martes, 3 de noviembre de 2026

95. “El masover”. ¿Hasta dón llegan los tentáculos de la abuela?

   Al tiempo que está gestionando el viaje a la costa, Zaca ha vuelto a plantearse el problema de como estudiar aquellas asignaturas de cuarto de bachillerato en las que necesitará ayuda docente. En Lengua Española y Literatura, Geografía e Historia y Francés confía en no tener mayores dificultades para prepararlas por su cuenta, pues lleva tres años haciéndolo, pero en las mates y las ciencias va a tener un problema porque duda que las pueda aprender en plan autodidacta. Y en latín, el problema será mayor, pues se ve incapaz de aprobarlo sin la ayuda de alguien que lo domine, ya que ha sido una asignatura en la que siempre flojeó. Necesita ayuda y, desde luego, en el Mas no la va a encontrar. Tendrá que buscarla allá donde pueda encontrarla y piensa que el sitio más próximo donde hay maestros y un cura es Benlloch. Deberá averiguar si en el pueblo alguno de los maestros residentes y el párroco van a querer echarle una mano.

   Pasan los días y sigue sin decidirse sobre cuál puede ser la solución para encontrar mentores que le ayuden, lo que le pone nervioso porque uno de los condicionantes que él mismo se puso para quedarse en el Canònge fue que acabaría el bachillerato elemental, lo que implica aprobar cuarto. Se desahoga con Sisca contándole sus cuitas.  

   -Y lo que más me preocupa es que no sé cómo solucionar el problema, ni quien puede orientarme. Me siento como si estuviese metido en un pozo del que quiero salir, pero no sé cómo.

   -Lo que daría por poder echarte una mano… Se me ocurre que aquí solo la abuela podría, no solucionar el problema, pero sí darte alguna orientación. Ya, ya sé –prosigue anticipándose a la réplica de su amigo- que de bachillerato no sabe ni papa. Digo lo de ayudarte porque es quien mejor conoce los pueblos cercanos y puede enterarse si hay algún maestro o una persona con los suficientes conocimientos para enseñarte las asignaturas en las que necesitas ayuda.

   Aunque renuente al principio, porque ya le pidió a Julia algún tipo de colaboración para el viaje al mar de sus alumnos, no quiere abusar de la generosidad de la abuela, ni cargarla con demandas de ayuda, pues si estira tanto la cuerda de la buena disposición de Julia, la cuerda puede acabar rompiéndose. Además, es consciente de que si encuentra alguien que le ayude, ello supondrá que deberá ser él quien tenga que desplazarse a dónde residan los posibles mentores. Sin embargo, como no ve el medio de encontrar los profesores que necesita, al final termina por contar su problema a Julia.

   -Usted, señora Julia, que es quien mejor conoce los pueblos cercanos, ¿sabe si en alguno de ellos hay algún maestro o algún titulado universitario que estaría dispuesto a enseñarme mates y ciencias? En cuanto al latín, pienso que un cura me valdría. Por descontado, serían de mi cuenta las gratificaciones que habría que dar a esas personas.

   -A bote pronto, no tengo respuesta, pero déjalo de mi cuenta. Haré algunas gestiones.

   -En todo esto hay una cuestión que querría que quedara clara. Si encuentro esos mentores, cabe suponer que tendré que desplazarme uno o más días adónde vivan. Lo que implica que pueden resentirse algunas de las tareas que realizo. En concreto, la escuela y la dedicación a las cuentas de Los Masos de La Plana Alta. Al dedicarles menos tiempo habrá que deducir las cantidades que me paga por esos menesteres. Lo que me parece lógico y razonable.

   -De todo eso hablaremos cuando toque. Lo primero es encontrar a tus mentores. Y mi ayuda no te va a faltar para que acabes el bachillerato. Dalo por descontado. En cuanto tenga alguna noticia volveremos a hablar.

   La resolución de la abuela tranquiliza por el momento a Zaca que se olvida del tema hasta saber nuevas del asunto. Esa tranquilidad lleva a su inquieta mente a pensar en otras cuestiones. Una de ellas es la deriva política que, al parecer, está viviendo el país. Desde que está en el Mas, solamente sigue la vida política a través de las informaciones que recoge el Diario de Castellón que ni siquiera lee todos los días. La mayoría de veces se conforma con echar una ojeada al periódico. Por lo que cuenta el rotativo, sabe que tras las elecciones de 1933, el Partido Radical y la CEDA, triunfadores en esos comicios, han iniciado un período de gobierno más conservador tras el bienio reformista anterior, paralizando algunas de las reformas emprendidas por los primeros gobiernos republicanos. Esa deriva conservadora ha generado un aumento de las protestas de los sectores republicanos y socialistas que, por supuesto, no llegan a la Plana Alta. Pero hay alguien con el que de vez en cuando intercambia información y comentarios sobre la situación actual, el único residente en el Mas que es socialista, Anselmo.

   -Zaca –lo del apelativo que menos le molesta va conociéndose en el Mas-, tú que lees el Diario de Castellón, ¿qué cuenta de las cagadas del sinvergüenza de Lerroux y compañía?

   -La verdad es que poco.  Si te puedo decir que para el Diario, que no es precisamente izquierdista, el gobierno actual está enmendando la plana a lo que hicieron tus correligionarios en el pasado bienio.

   -La verdad es que Lerroux me ha defraudado. Porque un tío que fue ministro en el Gobierno provisional de la República, que alardea de Ideología republicana y que fundó el Partido Republicano Radical, lo último que esperaba de él es que se juntara con los fascistas de la CEDA.

   -Hombre, Anselmo, el fascismo de la CEDA es discutible. Es evidente que es un partido de derechas, pero fascista no lo creo.

   -Pues no me negarás que lo que está haciendo huele a política carca y a sacristía.

   -No exageres. Lo que he leído es que muchos columnistas opinan que los gobiernos de coalición con la CEDA se muestran políticamente impotentes y señalan que no han emprendido ninguna reforma de calado. Otros comentaristas señalan que tampoco tienen un programa político definido. 

   -En El Socialista he leído que las reformas que ha hecho Lerroux en materia agraria son una mierda comparadas con las que hizo Largo Caballero, y que en el ejército está promocionando a militares de tendencias derechistas y que son  antirrepublicanos.

   -Mi padre cree que lo que hace falta en España es un gobierno que sea de derechas en asuntos como la economía, la propiedad privada y el respeto a los católicos. Y que sea de izquierdas en la educación, los asuntos agrarios y los derechos humanos.

   -Eso sería intentar mezclar el agua y el aceite. Y no lo verán mis ojos, ni siquiera los tuyos que eres mucho más joven. Y te diré un secreto, pero antes me has de prometer que no se lo contarás a nadie: Valerio opina algo parecido.

   -Yo creía que tu tío no se metía en política.

   -Mi tío tiene más conchas que una tortuga. Y sobre política, al menos en público, nunca opina, pues sabe mejor que nadie como se las gasta la abuela.

      A todo esto, Julia ha comenzado a alertar a sus contactos de que busquen personas que puedan dar clase de determinadas materias de cuarto de bachillerato. Ha hecho la petición a gente de los pueblos más cercanos al Mas: Benlloch, Vall d´Alba, Cabanes, Puebla Tornesa, Villanueva de Alcolea y Sierra Engarcerán. También ha conectado con sus parientes con resultado negativo. Luego ha echado mano de sus amigos que tampoco han conseguido nada. Después ha recurrido a su extensa red de conocidos y ahí ha logrado su primer resultado positivo. Por medio de German el Rizos, del Mas de Planchadell, ha logrado hablar con el cura ecónomo de la Vall d´Alba que le ha prometido que se pensará lo de enseñar latín a Zaca. Como ha intuido que el clérigo tanto puede decantarse a decir sí que a decir no, ha activado a sus socios del Mas de Roures para que también le presionen. A los últimos que ha tocado la abuela son a la gente que le debe favores. A través del presidente de la Cooperativa Agrícola de Cabanes ha contactado con el alcalde de Borriol que, a su vez, tiene negocios conjuntos con el vicepresidente de la Diputación quien le ha dado una tarjeta para un posible candidato a profe de ciencias, pero del que por el momento no sabe nada más. Ahora solo falta amarrar a los posibles mentores. y Julia sabe cómo hacerlo. Esas gestiones de la abuela para encontrar profesores que den a Zaca las asignaturas que no puede estudiar por su cuenta han tardado casi tres semanas en fructificar.

   El cura de La Vall d´Alba, al que Julia ha contactado por medio de sus conocidos de los masos de Roures y Planchadell, no acaba de decidirse. Las dudas del eclesiástico se dilucidan debido a una carambola. Resulta que mosén Vicente Arrufat, que así se llama, ha sido compañero de curso de mosén Florencio –el vicario de Torreblanca que dio clases a Zaca-, y gracias a su intermediación está dispuesto a enseñarle latinajos un par de ratos a la semana. Y ha incluido en su aceptación que lo hará a mayor gloria de Dios y sin percibir ni un real. A tal actitud, la abuela ha respondido que le parece bien que no quiera lucrarse con sus saberes, pero que no puede negarse a recibir un pequeño óbolo para obras de caridad. Un fleco del que no habían hablado el Bachiller y Julia es como se desplazará hasta el pueblo. Fleco que la abuela también ha solucionado: un día a la semana –se concretará a posteriori-, Zaca irá hasta el Mas de Roures –a un kilómetro de La Vall d´Alba- aprovechando  el minibús que por la tarde retorna a los alumnos  a sus masos. Y de allí caminará hasta la casa abadía del pueblo. Cuando acabe la clase, volverá al Roures donde hará noche en casa de Hortensia la Beltrana que se ha prestado gustosamente a acogerle y hasta darle de cenar gratis et amore, como suele decirse. A la mañana siguiente, con el mismo transporte retornará al Canònge. Zaca, que aún no conoce personalmente al sacerdote, va a verle para intercambiar impresiones y concretar el día o días que serán las clases.

   -Así que vas a ser mi flamante alumno. Desde que fui ordenado enseñé teología en el Seminario menor de Castellón, y no había vuelto a asumir el papel de profesor. Por cierto, me ha escrito Florencio poniéndote por las nubes, dice que eres un alumno modélico y que, además, tienes una curiosidad intelectual excepcional.

   -Lo primero, don Vicente, quiero darle las gracias por su bondad en enseñarme. Y a pesar de lo que diga mosén Florencio, el latín siempre se me ha atragantado.

   -Conque seas la mitad de estudioso de lo que afirma Florencio, con algo de paciencia y alguna ayudita que le pediremos a San Juan Bautista que, como debes saber, es el patrono de La Vall d´Alba, espero que aprobarás sin mayores problemas. Y entrando en materia, el día que tengo más despejado de compromisos suelen ser los martes. ¿Te parece que fijemos ese día para nuestros encuentros?

   Ha sido bastante más difícil encontrar quien le dé clases de mates y ciencias. Tras mucho buscar, y a través de una cadena de amigos y conocidos, Julia ha acabado localizando un posible mentor. Se trata de un licenciado en Ciencias Naturales que es guardián y agente forestal del Parque del Dessert de les Palmes de Benicásim, apelativo que proviene de la existencia en el mismo de un cenobio de la orden mendicante carmelita, que da el nombre de "desierto" a los espacios dedicados al retiro espiritual. La segunda parte del nombre se debe a la abundancia en el lugar del palmito, única palmera endémica de Europa. El parque está entre Benicásim, Borriol, Cabanes y Puebla Tornesa. Dado que la afluencia de visitantes es muy escasa, el agente forestal se aburre soberanamente y ocupar algunas horas a la semana enseñando mates y ciencias a un estudiante de cuarto de bachillerato piensa que puede aliviar su tedio, pero como nunca ha ejercido de docente le da un cierto apuro y no acaba de decidirse. El empujón final para aceptar a Zaca como alumno se lo da quien menos podía esperarse: el Vicepresidente de la Diputación provincial, y con los políticos hay que andarse con tiento, como le recuerda la esposa del agente cuando le comenta la petición:

   -Helio, haz lo que quieras, pero sabes mejor que yo que con los políticos no hay que andarse con bromas. Y si aceptas ganarás unas pesetillas que, dado el magro salario que te paga la Diputación, nos van a venir al pelo.

   Don Heliodoro Campos –a quien su esposa recorta el nombre-, que así se llama el agente forestal, vive en una antigua masía reconvertida en casa rural cerca de Puebla Tornesa, vivienda que será en la que impartirá las clases y en la que Zaca  pasará la noche y cenará –tendrá que pagar un plus por ello-. En lo que atañe al desplazamiento, la fórmula será la misma que la empleada para ir a La Vall d´Alba. El minibús de la escuela del Canònge recoge a dos alumnos de uno de los masos de La Puebla, con lo que Zaca usará el transporte de la tarde para ir hasta esa localidad, hará noche en ella y regresará a la mañana siguiente al Canònge. Los costes de los desplazamientos y la pernocta se ha ofrecido costearlas la abuela, vía la caja común de Los Masos de la Plana Alta. Al final, acuerdan que la retribución a don Heliodoro, más el gasto de la estancia en su casa saldrá del peculio del Bachiller. Como hizo con mosén Arrufat, Zaca visita al agente forestal para conocerse, intercambiar impresiones y determinar el día o días que recibirá las enseñanzas.

   -¿Y tus padres qué piensan de los estudios? Me refiero a si pretenden que hagas el bachillerato superior o solo el elemental –es lo primero que pregunta don Heliodoro.

   -De momento, solo hasta cuarto.

   -Por cierto, ¿quién es la señora Julia del Mas del Canònge?

   -Es la madre de la señora Paca, cuyo marido, el señor Villalonga, es quien mandaba en la masía. Ahora está enfermo, y es precisamente la señora Julia, a quien todos llamamos la abuela, la que lleva el timón. ¿Puedo preguntarle por qué quiere saberlo?

   -Simple curiosidad y porque me he enterado que la persona que habló con los de la Diputación para que te diera clase ha sido una tal señora Julia.

   “Es increíble –se dice Zaca- hasta donde llegan las relaciones de la abuela, hasta la Diputación. No sé cómo lo hace, pero que una mujer que ya es mayor y que prácticamente apenas sale del Mas, tenga tantos contactos es inaudito”. De pronto, y sin saber por qué, le viene a la mente un sinónimo de contacto que nunca ha empleado, tentáculo. Sonríe. “Los tentáculos de la abuela, bonito título para un cuento o una historia”, se dice. Si algún día se lanza a escribir podría comenzar así un relato: Los tentáculos de la abuela.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 96 de la novela “El masover” titulado: Con estos bueyes tendré que arar

martes, 27 de octubre de 2026

“El masover”. 94. Res non verba

   Sin que el hecho haya causado ningún tipo de revuelo en la masía, de la noche a la mañana Lía ha pasado a convertirse en pinche de la señora Concha, desde que sale de la sesión matinal de la escuela del mas hasta la preparación de la cena. Julia comunicó la noticia del nuevo rol de la muchacha a Pili y Concha como una decisión personal, sin dar muchas más explicaciones, recalcando que la chicuela continuará yendo a la escuela durante la sesión matinal, al menos hasta que complete el manejo de las cuatro operaciones aritméticas básicas y escriba y lea con fluidez. Y encargó a Pili que fuese ella quien se lo dijera a su hija. Así fue como se enteró Lía, que  tomó con resignación su nuevo rol, aunque por aquello de lo que dice el dicho popular: piensa mal y acertarás, no dejó de sospechar que tras aquel decisivo cambio en su vida podía estar la larga mano de su otrora amiga la pubilla. Ni protestó ni se quejó ni lo lamentó. Se limitó a presentarse en la cocina y decirle a su tía Concha –realmente quien es su tío carnal es Valerio- que a partir de ya vendría todos los días a ayudarla en cuanto saliese de la clase matutina.

   -Pues, hija, algún día tenías que empezar a trabajar en serio. Yo comencé a los doce. Y me alegro que seas tú porque así aprenderás y cuando yo me retire podrás ocupar mi puesto y vas a tener suerte, pues el Canònge es una buena masada.

   -Cuando le he preguntado a madre en que tenía que ayudarla, me ha dicho que eso me lo dirá usted.

   -¿Estás contenta con empezar a trabajar?

   -Si le digo la verdad, hubiese preferido continuar en la escuela toda la jornada, por otra parte estoy contenta por trabajar a su lado. Podrían haberme destinado a sitios peores. Aunque ser cocinera no es un futuro que me atraiga. Sinceramente, creo que puedo hacer mejores tareas, sin que eso suponga que desmerezca la importancia de aprender a guisar bien. Y a su lado estoy segura que lo lograré.

   -Me parece atinado tu planteamiento. Denota que tienes buena cabeza. Por el momento, solo te mandaré que hagas trabajos sencillos, los que suele hacer un pinche primerizo.

   -¿Qué es un pinche, tía?

   -Es la persona que presta servicios auxiliares en la cocina. Dicho de otro modo, es un ayudante o auxiliar del cocinero. La  tarea que te llevará más tiempo será tener limpia y ordenada la cocina y todos los cachivaches que usamos para guisar. Y de echarme una mano en tareas sencillas como pelar y cortar vegetales, batir huevos, rebanar las hogazas, almacenar los suministros, picar ingredientes, recoger los residuos y cuantas tareas de esa clase te mande. Y a medida que vayas cogiendo experiencia, te pediré que hagas trabajos de más enjundia como preparar sopa, hacer ensaladas, tortillas y otros platos fáciles. Y, con el paso del tiempo, acabarás haciendo toda clase de guisos. Con lo espabilada que eres, y a poco que pongas interés, llegarás a ser una buena cocinera. Hasta es muy posible que llegues a superarme y te conviertas, como dicen en Francia, en una chef, que significa "jefe" y se refiere al líder de la cocina encargado de preparar platos de alta calidad. Y te advierto que los chefs famosos ganan tanto o más dinero que un buen médico o un ingeniero.

  -No pretendo ser una chef famosa. Me conformo con llegar a ser la mitad de buena que es usted. Me daría con un canto en los dientes si lo consiguiera.

   Zaca ha sentido la marcha de Lía de las sesiones vespertinas pues, aunque por las tardes no daba clase a la muchacha, se había acostumbrado a tenerla cerca, algo que le satisfacía, dado que le ha cogido ley a la chicuela, puesto que su opinión sobre ella ha cambiado mucho desde que la conoció. Al principio de su relación la conceptuó como una chavala descarada, impertinente, un tanto deslenguada e indisciplinada y una mala estudiante. Pero desde el momento en que la bautizó como Lía, la chiquilla pareció cambiar y ahora no es descarada aunque sí audaz, ha olvidado las impertinencias aunque mantiene las respuestas prontas, se contiene hablando y ya no es una respondona, ha dejado de ser una indisciplinada y muestra una disciplina modélica, y ha pasado de ser una mala estudiante a la mejor alumna de la clase. El chico ha preguntado a Lía el motivo de su nuevo papel y la respuesta de la muchacha Ariza ha sido un punto enigmática.

    -A ciencia cierta no lo sé. Pregúntale a Sisca.

   -¿Por qué a Sisca?

   -Porque las pubillas suelen tener la mano muy larga –es la enigmática contestación de la muchacha.

   -Esa respuesta no me dice nada -se queja Zaca.

   -Es una respuesta masovera. Algún día la entenderás –Lía sigue en plan indescifrable.

   Puesto que da la impresión de que Lía en lugar de responder de manera directa no hace más que encadenar acertijos, Zaca no insiste y opta por preguntar a Sisca.

   -¿Por qué Lía se va a trabajar con la señora Concha?

   -Cosas de la abuela. Aunque tengo entendido que seguirá yendo a clase por las mañanas.

   -Entonces, ¿no sabes el motivo del cambio?

   -Ya te digo, cosas de la abuela –y de ahí no se apea la pubilla.

   Vista la cerrazón de ambas muchachas, Zaca opta por no seguir preguntando; además se dice que tampoco es de su competencia conocer los entresijos laborales de la masía y deja de preguntar, pese a que intuye que ninguna de ambas muchachas le ha contado todo lo que saben sobre el nuevo papel laboral de Lía.

  En cuanto el tiempo comienza a mejorar y la tramontana deja de soplar, Zaca empieza a preparar el proyectado viaje a Torrenostra para que sus masoverets conozcan el mar. El primer problema que ha de solucionar es el del transporte y como sufragarlo. Piensa que deberían costearlo los padres de los alumnos. Habla con la Beltrana, que es su contacto habitual con los masoveros en los últimos tiempos, le cuenta el proyecto y le pregunta si los padres estarían dispuestos a pagar el transporte, que va a ser el único gasto de importancia, puesto que el viaje será de ida y vuelta en el mismo día.

   -Así, de pronto, no lo sé, pero sospecho que habrá más padres que dirán que nanay, que los que acepten pagar. Rascarse el bolsillo no es algo que vuelva loca a la gente. Pero, bueno, preguntaré  -La consulta de la Beltrana tiene un resultado negativo. Una mayoría de padres contestan con respuestas del tipo de:

   -Si el xiquet lleva toda su vida sin haber visto el mar y ha llegado hasta hoy, puede continuar sin conocerlo y no pasa nada –Otros dan otro tipo de respuesta tal como-: Si el maestro tiene el capricho de llevarlos al mar que lo pague él. Sus buenos duros está ganando a nuestra costa.

   Visto el negativo resultado, Zaca explora otras posibles alternativas. Dado que lo que tiene más a mano es el mini bus que transporta los alumnos a su escuela, habla con el chófer del mismo sobre la posibilidad de que sea ese transporte quien les lleve a la costa. Lo que hace Ricardo –que así se llama el conductor- es remitirlo a la empresa del mismo, la Hispano Fuente En Segures de Benasal. Zaca les envía una carta explicándoles su proyecto, al tiempo que, considerando la finalidad pedagógica del viaje, les pide que hagan un precio acorde con el carácter altruista de la excursión. La respuesta de la empresa es que sintiéndolo mucho no pueden hacer excepciones y el presupuesto del viaje queda muy por encima de las posibilidades de los escolares. El novel maestro se plantea entonces la posibilidad de ser él quien sufrague la expedición, pero su talante de chico educado en la austeridad dineraria no favorece dicha postura. El dinero no crece en los árboles, como siempre ha oído en casa. No sabe adónde recurrir, pero hablando del tema con Sisca, la pubilla le abre un portillo a la esperanza.

   -¿Y por qué no se lo pides a la abuela?

   -Ya se me había ocurrido pero, por un lado, no quiero molestarla con una cuestión tan insignificante comparada con la de problemas que ha de afrontar en el día a día. Y por otro, la abuela tiene fama de ser de la Virgen del Puño, por lo que supongo que no le hará ninguna gracia que le vaya con peticiones como la de costear el viaje.

   -Es cierto que la abuela es más bien cicatera, pero has de tener en cuenta que, primero, no se trata de una gran cifra y, segundo, que lo que le pedirás es para los hijos de sus socios masoveros, a los que se desvive por tenerlos contentos, todavía más desde el fracaso de lo de la venta de ropa. Yo, de ti, se lo pediría, y quizá te puedas llevar una sorpresa. Y otra cosa, para reforzar la petición me ofrezco a acompañarte y contarle que el proyecto ha sido una iniciativa de ambos.

   -¿De verdad lo harías? –pregunta Zaca, a quien el ofrecimiento de Sisca le ha tocado su fibra sensible.

   -De verdad. Sabes el afecto que te tengo y el cariño que siento por nuestros alumnos. Me enseñaste que en Torreblanca suelen decir lo de pensat i fet. Por tanto,  no le demos más vueltas y vamos a hablar con la abuela.

   Antes de hacerlo, la pareja se ha repartido los papeles: ella contará como descubrió que los alumnos no conocían el mar y que de ahí surgió la idea de que podrían hacer un viaje para que lo conocieran; él explica las diligencias que han hecho para costear el viaje y el fracaso de sus gestiones. La explicación la remata Sisca dejando caer que la única esperanza que les queda es que la abuela pueda ayudarles de alguna manera. Julia, que los ha escuchado atentamente, se toma su tiempo para responderles.

   -Me parece un proyecto atractivo, muestra de cuanto os preocupáis por vuestros alumnos. Lo que no me habéis contado es el cómo del viaje –La pareja se mira y Sisca le hace un gesto a Zaca que se apresura a darle a Julia los pormenores del proyecto.

   -El viaje sería de un día. Saldríamos del Mas de mañanita en el mini bus que trae diariamente a los alumnos. En menos de un par de horas estaríamos en Torreblanca y de allí a Torrenostra, que es como se llama la playa de mi pueblo. Los chicos se bañarían y jugarían en la arena. Comeríamos en un chiringuito lo que cada uno haya traído de su casa, como hacen todos los días. Luego, daríamos una vuelta por el mar en la barca de una familia de pescadores que son viejos amigos de mis padres y con la que previamente habrán hablado. Finalmente, volveríamos al Canònge y de allí, el mismo bus llevaría a los chicos a sus masos. El viaje más barato no puede salir pues, como le acabo de contar, el único gasto será el del transporte hasta Torrenostra y regreso –Oída la explicación, la abuela queda pensativa. Cuando habla, su respuesta es imprecisa.

   -Bien. El viaje me parece interesante. Conocer el mar les gustaría a los críos, pero… Bueno, le echaré un pensament –Lo del pensament le recuerda a Zaca que sus padres suelen decirlo cuando no tienen una respuesta clara. De ahí que, en cuanto se despiden de Julia, el muchacho comente:

   -Lo de que le echará un pensament me da mala espina. Eso y no concretar nada es lo mismo.

   -No te pongas la venda antes que la herida. La abuela no hace nada a tontas y a locas, se piensa las cosas. Démosle tiempo.

   Pasa un día, pasa otro, pasa una semana y Julia sigue sin dar respuesta alguna a la pareja sobre el proyectado viaje. Como si se hubiese olvidado del mismo. Zaca piensa que quizá cuando el lunes por la tarde le lleve las cuentas del mercat de ese día, la abuela le diga algo del viaje, pero Julia no hace mención alguna a lo de la ida al mar.

   Justo en la clase del día siguiente se produce una chusca anécdota que refuerza la idea de Zaca de que solo viendo en directo el mar los masoveritos serán capaces de ponderar su inmensidad y sus peculiares características. El hecho ocurrió tal que así. En la hora antes del recreo ha estado describiendo a sus alumnos como es la playa de Torrenostra, la grandeza del mar, como son las barcas de los pescadores, los guijarros del cordón dunar o cudolar y los recuerdos que guarda de los veranos que pasó en la playa. Hasta les ha enseñado algunas de las fotos familiares de la playa que, a petición suya, le han enviado sus padres. Tras la mitad de la sesión matinal, en el recreo ha sido testigo involuntario del diálogo entre dos de los masoverets, Andreu Barberá, uno de sus alumnos más adelantado, y Vicentico Algarra, un voluntarioso pero torpe chaval.

   -Entonces, Andréu, por lo que cuenta el maestro, ¿cómo crees que debe ser de grande el mar? ¿Cómo el bassot? –Así le llaman a la balsa de riego, una excavación del terreno para almacenar agua, que hay cerca del Mas.

   -Calla, ignorante. Ha de ser forzosamente mucho más grande que el bassot. ¡Lo menos, como cinco o seis veces más grande!  

   El diálogo le ha hecho gracia al joven maestro, pero también ha puesto en cuarentena su habilidad docente. Ha explicado tan mal la grandeza del mar que uno de sus alumnos más listo considera que es como cinco o seis veces más grande que el bassot. Descorazonador. Lo que le hace recordar el latinajo de res non verba. Lo que importa es la realidad, no las palabras. Un solo vistazo al mar va a dar a sus alumnos más información sobre su enormidad que todas las explicaciones que pueda darles. Aunque sea a pie, pero tiene que llevar a sus chicos a conocerlo. Decidido, se dice: “Si no encuentro un mecenas, costearé de mi bolsillo el viaje, pero els masoverets se mojarán en la playa de cudols de Torrenostra. Como me llamo Zaca”. El otrora tímido e irresoluto muchacho se ha transformado en alguien capaz de tomar una decisión en un santiamén, y lo del res non verba lo materializa. Los cambios personales son posibles, aunque a priori no lo parezca.

 

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 95 de la novela “El masover” titulado: ¿Hasta dónde llegan los tentáculos de la abuela?