martes, 21 de abril de 2026

“El masover”. 69. ¿Qué querrán de Zaca los visitantes?


   El análisis sistemático de los factores a tener en cuenta para el desarrollo de Los Masos de La Plana Alta, que ideó Zaca, por fin se ha debatido y, tras alguna que otra discusión más que acalorada, han llegado a  resoluciones que parecen definitivas.

   Sobre qué vender la unanimidad es total: los productos que cultivan, crían y elaboran los masos asociados de La Plana Alta. A quien comprar mercancía: a las masías más o menos cercanas y que no han querido asociarse, pero sí venderles sus excedentes. A quien asociar al nuevo puesto: a aquellos masos con los que han llegado a acuerdos de asociación. Sobre los porcentajes de las ventas: el Canònge se quedará con el quince por ciento del beneficio neto de las ventas. En cuanto al acarreo de mercancías, el principal transportista será el tío Tonellaes, y como no puede abarcar todas las existencias que se van a mover, habrá un segundo transportista que será Trinitari el Chato de Torreblanca –gracias a la intervención del señor Zacarías-. El personal de ventas, en principio, será el que ha fichado Julia, a reserva de que las vendedoras demuestren si tienen o no aptitudes. Respecto a la publicidad del nuevo puesto: por medio de don Vicencio han firmado un acuerdo con la emisora Radio Castellón y el tío Ricardo, el ferretero de Torreblanca, ha pintado los rótulos del frontal del nuevo puesto. De los pagos y cobros se ocuparán al alimón, Julia y Paca. Y en otras cuestiones, la resolución más importante que han tomado es que, de inicio, las cuentas del negocio las lleve Zaca mientras permanezca en el Mas, algo que al chico le ha llenado de orgullo, tanto como de preocupación, pues no está tan seguro como los demás que pueda dar la talla. Otra cosa que también preocupa a Zaca es que todo el proyecto se basa en la palabra dada por los distintos asociados, la palabra y un apretón de manos han bastado para confirmar los acuerdos. Pero no han firmado ni un solo documento. Lo que le lleva a preguntar al Mayoral, en privado:

   -Valerio, yo creía que un negocio de la envergadura que va a tener lo de Los Masos de La Plana Alta supondría la firma de papeles, de documentos ante un notario para que los validara, pero no se ha hecho nada al respecto. ¿Entre masoveros es suficiente con la palabra dada y un apretón de manos?

   -Por supuesto, entre masoveros y entre gente de bien, sean de donde fueren, vale la palabra dada. En toda tierra de garbanzos un hombre vale lo que su palabra y los papeles están de más. Es cuestión de catadura moral cumplir con lo que se ha dicho. Ten en cuenta que el honor y la honradez son valores importantes y que definen a las personas. Y cumplir con la palabra dada también es el resultado de la consideración y estima expresada por una persona a otra. Y por cierto, aunque soy de pocas lecturas sé algo que quizá no sepas. ¿Sabes quién dijo que un hombre vale lo que vale su palabra? ¿No? Pues don Quijote.

   Tras los últimos acuerdos alcanzados, Julia ha impartido una serie de instrucciones sobre el nuevo puesto del mercat que han puesto en movimiento a los miembros del núcleo duro de Los Masos de La Plana Alta. Valerio ha vuelto a realizar una gira por los masos asociados en compañía del tío Tonellaes, para cerrar los flecos que hubiesen quedado pendientes y concretar los puntos de entrega de la mercancía. A su vuelta debate con Julia dos cuestiones importantes: el calendario del proyecto y cuáles podrían ser los primeros productos para ofrecerlos como cebo con el fin de atraer nuevos clientes. A todo esto, Paca ha habilitado tres espacios en la segunda planta del Canònge para convertirlos en habitaciones que las nuevas vendedoras utilizarán los fines de semana. Asimismo, se ha puesto en contacto con don Vicencio, el secretario del ayuntamiento de Benlloch, para que indague sobre el funcionamiento de la propaganda en los medios de comunicación de Castellón. A su vez, Zaca envía, a través de sus padres, la petición al tío Ricardo, el ferretero, de si podría realizar el rótulo del muevo puesto de Los Masos de la Plana Alta, así como pintar algunas masías de la comarca de las que le facilita varias fotografías. Y sigue estrujándose el magín redactando frases publicitarias para insertarlas en los medios. Amén de todo eso, se le ha ocurrido algo nuevo: piensa que madre podría vender en el mercat sus conservas y los trabajos artesanales de las bolilleras del pueblo. Se lo ha de decir a la abuela. En cuanto a Sisca, la única asistente a la reunión que no recibió un encargo concreto por parte de Julia, se ha convertido en la edecán de su abuela, y va y viene de uno a otro corresponsable, llevando y trayendo nuevas instrucciones de Julia, cuya frenética actividad desmiente su calificativo de abuela, pues da la impresión que es la más joven de todos. Para cumplir el encargo de redactar la publicidad para los medios, Zaca pide a Julia que le deje ojear el Diario de Castellón que, según Sisca, se recibe diariamente en el Mas.

   -Por supuesto, tienes el periódico a tu disposición. Guardo todos los ejemplares del año en curso –Y, Julia, abriendo una de las puertas bajeras del armario del cuarto de estar, señala una pila de periódicos allí guardados.

   -Por curiosidad, ¿cómo llega el diario al Mas?

   -Lo trae Alberto el Melano, que hace el papel de cartero para los masos de Benlloch. Llega con un día de retraso y cuando hace mal tiempo se atrasa uno o dos días más. Y soy la única que lo lee, aunque a veces Valerio le echa una ojeada.

   La abuela le cuenta que el Diario fue fundado en 1924 por Jaime Chicharro, cofundador de la Federación Castellonense de Sindicatos Agrícolas, y es el órgano de expresión de la misma. Y añade:

   -Aunque no lleva mucha propaganda, encontrarás la suficiente para que te hagas una idea de cómo redactar los anuncios del nuevo puesto.

   Cómo ahora tiene más tareas en que ocuparse, Zaca ha desatendido un tanto su trabajo de maestro. Sea por eso o por alguna otra causa que desconoce, Sisca también ha aflojado su interés por seguir aprendiendo. Presta escasa atención a las explicaciones de Zaca, remolonea en su aprendizaje y está descuidando los deberes. Y estos días de frenética actividad focalizada en el nuevo puesto del mercat, han acabado de descentrarla. Zaca se ve en la obligación de llamarle la atención. Y se topa con una respuesta que no esperaba, no tanto por su contenido, sino por la chulería con que la muchacha la ha expresado.

   -Para el carro, Zaca. No me riñas como si fuera Mito. Leo de corrido, escribo para entenderse y conozco y sé aplicar las cuatro reglas…. A fin de cuentas, habrá quien, al cabo de muchos años de estudio, no acierte a distinguir un rendajo de un jilguero o una boñiga de un cagajón. Yo, sí. Por lo que, aunque no me aplique tanto como antes, sé lo suficiente para que cuando me toque hacer lo que ahora hace la abuela, sabré desenvolverme. Y, como sueles repetir, lo importante es antes que lo urgente y ahora la importancia la tiene el nuevo puesto. Guárdate la riña para mejor ocasión -La perorata ha contado con la complicidad de la sonrisa burlona de Lía que también está flojeando en su aprendizaje.

   Llegan al Mas noticias de don Vicencio sobre la publicidad en los medios de Castellón. De los diarios, el Heraldo es el que tiene mayor tirada y sus tarifas publicitarias son altas. Las del Diario son bastante más baratas, acorde con su escasa tirada. Pero ambos medios tienen idéntica limitación que, en buena medida, los inhabilita para la inserción en sus páginas de la publicidad de Los Masos de La Plana Alta: los lunes solo se publica un periódico, la llamada Hoja del Lunes, que editan las Asociaciones provinciales de la Prensa de España y que es el único diario autorizado ese día; los demás periódicos tienen que respetar el descanso dominical. La información lleva a Julia a desechar la inserción de anuncios en los diarios. En cambio, Radio Castellón, quizá por ser de reciente creación, tiene unas tarifas publicitarias muy asequibles, emite también los lunes y cuenta con el valor añadido de la inmediatez de su difusión. Lo que hace que sea ese medio el elegido por Julia para insertar la propaganda –lo del término publicidad no acaba de asumirlo- del nuevo puesto. En el contrato que, en su nombre, don Vicencio suscribe con la emisora figura la cláusula de que será la redacción de la radio la que redacte los anuncios. Zaca respira, pues lo de redactar la publicidad se le había atragantado.   

   Cuando los miembros que conforman lo que ya se ha convertido en la plana mayor del asunto del nuevo puesto del mercat se vuelven a reunir –al que ante su sorpresa y orgullo sigue siendo invitado Zaca pese a sus pocos años-, Valerio es quien alerta de un fallo que puede tener el asunto de la oferta del producto-cebo para atraer más compradores.

   -Tenemos un problema inmediato con el producto a ofertar como cebo. El verano no es época de cosechar productos básicos como las patatas o las legumbres. Lo que más se cosecha son las frutas: higos, melocotones, melones, sandías, manzanas… Productos que no son esenciales para ninguna familia. Quizá podríamos ofertar harina, pero como, después de la reciente cosecha, habrá mucha en el mercado la competencia sería muy dura. Aparte de que la harina en estos momentos tiene escasa venta, pues desde el aumento del número de panaderías la gente está dejando de elaborar el pan en casa, y más en la ciudad. Tendríamos que pensar en alguna alternativa.

   El prolongado silencio que sigue a la intervención del Mayoral sugiere la impresión de que nadie tiene alternativas que proponer. El impás lo cierra Julia con una propuesta radical.

   -Tenemos una alternativa que es atemporal y que tiene una venta segura: vamos a ofertar como cebo el aceite de los centenarios olivos de Los Masos de la Plana Alta. 

   La propuesta de la abuela provoca comentarios de toda laya por parte de los asistentes, pero Valerio hace de Pepito Grillo:

   -Julia, le recuerdo lo mal que estamos de aceite y que hemos racionada su venta. ¿Y ahora quiere ofrecerlo de cebo?

   -Y yo te recuerdo que los socios aportarán sus excedentes de aceite y, por consiguiente, vamos a tener la cantidad suficiente para que, al menos, una vez podamos utilizarlos como carnaza para la venta –La intervención de Julia, hecha en tono que no admite réplica cierra el tema del cebo.

   A Zaca, lo del aceite le ha llevado a recordar su etapa como coniller, en la que uno de los productos más valorados en los trueques por conejos era el oro líquido. Lo que, a su vez, le ha hecho recordar el problema que representaban los envases y como la gente, a veces, valoraba casi tanto el continente que el contenido. Y, aunque no le gusta un pelo dar la impresión de que secunda a Valerio y que pone en solfa la posición de la abuela, comenta que la cuestión de los recipientes puede resultar problemática. A lo que Paca contesta:

   -No sé si te fijaste los días que viniste al mercat, pero son nuestros clientes los que traen los envases.

   -Lo que apunta el Bachiller está bien traído, porque los nuevos compradores no tienen por qué saber lo de que han de traer los envases –interviene Julia, que agrega-: Y las botellas de vidrio valen un dinero.

   -Esa falta de información –apostilla Valerio- se puede resolver mediante la propaganda. Habrá que incluir en ella que los envases corren a cuenta del comprador. Otro posible problema que se nos puede presentar es la cantidad de aceite que puede adquirir un cliente. Si hay compradores que adquieren mucho, las existencias se van a terminar rápidamente y vamos a quedar mal con muchos clientes. Opino que sería una buena medida limitar la cantidad de litros que pueda comprar un cliente, podría ser algo así como un máximo de cinco litros por persona -la sugerencia del Mayoral, que no parece acusar la réplica de Julia, es bien acogida por el resto.

   La plana mayor del asunto del mercat de Los Masos de la Plana Alta funciona a todo gas y la aportación de sus miembros va sellando todos los flecos y modelando lo que promete ser una gran aportación a la economía del Canònge. Y todo gracias a una modesta sugerencia del primogénito de los Clavijo, que cada vez que lo piensa, se esponja como un pavo real.

   En la reunión que tienen el viernes, 14, Julia les comenta que el próximo sábado vendrán al Mas las futuras nuevas vendedoras a las que, durante el fin de semana, les darán instrucciones de como tendrán que actuar en el puesto del mercat, y de paso valorarán su porte y sus cualidades.

   -Hija, de eso te encargarás tú y te ayudarán Pili y Paquita. Ah, y el Bachiller que verá cómo andan de cálculo mental. Por cierto, las nuevas se llaman Asunción, Hortensia, Genoveva, Lola, Casimira, Benigna y Etelvina. Ya os las presentaré.

   Los días pasan, las cuestiones pendientes para poner en marcha el nuevo puesto se van cerrando, y la plana mayor del negocio se pone de acuerdo que el lunes, 24, sea la fecha en que se inaugure el puesto de Los Masos de la Plana Alta o LOMAPA, acrónimo que para su coleto ha ideado Zaca y que no ha hecho público, pues es consciente que las abreviaturas y acrónimos no forman parte del lenguaje de los masoveros.

   Pero el domingo, 16, ocurre algo que ocasiona que Zaca casi se olvide del asunto del mercat. Han llegado dos masoveros al Canònge que han pedido ver a Julia. Se han encerrado con ella en el cuarto de estar, donde han conversado más de una hora. Al finalizar la charla, la abuela ha enviado a Paquita a por el Bachiller, como siempre le llama.

   -Zaca, la abuela quiere verte. Te espera en la sala de estar. Están con ella dos masoveros, a uno lo conozco de vista, es el tío Germán el Rizos de la Masía de Planchadell. El otro no sé quién es.

   -¿Sabes qué quiere la abuela?

   -No me lo ha dicho. Por suponer, supongo que será algo relativo al nuevo puesto. Pero, conociéndola, te puede salir por donde menos lo esperas.

   Zaca desconoce lo que se le viene encima, y donde Julia solo va a jugar el papel de mediadora. Serán los visitantes los que propongan un nuevo aliciente a su estancia en el Mas. Y que pondrá el futuro del muchacho en una encrucijada de las que se dan en contadas ocasiones en la vida de una persona. Como el chico no conoce a los visitantes, pero sí a Julia, lo que piensa es en lo que le pueda decir o pedir la abuela, no en lo que le puedan decir o pedir los visitantes. Como responda Zaca al envite marcará su devenir y alterará significativamente la trama de esta historia.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 70 de la novela “El masover” titulado: Una propuesta inesperada

martes, 14 de abril de 2026

El masover”. 68. Los Masos de La Plana Alta

 

   Zaca continúa estrujándose las meninges sobre el proyecto del nuevo puesto del mercat del dilluns. Revisando la idea de confeccionar un rótulo para el bisoño  proyecto, piensa que debería ser, para que pesara menos, de una tela fuerte y apta para que se pintaran en ella algunos de los futuros masos colaboradores. Incluso ha pensado en la persona que puede hacerlo: el tío Ricardo, el ferretero, cuya tienda está al lado de la iglesia parroquial de Torreblanca, y al que se le da bien el dibujo y es pintor aficionado. Alguien tendría que describirle como son los masos, o suministrarle unas fotografías de los mismos. Y como el título de Los Masos de La Plana Alta es bastante largo, se le ocurre que habría que buscar un acrónimo, pero piensa que resultará complicado que la gente lo entienda, pues en los masos apenas existe la cultura de los acrónimos, por lo que lo desecha. En cuanto a los anuncios, habría que ponerlos en los periódicos locales con más tirada que, por lo que sabe, son dos: El Heraldo de Castellón y el Diario de Castellón. De lo que no sabe nada es de las emisoras que hay en la ciudad. Tendrá que enterarse. Al pensar en los diarios se acuerda de lo que dijo Sisca en la reunión sobre el asunto de Los Masos: que la abuela leía diariamente el Diario de Castellón. “¿Se recibe en el Mas ese  periódico?”, se pregunta. Él no lo ha visto. Se lo tendrá que preguntar a Sisca. Y la propaganda en los medios, ¿qué debería decir? Pues que todos los productos que venden Los Masos de La Plana Alta se cultivan, crían y elaboran en las masías; en consecuencia, son naturales, frescos, sin productos químicos y que van del productor al consumidor, sin intermediarios, por lo que sus precios son relativamente baratos y, por tanto, altamente competitivos. Luego piensa en cómo serán los nuevos vendedores que, conociendo a la abuela, probablemente se tratará de mujeres. Otra cuestión que se plantea es: Paca y Sisca que son las que cobran, al ampliarse el puesto, ¿se apañarán para vender y al tiempo cobrar las operaciones que hagan los otros vendedores? Habrá que buscar una solución, pues si no el proceso  de cobrar y de dar el cambio puede formar un cuello de botella que podría ralentizar las ventas.

   El domingo, la abuela convoca otra reunión para seguir profundizando en el asunto del nuevo puesto del mercat. Los asistentes son los mismos que la vez anterior. Valerio hace un resumen de su visita a las masías asociadas al negocio del mercadillo. Ha cerrado los acuerdos que había negociado con los masoveros y ofrece un dato esperanzador: seis de los masos que, en principio, habían optado por no participar, han cambiado de opinión y se han sumado al proyecto. Julia es la que tiene más noticias de las que informar.

   -Tenemos –habla en plural lo que hace que el resto de asistentes se sientan copartícipes del proyecto- en cartera siete posibles nuevas vendedoras –como había pensado Zaca, la abuela se decanta por las mujeres-. Mis dos sobrinas de Villanueva, una de las primas de Manuel que vive en Cabanes, y cuatro masoveras de las masías asociadas. Quizá se necesiten más porque mi hija y mi nieta se dedicarán solamente a cobrar. De entrada y de manera provisional, he planeado que la distribución de las vendedoras será la siguiente: dos se dedicarán a vender aceite, puesto que es el producto que más demanda tiene; una se encargará de los pollos, gallinas y conejos con el apoyo de Anselmo que seguirá de matarife; otra, venderá solo harina, producto también muy demandado; dos venderán los vegetales, y otras dos los productos animales elaborados, me refiero a los embutidos, quesos, miel, conservas, etcétera.  

   -Abuela –la interrumpe Zaca- según acaba de explicar me salen ocho vendedoras.

   Da la impresión de que a Julia no le ha sentado nada bien la interrupción, pues lanza una torva mirada al muchacho.

   -Hasta ahí llego, Bachiller. Siete nuevas vendedoras más Pili suman ocho. Paca y Paquita, además de cobrar, estarán de retén por si alguna de las vendedoras necesita que en momentos puntuales se le eche una mano. La cuestión no resuelta, y que no me deja dormir, es como lograremos tener más clientes, porque sin más compradores lo que estamos planeando es como hacer surcos en el agua. Y ahí es donde entra el asunto de la propaganda que sugirió Sacaríes –y dirigiéndose al chico le pregunta-: ¿Se te ha ocurrido algo más sobre lo que llamas publicidad?

   -Sí, señora Julia, pero he de ser sincero: tengo más preguntas que respuestas.

   -Bien, Bachiller, hay que tener mucho cuajo para admitir que uno se plantea preguntas, pero no tiene respuestas. Hay que tener coraje y ser honesto con uno mismo y con los demás. Eso dice bien y mucho de ti.

   -Gracias, señora Julia. Solo he pensado que una forma simple y barata de propaganda sería poner una especie de cartel en el puesto del mercat que le diera nombre propio al puesto. Algo así como LosMasos de La Plana Alta. El nombre se inscribiría en una banda en la parte superior del puesto. A izquierda y derecha del rótulo irían pintados el Canònge y algunos de los masos asociados. Y conozco a la persona que puede hacerlo por cuatro perras. En los laterales descendentes del cartel iría la relación de los principales productos que vamos a vender –Zaca, consciente o inconscientemente, también emplea el plural al referirse al proyecto.

   -Bien, Bachiller. Lo del cartel del puesto me parece adecuado y más si hacerlo es económico.

   -Me tranquiliza oírle eso, abuela. Me olvidé contar que también he pensado que la publicidad debería decir que todos los productos que vendemos se cultivan, se crían y se elaboran en las masías: en consecuencia, son naturales, frescos, sin productos químicos y que van del productor al consumidor, sin intermediarios, por lo que sus precios son razonablemente baratos. Finalmente, que la publicidad deberíamos insertarla en los dos periódicos de más tirada de Castellón, El Heraldo y el Dario, y también en las emisoras, caso de haberlas, algo que desconozco.

   -Al menos hay una, llamada Radio Castellón, que la acaban de poner en funcionamiento –informa Julia-. ¿Sabes cómo funciona lo de poner anuncios en diarios y radios? –la pregunta va dirigida a Zaca.

   -No, señora Julia. No lo sé.

   -Paca, habla con don Vicencio y que se informe sobre la cuestión de la propaganda, de cómo se maneja y cuanto nos podrá costar poner unos anuncios.

   -Don Vicencio -susurra Sisca a Zaca- es el secretario del ayuntamiento de Benlloch y es quien nos lleva los asuntos de las leyes y de la relación con los organismos oficiales.

   -Paquita, déjate de cuchicheos y presta atención –la amonesta la abuela-. Bachiller, lo que se te ha ocurrido sobre la propaganda está bien, pero lo veo muy largo y algo incoherente. Tengo entendido que la propaganda se hace con frases cortas para que la gente pueda retenerlas. Tendrás que meter la podadera. Otra cosa. Aparte de la posible propaganda, he pensado en otros medios para atraer a más compradores. Se me ha ocurrido al recordar la venta de saldo que solemos hacer al final del mercat. Uno de ellos sería el siguiente: cada lunes pondríamos uno o dos productos, de los que tengamos en mayor cantidad, al precio más barato del mercat, como mínimo uno o dos reales menos por kilo, con el añadido de que se vendería a ese precio mientras quedaran existencias. Y eso tendría que conocerlo la gente, incluso antes de abrir el mercat, por lo que la propaganda sería indispensable.

   -Madre – es la primera intervención de Paca-explícanos mejor eso de los saldos porque no acabo de entenderlo.

   -Pondré un ejemplo. Supongamos que es la época de los guisantes y que tenemos muchos. El precio medio al que se vende el kilo es de una peseta y veinte céntimos. Nosotros lo venderemos al precio mínimo para no perder dinero, pero que sea mucho más económico que el de otros puestos. Pero no pondremos a la venta todos los guisantes que tenemos, solo digamos que la mitad o dos terceras partes. Y si la gente viene por el tirón de los guisantes baratos, una vez en el puesto es probable que aproveche para comprar otros productos.

   -O sea, que los guisantes serían como el cebo que se pone en el anzuelo –comenta Zaca.

   -Equilicuá, Estudiante.

   -Julia, lo de vender el mismo producto que otros puestos a precio más barato no va gustar un pelo a la Asociación de Comerciantes del Mercat. Y es posible que nos llamen la atención –objeta Valerio.

   -Ya he pensado en eso, pero… ¿qué nos pueden hacer?, ¿tirarnos de las orejas?, ¿ponernos de rodillas cara a la pared cómo hacían en la escuela? El mercat es libre y la competencia siempre ha funcionado. Probémoslo, y a ver qué pasa.  Dejadme un calendario para ver que día podemos empezar con el nuevo puesto. El próximo lunes será el 17. No estaremos preparados. El siguiente será 24 y el último lunes de julio el 31, Lo mejor sería que pudiéramos inaugurar la nueva etapa del mercat el 24 y, si no, el 31 como fecha límite. ¿Alguna sugerencia al respecto?

   -Abuela, creo que alguien tendría que encargarse de redactar el anuncio a insertar en los periódicos y a publicitar en la radio –sugiere Zaca.

   -Espero que lo hagas tú, Bachiller. De todos los presentes eres quien más cultura tienes. Y también más experiencia en lo de escribir, el trabajo en tu pueblo como escrivent lo atestigua.

   -Pero no es lo mismo escribir una carta a un quinto o a un familiar que redactar un anuncio. Nunca he escrito ninguno y no sé cómo hacerlo.

   -Bueno, ya se te ocurrirá algo. De todos modos, habrá que esperar a que don Vicencio nos cuente cómo funciona el asunto de la propaganda y entonces decidiremos si lo haces tú o lo  encargamos a alguien de fuera. En cualquier caso, échale un pensament.  Ah, se me olvidaba: hija, hay que montar una habitación para las nuevas vendedoras, pues se quedarán en el Mas la noche del domingo y, probablemente, también la del lunes si el mercado acaba tarde. Ya he convenido con ellas que estarán un mes a prueba. Después seguirán o las despediremos, en función de si valen o no como vendedoras. Valerio, hay que preparar espacio en el almacén para guardar la mercancía que nos va a llegar y has de encargar más jaulas para los pollos y conejos de los masos asociados. Y no sé si harán también falta más garrafas para el aceite. Míralo a ver como está. No sé si me olvido de algo.

   -Abuela –interviene Paquita-, creo que si los clientes aumentan tanto como piensas, madre y yo no sé si daremos abasto a cobrar. Quizá habría que pensar en una tercera persona. Acaso Pili…

   -Pili es honrada a carta cabal –la corta Julia- y sería una cobradora fiable, si no fuera porque de números anda muy justita y lo de calcular de cabeza no se le da nada bien. Habría que pensar en otra persona. Mejor si es de la familia o de nuestra total confianza, pues el dinero suelto es muy goloso. Lo pensaré.

   De esta segunda reunión Zaca piensa lo mismo que de la primera: interesante y productiva, pero caótica y falta de orden, han pasado de un tema a otro sin un guion previo al que ceñirse y él ha sido uno de los que ha contribuido a ello. Y aunque le acusen de pedante o de Pepito Grillo, estima que es el momento de poner encima de la mesa la lista de asuntos sobre Los masos de la Plana Alta que bosquejó. Aunque, curándose en salud, lo hace realzando la importancia que tienen los demás en el asunto del que están tratando.

   -Si me permiten, de todo cuanto se ha hablado en las dos reuniones que hemos tenido, y teniendo en cuenta las interesantes aportaciones que todos han hecho, posiblemente se podría deducir el orden en que deberían abordarse los asuntos a tratar sobre Los masos de la Plana Alta en una próxima reunión, si la hubiese. Y que las personas con más experiencia en el mercat del dilluns, como son la señora Julia y la señora Paca, sacasen las conclusiones pertinentes.

   La lista ordenada de cuestiones que expone Zaca, basada en los seis servidores de Kipling, es bien recibida por el grupo que toma buena nota para abordarlas de forma sistemática en la próxima reunión. Tras lo cual, Julia da por finalizada la sesión.

   -Hala, a trabajar, que nos queda mucho tajo.

   Al terminar la reunión, Sisca y Zaca salen emparejados, y la muchacha comenta:

   -Hace mucho tiempo que no veía a la abuela tan ilusionada. Lo de Los Masos de la Plana Alta parece que la ha rejuvenecido. Y eso te lo debe a ti.

   -Yo solo dejé caer una idea que me surgió por casualidad. Todo lo que ha venido después se lo ha guisado y se lo ha comido tu abuela –afirma el muchacho.

   -No seas modesto, Zaquita. Tienes una chola que carbura más que una locomotora. Al menos, eso es lo que dice la abuela. Y como lo de Los Masos de la Plana Alta salga bien, te la habrás ganado para siempre. ¡Ojalá sea así!

   -Y tú que lo veas.

   En cuanto el muchacho se queda solo piensa que debe terminar el análisis de los servidores honestos de Kipling. El último que analizó fue el de dónde o lugar de la actividad del proyecto. Del aspecto espacial piensa que en el proyecto hay varios espacios lógicos: el mercado, para vender; el Canònge para reunir y almacenar las aportaciones de los masos asociados, y los puntos de recogida de la mercancía procedente de los demás masos. Sobre el espacio del mercado habrá que pedir permiso al ayuntamiento de Castellón para ampliar el puesto. Habrá que preguntar a Valerio si las actuales instalaciones del Canònge tienen capacidad suficiente para almacenar los productos de los masos asociados, si no fuera así, tendrán que plantearse soluciones alternativas, sin desechar la posibilidad de construir nuevos almacenes. En cuanto al espacio de los puntos de recogida es un tema a tratar con Valerio y el tío Tonellaes. Respecto al como las posibilidades son casi ilimitadas, por lo que deja su análisis para otro momento, Finalmente, respecto al por qué van a llevar adelante el proyecto también le plantea muchas dudas: ¿para enriquecerse?, ¿para tener más actividad?, ¿para fomentar la unidad con otros masos?, ¿para…? No encuentra respuestas. El análisis de los seis servidores honestos ha resultado ser más complejo y difícil de lo que pensaba. Es evidente que tiene más dudas que respuestas, por lo que decide no exponer el resultado del análisis al resto del núcleo duro del proyecto hasta que vuelva a pensarlo con mayor hondura. En cualquier caso, sigue creyendo que falta orden y método en la práctica de su idea. ¡Su idea! Un ramalazo de orgullo le culebrea por el espinazo. Con solo trece años ha sido capaz de concebir una idea que puede convertirse en una realidad con mucho futuro. Y con ese pensamiento tan confortable cierra los ojos y se duerme. No lo sabe ni siquiera lo sospecha, pero el proyecto de Los masos de La Plana Alta le ha madurado, y más que un adolescente es casi un precoz adulto.

  

PD. El próximo martes publicaré el episodio 69 de la novela “El masover” titulado: ¿Qué querrán de Zaca los visitantes?