martes, 14 de abril de 2026

El masover”. 68. Los Masos de La Plana Alta

 

   Zaca continúa estrujándose las meninges sobre el proyecto del nuevo puesto del mercat del dilluns. Revisando la idea de confeccionar un rótulo para el bisoño  proyecto, piensa que debería ser, para que pesara menos, de una tela fuerte y apta para que se pintaran en ella algunos de los futuros masos colaboradores. Incluso ha pensado en la persona que puede hacerlo: el tío Ricardo, el ferretero, cuya tienda está al lado de la iglesia parroquial de Torreblanca, y al que se le da bien el dibujo y es pintor aficionado. Alguien tendría que describirle como son los masos, o suministrarle unas fotografías de los mismos. Y como el título de Los Masos de La Plana Alta es bastante largo, se le ocurre que habría que buscar un acrónimo, pero piensa que resultará complicado que la gente lo entienda, pues en los masos apenas existe la cultura de los acrónimos, por lo que lo desecha. En cuanto a los anuncios, habría que ponerlos en los periódicos locales con más tirada que, por lo que sabe, son dos: El Heraldo de Castellón y el Diario de Castellón. De lo que no sabe nada es de las emisoras que hay en la ciudad. Tendrá que enterarse. Al pensar en los diarios se acuerda de lo que dijo Sisca en la reunión sobre el asunto de Los Masos: que la abuela leía diariamente el Diario de Castellón. “¿Se recibe en el Mas ese  periódico?”, se pregunta. Él no lo ha visto. Se lo tendrá que preguntar a Sisca. Y la propaganda en los medios, ¿qué debería decir? Pues que todos los productos que venden Los Masos de La Plana Alta se cultivan, crían y elaboran en las masías; en consecuencia, son naturales, frescos, sin productos químicos y que van del productor al consumidor, sin intermediarios, por lo que sus precios son relativamente baratos y, por tanto, altamente competitivos. Luego piensa en cómo serán los nuevos vendedores que, conociendo a la abuela, probablemente se tratará de mujeres. Otra cuestión que se plantea es: Paca y Sisca que son las que cobran, al ampliarse el puesto, ¿se apañarán para vender y al tiempo cobrar las operaciones que hagan los otros vendedores? Habrá que buscar una solución, pues si no el proceso  de cobrar y de dar el cambio puede formar un cuello de botella que podría ralentizar las ventas.

   El domingo, la abuela convoca otra reunión para seguir profundizando en el asunto del nuevo puesto del mercat. Los asistentes son los mismos que la vez anterior. Valerio hace un resumen de su visita a las masías asociadas al negocio del mercadillo. Ha cerrado los acuerdos que había negociado con los masoveros y ofrece un dato esperanzador: seis de los masos que, en principio, habían optado por no participar, han cambiado de opinión y se han sumado al proyecto. Julia es la que tiene más noticias de las que informar.

   -Tenemos –habla en plural lo que hace que el resto de asistentes se sientan copartícipes del proyecto- en cartera siete posibles nuevas vendedoras –como había pensado Zaca, la abuela se decanta por las mujeres-. Mis dos sobrinas de Villanueva, una de las primas de Manuel que vive en Cabanes, y cuatro masoveras de las masías asociadas. Quizá se necesiten más porque mi hija y mi nieta se dedicarán solamente a cobrar. De entrada y de manera provisional, he planeado que la distribución de las vendedoras será la siguiente: dos se dedicarán a vender aceite, puesto que es el producto que más demanda tiene; una se encargará de los pollos, gallinas y conejos con el apoyo de Anselmo que seguirá de matarife; otra, venderá solo harina, producto también muy demandado; dos venderán los vegetales, y otras dos los productos animales elaborados, me refiero a los embutidos, quesos, miel, conservas, etcétera.  

   -Abuela –la interrumpe Zaca- según acaba de explicar me salen ocho vendedoras.

   Da la impresión de que a Julia no le ha sentado nada bien la interrupción, pues lanza una torva mirada al muchacho.

   -Hasta ahí llego, Bachiller. Siete nuevas vendedoras más Pili suman ocho. Paca y Paquita, además de cobrar, estarán de retén por si alguna de las vendedoras necesita que en momentos puntuales se le eche una mano. La cuestión no resuelta, y que no me deja dormir, es como lograremos tener más clientes, porque sin más compradores lo que estamos planeando es como hacer surcos en el agua. Y ahí es donde entra el asunto de la propaganda que sugirió Sacaríes –y dirigiéndose al chico le pregunta-: ¿Se te ha ocurrido algo más sobre lo que llamas publicidad?

   -Sí, señora Julia, pero he de ser sincero: tengo más preguntas que respuestas.

   -Bien, Bachiller, hay que tener mucho cuajo para admitir que uno se plantea preguntas, pero no tiene respuestas. Hay que tener coraje y ser honesto con uno mismo y con los demás. Eso dice bien y mucho de ti.

   -Gracias, señora Julia. Solo he pensado que una forma simple y barata de propaganda sería poner una especie de cartel en el puesto del mercat que le diera nombre propio al puesto. Algo así como LosMasos de La Plana Alta. El nombre se inscribiría en una banda en la parte superior del puesto. A izquierda y derecha del rótulo irían pintados el Canònge y algunos de los masos asociados. Y conozco a la persona que puede hacerlo por cuatro perras. En los laterales descendentes del cartel iría la relación de los principales productos que vamos a vender –Zaca, consciente o inconscientemente, también emplea el plural al referirse al proyecto.

   -Bien, Bachiller. Lo del cartel del puesto me parece adecuado y más si hacerlo es económico.

   -Me tranquiliza oírle eso, abuela. Me olvidé contar que también he pensado que la publicidad debería decir que todos los productos que vendemos se cultivan, se crían y se elaboran en las masías: en consecuencia, son naturales, frescos, sin productos químicos y que van del productor al consumidor, sin intermediarios, por lo que sus precios son razonablemente baratos. Finalmente, que la publicidad deberíamos insertarla en los dos periódicos de más tirada de Castellón, El Heraldo y el Dario, y también en las emisoras, caso de haberlas, algo que desconozco.

   -Al menos hay una, llamada Radio Castellón, que la acaban de poner en funcionamiento –informa Julia-. ¿Sabes cómo funciona lo de poner anuncios en diarios y radios? –la pregunta va dirigida a Zaca.

   -No, señora Julia. No lo sé.

   -Paca, habla con don Vicencio y que se informe sobre la cuestión de la propaganda, de cómo se maneja y cuanto nos podrá costar poner unos anuncios.

   -Don Vicencio -susurra Sisca a Zaca- es el secretario del ayuntamiento de Benlloch y es quien nos lleva los asuntos de las leyes y de la relación con los organismos oficiales.

   -Paquita, déjate de cuchicheos y presta atención –la amonesta la abuela-. Bachiller, lo que se te ha ocurrido sobre la propaganda está bien, pero lo veo muy largo y algo incoherente. Tengo entendido que la propaganda se hace con frases cortas para que la gente pueda retenerlas. Tendrás que meter la podadera. Otra cosa. Aparte de la posible propaganda, he pensado en otros medios para atraer a más compradores. Se me ha ocurrido al recordar la venta de saldo que solemos hacer al final del mercat. Uno de ellos sería el siguiente: cada lunes pondríamos uno o dos productos, de los que tengamos en mayor cantidad, al precio más barato del mercat, como mínimo uno o dos reales menos por kilo, con el añadido de que se vendería a ese precio mientras quedaran existencias. Y eso tendría que conocerlo la gente, incluso antes de abrir el mercat, por lo que la propaganda sería indispensable.

   -Madre – es la primera intervención de Paca-explícanos mejor eso de los saldos porque no acabo de entenderlo.

   -Pondré un ejemplo. Supongamos que es la época de los guisantes y que tenemos muchos. El precio medio al que se vende el kilo es de una peseta y veinte céntimos. Nosotros lo venderemos al precio mínimo para no perder dinero, pero que sea mucho más económico que el de otros puestos. Pero no pondremos a la venta todos los guisantes que tenemos, solo digamos que la mitad o dos terceras partes. Y si la gente viene por el tirón de los guisantes baratos, una vez en el puesto es probable que aproveche para comprar otros productos.

   -O sea, que los guisantes serían como el cebo que se pone en el anzuelo –comenta Zaca.

   -Equilicuá, Estudiante.

   -Julia, lo de vender el mismo producto que otros puestos a precio más barato no va gustar un pelo a la Asociación de Comerciantes del Mercat. Y es posible que nos llamen la atención –objeta Valerio.

   -Ya he pensado en eso, pero… ¿qué nos pueden hacer?, ¿tirarnos de las orejas?, ¿ponernos de rodillas cara a la pared cómo hacían en la escuela? El mercat es libre y la competencia siempre ha funcionado. Probémoslo, y a ver qué pasa.  Dejadme un calendario para ver que día podemos empezar con el nuevo puesto. El próximo lunes será el 17. No estaremos preparados. El siguiente será 24 y el último lunes de julio el 31, Lo mejor sería que pudiéramos inaugurar la nueva etapa del mercat el 24 y, si no, el 31 como fecha límite. ¿Alguna sugerencia al respecto?

   -Abuela, creo que alguien tendría que encargarse de redactar el anuncio a insertar en los periódicos y a publicitar en la radio –sugiere Zaca.

   -Espero que lo hagas tú, Bachiller. De todos los presentes eres quien más cultura tienes. Y también más experiencia en lo de escribir, el trabajo en tu pueblo como escrivent lo atestigua.

   -Pero no es lo mismo escribir una carta a un quinto o a un familiar que redactar un anuncio. Nunca he escrito ninguno y no sé cómo hacerlo.

   -Bueno, ya se te ocurrirá algo. De todos modos, habrá que esperar a que don Vicencio nos cuente cómo funciona el asunto de la propaganda y entonces decidiremos si lo haces tú o lo  encargamos a alguien de fuera. En cualquier caso, échale un pensament.  Ah, se me olvidaba: hija, hay que montar una habitación para las nuevas vendedoras, pues se quedarán en el Mas la noche del domingo y, probablemente, también la del lunes si el mercado acaba tarde. Ya he convenido con ellas que estarán un mes a prueba. Después seguirán o las despediremos, en función de si valen o no como vendedoras. Valerio, hay que preparar espacio en el almacén para guardar la mercancía que nos va a llegar y has de encargar más jaulas para los pollos y conejos de los masos asociados. Y no sé si harán también falta más garrafas para el aceite. Míralo a ver como está. No sé si me olvido de algo.

   -Abuela –interviene Paquita-, creo que si los clientes aumentan tanto como piensas, madre y yo no sé si daremos abasto a cobrar. Quizá habría que pensar en una tercera persona. Acaso Pili…

   -Pili es honrada a carta cabal –la corta Julia- y sería una cobradora fiable, si no fuera porque de números anda muy justita y lo de calcular de cabeza no se le da nada bien. Habría que pensar en otra persona. Mejor si es de la familia o de nuestra total confianza, pues el dinero suelto es muy goloso. Lo pensaré.

   De esta segunda reunión Zaca piensa lo mismo que de la primera: interesante y productiva, pero caótica y falta de orden, han pasado de un tema a otro sin un guion previo al que ceñirse y él ha sido uno de los que ha contribuido a ello. Y aunque le acusen de pedante o de Pepito Grillo, estima que es el momento de poner encima de la mesa la lista de asuntos sobre Los masos de la Plana Alta que bosquejó. Aunque, curándose en salud, lo hace realzando la importancia que tienen los demás en el asunto del que están tratando.

   -Si me permiten, de todo cuanto se ha hablado en las dos reuniones que hemos tenido, y teniendo en cuenta las interesantes aportaciones que todos han hecho, posiblemente se podría deducir el orden en que deberían abordarse los asuntos a tratar sobre Los masos de la Plana Alta en una próxima reunión, si la hubiese. Y que las personas con más experiencia en el mercat del dilluns, como son la señora Julia y la señora Paca, sacasen las conclusiones pertinentes.

   La lista ordenada de cuestiones que expone Zaca, basada en los seis servidores de Kipling, es bien recibida por el grupo que toma buena nota para abordarlas de forma sistemática en la próxima reunión. Tras lo cual, Julia da por finalizada la sesión.

   -Hala, a trabajar, que nos queda mucho tajo.

   Al terminar la reunión, Sisca y Zaca salen emparejados, y la muchacha comenta:

   -Hace mucho tiempo que no veía a la abuela tan ilusionada. Lo de Los Masos de la Plana Alta parece que la ha rejuvenecido. Y eso te lo debe a ti.

   -Yo solo dejé caer una idea que me surgió por casualidad. Todo lo que ha venido después se lo ha guisado y se lo ha comido tu abuela –afirma el muchacho.

   -No seas modesto, Zaquita. Tienes una chola que carbura más que una locomotora. Al menos, eso es lo que dice la abuela. Y como lo de Los Masos de la Plana Alta salga bien, te la habrás ganado para siempre. ¡Ojalá sea así!

   -Y tú que lo veas.

   En cuanto el muchacho se queda solo piensa que debe terminar el análisis de los servidores honestos de Kipling. El último que analizó fue el de dónde o lugar de la actividad del proyecto. Del aspecto espacial piensa que en el proyecto hay varios espacios lógicos: el mercado, para vender; el Canònge para reunir y almacenar las aportaciones de los masos asociados, y los puntos de recogida de la mercancía procedente de los demás masos. Sobre el espacio del mercado habrá que pedir permiso al ayuntamiento de Castellón para ampliar el puesto. Habrá que preguntar a Valerio si las actuales instalaciones del Canònge tienen capacidad suficiente para almacenar los productos de los masos asociados, si no fuera así, tendrán que plantearse soluciones alternativas, sin desechar la posibilidad de construir nuevos almacenes. En cuanto al espacio de los puntos de recogida es un tema a tratar con Valerio y el tío Tonellaes. Respecto al como las posibilidades son casi ilimitadas, por lo que deja su análisis para otro momento, Finalmente, respecto al por qué van a llevar adelante el proyecto también le plantea muchas dudas: ¿para enriquecerse?, ¿para tener más actividad?, ¿para fomentar la unidad con otros masos?, ¿para…? No encuentra respuestas. El análisis de los seis servidores honestos ha resultado ser más complejo y difícil de lo que pensaba. Es evidente que tiene más dudas que respuestas, por lo que decide no exponer el resultado del análisis al resto del núcleo duro del proyecto hasta que vuelva a pensarlo con mayor hondura. En cualquier caso, sigue creyendo que falta orden y método en la práctica de su idea. ¡Su idea! Un ramalazo de orgullo le culebrea por el espinazo. Con solo trece años ha sido capaz de concebir una idea que puede convertirse en una realidad con mucho futuro. Y con ese pensamiento tan confortable cierra los ojos y se duerme. No lo sabe ni siquiera lo sospecha, pero el proyecto de Los masos de La Plana Alta le ha madurado, y más que un adolescente es casi un precoz adulto.

  

PD. El próximo martes publicaré el episodio 69 de la novela “El masover” titulado: ¿Qué querrán de Zaca los visitantes?

martes, 7 de abril de 2026

“El masover”. 67, Tormenta de ideas

 

   La clase del martes con los masoveros se desarrolla con la habitual normalidad. Sisca continúa siendo una alumna ejemplar: atenta, colaboradora e interesada en aprender. Lía y Juanito también han hecho notables progresos y están comenzando a silabear. El único que desentona es Mito, el crío solo piensa en jugar, dormitar y, como mucho, entretenerse mirando las estampas de algún libro. Pese a la actitud del pequeñajo, Zaca empieza a sentirse satisfecho con su trabajo de docente, se siente a gusto y está comprobando que, pese a que sus conocimientos son los de tercero de bachillerato, sabe lo suficiente como para enseñar a sus circunstanciales alumnos.

.   El miércoles, en el desayuno, la abuela manda recado a Zaca de que a las doce le espera en el cuarto de estar, que quiere hablar con él. El chico llega puntual a la cita y se encuentra que, acompañando a Julia, están Paca, Valerio y Sisca.

   -Siéntate, Bachiller. He querido que estén presentes mi hija, mi nieta y Valerio, por los motivos que te explico enseguida. Quiero que hablemos sobre tu sugerencia de que en el mercat del dilluns podríamos vender, además de nuestras cosechas, las de otros masos con los que estamos relacionados. Le he dado muchas vueltas a la idea y creo que es posible, aunque organizarlo no va a ser fácil. ¿Has seguido pensando en la cuestión? ¿Se te ha ocurrido algo más? –pregunta la abuela.

   -Sí, señora Julia –Zaca sabe que lo de señora repatea a la abuela, pero está tan acostumbrado a anteponer el término de respeto que es incapaz de no hacerlo-. He seguido pensando en ello y se me ha ocurrido algo más –y explica el análisis de los seis servidores sin citar a su autor, pues duda que los masoveros sepan quien fue Kipling- pero, como no he terminado dicho análisis, creo que es más prudente que lo cuente cuando lo haya finalizado. También he pensado lo referido a la propaganda que debería hacerse, pero eso es algo que, en principio, no afecta a la estructura de la idea, por lo que creo que de momento es mejor dejarlo apartado.

   -Me parece bien. Vayamos por partes. ¿Has pensado que productos de otros masos podríamos vender en el mercat? –pregunta Julia.

   -Sí y no, abuela. He pensado en el aceite, que es una mercancía de la que, dada su demanda, pueden vender más del que tienen y lo mismo puede decirse de pollos y conejos. Respecto a otros productos no he pensado nada en concreto. Creo que de eso saben más ustedes. Solo precisar que supongo que deberían ser las mercancías más demandadas por los clientes y de las que el Mas no tiene suficiente cantidad para abastecer la demanda.

   -Bien. Te informo que Valerio ha dado una vuelta por buen número de los masos de La Plana Alta y han sido bastantes los masoveros que el proyecto les ha interesado y se han ofrecido a colaborar en vender sus excedentes por medio de nuestro puesto en el mercat del dilluns. Siempre y cuando cerremos los correspondientes tratos. Unos nos venderían la mercancía y otros participarían con sus productos en la venta dándonos un porcentaje de la ganancia. Todo eso a expensas de negociarlo en detalle, claro está. Valerio, cuenta  tus gestiones al respecto –pide Julia.  

   -Poco tengo que añadir a lo que ha explicado Julia. En Sierra Engarcerán he visitado las masías de Perdigana, Montino, Vidal, Collet,  Vilarets, San Miguel y Cervelló. En Villanueva de Alcolea los masos de L'estela, de Calaf, Pascualets y de El Señor. En Las Cuevas de Vinromá:   La Bosseta, Torre Ebrí, La LLoma, Sierra Irta, La Solera, Les Casetes y Els Vilás. Me faltan por visitar masadas de Cabanes, Torreblanca y Vall d´Alba. De forma global, los resultados de esas visitas se contabilizan en loa siguientes  grupos: unos, casi la mitad con los que he hablado, no les interesa participar; en un segundo grupo, como la nitad del mismo nos venderán sus cosechas si llegamos a un acuerdo sobre precios y porcentajes; dentro de ese segundo grupo el resto, aproximadamente, están dispuestos a participar en el negocio siempre que  acepten el tanto por ciento que nos llevaremos por vender sus cosechas. Solo con ese cincuenta por ciento que parecen dispuestos a participar, el monto de la mercancía a vender aumenta considerablemente. Aunque para decirlo todo me pregunto si seremos capaces de vender tanto género –tras esa última reflexión, Valerio da por cerrada su intervención.

   -Gracias, Valerio. Otra cuestión relacionada con lo que acaba de contar Valerio es el transporte. He hablado con el tío Visènt el Tonellaes. Está dispuesto a encargarse de recoger la mercancía de los masos que participen en el negocio. A unas masías iría a recoger la mercancía y a las más alejadas convendríamos unos puntos de encuentro a medio camino para recoger sus productos. Y otra cuestión: la segunda vez que les  recojamos la mercancía se les pagaría lo vendido en la semana anterior. No hemos hablado de los saldos que hacemos al final de los lunes, pero si lo hemos hecho sobre los productos que no vendamos: nos los quedaríamos y asumiríamos las pérdidas en caso de haberlas –La abuela hace una pausa, bebe un buche de agua y prosigue-. Valerio ya ha apuntado un posible punto débil del negocio: ¿seremos capaces de vender tantas existencias? Por ahora no tengo respuesta. Tendremos que arriesgarnos. Y para aumentar la capacidad de venta una cuestión imprescindible es que habrá que incrementar el número de vendedores y el tamaño del puesto. Respecto a la gente que vaya a vender, pienso hablar con dos de mis sobrinas de Villanueva de Alcolea y con unas primas de Manuel que viven en Cabanes, para enrolarlas como vendedoras, si veo que tienen cualidades para ello. También es posible que alguna de las mujeres de los masos que irán a porcentaje quiera venir a vender. Todo esto habrá que concretarlo, pero en un segundo momento. ¿Alguna pregunta, alguna sugerencia?

   -Abuela, para lograr unas ventas mayores creo que sería pertinente hacer propaganda del puesto y de lo que vende. –Zaca ha encontrado un portillo para meter lo de la publicidad.  

   -Eso, Bachiller, es una pérdida de tiempo. ¿No conoces el refrán que dice que el buen paño en el arca se vende?

   -Perdone, abuela, pero ese refrán ha quedado obso…, viejo. Si usted oyera la radio, comprobaría que la mayoría de emisoras intercalan anuncios en sus programas. Si lo hacen es porque la gente escucha esos programas y los anunciantes pagan por ponerlos.

   -Abuela –tercia Paquita-, creo que Zaca lleva razón. Mira si no el Diario de Castellón, está lleno de anuncios. Y si lo está será por algo. 

   -¿Y vosotros creéis que si anunciamos nuestro puesto vamos a vender más? –La pregunta de Julia está cargada de reticencia, y agrega-: Tenemos una clientela muy leal que no necesita oír o leer un anuncio para saber dónde estamos y qué vendemos.

   -Pero de lo que se trata, Julia, -ahora quien habla es Valerio- es de encontrar clientes nuevos y esos posiblemente no saben ni que existimos. Por ejemplo, toda esa gente que nos compra y queveranea en Las Villas de Benicásim, y que son de Valencia y de más al sur, es más que posible que muchos de ellos nunca hayan oído hablar del Mas del Canònge. Y como son gente de dinero, seguro que todos tienen arradios y leen los diarios.

   -¡Vaya, hombre! ¿Tú, también, Valerio? Lo que me faltaba. Bueno, si estáis de acuerdo en lo de la propaganda, habrá que estudiarlo, porque lo de poner anuncios no lo he hecho nunca. ¿Tú sabes algo de eso, Bachiller?

   Zaca enrojece. Le acaban de pillar en un renuncio. Aparte de haberse leído el librito sobre publicidad, no sabe más sobre el tema y, por supuesto, nunca ha puesto un anuncio. Así lo reconoce.

   -O sea, Bachiller, que estás tocando de oído. Rediez, eres más atrevido que un sargento legionario. Dejemos aparte lo de la propaganda y centrémonos en como conseguiremos vender lo que los posibles socios vayan a aportar. Otra cosa, en lugar de ir al mercat un par de veces al mes tendríamos que ir todos los lunes. Esa será una forma segura de poder hacer más ventas. Y según como vaya, quizá tengamos que buscar nuevos mercados –Parece como si la abuela se hubiese adueñado de la idea de Zaca, pues va un paso por delante de todos.

   -Se me ocurre, madre, que si tenemos más mercancía y el número de vendedores aumenta, habrá que encargar nuevos tableros y caballetes para ensamblar un puesto de mayores dimensiones –sugiere Paca en la que es su primera intervención.

   -Yo conozco un carpintero en Torreblanca que lo podría hacer y no es caro –ofrece Zaca pensando en Vicente Llombart.

   -Muy bien, pero lo primero es amarrar las propuestas de los masoveros que han decidido colaborar. Mañana mismo, Valerio, te encargas de visitarlos y cerrar los acuerdos.

   -Julia, sin ánimo de llevarle la contraria –el mayoral siempre se anda con pies de plomo en su relación con la abuela-, creo que por ahora ese viaje es precipitado. Antes, hemos de tener clara la cuestión de la mercancía que les vamos a comprar o a tomar en fiado, los precios que vamos a pagarles y los porcentajes que nos vamos a llevar, en su caso. Y eso requiere pensarlo bien y hacer números, no sea que nos pillemos los dedos.

   -Tienes más razón que un santo, Valerio.  Quiero ir tan deprisa que se me pasan cuestiones que son elementales. Debo de estar haciéndome vieja -admite Julia.

   Zaca, que ha ido tomando notas de lo hablado hasta el momento, se da cuenta que el debate ha sido vivaz y fructífero, pero bastante caótico. Falta ordenarlo y sistematizarlo. Y aprovechando una pausa que el grupo ha hecho para tomar café escribe lo que podría ser una cronología ordenada de las cuestiones a especificar: Qué vender. A quien comprar. A quien asociar al nuevo puesto. Porcentajes sobre las ventas a dilucidar. Transporte de mercancías. Personal de ventas. Publicidad del nuevo puesto. Pagos y cobros. Otras cuestiones. Tendrán que repensarlo todo y analizar virtualidades y posibles fallos. Se dice que lo que está pensando no es el momento de hacerlo público, por lo que lo guarda en la recámara. Tras la pausa del café, Julia da por concluida la reunión.

   -Bueno, gracias a todos. Paquita y tú, Bachiller, podéis iros, y si se os ocurre algo sobre lo que hemos hablado no dudéis en hacérmelo saber. Valerio y Paca, quedaos, tenemos que echar cuentas y hacer un inventario de los excedentes que podemos vender.

   Al salir, Sisca cuchichea a Zaca:

   -¿Sabes por qué estaba en la reunión? -y sin esperar respuesta, explica-: La abuela me dijo que debía estar en una reunión en la que se podía ventilar el futuro del Mas. Y que, como pubilla que algún día tendré que gobernarlo, tenía que saber cómo se discutían los asuntos que le afectaban. 

   -O sea, que la abuela está preparando a la heredera. Lo que me ha extrañado es que tu madre apenas si ha intervenido.

   -Mi madre es así. La abuela dice que le falta carácter. Antes todo lo hacía mi padre, era el que discutía con la abuela y quien tomaba las decisiones hasta que se puso malo. Ahora, ya lo ves, es la abuela quien lleva el timón y al único que consulta es a Valerio. Hasta ahora, porque hoy también lo ha hecho contigo, a pesar de que solo tienes trece años. Yo creo que lo hace porque eres casi bachiller y eso le impone. Como ella no pudo serlo…

   -Entonces, ¿qué estudió en los años que estuvo interna con las monjas de la Consolación?

   -Cultura general y un curso de contabilidad. Ella hubiese preferido estudiar bachillerato, pero su padre, mi abuelo, se negó. Y la abuela siempre ha lamentado esa negativa. Y como tú si lo estudias, de ahí que te profese una especie de…, no sé cómo decirlo. Pero lo más importante es que, por primera vez desde que recuerdo, acepta una idea de alguien que no es del Mas. No sé cómo lo has hecho pero, como ayer dijo Valerio, te la has ganado. Bueno, tengo que dejarte, he de ayudar a madre a limpiar las habitaciones. Nos vemos en la comida.

   -Es más correcto llamarle almuerzo.

   -Pues almuerzo, señor maestro – se burla Lía que ha llegado en el último tramo de la charla.

   En su dormitorio, Zaca sigue repasando cuanto se ha dicho en la reunión. Está más que contento por cómo se ha desarrollado, y aún es más feliz puesto que, según dicen Valerio y Sisca, se ha ganado el respeto de la abuela. Piensa que ha de procurar esforzarse en aportar más ideas y sugerencias para que el nuevo planteamiento del mercat del dilluns salga lo mejor posible. Y dándole vueltas al magín se le ocurre algo: una forma simple y barata de propaganda sería poner una especie de cartel diciendo que el nuevo puesto del mercat es del Mas del Canònge. “Bueno -se rectifica-, y ahora de las otras masías que se van a asociar”. Piensa en un título: Puesto del Mas del Canònge. No, lo rechaza, es feo, no dice nada nuevo y además no habla de los otros masos. Masías del Maestrazgo, Eso sería una falsedad, el Canònge y los demás masos asociados son de la comarca de La Plana Alta. ¿Y por qué no Los Masos de La Plana Alta? “Tendré que pensarlo más detenidamente –se dice-.Y habría que añadir algún dibujo en colores. ¿Cuál? Ya está, un mas… o varios, con sus nombres. Y quizá una relación de los principales productos que venden”. La cabeza del muchacho es un hervidero, de ideas –unas prácticas, otras quiméricas-. Desconoce el concepto, pero lo que está llevando a cabo es una auténtica tormenta de ideas. Esas ocurrencias, se dice, ¿servirán de algo?, ¿podrán ponerse en práctica?, ¿sus resultados serán buenos? Desconoce las respuestas, pues está haciendo algo que nunca hizo: pasar de la teoría a la praxis. Y comienza a sospechar que convertir los pensamientos en hechos concretos y tangibles no va a ser fácil, porque como dice el refrán: una cosa es predicar y otra dar trigo. Evidentemente, resulta más fácil dar consejos que practicar lo que se aconseja. Y es consciente de que en el terreno de la praxis no se maneja con la misma soltura y eficacia que en el campo de la teoría. Pero será cuestión de probar y, en su caso, de rectificar si la teoría no funciona en la vida real. Como suele decir madre: “Por probar, nada se pierde. Bueno –piensa-, se pierde tiempo, pero por el momento el factor temporal no es acuciante. Veremos”. Nunca ha sido tan feliz.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 68 de la novela “El masover” titulado: Los Masos de La Plana Alta