martes, 18 de agosto de 2026

“El masover”. 86. Fiat lux

    

   El resultado de las elecciones de noviembre de 1933 ha supuesto la derrota de los partidos republicanos de izquierda, entre ellos de de los socialistas y el triunfo de los partidos de derecha. El resultado no ha tenido repercusión alguna en la vida de la gente del Canònge que si tienen proyectos  que les afectan directamente. En estos momentos, el más importante es si instalar o no la electricidad en el Mas, proyecto al que la abuela lleva tiempo dándole vueltas. Tras mucho pensárselo y teniendo muy presente los consejos que al respecto le dio el padre de Zaca cuando estuvo en el Canònge, Julia se pone en marcha. Establece contacto con tres empresas de.  Castellón, dedicadas al montaje de redes de media tensión, cuyas direcciones le facilitó el señor Zacarías, y les ha pedido presupuesto de lo que puede costar llevar la energía eléctrica al Mas. Una vez que conocen el coste, los Villalonga  discuten sobre si traer la electricidad. Las opiniones, como suele ocurrir,  están divididas: Paca, basándose en que el desembolso a llevar a cabo la instalación es elevado, se decanta por la negativa. Y la argumenta.

   -¿Cuántos años llevamos sin luz eléctrica en el Mas? Toda la vida. ¿Y cómo nos ha ido? Más bien que mal. Por lo tanto, no la necesitamos, podemos seguir viviendo sin ella y no pasa nada –el señor Manuel que, cosa rara, participa en la reunión se opone. Tiene motivos, pues se crío en una casa con luz eléctrica, dado que hace algo más de dos décadas que la mayoría de pueblos de la provincia fueron electrificados al construirse varias centrales hidroeléctricas en la cuenca alta del río Mijares, el único curso de agua provincial de alguna importancia. 

   -Pero mujer, tener luz supondría un cambio  importante en la vida cotidiana del Mas. Al tener más horas de luz podríamos trabajar más tiempo con lo que a medio plazo acabaríamos amortizando el coste –objeta.

   -Y podríamos olvidarnos de velas, candiles,  petromax y sus pestilentes humos –Sisca apoya a su padre.

   Julia duda. Sabe de las ventajas que supondría electrificar el Mas pues, durante su estancia en el colegio de La Consolación de Castellón, se acostumbró a disfrutar de la luz eléctrica, pero su espartano sentido de la economía la induce a no realizar una inversión de la que no está tan segura como su yerno que pueda acabar siendo amortizada. Aunque en la mesa de la cocina –lugar habitual de discusiones- hay sentadas más personas: Valerio, Cocha, Anselmo, Pili y Zaca –y los niños Ariza-, en el debate, salvo Valerio, solo han participado los miembros del núcleo familiar, por lo que Julia decide ampliar el radio de las opiniones.

   -Valerio, ¿y tú qué opinas? ¿Electricidad, sí o no?

   El mayoral, que sabe perfectamente que al final se hará lo que la abuela decida, se quita el embolado de encima.

   -Julia, no me meta en esta discusión. Además, no tengo un  parecer tan definido como para opinar. Aunque he de decir que hasta ahora nunca hemos necesitado la luz, ¿por qué ahora sí? –apunta Valerio que siempre vivió en masías y no está acostumbrado a usar la luz eléctrica.

   -Anselmo, Pili, ¿y vosotros que decís?

   La respuesta del matrimonio es un encogimiento de hombros. No quieren meterse en una discusión familiar. Y también saben, como Valerio, que será la abuela la que inclinará la balanza.

   -Bachiller, solo resta saber lo que opinas al respecto. Aunque, como hijo de un llumero, supongo que te decantarás por el sí.

   Zaca, que ha hablado muchas veces de la cuestión con Sisca, a la que ha convencido de que instalar la electricidad alteraría significativa y positivamente la vida cotidiana del Canònge, lo primero que piensa es no contestar porque Julia ya ha asumido que dirá que sí, pero opta por ser valiente, algo que no es usual en su comportamiento, y acepta el reto.

   -Señora Julia. Si me permite, yo no enfocaría el dilema de si traer o no la electricidad basándome solo en el coste de su instalación y su futura amortización. Yo centraría el debate en la calidad de vida, algo que, en opinión de ilustres sabios, está muy por encima del aspecto económico. Que sepamos no hay más que una vida y ésta se puede vivir de la mejor forma posible o de otras maneras menos confortables. De tener luz eléctrica a no tenerla hay una diferencia como del día a la noche. Y ahí es donde pondría el meollo del debate: tener una buena calidad de vida o no tenerla. ¿Saben lo que supone levantarte de la cama en plena noche, dar un cuarto de vuelta a un interruptor y que la habitación se ilumine? ¿Y poder planchar sin necesitar una plancha de carbón que como te descuides ensucia la ropa? ¿Y poder tener una nevera en la que no hacen falta barras de hielo? ¿Y tener un aparato de radio y saber al minuto lo que ocurre en el resto de la nación y…? Podría estar enumerando las mil y una cosa que se puede  hacer teniendo electricidad. Es que no hay color, vamos. En resumen, sí a la electricidad con los ojos cerrados.

   -Bachiller, sigues siendo bueno argumentado, aunque tus razones también tienen puntos débiles.

   Al final se disuelve la sobremesa sin que Julia haya dicho una palabra sobre su decisión. La que acaba por inclinar la balanza hacia el sí es Sisca que, espoleada por Zaca, termina convenciendo a su abuela  de que el Canònge tiene que ponerse a la altura del siglo veinte y eso presupone vivir con luz eléctrica. Julia, tras ser convencida por su nieta, se decide. Lo primero que gestiona es elegir la empresa que ofrece instalarla en el menor plazo posible y a un coste razonablemente económico. Firma un contrato con ella, y a finales de octubre comienzan las obras. El tendido irá de Benlloch al Canònge sostenido por postes de madera calafateados en su parte inferior para que soporten mejor la humedad y sean más resistentes. A la entrada del Mas se instala un pequeño transformador, desde el cual parte la red que proporcionará energía a la masía y sus diversas dependencias. La instalación doméstica es bastante espartana, pues en la mayoría de los habitáculos solo lucirá una bombilla monda y lironda, sin lámparas ni tulipas ni nada por el estilo. Las excepciones son la cocina, el cuarto de estar de Julia y los dormitorios de Sisca y Zaca, en los que a instancias del chico habrá también un flexo, y la escuela de los masoverets, en la que, también por empeño de Zaca, se instalan tres bombillas que iluminan todo el recinto. En la iluminación de la escuela, Julia ha negociado con los padres de los alumnos y ha logrado que sean estos los que paguen la instalación de la misma.

   La tarde que el encargado de la empresa instaladora acciona el interruptor del transformador y se encienden las bombillas del Mas, un ¡Ohhh! admirativo surge de las gargantas de los masoveros. Todos conocían la magia de la luz eléctrica, pero conocerla es una cosa y tenerla en tu propia casa otra muy distinta. A los que más impacto les produce el hecho es a los alumnos de Zaca, pues en ninguno de sus masos, salvo en el Mas de Roures y El Cuartico, cuentan con luz eléctrica. El novel docente aprovecha esa semana para dar a sus alumnos una serie de lecciones ocasionales sobre la electricidad, sus ventajas y peligros.

   -Bueno, ya tenéis la luz, ¿y ahora qué más pediréis? –pregunta Julia dirigiéndose a su nieta y al Bachiller.

   Los muchachos, que ya lo han hablado entre ellos, tienen claro cuál será su siguiente petición que esperaban hacer pasado un cierto tiempo, cuando Julia hubiese olvidado los duros que les ha costado la instalación, pero que, ante la pregunta de la abuela, no lo dudan y Sisca se apresta a verbalizarlo.

   -Abuela, me harías la chica más feliz del mundo si compraras una radio. Me han dicho que son bastante baratas y todavía te saldría más económica, pues podrías  darte de baja del Diario de Castellón, que ya no necesitarías para informarte, ya que podrías hacerlo con la radio y, además, al momento y no al día siguiente como ocurre con el periódico. Y sería el medio con el que el Mas se integraría en el mundo moderno, pues estaríamos al corriente de lo que pasa más allá del Canònge.

   -Por pedir que no quede, ¿verdad, hija? De momento tendrás que conformarte con tener luz, lo de la radio ya veremos –Julia todavía está dándole vueltas a la factura de la instalación.

   Como la molienda de las aceitunas comienza generalmente en la temporada de otoño, y dado que la instalación eléctrica ha previsto la futura existencia de motores eléctricos en el Mas, Julia no compra la radio, pero sí manda electrificar la pequeña almazara con la que cuenta la masía. El hecho supone un incordio para la escuela de los masoverets que la tienen al lado, pero con la que tienen que apechugar, aunque los masoveros terminan dando la razón al señor Villalonga porque electrificar la almazara acelera la amortización de la instalación.  Días después de la llegada de la luz eléctrica, una tarde Zaca está memorizando en voz alta una fábula de Samaniego para recitársela a sus alumnos, y le sorprende Julia en tal actividad.

   -Vaya, Bachiller, eso es La zorra y las uvas si no recuerdo mal. Le vendría bien oírla a más de uno.

   -Si quiere, en cuanto la memorice la puedo recitar una noche en la sobremesa –se le ocurre al muchacho.

   -Vale. La noche que quieras nos la recitas. Creo que les gustará.

   Y en efecto, una noche, tras concluir la cena, Julia reclama atención y anuncia:

   -A continuación, el Bachiller nos va a recitar una vieja fábula de un poeta llamado Samaniego que además tiene moraleja. Pero antes, Bachiller, creo que deberías explicar qué es una fábula con moraleja –Zaca acepta el envite de Julia y toma la palabra.

   -Una fábula con moraleja es un relato breve, generalmente protagonizado por animales u objetos personificados, que busca transmitir una enseñanza o lección moral al lector. La fábula que voy a recitar se llama La zorra y las uvas y dice así:

   Es voz común que a más del medio día en ayunas la zorra iba cazando. Halla una parra, quedase mirando de la alta vid el fruto que pendía. Causábale mil ansias y congojas no alcanzar las uvas con la garra…  Entonces fue cuando la zorra dijo: no las quiero comer, no están maduras.

   No por eso te muestres impaciente. Si se te frustra, Fabio, algún intento. Aplica bien el cuento, y di: no están maduras, frescamente.

   No todos han entendido bien la moraleja pero, como Zaca ha engolado la voz y ha recitado la fábula dándole un aire dramático, su declamación ha gustado y los aplausos han resonado con fuerza en los dominios de la señora Concha. Lo que ha sido una simple anécdota, le ha dado a Zaca una idea: podría preparar, al alimón con Sisca, alguna corta dramatización de un diálogo o de una poesía para representarla alguna noche en la sobremesa de la cena, pues en el Mas, los divertimentos son escasos, y tiene el pálpito de que gustaría a los masoveros. Se lo comenta a Julia quien acepta encantada la propuesta del muchacho. Obtenido el visto bueno de la abuela, el siguiente paso es buscar un texto que se adecúe al objetivo que persigue. Tras mirar muchos textos se inclina por la obra, tantas veces representada, de Pedro Muñoz Seca, La venganza de don Mendo. Y dentro de ella el corto diálogo de “Las Siete y media. Cree que a la gente del Mas le gustará el sentido del humor del autor, pero lo que más ha pesado en su elección es que las siete y media es un juego de cartas habitual en la masía y en la que juegan con alubias y garbanzos en vez de con dinero. Las tardes siguientes, cuando acaban la escuela, Zaca y Sisca, con la ayuda de Lía que hace de apuntadora, ensayan el diálogo de Don Mendo y Magdalena hasta que lo memorizan. Cuando están preparados se lo dicen a Julia y acuerdan que la noche del sábado, día en el que las sobremesas suelen alargarse más, representarán el diálogo. Llegada la noche sabatina y tras concluir la cena, Julia demanda la atención de los comensales.

   -Ruego a todos que prestéis atención. Esta noche, Paquita y el Bachiller representarán para todos nosotros una breve escena de una obra de teatro muy famosa que se llama La venganza de Don Mendo. Un aplauso para los artistas.

   Los dos muchachos se sitúan en el centro de la cocina para que todos puedan verlos bien. Primero Zaca hace un resumen de la trama de la obra y explica quiénes son los personajes que van a representar. Tras lo cual, ambos muchachos comienzan a declamar.

   -Don Diego: Y el de Vedia dijo: No os aburriréis; os propongo, si queréis jugar a las siete y media.

   -Magdalena: ¿Y por qué marcó esa hora tan rara? Pudo ser luego…

   -Don Mendo: Es que tu inocencia ignora que a más de una hora, señora, las siete y media es un juego.

   -Magdalena: ¿Un juego?…

   -Don Mendo: Y un juego vil que no hay que jugarlo a ciegas, pues juegas sien veces, mil, y de las mil, ves febril que o te pasas o no llegas. Y el no llegar da dolor, pues indica que mal tasas, y eres del otro deudor. Mas ¡ay de ti si te pasas! ¡Si te pasas es peor!

   -Magdalena: ¿Y tú…, don Mendo?

   -Don Mendo: Serena escúchame, Magdalena, porque no fui yo… no fui. Fue el maldito Cariñena que se apoderó de mí. Entre un vaso y otro vaso el Barón las cartas dio; yo vi un cinco y dije paso, el Marqués creyó otro el caso, pidió carta y se pasó…

   Una cerrada ovación suena tras el último párrafo del diálogo entre Don Mendo y Magdalena. La gente del Mas es más bien de emociones contenidas, por eso es un tanto raro que la emoción se haya desbordado. Algo que los muchachos agradecen de corazón. El éxito anima a Sisca y Zaca a preparar otros textos para representarlos en las sobremesas de las cenas de los sábados, ante la complacencia del resto de moradores del Mas, pues los divertimentos son escasos en la masía, y esa especie de teatrillo de aficionados cuenta con un público entregado de antemano. Haber llevado a algunas de las sobremesas del Mas, esa especie de representaciones leídas ha supuesto un peldaño más para convertir a Zaca en el morador más popular del Canònge que,  en palabras de Julia, está pasando por la que quizá sea su época más floreciente y divertida, pues junto al fiat lux se ha agregado el fiat verba, y eso en un ambiente tan austero y aburrido como es el de los masos vale más que el oro molido. Y el principal motor de ese cambio sustancial es el otrora tímido e introvertido primogénito de los Clavijo. ¡Quién lo hubiese podido prever!

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 87 de la novela “El masover” titulado: Sorpresa: Zaca se interesa por la agricultura

martes, 11 de agosto de 2026

“El masover”. 85. Una de Charlot

   El hecho de haber descubierto la existencia de alguien –Anselmo- que, ideológicamente, no piensa como la mayoría de los moradores del Canònge, ha supuesto que, de rechazo, Zaca ha vuelto a interesarse por los próximos comicios generales en los que por primera vez votarán las mujeres.Tras siglos  de postergación y de ser consideradas unos seres inferiores a los varones, la II República española da por primera vez a la mujer un trato igualitario respecto al hombre, al menos en lo que atañe a la capacidad de votar. Todo el mundo piensa que una masa electoral tan numerosa –pues hay censadas cerca de siete millones de féminas-  puede hacer variar los resultados electorales, aunque la influencia de dicho voto es visto de manera desigual, según la ideología de cada partido. Los de derechas creen que el voto femenino se decantará por los que defienden la familia, el orden y la patria, como hacen ellos. A su vez, los partidos republicanos están persuadidos de que las votantes femeninas no los apoyarán porque el clero les pedirá que respalden a las derechas. Sea por unas u otras razones, hay algo que ha cambiado y buena prueba de ello es que Julia ha tocado a rebato y ha ordenado que todos los que viven en el Mas y tienen edad para votar vayan a hacerlo. Y, por supuesto, deben votar a la coalición que encabezan la CEDA y el Partido Agrario.

   Zaca, llevado por su curiosidad, como es innato en él, hace una rápida encuesta oral entre los electores de la masía. Incluso va más allá y pregunta a los que no pueden votar por no tener edad: sus alumnos. Los masoverets le informan que la mayoría de sus padres no votarán. No van a perder, entre la ida y la vuelta a los pueblos en que están empadronados, una jornada de trabajo para ir a votar en unas elecciones de las que no saben nada y queiamportan un pepino. Y los contados que sí votarán serán por el Partido Agrario que, por lo que les han contado, defiende los intereses de los propietarios agrícolas y los labradores y tiene una estrecha relación con el catolicismo y sus valores tradicionales. Y los masoveros, en general, son personas muy apegadas a sus tierras y costumbres y más conservadores que revolucionarios. En cuanto a la gente del Mas, está diáfano lo que votarán: lo que indique Julia. Zaca sabe que, al menos, hay alguien que tratará de zafarse de las indicaciones de la abuela, Anselmo. De todas maneras, le pregunta:

   -Anselmo, ¿vas a votar a los tuyos o vas a hacerle caso a la abuela?

   -¿Tú que crees?, Bachiller. Aunque tendré que darme maña para pegar el cambiazo a la papeleta que ya me ha dado. Y si puedo, lo haré también con la de Pili.

   -¿Tu mujer te va a hacer caso?

   -Si no me lo hace, en cuanto lleguemos de las votaciones le voy a dar más palos que a una estera. Por lo que, por la cuenta que le trae, me lo hará. Y tú, si tuvieras la edad, ¿por quién votarías?

   -No lo sé. Me lo plantearía, pero posiblemente mi voto sería en blanco. Al igual que mi padre, tengo muy poca fe en los políticos. Creo que se aprovechan de los votantes y acaban siendo los chupasangres del pueblo.

   -¡Qué sorpresa! Eso me suena a Bakunin.

   -¿Quién es Bakunin?

   Julia le ha sugerido a su nieta que el día de la primera vuelta electoral debería ir con ella para ver en vivo el ambiente de la votación y como se desarrolla el voto femenino. La petición de la abuela lleva a la pubilla a invitar a su joven amigo a acompañarla.

   -Zaca, ¿por qué no te vienes conmigo a Benlloch a ver la votación? Será la primera vez que votan las mujeres en unas elecciones generales –le pide la jovencita.

   -Ya vi la votación de 1931. Fui con padre. Y me aburrí un montón.

   -Pero ahora no te aburrirás. Te lo prometo. Podemos escaparnos y ver una película. A ti, que tanto te gusta el cine, supongo que la idea te encantará.

   -Ah, ¿pero hay cine en Benlloch?

   -Solo de vez en cuando. Es un cine ambulante, de un catalán que tiene una furgoneta y que hace cine en un patio del pueblo que alquila. El mismo comenta las pelis mudas y es muy divertido.

   -¿Y la abuela nos dejará escapar? Lo dudo.

   -Se lo pediré como condición para acompañarla a la votación. Y como está por agradarme, seguro que me lo concederá. Anda, anímate -Ante la petición de su mejor amiga, Zaca accede a la invitación.

   El 19 de noviembre, domingo, a primera hora, los mulos ensillados esperan a la puerta del Mas. Todos los residentes del Canònge con capacidad electora, salvo el señor Manuel que sigue anclado en su silla de ruedas, están preparados para desplazarse a Benlloch a votar: Julia, Paca, Valerio, Anselmo y Pili. La señora Concha se queda para cuidar de sus sobrinos y del señor Villalonga. A la gente mayor se unen, como invitados, Sisca y Zaca y, a última hora, Lía. En cuanto el grupo de masoveros llega al pueblo lo primero que hacen es dirigirse al colegio electoral que está ubicado en la escuela nacional de la localidad. Se ve poca gente, parece que la llamada electoral no ha suscitado demasiado eco. Zaca esperaba ver muchas mujeres por aquello de ser la primera vez que van a votar en unas elecciones generales, pero se ven pocas, y entre las que votan, la mayoría van acompañadas por hombres, posiblemente sus maridos. De pronto, aparece un grupito de cinco viejas, capitaneadas por un ensotanado cura, y que dan la impresión de estar más perdidas que un esquimal en pleno Sahara. El grupo del Canònge, dirigido por Julia, espera a Valerio que ha ido a ver en que mesa electoral han de votar. Momento que aprovecha Anselmo para pegar el cambiazo a su papeleta y a la de su esposa. Tras depositar el voto, los masoveros se cruzan con la gente del Mas de Besana que han ido a lo mismo. Quedan en comer juntos en el hostal del pueblo, el único establecimiento que tiene el comedor abierto. Sisca, como tenía previsto, pide a su abuela que le deje ir a ver una peli en el cine ambulante con la compañía de Zaca. A lo que Julia accede, poniendo coto a la hora que deben volver y le sugiere a su nieta que se lleven con ellos a Julita.

   El cine itinerante está instalado en un patio al aire

libre en el que hay conejeras y un pequeño gallinero

con una docena de pollos. En la puerta un hombre

recio, con aire agitanado y un gran mostacho gris,

cobra la entrada: una peseta por espectador y, si

necesitas silla, dos reales más, aunque casi todos los

asistentes traen sus propias sillas y unos cuantos

hasta sillones de mimbre. Cuando la sala tiene su

aforo algo más que mediado y pese a que, aunque el

sol aún está ocultándose por lo que la luz del ocaso

dificultará la visión, el hombre del mostacho que

también hace de portero despliega un lienzo blanco

en la pared frontal y anuncia que en unos minutos

comenzará la proyección.

   La película del día es Luces de la ciudad, escrita,

dirigida e interpretada por Charlie Chaplin, más

conocido por Charlot. El personaje del film es un

vagabundo sin hogar que conoce a una florista ciega

y se enamora de ella. Poco después, el protagonista

evita el suicidio de un millonario borracho quien le

hace promesa de amistad por haberle salvado la

vida, promesa que no cumple. Charlot comienza un

romance con la florista, que lo toma por millonario.

Cuando Charlot se entera de que van a embargar la

casa de la chica, prueba suerte en diferentes trabajos

a fin de lograr el dinero suficiente para evitar el

embargo. Finalmente, el millonario le deja mil

dólares, pero luego niega conocer a Chaplin y hace

que le persiga la policía por haberle robado. Charlot

da el dinero que le ha dejado el millonario a la

florista, dinero con el que podrá someterse a una

operación que le devuelva la vista. El protagonista

es capturado por la policía y acusado del robo de los

mil dólares, y pasa una larga temporada en prisión.

Al salir, vuelve a encontrarse con la florista. La

película termina con la escena en la que la florista,

que ya ve, reconoce a Charlot como su benefactor.

La peli es muda y el portero, ahora convertido en

 proyeccionista, es quien pone voz a los intérpretes,

mezclando el valenciano y el castellano, y de vez en

cuando activa un gramófono que pone la música de

fondo de la cinta.

   En una de las escenas, en la que el protagonista es

perseguido por la policía, Sisca da un respingo y

apoya su cabeza en el hombro de Zaca que le pasa la

mano por la espalda para que se sienta más segura.

La muchacha no se despega y pasan así lo que queda

de peli hasta el The end. Todo eso ante la mirada, no

se sabe bien, entre envidiosa y escandalizada, de

Lía. Cuando se encienden las luces del rústico cine,

Sisca y Zaca se separan y no se atreven a mirarse

como si hubiesen  hecho algo indecoroso; ella

se ha puesto colorada como una amapola. El, peor

pues tiene una erección que no sabe cómo disimular

y que su ligero pantalón de dril no logra atajar. En los

últimos tiempos, que su miembro viril se espabile en

cuanto roza a la muchacha se ha convertido en una

constante que le reporta momentos de gran

incomodidad. Es algo que antes no le había ocurrido,

ni siquiera aquella vez que, durmiendo con Elvira, la

muchacha que ayudaba a madre cuando eran críos,

 le rozó un pecho. Se reprocha su excitación y se

pregunta porque le pasan cosas cuando está con

Sisca que jamás le habían ocurrido antes con ninguna

otra chica. Menos mal que, por lo que parece, Sisca

no se ha dado cuenta,al menos hasta ahora, de la

pertinaz tiesura de su diminuta colita. Se moriría de

vergüenza si lo descubriera. Y es vergüenza lo que

siente cuando descubre que Lía si se ha percatado de

su excitación.

   Cuando la pareja comenta la peli descubren que

parece que han visto una cinta diferente, pues ella

rememora escenas que él no recuerda haberlas visto

y viceversa. Eso ha sido así, pues ha habido

momentos en que ella o él miraban la pantalla, pero

estaban pensando en la persona que tenían al lado,

por lo que realmente no se han enterado de lo que

ocurría en ese momento en el film.

   Afortunadamente, cuando los chicos llegan al

hostal donde les esperan la gente del Canònge, a

Sisca se le ha diluido el arrebol de sus mejillas y a

Zaca la erección se le ha evaporado. Lía es la única

que retorna con el rostro enfurruñado. En cambio,

Sisca y Zaca vuelven a ser la pareja de chicuelos de

trece años, amigos y compañeros de docencia.

   El resultado de las elecciones de noviembre de 1933, según la información del Diario de Castellón, conlleva la derrota de los republicanos de izquierda y de los socialistas y el triunfo de la derecha y del centroderecha.

   -Como temían en el partido –comenta Anselmo al muchacho-, ahí se ve la mano del clero que ha llevado a votar a todas las beatas. Y en este país los meapilas abundan más que las malas hierbas.

   -Pues según el Diario de Castellón la causa fundamental del resultado ha sido porque los partidos de derechas se han presentado unidos formando coaliciones, mientras que la izquierda se ha presentado dividida –le rebate Zaca.

   Durante la sobremesa de la cena del martes, Julia lee a los comensales la información periodística de que la coalición de la derecha no republicana ha obtenido en torno a los doscientos diputados, y además el centro-derecha ha logrado unos ciento setenta. En cambio, la izquierda ha visto reducida su representación a apenas un centenar de parlamentarios.

   -O sea -comenta Valerio-, que se ha producido un vuelco espectacular respecto de las Cortes constituyentes, aunque el parlamento vuelve a estar muy atomizado y se harán necesarios pactos para asegurar la gobernabilidad.

   Zaca, explotando la intervención del mayoral, trata de introducir en la conversación el debate de si el triunfo de la derecha en las recientes elecciones se ha debido al voto de las mujeres, supuestamente muy influenciadas por la Iglesia Católica, o a la campaña abstencionista de la CNT que habría restado votos a los partidos de izquierda, pero su tentativa no pasa de mero conato. En el Canònge la política no interesa y las elecciones mucho menos.

   Poco antes de los comicios de noviembre, a finales de octubre, Zaca lee un suelto en el Diario, unas cuantas líneas de agencia, informando de la fundación de un nuevo partido en Madrid denominado Falange Española. La noticia no le llama la atención, pero sí su fundador, pues tiene un apellido conocido: Primo de Rivera. “Debe de ser algún hijo de don Miguel el de la dictablanda”, se dice.

   Entre los lunes de mercat, la contabilidad de Los Masos, las clases a los masoverets, las lecturas –que se han hecho diarias- del Diario de Castellón y las charlas, cada vez más íntimas, con Sisca, el otoño de 1933 ha llegado con su cosecha de hojas amarillentas y las primeras heladas, precursoras del invierno. El muchacho piensa que se debe estar perdiendo los debates, supone que intensos, de los asistentes al café del Pincho sobre el voto femenino. Daría cualquier cosa por conocer qué dicen los tertulianos de uno y otro bando. Pero no se puede tener de todo. Tendrá que conformarse con seguir hablando con Sisca, a la que, poquito a poco, va mentalizando que el mundo no acaba en el Canònge. De que vivir en una masía no supone desconocer que hay otros mundos y otras formas de vida y de cultura. Que la diversidad y la pluralidad son los factores más comunes y que la vida tiene millones de variantes inabarcables. Y que hay que estar abierto a todas las posibilidades. Sigue la misma línea de acción con sus alumnos, a los que trata de inculcar que más allá de sus masos existen otros mundos y otras formas de vida. Sabe que solo con su discurso no va a hacer cambiar su modo de pensar y de vivir y que la mejor manera de que sus alumnos salgan de sus prejuicios sería que pudiesen ver con sus propios ojos otras realidades, pero para eso deberían viajar, algo que dada su falta de recursos es prohibitivo. Tendrá que seguir insistiendo, no le queda otra opción.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 86 de la novela “El masover” titulado: Fiat lux