martes, 7 de julio de 2026

El masover”. 80. Giro copernicano

   El miércoles, 30 de agosto se presentan en el Canònge Germán el Rizos, del Mas de Planchadell, y Demetrio el Largo, del Mas de Roures, los dos padres que negociaron con Zaca la apertura de la escuelita dels masoverets. Les acompaña Hortensia la Beltrana, que en las últimas semanas se ha encargado de la relación de los masoveros con Zaca. Quieren hablar con la abuela Julia. Los cuatro se encierran en el cuarto de estar y el conciliábulo dura algo más de hora y media. Zaca y Sisca, enterados de la visita, especulan sobre lo que puedan querer los masoveros.

    -Debe ser algo referente a lo de Los Masos de la Plana Alta, porque tanto el Planchadell como el Roures son dos de los masos asociados que más aportan al negocio de l mercat –especula Sisca.

   En esas que llega Pili adonde los adolescentes con el recado que la abuela quiere hablar enseguida con el Bachiller. Cuando Zaca llega al cuarto de estar su primera impresión es que los reunidos están expectantes, pues le miran con una mezcla de sensaciones encontradas, pero lo que más le sorprende es que padre también está allí. “¿Qué hace padre aquí?”-se pregunta el muchacho-. Que se reúna con Julia es normal, ¿pero con los masoveros? ¿Qué tripa se les debe de haber roto”. La abuela es quien toma la palabra.

   -Siéntate, Bachiller, que tenemos para rato –le avisa Julia, y sin más entra en faena-. Aquí, nuestros amigos, a quienes ya conoces, quieren proponerte algo. Escúchales con atención, como ha hecho tu padre –y, dirigiéndose a los masoveros les pregunta-: ¿Quién se lo va a contar?

    Germán el Rizos es quien toma la palabra. Y, como es proverbial entre los masoveros, antes de entrar en faena da más bandazos que un Fórmula uno sin frenos.

   -Lo primero, maestro, es volver a recordarte lo muy contentos que estamos los padres de los críos a los que das escuela por lo mucho que han aprendido en el mes y poco más que han estado contigo. Eso es lo que nos ha llevado a plantearnos la petición que te vamos a hacer y que te pedimos que la escuches de buenas porque está hecha con nuestra mejor voluntad ya que para nosotros es importante.

   -Germán –le interrumpe la Beltrana-, antes de que le cuentes lo que queremos, déjame añadir un ejemplo para que comprenda nuestras razones: mi hija Fernandina, que con seis años no sabía ni palote, ha aprendido el alfabeto y ya lee silabeando. Y hace unos pespuntes que ni su abuela los mejora. Y, como bien has dicho, lo ha aprendido en poco más de un mes. Si eso no es ser un muy buen maestro que venga Dios y lo vea. De ahí nuestra petición.

   -Que estamos muy contentos con tu desempeño, ea –reitera el Rizos-. Por eso, que te vayas, algo que ya sabíamos, nos ha llevado a pedirte una cosa que solo tú puedes dar.

   -Antes de que Germán siga –ahora es Demetrio el Largo quien corta al Rizos-, tenemos que aclararte que la petición que te vamos a hacer la hemos hablado con tu padre. Y nos ha dicho que la respuesta a nuestra solicitud solo puede ser tuya y nada más que tuya. ¿No es así, señor Zacarías? –El llumero asiente.

   A todo esto, Zaca está hecho un verdadero lío porque no tiene ni repajolera idea de qué es lo que quieren los masoveros y que, según acaba de decir Demetrio, padre dice que se hará lo que su hijo diga.

   -A lo que iba –el Rizos retoma la palabra-. Lo hemos hablado los padres de los chavales y estamos de acuerdo. Solo tienes trece años, aún no eres bachiller y no tienes el título de maestro, pero estamos convencidos de que no vamos a encontrar otro maestro como tú. Por eso nos hemos acordado de lo que dice el dicho: lo que funciona lo mejor es no tocarlo.

   Zaca siente que le va a dar un ataque de nervios si de una puñetera vez no le cuentan que es lo que pretenden de él. Y, visto que los masoveros no se arrancan, decide apremiarles.

   -Perdone, señor Germán, pero todavía no me han contado qué es lo que quieren de mí.

   -Al grano, Germán –insta Julia-. No des más rodeos -Y el Rizos toma carrerilla y suelta la bomba.

   -Lo que te pedimos es que no te vuelvas a tu pueblo, que te  quedes, y que sigas dando escuela a los críos por las mañanas, que sabemos que tienes libre. Varios padres lo tenemos hablado y lo hemos hecho con otros padres de masos más o menos cercanos. Y lo hablado es que queremos que sigas dando escuela todo el año, aquí en el Canònge. Para ello, hemos llegado a un acuerdo con la abuela Julia. Nos seguirá dejando el cuarto de la almazara como escuela. Solo ha puesto dos condiciones, que hemos aceptado de mil amores: que sigas enseñando a su nieta y a los críos del Anselmo y que els dilluns del mercat no darás escuela –Y dirigiéndose a Julia pregunta-: Señora Julia, ¿le cuenta ahora su parte o sigo?

   -Sigue, sigue. Luego hablo yo.

   -De momento, contamos con diecinueve críos seguros como alumnos. Y hay varios padres que se lo están pensando. Yo calculo que podemos arrejuntar, como poco, de veinte a veintitantos chavales. Te preguntarás: ¿Si accedes, qué ganarás? Te seguiríamos pagando al mes cinco duros por crío y las parejas de hermanos continuarían pagando cuatro cada uno. Te podrías sacar entre cien y ciento veinte duros al mes, lo que es mucho dinero, sobre todo para un chaval de trece años. Y hasta hemos pensado que, para cuando llegue el mal tiempo, pondríamos una estufa en la escuela, y todos los días cada chaval traería un tronquito para alimentarla y así no pasaríais frío. Hay una nueva condición: como algunos críos vendrán de masos bastante alejados, tendrías que comenzar la escuela algo más tarde para que no tengan que madrugar tanto. Digamos que entre nueve y media y diez. Podrías recuperar el tiempo alargando la sesión de la mañana aunque tuviesen menos tiempo para comer. A tu voluntad. Y eso es lo que te pedimos, que te quedes.

   -Y más que un trato –agrega la Beltrana-, es un favor lo que te pedimos. Por lo que llevamos visto, los críos aprenderán contigo lo que no está en los escritos. Somos conscientes de que te ofrecemos poco para lo mucho que pedimos. Sabes que los masoveros no nadamos en la abundancia, pero llegamos hasta donde podemos. Y contarás con nuestra buena voluntad y nuestro agradecimiento. Y si Germán o Demetrio no tienen más que decir, creo, señora Julia, que ha llegado su turno porque su ofrecimiento complementa el nuestro y es de justicia que el maestro lo sepa para que se haga su composición de lugar.

   -Me parece bien –acepta Julia-. Bachiller, has de saber que en el caso de que te quedes, después de que te lo pienses y lo hables con tus padres, por nuestra parte, me refiero al Canònge, se te trataría como hasta ahora. Más como alguien de la familia que como alguien que está de paso. Y debes saber, que creo que lo sabes, que todos nos llevaríamos un alegrón si aceptaras la oferta de nuestros amigos. Y no te cuento como se pondría Paqui, loca de contento. Y que además seguiría ayudándote, dando clase de costura a las chavalas de la escuela. Y yendo al asunto de lo que ganarías en el conjunto de tu trabajo en el Mas. En vez de los treinta duros al mes que te damos ahora por llevar la contabilidad de Los Masos de la Plana Alta y estar en el mercat del dilluns, te pagaríamos cuarenta. Cifra que, sumada a los cien o ciento veinte machacantes que sacarás de la escuela, alcanza la cantidad de ciento cuarenta o ciento sesenta duros. Y eso, para cualquier trabajador cualificado sería un sueldazo. ¡Y no digamos para un muchacho de tu edad! Y te lo digo de corazón, más que de los dineros, que también, lo importante para nosotros, y hablo por todos los que vivimos en el Mas, sería tu presencia aquí. Te has hecho de querer y te estimamos como si fueras uno más de la familia. Y como creo que te hemos dicho lo que teníamos que contarte, es hora de que lo hables con tu padre y decidáis lo que sea. Pero, insisto, si decides quedarte nos darás, a ellos –señalando a los masoveros- y a nosotros una gran  alegría. Señor Zacarías, como lo expuesto supongo que querrá hablarlo con su hijo sin testigos que los molesten, los demás nos retiramos y les dejamos el cuarto para que hablen lo que tengan que hablar, que hablando se entiende la gente.

   Dicho lo cual, los masoveros y la abuela se retiran dejando solos a los Clavijo. Zaca se siente por momentos como si le hubieran metido en una olla a presión en la que el agua hierve a todo trapo. Es un mar de sensaciones las que siente. Está confuso, alegre, preocupado, asombrado, perplejo y hecho un lío. De pronto, sin saber muy bien por qué, se acuerda de la expresión giro copernicano, que encontró hace tiempo en el Sopena, y que es un cambio radical de perspectiva, ya sea en el pensamiento o en la vida, metafóricamente comparado con la revolución científica de Copérnico. Y vislumbra que es la situación en la que el destino acaba de meterle: la decisión que tome, sea la que fuere, supondrá un giro de ciento ochenta grados en su desempeño actual, en su futuro, en su vida. Aunque queda una persona que puede ser determinante y que, hasta el momento, no ha dicho ni palabra: su padre y, de rechazo, su familia. Pero es que el señor Zacarías está tan confuso, preocupado y hecho un caos como si hijo. Se debate entre dos alternativas. Por un lado, sigue creyendo que el futuro de su primogénito es el que tenían planificado: acabar el bachillerato elemental, luego cursar magisterio y después opositar al Cuerpo de Maestros. Ese es el camino seguro. Por otro, que su hijo pueda ganar ciento cuarenta o ciento sesenta duros al mes, supone que solo en un año ahorrarían lo suficiente para comprar una casa a la que llamar suya y en la que podrían asentar sus reales cuando se jubile. Que eso ocurra solo será posible si el chico dice sí a la oferta que acaban de hacerle. Dado que padre parece ensimismado en sus pensamientos, el chico le interpela:

   -Padre, ¿qué hacemos?

   El señor Zacarías sale de sus cavilaciones y mira a su hijo. A fuer de leal con el chico, tendrá que decirle la verdad sobre qué piensa del asunto y de sus derivadas. Y le cuenta el problema que tiene la familia de no tener casa propia. ¿Qué harán cuando se jubile? Porque piensa que tendrán que abandonar la Fábrica para que pueda ocuparla el encargado de la LUTE que le suceda. Entonces, como no tienen casa propia, ¿dónde vivirán? Tendrán que alquilar un piso, pero con lo que le quedará de jubilación, ¿qué clase de piso podrán alquilar? Y que, a corto y medio plazo, el único modo que considera factible para ahorrar el dinero necesario para comprar una vivienda es que acepte la oferta que acaban de hacerle. El gran pero es ¿y qué pasa con sus estudios? ¿Dejar de estudiar? ¿Echar por la borda el esfuerzo hecho por él y el resto de la familia en los tres últimos años? ¿Abandonar un proyecto en el que tanta ilusión han puesto, no solo los Clavijo, también el resto de la familia? Lo confiesa: está hecho un lío. Por primera vez se ve incapaz de aconsejar a su hijo. Porque elija la alternativa que tome, las consecuencias pueden ser determinantes para el resto de su vida. Y así lo resume:

   -Hijo, sé que un padre debe, entre otras cuestiones, aconsejar a sus hijos cuando llegan a una encrucijada tan difícil como en la que ahora estás. Pero no puedo mentirte, he de decirte la verdad por mucho que me duela: no sé que aconsejarte. Y me parte el corazón no saberlo pero, como te he explicado, ambas alternativas tienen tanto de positivo como de negativo. Y no sé si una de las dos es mucho mejor que la otra. Si lo supiera, te lo diría, pero no es el caso. Por lo que me veo obligado a hacer algo que un buen padre nunca debería hacer: dejar que seas tú, a tus trece años, quien decida que opción escoger. Piénsatelo bien. Y te adelanto que escojas marcharte o quedarte respaldaré tu decisión. Quizá tú tengas razones, que yo desconozco, que te lleven a elegir una de las opciones por considerarla más positiva para tu futuro. Es cuanto puedo decirte.

   Zaca, tras escuchar a padre, se siente aliviado, pues aunque sigue teniendo dudas sobre si marcharse o quedarse, un poderoso sentimiento se va abriendo paso en su mente: si se queda, dineros aparte, que también, supondrá que no perderá la compañía de Sisca y descubre que eso es algo mucho más importante para él que todas las demás razones. Aunque sigue habiendo un potente pero: le disgusta la posibilidad de dejar los estudios. Sigue siendo un chico pegado a los libros, abandonarlos será como convertirse en otra persona. Y ello no le gusta, es feliz siendo el que es. Aunque una idea va abriéndose paso en su mente: “¿Y por qué no quedarse y seguir estudiando por libre el cuarto curso? Si lo hace en Torreblanca, ¿qué le impide no hacerlo también en el Canònge? No tendrá a los maestros del pueblo, pero para que le escuchen cantar las lecciones no los necesita”. Y le cuenta a padre lo que acaba de pensar sobre cómo conjugar quedarse en el Canònge y seguir estudiando. El señor Zacarías suspira aliviado: su hijo acaba de encontrar un portillo por el que colarse para sortear el dilema en el que el destino lo ha metido.

   -Hijo, si tú no dudas de que puedes hacerlo, no seré yo quien ponga impedimentos. Y puestos en esa coyuntura, pienso que, si te quedas, todavía ahorraremos más, puesto que nos libraremos de pagar a los maestros los veinte duros que les damos todos los meses.  Albarda sobre albarda.

   -¿Qué dirá madre? –pregunta el chico.

   -Por tu madre no te preocupes. Déjalo de mi cuenta.

   -¿Y qué pasará con las cartas que escribo, con la venta de los conejos y con todas las demás tareas que hago? –el chaval hace de su propio abogado del diablo.

   -Olvídate de ello. En solo un mes ganarás más que en todo el año haciendo de escrivent y de coniller. Y de las otras tareas ya nos apañaremos. Conque tú decides si te vienes o te quedas.

   El giro copernicano que ha recordado el muchacho vuelve a hacerse realidad. ¿Lo tomará Zaca o cogerá el camino cómodo de llevar a cabo el plan que su tío Paco Roca le trazó a los diez años? La respuesta, sea la que fuere, supondrá un cambio trascendental en la vida del jovencito y, en mayor o menor medida, también influirá en las personas de su entorno más cercano. Amén de que incidirá asimismo en el devenir de esta historia. Lector, ¿tú qué alternativa elegirías? Danos tu opinión. La tendremos en cuenta.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 81 de la novela “El masover” titulado: Adelante, pues.

martes, 30 de junio de 2026

El masover”. 79. Vísperas que Zaca se vaya del Canònge


   El calendario marca el 24 de agosto, festividad de San Bartolomé, patrono de Torreblanca, y en el pueblo comienza el evento más anhelado por la juventud torreblanquina: las fiestas patronales. A Zaca no se le ha olvidado la fecha ni lo que supone, pero como, dado su carácter, no fue excesivamente festero, no lo echa de menos. Para el señor Zacarías el veinticuatro de agosto sí es importante porque, como suele hacer, es cuando se coge la única semana de vacaciones que la familia suele pasar en la playa, pero este año cambian el mar por la montaña. Las pasarán en el Mas del Canònge, donde han sido invitados por los Villalonga. Los Clavijo viajan hasta Castellón en el autobús de línea de la compañía Mediterráneo, en la ciudad cogen el bus de la Hispano de Fuente En Segures hasta Benlloch. Allí les espera Valerio que con sus mulas les lleva hasta el Canònge.

   Zaca recibe emocionado a su familia, emocionado y orgulloso de lo mucho y bueno que les puede contar sobre su estancia en la masía. Los Villalonga se esfuerzan en agasajar a los recién llegados y se desviven para que los Clavijo se encuentren en el Mas como en su propia casa. Les enseñan cada uno de los rincones del Canònge. Los llevan a Benlloch, pues son las fiestas de la Asunción y a los hermanos chicos de Zaca los invitan a la feria del pueblo para que disfruten de norias y carruseles feriales. La señora Concha se esmera preparando sus mejores platos. Valerio lleva al señor Zacarías a visitar el parany y le invita a un día de caza mayor, verán de abatir a algún jabalí. Paca tiene interminables tardes de charla con Rosario. Y hasta la abuela Julia se desvive para que los Clavijo sientan que son algo más que unos meros invitados. A su vez, los Clavijo descubren que su primogénito se ha convertido en un masovero más y que como tal es aceptado y valorado por los residentes del Mas. Lo que les llena de satisfacción y orgullo. Y perciben que su chico ha madurado, como si en vez de algo menos de dos meses llevase allí todo un año. Su satisfacción crece muchos enteros cuando Zaca, en la primera ocasión que la familia está a solas, les cuenta el dineral que está ganando con el negocio de Los Masos de la Plana Alta, amén de lo que ingresa como maestro.

Asimismo, les enseña, muy orgulloso, la seudo-escuelita de los masoverets. Y les hace una demostración de autoridad y de cómo sus alumnos le llaman señor maestro. Padre piensa que esa experiencia docente le servirá para cuando estudie magisterio, pues sigue creyendo que, dado el apoyo de los tíos Emilia y Paco Roca, ese es el camino que deberá tomar su primogénito en cuanto acabe el bachillerato. Al señor Zacarías el dinero que está ganando su hijo le ha impresionado. Echa cuentas rápidas y llega a la turbadora conclusión de que si el chico siguiera en la masía ganando lo que gana ahora, más lo poco que él ha ahorrado de su magro jornal, podría allegar en poco tiempo el suficiente dinero para cumplir uno de los sueños de los Clavijo: comprarse una casa. O, al menos, un piso, o, en el peor de los supuestos, adquirir un solar para construir una casita de nueva planta. Así, cuando se jubile, la familia tendrá un techo bajo el que cobijarse. ¡Lástima que el chico se tenga que volver al pueblo! Tras decirse esto, recapacita y piensa que es un egoísta y un pésimo padre, pues en lugar de concentrarse en el futuro de su hijo está primando su deseo de convertirse en propietario. Y el porvenir de su chico está en seguir estudiando. Debe aprobar el bachillerato elemental y luego hacerse maestro, y con esa carrera, y el apoyo del tío Paco Roca, conseguirá un puesto de maestro nacional, con lo que tendrá asegurado el pan para el resto de su vida. O sea, que nada de ensoñaciones, debe volver al pueblo y proseguir sus estudios. Es lo que explica a los Villalonga en una sobremesa ante una pregunta de Julia.

   -Señor Zacarías, ¿el hico va a continuar estudiando para bachiller? –quiere saber la abuela.

   Por supuesto, señora Julia. En el curso que comienza el próximo septiembre hará cuarto y, como espero que lo apruebe, el año que viene lo matricularemos en la Escuela Normal de Castellón para estudiar magisterio por enseñanza libre. Será el primero de la familia en tener una carrera. De lo que, como puede suponer, estamos muy orgullosos.

   -Es para estarlo –afirma Julia, que formula otra de sus indiscretas pregunta-: ¿Se han planteado de si en vez de maestro no tendría más futuro si estudiara para perito mercantil? Lo digo porque, desde que lleva la contabilidad de Los Masos de la Plana Alta, nos ha demostrado que las matemáticas tampoco se le dan mal.

   -La verdad es que no nos lo hemos planteado. Nuestros dos parientes, que son maestros, nos han dicho que si estudia Magisterio pueden ayudarle a aprobar las oposiciones y en cuanto sea miembro del Magisterio Nacional pasará a ser funcionario público, lo que supone tener trabajo para toda la vida. En cambio, si se hiciese perito mercantil no conocemos a nadie que pudiera apadrinarlo. Y ya sabe lo que se dice: quien no tiene padrinos, no le bautizan. Aunque estamos hablando de algo que está por venir. De momento, que termine el bachillerato elemental y luego Dios dirá. De hecho, ya he comprado los libros de cuarto y su madre se los ha forrado, como hace todos los años.

   -Bueno, Zaquita –interviene Paca para que su madre no estropee la charla con otra pregunta indiscreta-, cuando estudies para maestro te vendrá como anillo al dedo la experiencia que has cogido con los masoverets. No sé si lo sabe, señor Zacarías y amiga Rosario, pero su chico se ha revelado como un maestro de categoría. Sus alumnos, y no digamos los padres, están más que satisfechos de lo que aprenden sus chicos.

   -No es pasión de madre, pero es que mi Zaquita vale mucho.

   -Y que lo digas, Rosario. Es más listo que un raposo. Y será un gran maestro. No tengo ninguna duda –afirma Paca.

   Zaca se siente un poco violento ante tantos elogios. Mira a Sisca y se sorprende al ver el gesto serio y un tanto tristón de la muchacha. “¿Por qué ese ceño fruncido y ese aire de abatimiento?”, se pregunta. Y la abuela Julia tampoco parece muy contenta con el sesgo de la conversación. “¿Por qué?”, vuelve a preguntarse el muchacho.

   -Aprovecho la ocasión –es el llumero quien toma de nuevo la palabra- para darles nuevamente las gracias por todo lo que han hecho para que Zacarías se sienta bien en el Mas. Y les anuncio que el uno de septiembre nos marcharemos, y Zaca volverá con nosotros.

   La noticia, aunque previsible, causa honda consternación, especialmente, en dos personas: una era de esperar, Sisca; la otra, quien lo diría, la abuela Julia, pues la partida del Bachiller supone que tendrá que buscar un contable. Y hasta hay un grupo de personas, que no viven en el Canònge, que se sienten frustradas ante la partida del maestro de sus hijos: los masoveros que han puesto en funcionamiento la escuelita del Mas. Terminado el almuerzo, Zaca busca a Sisca, quiere saber el porqué de su tristeza y abatimiento.

   -¿Qué por qué estoy triste? ¿No sabes la respuesta? Como no voy a estarlo, si te vas.

   -Sabes que solo he venido para estar el verano y que en septiembre tengo que volver al pueblo para terminar el bachillerato –se excusa el muchacho.

   -Lo sabía, sí, pero como en las últimas semanas nos hemos hecho tan amigos, tu partida me va a doler mucho. Te has convertido en mi mejor amigo; realmente, en mi único amigo. ¿A quién le voy a contar mis deseos, mis ilusiones, mis desencantos? ¿A quién se lo voy a contar? Antes se los contaba a Juli, ahora ni eso. Me voy a quedar más sola que la una. Como no voy a estar triste.

   -Sinceridad por sinceridad. Me quedaría de buen grado.  Y lo haría por no dejar a la abuela sin contable para el mercat del dilluns. Y lo haría por mis alumnos masoverets. Pero, sobre todo, lo haría por ti. Creo que no te lo he contado nunca, pero eres la primera chica a la que puedo llamar amiga. Amiga de corazón. Amiga, con la que comparto tantas cosas que mi vida va a ser muy plana y aburrida sin tenerte cerca. A mí también me duele marcharme, ¿pero qué voy a hacer? Mi vida está escrita en los próximos cuatro años. He de terminar el bachillerato elemental y he de cursar la carrera de maestro y luego ya veremos que hago. Quizá en ese momento pueda volver al Canònge. Y te prometo que volveré todos los veranos, y quizá también pueda hacerlo unos días en Navidad y en Semana Santa.

  -¿De verdad que soy tu única amiga? Sé que te gustaba la China. ¿No sigue siendo amiga tuya?

   -No te negaré que algo sí que me gustaba, pero la cosa no pasó de ahí. Nunca la consideré mi amiga ni le di a entender que pudiese serlo algún día. La única chica que me hace feliz solo con tenerla a mi lado eres tú. No hay otras.

   -Me alegro que me lo digas porque, dentro de la tristeza por tu marcha, oír eso me tranquiliza. ¿Me escribirás?

   -Todos los días. Lo tengo pensado. Todos los días cuando vuelva de cantar las lecciones, me encerraré en mi cuarto y te escribiré contándote lo que he hecho durante el día y cuanto te añoro. Porque, puedes estar segura de ello: te voy a añorar muchísimo. Voy a añorar lo que me cuentas, lo que no me dices, tus miradas, tus sonrisas, tus silencios, tus enfados…, tu sola presencia. No puedes imaginarte cuanto y como te voy a añorar, reina mora.

   Sisca escucha, arrobada, la apasionada parrafada de Zaca y se dice que como no va a sentir lo que cree sentir de su único y exclusivo amigo. ¿O es algo más que un amigo? Quizá por su corta edad aún no es capaz de darle nombre a sus afectos, a sus emociones, a su cariño. De lo que no tiene ninguna duda es que conversaciones como la que están manteniendo la hacen sentirse la mujer más feliz del mundo.

   Al margen de sus turbadoras y agridulces charlas con Sisca, Zaca tiene asuntos más objetivos que debe cerrar. El primero, y más acuciante, es la contabilidad del negocio de Los Masos de la Plana Alta. Y eso solo lo puede hacer con Julia. Busca a la abuela.

   -Señora Julia. Ya oyó a mi padre. El primero de septiembre nos vamos. ¿Qué piensa hacer con la contabilidad?

    -Pues buscar alguien que te reemplace porque a mí me supera. Y no va a ser fácil. Me han hablado que el secretario de la cooperativa agrícola de la Vall d´Alba maneja bien los números, pero no le conozco y no sé que pie calza. También tengo referencias de un maestro de Cabanes que da repasos después de las clases y está puesto en aritmética, pero tampoco lo conozco. Tendré que tantearlos, pero me llevará tiempo. Lo cierto es que me haces una jodida faena yéndote.

   -Abuela, sabía que me tenía que ir. Solo vine para el verano.

   -Por supuesto que lo sabía, lo que no pude imaginar es que se te ocurriría que el Canònge podía vender mucho más en el mercat del dilluns y todo lo que ha venido después. Porque lo de Los Masos de la Plana Alta lo hemos puesto en marcha un poco entre todos, pero tú, y solo tú, eres el padre de la criatura.   Y ahora te vas y nos dejas con el embolado.

   -Compréndalo, señora Julia. Con gusto me quedaría, pero no puedo defraudar a mis padres y al resto de la familia. Mi futuro está escrito.

   -No te culpo a ti, pero tus padres podrían comprender que ese futuro escrito es muy pobre, muy acomodaticio y muy mediocre. Ser maestro de primeras letras tiene un horizonte muy gris. Es de todo menos ilusionante.

   -Es posible, señora Julia, pero yo no puedo hacer nada. Solo tengo trece años y son mis padres los que deciden. Y ya lo han hecho. Volviendo a la contabilidad, si llego a conocer a alguien preparado y que sea de confianza, se lo recomendaré. Aunque de momento no conozco a nadie… Quizá el secretario de la Cooperativa San Isidro de Torreblanca podría valer, pero antes tengo que hablarlo con alguno de mis tíos que le conocen mejor. Le voy a dejar las cuentas hechas del último lunes y la distribución de beneficios. Y no se me ocurre qué más puedo hacer.

   -Tranquilo, Bachiller. Mi madre decía que no hay que llorar por la leche derramada. De algún modo, nos apañaremos.

   El otro asunto importante que debe cerrar es la escuela dels masoverets. Espera que esto no le cause problemas, aunque emocionalmente lo va a sentir tanto o más que lo del mercat del dilluns. El martes, 29, anuncia a sus alumnos que el 31 de agosto será la última clase. Los chicuelos lo sabían, pero el recordatorio les llena de melancolía. Van a volver a las escuelas del pueblo donde tienen maestros que los tratan como ignorantes por ser masoveros y que no juegan con ellos en los recreos por considerarse superiores. Y además de todo eso, van a aprender mucho menos y se van a aburrir mucho más. Zaca duda de si recordarles que el 31 sus padres deberán abonarle el mes de agosto, pero opta por no hacerlo. Está convencido de que los masoveros no han olvidado su compromiso.

   Parece que los dados del futuro están echados y la partida de Zaca es algo que no tiene vuelta atrás. Pero los hados, la divina providencia o ¡vaya usted a saber quién! han determinado que el curso de los acontecimientos relativos al primogénito de los Clavijo discurra por cauces insospechados. Una vez más, la vida de Zaca va a dar un giro de ciento ochenta grados y los causantes de ellos son unos actores con los que nadie, ni siquiera Zaca, contaba. ¿Quiénes serán?

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 80 de la novela “El masover” titulado: Giro copernicano