martes, 28 de abril de 2026

“El masover”. 70… Una propuesta inesperada


      Zaca acude a la llamada de Julia. Encuentra a la abuela y a los dos masoveros, de los que le ha hablado Sisca, que la acompañan sentados en la mesa camilla de la sala de estar que también hace las veces de despacho de la abuela. Los forasteros –vistiendo los consabidos trajes de pana y uno de ellos tocado con boina- lo reciben con mirada expectante. El muchacho saluda a los masoveros, con su habitual formalidad, y se queda en medio de la estancia en espera de lo que pueda decirle o pedirle Julia.

   -Usted dirá, abuela.

   -Bien, Bachiller. -y dirigiéndose s los visitantes les dice-: Amigos, aquí tenéis de cuerpo presente a nuestro sabihondo Sacaríes, quien le da escuela a mi nieta y a los chicos de Anselmo –y dirigiéndose de nuevo a Zaca-: Bachiller, estos buenos amigos son Germán, del Mas de Planchadell, y Demetrio, del Mas de Roures. Quieren plantearte algo de lo que, por lo que me compete, no tengo nada en contra. Os voy a dejar solos para que podáis hablar con total libertad –dicho lo cual abandona la sala.   

   La intervención de Julia ha provocado en Zaca una mezcla de perplejidad, desconcierto y curiosidad. “¿Qué querrán estos palurdos?”, se pregunta el chico. El llamado Germán –bajo, fornido y de semblante resuelto- es quien primero habla.

   -Siéntate, chico. Estarás más cómodo.

   -Gracias. Ustedes dirán.

   -Verás… -Germán, que parece ser quien va a llevar el timón de la charla, carraspea y, sin ninguna clase de exordio, algo raro en un masovero a los que les gustan dar algún que otro rodeo antes de entrar en harina, expone el motivo de por qué están allí-. Somos un grupo de padres con críos pequeños y no tan pequeños, digamos que entre los seis y los catorce años. Y vivimos en masos que están relativamente cercanos al Canònge. A lo largo del curso escolar nuestros hijos no pueden ir a la escuela todos los días por la lejanía de nuestras masías y en verano, con tanto tiempo sin estudiar, pierden lo poco que han aprendido en el invierno. Hemos sabido que… -Vacila, parece no estar muy seguro de qué tratamiento dar a Zaca- estás dando escuela a los niños del Canònge, aunque no eres maestro, pero que sabes mucho ya que, al decir de la señora Julia, eres medio bachiller. Pues bien, hemos pensado que si también querrías dar repaso a nuestros críos lo que resta de verano. Algo sencillo: que lean y escriban de corrido y practiquen las cuatro reglas. La escuela sería por las mañanas, pues Julia nos ha dicho que las tienes libres. Ah, y que por ella no hay ninguna pega en que puedas hacer lo que pedimos –El masovero se calla como si esperara alguna réplica por parte de Zaca, pero como éste no dice nada, prosigue-: Somos gente seria y te corresponderíamos. Estamos dispuestos a darte cinco duros al mes por cada chaval. Serán entre diez y catorce críos, pues aún no hemos hablado con todos los padres que podrían estar interesados. Y esa es la parte mollar de lo que queremos pedirte…

   Zaca ha estado escuchando lo que cuenta el masovero sin demasiado interés, hasta que éste ha mencionado la contraprestación que los padres de los hipotéticos alumnos están dispuestos a ofrecer. Su mente se dispara y, rápidamente, hace la cuenta: Suponiendo que sean doce alumnos, a cinco duros son sesenta duros, ¡trescientas pesetas! ¡Todo un dineral! Con eso padre podrá pagar tres meses a mis maestros del pueblo. Al darse cuenta de lo que le ofrecen le entra un temblor producto del impacto que el cálculo le ha provocado. Trata de serenarse, pero tal es su nerviosismo que no sabe qué responder. Intenta ganar tiempo.

   -Pues muchas gracias por su interés, pero no sé qué decirles.

  -Rediez, mozo, pues que sí o pues que no –precisa el llamado Demetrio, alto, seco y con cara de pocos amigos-.

   -Largo, no fuerces al chico, dale un respiro, es natural que tenga que pensárselo –amonesta Germán al llamado Demetrio y, dirigiéndose a Zaca, añade-: Una vez dicho lo que queríamos decirte, y antes de que nos contestes, haremos una cosa, nosotros vamos a la cocina donde la señora Concha nos ha preparado un tentempié y mientras te lo vas pensando. Pero que te quede claro que nos harías un gran favor si dijeras que sí. Los críos lo necesitan y, como he dicho, nosotros sabríamos corresponder. ¿Te parece que nos veamos aquí como en media horita? ¿Sí? Pues hasta luego.

   Zaca se va tranquilizando, pero sigue dándole vueltas a la parte dineraria de la propuesta. “¿Cómo voy a rechazarla? -se pregunta-. Más de una vez me he preguntado cómo podría ganar algún dinero para ayudar a padre a pagar mis clases y ahora, sin comerlo ni beberlo, la manera de lograrlo me ha llegado donde menos podía esperarlo, en el Canònge”. Pese a la increíble contraprestación que ofrecen los masoveros, y que hace tan tentadora la propuesta, el muchacho se plantea si lo de dar clase por la mañana a unos masoveritos no perjudicaría de algún modo su actividad docente de la tarde. Evidentemente, lo primero que no admite réplica es la prioridad de la enseñanza que da a Sisca, y a los niños Ariza, pero la mañana podría dedicarla a unos nuevos alumnos. Piensa en lo que suele hacer desde que se levanta hasta la clase de la tarde: ayuda a Sisca a dar el pienso a los animales de los corrales, luego desayuna, emplea un rato en preparar la clase de la tarde y el resto del tiempo, hasta que llaman a almorzar, lee alguno de los libros que ha traído, charla con Sisca y Lía y, a veces hasta se aburre.

   No le da más vueltas, ha de aceptar la propuesta, primero porque tiene tiempo para ello y segundo, y más importante, por los sesenta duros mensuales, Un chollo así no lo encontrará en Torreblanca ni aunque se lo pida al Cristo del Calvario que tiene fama de milagrero. Y luego está un matiz importante: la abuela Julia no se opone a ello, le da carta blanca. En esas reflexiones anda metido cuando Sisca asoma la carita por la entreabierta puerta.

   -¿Qué les vas a contestar?

   -¿Cómo sabes lo que me han propuesto? –se sorprende el muchacho.

   -Me lo ha contado la abuela. Y, por si no lo sabes, ya te adelanto que le gustaría que les dijeras que sí. Los dos masoveros, que ahora se están zampando una tortilla de escabeche que les ha hecho Concha, son uno del Mas de Planchadell y otro del Mas de Roures. Ambos participan en lo de Los Masos de La Plana Alta y la abuela quiere tenerlos contentos. Y, como ya sabes, tener contenta a la abuela es tener todo el Mas a tu disposición. Y luego, vas a ganar una pasta gansa que para sí querría más de uno.

   -¿Y tú qué opinas?

   -¿Y tú me lo preguntas? Lo que es bueno para ti, a mí me parece de perlas.

   -Pero es que hay aspectos que no me los han contado y no sé cómo podrán resolverse. ¿Dónde daré las clases? Porque en el cuarto de estar no caben tantas personas. ¿Y de dónde vamos a sacar sillas y mesas para sentar a doce o catorce críos? ¿Y cómo van a llegar al Canònge niños que viven en masos que están a varios kilómetros de aquí? Y que sé yo cuantas pegas más puede tener la propuesta.

   -A veces eres un agonías, Zaquita. No te preocupes ni le des más vueltas. Al tío del Roures no lo conozco, pero al Germán sí, y es de los que no da puntada sin hilo. A buen seguro que muchas de las dudas que te planteas, ya las tiene resueltas. Yo, en tu lugar, diría que sí sin pensarlo más y dejaría que fueran los masoveros los que se ocuparan de todo. Ten en cuenta que los que vivimos en los masos tenemos que ser previsores y cautos, el hecho de vivir aislados nos obliga a ello -Zaca piensa que Sisca habla como si fuera más mayor de lo que es, y que razona como si tuviera más años. Las reflexiones de su amiga le ayudan a resolver sus dudas. Dirá que sí y pelillos a la mar, que sesenta duros no pueden despreciarse así como así. Media hora después regresan los masoveros.

   -Bueno, ya estamos aquí. ¿Te lo has pensado?

   Cuando Zaca les anuncia que acepta, no hacen aspavientos, ni muestran gestos de alegría, reciben el sí del muchacho como si ya lo hubiesen previsto. El chico, a fuer de sincero, cuenta a los masoveros las dudas, que antes describió a Sisca, sobre aspectos prácticos que deberían resolverse para poder dar clase a doce o catorce nuevos alumnos. Pero, como había vaticinado Sisca, tienen atados, con la ayuda de Julia, la mayoría de elementos que harán falta para la escuela solicitada. El aula será una estancia que hay en el Canònge junto a la prensa para el aceite y donde se guardan las esteras de esparto que se usan para el prensado. El mobiliario procederá de una escuela unitaria que están reformándola, y lo prestará el ayuntamiento de la Vall d´Alba para lo que resta de verano. Y los chicuelos llegarán al Canònge por medio de un minibús que alquilarán a la compañía de La Hispano de Fuente En Segures de Benasal, con la que ya lo tienen medio hablado. En cuanto al resto de aspectos que faltan por concretar, tales como el horario, los materiales para la enseñanza y demás, solo esperan que Zaca les diga cuales va a necesitar.

   -Y una cosa importante, mozo –es Demetrio el Largo quien habla-, a los críos no les dejes pasar ni una. Los chicos van a venir avisados, pero por si alguno se desmanda, mano dura con ellos. Nada de pamplinas, como alguno se ponga chulito nos lo dices y un par de guantazos a tiempo lo dejará más suave que la seda. Recuerda lo que se dice: la letra con sangre entra.

   -Otra cosa, Bachiller –interviene Germán el Rizos, mote que es toda una ironía porque luce la clásica calva de herradura-. Hablamos de cinco duros por chavea y lo mantenemos, pero hay tres parejas de críos que son hermanos y creemos que es justo que sus padres paguen algo menos. Esos seis críos podrían pagar solo cuatro duros por cabeza y, aún si fuera así, sus familias tendrán que desembolsar ocho machacantes por sus dos hijos. Y eso, para una familia masovera es un dinero. ¿No te parece?

   -Señor Germán, lo justo, justo es –admite, generoso, Zaca, que piensa que a pesar de la rebaja seguirá ganando lo que, para él, es un pastizal.

   -Pues solo falta que nos digas el horario y la fecha que puedes empezar a darles escuela. Cuanto antes, mejor, pues agosto lo tenemos a las puertas.

   -El horario dependerá de a que hora lleguen los niños al Canònge.

   -Llegarán a la hora que marques. Están hechos a madrugar. ¿Qué te parece si los críos están aquí sobre las ocho y media, más o menos.

   Zaca supone que para comenzar la clase a las ocho y media muchos de los chavales tendrán que estar en pie a las seis de la madrugada, pero sabe que en los masos madrugar es el pan de cada día. Por lo que no muestra reparos a la propuesta.

   -Por mí, bien. Y podría darles clase hasta la una o una y media. Y en lo que respecta a los materiales didácticos -Por si no entienden el adjetivo precisa-; es decir, al material instructivo, les haré una lista con lo que necesitaré. ¿Cuándo calculan que lo tendrán todo listo para poder empezar?

   -En tres o cuatro días esperamos tener la antesala de la almazara lista y con los muebles en su sitio y al día siguiente podría comenzar la escuela.  Ah, me se olvidaba una cosa. La Julia nos ha puesto una condición: dice que te necesita los domingos y los lunes. Esos días, pues, no habrá escuela, la darás de martes a sábado. Por mi…, por nuestra parte nada más.

   -Germán, lo de las chicuelas –avisa Demetrio.

   -Ah, sí. Entre los críos que vendrán hay dos chiquillas. ¿Algún poblema por tu parte?

   -Por mí, ninguno. No hago distingos entre chicos y chicas.

   -Pues en tres o cuatro días tendrás los críos aquí. Una última cosa: como dije y lo mantengo, sabremos corresponderte, por eso los días de julio que les des escuela te los pagaremos aparte de los cinco duros de agosto. El tiempo que uno trabaja ha de ser correspondido.  

   Zaca queda más contento que un niño con juguete nuevo. Y se dice que tiene que darle las gracias a Julia por su favorable intervención en el asunto. De paso, y relativo al asunto de Los Masos de La Plana Alta, le contará su impresión sobre la capacidad de cálculo mental de las nuevas vendedoras del mercat que están desde el sábado en el Mas recibiendo las instrucciones de Paca y Pili sobre cómo han de    actuar en el nuevo puesto. Cuando le da las gracias a la abuela por su buena disposición en lo relativo a la escuela de los niños masoveros, ésta le corta.

   -No me des las gracias, Bachiller. Soy yo la que ha de agradecerte que hayas aceptado la propuesta de los que van a ser nuestros socios en el mercat. Y ahora que te tengo a tiro, ¿cómo andan de cuentas las nuevas vendedoras?

   -No tengo buenas noticias. Hay tres que se manejan relativamente bien con el cálculo, pero las otras cuatro son flojitas y dos de ellas, más que flojitas son incapaces de sumar y restar de memoria. Como no creo que vayan a aprender en unos días, habrá que buscar una alternativa y que sean otros los que manejen los números. No se me ocurre una solución mejor.

   -Bueno, menos la muerte todo tiene alguna forma de arreglo. Probaremos con ellas y a ver qué pasa.

   -Lo que usted diga, abuela –acepta el muchacho, aunque no está nada convencido de que las semianalfabetas masoveras vayan a servir. Y opta por no ahondar más en la cuestión. Su mente está ocupada en su imprevista y nueva tarea de maestro veraniego. “¡Maestro él, quien se lo iba a decir. Si ni siquiera es bachiller!” Y se dice que: “la propuesta de los masoveros realmente ha puesto su mundo patas arriba. Jamás pudo pensar que una disyuntiva de ese calibre se le podría presentar”. Y, aunque su religiosidad es muy superficial, se encomienda al Cristo del Calvario para que la nueva empresa le salga bien. Son sesenta duros como sesenta soles y estos no se encuentran debajo de las piedras. Cuando se lo cuente a sus padres no se lo van a creer. Más de pronto le asaltan dudas. Los masoveros han hablado de doce o catorce críos entre los seis y los catorce años. Eso supone una mescolanza de grados de formación muy heterogéneos lo que hará muy complejo el papel de maestro. El método cooperativo que, con tan buenos resultados, está aplicando en las sesiones vespertinas -pero con tres alumnos- no sabe si valdrá para más de diez. Y le siguen asaltando dudas –no puede remediarlo, es su forma de ser-, pero en cuanto piensa en el dineral que puede ganar en solo un mes, las dudas se disipan como las nubes en verano. ¡Bendita propuesta!

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 71 de la novela “El masover” titulado: En boca cerrada…

martes, 21 de abril de 2026

“El masover”. 69. ¿Qué querrán de Zaca los visitantes?


   El análisis sistemático de los factores a tener en cuenta para el desarrollo de Los Masos de La Plana Alta, que ideó Zaca, por fin se ha debatido y, tras alguna que otra discusión más que acalorada, han llegado a  resoluciones que parecen definitivas.

   Sobre qué vender la unanimidad es total: los productos que cultivan, crían y elaboran los masos asociados de La Plana Alta. A quien comprar mercancía: a las masías más o menos cercanas y que no han querido asociarse, pero sí venderles sus excedentes. A quien asociar al nuevo puesto: a aquellos masos con los que han llegado a acuerdos de asociación. Sobre los porcentajes de las ventas: el Canònge se quedará con el quince por ciento del beneficio neto de las ventas. En cuanto al acarreo de mercancías, el principal transportista será el tío Tonellaes, y como no puede abarcar todas las existencias que se van a mover, habrá un segundo transportista que será Trinitari el Chato de Torreblanca –gracias a la intervención del señor Zacarías-. El personal de ventas, en principio, será el que ha fichado Julia, a reserva de que las vendedoras demuestren si tienen o no aptitudes. Respecto a la publicidad del nuevo puesto: por medio de don Vicencio han firmado un acuerdo con la emisora Radio Castellón y el tío Ricardo, el ferretero de Torreblanca, ha pintado los rótulos del frontal del nuevo puesto. De los pagos y cobros se ocuparán al alimón, Julia y Paca. Y en otras cuestiones, la resolución más importante que han tomado es que, de inicio, las cuentas del negocio las lleve Zaca mientras permanezca en el Mas, algo que al chico le ha llenado de orgullo, tanto como de preocupación, pues no está tan seguro como los demás que pueda dar la talla. Otra cosa que también preocupa a Zaca es que todo el proyecto se basa en la palabra dada por los distintos asociados, la palabra y un apretón de manos han bastado para confirmar los acuerdos. Pero no han firmado ni un solo documento. Lo que le lleva a preguntar al Mayoral, en privado:

   -Valerio, yo creía que un negocio de la envergadura que va a tener lo de Los Masos de La Plana Alta supondría la firma de papeles, de documentos ante un notario para que los validara, pero no se ha hecho nada al respecto. ¿Entre masoveros es suficiente con la palabra dada y un apretón de manos?

   -Por supuesto, entre masoveros y entre gente de bien, sean de donde fueren, vale la palabra dada. En toda tierra de garbanzos un hombre vale lo que su palabra y los papeles están de más. Es cuestión de catadura moral cumplir con lo que se ha dicho. Ten en cuenta que el honor y la honradez son valores importantes y que definen a las personas. Y cumplir con la palabra dada también es el resultado de la consideración y estima expresada por una persona a otra. Y por cierto, aunque soy de pocas lecturas sé algo que quizá no sepas. ¿Sabes quién dijo que un hombre vale lo que vale su palabra? ¿No? Pues don Quijote.

   Tras los últimos acuerdos alcanzados, Julia ha impartido una serie de instrucciones sobre el nuevo puesto del mercat que han puesto en movimiento a los miembros del núcleo duro de Los Masos de La Plana Alta. Valerio ha vuelto a realizar una gira por los masos asociados en compañía del tío Tonellaes, para cerrar los flecos que hubiesen quedado pendientes y concretar los puntos de entrega de la mercancía. A su vuelta debate con Julia dos cuestiones importantes: el calendario del proyecto y cuáles podrían ser los primeros productos para ofrecerlos como cebo con el fin de atraer nuevos clientes. A todo esto, Paca ha habilitado tres espacios en la segunda planta del Canònge para convertirlos en habitaciones que las nuevas vendedoras utilizarán los fines de semana. Asimismo, se ha puesto en contacto con don Vicencio, el secretario del ayuntamiento de Benlloch, para que indague sobre el funcionamiento de la propaganda en los medios de comunicación de Castellón. A su vez, Zaca envía, a través de sus padres, la petición al tío Ricardo, el ferretero, de si podría realizar el rótulo del muevo puesto de Los Masos de la Plana Alta, así como pintar algunas masías de la comarca de las que le facilita varias fotografías. Y sigue estrujándose el magín redactando frases publicitarias para insertarlas en los medios. Amén de todo eso, se le ha ocurrido algo nuevo: piensa que madre podría vender en el mercat sus conservas y los trabajos artesanales de las bolilleras del pueblo. Se lo ha de decir a la abuela. En cuanto a Sisca, la única asistente a la reunión que no recibió un encargo concreto por parte de Julia, se ha convertido en la edecán de su abuela, y va y viene de uno a otro corresponsable, llevando y trayendo nuevas instrucciones de Julia, cuya frenética actividad desmiente su calificativo de abuela, pues da la impresión que es la más joven de todos. Para cumplir el encargo de redactar la publicidad para los medios, Zaca pide a Julia que le deje ojear el Diario de Castellón que, según Sisca, se recibe diariamente en el Mas.

   -Por supuesto, tienes el periódico a tu disposición. Guardo todos los ejemplares del año en curso –Y, Julia, abriendo una de las puertas bajeras del armario del cuarto de estar, señala una pila de periódicos allí guardados.

   -Por curiosidad, ¿cómo llega el diario al Mas?

   -Lo trae Alberto el Melano, que hace el papel de cartero para los masos de Benlloch. Llega con un día de retraso y cuando hace mal tiempo se atrasa uno o dos días más. Y soy la única que lo lee, aunque a veces Valerio le echa una ojeada.

   La abuela le cuenta que el Diario fue fundado en 1924 por Jaime Chicharro, cofundador de la Federación Castellonense de Sindicatos Agrícolas, y es el órgano de expresión de la misma. Y añade:

   -Aunque no lleva mucha propaganda, encontrarás la suficiente para que te hagas una idea de cómo redactar los anuncios del nuevo puesto.

   Cómo ahora tiene más tareas en que ocuparse, Zaca ha desatendido un tanto su trabajo de maestro. Sea por eso o por alguna otra causa que desconoce, Sisca también ha aflojado su interés por seguir aprendiendo. Presta escasa atención a las explicaciones de Zaca, remolonea en su aprendizaje y está descuidando los deberes. Y estos días de frenética actividad focalizada en el nuevo puesto del mercat, han acabado de descentrarla. Zaca se ve en la obligación de llamarle la atención. Y se topa con una respuesta que no esperaba, no tanto por su contenido, sino por la chulería con que la muchacha la ha expresado.

   -Para el carro, Zaca. No me riñas como si fuera Mito. Leo de corrido, escribo para entenderse y conozco y sé aplicar las cuatro reglas…. A fin de cuentas, habrá quien, al cabo de muchos años de estudio, no acierte a distinguir un rendajo de un jilguero o una boñiga de un cagajón. Yo, sí. Por lo que, aunque no me aplique tanto como antes, sé lo suficiente para que cuando me toque hacer lo que ahora hace la abuela, sabré desenvolverme. Y, como sueles repetir, lo importante es antes que lo urgente y ahora la importancia la tiene el nuevo puesto. Guárdate la riña para mejor ocasión -La perorata ha contado con la complicidad de la sonrisa burlona de Lía que también está flojeando en su aprendizaje.

   Llegan al Mas noticias de don Vicencio sobre la publicidad en los medios de Castellón. De los diarios, el Heraldo es el que tiene mayor tirada y sus tarifas publicitarias son altas. Las del Diario son bastante más baratas, acorde con su escasa tirada. Pero ambos medios tienen idéntica limitación que, en buena medida, los inhabilita para la inserción en sus páginas de la publicidad de Los Masos de La Plana Alta: los lunes solo se publica un periódico, la llamada Hoja del Lunes, que editan las Asociaciones provinciales de la Prensa de España y que es el único diario autorizado ese día; los demás periódicos tienen que respetar el descanso dominical. La información lleva a Julia a desechar la inserción de anuncios en los diarios. En cambio, Radio Castellón, quizá por ser de reciente creación, tiene unas tarifas publicitarias muy asequibles, emite también los lunes y cuenta con el valor añadido de la inmediatez de su difusión. Lo que hace que sea ese medio el elegido por Julia para insertar la propaganda –lo del término publicidad no acaba de asumirlo- del nuevo puesto. En el contrato que, en su nombre, don Vicencio suscribe con la emisora figura la cláusula de que será la redacción de la radio la que redacte los anuncios. Zaca respira, pues lo de redactar la publicidad se le había atragantado.   

   Cuando los miembros que conforman lo que ya se ha convertido en la plana mayor del asunto del nuevo puesto del mercat se vuelven a reunir –al que ante su sorpresa y orgullo sigue siendo invitado Zaca pese a sus pocos años-, Valerio es quien alerta de un fallo que puede tener el asunto de la oferta del producto-cebo para atraer más compradores.

   -Tenemos un problema inmediato con el producto a ofertar como cebo. El verano no es época de cosechar productos básicos como las patatas o las legumbres. Lo que más se cosecha son las frutas: higos, melocotones, melones, sandías, manzanas… Productos que no son esenciales para ninguna familia. Quizá podríamos ofertar harina, pero como, después de la reciente cosecha, habrá mucha en el mercado la competencia sería muy dura. Aparte de que la harina en estos momentos tiene escasa venta, pues desde el aumento del número de panaderías la gente está dejando de elaborar el pan en casa, y más en la ciudad. Tendríamos que pensar en alguna alternativa.

   El prolongado silencio que sigue a la intervención del Mayoral sugiere la impresión de que nadie tiene alternativas que proponer. El impás lo cierra Julia con una propuesta radical.

   -Tenemos una alternativa que es atemporal y que tiene una venta segura: vamos a ofertar como cebo el aceite de los centenarios olivos de Los Masos de la Plana Alta. 

   La propuesta de la abuela provoca comentarios de toda laya por parte de los asistentes, pero Valerio hace de Pepito Grillo:

   -Julia, le recuerdo lo mal que estamos de aceite y que hemos racionada su venta. ¿Y ahora quiere ofrecerlo de cebo?

   -Y yo te recuerdo que los socios aportarán sus excedentes de aceite y, por consiguiente, vamos a tener la cantidad suficiente para que, al menos, una vez podamos utilizarlos como carnaza para la venta –La intervención de Julia, hecha en tono que no admite réplica cierra el tema del cebo.

   A Zaca, lo del aceite le ha llevado a recordar su etapa como coniller, en la que uno de los productos más valorados en los trueques por conejos era el oro líquido. Lo que, a su vez, le ha hecho recordar el problema que representaban los envases y como la gente, a veces, valoraba casi tanto el continente que el contenido. Y, aunque no le gusta un pelo dar la impresión de que secunda a Valerio y que pone en solfa la posición de la abuela, comenta que la cuestión de los recipientes puede resultar problemática. A lo que Paca contesta:

   -No sé si te fijaste los días que viniste al mercat, pero son nuestros clientes los que traen los envases.

   -Lo que apunta el Bachiller está bien traído, porque los nuevos compradores no tienen por qué saber lo de que han de traer los envases –interviene Julia, que agrega-: Y las botellas de vidrio valen un dinero.

   -Esa falta de información –apostilla Valerio- se puede resolver mediante la propaganda. Habrá que incluir en ella que los envases corren a cuenta del comprador. Otro posible problema que se nos puede presentar es la cantidad de aceite que puede adquirir un cliente. Si hay compradores que adquieren mucho, las existencias se van a terminar rápidamente y vamos a quedar mal con muchos clientes. Opino que sería una buena medida limitar la cantidad de litros que pueda comprar un cliente, podría ser algo así como un máximo de cinco litros por persona -la sugerencia del Mayoral, que no parece acusar la réplica de Julia, es bien acogida por el resto.

   La plana mayor del asunto del mercat de Los Masos de la Plana Alta funciona a todo gas y la aportación de sus miembros va sellando todos los flecos y modelando lo que promete ser una gran aportación a la economía del Canònge. Y todo gracias a una modesta sugerencia del primogénito de los Clavijo, que cada vez que lo piensa, se esponja como un pavo real.

   En la reunión que tienen el viernes, 14, Julia les comenta que el próximo sábado vendrán al Mas las futuras nuevas vendedoras a las que, durante el fin de semana, les darán instrucciones de como tendrán que actuar en el puesto del mercat, y de paso valorarán su porte y sus cualidades.

   -Hija, de eso te encargarás tú y te ayudarán Pili y Paquita. Ah, y el Bachiller que verá cómo andan de cálculo mental. Por cierto, las nuevas se llaman Asunción, Hortensia, Genoveva, Lola, Casimira, Benigna y Etelvina. Ya os las presentaré.

   Los días pasan, las cuestiones pendientes para poner en marcha el nuevo puesto se van cerrando, y la plana mayor del negocio se pone de acuerdo que el lunes, 24, sea la fecha en que se inaugure el puesto de Los Masos de la Plana Alta o LOMAPA, acrónimo que para su coleto ha ideado Zaca y que no ha hecho público, pues es consciente que las abreviaturas y acrónimos no forman parte del lenguaje de los masoveros.

   Pero el domingo, 16, ocurre algo que ocasiona que Zaca casi se olvide del asunto del mercat. Han llegado dos masoveros al Canònge que han pedido ver a Julia. Se han encerrado con ella en el cuarto de estar, donde han conversado más de una hora. Al finalizar la charla, la abuela ha enviado a Paquita a por el Bachiller, como siempre le llama.

   -Zaca, la abuela quiere verte. Te espera en la sala de estar. Están con ella dos masoveros, a uno lo conozco de vista, es el tío Germán el Rizos de la Masía de Planchadell. El otro no sé quién es.

   -¿Sabes qué quiere la abuela?

   -No me lo ha dicho. Por suponer, supongo que será algo relativo al nuevo puesto. Pero, conociéndola, te puede salir por donde menos lo esperas.

   Zaca desconoce lo que se le viene encima, y donde Julia solo va a jugar el papel de mediadora. Serán los visitantes los que propongan un nuevo aliciente a su estancia en el Mas. Y que pondrá el futuro del muchacho en una encrucijada de las que se dan en contadas ocasiones en la vida de una persona. Como el chico no conoce a los visitantes, pero sí a Julia, lo que piensa es en lo que le pueda decir o pedir la abuela, no en lo que le puedan decir o pedir los visitantes. Como responda Zaca al envite marcará su devenir y alterará significativamente la trama de esta historia.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 70 de la novela “El masover” titulado: Una propuesta inesperada