martes, 27 de octubre de 2026

“El masover”. 94. Res non verba

   Sin que el hecho haya causado ningún tipo de revuelo en la masía, de la noche a la mañana Lía ha pasado a convertirse en pinche de la señora Concha, desde que sale de la sesión matinal de la escuela del mas hasta la preparación de la cena. Julia comunicó la noticia del nuevo rol de la muchacha a Pili y Concha como una decisión personal, sin dar muchas más explicaciones, recalcando que la chicuela continuará yendo a la escuela durante la sesión matinal, al menos hasta que complete el manejo de las cuatro operaciones aritméticas básicas y escriba y lea con fluidez. Y encargó a Pili que fuese ella quien se lo dijera a su hija. Así fue como se enteró Lía, que  tomó con resignación su nuevo rol, aunque por aquello de lo que dice el dicho popular: piensa mal y acertarás, no dejó de sospechar que tras aquel decisivo cambio en su vida podía estar la larga mano de su otrora amiga la pubilla. Ni protestó ni se quejó ni lo lamentó. Se limitó a presentarse en la cocina y decirle a su tía Concha –realmente quien es su tío carnal es Valerio- que a partir de ya vendría todos los días a ayudarla en cuanto saliese de la clase matutina.

   -Pues, hija, algún día tenías que empezar a trabajar en serio. Yo comencé a los doce. Y me alegro que seas tú porque así aprenderás y cuando yo me retire podrás ocupar mi puesto y vas a tener suerte, pues el Canònge es una buena masada.

   -Cuando le he preguntado a madre en que tenía que ayudarla, me ha dicho que eso me lo dirá usted.

   -¿Estás contenta con empezar a trabajar?

   -Si le digo la verdad, hubiese preferido continuar en la escuela toda la jornada, por otra parte estoy contenta por trabajar a su lado. Podrían haberme destinado a sitios peores. Aunque ser cocinera no es un futuro que me atraiga. Sinceramente, creo que puedo hacer mejores tareas, sin que eso suponga que desmerezca la importancia de aprender a guisar bien. Y a su lado estoy segura que lo lograré.

   -Me parece atinado tu planteamiento. Denota que tienes buena cabeza. Por el momento, solo te mandaré que hagas trabajos sencillos, los que suele hacer un pinche primerizo.

   -¿Qué es un pinche, tía?

   -Es la persona que presta servicios auxiliares en la cocina. Dicho de otro modo, es un ayudante o auxiliar del cocinero. La  tarea que te llevará más tiempo será tener limpia y ordenada la cocina y todos los cachivaches que usamos para guisar. Y de echarme una mano en tareas sencillas como pelar y cortar vegetales, batir huevos, rebanar las hogazas, almacenar los suministros, picar ingredientes, recoger los residuos y cuantas tareas de esa clase te mande. Y a medida que vayas cogiendo experiencia, te pediré que hagas trabajos de más enjundia como preparar sopa, hacer ensaladas, tortillas y otros platos fáciles. Y, con el paso del tiempo, acabarás haciendo toda clase de guisos. Con lo espabilada que eres, y a poco que pongas interés, llegarás a ser una buena cocinera. Hasta es muy posible que llegues a superarme y te conviertas, como dicen en Francia, en una chef, que significa "jefe" y se refiere al líder de la cocina encargado de preparar platos de alta calidad. Y te advierto que los chefs famosos ganan tanto o más dinero que un buen médico o un ingeniero.

  -No pretendo ser una chef famosa. Me conformo con llegar a ser la mitad de buena que es usted. Me daría con un canto en los dientes si lo consiguiera.

   Zaca ha sentido la marcha de Lía de las sesiones vespertinas pues, aunque por las tardes no daba clase a la muchacha, se había acostumbrado a tenerla cerca, algo que le satisfacía, dado que le ha cogido ley a la chicuela, puesto que su opinión sobre ella ha cambiado mucho desde que la conoció. Al principio de su relación la conceptuó como una chavala descarada, impertinente, un tanto deslenguada e indisciplinada y una mala estudiante. Pero desde el momento en que la bautizó como Lía, la chiquilla pareció cambiar y ahora no es descarada aunque sí audaz, ha olvidado las impertinencias aunque mantiene las respuestas prontas, se contiene hablando y ya no es una respondona, ha dejado de ser una indisciplinada y muestra una disciplina modélica, y ha pasado de ser una mala estudiante a la mejor alumna de la clase. El chico ha preguntado a Lía el motivo de su nuevo papel y la respuesta de la muchacha Ariza ha sido un punto enigmática.

    -A ciencia cierta no lo sé. Pregúntale a Sisca.

   -¿Por qué a Sisca?

   -Porque las pubillas suelen tener la mano muy larga –es la enigmática contestación de la muchacha.

   -Esa respuesta no me dice nada -se queja Zaca.

   -Es una respuesta masovera. Algún día la entenderás –Lía sigue en plan indescifrable.

   Puesto que da la impresión de que Lía en lugar de responder de manera directa no hace más que encadenar acertijos, Zaca no insiste y opta por preguntar a Sisca.

   -¿Por qué Lía se va a trabajar con la señora Concha?

   -Cosas de la abuela. Aunque tengo entendido que seguirá yendo a clase por las mañanas.

   -Entonces, ¿no sabes el motivo del cambio?

   -Ya te digo, cosas de la abuela –y de ahí no se apea la pubilla.

   Vista la cerrazón de ambas muchachas, Zaca opta por no seguir preguntando; además se dice que tampoco es de su competencia conocer los entresijos laborales de la masía y deja de preguntar, pese a que intuye que ninguna de ambas muchachas le ha contado todo lo que saben sobre el nuevo papel laboral de Lía.

  En cuanto el tiempo comienza a mejorar y la tramontana deja de soplar, Zaca empieza a preparar el proyectado viaje a Torrenostra para que sus masoverets conozcan el mar. El primer problema que ha de solucionar es el del transporte y como sufragarlo. Piensa que deberían costearlo los padres de los alumnos. Habla con la Beltrana, que es su contacto habitual con los masoveros en los últimos tiempos, le cuenta el proyecto y le pregunta si los padres estarían dispuestos a pagar el transporte, que va a ser el único gasto de importancia, puesto que el viaje será de ida y vuelta en el mismo día.

   -Así, de pronto, no lo sé, pero sospecho que habrá más padres que dirán que nanay, que los que acepten pagar. Rascarse el bolsillo no es algo que vuelva loca a la gente. Pero, bueno, preguntaré  -La consulta de la Beltrana tiene un resultado negativo. Una mayoría de padres contestan con respuestas del tipo de:

   -Si el xiquet lleva toda su vida sin haber visto el mar y ha llegado hasta hoy, puede continuar sin conocerlo y no pasa nada –Otros dan otro tipo de respuesta tal como-: Si el maestro tiene el capricho de llevarlos al mar que lo pague él. Sus buenos duros está ganando a nuestra costa.

   Visto el negativo resultado, Zaca explora otras posibles alternativas. Dado que lo que tiene más a mano es el mini bus que transporta los alumnos a su escuela, habla con el chófer del mismo sobre la posibilidad de que sea ese transporte quien les lleve a la costa. Lo que hace Ricardo –que así se llama el conductor- es remitirlo a la empresa del mismo, la Hispano Fuente En Segures de Benasal. Zaca les envía una carta explicándoles su proyecto, al tiempo que, considerando la finalidad pedagógica del viaje, les pide que hagan un precio acorde con el carácter altruista de la excursión. La respuesta de la empresa es que sintiéndolo mucho no pueden hacer excepciones y el presupuesto del viaje queda muy por encima de las posibilidades de los escolares. El novel maestro se plantea entonces la posibilidad de ser él quien sufrague la expedición, pero su talante de chico educado en la austeridad dineraria no favorece dicha postura. El dinero no crece en los árboles, como siempre ha oído en casa. No sabe adónde recurrir, pero hablando del tema con Sisca, la pubilla le abre un portillo a la esperanza.

   -¿Y por qué no se lo pides a la abuela?

   -Ya se me había ocurrido pero, por un lado, no quiero molestarla con una cuestión tan insignificante comparada con la de problemas que ha de afrontar en el día a día. Y por otro, la abuela tiene fama de ser de la Virgen del Puño, por lo que supongo que no le hará ninguna gracia que le vaya con peticiones como la de costear el viaje.

   -Es cierto que la abuela es más bien cicatera, pero has de tener en cuenta que, primero, no se trata de una gran cifra y, segundo, que lo que le pedirás es para los hijos de sus socios masoveros, a los que se desvive por tenerlos contentos, todavía más desde el fracaso de lo de la venta de ropa. Yo, de ti, se lo pediría, y quizá te puedas llevar una sorpresa. Y otra cosa, para reforzar la petición me ofrezco a acompañarte y contarle que el proyecto ha sido una iniciativa de ambos.

   -¿De verdad lo harías? –pregunta Zaca, a quien el ofrecimiento de Sisca le ha tocado su fibra sensible.

   -De verdad. Sabes el afecto que te tengo y el cariño que siento por nuestros alumnos. Me enseñaste que en Torreblanca suelen decir lo de pensat i fet. Por tanto,  no le demos más vueltas y vamos a hablar con la abuela.

   Antes de hacerlo, la pareja se ha repartido los papeles: ella contará como descubrió que los alumnos no conocían el mar y que de ahí surgió la idea de que podrían hacer un viaje para que lo conocieran; él explica las diligencias que han hecho para costear el viaje y el fracaso de sus gestiones. La explicación la remata Sisca dejando caer que la única esperanza que les queda es que la abuela pueda ayudarles de alguna manera. Julia, que los ha escuchado atentamente, se toma su tiempo para responderles.

   -Me parece un proyecto atractivo, muestra de cuanto os preocupáis por vuestros alumnos. Lo que no me habéis contado es el cómo del viaje –La pareja se mira y Sisca le hace un gesto a Zaca que se apresura a darle a Julia los pormenores del proyecto.

   -El viaje sería de un día. Saldríamos del Mas de mañanita en el mini bus que trae diariamente a los alumnos. En menos de un par de horas estaríamos en Torreblanca y de allí a Torrenostra, que es como se llama la playa de mi pueblo. Los chicos se bañarían y jugarían en la arena. Comeríamos en un chiringuito lo que cada uno haya traído de su casa, como hacen todos los días. Luego, daríamos una vuelta por el mar en la barca de una familia de pescadores que son viejos amigos de mis padres y con la que previamente habrán hablado. Finalmente, volveríamos al Canònge y de allí, el mismo bus llevaría a los chicos a sus masos. El viaje más barato no puede salir pues, como le acabo de contar, el único gasto será el del transporte hasta Torrenostra y regreso –Oída la explicación, la abuela queda pensativa. Cuando habla, su respuesta es imprecisa.

   -Bien. El viaje me parece interesante. Conocer el mar les gustaría a los críos, pero… Bueno, le echaré un pensament –Lo del pensament le recuerda a Zaca que sus padres suelen decirlo cuando no tienen una respuesta clara. De ahí que, en cuanto se despiden de Julia, el muchacho comente:

   -Lo de que le echará un pensament me da mala espina. Eso y no concretar nada es lo mismo.

   -No te pongas la venda antes que la herida. La abuela no hace nada a tontas y a locas, se piensa las cosas. Démosle tiempo.

   Pasa un día, pasa otro, pasa una semana y Julia sigue sin dar respuesta alguna a la pareja sobre el proyectado viaje. Como si se hubiese olvidado del mismo. Zaca piensa que quizá cuando el lunes por la tarde le lleve las cuentas del mercat de ese día, la abuela le diga algo del viaje, pero Julia no hace mención alguna a lo de la ida al mar.

   Justo en la clase del día siguiente se produce una chusca anécdota que refuerza la idea de Zaca de que solo viendo en directo el mar los masoveritos serán capaces de ponderar su inmensidad y sus peculiares características. El hecho ocurrió tal que así. En la hora antes del recreo ha estado describiendo a sus alumnos como es la playa de Torrenostra, la grandeza del mar, como son las barcas de los pescadores, los guijarros del cordón dunar o cudolar y los recuerdos que guarda de los veranos que pasó en la playa. Hasta les ha enseñado algunas de las fotos familiares de la playa que, a petición suya, le han enviado sus padres. Tras la mitad de la sesión matinal, en el recreo ha sido testigo involuntario del diálogo entre dos de los masoverets, Andreu Barberá, uno de sus alumnos más adelantado, y Vicentico Algarra, un voluntarioso pero torpe chaval.

   -Entonces, Andréu, por lo que cuenta el maestro, ¿cómo crees que debe ser de grande el mar? ¿Cómo el bassot? –Así le llaman a la balsa de riego, una excavación del terreno para almacenar agua, que hay cerca del Mas.

   -Calla, ignorante. Ha de ser forzosamente mucho más grande que el bassot. ¡Lo menos, como cinco o seis veces más grande!  

   El diálogo le ha hecho gracia al joven maestro, pero también ha puesto en cuarentena su habilidad docente. Ha explicado tan mal la grandeza del mar que uno de sus alumnos más listo considera que es como cinco o seis veces más grande que el bassot. Descorazonador. Lo que le hace recordar el latinajo de res non verba. Lo que importa es la realidad, no las palabras. Un solo vistazo al mar va a dar a sus alumnos más información sobre su enormidad que todas las explicaciones que pueda darles. Aunque sea a pie, pero tiene que llevar a sus chicos a conocerlo. Decidido, se dice: “Si no encuentro un mecenas, costearé de mi bolsillo el viaje, pero els masoverets se mojarán en la playa de cudols de Torrenostra. Como me llamo Zaca”. El otrora tímido e irresoluto muchacho se ha transformado en alguien capaz de tomar una decisión en un santiamén, y lo del res non verba lo materializa. Los cambios personales son posibles, aunque a priori no lo parezca.

 

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 95 de la novela “El masover” titulado: ¿Hasta dónde llegan los tentáculos de la abuela?

martes, 20 de octubre de 2026

“El masover”. 93. Y mientras, Zaca en el limbo


   Algunos días en los que, por una u otra causa, Zaca no ayuda a primera hora a Sisca a repartir el pienso a los animales de los corrales, suele matar el tiempo que falta, hasta que sea el momento de abrir la escuela, quedándose en la cocina tras el desayuno, pelando la pava con la señora Concha. A la aragonesa le gusta el palique y, dado que la mayor parte de la jornada trabaja sola, cuando tiene alguien con quien pegar la hebra le da a la sin hueso sin pararse en barras. Puesto que atesora muchos años de experiencia, y ha vivido en diferentes lugares cuenta con todo un arsenal de vivencias, anécdotas y sucedidos. Se complementa muy bien con el novicio maestro, pues éste es más proclive a escuchar que a exponer. Y así, en los diálogos entre ambos, el muchacho pregunta y la matrona contesta. Y el coloquio fluye con naturalidad en toda la gama de diálogos que mantienen. Esta mañana, para encender el hogar, Concha ha utilizado algunas piñas secas de las que guarda en la leñera, lo que ha dado pie a que Zaca, como es su natural, le pregunte por los conos leñosos.

   -¿Las piñas secas arden bien?

   -Arden muy bien y son muy adecuadas para encender fuego, ya sea en una chimenea o en la cocina económica. Como tienen poros, el aire circula fácilmente por ellos, mientras que la resina que contienen las hacen altamente inflamables.

   -Supongo que son de los pinos del Mas.

   -Casi todo lo que consumimos crece en los terrenos del Canònge. Y lo que es de pinos vamos bien servidos. Junto con las encinas son los árboles que más abundan por estos pagos.

   -¿Y hay pinos de diferentes clases o son todos de la misma especie? -Cuando Concha va a contestar, aparece Sisca y la pregunta queda sin respuesta.

   -¿De qué hablabais? –quiere saber la muchacha.

   -De pinos y piñas, ya ves que interesante –responde Zaca-. Señora Concha, otro día me cuenta más. Nos vamos a la escuela que en cualquier momento llegará el autobús con los chicos.

    La pareja de adolescentes aprovecha los momentos en que están solos para contarse lo que prefieren no hacerlo en público­: confidencias, secretos, dudas, vivencias, problemas… Hoy es Sisca la que guarda algo en la cartera que, al parecer, le incomoda y cree llegado el momento de hacérselo saber a su amigo del alma.

   -Zaquita, quiero contarte algo y espero que no te lo tomes a mal.

   -¿Y cuándo me he tomado a mal algo que me hayas contado?

   -Bueno, yo te prevengo porque lo que tengo que decirte puede cogerse de muchas maneras distintas, y por nada del mundo quisiera molestarte.

   -O sea, que no he de coger el pepino por donde amarga, como suele decir Valerio. No me seas masovera y no andes con rodeos, suelta lo que tengas que soltar.

   -Quiero hablarte de Juli.

   -¿Y qué le pasa a Lía?

   -Precisamente de eso quería hablarte. ¿Por qué tuviste que ponerle un nuevo nombre? Con Julieta o Juli iba servida.

   -No me digas que te molesta que la llame Lía. Eso me parece una chiquillada impropia de ti.

   -Por mí, la puedes llamar como quieras. Lo que me molesta es como se lo ha tomado ella. Desde que la bautizaste como Lía se ha vuelto de lo más tontorrona. Exige a todos los alumnos y a sus hermanos que la llamen así. Y no sé si te has dado cuenta, pero hasta está aprendiendo a firmar como Lía Ariza.

   -¿Y a ti todo eso qué más te da? No es algo que te afecte. Y te recuerdo que también tú hiciste en su momento una campaña parecida para que todo el mundo te llamara Sisca, ¿Y alguien se molestó por ello? Que yo sepa, nadie. Bueno, algo tu abuela. ¿Por qué una medida diferente para Lía?

    -Ves, hasta tú la llamas Lía.

   -¿Y qué más da cómo la llame? Julia, Julieta, Juli, Lía

  …, sigue siendo la misma. La hermana mayor de Juanito y Mito.

   -Bueno, lo del nombre es lo que menos me molesta, lo que más me chincha son las confianzas que se toma contigo…

   -¿Confianzas? No sé a qué te refieres. Vaya, aquí llega el autobús. Si quieres, en el recreo seguiremos hablando.

   Sisca ha terminado dándose cuenta de que, como continúe hablando de Juli, Zaca acabará por descubrir que lo que tiene es un ataque de cuernos, por lo que decide no proseguir el diálogo. En el recreo, a pesar de que el muchacho le invita a continuar la charla sobre Lía, escurre el bulto y toca otros temas. Piensa que el problema en que se está convirtiendo la primogénita de los Ariza, a medida que se va haciendo mayor, tendrá que resolverlo por su cuenta. Y el problema no es otro que Lía aprovecha cuantas oportunidades tiene para coquetear con su maestro: le interpela, le incita a dar explicaciones, le dice que no ha entendido tal o cual tema, le pide que le ayude y cien añagazas más, todas encaminadas a llamar su atención y acaparar la interrelación con el muchacho. Otro medio que está usando la chicuela, y muy eficaz para atraer la atención  de su mentor, es haberse convertido en la mejor alumna de la escuela. Ha dado un salto increíble en la progresión de su aprendizaje hasta conseguir que Zaca haya dicho de ella que es la joya de la escuela de los masoverets. Sisca se dice que o corta de raíz esos coqueteos o la primogénita de los Ariza puede convertirse en una rival temible, y no está dispuesta, bajo ningún concepto, a dejar de ser la única y exclusiva amiga de Zaca. En última instancia, piensa que antes de tomar otras medidas para apartar a Juli debería hablar con ella.

   -Juli, ven, tenemos que hablar.

   -Ahora no puedo, tengo que ayudar a mi madre a terminar la colada. Y, si no te importa, llámame Lía.

   -La terminas más tarde. Necesito hablar contigo y no quiero dejarlo para otro día. Y pienso seguir llamándote Juli.

   -Pero mi madre…

   -Ni madre, ni porras en vinagre. Digo que te vengas conmigo y no pienso repetirlo. Si luego Pili te regaña, dile que tuviste que hacer un mandado de mi parte –Sisca se ha puesto seria, por lo que Lía agacha la cabeza y sigue a la pubilla del Canònge. Es muy consciente de la posición que ocupan ambas en la escala social del Mas. Paqui es la heredera y algún día será la patrona y ella no es más que la hija de unos empleados.

   La conversación entre las muchachas es tormentosa. Sisca acusa a la que hasta ayer era su única amiga de coquetear –aunque no usa ese término, sino el de tontear- descaradamente con Zaca. Y que eso debe de acabar de una vez por todas. Zaca es el maestro y es una falta de respeto, además de ser una acción muy fea y desconsiderada, tontear a todas horas con él. ¿Qué dirán los padres de los demás alumnos si se enteran que el maestro y una de sus alumnas están de cháchara todo el rato?

   -¿No comprendes que pones a Zaca en una situación embarazosa? ¿No has…

   -¿Qué quiere decir embarazosa? –el vocabulario de Lía es más limitado que el de Sisca.

   -Incómoda, molesta. ¿No has pensado que podrían acusarle de valerse de su posición para hacerte cualquier perrería de las que a veces hacen los hombres a las chicas jóvenes?

   -Pero Zaca no es un hombre, solo tiene unos meses más que nosotras.

   -No seas burra, Juli. ¿Zaca es o no es tu maestro?, tenga la edad que tenga.  

   -Lo es, y también el tuyo. Y tú hablas mucho más tiempo con él del que lo hago yo. O sea, que quien le pone mayormente en una situación embarazosa eres tú, no yo.

   -Hablo mucho con él porque le ayudo en la escuela, pues soy la que da la clase de costura y… -Sisca se ha ido calentando en la medida que Lía ha ido recusando sus argumentos, y explota- porque me sale de las narices. Para algo soy la que algún día heredará el Mas. A ver si te enteras de una puñetera vez. Aquí la que mando soy yo y tú no eres más que la hija de unos sirvientes de mi abuela y mis padres. Y si quieres seguir siéndolo, no te queda otra que callarte, agachar la cabeza y decir: sí, Sisca, haré lo que mandes, dejaré en paz a Zaca. Y si no me obedeces, los Ariza sobráis en el Canònge. ¿Te ha quedado claro?

   -Lo que tú digas, ama –responde Lía con gesto compungido, pero al que desmiente el rabioso fulgor de sus ojos. Sabe que esta batalla dialéctica la ha perdido, pero no está dispuesta a perder la guerra de ser la preferida por Zaca.

   Que Lía haya aceptado a regañadientes la imposición de Sisca no acaba de convencer a la pubilla. Por eso cavila que soluciones podría adoptar para solventar el problema de una vez por todas. Piensa que lo más drástico, pero quizá más eficaz, sería que los Ariza dejaran de trabajar en el Canònge, y se marcharan del Mas, pero rápidamente se da cuenta de la de teclas que tendría que tocar para conseguir su despido. Tendría que inventarse un motivo muy gordo como causa de la expulsión; quizá podría valer lo de que Anselmo es un rojo, pero sospecha que es algo que su abuela sabe, aunque hace como si no lo supiera. Y en el caso de que encontrara otra causa para echarles, y suponiendo que convenciera a la abuela que los expulsara, debería tener la aquiescencia de sus padres, y siempre habría que contar con la postura que adoptaría Valerio, tío de Anselmo. Y es perfecta conocedora de que el día a día del Mas descansa en gran medida sobre los hombros del Mayoral. Por lo que duda mucho que aunque se demostrara que algún Ariza ha hecho una grave fechoría, ni su abuela ni su madre ni siquiera su padre estarían dispuestos a prescindir, no solo de Valerio sino también de Concha. Por consiguiente, lo de la expulsión de los Ariza la descarta. Tendrá que buscar soluciones menos radicales y la primera que se le ocurre es la de recortar, en la medida de lo posible, el tiempo que Zaca y Juli están juntos. Las horas de clase de la sesión de mañana son intocables, pero en las de la tarde cree que tiene margen de maniobra para acortarlas. Juli, que es habilidosa con la aguja, le ayuda en la llamada clase de costura que ella da a las masoveritas, con lo que también suele coincidir con el muchacho por la tarde. Ahí sí podría intrigar para que ello no ocurra. Cuantas menos  oportunidades tenga su amiga de hablar con Zaca, menos veces podrá tontear con él, pues es lo que está ocurriendo. Y decide utilizar una trama, mezclando verdades y mentiras, encaminada a que Juli tenga otras ocupaciones después del almuerzo, de manera que no pueda asistir a la escuela en la sesión vespertina.

   -Abuela, ¿a qué no sabes lo que ayer me enseñó Concha? La receta del arroz a banda. Es muy fácil, aunque según ella el arroz es muy puñetero y nunca es seguro que te vaya a salir bien.

   -Con la experiencia de Concha y la buena mano que tiene, casi estoy por asegurarte que si sigues su receta al pie de la letra te saldrá más veces bien que mal. Y me alegro de que continúes empeñada en aprender a guisar. No por que vayas a necesitarlo, sino porque algún día también tendrás que mandar en la cocina. Y para mandar hacer algo de forma adecuada es necesario saber cómo se hace.

   -Por cierto, me di cuenta que Concha tiene más trabajo del que puede hacer, y desde que Pili la ayuda menos, al tener que ocuparse de las tareas que yo hacía antes de dedicarme a la escuela, el tiempo se le queda corto. Alguien tendría que echarle una mano, sobre todo a mediodía.

   -No lo creo necesario. Concha es mucha Concha y puede con todo.

   -Eso quizá fuera antes, pero los años no pasan en balde y Concha ya no es una jovencita. Me he fijado que de vez en cuando tiene que sentarse unos minutos para recuperarse y eso es señal de que comienzan a pesarle los años.

   -No sabía eso. Y me extraña que ni ella ni nadie me lo haya comentado.

   -Ni te lo comentará. Ya sabes lo orgullosa que es.

   -Me agrada mucho que muestres tanto interés por nuestra gente. Así es como debe comportarse la futura ama del Canònge. Y volviendo a Concha, ¿crees de verdad que le hace falta alguien que le eche una mano en la cocina?

   -Estoy convencida que sí, abuela. Y hasta sé quién podría hacerlo, pues ya va siendo hora de que comience a ayudar en la casa, Juli.

   -Pero Juli va a la escuela del Bachiller y estudiar y trabajar al mismo tiempo son bastante incompatibles –la abuela, quizá porque la chiquilla lleva su nombre, tiene aprecio a Juli. 

   -Hace unos días lo estuve hablando con Juli y me comentó que por las mañanas le gustaría seguir yendo a la escuela, pero que por las tardes podría saltarse la clase de costura porque en lo tocante a las labores de aguja lo hace tan bien o mejor que yo.

   -Bueno. Lo hablaré con Pili y con Concha a ver qué opinan. Y en cuanto a la propia Juli estoy de acuerdo que cuanto antes comience a trabajar, antes aprenderá a manejar una cocina como la nuestra. Y gracias, hija, por interesarte por nuestra gente. Vas por el buen camino para aprender lo que el día de mañana, cuando seas la mestresa, tendrás que saber mandar.

   Tras la conversación con su nieta, Julia no se lo piensa más. En los masos es costumbre que los hijos de los masoveros comiencen a ayudar a sus padres o a servir a sus patronos más pronto que tarde. La inmensa mayoría de niños masoveros, si están escolarizados en cuanto acaban la enseñanza primaria, que suele ser sobre los doce años, empiezan a realizar tareas más o menos secundarias, pero que forman parte del trabajo cotidiano. La adscripción a alguna tarea auxiliar incluso se hace antes de cumplir los doce. Por eso, que Juli comience a ayudar a un adulto, en su caso a Concha, sería visto por el resto de los residentes del Canònge como algo natural. Ser hija de unos sirvientes le lleva también a serlo en un futuro cercano. La maquinación urdida por Sisca da la impresión que va a tener un final feliz para la pubilla, y quizá no tanto para la hija mayor de los Ariza. La situación forma parte natural de la estructura social de los masos: están los que mandan –los dueños- y los que obedecen –los sirvientes-. Y en tanto, el enfrentamiento entre las dos muchachas por los mal reprimidos celos de la que manda se ahonda y recrudece. Y el resultado parece ineluctable: Sisca, gana, Lía, pierde. Y mientras tanto, Zaca en el limbo. Algo raro, pues es buen observador y no se le suele escapar una, pero parece que no es así en lo que atañe a sus amigas.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 94 de la novela “El masover” titulado: Res non verba