martes, 2 de junio de 2026

“El masover”. 75. Casamenteros

   El domingo, 30 de julio, Valerio había prometido a Zaca que se lo iba a llevar con él, a ver si podían cazar algún ejemplar de una manada de jabalíes que está devastando uno de los campos del Canònge en el que habían plantado remolachas. Cuando ya tenían dispuestos los pertrechos, el Mayoral ha tenido que suspender la cacería por la llegada de un visitante inesperado. Según le ha contado al muchacho, se trata del tío Mauro el Forner, dueño del Mas de Besana, masía sita a medio camino entre Cabanes y la Vall d Alba, y que es famosa y rica porque tiene un gran horno de leña en el que los Molins –apellido de la familia del tío Mauro-, desde hace décadas hornean toda clase de cocas, cocs i pastissos y, sobre todo, un pan denominado pa d´oli que se vende como rosquillas en toda la comarca. Y hasta hay gente de la capital que se desplaza adrede al Mas solo para comprar y degustar alguna de sus exquisiteces. Al parecer, el tío Mauro es viejo conocido y amigo de la abuela, y ha venido para tratar unos asuntos familiares con ella. El recién llegado, pese a que tiene sus años, continúa mostrando un aspecto vigoroso. De su cabeza destaca una cabellera abundante, aunque canosa, y un pronunciado mentón. Es de mediana estatura y más bien recio, aunque sigue moviéndose con soltura. Viste buena ropa, se nota que es un masovero pudiente.

   Durante el almuerzo, Mauro ha monopolizado la charla contando chascarrillos y sucedidos de cuando Julia y él eran mozos. El viejo tiene facundia y cae simpático, pues se nota que, además de mano izquierda y desparpajo, es buena gente. Eso es lo que piensa Zaca, pensamiento que parece ser compartido por los restantes comensales, pues le tratan con gran deferencia. Acabado el almuerzo, abuela y visitante se encierran en el cuarto de estar para hablar de lo que el propio Mauro ha calificado, vagamente, como asuntos familiares. Sisca ha contado a Zaca que de los Molins se dice que son tan o más ricos que los Villalonga, y que ambas familias tienen varias fincas con lindes comunes, que más de una vez han intentado comprarse mutuamente sin que hayan llegado a un acuerdo, pero que, a pesar de ello, las relaciones entre los dueños de ambos masos han sido y siguen siendo cordiales.

   -¿Y además del tío Mauro, hay más Molins? –quiere saber Zaca.

   -Que recuerde, está el hijo del tío Mauro, Pau, el Forner Jove, que debe ser, más o menos, de la edad de mi madre, y su hijo Pauet, el Forneret, que debe de tener un par de años más que nosotros. Son buenas personas, pero tienen fama de ser muy peseteros. Alguna vez le oí contar a mi padre que chavo que llega al Mas de Besana, chavo que no vuelve a ver la luz del sol porque de allí no sale –Todo esto lo refiere Sisca medio en broma, medio en serio. Posiblemente, el talante de la chiquilla sería otro si pudiese escuchar la conversación que mantienen ambos abuelos.

   -Mauro, si has venido, como otras veces, a tantear si te vendemos alguna de nuestras fincas que linda con una vuestra, la respuesta es no. Te lo digo de entrada para que no perdamos el tiempo.

   -Julia, cumples años, pero sigues siendo tan directa como siempre. Y no, no es ese el motivo de mi viaje. Y no va a ser el de esta charla, si me das un respiro para contarte el por qué he venido a veros.

   -Perdona, Mauro. A lo mejor me he pasado y no te he tratado como lo que eres: un viejo amigo y un buen vecino. Pero he creído que era mejor dejar las cosas bien sentadas desde el principio para evitar malos entendidos.

   -No hay nada que perdonar, Julia. Estoy de acuerdo contigo en que, como suele decirse, las cosas claras y el chocolate espeso, y así nos evitamos malentendidos –dicho que ha acompañado de una sonora carcajada. 

   -Pues bien, Mauro. Cuéntame a que has venido. Soy toda oídos.

   -El asunto por el que estoy aquí va de nuestros nietos, de tu Paquita y de mi Pauet –antes de proseguir, Mauro se ha echado al buche un sorbo del café que les ha traído Concha-. Oye, este café está buenísimo, veo que la Concha no ha perdido la mano.

   -Al grano, Mauro –le insta Julia, que se ha puesto en guardia al escuchar el nombre de su nieta. Algo que le ha sorprendido, pues era lo que menos podía esperar.

   -No voy a andarme por las ramas, Julia. Voy a ir al grano como pides. Tu nieta es pubilla y mi nieto hereu. Imagina el fortunón y la de propiedades que juntarían si un buen día llegaran a casarse. Serían los masoveros más ricos y poderosos de toda La Plana Alta; que digo de La Plana, de toda la provincia –al ver que la abuela va a hablar, se le adelanta-. Perdona, Julia, déjame contarte todo lo que quiero decirte y luego te cedo la palabra.

   -Estamos en mi Mas, por lo que deberé ser yo quien te ceda la palabra –objeta Julia, que no parece dispuesta a achantarse ante la verborrea del visitante.

   -Una vez más, he de reconocer que te sobra la razón y que me he pasado. Te pido que me disculpes. Me hago viejo, pero mi carácter me sigue gastando las mismas malas pasadas que de joven.

   -Si. Me recuerdas aquello de genio y figura hasta la sepultura. Pero, por favor, sigue con lo que decías.

   -Al grano. La pregunta que viene al caso es: ¿Habéis pensado en algún arreglo de futuro para Paquita? Yo si lo he hecho de mi nieto. Aunque ha llovido desde entonces, recordarás que hace una pila de años vine a proponerte arreglar la boda de tu hija con mi Pau, pero no llegamos a un acuerdo. Preferiste a Manuel, aunque los Villalonga no nos llegan ni a la suela del zapato, al menos, en cuanto a fortuna. No, no te lo reprocho. Hiciste lo que creíste mejor para tu Paca y para el Canònge, y además eso es agua pasada. No vengo a removerla, ni mucho menos. Lo que estoy haciendo es mirar al futuro y ahí están nuestros nietos para hacerlo no sé si mejor, pero sí más seguro. Eso es lo que he venido a proponerte: un arreglo de boda entre nuestros nietos, y vengo con las manos abiertas y sin planteamientos previos. Estoy abierto a cualquier clase de contrapropuesta que quieras hacerme. Solo me guía el futuro bienestar de nuestras familias. Y, si me permites, una última pregunta para terminar y te devuelvo la palabra: ¿Tenéis acordado algún arreglo de casamiento para Paquita? Porque si es así, solo me resta pedirte disculpas y retirar mi propuesta. Y es lo que quería decirte y dicho queda.

   La abuela se toma su tiempo para contestar. No quiere hacerlo a la ligera, pues el asunto que le plantea Mauro es de tal trascendencia para el futuro del Canònge, que debe de andar con tiento en su respuesta. Tal es así, que decide que lo mejor será dejar la contestación en suspenso hasta que la haya meditado a fondo y quizá hablarlo con Paquita, pues la chiquilla ya tiene edad para pensar por su cuenta. Y por supuesto, también lo tendrá que hablar con Paca y Manuel. Ahora de lo que se trata es de no cerrarse ninguna puerta, pues el mundo da muchas vueltas y el futuro no está escrito.

   -Mauro, te agradezco tu franqueza y, ¿por qué no?, tu propuesta. Me complace que lo hayas hecho en corto y por directo y no que lo hayas planteado con medias tintas y zorrerías por el estilo. Te pagaré con la misma moneda. La proposición no me la esperaba, por eso no estoy preparada para darte una respuesta concreta a un posible arreglo, que ni admito ni rechazo. Lo aplazo. Dame…, digamos hasta finales de agosto para que lo medite y lo hable con mi nieta y sus padres. Supongo que la chiquilla algo tendrá que decir al respecto. Aunque va a cumplir trece años es muy madura y hace tiempo que piensa por su cuenta.

   -Perdona, Julia. No quiero entrometerme en como manejas tu familia, pero he de decirte que a mi Pauet, que ya cumplió los quince, ni se me ha pasado por la imaginación pedirle su opinión sobre este asunto. A la gente joven hay que darles los asuntos importantes ya mascados, pues tienen la cabeza a pájaros. Y tu nieta, que aún no cumplió los trece, ni te digo…, pero repito que no pienso meterme en cómo mandas en tu casa. Respetaré lo que decidas, con o sin escuchar la opinión de tu nieta. Otra pregunta, si no te molesta: ¿De verdad necesitas tantos días para decidirte?

   -Mauro, buen amigo. Ya sabes lo que se dice: cada fruta requiere un tiempo para entrar en sazón. Y el mío es el que te he dado. Debe de ser que me estoy haciendo mayor.

   -De eso, nada. Te veo tan bien o mejor que la última vez que estuve en el Canònge. Que si no recuerdo mal hará unos tres años de eso. Ah, se me olvidaba la otra cuestión que me ha traído aquí. Me cuentan, y no paran, de lo bien que marcha el nuevo puesto de Los Masos de la Plana Alta en el mercat del dilluns. De lo que, como supondrás, me alegro infinito. Y de ahí, mi otra pregunta: ¿Has pensado si os interesaría vender en el mercat nuestros panes y cocas? Sabes que en Castellón nuestro Mas tiene un gran cartel y que hay caragoleros que se acercan aposta al Besana a comprar nuestros productos. Estoy abierto a negociar el tanto por ciento que os llevaríais. Por mi parte, creo que llegaremos a un acuerdo, no pienso discutir por un punto arriba o abajo. Lo que tú propongas.

   -Ves, Mauro, para contestar a esa oferta no necesito ni un día. Si te parece, la podemos dejar zanjada ahora mismo –Y tras un regateo, tan cortés como inmisericorde, propio de dos viejos zorros, llegan a un acuerdo y el mas de Besana venderá sus productos panaderos en el mercat del dilluns.

   El tío Mauro se despide de los Villalonga y de los demás residentes del Canònge con el mismo buen talante con el que llegó. Al menos, es lo que aparenta, aunque su embajada se haya saldado con un “lo estudiaremos” que le ha dejado un regusto agridulce.

    Tras su marcha, Julia queda pensando en la proposición que le ha hecho el Forner. Tiene mucho en qué cavilar. Antes de tomar una decisión, debe saber de que pasta está hecho el Forneret, pues no ha vuelto a verle desde que era un rapaz. Decide no aplazarlo –el hierro hay que forjarlo cuando está caliente, se dice- y esa misma tarde manda a Valerio que ensille uno de los caballos y parta a Cabanes para hablar con las primas de su yerno para enterarse qué se dice en el pueblo del Forneret, pues el chico frecuenta el pueblo; luego que vaya al Mas de Planchadell para entrevistarse con Germán el Rizos, de quien sabe que tiene frecuentes contactos con los Molins, y, finalmente, a la Vall d´Alba, que es la otra localidad que frecuentan los del Besana, y donde sabe que el Forneret tiene buenos amigos con los que se junta siempre que puede. La finalidad de los viajes del Mayoral es la misma: obtener la mayor información posible sobre la vida y andanzas del hereu del mas de Besana. El miércoles por la tarde, Valerio está de vuelta y trae un saco de noticias acerca de que pie cojea el Forneret. Las tres fuentes consultadas concuerdan que el muchacho es buena gente, pelín fanfarrón, pagado de sí, algo simple, no se le conocen grandes vicios y, según las malas lenguas, un poco blando de carácter. Estudió para bachiller en el internado que los Padres Escolapios tienen en Castellón, pero no llegó a cursar cuarto, porque según los calasancios ni valía para estudiar ni tenía excesivo interés por los libros. Y poco más. En definitiva, puede decirse de él que su historia está por escribir.

   -Por lo que han callado, más que por lo que han contado –opina Valerio-, me da la impresión de que el chico es un huevo a medio cocer y algo blando de remos, aunque no sé si se acuna en tablas -el Mayoral, como el padre de Zaca, también es dado al lenguaje de la tauromaquia.

   Julia tiene ahora los mimbres suficientes para hacerse una idea cabal del aspirante –por persona interpuesta- a la mano de su nieta. Y lo que en principio piensa es que un chico con poco carácter no es un aspirante que convenga ni a su nieta ni al Canònge. Tanto el Mas como Paquita necesitan a un hombre que los tenga bien puestos y no un alfeñique. Pero, como el posible pretendiente tampoco tiene un bagaje excesivamente negativo, opta por sondear a su nieta pero, por el momento, sin revelarle el porqué del interrogatorio.

   -Paquita, cariño, el amigo Mauro me contó el otro día lo majo que es su único nieto, el Forneret. Por un casual, ¿le conoces?

   -Sí, abuela, aunque no demasiado. El verano pasado, cuando estuve en las fiestas de la Asunción en Benlloch, me sacó a bailar un par de veces. Recuerdo que estuvo todo el rato hablando de que no iba a ir a la mili, pues su abuelo le había prometido que pagaría a otro chico de su quinta para que fuera por él.

   -¿Y es tan majo como dice el tío Mauro?

   -A mí más que majo me pareció bonachón, algo cantamañanas, un poco simplón y muy en plan hereu. Un pavo, vamos. ¿Por qué lo preguntas, abuela?

   -No es por nada, solo por curiosidad –Julia piensa que la opinión de su nieta concuerda de algún modo con la información sobre el joven Forneret que le ha proporcionado Valerio. En consecuencia, se impone lo de meter la petición de su amigo Mauro en la fresquera y dejar correr los días. Y esperar a ver.

   En un sitio tan reducido como el Mas, es casi imposible que los secretos tengan una larga vida y, pese a que la conversación entre Julia y Mauro no tuvo testigos, parte de la charla entre los dos viejos masoveros acaba filtrándose. ¿Cuál de los dos se fue de la boca? No se sabe, pero el presunto e hipotético arreglo matrimonial entre la pubilla del Canònge y el hereu del Besana se comenta en voz baja en la masía. La especie le llega a Zaca por quien menos podía suponer: por Lía.

   -¿Y por qué ha venido el abuelo del chico a pedir relaciones para su nieto y no lo ha hecho él?

   -Porque en la mayoría de ocasiones las bodas entre pubillas y hereus se realizan así: en un arreglo entre las familias y no por relación directa entre los protagonista. ¿Cómo crees que se casaron la señora Paca y el señor Manuel? Según me contó mi tío Valerio, ni se conocían. Arreglaron su casorio los padres de él y la abuela.

      Y ahí queda, de momento, el asunto del posible pretendiente de Paquita. Se supone que, dada que es una pubilla con el riñón forrado, no le faltarán pretendientes, y el Forneret puede ser el primero de una larga lista. Aunque el escribidor se planteauna pregunta inédita: “Y Sisca, ¿qué pensará al respecto? ¿Habrá madurado lo suficiente para pensar en posibles novios? ¿Su corazón todavía no se acelera cuando se le acerca un determinado muchacho?”. Una vez más, y van tropecientas mil, aparecen preguntas sin respuestas, incluso si son de casamenteros. Pero en esta ocasión, las preguntas pesan, pues de cual sea su respuesta dependerá el devenir de algunos de los protagonistas de esta historia.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 76 de la novela “El masover” titulado: A Julia no le gusta lo de Sisca

martes, 26 de mayo de 2026

“El masover”. 74. Lo que está mal está mal y no valen paños calientes

   El miércoles, 26 de julio, la plana mayor del puesto de Los Masos de la Plana Alta, se ha reunido en el cuarto de estar para evaluar las ventas del pasado lunes. La noticia más sustancial de la reunión la proporciona Julia: se le ha ocurrido una nueva idea para incrementar las ventas.

   -Me ha llegado la onda que en algunos mercadillos ambulantes utilizan un sistema de venta que se llama dos por uno o tres por dos.  

   -¿Y eso en qué consiste, madre? –pregunta Paca.

   -Pues que por el precio que pagas por la unidad de un producto, que generalmente está de oferta, te llevas otras dos unidades. O por lo que pagas por dos te llevas tres.

   -O sea, que si compras un kilo de patatas te llevas dos. Dudo mucho que eso sea rentable, Julia –objeta Valerio.

  -Realmente no se busca la rentabilidad, sino que es otra forma de atraer a más clientes. En definitiva, un cebo como lo de rebajar el aceite. Solo se suele hacer con ciertas mercancías y, algo importante: mientras duren las existencias.

   -No sé, no sé… -a Valerio sigue sin convencerle el método.

  -Yo creo lo mismo que Valerio, madre –apunta Paca-. Dudo que eso funcione.

   -A ver, Bachiller, ¿tú que opinas? –quiere saber Julia.

   Que la abuela le pregunte, ha sorprendido a Zaca, por lo que se toma su tiempo para responder. Como tampoco lo ve claro, decide ser diplomático y propone una salida que contente a todos.

   -No sabría decirle, señora Julia, pero por probar poco se puede perder.

   Como nadie más pone pegas a la propuesta de la abuela, acuerdan ponerla en práctica y el próximo dilluns probarán el nuevo cebo a ver que resultado da. Otro asunto del que se trata en la reunión lo recuerda Valerio: tendrán que hablar con los de Radio Castellón para que incluyan la nueva oferta en la programación del próximo fin de semana para que la información llegue a los potenciales compradores. Terminada la reunión, Sisca ha esperado que su madre y el mayoral se fueran del cuarto y, sin importarle que esté delante Zaca, le espeta a Julia:

   -Abuela, tengo que contarte algo que no es precisamente un plato de gusto, pero que alguien tiene que afontarlo: no sé si te has dado cuenta, pero la sinvergüenza de la Etelvina[CM1]  no para de tontear con el Anselmo. Y no sé si lo de tontear se queda corto. En cualquier caso, Pili no se merece que le hagan ese feo. Tú verás.

   -Ya me di cuenta de lo que parece que llevan entre manos esa pareja de merluzos, Paquita, pero no te preocupes, hija, eso está solucionado.

   -¿Lo has hablado con Anselmo?

   -No ha hecho falta. La Etelvina, que ciertamente es de las que resbala sin haber barro, no volverá a vender ni vendrá más veces al Canònge. Esa muchacha, además de ligera de cascos, es más corta que la noche de San Juan. En cuanto al Anselmo, en pasando unos días, le voy a poner las peras a cuarto.

   -Que descanso, abuela. Estaba preocupada, sobre todo por Pili.

   “Que tenaz es Sisca -piensa Zaca-, cuando se le mete algo entre ceja y ceja no para hasta que consigue lo que se había propuesto. Si alguna vez pone sus ojos en un chico va apañado el pobre”. El muchacho es listo y sabe mucho para su edad, pero es un pardillo en lo referente a los sentimientos. Muchos libros, mucha enciclopedia Sopena, pero de las personas de carne y hueso -¡y no digamos de las mujeres!- no sabe de la misa la mitad. Toda la vida metido entre libros y la realidad es un coto cerrado para él.

   Los últimos cinco días de julio han discurrido para Zaca en una vorágine de actividad. Los domingos ayuda a recoger, almacenar y contabilizar los productos a vender en el mercat del dilluns, tanto los del Canònge como los de los masos asociados. Además, ya supone que el lunes va a tener otra tarea: visto el excelente resultado que dio como cobrador, la abuela lo ha confirmado como tal, junto a Paca y Sisca. El resto de la semana, da escuela a los masoveritos por la mañana y a Sisca, Lía y Juanito por la tarde. No tiene ni un minuto para el ocio, pero es algo que no le molesta. Sentirse ocupado y, sobre manera, comprobar que le necesitan es un sentimiento tan fuerte, y al que no está acostumbrado, que compensa con creces todo el trabajo que debe afrontar. Apenas si tiene tiempo para ojear los muchos tebeos, cuentos y novelas que se ha traído pero, impensablemente, ello no le reporta ninguna molestia. Los escasos huecos libres que tiene los suele emplear charlando con Sisca –y a veces también con Lía-, que se ha convertido en una colaboradora indispensable en la clase de los masoveritos, en la que da nociones de costura a las dos chiquillas del grupo.

   El último día de escuela de julio, cuando el minibús deja a los alumnos a la puerta de la circunstancial aula, la masovera del Mas de Roures que, alguna que otra vez, sigue acompañando a los masoveritos -Hortensia la Beltrana es su gracia-, hace solemne entrega a Zaca de trece duros, que es la compensación prometida por los cinco días de escuela en julio. ¡Nada menos que sesenta y cinco pesetas! Con los cuatro duros que le dio la abuela el pasado lunes son ochenta y cinco pesetas, “casi para un mes de pago a sus maestros”, se dice el muchacho. Que ya no se siente tan muchacho, sino más bien un adulto joven, porque alguien capaz de ganar tanto dinero ya no es un chaval, sino una persona mayor. En toda Torreblanca no conoce ni un solo chico de su edad, y hasta de bastantes más años, capaz de ganar una cantidad así. Ni siquiera Ismael Escoí, con fama bien ganada de ser el más despabilado joven –pues tiene dieciocho años cumplidos- del pueblo y del que cuentan que hay meses que llega a ganar más de treinta duros ayudando a compradores foráneos de cerdos.  

   En la escuela, los nuevos alumnos masoveros están respondiendo positivamente a los esfuerzos de su maestro. Zaca basa su metodología docente en hacer lo contrario de lo que hacen sus maestros del pueblo, que todo lo fían a la memoria del alumno. Por el contrario, el muchacho explica, aclara, razona, pone ejemplos y hace todo lo posible para que sus alumnos comprendan lo que estudian. Lo de menos es que lo memoricen, lo que importa es que lo entiendan. A los chicos de los grupos A y B les está enseñando su método de estudio LESURE para sacarle rentabilidad al tiempo que dedican al aprendizaje. Y ambos grupos están logrando resultados realmente magníficos. El grupo C, el de los pequeñajos, al tener el triple de docentes –Zaca y los chicos de los grupos A y B- encima de ellos son los que más rápido progresan en su alfabetización. Es algo que Zaca ha podido comprobar cuando, a finales de julio, realiza una serie de pruebas evaluadoras sobre el aprendizaje de los alumnos, con unos resultados espectaculares. Así se lo confirma también el tío Germán el Rizos que un día se deja caer por la escuela.

   -Maestro, los críos están más que contentos contigo. Dicen que nunca han tenido un maestro como tú. Que se divierten un montón y encima aprenden mucho. Lástima que tengas que volverte a Torreblanca. Contigo iban a aprender más en un mes que en las escuelas a las que van en un año.

   Su nueva experiencia como docente le lleva a Zaca a formarse la idea de que la educación solo se da, de manera efectiva, cuando se produce la interacción entre alguien –un maestro- que tiene voluntad de enseñar con alguien – un discípulo- que tiene la voluntad de aprender. Todo lo demás no cuenta. Por lo que se pregunta, si sus maestros del pueblo deben tener esa voluntad de enseñar, porque realmente no le enseñan nada, se limitan a constatar que se ha aprendido de memoria la lección del manual de turno. Ese descubrimiento le deja tocado. No le enseñan nada y cobran a padre veinte duros mes tras mes. Pues vaya.

   En cuanto al mercat del dilluns, marcha tan bien que Julia se está pensando en si montar el puesto de Los Masos de la Plana Alta en otras localidades.

Una de las que tiene en el punto de mira es Burriana, población situada en la comarca de La Plana Baja y que limita con poblaciones de gran densidad de habitantes como Villarreal, Almazora, Nules y las Alquerías del Niño Perdido. Cuenta con un puerto marítimo construido para la exportación de cítricos, pues la comarca también es un importante centro naranjero y, por consiguiente, con gente de alto poder adquisitivo. La otra localidad que está estudiando es el Puerto de Sagunto, al nordeste de Valencia, donde existe la única planta siderúrgica de la costa mediterránea, propiedad de Altos Hornos de Vizcaya, y que lleva funcionando desde comienzos del siglo XX, abasteciéndose del hierro de las minas turolenses de Ojos Negros, y que llega al Puerto a través de un ferrocarril de vía estrecha, algo más consistente que la Panderola. En ocasiones, los altos hornos también emplean mineral de hierro procedente de las marroquíes minas del Rif. Asimismo es un importante núcleo naranjero. Puesto que la localidad cuenta con una numerosa población de obreros industriales, se supone que su poder adquisitivo es alto.

   El cebo del sistema de ventas de dos por uno ha funcionado hasta cierto punto. El principal problema que han tenido que superar es que las cosechas veraniegas en La Plana Alta se centran en la fruta y ésta, dados los hábitos gastronómicos de la sociedad española, no forma parte esencial de los menús de la mayoría de las familias, por lo que pagar por medio kilo de manzanas, peras o albaricoques para llevarse un kilo, no es algo que tiente a demasiados compradores. A todos los ardides puestos en marcha para atraer a más clientes, han añadido una nueva muestra de regalo: son las hierbas aromáticas que, en el origen de la idea del nuevo puesto, Zaca sugirió a la abuela, Pero con un matiz importante: no las venden, las regalan a aquellos compradores que realizan compras voluminosas o que son clientes de los de siempre. Las dos hierbas que más valoradas están son el perejil y el orégano.

   Zaca los lunes se va con los vendedores del puesto a Castellón, donde su principal tarea es la de cobrar y echar una mano a Paca y a Sisca cuando se ven desbordadas por la clientela. Sigue siendo el que más recauda de los tres. Quizá por eso, Julia le ha subido la gratificación, y ahora le da cinco duros por día de mercado. El muchacho continúa pensando que ganar veinticinco pesetas por una mañana de trabajo, posiblemente no le ocurre a nadie en Torreblanca. Es un afortunado. Lástima que el treinta y uno de agosto se le acabará el momio.

   En sus escasos momentos de ocio, el mayor de los Clavijo suele dedicar su tiempo libre a charlar con Sisca y Lía. Cada día que pasa está más a gusto con las muchachas y sus conversaciones a veces toman giros insospechados. Hoy, aprovechando que no está Lía, Sisca y Zaca recuerdan el affaire que el Anselmo tuvo con la Etelvina, que hace semanas dejó de ir al Mas.

   -¿Tú crees que Pili llegó a enterarse de lo que había entre los dos? -pregunta Zaca, que sigue sin haber contado a nadie la escena que presenció junto  al molino de viento entre la Etelvina y el Anselmo.

   -Pili es lista, Supongo que debió enterarse porque esos días tenía muy mala cara. Y con razón. No es de hombres que se visten por los pies engañar a la mujer con la primera que le pone ojitos tiernos –responde, tajantemente, Sisca.

   -Bueno, pues tú no sabes lo peor –Y Zaca cuenta a su amiga la escena del molino de viento con Etelvina y Anselmo apareándose como chuchos en celo.

   -¡Qué asco! ¿Y por qué no me lo contaste antes?

   -Te lo cuento ahora. Que más da.

   -No hiciste bien, si me lo hubieses dicho antes podría habérselo contado mucho antes a la abuela. Desde luego, algunos hombres son unos cerdos. No creí que el Anselmo pudiera caer tan bajo. Liarse con una calentorra como la Etelvina.

   -No seas tan dura, Sisca. Todo el mundo dice que la carne es débil, hasta se lo oí decir al vicario de Torreblanca que es un santo.

   -Ni débil, ni niño muerto, ni siquiera santo. Lo que está mal, está mal y no valen paños calientes.

  “¡Joder!”, exclama, mentalmente, Zaca. “Pues no es intransigente ni nada la pubilla. ¡Cómo para engañarla!”. El muchacho no es tan tajante con el comportamiento de la pareja como lo es la pubilla. Piensa que las emociones y las pasiones pueden hacerte perder la cabeza y que, en definitiva, los sentimientos son los que son y no siempre puedes controlarlos. A raíz de lo cual le viene a la mente una cita de Pascal que le encanta: “El corazón tiene razones que la razón no comprende”. Claro que, ¿acaso el lío entre la Etelvina y el Anselmo respondÍa a impulsos del corazón o del sexo? Importante dilema que le gustaría saber desentrañar.

   El 28, sábado, el Mas recibe una visita que, al parecer, se esperaba: Jaume el Fideuer. Su apodo responde a su actividad profesional: es quien viaja por los masos dedicándose a la elaboración de fideos. Sisca cuenta a Zaca cómo funciona el Fideuer. Los masoveros le proporcionan la harina, él la amasa y la prepara para meter bolas de pasta en una máquina manual de hacer fideos. Los hace de diferentes tamaños, pero siempre con la misma forma, redondos. Luego, los deja colgados de unas cañas al aire libre para que se vayan secando. Y por dicha tarea, que suele durar casi toda una jornada, recibe la retribución previamente pactada con los masoveros, que en algunas ocasiones en vez de pagarle con dinero lo hacen con el producto. En cuanto termina, el Fideuer recoge los bártulos, los carga en el borriquillo que le acompaña en sus viajes y marcha en busca de otra masía que haya requerido sus servicios. Zaca, curioso como acostumbra, pregunta a Jaume sobre su trabajo que, por otra parte, ya conocía, pues en su casa también iba un confeccionador de fideos una vez al año.

   -¿Y tienes trabajo todo el año o solo en verano?

   -Cuando más trabajo es algo después de la siega que es cuando los masos tienen más harina. Y también en el otoño, antes de que comiencen los fríos.

   -¿Y por qué solo haces fideos, aunque de diferentes grosores?, ¿por qué no haces algunos tipos italianos de pasta?

   -Pues porque no tienen salida. Al principio, cuando comencé a trabajar de fideuer, intenté vender en los masos el concepto de la pasta italiana elaborando fusilli, farfale, rigatoni, spaghetti, tagliatelle y demás. Fue un fracaso, solo salieron adelante los macarrones, quizá porque los consideraban unos fideos gordos. Y es lo que hago: fideos y macarrones.

   -Lo que he observado es que haces mucha cantidad.

   -Es natural. Hago para muchos meses, pues a la mayoría de masos solo voy una vez al año. Únicamente en los más grandes, como el Canònge, acudo dos veces.

  ­-¿Y dónde guardan los ftdeos?

   -Los meten  en tarros de cerámica o de cristal, los guardan en un lugar seco de la despensa y van sacando raciones a medida que los necesitan para espesar las ollas, los cocidos y las sopas.

   -¿Y a veces no comen pasta como plato único?

   -No, que yo sepa. Como te he dicho, la suelen comer acompañando a otros platos.

   -Que fideos tan finos estás haciendo ahora.

   -Sí, son los más finos que puede hacer la máquina. Los llamo cabello de ángel y los suelen comer casi siempre haciendo más densa cualquier clase de sopa. Señora Concha, estoy terminando, ¿dónde cuelgo la última tanda?

   “Curioso oficio el del fideuer, pero supongo que necesario, como el de los que hacen la matanza del cerdo” –piensa Zaca, recordando al tío Javier Segura que ayudaba a sus padres a sacrificar el gorrino que engordaban en los buenos tiempos. Lo que le hace preguntarse: “¿Cuándo llegue San Martín, aquí también contratarán a un matarife o lo harán ellos mismos?”.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 75 de la novela “El masover” titulado: Casamenteros

 [CM1]

martes, 19 de mayo de 2026

“El masover”. 73. Señor maestro

   Zaca no ha tenido más remedio que aceptar los cuatro duros que Julia le ha dado como gratificación por su colaboración en el mercat del dilluns. Hecho que le lleva a hacerse esta reflexión: “Un peón especializado o un oficial de tercera ganan entre ocho y diez pesetas al día, si yo he ganado veinte en una mañana es que han valorado mi trabajo como si fuera un ingeniero, un médico o un abogado por lo menos”. Y una oleada de orgullo lo invade. “Cuando se lo cuente a los amigos ni se lo van a creer. ¡Veinte pesetas por una mañana, casi nada! Eso no lo gana en un día ni un médico”, se dice.

   Como ese lunes han llegado tarde de Castellón, ha decidido no darles clase a Sisca, Lía y Juanito. Y aprovecha ese tiempo libre para pasarse por la antesala de la almazara –la futura aula- para ver como la han dejado los masoveros. La sala está más limpia que una patena, han blanqueado con cal las paredes, han colgado un pizarrón, está al completo el mobiliario, viejo y remendado pero todavía útil, han traído un armario sin puertas que va a servir de biblioteca y en el que está apilado el material didáctico que les pidió. Y hasta han tenido el detalle de colgar en la pared frontal una copia litográfica de don Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la II República española. Al verla, le viene al pensamiento que: “Quizá fuera bueno que, antes de comenzar las clases, tararearan el himno nacional”, del que ni siquiera sabe si oficialmente tiene letra. Él solo conoce una versión oficiosa, bastante difundida, del himno de la monarquía que dice así: ¡Viva España!/Alzad los brazos/Hijos del pueblo español/Que vuelve a resurgir/Gloria a la Patria/Que supo seguir/Sobre el azul del mar/El caminar del sol”. Y que si no recuerda mal, lo escribió un poeta llamado José María Pemán, del que no sabe más. Más tarde ocurrió lo de la pareja de la Guardia Civil –que ya narramos en el anterior episodio- y una de cuyas consecuencias ha sido que, por primera vez en su corta existencia, comience a aceptar el nombre que figura en su partida de nacimiento.

   El martes, 26, pasadas las ocho y media llega un minibús de la compañía de transportes La Hispano de Fuente En Segures con su carga de masoveritos. Los chicuelos van vestidos modestamente, pero aseados y repeinados. La mayoría muestra en su rostro una mezcla de expectación y un cierto temor ante el inicio de lo que para ellos es una combinación de tarea escolar y aventura. Con los chavales ha viajado una desenvuelta masovera -todavía joven y que responde al nombre de Hortensia la Beltrana-, que se presenta a Zaca como la madre de una de las chiquillas del grupo y que se encargará los primeros días que los masoveritos se porten bien en el viaje de ida y vuelta a la escuela del  Mas del Canònge.

   -Aquí tienes a los chicos, son todos tuyos, señor maestro –dice la Beltrana y, dirigiéndose a los chicuelos, les anuncia-: Escuchad: este es vuestro maestro. Le tenéis que obedecer como si fuera vuestro padre y pobre del que no le haga caso. Lo que él diga es como si lo hiciese el Papa de Roma. Por lo tanto, nada de réplicas y malas respuestas. Está aquí para daros escuela, para enseñaros y para haceros mejores, y vosotros debéis corresponderle aprendiendo todo lo que os enseñe. ¿Os ha quedado claro? Pues ya lo sabéis: ojo al Cristo que es de plata –y dirigiéndose a Zaca pregunta-: ¿A qué hora vas a terminar la escuela? Es para decírselo al chófer que venga a recogerlos.

   -Sobre la una y media del mediodía.

   -Aquí estaremos a esa hora. Voy a ver a la señora Julia a que me cuente como fue el estreno del puesto de Los Masos de la Plana Alta. Es que, ¿sabes?, los del Mas de Roures también participamos en el puesto, pues tenemos mucha fe en la buena vista para los negocios de Julia. Buen trabajo y buena mañana.

   Ida la Beltrana, y como hizo en su día con Sisca y con los chicos Ariza, lo primero que hace Zaca es presentarse.

   -Buenos días, chicos –a lo que todos contestan a coro-: Buenos días, señor maestro –se ve que vienen aleccionados-. Vamos a presentarnos para irnos conociendo. Me llamo Zacarías Clavijo, voy a estudiar cuarto de bachillerato y tengo trece años. Me podéis llamar Zaca o maestro, como prefiráis. Espero que nos llevaremos bien, al menos por mi parte la buena voluntad no va a faltar. Ahora, de uno en uno, iréis diciendo vuestro nombre, los años que tenéis y la masía de la que venís. ¿Entendido? Empieza tú –dice señalando al más cercano-.

   Los chavales van diciendo sus nombres y demás datos que les ha pedido. Y así descubre Zaca el mosaico de edades del grupo: hay un chico de 14 años, dos de 12, otros tantos de 10, tres de 9, dos de 8, uno de 7 y dos de 6. Una verdadera ensalada de edades que más heterogénea no puede ser. Una vez identificados, les somete a unas sencillas pruebas para ver la amplitud de sus conocimientos, salvo al que tiene siete años y a los dos de seis que no saben escribir. Mientras revisa las pruebas les deja salir afuera para que jueguen y se desahoguen. La verificación le permite conocer el diferente nivel instructivo de los chicos: los cinco mayores de diez años tienen resultados parejos, formarán el grupo A. Los comprendidos entre ocho y nueve años con pobres resultados, cinco, constituirán el grupo B. Y el de siete y los dos de seis años que son iletrados, el grupo C. Luego, organiza su trabajo con los tres conjuntos aplicando la metodología de la enseñanza cooperativa. Comenzará la clase haciendo que los alumnos del A redacten una composición sobre algo que cada uno haya hecho o que piensa hacer. Los del B harán unas divisiones, pues así tendrán que usar las demás operaciones. Mientras, él cogerá a los tres del C y comenzará a enseñarles los rudimentos de la lectura y escritura. En la segunda hora, los grupos rotarán y trabajarán en plan cooperativo: los del A enseñarán a leer y escribir a los del C, mientras él explicará a los del B una lección. Luego habrá un recreo de unos veinte minutos para que los chavales tomen el tentempié que han traído de casa a guisa de almuerzo. En la tercera hora, volverá la rotación y el trabajo cooperativo: los del B enseñarán la numeración a los del C, y él se reunirá con los del A. La cuarta hora será un diálogo global sobre lo que han aprendido durante la mañana. Sobre el papel, es una buena organización. La práctica dirá si es eficaz o no.

    Otra cuestión que tendrá que solucionar es el dominio del castellano de los masoveritos que es muy desigual: hay un grupito, procedente de la provincia de Teruel, que lo habla bien, pero algunos de los otros le pegan cada patada al diccionario que tiembla el misterio. Lo que sí parece es que no va a tener problemas de disciplina, vienen todos muy mentalizados de que tienen que respetar al maestro -los muchachos se empeñan en llamarle señor maestro- y seguir sus indicaciones. Y por si alguno lo olvidó la Beltrana se lo ha recordado.

   Al día siguiente, miércoles 27, la hora de llegada de los alumnos es, aproximadamente, la misma que el martes. Y el novato maestro, comienza a aplicar la metodología organizativa que ha elaborado, pero se topa con la inesperada sorpresa de que el chico de más edad, llamado Antoniet Prades del Mas de Villarcans, la cuestiona.

   -Señor maestro. Nuestros padres nos han enviado para que nos dé escuela, pero ¿cómo vamos a aprender si tenemos que enseñar a leer y escribir a los monicacos que no saben ni hacer la o con un canuto? No hemos venido para eso –El chico ha sido valiente, sincero y con el desparpajo suficiente para expresar su queja.

   Zaca, tirando de paciencia, les explica que se ha visto obligado a utilizar el método cooperativo por la diferencia de edad y conocimientos entre los miembros del grupo. Y que el aprendizaje cooperativo es una estrategia pedagógica donde los estudiantes trabajan en grupos pequeños para alcanzar un objetivo de aprendizaje común, permitiéndoles aprender de manera conjunta y desarrollar habilidades sociales. Antoniet no ha entendido la explicación y así se lo hace saber.

   -Señor maestro, como si hablara en chino, no he entendido ni palote.

   -Pongo un ejemplo para ver si así lo entiendes mejor. Si me dirijo a toda la clase pero, pensando en los que sabéis más, explico la regla de tres, ¿crees que los que están aprendiendo a dividir o los que ni siquiera saben leer, se enterarían de algo? No, ¿verdad? Y, si hablo para todos enseñando a dividir por dos o más cifras, los que ya sabéis, ¿no os aburriríais como mejillones? Y los que no saben leer todavía se aburrirían más. Y no digamos, si hablo para todo el grupo explicando que la a con la eme se lee ma. Sería el acabose. Pues para evitar eso, tengo que recurrir a la metodología cooperativa que no la he inventado yo, pero que es de las pocas formas que se puede enseñar a un grupo tan heterogéneo como este.

   -Señor maestro –interviene el de siete años-, hasta yo he entendido su explicación, pero no sé qué quiere decir esa palabra tan larga que ha dicho al final, hete… no sé qué.

   -Heterogéneo. Quiere decir algo compuesto de partes de diversa naturaleza. Aquí naturaleza debéis entenderla como saberes. La frase correcta sería: algo compuesto de alumnos de diversos grados de saber. ¿Alguna otra pregunta sobre el método cooperativo? ¿No? Entonces, vamos a proseguir. Y por favor, a la más mínima duda que tengáis sobre lo que diga, haced lo que ha hecho muy bien Antoniet –trata de ganarse al mayor y contestatario del grupo-, preguntadme. Preguntar lo que uno no sabe es una de las más eficaces formas de aprender. Por eso, ya te adelanto, Antoniet, que, si sigues así, vas a aprender mucho y muy aprisa. Sigamos.

   El resto de la mañana, la clase ha discurrido sin mayores contratiempos y  los masoveritos se han mostrado receptivos a las explicaciones de su novel maestro, aunque a veces se ha oído un rumor de fondo muestra de que están poco acostumbrados a permanecer tiempo sin realizar alguna actividad física. “Para ser el primer día efectivo de clase no ha estado ni medio mal”, se dice un contento Zaca.  

   Durante el recreo, uno de los chiquillos ha sacado una pelota de trapo y se han puesto a jugar a fútbol en la era, reconvertida en el campo de deportes de la novel escuela. Como todos corren detrás de la pelota, sin orden ni concierto, Zaca decide intervenir y los agrupa en dos equipos de cinco jugadores, uno, y seis el otro –las dos niñas se han negado a jugar- y él hace de árbitro. Ahí es donde comienza a ganarse a sus alumnos: jugando con ellos pues, al parecer, ninguno de sus maestros de las escuelas a las que van, son tan permisivos como para rebajarse a mezclarse en los juegos del alumnado. El resultado de la interacción en todos los planos entre maestro y alumnos lleva a que las clases sean activas, la enseñanza pragmática, autorregulada la disciplina y sereno el clima de la escuela. Los alumnos aprenden rápido y al maestro las casi cinco horas de clase se le van en un suspiro. Las únicas que le plantean algún problema en el grupo, no de actitud ni de comportamiento sino de integración, son las dos chiquillas que suelen hacer rancho aparte, pues nunca se mezclan con los chicos. Hasta que Zaca les pregunta:

   -¿Os gustaría jugar a fútbol? –una no contesta, pero la otra sí.

   -A mí, sí, pero los chicos no me dejan. Dicen que no es un juego de chicas.

   -Hablaré con ellos. ¿Y vosotras a qué jugáis?

   -Al sambori -vocablo valenciano que se refiere al juego infantil conocido en castellano como "rayuela".

   -¿Me dejáis jugar con vosotras? –el asombro y la sorpresa se refleja en el rostro de las chicuelas.

   -Ese no es un juego de chicos, señor maestro. Si juega al sambori con nosotras, los chicos se le  burlarán.

   -Si alguno se atreve a burlarse de su maestro tendré que decírselo a la señora Hortensia –el aviso es suficiente para que ningún masoveret se atreva a mofarse del señor maestro.

      Zaca piensa que tendrá que ir mentalizando a sus alumnos de que los patrones por sexo no deben de ser tan diferenciadores, aunque es consciente de que será una tarea ardua y lenta. La tradición y las costumbres pesan demasiado. Otro problema que plantean las dos alumnas, y que ha puesto al novel maestro en un brete, sale a la luz cuando no es capaz de responder a la pregunta de una de ellas.

   -Señor maestro, en la escuela del pueblo, por las tardes las chicas dábamos clase de costura, ¿aquí haremos lo mismo?

   Como no tiene respuesta, comenta la cuestión con Sisca; la pubilla le sugiere una posible solución.

   -También en la escuela de Torreblanca, por las tardes a las niñas nos daban clase de costura. Supongo que lo sabías, nos enseñaban a coser, remendar, bordar y demás tareas que luego nos podrían servir como amas de casa. ¿Por qué no haces lo mismo?

   -Lo haría, porque ese plan me parece que les gustaría. El problema es que no sé coser ni bordar ni planchar.

   -Pero en cambio sabes algo de guisar. Eres todo un misterio, señor maestro, pero te puedo ayudar. Le pediré a mi madre que me deje un par de horitas libres por la mañana y me acercaré al aula para hacerme cargo de las chicuelas.

   -¿Y a tu madre no le parecerá mal?

   -Después del éxito de Los Masos de la Plana Alta, lo que el Bachiller pida, el Canònge se lo dará envuelto en papel de celofán. Parece mentira que no lo sepas. ¡Buena se pondría la abuela como se enterara de que alguien del Mas te ha puesto la más mínima pega! ¿O todavía no te has enterado de que te has convertido en su ojito derecho?

   Esto último, Zaca lo intuía, pero oírselo decir a Sisca le levanta el ánimo. Casi sin enterarse, ha logrado conquistar el fuerte más rocoso e inaccesible del Canònge. Es como para lanzar el ¡eureka! tal cual hizo aquel sabio griego cuyo nombre no recuerda, pues además de haberse hecho con la vieja, ha pasado de ser estudiante a todo un señor maestro. Si eso no es todo un cambiazo que venga Dios y lo vea. Lo de señor maestro refuerza el ego del muchacho, algo que le viene como agua de mayo, pero al mismo tiempo le plantea la duda de si estará lo suficientemente capacitado para sacar adelante la proeza de enseñar a un grupo de alumnos tan variopinto y multiforme, “El tiempo dirá”, se dice.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 74 de la novela “El masover” titulado: Lo que está mal, está mal y no valen paños calientes