El curso 1933-34 comienza para Zaca de manera muy diferente que los anteriores. Su primera contrariedad se la lleva cuando ojea los manuales de cuarto curso que le han llevado sus padres y que madre, como hace siempre, los ha forrado con papel de estraza. Las asignaturas con las que tendrá que lidiar son las de Lengua española y Literatura, Geografía e Historia, Matemáticas, Física y Química, Ciencias naturales, Francés y Latín. En las materias de letras cree que no va a tener mayores problemas, tampoco en el francés, pues gracias a sus prácticas en esa lengua con la tía Paca la Francesa domina la asignatura bastante bien, pero en las mates y las ciencias va a ser otro cantar. Duda mucho que las pueda aprender en plan autodidacta, pues constata que su contenido es difícil. Y en latín, el problema será mayor, pues se ve incapaz de aprobarlo sin la ayuda de mosén Florencio, ya que ha sido una asignatura en la que siempre flojeó. Si quiere tener probabilidades reales de aprobarlos tendrá que buscar ayuda docente allá donde pueda encontrarla y piensa que el sitio más próximo al Mas donde hay maestros y un cura es Benlloch. Tendrá que averiguar si en el pueblo alguno de los maestros residentes y el párroco van a querer echarle una mano como mentores, aunque como utilicen la misma metodología que sus maestros del pueblo de poco le van a servir.
Piensa que lo primero que debería hacer es hablarlo con Julia por si ella conoce a alguien que esté dispuesto a ayudarle. Lo de la ayuda va a constituir un problema porque es consciente que ningún maestro va a venir al Mas a enseñarle mates y ciencias, deberá ser él quien se desplace al pueblo donde resida el maestro o maestros que vayan a ser sus mentores. ¿Y cómo va a desplazarse? Si lo hace a pie tardará mucho y perderá mucho tiempo. Este pensamiento le lleva a considerar que quizá haya calculado mal sus fuerzas puesto que, además de tener que empollarse las asignaturas de cuarto, tiene otras tareas a las que atender: en los dilluns del mercat hacer de vendedor en el puesto de Los Masos de la Plana Alta. En el resto de la semana ha de ocuparse de llevar la contabilidad de los negocios del Canònge. Y de martes a sábado, en sesión de mañana y tarde, dar clase a los veinticuatro masoverets que se apretujan en la antesala de la almazara, y que son los que al final han conseguido reunir Germán el Rizos y Demetrio el Largo con la ayuda de Hortensia la Beltrana. Mucho tajo al que atender y el día sigue teniendo veinticuatro horas. El muchacho se pone de malhumor, por lo que para no amargarse la mañana opta por cavilaciones más gratas como son hacer las cuentas de los ingresos mensuales que le va a reportar su trabajo docente. Las hace al estilo de las cuentas de la vieja: 18 alumnos a 5 duros son 450 pesetas; más 6 alumnos -las tres parejas que son hermanos- a 4 duros son 120 pesetas. Total al mes: 570 pesetas. A esta cantidad hay que sumar las 600 mensuales que recibe por su trabajo de vendedor y de llevar la contabilidad de Los Masos de la Plana Alta, lo que significa que en total ingresará al mes 570 más 600, ¡la friolera de 1170 pesetas! Un pastizal que remitirá a padre y que engrosará la cuenta que el llumero ha abierto en el Banco de Vizcaya del pueblo. Y en la que calculan que en un año tendrá fondos suficientes para comprar una casa en propiedad. Ese es el motivo que padre cree que más ha influido en que su hijo se quede en el Mas, pero no es el que han difundido en el pueblo. Rosario le ha contado, confidencialmente, a Consuelo la Maicalles que su primogénito se ha quedado en el Canònge para que sus pulmones sanen. El hecho de que sea una confidencia es un seguro aval de que la información será conocida en los mentideros locales en cuestión de horas. Por otra parte, aducir motivos de salud sirve a los Clavijo para quedar bien con los maestros de Zaca, con los que no quieren enemistarse, puesto que don José sigue siendo el cacique local y, además, con los que mandan hay que estar siempre a bien, nunca sabes cuando los vas a necesitar. Por otra parte, quizá en un futuro próximo puedan ser los profes de bachillerato de Pedrito y Chimet. Como siempre ocurre, que Charito estudie no entra en los planes de futuro de los padres, pues al ser una chica está destinada a casarse y trabajar como ama de casa. Padre desconoce que, por encima de la cuestión monetaria, lo que más ha primado en su hijo para quedarse en el Mas ha sido una cuestión sentimental. Que haya creído eso es bastante lógico, pues el muchacho no tiene más que trece años, y a esa edad solo se piensa en chiquilladas.
El chiquillo, sometido a presiones propias de los adultos, está muy atareado organizando al nuevo grupo de escolares a su cargo. Sabe que si lo organiza adecuadamente tendrá mucho ganado para conseguir buenos resultados y está decidido a poner toda la carne en el asador para salir victorioso del reto que tiene ante sí. Como hizo en verano con los chiquillos del Mas, distribuye a los masoveritos en tres grupos en función de sus conocimientos. Con los siete chicos que más saben forma el grupo A. En el B -los que leen y escriben y saben o están empezando a dividir- cuenta con nueve alumnos. Y en el C –los neolectores- con ocho. Va a contar con la ayuda de Sisca, dado que la abuela le ha dado permiso, para que dedique el tiempo que considere necesario para, amén de dar clase de costura a las masoveritas, le ayude en las tareas docentes. Zaca cuenta con ella para que el grupo C progrese lo más rápido posible. Y con todos estos factores pone en marcha la metodología cooperativa que tan buenos resultados le dio en la escuela de verano. Como le pidieron los padres, ha retrasado el comienzo de la sesión matinal a las 09:30 y que se extenderá hasta las 12:30. De esa hora a las 14.00, pausa para el almuerzo. Y de las 14.00 a las 16:00 la sesión vespertina. Así, los masoverets, salvo en los días más cortos del invierno, podrán estar de vuelta a sus hogares a una hora razonable.
La abuela, a petición de su nieta, ha accedido a continuar con la práctica que dos de los alumnos almuercen diariamente en el Canònge. Sisca, que es quien mejor conoce la situación de cada uno de los masos que proporcionan alumnos a la escuela, es la que se encarga de seleccionar a los alumnos que degustarán los guisos de la señora Concha.
Zaca se hace cruces de la disciplina que muestran los alumnos y lo mentalizados que parecen en aceptar que, aunque solo tiene unos pocos años más que ellos –y en algunos casos, ni pocos- es su maestro, que lo sabe todo o casi, y que en la escuela hace el papel de sus padres, por lo que cuanto dice va a misa, como se dice coloquialmente. Los resultados de una ordenada disciplina, de un buen ambiente convivencial, y de una férrea voluntad de aprender, hacen de los masoverets unos alumnos modélicos. Ante lo cual, Zaca pone toda su voluntad en enseñarles cuanto sabe, y no escatima esfuerzos ni tiempo en darles cuanto tiene, puede y quiere. Tener, poder y querer conforman un poderoso tridente que conlleva que el ritmo de aprendizaje de la escuela del Canònge adquiera cotas de excelencia.
Esos alumnos modélicos a veces son algo fantasiosos y últimamente se han inventado la especie de que Zaca y Sisca son novios, pues es frecuente que ambos maestros compartan cuchicheos y miraditas tiernas. Mientras el chismorreo no salga del recinto escolar no pondrá en peligro la excelente conjunción que forman la pareja de profes, pero como se extienda más allá de la antesala de la almazara puede suponer un auténtico desastre. Porque lo de ser novios y tener trece años no cuadra. Sisca no da al cotilleo tanta importancia como Zaca, pero si le preocupa que el bulo llegue a su abuela, pues teme su reacción. Y como a Julia no se le escapa ni una brizna de cuanto ocurre en sus dominios, acaba por enterarse del chisme.
-Paqui, ¿qué es ese rumor que se ha extendido por ahí de que los dos jovencitos maestros de la escuela del Canònge son novios?
-Es una bobada que los críos de la escuela se han inventado, abuela. ¿Cómo vamos a ser novios Zaca y yo si solo tenemos trece años? Lo que pasa es que los chavales nos ven todos los días juntos e intercambiando información, precisamente sobre ellos, y se han imaginado algo que no es. Y por mucho que Zaca les ha reñido y les ha repetido, por activa y por pasiva, que no hay ningún noviazgo, como a la gente le gustan los chismes, el bulo se ha extendido pero, como te digo, abuela, no es más que un cotilleo sin razón de ser.
-Me tranquiliza oírte. Pero has de ser consciente de que, aunque sea un bulo te perjudica porque puede espantar a futuros aspirantes a cortejarte.
-Abuela, vuelvo a recordarte los años que he cumplido. Y no tengo ninguna intención de ennoviarme hasta que cumpla quince o dieciséis años o más –En ese momento, Sisca recuerda haber oído a Zaca usar la expresión: la mejor defensa es un buen ataque, y decide cambiar el signo de la conversación-. Y ya que has tocado el tema de posibles noviazgos quiero pedirte algo. No sé si recuerdas que hace tiempo me contaste que tu matrimonio y el de mi madre fueron concertados por las familias. Y, concretamente, que fuiste tú quien arregló la boda de mis padres. Bien, pues te quiero pedir que no hagáis lo mismo conmigo cuando tenga edad para ello. Me gustaría casarme enamorada y eso difícilmente puede ocurrir cuando te imponen el marido. Y como te conozco, y sé lo que te gusta meterte en la vida de los demás, te pido, te suplico que no lo hagas con la mía. ¿Lo harás, abuela? ¿Me lo prometes?
A Julia le impacta la madurez mostrada por Paqui en su petición, así como la pasión que ha puesto en manifestarlo. Y siente que algo se remueve en sus entrañas. Va a hacer con su nieta lo que no hizo con su hija: respetará sus sentimientos y no interferirá en su futura vida amorosa. Y así se lo dice.
-Paquí, te prometo que respetaré tus sentimientos y que no me meteré en tu vida. Con una excepción: que crea que vayas a unirte con alguien que no te convenga en absoluto. Si ocurriera tal caso, no me quedaría otra que hacértelo saber. Si no lo hiciera no cumpliría mi elemental deber como abuela tuya. Pero si no se da tal caso, y rezo para que sea así, por mi parte tendrás carta blanca para que te unas con quien te pete.
-Gracias, abuela, de corazón. Y mis padres, ¿crees que se meterán en futuros noviazgos?
-Tu padre, si la enfermedad no le hubiera mermado, te diría que sí, pero en las condiciones en que se encuentra no hará nada. De tu madre tampoco hay que esperar demasiado, aunque quizá alguna puntada si pueda darte, pero sin que vaya mucho más lejos.
-Me tranquiliza, abuela. Y promesa por promesa: si es que algún día conozco a alguien que me guste a rabiar, te prometo que serás la primera en saberlo.
-Espero vivir lo suficiente para que llegue ese día.
-Abuela, tú no morirás nunca. Llegarás a centenaria y más aún.
-Ay, hija mía. Todos morimos y yo no seré la excepción. Aunque gracias por tus deseos-El inexistente noviazgo de los maestros de la escuela del Canònge tan rápidamente como se hizo materia de cotilleo dejó de serlo. Y Sisca, Zaca y la abuela respiraron tranquilos.
Poco más o menos, durante la época que duró el bulo del noviazgo de Sisca y Zaca ocurrió algo más que afectó al negocio de Los Masos de la Plana Alta. Todo empezó a raíz de una visita que recibió Julia de dos industriales textiles de Villafranca del Cid, un pueblo del Alto Maestrazgo que tiene el infrecuente rasgo de ser un núcleo industrial, pues es el que tiene más fábricas de la provincia –casi todas textiles-. Tras la reunión, la abuela llamó a consulta al que, pese a sus pocos años, considera uno de sus consejeros áulicos con más caletre, quizá después de Valerio.
-Vamos a ver, Bachiller, ¿tú que sabes de la industria de la ropa?
-Pues nada, señora Julia. Es una de los mil millones de cosas que ignoro.
-¿Y que sabes de Villafranca del Cid?
-Muy poco. Que es un pueblo del Maestrazgo, que está a más de mil metros de altitud, que es el que tiene más fábricas textiles de la provincia y que también son famosas sus patatas. Y poco más. Ah, y que suele hacer bastante frío, dado que nieva con alguna frecuencia.
-Entonces, no me sirves. Otra pregunta: ¿qué opinas si en el puesto de Los Masos de la Plana Alta también vendiéramos ropa?
-No sé que decirle. No lo he pensado, pero a bote pronto opino que vender al alimón comida y ropa no parece que casen mucho. Eso sería como ir a la botiga del señor Elio, una tienda de mi pueblo que vende telas, y además de comprar una pieza para hacerme un traje, pedir una docena de huevos o un litro de aceite. Se me haría muy raro.
-Esa es una opinión que quizá tengamos ocasión de comprobar si es válida o no –Y con estas palabras, la abuela da por concluida la charla.
Julia, tras hablarlo con Valerio –cuya opinión fue `parecida a la de Zaca, aunque no se opuso frontalmente al proyecto- y, algo excepcional, con las demás mujeres del Mas, incluidas Concha y Pili -que tuvieron una opinión neutra- se echa la manta a la cabeza y toma la decisión de meterse en el negocio textil, de forma impulsiva y sin considerar las posibles consecuencias. En el mercat del dilluns y en el puesto de Los Masos, se venderán medias y prendas de ropa íntima para mujeres, fabricadas por la empresa de Marie Claire -que ya tiene una fábrica en Castellón- en su factoría de Villafranca del Cid. La venta de los nuevos productos supone todo un bombazo en el mercado, pues la marca de Marie Claire tiene prestigio, pero sobre todo porque sus productos no encajan en el ámbito de un mercadillo popular, por lo que los problemas surgen desde el primer momento. Han de ampliar el puesto y la ampliación diferenciarla del resto donde están los productos agropecuarios que han popularizado el chiringuito de Los Masos de La Plana Alta. También han de contratar la publicidad aparte. Pero lo más problemático es encontrar vendedoras que estén al tanto de la siempre cambiante moda femenina. Hasta ahora, las vendedoras del puesto de Los Masos han salido del mundo masovero, pero en las masías no encuentran expertas en el complicado orbe de la moda. Han de buscar en otros caladeros donde hallar personas que estén preparadas para vender ropa íntima femenina, por lo que han de contratar jóvenes de Castellón. Lo que acaba produciendo problemas en la armonía laboral existente en el puesto. Valerio, que fue otro que en su momento no vio con buenos ojos el negocio de la ropa, sentencia la nueva aventura en que se ha metido Julia con un popular refrán.
-Quien mucho abarca, poco aprieta –pero se cuida muy mucho de decirlo delante de Julia.
Todos los indicadores habidos y por haber apuntan a que en esta ocasión Julia ha cometido un error. Y si así fuera, ¿cómo afectará al futuro del negocio global de Los Masos de La Plana Alta? ¿Y cómo incidirá en la vida del protagonista de esta historia? Habrá que ver que ocurre en los siguientes episodios.
PD. El próximo martes publicaré el episodio 84 de la novela “El masover” titulado: Un socialista en el Canònge