacha bañándose; o sea, que no le ocurre solo con Sisca. Intenta rememorar si ha habido más episodios de ese tipo, pero no recuerda ninguno. Se pregunta: ¿Me excito solo con las masoveras? ¿O me impresiono porqué me he hecho mayor? Al chico comienza a preocuparle la frecuencia con que se excita, hecho que antes no le ocurría y ahora le pasa cada dos por tres. Es algo que le perturba, pues le ocasiona situaciones incómodas. Piensa que debería buscar la manera que eso no ocurriera, pero no da con ninguna. La razón le dice que la respuesta lógica a las preguntas que se ha planteado debe de ser la segunda, pero tiene sus dudas. Eso es lo que mejor se le da: dudar. Y las dudas lo que le ocasionan es presionarle más y obligarle a seguir pensando. Es su sino.

 

 PD. El próximo martes publicaré el episodio 83 de la novela “El masover” titulado: Julia comete un error