martes, 31 de marzo de 2026

“El masover”. 66. De la publicidad

    A raíz del diálogo que Zaca tuvo en la cocina del Mas con la señora Concha, Valerio ha invitado a Zaca y Sisca a merendar la tarde del domingo. El matrimonio Ariza-Castán vive en una de las dos casitas que hay enfrente de la puerta principal de la masía. Es una vivienda modesta y chiquita, pero limpia y ordenada. Consta de una sola planta, con una cocina-comedor, un aseo, un dormitorio y un cuarto que es un poco de todo: trastero, despensa y cuarto de estar. Tiene un tejado a dos aguas en el que campea una chimenea. El mobiliario es parco y algunos de los muebles se nota que han sido construidos artesanalmente. En el recinto reina una sensación de orden y funcionalidad. La decoración también es escasa. Hay dos cuadros: uno con la imagen de la Virgen del Pilar y otro con una reproducción de la Última Cena. Un calendario con una pintura de Julio Romero y varias fotografías enmarcadas de diversos pasajes de la vida del matrimonio.

   A la hora de la merienda, la señora Concha saca una fuente de cerámica de Alcora con rajas de salchichón, lonchas de jamón, de lomo embuchado y cuñas de queso, amén de unas rosquillas de anís en otra fuente. El señor Valerio aporta una jarra de clarete que deposita en la mesa de la cocina, dependencia que ocupa la mayoría del espacio de la vivienda.

   -¿Te gusta el vino, mocete?

   -No me disgusta, pero bebo poco. Padre dice que el vino es para los hombres de pelo en pecho y yo todavía tengo poco.

   -Me parece natural, pero un dedito no puede hacerte daño. Y este clarete de Burgo de Osma es de los que entra sin pedir permiso.

   -¿Y ese tablero que hay pegado a la pared qué es?

   -¿Eso? La perezosa. Si la desengancho se convierte en una mesa. Así se puede comer al lado de la lumbre sin que haya que levantarse.

   -¿Dónde han comprado este queso?, está muy rico.

   -¿Dónde lo vamos a comprar? Lo ha hecho la señora Concha. Ahí tienes el entremijo donde lo hace –dice, señalando un rincón donde hay una mesita baja y larga, de tablero con ranuras, y cercada de listones.

   -¿Y por qué está inclinado?

   -Para que, al hacer el queso, escurra el suero que sale por una abertura que tiene en la parte más baja.

   -Nunca he visto como se hace el queso. Me lo quiere contar, señor Valerio, si no es molestia.

   -Eso quien mejor te lo puede contar es mi parienta, que es una artista manejando el entremijo.

   Concha asiente y cuenta al joven como fabrica el queso casero. Se hace principalmente mezclando la leche con cuajo, más limón o vinagre, y luego separando la cuajada del suero para prensarla y dejarla reposar. El proceso varía según el tipo de queso que se desea obtener, pues no son lo mismo los quesos blandos que se escurren en tela que los más duros que se prensan y secan al sol.

   -Si no le importa, señora Concha, ¿podría darnos más detalles? Porque así se lo podría referir a mi madre que es muy aficionada a hacer conservas.

   A la señora Concha no parece haberle molestado la insistencia del chico y retoma su explicación ahondando en los detalles de la elaboración quesera.

   -Lo primero es el cuajado. Se calienta la leche dos o tres veces para eliminar impurezas y se añade un coagulante como cuajo animal, zumo de limón o vinagre.

   -Perdone otra vez. ¿Qué es el cuajo animal?

   -El cuajo de origen animal es una sustancia que se extrae del cuarto estómago de crías rumiantes lactantes, como terneros, corderos y cabritos. Contiene una sustancia que es clave para la coagulación de la leche; es decir, para separar la cuajada, o parte sólida del suero, de la parte líquida, permitiendo la elaboración del queso. Acabado el cuajado, se deja reposar la mezcla durante una media hora para que la leche se solidifique y forme la cuajada. Luego, se la corta en trozos para formar el grano del queso y después se recoge la cuajada en un paño de lino o cáñamo. Una vez recogida la cuajada, se la coloca en un molde y se prensa, a veces usando un peso encima o con personas sentadas aplicando presión para extraer el suero restante. Finalmente, el queso se sala y luego se deja reposar en un lugar fresco y húmedo, como una bodega o una cueva, para que se seque y madure. Y fin de la explicación.

   -Gracias, señora Concha. Acaba de darnos una lección magistral sobre la elaboración del queso. Si no le importa, vendré un día con papel y lápiz para tomar nota del proceso y así se lo podré enviar por carta a madre.

   -Habrás visto, parienta, que el mocete, además de bien hablado es un pelota de mucho cuidado –proclama, socarrón, Valerio. Zaca no se inmuta por la pulla del mayoral y sigue con sus interminables preguntas.

   -Y el salchichón, supongo que también está hecho en el Mas.

   -Naturaca. Comprar, lo que se dice comprar, solo compramos las cosas que no podemos hacer. Las cosas de comer, salvo el pescado y alguna que otra chuminada, las hacemos en la masada –es Concha quien sigue respondiendo al joven.

   -¿Y aquí qué se hace en invierno? –Es la nueva pregunta de Zaca cambiando de tercio.

   -Un poco de todo. Labores no faltan –Valerio ha tomado el relevo de su esposa en las respuestas.

   -Y si se pone a nevar o a llover, ¿qué hacen?

   -Verlo caer. Me refiero a la nieve o la lluvia. Y a esperar que escampe, pero no estamos mano sobre mano, en una masía siempre hay labores que hacer bajo techado. De hecho, hay días lluviosos que trabajas más que algunos días soleados.

   -¿Puedo repetir de queso? –pregunta el muchacho, tan modoso como siempre.

   -Come, hijico, come. No te cortes. La abuela dice que hay que lograr que vuelvas al pueblo con una arroba de más -responde Concha.

   -Señor Valerio, creo que no ha terminado de contarme todo lo mucho que sabe de las masías. Al menos, hay cuestiones que sigo sin saberlas. Le cito una a modo de ejemplo: ¿el emplazamiento se hace al buen tuntún o responde a motivos lógicos?

   -Más bien lo último. Excepto las masadas que están en llanuras abiertas, la necesidad de encontrar un abrigo del viento dominante explica su ubicación. También la proximidad de agua, de bosque, si lo hubiera, y la calidad de las tierras, son factores determinantes de su situación. Generalmente, las masadas siempre están orientadas al sur, no sólo para aprovechar el sol en todas las estaciones, sino como protección contra los vientos procedentes del norte.

   -Al viento del norte en Torreblanca lo llaman tramontana.

   -También en esta zona. En Aragón lo llamamos cierzo, en Cataluña mistral, y viene del noroeste. Debido a esos vientos, que son fríos y secos, en el lado norte de los masos no hay ventanas y de haberlas son pequeñicas, mientras en el resto de fachadas las ventanas son estrechas, para protegerse del calor en verano y el frío en invierno. Otro viento dominante en estas comarcas es el levante o llevant, como lo llaman aquí, que es el procedente del este.

   -¿Cuál es el origen de las masías? –el guion de la charla vuelve a cambiar.

   -No tengo ni idea. Solo sé lo que me contó Julia. Me explicó que proceden de los romanos que construían villas en el campo donde podían desarrollar una vida saludable y tranquila, de acuerdo con la naturaleza. Y evolucionaron desde hace siglos como unidades autosuficientes que producían fruta, grano, leche, carne, vino, aceite, tejidos, y a menudo miel, gusanos de seda y un largo etcétera. En las masías no solían vivir los dueños, sino los masoveros, familias que explotaban la propiedad en régimen de usufructo y atendían a los propietarios en sus visitas. Era común que varias generaciones de la misma familia vivieran juntas en la misma masada, lo que reforzaba los lazos familiares y preservaba las tradiciones.

   -Y en cuanto a su construcción, además de lo que ha dicho sobre su orientación a mediodía, ¿hay otros rasgos que los caracterizan?

   -Pues sí. En las masadas más antiguas y de mayor porte, la puerta de la fachada principal suele tener un gran arco de medio punto formado por dovelas labradas en forma de cuña. Algunos masos de la costa, que se construyeron hace siglos y han aguantado hasta hoy, para defenderse de las incursiones de piratas y corsarios incorporaron torres de defensa y ventanales, especialmente pequeños y elevados. En cuanto a la distribución interior de las masías se suelen seguir estas pautas. En la entrada, suelen estar las herramientas, las cribas, los sacos y unos bancos para sentarse. A un lado del rectángulo central está la cocina que, como te contó Concha, concentra la vida de la masía, sobre todo durante los meses en que no se pueden realizar actividades en el exterior. Su posición varía: en las zonas ganaderas la cocina aparece en el primer piso, al lado de la sala; en las zonas de cultivo, se encuentra a menudo en la planta baja. De la entrada arranca una escalera que conduce a la primera planta, que incluye la sala, las cámaras y, en algunos, la cocina. En esa primera planta, el rectángulo del centro es la sala; al lado están los dormitorios. La sala está amueblada con las cajas, las cómodas, a veces un sofá de espadaña, un espejo, unas sillas y el reloj de caja. En el segundo piso suele estar el granero. El tejado, a dos aguas, suele tener pendiente suave. Delante de la casa, mirando al exterior, suele haber algún árbol frondoso para aprovechar su sombra en verano y poder echar una buena siesta.

   Aprovechando la pausa que ha hecho el mayoral para echarle un tiento a la bota de clarete colgada del respaldo de una silla, Zaca formula una observación.

   -Pero esa distribución de las masías que acaba de contar, señor Valerio, no es la del Canònge.

   -Es que el Canònge es una masada relativamente moderna. Según Julia, data de mediados de mil ochocientos y pico…

   -Después de la segunda guerra carlista –agrega Sisca, en la que es su primera intervención, pues hasta el presente ha permanecido silente.

   -En efecto –ratifica Valerio, que añade-, Paquita debe saber más que yo de la historia del Mas, pero termino: el Canònge se construyó con otros criterios que los de los masos más antiguos. Por cierto, ya que he citado a la abuela. Parece que te la has metido en el bolsillo. Dice que, a pesar de tus pocos años, tienes una buena cabeza y que está muy contenta de que seas el maestro de Paquita. Veo que has hecho caso de lo que te conté en nuestro viaje al Mas, que a quien había que ganarse era a la vieja y tú parece que has conseguido en una semana lo que a mí me costó un porrón de años. La leche que te dieron mocete. Eres la rehostia.

   Tras acabar la merienda y finiquitar el coloquio con los Ariza, los dos jovencitos abandonan la casa. Como queda tiempo para la cena, se dan un garbeo por los alrededores del caserón mientras comentan algunos extremos de lo que les ha contado el matrimonio Ariza-Castán.

   -Así que la señora Concha se apellida Castán.

   -Sí. Es muy maja. Cuando era niña me pasaba mucho tiempo con ella en la cocina. También es una de las personas más bondadosas que conozco, además de que guisa de maravilla.

   -¿Y no tienen hijos?

   -No, creo que ella estuvo encinta varias veces, pero ninguno llegó a término, abortó.

   Al día siguiente, lunes, Zaca se incorpora al grupo de masoveros que van al mercat del dilluns de Castellón. En esta ocasión, va tomando notas mentalmente para apuntalar los argumentos de su idea de que el Canònge venda productos de otras masías. La venta de este lunes ha sido razonablemente buena. Han vendido el contenido de los dos garrafones de aceite que tenían y hubieran vendido más, pues además de la clientela habitual se ha notado la asistencia de veraneantes de El Grao y, sobre todo, de Las Villas de Benicásim. Algo de lo que Zaca ha tomado buena nota.

   El muchacho recuerda que debe incrementar sus conocimientos sobre la propaganda, por lo que, tras pedir permiso a Paca, se acerca a la librería de Ballester a ver si tienen algún libro sobre publicidad. No encuentra ninguno. Visita la librería del otro hermano Ballester, la que está en la Placita de la Paz, donde tampoco encuentra lo que busca. En esta última, le sugieren que quizá en la librería de Armengot, en la calle de Enmedio, puedan tener algo. Así es, y adquiere un pequeño opúsculo, traducido del inglés, titulado Lo que debe saber sobre publicidad. Ahora, se dice, será cuestión de leerlo a ver si saco algo en limpio que me pueda servir para el Mas.

   Por la tarde, ya en el Mas, se entrega a la lectura del librito sobre publicidad[CM1]  de un autor norteamericano. No acaba de entenderlo todo, pues hay abundantes términos que desconoce y que ni siquiera encuentra en el diccionario ilustrado de Sopena, pero recopila algunas ideas básicas. Una es que para crear una publicidad efectiva se han de  considerar aspectos como: el público objetivo, el mensaje, el diseño, y los canales de difusión. Lo del público objetivo lo tiene claro: la gente que va a comprar al mercat del dilluns. Lo que no acaba de entender es que haya que investigar las necesidades y motivaciones de los clientes potenciales. En cuanto al mensaje, se queda con un principio: resaltar las principales características y beneficios del producto o servicio a vender. Respecto al diseño anota que hay que usar colores llamativos. Otro concepto que anota es la publicidad en periódicos, radios locales y vallas publicitarias. Finalmente, subraya otras ideas en forma de preguntas: ¿Qué me diferencia del resto de negocios? ¿Qué me hace especial? ¿A quién deseo llegar? Ahora es cuestión de pensar en todo ello y como aplicarlo a las ventas del Mas en el mercat del Ribalta.

   En la cena, nota la ausencia del mayoral y pregunta por él. Concha le dice que Valerio está de viaje sin aportar más datos. El martes madruga y acompaña a Sisca en el mantenimiento de los animales del corral. A lo que no le ayuda es a ordeñar las vacas, pues en esa tarea ha demostrado que es un incompetente. En el desayuno sigue notándose la ausencia del mayoral. Sisca le informa que, al parecer, Valerio está haciendo una ronda de visitas a algunas de las masías más importantes de las poblaciones vecinas de Benlloch. “¿Será que la abuela piensa poner en práctica la idea de vender productos de otros masos?”, se pregunta, pero no sabe la respuesta, pues Julia no ha vuelto a conversar con él desde que le contó lo de ampliar la venta en el mercat del dilluns. Aunque se inclina a pensar que lo más probable es que Julia no mueva un dedo porque lo de los cambios quizá no entre en su pensamiento. Sería mucho pedirle a una mujer tan mayor como ella. “¡Y a mí qué! -se dice-, al fin y al cabo cuando termine agosto me iré y, si te he visto, no me acuerdo. Y que espabilen los masoveros si también quieren convertirse en comerciantes. Aunque no sé si lo de la publicidad llegarán a entenderlo, es un concepto demasiado moderno para una gente como los masoveros que, en muchos aspectos, siguen viviendo en el siglo pasado”. Y con ese final da, por ahora, carpetazo a la cuestión publicitaria, en espera del momento en que tenga que sacarle el polvo, algo que puede ocurrir en cualquier instante.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 67 de la novela “El masover” titulado: Tormenta de ideas

 [CM1]

martes, 24 de marzo de 2026

. Post info. Reparación de un errror

Estimados lectores. Hoy he cometido un error al colgar en el blog el episodio correspondiente a este martes, 24 de marzo. Debía de haber publicado el episodio 64, titulado "Lía", y no el que lleva por título "De la caza con parany i piqueta",  que es el episodio 65. Procedo a colgar el mencionado episodio 64. La consecuencia es que en vez de un episodio, este martes se publican dos. Mis disculpas por el cambiazo. Supongo que son los errores propios de un nonagenario. El autor.

“El masover”.65. De la caza con parany i piqueta

     Anoche, Zaca se quedó con ganas de preguntar a Sisca, el porqué de su indolente actitud en la clase de la tarde. Pensó que era algo para preguntarlo de manera privada, pero no tuvo oportunidad. En la cena, la conversación giró en torno al accidente sufrido por el pastor del rebaño de cabras. Según el médico de Benlloch, el zagal presenta una doble fractura de tibia y peroné, y el galeno los ha remitido a un traumatólogo de Castellón. El Valerio ha tenido que llamar al tío Tonellaes para que con su camioneta lleve al lesionado a la capital, donde ha quedado ingresado en el hospital provincial.

   El domingo, Zaca vuelve a madrugar para ayudar a Sisca a dar de comer a los bichos del corral. Ha aprovechado el momento en que se lavan las manos antes de desayunar para preguntarle lo que no pudo hacer anoche:

   -¿Se puede saber que te pasaba ayer en clase?

   -Que yo sepa, no me pasaba nada.

   -¿Cómo que nada? Estabas distraída y no diste ni una a derechas.

   -Ni a izquierdas. No te amola el señor maestro -La respuesta va cargada de chulería.

   La actitud de la chicuela vuelve a desconcertar a Zaca que prefiere no seguir la conversación, pues la señora Paca se ha acercado a la pileta para lavarse las manos. Espera continuar el interrogatorio por la tarde, pues esta mañana Valerio le ha dicho que le va a enseñar el parany. Zaca sabe que es un método de caza cuyo objetivo es atrapar tordos –zorzales como los denomina el mayoral- u otras aves, pero nunca ha estado en alguno, dado que no abundan, pues son costosos de construir y más de mantener, por lo que la visita le apetece un montón. El cazadero está bastante apartado del Mas, como de una horita masovera, según le dice Valerio.

   -¿Qué quiere decir una horita masovera?

   -Es una expresión que usamos los masoveros cuando hablamos de distancias. Se supone que una persona corriente tarda, más o menos, una hora en recorrer un kilómetro. Pues bien, un masovero, la misma distancia suele andarla en unos tres cuartos de hora.

   -O sea, que los masoveros andan más deprisa.

   -Eso dicen. Yo nunca lo he comprobado –Zaca se queda sin saber si el mayoral está hablando en serio o se está quedando con él.

   Del parany lo primero que le sorprende al chico es que ocupa un espacio más grande del que suponía. En el caso del que es propiedad de los Villalonga está emplazado en el área en que se levantan media docena de copudos olivos de buen porte. El mayoral se pone en plan profesoral y le explica la esencia de la trampa.
   -El parany consiste en transformar, mediante poda, árboles bien desarrollados, preferentemente algarrobos u olivos, e incorporar en sus ramas estructuras hechas con varillas impregnadas de liga o visc, un pegamento industrial, donde las aves migratorias son atraídas por medio de reclamos, especialmente en los meses de octubre y noviembre, que es cuando en esta zona emigran los zorzales u otras aves.

   -¿Esto se hace en toda España?

   -No lo creo, pero está ampliamente extendido en las regiones valenciana, catalana y también en la aragonesa.

    -Y las estructuras de las que habla, ¿de qué son?

   -Generalmente de madera, pero también pueden ser metálicas, aunque al ser más caras hay pocas.  Suelen tener forma de caja, con un entarimado donde se coloca el armazón de madera, que aquí llaman capolls, en el que se sitúan las perchas y varetas impregnadas con la liga. Todo ello se camufla  con las ramas de los árboles, enredaderas, etcétera, que dan al espacio un aspecto típico. Vamos a subir y verás lo bien que está montado.

   -Antes de subir, ¿qué es la liga?

   -La liga o visc es una sustancia pegajosa y natural para atrapar aves. Se obtiene de plantas como el muérdago o el ajonje, se unta en ramas o varas y se coloca en perchas estratégicas para que los pájaros queden pegados en ella al posarse. Tengo oído que comienzan a fabricarla de manera artificial, pero en el Mas usamos la de toda la vida. Vamos arriba.

   Por una precaria escalerita, el mayoral y el chaval suben a la parte superior del entramado y recorren los travesaños de madera que hacen el papel de pasillos entre las copas de los olivos. A Zaca le impresiona el volumen y complejidad de la construcción. Y sigue con sus preguntas.

   -¿Y sólo se cazan tordos?

   -No, aunque el parany está pensado para ellos, pero a cualquier pájaro que se queda enganchado en el visc se le aplica el dicho de pájaro que vuela a la cazuela.

   -Y parany, ¿cómo se traduciría al castellano?

   -Como trampa.

   -¿Y a los pájaros cómo se los atrae?

   -Por medio de reclamos que pueden ser otros pájaros, mejor si son hembras, o imitando el gorjeo característico de los zorzales. Durante las noches de octubre y noviembre, se activan los reclamos de zorzales para atraer a los bandos migratorios y, dependiendo de las condiciones meteorológicas, se pueden cazar muchas piezas. Prácticamente, se cogen todas las aves que acuden a posarse sobre los árboles y quedan atrapadas. En ese momento es fácil su captura al no poder volar.

   -En general, ¿cuántos árboles son necesarios para construir un parany?

   -Depende de cuánto se quiera gastar el dueño. Los poranays  pueden estar formados por un árbol o por grupos de dos a ocho, aunque los he visto de hasta casi veinte árboles.

   -¿Y a todo esto no es mucho montaje para cazar a unos pobres tordos?

   -Si uno es aficionado a la caza, la respuesta es no. Además, se ayuda a los olivareros. Los zorzales comen aceitunas como buitres, y como una bandada se pose en un olivar pueden dejarlo más tieso que la mojama. En cuanto a que el parany únicamente se utiliza dos meses, es verdad hasta cierto punto.  En la caseta que hay en todos los paranys es habitual que, a lo largo del año, se reúna el dueño, o dueños, porque a veces es de varios, del parany con sus amigos e invitados para almorzar o merendar. O, simplemente, para beber unos vasos de vino y charlar. Entonces, el parany se convierte en un lugar de encuentro como las tabernas o los cafés.

   Al muchacho, nada adicto a la caza, el método del parany no le convence ni poco ni mucho, pero como sabe que el mayoral si es cazador, solo esboza un enmascarado rechazo.  

   -O sea que esta trampa solo tiene bondades.

   -Hijico, has de saber que casi todo en la vida tiene una cara buena y otra mala o, al menos, regular. Como las monedas, que tienen un anverso y un envés. Personalmente, opino que este sistema de caza, aparte de que te tiras noches sin dormir, tiene un problema, y es que no solo quedan atrapados los zorzales, especie central en esta actividad, sino que también atrapa a otros tipos de aves, dado que el parany es un método no selectivo, y al no serlo afecta a aves cantoras, insectívoras, rapaces, etcétera. También hay que explicar que los que son paranyeros de raza cuando cazan aves que no son zorzales, si no están dañadas por la liga, las soltamos, pues no son nuestro objetivo. Recuerdo, como ejemplo, que el año pasado Anselmo cazó una curruca capirotada, pájaro que se come la cochinilla del olivo y, tras quitarle los restos de liga que tenía en un ala, la soltó.  Y¸ mocete, no me hagas más preguntas que para esta mañana creo que has cumplido con el cupo. ¡La leche que te dieron! ¿Es que no te cansas de preguntar?

   -Señor Valerio, perdone si lo he molestado con tanta pregunta, pero es mi natural, no puedo remediarlo.

   -A ver si te queda claro, en absoluto me molesta que me preguntes, pero sin excederte, pues no estoy acostumbrado a que me hagan preguntas como su fueran racimos de cerezas. Además, si uno no pregunta lo que no sabe siempre será un ignorante.

   -Menos mal que piensa así. Y lo último que ha dicho, me recuerda un proverbio chino que me enseñó el vicario de mi pueblo: Aquel que pregunta es un tonto por cinco minutos, pero el que no pregunta permanece tonto por siempre -La respuesta del mayoral es una carcajada que provoca un eco entre el entramado del paranay.

   -¡Hijico, eres la releche! Como todavía nos queda algo más de una hora, tenemos tiempo para que te enseñe la otra trampa que tenemos para cazar pájaros: la piqueta. ¿Sabes qué es?

   -Si. Una trampa como el parany, pero con agua.

   -¿Has visto alguna?, porque si es así, no hace falta que te la enseñe. Todas son muy parecidas.

   -No, no he visto ninguna.

   -Pues vamos allá.

   La piqueta o el bebedero de pájaros, como también le llama el mayoral, es una modesta trampa comparándola con el parany. Está hecha con un recipiente poco profundo, una especie de paellera vieja, semienterrada en una zona en la que existen varios frondosos árboles que dan sombra al garlito. A su alrededor hay varias rama secas y dentro del recipiente se ven algunas piedras que sobresalen del agua. A unos metros del bebedero hay una especie de chozo de la altura de un ribazo con una mirilla que apunta a la trampa.

   -En este chamizo es donde se esconde el cazador que tira de un cordel que hace caer una red sobre el bebedero y atrapa los pájaros que están bebiendo.

   -¿Y dónde están el cordel y la red?, no los veo.

   -Los guarda Juanito en su casa.

   -¿Juanito?

   -Es el único que viene a cazar alguna que otra vez. Se acuclilla o se tiende en el chozo y se pasa horas tendido, total para pillar unos cuantos pájaros. Pero el crío tiene afición y se divierte. De seguir así, será un buen cazador.

   -Esta trampa tiene poco que ver con el parany.

   -Por supuesto. Lo único que las iguala es que son trampas de cebo. En un caso, los reclamos, y en otro, el agua. ¿Qué te han parecido?

   -La piqueta es poca cosa. El parany me ha sorprendido, sobre todo por su tamaño y lo aparatoso de su construcción. A usted, Valerio, ¿qué le gusta más, el parany o coger la escopeta y el Careto y echarse al monte a por unas perdices o unas liebres?

   -No hay punto de comparación. Cazar con trampas, aunque yo lo hacía de joven, es propio de lo que llamo cazadores tripones, a los que les gusta poco pasearse por el monte. Coger la escopeta y pegar unos tiros lo hacen los cazadores de raza. Y ya está bien de cháchara. Volvamos, a ver con que nos sorprende hoy la parienta.

   En el camino de vuelta, Valerio explica al muchacho más aspectos de los masos.

   -Básicamente, las masías son casas de campo tradicionales que sirvieron como hogares y centros de trabajo agrícola para familias campesinas. Su historia y como entienden la vida están vinculados a la agricultura y la ganadería. Yo me crie en una, donde comencé mi vida laboral como porquero, para pasar a los quince años a mozo de labranza. Cuando volví de la mili, estuve trabajando de primer peón en una gran finca de Bocairente. Luego, fui mayoral en la masía más grande de Morella, hasta que Julia me propuso venirme al Canònge. Y aquí llevo un cuarto de siglo.

   -¿Hace veinticinco años la abuela ya era la que mandaba en el Mas?

   -Siempre lo ha sido, incluso cuando el señor Manuel estaba sano. Heredó la masía siendo poco más que una adolescente. Y el mando lo lleva en la sangre. No solo es la más lista, sino que comparada con los demás, es la más culta con diferencia. De niña, estuvo interna cuatro años en el colegio de las monjas de la Consolación de Castellón. Y se le nota una barbaridad. Otro día te contaré más sobre la abuela y los masos.

   -Mientras llegamos al Mas lo que podría contarme es lo que suelen hacer en los masos las otras épocas del año, pues las tareas que hacen en verano ya las conozco.

   -El otoño es tiempo de arar y sembrar. Se abonan con estiércol los bancales y se aran las tierras. La siembra se hace a partir de octubre o noviembre, aunque si el clima es seco la siembra se retrasa. También es tiempo de vendimia: de septiembre a fines de octubre. Y también el momento de recoger ciertas frutas: almendras, manzanas, cerezas, nueces, higos, maíz, patatas tardías, legumbres, judías y garbanzos. En diciembre se recogen las aceitunas. No faltan tareas con las caídas de las hojas, no.

   -¿Y en invierno?

   -El invierno es época de baja intensidad de trabajo, pero tareas no faltan. Se queman rastrojos y hierbajos, se podan árboles, se recoge leña, se desgrana el maíz, se muele el trigo y mil cosas más como limpiar los corrales y herrar los mulos. A partir de San Martín comienza la época de las matanzas.

   -¿Y en la primavera?

   -Pues entre otras muchas faenas, se escardan los campos de cereales. Se preparan campos para la siembra de patatas tempranas, tomates y judías…, y ya está bien. Eres una ametralladora preguntando, pero todo tiene un límite. Hoy lo has rebasado con creces. Ya estamos en casa, veamos a qué le metemos la cuchara hoy. Ah, ¿sabes manejar una escopeta? –Ante el gesto negativo del jovencito se explica-: Esta tarde te enseñaré a manejarlas para que cuando salgamos a por liebres o perdices no te pegues un tiro en un pie.

   Zaca ha seguido atentamente la explicación de Valerio sobre los masos y piensa que, para un hombre que ha estado casi toda su vida viviendo en las masías, el mayoral tiene una buena cultura, especialmente de ese mundo. Se dice que va a ser una buena fuente para aprender todo lo referente al entorno en que ahora vive y del que no sabía nada. Aunque dos meses no dan mucho de sí para llegar al fondo de un amplio conocimiento. Pero, por ahora, le vale, tampoco es que vaya a convertirse en un especialista en masadas. ¿Para qué le iba a servir ese conocimiento?, se pregunta y al punto se contesta: para nada.

   Después de almorzar, Zaca retoma el análisis de los seis servidores honestos de Kipling, que np ha vuelto a tocar en los últimos días. Se quedó en el quien (las personas), del que no se le ocurrió nada y ni tampoco ha tenido nuevas ideas. Por lo que ahora analiza el cuándo o tiempo. Es lógico pensar que serán los lunes los días de mayor actividad para el proyecto de vender productos de los otros masos, pero habrá que concretar otros periodos temporales como cuando recoger esos productos, cuando pagárselos a los masoveros, cuando retornar lo que no se ha vendido y… no se le ocurre más. Visto lo cual, comienza el análisis del dónde o lugar de la actividad del proyecto, pero no sigue, pues Valerio le ha invitado, junto a Sisca, a merendar a su casa. Tendrá que continuar otro día en acabar con el análisis de los seis servidores.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 66 de la novela “El masover” titulado: La publicidad