martes, 24 de marzo de 2026

“El masover”.64. De la caza con parany i piqueta

     Anoche, Zaca se quedó con ganas de preguntar a Sisca, el porqué de su indolente actitud en la clase de la tarde. Pensó que era algo para preguntarlo de manera privada, pero no tuvo oportunidad. En la cena, la conversación giró en torno al accidente sufrido por el pastor del rebaño de cabras. Según el médico de Benlloch, el zagal presenta una doble fractura de tibia y peroné, y el galeno los ha remitido a un traumatólogo de Castellón. El Valerio ha tenido que llamar al tío Tonellaes para que con su camioneta lleve al lesionado a la capital, donde ha quedado ingresado en el hospital provincial.

   El domingo, Zaca vuelve a madrugar para ayudar a Sisca a dar de comer a los bichos del corral. Ha aprovechado el momento en que se lavan las manos antes de desayunar para preguntarle lo que no pudo hacer anoche:

   -¿Se puede saber que te pasaba ayer en clase?

   -Que yo sepa, no me pasaba nada.

   -¿Cómo que nada? Estabas distraída y no diste ni una a derechas.

   -Ni a izquierdas. No te amola el señor maestro -La respuesta va cargada de chulería.

   La actitud de la chicuela vuelve a desconcertar a Zaca que prefiere no seguir la conversación, pues la señora Paca se ha acercado a la pileta para lavarse las manos. Espera continuar el interrogatorio por la tarde, pues esta mañana Valerio le ha dicho que le va a enseñar el parany. Zaca sabe que es un método de caza cuyo objetivo es atrapar tordos –zorzales como los denomina el mayoral- u otras aves, pero nunca ha estado en alguno, dado que no abundan, pues son costosos de construir y más de mantener, por lo que la visita le apetece un montón. El cazadero está bastante apartado del Mas, como de una horita masovera, según le dice Valerio.

   -¿Qué quiere decir una horita masovera?

   -Es una expresión que usamos los masoveros cuando hablamos de distancias. Se supone que una persona corriente tarda, más o menos, una hora en recorrer un kilómetro. Pues bien, un masovero, la misma distancia suele andarla en unos tres cuartos de hora.

   -O sea, que los masoveros andan más deprisa.

   -Eso dicen. Yo nunca lo he comprobado –Zaca se queda sin saber si el mayoral está hablando en serio o se está quedando con él.

   Del parany lo primero que le sorprende al chico es que ocupa un espacio más grande del que suponía. En el caso del que es propiedad de los Villalonga está emplazado en el área en que se levantan media docena de copudos olivos de buen porte. El mayoral se pone en plan profesoral y le explica la esencia de la trampa.
   -El parany consiste en transformar, mediante poda, árboles bien desarrollados, preferentemente algarrobos u olivos, e incorporar en sus ramas estructuras hechas con varillas impregnadas de liga o visc, un pegamento industrial, donde las aves migratorias son atraídas por medio de reclamos, especialmente en los meses de octubre y noviembre, que es cuando en esta zona emigran los zorzales u otras aves.

   -¿Esto se hace en toda España?

   -No lo creo, pero está ampliamente extendido en las regiones valenciana, catalana y también en la aragonesa.

    -Y las estructuras de las que habla, ¿de qué son?

   -Generalmente de madera, pero también pueden ser metálicas, aunque al ser más caras hay pocas.  Suelen tener forma de caja, con un entarimado donde se coloca el armazón de madera, que aquí llaman capolls, en el que se sitúan las perchas y varetas impregnadas con la liga. Todo ello se camufla  con las ramas de los árboles, enredaderas, etcétera, que dan al espacio un aspecto típico. Vamos a subir y verás lo bien que está montado.

   -Antes de subir, ¿qué es la liga?

   -La liga o visc es una sustancia pegajosa y natural para atrapar aves. Se obtiene de plantas como el muérdago o el ajonje, se unta en ramas o varas y se coloca en perchas estratégicas para que los pájaros queden pegados en ella al posarse. Tengo oído que comienzan a fabricarla de manera artificial, pero en el Mas usamos la de toda la vida. Vamos arriba.

   Por una precaria escalerita, el mayoral y el chaval suben a la parte superior del entramado y recorren los travesaños de madera que hacen el papel de pasillos entre las copas de los olivos. A Zaca le impresiona el volumen y complejidad de la construcción. Y sigue con sus preguntas.

   -¿Y sólo se cazan tordos?

   -No, aunque el parany está pensado para ellos, pero a cualquier pájaro que se queda enganchado en el visc se le aplica el dicho de pájaro que vuela a la cazuela.

   -Y parany, ¿cómo se traduciría al castellano?

   -Como trampa.

   -¿Y a los pájaros cómo se los atrae?

   -Por medio de reclamos que pueden ser otros pájaros, mejor si son hembras, o imitando el gorjeo característico de los zorzales. Durante las noches de octubre y noviembre, se activan los reclamos de zorzales para atraer a los bandos migratorios y, dependiendo de las condiciones meteorológicas, se pueden cazar muchas piezas. Prácticamente, se cogen todas las aves que acuden a posarse sobre los árboles y quedan atrapadas. En ese momento es fácil su captura al no poder volar.

   -En general, ¿cuántos árboles son necesarios para construir un parany?

   -Depende de cuánto se quiera gastar el dueño. Los poranays  pueden estar formados por un árbol o por grupos de dos a ocho, aunque los he visto de hasta casi veinte árboles.

   -¿Y a todo esto no es mucho montaje para cazar a unos pobres tordos?

   -Si uno es aficionado a la caza, la respuesta es no. Además, se ayuda a los olivareros. Los zorzales comen aceitunas como buitres, y como una bandada se pose en un olivar pueden dejarlo más tieso que la mojama. En cuanto a que el parany únicamente se utiliza dos meses, es verdad hasta cierto punto.  En la caseta que hay en todos los paranys es habitual que, a lo largo del año, se reúna el dueño, o dueños, porque a veces es de varios, del parany con sus amigos e invitados para almorzar o merendar. O, simplemente, para beber unos vasos de vino y charlar. Entonces, el parany se convierte en un lugar de encuentro como las tabernas o los cafés.

   Al muchacho, nada adicto a la caza, el método del parany no le convence ni poco ni mucho, pero como sabe que el mayoral si es cazador, solo esboza un enmascarado rechazo.  

   -O sea que esta trampa solo tiene bondades.

   -Hijico, has de saber que casi todo en la vida tiene una cara buena y otra mala o, al menos, regular. Como las monedas, que tienen un anverso y un envés. Personalmente, opino que este sistema de caza, aparte de que te tiras noches sin dormir, tiene un problema, y es que no solo quedan atrapados los zorzales, especie central en esta actividad, sino que también atrapa a otros tipos de aves, dado que el parany es un método no selectivo, y al no serlo afecta a aves cantoras, insectívoras, rapaces, etcétera. También hay que explicar que los que son paranyeros de raza cuando cazan aves que no son zorzales, si no están dañadas por la liga, las soltamos, pues no son nuestro objetivo. Recuerdo, como ejemplo, que el año pasado Anselmo cazó una curruca capirotada, pájaro que se come la cochinilla del olivo y, tras quitarle los restos de liga que tenía en un ala, la soltó.  Y¸ mocete, no me hagas más preguntas que para esta mañana creo que has cumplido con el cupo. ¡La leche que te dieron! ¿Es que no te cansas de preguntar?

   -Señor Valerio, perdone si lo he molestado con tanta pregunta, pero es mi natural, no puedo remediarlo.

   -A ver si te queda claro, en absoluto me molesta que me preguntes, pero sin excederte, pues no estoy acostumbrado a que me hagan preguntas como su fueran racimos de cerezas. Además, si uno no pregunta lo que no sabe siempre será un ignorante.

   -Menos mal que piensa así. Y lo último que ha dicho, me recuerda un proverbio chino que me enseñó el vicario de mi pueblo: Aquel que pregunta es un tonto por cinco minutos, pero el que no pregunta permanece tonto por siempre -La respuesta del mayoral es una carcajada que provoca un eco entre el entramado del paranay.

   -¡Hijico, eres la releche! Como todavía nos queda algo más de una hora, tenemos tiempo para que te enseñe la otra trampa que tenemos para cazar pájaros: la piqueta. ¿Sabes qué es?

   -Si. Una trampa como el parany, pero con agua.

   -¿Has visto alguna?, porque si es así, no hace falta que te la enseñe. Todas son muy parecidas.

   -No, no he visto ninguna.

   -Pues vamos allá.

   La piqueta o el bebedero de pájaros, como también le llama el mayoral, es una modesta trampa comparándola con el parany. Está hecha con un recipiente poco profundo, una especie de paellera vieja, semienterrada en una zona en la que existen varios frondosos árboles que dan sombra al garlito. A su alrededor hay varias rama secas y dentro del recipiente se ven algunas piedras que sobresalen del agua. A unos metros del bebedero hay una especie de chozo de la altura de un ribazo con una mirilla que apunta a la trampa.

   -En este chamizo es donde se esconde el cazador que tira de un cordel que hace caer una red sobre el bebedero y atrapa los pájaros que están bebiendo.

   -¿Y dónde están el cordel y la red?, no los veo.

   -Los guarda Juanito en su casa.

   -¿Juanito?

   -Es el único que viene a cazar alguna que otra vez. Se acuclilla o se tiende en el chozo y se pasa horas tendido, total para pillar unos cuantos pájaros. Pero el crío tiene afición y se divierte. De seguir así, será un buen cazador.

   -Esta trampa tiene poco que ver con el parany.

   -Por supuesto. Lo único que las iguala es que son trampas de cebo. En un caso, los reclamos, y en otro, el agua. ¿Qué te han parecido?

   -La piqueta es poca cosa. El parany me ha sorprendido, sobre todo por su tamaño y lo aparatoso de su construcción. A usted, Valerio, ¿qué le gusta más, el parany o coger la escopeta y el Careto y echarse al monte a por unas perdices o unas liebres?

   -No hay punto de comparación. Cazar con trampas, aunque yo lo hacía de joven, es propio de lo que llamo cazadores tripones, a los que les gusta poco pasearse por el monte. Coger la escopeta y pegar unos tiros lo hacen los cazadores de raza. Y ya está bien de cháchara. Volvamos, a ver con que nos sorprende hoy la parienta.

   En el camino de vuelta, Valerio explica al muchacho más aspectos de los masos.

   -Básicamente, las masías son casas de campo tradicionales que sirvieron como hogares y centros de trabajo agrícola para familias campesinas. Su historia y como entienden la vida están vinculados a la agricultura y la ganadería. Yo me crie en una, donde comencé mi vida laboral como porquero, para pasar a los quince años a mozo de labranza. Cuando volví de la mili, estuve trabajando de primer peón en una gran finca de Bocairente. Luego, fui mayoral en la masía más grande de Morella, hasta que Julia me propuso venirme al Canònge. Y aquí llevo un cuarto de siglo.

   -¿Hace veinticinco años la abuela ya era la que mandaba en el Mas?

   -Siempre lo ha sido, incluso cuando el señor Manuel estaba sano. Heredó la masía siendo poco más que una adolescente. Y el mando lo lleva en la sangre. No solo es la más lista, sino que comparada con los demás, es la más culta con diferencia. De niña, estuvo interna cuatro años en el colegio de las monjas de la Consolación de Castellón. Y se le nota una barbaridad. Otro día te contaré más sobre la abuela y los masos.

   -Mientras llegamos al Mas lo que podría contarme es lo que suelen hacer en los masos las otras épocas del año, pues las tareas que hacen en verano ya las conozco.

   -El otoño es tiempo de arar y sembrar. Se abonan con estiércol los bancales y se aran las tierras. La siembra se hace a partir de octubre o noviembre, aunque si el clima es seco la siembra se retrasa. También es tiempo de vendimia: de septiembre a fines de octubre. Y también el momento de recoger ciertas frutas: almendras, manzanas, cerezas, nueces, higos, maíz, patatas tardías, legumbres, judías y garbanzos. En diciembre se recogen las aceitunas. No faltan tareas con las caídas de las hojas, no.

   -¿Y en invierno?

   -El invierno es época de baja intensidad de trabajo, pero tareas no faltan. Se queman rastrojos y hierbajos, se podan árboles, se recoge leña, se desgrana el maíz, se muele el trigo y mil cosas más como limpiar los corrales y herrar los mulos. A partir de San Martín comienza la época de las matanzas.

   -¿Y en la primavera?

   -Pues entre otras muchas faenas, se escardan los campos de cereales. Se preparan campos para la siembra de patatas tempranas, tomates y judías…, y ya está bien. Eres una ametralladora preguntando, pero todo tiene un límite. Hoy lo has rebasado con creces. Ya estamos en casa, veamos a qué le metemos la cuchara hoy. Ah, ¿sabes manejar una escopeta? –Ante el gesto negativo del jovencito se explica-: Esta tarde te enseñaré a manejarlas para que cuando salgamos a por liebres o perdices no te pegues un tiro en un pie.

   Zaca ha seguido atentamente la explicación de Valerio sobre los masos y piensa que, para un hombre que ha estado casi toda su vida viviendo en las masías, el mayoral tiene una buena cultura, especialmente de ese mundo. Se dice que va a ser una buena fuente para aprender todo lo referente al entorno en que ahora vive y del que no sabía nada. Aunque dos meses no dan mucho de sí para llegar al fondo de un amplio conocimiento. Pero, por ahora, le vale, tampoco es que vaya a convertirse en un especialista en masadas. ¿Para qué le iba a servir ese conocimiento?, se pregunta y al punto se contesta: para nada.

   Después de almorzar, Zaca retoma el análisis de los seis servidores honestos de Kipling, que np ha vuelto a tocar en los últimos días. Se quedó en el quien (las personas), del que no se le ocurrió nada y ni tampoco ha tenido nuevas ideas. Por lo que ahora analiza el cuándo o tiempo. Es lógico pensar que serán los lunes los días de mayor actividad para el proyecto de vender productos de los otros masos, pero habrá que concretar otros periodos temporales como cuando recoger esos productos, cuando pagárselos a los masoveros, cuando retornar lo que no se ha vendido y… no se le ocurre más. Visto lo cual, comienza el análisis del dónde o lugar de la actividad del proyecto, pero no sigue, pues Valerio le ha invitado, junto a Sisca, a merendar a su casa. Tendrá que continuar otro día en acabar con el análisis de los seis servidores.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 66 de la novela “El masover” titulado: La publicidad

martes, 17 de marzo de 2026

“El masover”. 63. ¿Y eso es bueno o malo?

 

   El viernes, 7 de julio, tras desayunar, Zaca mantiene un agradable coloquio con la señora Concha, pues en el repaso que el día anterior hizo a la cocina como el auténtico “corazón” del Canònge hubo algo que pasó por alto: el horno existente en el pequeño patio al aire libre pegado a la  cocina. El muchacho recuerda que Concha le contó que ese horno exterior lo usan, sobre todo, para cocer el pan, las cocas y los platos que no caben en la cocina económica, pero quiere saber más.

   -Y el horno de fuera, ¿cómo es y cómo funciona?

   -Es de media bóveda y de piedra. El fuego se hace dentro calentando el interior con ramas encendidas que rápidamente hay que quitar cuando se convierten en ceniza y limpiarlo todo para cocer el pan y las tortas.

   -En casa, madre amasa pan unas tres veces al mes, pero para cocerlo lo lleva al horno de la tía Galla porque nosotros no tenemos.

   -Aquí tenemos un cuarto, el amasador, donde se encuentra la artesa de madera donde amaso el pan.

También guardamos allí la paleta de madera para cortar la pasta, un cántaro con agua, un par de sacos de harina y algo de sal.

   -Como le dije, en casa madre amasa pan varias veces al mes, pero lo cierto es que nunca he observado como lo hace. Como no es un trabajo de hombres…

   -No hay trabajos de hombres o de mujeres, hay trabajos sin más, y que pueden hacer los unos o las otras. Pero vuelvo al pan. Te cuento como lo hago yo. Primero activo la levadura seca disolviéndola en agua tibia con azúcar y una pizca de harina, dejándola reposar de diez a quince minutos hasta que espume…

   -Perdone que la corte, señora Concha, ¿para que usa la levadura?

    -Para que la masa crezca y quede esponjosa. Luego la mezclo con la harina y la amaso con agua tibia. Después la dejo reposar para que la levadura actúe y comience el proceso de fermentación. Una vez fermentada la masa, hago bolas con la pasta y les doy la forma que tendrá el pan, y que puede ser una hogaza, una barra, un panecillo, depende. Tras ello, viene la maduración. Cuando la masa ha madurado, corto el pan y lo meto en el horno para su cocción. Y c'est ça, el proceso de elaboración ha concluido.

   -Hay algo que no he entendido, ¿qué es eso de cortar el pan?

   -Cortar el pan antes de hornearlo, también conocido como greñado, permite controlar la expansión de la masa en el horno. Al hacer cortes en la superficie, se crea una vía de escape para los gases que se expanden, evitando que la masa reviente sin control por otras partes.

   -Gracias, señora Concha. Explica usted tan bien las cosas que da gusto oírla. La nombro mi maestra culinaria.

   -¡Adulador!

   Tras abandonar la cocina, el novel maestro prepara la clase de la tarde. Para el pequeño Mito elige un bloc de páginas en blanco para que haga rayas o dibuje lo que quiera. Y una caja de colores para que coloree dibujos, amén de un par de libros con muchas imágenes para que se entretenga. Para Julita y Juanito, dos blocs pautados para que sigan haciendo palotes, círculos y semicírculos y al final letras. También un silabario para iniciarlos en la lectura. Para Sisca una redacción sobre lo que hizo el pasado domingo, un problema en el que para resolverlo ha de operar con las cuatro reglas y una lectura comprensiva para cuando los hermanos Ariza estén trabajando por su cuenta. Todo eso en el orden individual, en el colectivo piensa comenzar a impartirles la segunda clase de urbanidad, después de la de los saludos. Cuando después de casi cuatro horas de trabajo individual con cada uno de sus alumnos, especialmente con los tres mayores, Zaca decide que ya es momento de hablar de buenos modales. Hoy les hablará de cómo comportarse educadamente en la mesa. 

   -¿Sabéis lo que es un refrán? -Sisca levanta la mano.

   -Sé lo qué es, pues la abuela los usa mucho, pero no sé cómo explicarlo.

   -Un refrán es un dicho o una frase que expresa una enseñanza, un pensamiento o una moraleja. Se caracteriza por ser de origen popular y por transmitirse de forma oral, de generación en generación. Como los refranes provienen del conocimiento popular, son anónimos; es decir, que no tienen autor. ¿Lo habéis entendido? -Sisca dice que sí, pero Julita mueve la cabeza cómo si tuviera alguna duda.

   -Juli, ¿qué no has entendido de mi explicación?

   -No sé qué es una moraleja.

   -Una moraleja es una lección o enseñanza que se deduce de un cuento, una fábula, un ejemplo o una anécdota. Y una fábula es un escrito breve en el que los personajes principales suelen ser animales o cosas inanimadas. Bien, pues volviendo a los buenos modales en la mesa, hay un refrán que dice: Quien come y canta, loco se levanta. ¿Qué es lo quiere decir ese refrán?

   -¿Qué no se debe cantar en la mesa? –responde Sisca.

   -Ese refrán es una tontería, yo no conozco a nadie que cante en la mesa –dice la descarada Julita.

   -Vale. Y además de no cantar, ¿qué otras cosas no se deben hacer en la mesa? –Zaca no ha querido entrar a la provocación de Julita.

   -La abuela dice que no hay que eructar –recuerda Sisca.

   -Ni ponerse a bailar –añade Juli, no se sabe si en serio o en broma.

   -Muy bien, ¿y qué más?

   -Dejarse comida en el plato –añade Juanito.

   -¿Algo más?

   Visto que no hay más respuestas, Zaca explica a sus alumnos las principales reglas de urbanidad a tener en cuenta en la mesa. Algunas de las cuales no acaban de ser comprendidas por Juanito, como la de esperar al resto de comensales para empezar a comer.

   -Si tienes el plato lleno, ¿por qué hay que esperar a nadie?

   -Porque es una manera de mostrar respeto a las otras personas sentadas en la mesa, especialmente si esas personas son mayores que uno. Y también para esperar a los que aún no han llegado, pero se les aguarda.  

   -¿Y si mientras esperas, se te enfría la comida? –apunta Juli.

   -En un breve lapso de tiempo no es probable que se enfríe la comida, pero si ocurriera, pues te aguantas. Otra cosa que no debe hacerse es discutir y levantarse de la mesa con malos modos -Sisca acusa esta regla.

   -¿Dices eso por mi pelea del domingo con la abuela? –parece que Sisca se ha picado.

   -Sí y no. No tanto porque discutiste con tu abuela sino porque, sin ni siquiera haber acabado de comer, te fuiste dando un portazo.

   -Es que la abuela a veces me pone de los nervios. Siempre quiere tener razón y no soporta que alguien le lleve la contraria.

   -Es verdad que tu abuela es muy mandona y siempre quiere decir la última palabra, pero a los viejos hay que respetarlos aunque no se esté de acuerdo con lo que digan. El catecismo dice que hay que respetar a la gente mayor en edad, dignidad y gobierno. Y está más claro que el agua clara que la abuela Julia tiene más edad, más dignidad y mayor gobierno que cualquiera de nosotros.

   -Entonces, ¿qué hago? ¿Callarme o decirle a todo que sí? -pregunta una cariacontecida Sisca.

   -No, necesariamente. Cuando la abuela diga algo con lo que no estés de acuerdo, puedes y hasta debes decírselo, pero de forma educada y razonable. Sin gritar, ni poner mala cara, ni enfadarse. Ten en cuenta que casi siempre es mejor callarse que hablar. Hay una máxima que dice: Eres esclavo de tus palabras, pero señor de tus silencios.

   -Huy, no sé, no sé si podré hacerlo. No es fácil estar siempre de acuerdo con lo que a veces dice la abuela. Como has reconocido, es muy mandona y los que son así no admiten que se les lleve la contraria. Buena prueba es que en el Mas, solo Valerio es capaz de discutir con ella y no siempre. Las más de las veces se calla y, eso sí, luego hace lo que cree que debe hacer. Además discutir con la abuela es muy cansino. Recuerdo que cuando padre estaba sano discutía con ella con frecuencia. Se ponía de mal humor y lo pagábamos los demás. Por eso, madre no discute con la abuela. Le dice a todo que amén. ¿Tú te ves discutiendo con la abuela?

   -Procuraré no hacerlo, pero si en un momento pensara que debo hacerlo, no lo dudes, lo haría. Y ya está bien por hoy. Otro día seguiremos con el tema. La clase se acabó. Mañana más. ¿Qué vas a hacer hasta la hora de la cena? –pregunta a Sisca.

   -Echar el pienso a los animales del corral y luego ver como la señora Concha prepara la cena. Quiero aprender a cocinar.

   -¿Quieres que te acompañe a lo del pienso? No tengo nada que hacer.

   -Me gustaría, pero lo de dar el pienso a las gallinas no es tarea para hombres.

   -Entonces, ¿voy a ser menos hombre si te ayudo?

   -Creo que no. Vamos, estoy convencida de que no, pero hay gente que puede pensar lo contrario.

   -Y que otros piensen lo contrario, ¿te molesta?

   -No, nada, todo lo que… No me molesta, aunque según quien sea la persona que me lleva la contraria, a veces me da rabia. Por ejemplo: me fastidia que alguien que sepa menos que yo me discuta algo que yo haya dicho. Y eso les pasa a casi todos. Por un suponer, ¿a ti no te chincharía que Mito te llevara la contraria? ¿A que sí? Pues es lo que me pasa.

   -Hablando de otros que te lleven la contraria, te voy a enseñar otro refrán. Bueno, no sé si es un refrán o un proverbio: Cuanto más caso haces de la opinión de los demás, menos caso hacen los demás de la tuya.

   -No acabo de entenderlo, pero me gusta. Y vamos al corral, ya que no te importa.

   Antes de ir al corral, pasan por el granero y Sisca llena unos botes de latón con maíz, cebada y avena. Otros con salvado de centeno y de trigo. Luego pasan por el henar y cogen una brazada de hierba. El grano y parte del heno lo reparten por el corral. Las gallinas, los pavos y las ocas se arremolinan a sus pies picoteando con ansia la comida. Parte del grano, del heno y el salvado, mezclado con agua, lo han puesto en el comedero de los gorrinos. Después, han vuelto a coger hierba del henar y la han ido distribuyendo en el patio con suelo de cemento que hace de conejera. Las conejas que tienen gazapos están recluidas en jaulas de madera y tela metálica, y también a ellas les proporcionan hierba y algo de alfalfa.

   -¿Sabes que nosotros también cultivamos alfalfa en un marjal?

   -Sí. Me lo contó madre. Como también lo del negocio de los conejos. Y lo de la cabra murciana, y tu trabajo de escrivent, y… -Sisca está en un tris de decir que de él sabe mucho, pero se contiene a tiempo. Mejor se calla, no vaya a meter la pata.

   -¿Esto lo haces todas las tardes?

   -Y también por las mañanas, como ya sabes.

   -Tengo entendido que sois muy ricos, no tendrías por qué trabajar. Tu madre y tu abuela tampoco, ¿por qué lo hacéis?

   -Porque siempre ha sido así. Estar todo el santo día mano sobre mano debe de ser lo más aburrido del mundo. Y la abuela dice que el trabajo no es una maldición, sino una bendición. Tú, si pudieras,  ¿trabajarías?

   -Si puedo, trabajaré, pero en lo que me gusta.

   -¿Y qué es lo que te gusta?

   -Leer, estudiar, viajar, a lo mejor escribir. Lo que no me gustaría es trabajar en labores que me desagraden. Por ejemplo, no me gustaría ser labrador o marinero o albañil o… Bueno hay muchos oficios en los que no me gustaría trabajar.

   -Y ser masover, ¿te gustaría?

   -Pues no lo sé, pero creo que no. Aunque masover no es un oficio, sino… No sé, es como una forma de vida. ¿A ti te gusta ser masovera?

   -No conozco otra forma de vida, pero creo; vamos, estoy segura, que no me gustaría vivir en un pueblo. Estar en todo momento pendiente de lo que digan  u opinen los demás, y juntarte con gente que ni te va ni te viene debe de ser una pesadez… ¿Sabes?, nunca había hablado de todas estas cosas con nadie. Ni siquiera con mi madre o mi abuela.

   -¿Ni con tu padre?

   -Con padre nunca hablé mucho. Cuando estaba bien, apenas hablábamos porque yo era niña y él andaba siempre atareado con el trabajo del Mas. Y desde que está enfermo es que casi no habla con nadie. Tiene problemas con la voz... No sé que hora debe ser, pero creo que la señora Concha ya estará preparando la cena. Tengo que ir a ayudarla.

   -¿Te importa que te acompañe?

   -¡¿A la cocina?! –la exclamación ha ido acompañada de un gesto de rotunda sorpresa.

   -¿Por qué no? ¿Es que aquí los hombres no entran en la cocina para echar una mano si hiciera falta?

   -¡¡Pero qué dices!! ¡Estás como una cabra! Cocinar es trabajo de mujeres. Los hombres no guisan, ni aquí, ni en ninguna parte. Tienen otros trabajos que hacer.

   -Te equivocas, Sisca. Yo ayudo a madre a cocinar y hasta soy capaz de hacer algunos guisos sencillos. Y no por eso soy menos hombre.

   -¡Que raro eres Zaquita! No te imagino con un delantal y pelando patatas o cortando tomates…

   -Pues lo hago. Aunque es cierto que en el pueblo no conozco a ningún otro chico que haga lo que yo. Si la señora Concha me deja, verás que se manejarme en la cocina, al menos en los aspectos más básicos.

   -Desde luego, Zaca, eres de lo que no hay. Si te digo que nunca conocí a un chico cómo tú, ¿me creerás?

   -¿Y por qué no iba a creerte? Y una pregunta, ¿eso es bueno o malo? Me refiero a lo de no haber conocido nunca un chico como yo.

   Sisca no responde con palabras, lo hace con una sonrisa con la que se le achinan los ojos y unos hoyuelos tentadores se le dibujan en las mejillas. El muchacho no sabe cómo leer el gesto, no lo sabe, pero le gusta. “Esta chica es un misterio -se dice-. Tan pronto se le ocurren simplezas, y las dice sin inmutarse, como piensa con agudeza y habla como si fuera mayor de lo que es. No es fácil abarcarla, tiene demasiadas aristas, y las chicas con tantos ángulos siempre me han parecido unos bichos raros. Aunque, la verdad, Sisca es cualquier cosa menos un bicho raro. Creo que me estoy armando un lío. Mejor será dejarlo para otra ocasión. Pero no ha respondido a mi pregunta de si es bueno o malo lo de no haber conocido nunca a un chico como yo. Aunque como, salvo las dos temporadas que vivió en Torreblanca, siempre ha vivido aquí, no creo que conozca demasiados chicos para hacer comparaciones. Pero he de reconocer que cada vez me gusta más hablar con ella. Es la única con la que puedo mantener charlas interesantes. Creía que siendo pubilla sería más desangelada y más orgullosa, pero no lo es. Más bien es amable, gentil y simpática. A veces me recuerda a la China, aunque afortunadamente no es tan alta”. Y continúa con su soliloquio sobre la pubilla del Canònge, algo que unas semanas antes hubiese sido impensable. La vida, el tiempo, el entorno, las circunstancias, cuantas cosas cambian.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 64 de la novela “El masover” titulado: Lía