martes, 25 de agosto de 2026

 

“El masover”. 87. Sorpresa: Zaca se interesa por la agricultura 

 

   Zaca se ha convertido en el gran animador de muchas de las sobremesas del Canònge, sobre todo  tras las cenas porque es el alma de las mini representaciones teatrales y poéticas que alegran las noches de los masoveros, aunque ha debido de acortarlas, ya que las noches estivales son de escasa duración. El verano de 1933 se resiste a terminar y la primera quincena de septiembre el calor es casi agosteño y los campos de los alrededores del Mas son un secarral ante la preocupación  de Valerio.

   -Como no llueva pronto, las plantaciones otoñales tendremos que hacerlas p            asado el Pilar. Está todo sequísimo.

   -Valerio, eres un cenizo. Te apuesto una merienda que, antes de la fiesta de los tres arcángeles, lloverá –se burla Julia.

   La apuesta la gana la abuela. El veintitrés cae el primer chaparrón, poca cosa, pero justo el veintinueve, festividad de San Miguel, San Gabriel y San Rafael –los tres arcángeles aludidos por Julia-, una clásica tormenta otoñal vierte torrenteras de agua sobre el interior de la provincia castellonense.

Como en la comarca el clima se mantiene cálido, la generosa lluvia cambia en cuestión de días los parajes que circundan la masía. La vegetación, que parecía agostada, recobra vida y en un par de semanas el verde es el color imperante en La Plana Alta. Otro efecto de la borrasca es que los calores caniculares dicen adiós y la temperatura se suaviza, lo que junto con el terreno empapado de agua, son factores ideales para el crecimiento de los cultivos, pues el suelo retiene mejor la humedad, lo que reduce la necesidad de riego constante. Aunque  Valerio, que en su trabajo suele pecar de minucioso, precisa:

   -Sigue siendo fundamental mantener un control riguroso del agua para evitar la saturación en caso de que vuelva a llover tan intensamente.

   Las cenas otoñales del Canònge también son el foro donde se discute y se decide lo que se va a plantar en este otoño del 33. Hay dos voces principales que marcan el devenir de los debates y que son decisivas en las resoluciones finales, la de Julia y la de Valerio. Al respecto, la abuela pregunta al mayoral:

   -Valerio, ¿qué vamos a plantar este otoño? ¿Lo de siempre?

   -Ya sabe, Julia. Al final son sota, caballo y rey, como en el guiñote.

   -Entonces, ¿no vas a tener en cuenta las nuevas demandas que nos plantean los clientes de Los Masos de la Plana Alta?

   -Por supuesto, pero es algo a discutir. Y en ese debate, las vendedoras del puesto del mercat son las que nos han de ilustrar.

   -Pues si es así, Paca, Pili, Paqui, Anselmo y el Bachiller tenéis la palabra –indica Julia.

   Los aludidos miran a Paca como pidiéndole que sea ella la que responda. Al fin y al cabo, es la segunda en el mando.

   -Pues lo de siempre: espinacas, lechugas, acelgas, coliflor, repollo, zanahorias, habas y guisantes.

   -Señora Paca, no se olvide de los ajos y cebollas –agrega Pili.

   -Abuela –interviene Sisca- ya van dos veces, que yo sepa, que algún cliente ha pedido brócoli y rabanitos. No sé si se plantan ahora o en la primavera.

   -Bachiller, ¿y tú no aportas nada?

   -Lo siento, señora Julia, pero la agricultura no es mi fuerte. Y, por consiguiente, no me atrevo a opinar.

   -Si no he contado mal, son una docena los diferentes vegetales que deberíamos cultivar. Si fuera como antes que plantábamos lo que íbamos a necesitar en el Mas, tenemos campos más que suficientes para ello, pero como ahora cultivamos para vender en el mercat del dilluns, eso representa un problema, pues necesitaríamos más tierra campa de la que tenemos –plantea Julia.

   -¿Me permite, señora Julia? –Zaca siempre tan respetuoso cuando se dirige a la abuela-. Una posible solución alternativa sería que los cultivos que se han citado se repartieran entre los masos asociados.

   -¿Y quién es el guapo que convence a nuestros socios de que tienen que plantar esto o lo otro? Pues buenos somos los masoveros como para que venga alguien de fuera y nos diga lo que tenemos que cultivar en nuestros campos.

   -Bueno. Hablando se entiende la gente. Y la propuesta del Bachiller tiene mucho sentido –indica Valerio, respaldando a Zaca.

   -Y lo de convencer a los socios, si alguien es capaz de hacerlo, está en sus manos, señora Julia. A usted la escuchan, la respetan y valoran en mucho su opinión. Usted puede convencerles –afirma, rotundo, Zaca.

   -¿Y tú de dónde sacas que los cazurros de mis amigos masoveros me escuchan, me respetan y me valoran? Tienes más imaginación que Calleja, o ¿es que se confiesan contigo? –se mofa la abuela.

   -Ni imaginación, ni confesión. Me consta porque escucho lo que cuentan mis alumnos. Y hablan y no paran que la abuela Julia, la mestresa del Canònge, és la dona més llesta, astuta i valenta de tota La Plana Alta. Y si los chavales así lo dicen es por que se lo han oído a sus padres.

   -Y tienen más razón que un santo –asevera Valerio-.O sea, Julia, que se impone convocar cuanto antes a nuestros socios para mantener con ellos un vu parlé y convencerlos de que cada uno tendrá que sembrar parte de lo que necesitará en unos meses el puesto de Los Masos.

   Que Julia se ha rendido tras las intervenciones de Valerio y Zaca es un botón de muestra su pregunta:

   -¿Los convocamos en el Mas?

   -Para que hagan menos camino sería mejor reunirse en Benlloch. La Cooperativa agrícola puede prestarnos su sala de reuniones –aconseja Valerio.

   El coloquio sobre qué sembrar en otoño le sirve a Zaca para recordar algo de lo que es consciente: su práctico desconocimiento de casi todo lo referente a las actividades agrícolas, y eso que ha nacido y se ha criado en un pueblo eminentemente agrario. “Una cosa es que no vaya a dedicarme a la agricultura -se dice- y otra muy distinta es que sea tan ignorante de cuanto atañe a lo que es el medio de vida del entorno en el que vivo”. Y decide, por primera vez en su vida, aprender, al menos la teoria, de como se desarrollan los principales cultivos de la zona de Levante. Y un buen maestro para ello puede ser Valerio. Ni corto, ni perezoso, se va en busca del Mayoral y le plantea su pretensión.

   -Valerio, aquí donde me ve, soy un ignorante en casi todo lo concerniente a la agricultura. Y he pensado que usted es la persona más indicada para enseñarme, al menos, los rudimentos de las prácticas agrícolas de esta zona. Siempre que a usted le venga de cara. Si no fuera así, buscaría otro experto pero, si es possible, prefiero que sea usted quien me lo explique. Dígame si no tiene inconveniente y, cuando tenga un rato libre, podria comenzar por hablarme de los cultivos de esta época.

   -Vaya, mocete. Es lo último que esperaba de tí. Con mucho gusto te enseñaré el abc agrícola de la comarca. Y me parece oportuno comenzar por los cultivos de otoño. En cuanto al mejor momento para que pases de maestro a alumno, creo que serà la media hora, más o menos, que tenemos sin una tarea concreta antes de las cenas. Vienes a casa y allí charlaremos tranquilamente. Te espero esta noche.

   Tal como han quedado, aquella noche Valerio comienza a desasnar al muchacho que va camino de ser bachiller, pero que en cuanto a su saber agrícola es un ignorante, pues no sabe casi nada. Comencemos por lo más básico, las etapas o fases de un cultivo, que abarcan el proce de desarrollo de una planta desde la siembra hasta la recolección. Se dividen principalmente en preparación delterreno, germinación, crecimiento vegetativo,floración, fructificación y cosecha. Conocer estas etapas ayuda a dar el riego y los abonos necesarios a tiempo. Ah, y una pregunta: cuando estuve en La  Fábrica recuerdo haber visto unos pequeños bancales en los que había cultivos, ¿de qué eran?

  -En el bancal más grande, padre planta trigo, en el segundo y tercero suele plantar patatas y otros tubérculos, y en el último hortalizas.

   -Entonces, si plantabais todo eso, a la fuerza has de saber cosas de la actividad agrícola.

   -Pues no. Verá señor Valerio, soy el primero y único de las familias de mis padres que estudio el bachillerato y ellos se sacrifican para que algún día sea bachiller. Por eso, y porque no me gusta nada el trabajo físico, yo quedaba excluido del trabajo en los campos, que lo hacían mis padres y hasta mi hermana. Solo debía dedicarme a estudiar y a leer. De ahí que sepa muy poco o casi nada de los cultivos.

   -Pues tus padres tienen todo mi respeto, pero hicieron mal, deberían haber hecho que les ayudases aunque fuera solo un poco. El saber no ocupa lugar, pero en fin… Veamos cuales son las plantas que más cultivamos en el Canònge. Los cereales, las patatas, remolachas, zanahorias y alfalfa para el ganado, y desde el asunto del mercat del dilluns verdura varia, especialmente hortalizas. A ello hay que añadir las cosechas de almendras y algarrobas y algo de uva. Comenzaré por explicarte que se suele cultivar en la comarca de La Plana Alta en otoño: las hortalizas de hoja verde; las tres que más se cultivan aquí son las lechugas, las espinacas y las acelgas. Se pueden sembrar directamente en el suelo o en semilleros desde finales de agosto hasta octubre. Son cultivos escasamente rentables por lo que los cultivamos en pequeñas cantidades.

 Y antes de proseguir, dime lo que conoces de esas tres hortalizas, porque algo debes saber. Por ejemplo: ¿cómo se preparan las acelgas para comerlas?

   -Creo que hervidas, con patatas y lo que se quiera añadir.

   -Respuesta incompleta. Y además se pueden tomar en ensalada, en sopa, rehogadas con ajos, con bechamel, rebozadas, rellenas y como guarnición de carnes o pescados. ¿Y las lechugas?

   -En casa las comemos en ensalada.

   -¿Y las espinacas?

   -Mi madre come muchas espinacas, pues tiene estreñimiento crónico y, según dicen, las espinacas son laxantes –recuerda Zaca-. Y las come hervidas o fritas.

   -¿Qué coño es eso de laxantes?

   -Un medicamento o planta que sirve para facilitar la evacuación del vientre. Lo contrario es astringente, dicho principalmente de un alimento o de un remedio: que astringe.

   -Rediós, hablas como un seminarista. ¿Qué coño es astringe?

   -Astringir es constreñir el vientre.

   -Ves, a eso le llamo cultura: saber que hay una palabra que significa aligerar el vientre y otra que significa constreñirlo. Hay que ver, Bachiller, no sabrás nada del cultivo de la acelga, pero conoces palabras como astringente y laxante.

   -Sí, pero si nos dejaran en una isla desierta mis palabras no me servirían de nada y me moriría de hambre. Usted, en cambio, con la de cosas prácticas que sabe saldría adelante.

   -Astringente y laxante, jodío crio. Por hoy, basta.

   Al día siguiente de la primera lección sobre algunas de las plantas que suelen plantarse en otoño, la noticia de que el Bachiller se interesa por tal cuestión ha dado la vuelta al Canònge y, posiblemente, ha llegado a otros masos. Son tan escasas las noticias que se producen en entes tan aislados y solitarios como las masías que, cuando ocurre alguna noticia, aunque sea tan irrelevante como ésta, su automática propagación está asegurada. Quien primero se lo comenta, como no podía ser menos, es Sisca que lo interpela cuando están esperando el bus de los alumnos.

   -Así que piensas hacerte llaurador. Ha sido toda una sorpresa. Estaba convencida de que detestabas tanto todo lo referido a la tierra como a que te llamaran Zacarías.

   El muchacho echa una larga mirada a Sisca. No sabe si está hablando en serio o se está quedando con él. La duda dura el tiempo que la muchacha contiene la risa. Aclarada la situación, Zaca le cuenta el motivo principal que ha tenido, y que sigue teniendo,  para llenar un vacío cultural y social que tenía que restañar.

   -La abuela diría aquello de que el saber no ocupa lugar –Sisca recuerda uno de los dichos que suele repetir Julia,

   -Y eso, en este caso, es lo de menos. Lo importante es que no podía seguir ignorándolo casi todo de unas prácticas que se han convertido en el factor más decisivo del ambiente en el que ahora vivo. Mi desconocimiento de lo referente al mundo agrícola podía justificarse en el contexto en que se desarrollaba mi vida en el pueblo. Pero viviendo en el Mas, llevando las cuentas de sus cultivos, trabajando en Los Masos de la Plana Alta y teniendo como alumnos a un puñado de chicos que, en el noventa por ciento de los casos, terminarán siendo labradores, era una estupidez seguir ignorándolo todo del conjunto de técnicas y conocimientos relativos al cultivo de la tierra. Y he pensado que era hora de ponerle remedio a esa ignorancia. ¿Y quién mejor que Valerio para desasnarme?

   En este aprendizaje de las labores agrícolas, Zaca descubre que la vida del campesino no es, ni mucho menos, una existencia tan idílica como a veces la pintan los novelistas. Algo que sospechaba, pero que no sabía con certeza, lo que no deja de ser una paradoja, pues el agrícola es el ambiente en que se ha criado, dado que Torreblanca es un pueblo eminentemente agrario, pero él ha llevado una vida encapsulado en los libros y el estudio y lo demás es como si no hubiese existido para él. Y así también descubre que la vida del labrador abarca la conexión con la tierra, el trabajo incansable de sol a sol, la simplicidad de la vida familiar y social, y las luchas contra la adversidad, la pobreza y las injusticias que en tantas ocasiones lo oprimen. A menudo, se subraya la figura del campesino como quien es testimonio de paciencia y tenacidad, marcado por el ritmo de las estaciones, y que afronta el desafío de un trabajo laborioso y, a menudo, ingrato para sobrevivir y sustentar a su familia. Asimismo, descubre que la vida campesina está profundamente ligada a la tierra, no solo como fuente de sustento, sino como un ser al que cuidar y darle cuanto pide. Y que el trabajo del labrador es esforzado y cíclico, pues la jornada laboral se extiende desde el amanecer hasta el anochecer, marcada por el trabajo físico en el campo, el cuidado del ganado y las labores domésticas. Y que de igual manera, ese trabajo ha de adaptarse al ritmo de las estaciones, con el año girando en torno a las siembras, cosechas y demás labores agrícolas. Incluso el trabajo del campesino afecta a su vida familiar y social, pues la familia se convierte en una unidad de trabajo y apoyo, donde se comparten los esfuerzos y se celebran juntos los momentos de descanso. Una vida caracterizada  por la sencillez y la austeridad, con una alimentación modesta, aunque se celebren con alegría los momentos de festejos.

   Zaca pone la misma voluntad y tesón en aprender la teoría de las prácticas agrícolas que en memorizar las asignaturas de cuarto de bachiller. Y no solo tiene como mentor a Valerio, también Sisca le ayuda en ese aprendizaje pues, como nacida en el Mas y aunque no las lleve a cabo, conoce las prácticas agrícolas desde niña. Un nexo más que une cada vez más estrechamente a ambos muchachos, cuyos puntos en común son más sólidos cada día. Y como dice la sabiduría oriental: una pareja de amigos dura más que una pareja basada en los sentimientos. Si eso es así, la relación de ambos adolescentes va camino de ser longeva. Y el interés del novel maestro por la agricultura le hace entender mejor a sus alumnos que algún día serán agricultores. No solo los entiende mejor, sino que llega a tomarles más cariño. Al final, Zaca no solamente está aprendiendo cosas sobre las prácticas agrícolas, sino que también aumentan sus vivencias emocionales.

  

PD. El próximo martes publicaré el episodio 88 de la novela “El masover” titulado: Dame pan y llámame tonto

martes, 18 de agosto de 2026

“El masover”. 86. Fiat lux

    

   El resultado de las elecciones de noviembre de 1933 ha supuesto la derrota de los partidos republicanos de izquierda, entre ellos de de los socialistas y el triunfo de los partidos de derecha. El resultado no ha tenido repercusión alguna en la vida de la gente del Canònge que si tienen proyectos  que les afectan directamente. En estos momentos, el más importante es si instalar o no la electricidad en el Mas, proyecto al que la abuela lleva tiempo dándole vueltas. Tras mucho pensárselo y teniendo muy presente los consejos que al respecto le dio el padre de Zaca cuando estuvo en el Canònge, Julia se pone en marcha. Establece contacto con tres empresas de.  Castellón, dedicadas al montaje de redes de media tensión, cuyas direcciones le facilitó el señor Zacarías, y les ha pedido presupuesto de lo que puede costar llevar la energía eléctrica al Mas. Una vez que conocen el coste, los Villalonga  discuten sobre si traer la electricidad. Las opiniones, como suele ocurrir,  están divididas: Paca, basándose en que el desembolso a llevar a cabo la instalación es elevado, se decanta por la negativa. Y la argumenta.

   -¿Cuántos años llevamos sin luz eléctrica en el Mas? Toda la vida. ¿Y cómo nos ha ido? Más bien que mal. Por lo tanto, no la necesitamos, podemos seguir viviendo sin ella y no pasa nada –el señor Manuel que, cosa rara, participa en la reunión se opone. Tiene motivos, pues se crío en una casa con luz eléctrica, dado que hace algo más de dos décadas que la mayoría de pueblos de la provincia fueron electrificados al construirse varias centrales hidroeléctricas en la cuenca alta del río Mijares, el único curso de agua provincial de alguna importancia. 

   -Pero mujer, tener luz supondría un cambio  importante en la vida cotidiana del Mas. Al tener más horas de luz podríamos trabajar más tiempo con lo que a medio plazo acabaríamos amortizando el coste –objeta.

   -Y podríamos olvidarnos de velas, candiles,  petromax y sus pestilentes humos –Sisca apoya a su padre.

   Julia duda. Sabe de las ventajas que supondría electrificar el Mas pues, durante su estancia en el colegio de La Consolación de Castellón, se acostumbró a disfrutar de la luz eléctrica, pero su espartano sentido de la economía la induce a no realizar una inversión de la que no está tan segura como su yerno que pueda acabar siendo amortizada. Aunque en la mesa de la cocina –lugar habitual de discusiones- hay sentadas más personas: Valerio, Cocha, Anselmo, Pili y Zaca –y los niños Ariza-, en el debate, salvo Valerio, solo han participado los miembros del núcleo familiar, por lo que Julia decide ampliar el radio de las opiniones.

   -Valerio, ¿y tú qué opinas? ¿Electricidad, sí o no?

   El mayoral, que sabe perfectamente que al final se hará lo que la abuela decida, se quita el embolado de encima.

   -Julia, no me meta en esta discusión. Además, no tengo un  parecer tan definido como para opinar. Aunque he de decir que hasta ahora nunca hemos necesitado la luz, ¿por qué ahora sí? –apunta Valerio que siempre vivió en masías y no está acostumbrado a usar la luz eléctrica.

   -Anselmo, Pili, ¿y vosotros que decís?

   La respuesta del matrimonio es un encogimiento de hombros. No quieren meterse en una discusión familiar. Y también saben, como Valerio, que será la abuela la que inclinará la balanza.

   -Bachiller, solo resta saber lo que opinas al respecto. Aunque, como hijo de un llumero, supongo que te decantarás por el sí.

   Zaca, que ha hablado muchas veces de la cuestión con Sisca, a la que ha convencido de que instalar la electricidad alteraría significativa y positivamente la vida cotidiana del Canònge, lo primero que piensa es no contestar porque Julia ya ha asumido que dirá que sí, pero opta por ser valiente, algo que no es usual en su comportamiento, y acepta el reto.

   -Señora Julia. Si me permite, yo no enfocaría el dilema de si traer o no la electricidad basándome solo en el coste de su instalación y su futura amortización. Yo centraría el debate en la calidad de vida, algo que, en opinión de ilustres sabios, está muy por encima del aspecto económico. Que sepamos no hay más que una vida y ésta se puede vivir de la mejor forma posible o de otras maneras menos confortables. De tener luz eléctrica a no tenerla hay una diferencia como del día a la noche. Y ahí es donde pondría el meollo del debate: tener una buena calidad de vida o no tenerla. ¿Saben lo que supone levantarte de la cama en plena noche, dar un cuarto de vuelta a un interruptor y que la habitación se ilumine? ¿Y poder planchar sin necesitar una plancha de carbón que como te descuides ensucia la ropa? ¿Y poder tener una nevera en la que no hacen falta barras de hielo? ¿Y tener un aparato de radio y saber al minuto lo que ocurre en el resto de la nación y…? Podría estar enumerando las mil y una cosa que se puede  hacer teniendo electricidad. Es que no hay color, vamos. En resumen, sí a la electricidad con los ojos cerrados.

   -Bachiller, sigues siendo bueno argumentado, aunque tus razones también tienen puntos débiles.

   Al final se disuelve la sobremesa sin que Julia haya dicho una palabra sobre su decisión. La que acaba por inclinar la balanza hacia el sí es Sisca que, espoleada por Zaca, termina convenciendo a su abuela  de que el Canònge tiene que ponerse a la altura del siglo veinte y eso presupone vivir con luz eléctrica. Julia, tras ser convencida por su nieta, se decide. Lo primero que gestiona es elegir la empresa que ofrece instalarla en el menor plazo posible y a un coste razonablemente económico. Firma un contrato con ella, y a finales de octubre comienzan las obras. El tendido irá de Benlloch al Canònge sostenido por postes de madera calafateados en su parte inferior para que soporten mejor la humedad y sean más resistentes. A la entrada del Mas se instala un pequeño transformador, desde el cual parte la red que proporcionará energía a la masía y sus diversas dependencias. La instalación doméstica es bastante espartana, pues en la mayoría de los habitáculos solo lucirá una bombilla monda y lironda, sin lámparas ni tulipas ni nada por el estilo. Las excepciones son la cocina, el cuarto de estar de Julia y los dormitorios de Sisca y Zaca, en los que a instancias del chico habrá también un flexo, y la escuela de los masoverets, en la que, también por empeño de Zaca, se instalan tres bombillas que iluminan todo el recinto. En la iluminación de la escuela, Julia ha negociado con los padres de los alumnos y ha logrado que sean estos los que paguen la instalación de la misma.

   La tarde que el encargado de la empresa instaladora acciona el interruptor del transformador y se encienden las bombillas del Mas, un ¡Ohhh! admirativo surge de las gargantas de los masoveros. Todos conocían la magia de la luz eléctrica, pero conocerla es una cosa y tenerla en tu propia casa otra muy distinta. A los que más impacto les produce el hecho es a los alumnos de Zaca, pues en ninguno de sus masos, salvo en el Mas de Roures y El Cuartico, cuentan con luz eléctrica. El novel docente aprovecha esa semana para dar a sus alumnos una serie de lecciones ocasionales sobre la electricidad, sus ventajas y peligros.

   -Bueno, ya tenéis la luz, ¿y ahora qué más pediréis? –pregunta Julia dirigiéndose a su nieta y al Bachiller.

   Los muchachos, que ya lo han hablado entre ellos, tienen claro cuál será su siguiente petición que esperaban hacer pasado un cierto tiempo, cuando Julia hubiese olvidado los duros que les ha costado la instalación, pero que, ante la pregunta de la abuela, no lo dudan y Sisca se apresta a verbalizarlo.

   -Abuela, me harías la chica más feliz del mundo si compraras una radio. Me han dicho que son bastante baratas y todavía te saldría más económica, pues podrías  darte de baja del Diario de Castellón, que ya no necesitarías para informarte, ya que podrías hacerlo con la radio y, además, al momento y no al día siguiente como ocurre con el periódico. Y sería el medio con el que el Mas se integraría en el mundo moderno, pues estaríamos al corriente de lo que pasa más allá del Canònge.

   -Por pedir que no quede, ¿verdad, hija? De momento tendrás que conformarte con tener luz, lo de la radio ya veremos –Julia todavía está dándole vueltas a la factura de la instalación.

   Como la molienda de las aceitunas comienza generalmente en la temporada de otoño, y dado que la instalación eléctrica ha previsto la futura existencia de motores eléctricos en el Mas, Julia no compra la radio, pero sí manda electrificar la pequeña almazara con la que cuenta la masía. El hecho supone un incordio para la escuela de los masoverets que la tienen al lado, pero con la que tienen que apechugar, aunque los masoveros terminan dando la razón al señor Villalonga porque electrificar la almazara acelera la amortización de la instalación.  Días después de la llegada de la luz eléctrica, una tarde Zaca está memorizando en voz alta una fábula de Samaniego para recitársela a sus alumnos, y le sorprende Julia en tal actividad.

   -Vaya, Bachiller, eso es La zorra y las uvas si no recuerdo mal. Le vendría bien oírla a más de uno.

   -Si quiere, en cuanto la memorice la puedo recitar una noche en la sobremesa –se le ocurre al muchacho.

   -Vale. La noche que quieras nos la recitas. Creo que les gustará.

   Y en efecto, una noche, tras concluir la cena, Julia reclama atención y anuncia:

   -A continuación, el Bachiller nos va a recitar una vieja fábula de un poeta llamado Samaniego que además tiene moraleja. Pero antes, Bachiller, creo que deberías explicar qué es una fábula con moraleja –Zaca acepta el envite de Julia y toma la palabra.

   -Una fábula con moraleja es un relato breve, generalmente protagonizado por animales u objetos personificados, que busca transmitir una enseñanza o lección moral al lector. La fábula que voy a recitar se llama La zorra y las uvas y dice así:

   Es voz común que a más del medio día en ayunas la zorra iba cazando. Halla una parra, quedase mirando de la alta vid el fruto que pendía. Causábale mil ansias y congojas no alcanzar las uvas con la garra…  Entonces fue cuando la zorra dijo: no las quiero comer, no están maduras.

   No por eso te muestres impaciente. Si se te frustra, Fabio, algún intento. Aplica bien el cuento, y di: no están maduras, frescamente.

   No todos han entendido bien la moraleja pero, como Zaca ha engolado la voz y ha recitado la fábula dándole un aire dramático, su declamación ha gustado y los aplausos han resonado con fuerza en los dominios de la señora Concha. Lo que ha sido una simple anécdota, le ha dado a Zaca una idea: podría preparar, al alimón con Sisca, alguna corta dramatización de un diálogo o de una poesía para representarla alguna noche en la sobremesa de la cena, pues en el Mas, los divertimentos son escasos, y tiene el pálpito de que gustaría a los masoveros. Se lo comenta a Julia quien acepta encantada la propuesta del muchacho. Obtenido el visto bueno de la abuela, el siguiente paso es buscar un texto que se adecúe al objetivo que persigue. Tras mirar muchos textos se inclina por la obra, tantas veces representada, de Pedro Muñoz Seca, La venganza de don Mendo. Y dentro de ella el corto diálogo de “Las Siete y media. Cree que a la gente del Mas le gustará el sentido del humor del autor, pero lo que más ha pesado en su elección es que las siete y media es un juego de cartas habitual en la masía y en la que juegan con alubias y garbanzos en vez de con dinero. Las tardes siguientes, cuando acaban la escuela, Zaca y Sisca, con la ayuda de Lía que hace de apuntadora, ensayan el diálogo de Don Mendo y Magdalena hasta que lo memorizan. Cuando están preparados se lo dicen a Julia y acuerdan que la noche del sábado, día en el que las sobremesas suelen alargarse más, representarán el diálogo. Llegada la noche sabatina y tras concluir la cena, Julia demanda la atención de los comensales.

   -Ruego a todos que prestéis atención. Esta noche, Paquita y el Bachiller representarán para todos nosotros una breve escena de una obra de teatro muy famosa que se llama La venganza de Don Mendo. Un aplauso para los artistas.

   Los dos muchachos se sitúan en el centro de la cocina para que todos puedan verlos bien. Primero Zaca hace un resumen de la trama de la obra y explica quiénes son los personajes que van a representar. Tras lo cual, ambos muchachos comienzan a declamar.

   -Don Diego: Y el de Vedia dijo: No os aburriréis; os propongo, si queréis jugar a las siete y media.

   -Magdalena: ¿Y por qué marcó esa hora tan rara? Pudo ser luego…

   -Don Mendo: Es que tu inocencia ignora que a más de una hora, señora, las siete y media es un juego.

   -Magdalena: ¿Un juego?…

   -Don Mendo: Y un juego vil que no hay que jugarlo a ciegas, pues juegas sien veces, mil, y de las mil, ves febril que o te pasas o no llegas. Y el no llegar da dolor, pues indica que mal tasas, y eres del otro deudor. Mas ¡ay de ti si te pasas! ¡Si te pasas es peor!

   -Magdalena: ¿Y tú…, don Mendo?

   -Don Mendo: Serena escúchame, Magdalena, porque no fui yo… no fui. Fue el maldito Cariñena que se apoderó de mí. Entre un vaso y otro vaso el Barón las cartas dio; yo vi un cinco y dije paso, el Marqués creyó otro el caso, pidió carta y se pasó…

   Una cerrada ovación suena tras el último párrafo del diálogo entre Don Mendo y Magdalena. La gente del Mas es más bien de emociones contenidas, por eso es un tanto raro que la emoción se haya desbordado. Algo que los muchachos agradecen de corazón. El éxito anima a Sisca y Zaca a preparar otros textos para representarlos en las sobremesas de las cenas de los sábados, ante la complacencia del resto de moradores del Mas, pues los divertimentos son escasos en la masía, y esa especie de teatrillo de aficionados cuenta con un público entregado de antemano. Haber llevado a algunas de las sobremesas del Mas, esa especie de representaciones leídas ha supuesto un peldaño más para convertir a Zaca en el morador más popular del Canònge que,  en palabras de Julia, está pasando por la que quizá sea su época más floreciente y divertida, pues junto al fiat lux se ha agregado el fiat verba, y eso en un ambiente tan austero y aburrido como es el de los masos vale más que el oro molido. Y el principal motor de ese cambio sustancial es el otrora tímido e introvertido primogénito de los Clavijo. ¡Quién lo hubiese podido prever!

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 87 de la novela “El masover” titulado: Sorpresa: Zaca se interesa por la agricultura