“El masover”. 87. Sorpresa: Zaca se interesa por la agricultura
Zaca se ha convertido en el gran animador de muchas de las sobremesas del Canònge, sobre todo tras las cenas porque es el alma de las mini representaciones teatrales y poéticas que alegran las noches de los masoveros, aunque ha debido de acortarlas, ya que las noches estivales son de escasa duración. El verano de 1933 se resiste a terminar y la primera quincena de septiembre el calor es casi agosteño y los campos de los alrededores del Mas son un secarral ante la preocupación de Valerio.
-Como no llueva pronto, las plantaciones otoñales tendremos que hacerlas p asado el Pilar. Está todo sequísimo.
-Valerio, eres un cenizo. Te apuesto una merienda que, antes de la fiesta de los tres arcángeles, lloverá –se burla Julia.
La apuesta la gana la abuela. El veintitrés cae el primer chaparrón, poca cosa, pero justo el veintinueve, festividad de San Miguel, San Gabriel y San Rafael –los tres arcángeles aludidos por Julia-, una clásica tormenta otoñal vierte torrenteras de agua sobre el interior de la provincia castellonense.
Como en la comarca el clima se mantiene cálido, la generosa lluvia cambia en cuestión de días los parajes que circundan la masía. La vegetación, que parecía agostada, recobra vida y en un par de semanas el verde es el color imperante en La Plana Alta. Otro efecto de la borrasca es que los calores caniculares dicen adiós y la temperatura se suaviza, lo que junto con el terreno empapado de agua, son factores ideales para el crecimiento de los cultivos, pues el suelo retiene mejor la humedad, lo que reduce la necesidad de riego constante. Aunque Valerio, que en su trabajo suele pecar de minucioso, precisa:
-Sigue siendo fundamental mantener un control riguroso del agua para evitar la saturación en caso de que vuelva a llover tan intensamente.
Las cenas otoñales del Canònge también son el foro donde se discute y se decide lo que se va a plantar en este otoño del 33. Hay dos voces principales que marcan el devenir de los debates y que son decisivas en las resoluciones finales, la de Julia y la de Valerio. Al respecto, la abuela pregunta al mayoral:
-Valerio, ¿qué vamos a plantar este otoño? ¿Lo de siempre?
-Ya sabe, Julia. Al final son sota, caballo y rey, como en el guiñote.
-Entonces, ¿no vas a tener en cuenta las nuevas demandas que nos plantean los clientes de Los Masos de la Plana Alta?
-Por supuesto, pero es algo a discutir. Y en ese debate, las vendedoras del puesto del mercat son las que nos han de ilustrar.
-Pues si es así, Paca, Pili, Paqui, Anselmo y el Bachiller tenéis la palabra –indica Julia.
Los aludidos miran a Paca como pidiéndole que sea ella la que responda. Al fin y al cabo, es la segunda en el mando.
-Pues lo de siempre: espinacas, lechugas, acelgas, coliflor, repollo, zanahorias, habas y guisantes.
-Señora Paca, no se olvide de los ajos y cebollas –agrega Pili.
-Abuela –interviene Sisca- ya van dos veces, que yo sepa, que algún cliente ha pedido brócoli y rabanitos. No sé si se plantan ahora o en la primavera.
-Bachiller, ¿y tú no aportas nada?
-Lo siento, señora Julia, pero la agricultura no es mi fuerte. Y, por consiguiente, no me atrevo a opinar.
-Si no he contado mal, son una docena los diferentes vegetales que deberíamos cultivar. Si fuera como antes que plantábamos lo que íbamos a necesitar en el Mas, tenemos campos más que suficientes para ello, pero como ahora cultivamos para vender en el mercat del dilluns, eso representa un problema, pues necesitaríamos más tierra campa de la que tenemos –plantea Julia.
-¿Me permite, señora Julia? –Zaca siempre tan respetuoso cuando se dirige a la abuela-. Una posible solución alternativa sería que los cultivos que se han citado se repartieran entre los masos asociados.
-¿Y quién es el guapo que convence a nuestros socios de que tienen que plantar esto o lo otro? Pues buenos somos los masoveros como para que venga alguien de fuera y nos diga lo que tenemos que cultivar en nuestros campos.
-Bueno. Hablando se entiende la gente. Y la propuesta del Bachiller tiene mucho sentido –indica Valerio, respaldando a Zaca.
-Y lo de convencer a los socios, si alguien es capaz de hacerlo, está en sus manos, señora Julia. A usted la escuchan, la respetan y valoran en mucho su opinión. Usted puede convencerles –afirma, rotundo, Zaca.
-¿Y tú de dónde sacas que los cazurros de mis amigos masoveros me escuchan, me respetan y me valoran? Tienes más imaginación que Calleja, o ¿es que se confiesan contigo? –se mofa la abuela.
-Ni imaginación, ni confesión. Me consta porque escucho lo que cuentan mis alumnos. Y hablan y no paran que la abuela Julia, la mestresa del Canònge, és la dona més llesta, astuta i valenta de tota La Plana Alta. Y si los chavales así lo dicen es por que se lo han oído a sus padres.
-Y tienen más razón que un santo –asevera Valerio-.O sea, Julia, que se impone convocar cuanto antes a nuestros socios para mantener con ellos un vu parlé y convencerlos de que cada uno tendrá que sembrar parte de lo que necesitará en unos meses el puesto de Los Masos.
Que Julia se ha rendido tras las intervenciones de Valerio y Zaca es un botón de muestra su pregunta:
-¿Los convocamos en el Mas?
-Para que hagan menos camino sería mejor reunirse en Benlloch. La Cooperativa agrícola puede prestarnos su sala de reuniones –aconseja Valerio.
El coloquio sobre qué sembrar en otoño le sirve a Zaca para recordar algo de lo que es consciente: su práctico desconocimiento de casi todo lo referente a las actividades agrícolas, y eso que ha nacido y se ha criado en un pueblo eminentemente agrario. “Una cosa es que no vaya a dedicarme a la agricultura -se dice- y otra muy distinta es que sea tan ignorante de cuanto atañe a lo que es el medio de vida del entorno en el que vivo”. Y decide, por primera vez en su vida, aprender, al menos la teoria, de como se desarrollan los principales cultivos de la zona de Levante. Y un buen maestro para ello puede ser Valerio. Ni corto, ni perezoso, se va en busca del Mayoral y le plantea su pretensión.
-Valerio, aquí donde me ve, soy un ignorante en casi todo lo concerniente a la agricultura. Y he pensado que usted es la persona más indicada para enseñarme, al menos, los rudimentos de las prácticas agrícolas de esta zona. Siempre que a usted le venga de cara. Si no fuera así, buscaría otro experto pero, si es possible, prefiero que sea usted quien me lo explique. Dígame si no tiene inconveniente y, cuando tenga un rato libre, podria comenzar por hablarme de los cultivos de esta época.
-Vaya, mocete. Es lo último que esperaba de tí. Con mucho gusto te enseñaré el abc agrícola de la comarca. Y me parece oportuno comenzar por los cultivos de otoño. En cuanto al mejor momento para que pases de maestro a alumno, creo que serà la media hora, más o menos, que tenemos sin una tarea concreta antes de las cenas. Vienes a casa y allí charlaremos tranquilamente. Te espero esta noche.
Tal como han quedado, aquella noche Valerio comienza a desasnar al muchacho que va camino de ser bachiller, pero que en cuanto a su saber agrícola es un ignorante, pues no sabe casi nada. Comencemos por lo más básico, las etapas o fases de un cultivo, que abarcan el proce de desarrollo de una planta desde la siembra hasta la recolección. Se dividen principalmente en preparación delterreno, germinación, crecimiento vegetativo,floración, fructificación y cosecha. Conocer estas etapas ayuda a dar el riego y los abonos necesarios a tiempo. Ah, y una pregunta: cuando estuve en La Fábrica recuerdo haber visto unos pequeños bancales en los que había cultivos, ¿de qué eran?
-En el bancal más grande, padre planta trigo, en el segundo y tercero suele plantar patatas y otros tubérculos, y en el último hortalizas.
-Entonces, si plantabais todo eso, a la fuerza has de saber cosas de la actividad agrícola.
-Pues no. Verá señor Valerio, soy el primero y único de las familias de mis padres que estudio el bachillerato y ellos se sacrifican para que algún día sea bachiller. Por eso, y porque no me gusta nada el trabajo físico, yo quedaba excluido del trabajo en los campos, que lo hacían mis padres y hasta mi hermana. Solo debía dedicarme a estudiar y a leer. De ahí que sepa muy poco o casi nada de los cultivos.
-Pues tus padres tienen todo mi respeto, pero hicieron mal, deberían haber hecho que les ayudases aunque fuera solo un poco. El saber no ocupa lugar, pero en fin… Veamos cuales son las plantas que más cultivamos en el Canònge. Los cereales, las patatas, remolachas, zanahorias y alfalfa para el ganado, y desde el asunto del mercat del dilluns verdura varia, especialmente hortalizas. A ello hay que añadir las cosechas de almendras y algarrobas y algo de uva. Comenzaré por explicarte que se suele cultivar en la comarca de La Plana Alta en otoño: las hortalizas de hoja verde; las tres que más se cultivan aquí son las lechugas, las espinacas y las acelgas. Se pueden sembrar directamente en el suelo o en semilleros desde finales de agosto hasta octubre. Son cultivos escasamente rentables por lo que los cultivamos en pequeñas cantidades.
Y antes de proseguir, dime lo que conoces de esas tres hortalizas, porque algo debes saber. Por ejemplo: ¿cómo se preparan las acelgas para comerlas?
-Creo que hervidas, con patatas y lo que se quiera añadir.
-Respuesta incompleta. Y además se pueden tomar en ensalada, en sopa, rehogadas con ajos, con bechamel, rebozadas, rellenas y como guarnición de carnes o pescados. ¿Y las lechugas?
-En casa las comemos en ensalada.
-¿Y las espinacas?
-Mi madre come muchas espinacas, pues tiene estreñimiento crónico y, según dicen, las espinacas son laxantes –recuerda Zaca-. Y las come hervidas o fritas.
-¿Qué coño es eso de laxantes?
-Un medicamento o planta que sirve para facilitar la evacuación del vientre. Lo contrario es astringente, dicho principalmente de un alimento o de un remedio: que astringe.
-Rediós, hablas como un seminarista. ¿Qué coño es astringe?
-Astringir es constreñir el vientre.
-Ves, a eso le llamo cultura: saber que hay una palabra que significa aligerar el vientre y otra que significa constreñirlo. Hay que ver, Bachiller, no sabrás nada del cultivo de la acelga, pero conoces palabras como astringente y laxante.
-Sí, pero si nos dejaran en una isla desierta mis palabras no me servirían de nada y me moriría de hambre. Usted, en cambio, con la de cosas prácticas que sabe saldría adelante.
-Astringente y laxante, jodío crio. Por hoy, basta.
Al día siguiente de la primera lección sobre algunas de las plantas que suelen plantarse en otoño, la noticia de que el Bachiller se interesa por tal cuestión ha dado la vuelta al Canònge y, posiblemente, ha llegado a otros masos. Son tan escasas las noticias que se producen en entes tan aislados y solitarios como las masías que, cuando ocurre alguna noticia, aunque sea tan irrelevante como ésta, su automática propagación está asegurada. Quien primero se lo comenta, como no podía ser menos, es Sisca que lo interpela cuando están esperando el bus de los alumnos.
-Así que piensas hacerte llaurador. Ha sido toda una sorpresa. Estaba convencida de que detestabas tanto todo lo referido a la tierra como a que te llamaran Zacarías.
El muchacho echa una larga mirada a Sisca. No sabe si está hablando en serio o se está quedando con él. La duda dura el tiempo que la muchacha contiene la risa. Aclarada la situación, Zaca le cuenta el motivo principal que ha tenido, y que sigue teniendo, para llenar un vacío cultural y social que tenía que restañar.
-La abuela diría aquello de que el saber no ocupa lugar –Sisca recuerda uno de los dichos que suele repetir Julia,
-Y eso, en este caso, es lo de menos. Lo importante es que no podía seguir ignorándolo casi todo de unas prácticas que se han convertido en el factor más decisivo del ambiente en el que ahora vivo. Mi desconocimiento de lo referente al mundo agrícola podía justificarse en el contexto en que se desarrollaba mi vida en el pueblo. Pero viviendo en el Mas, llevando las cuentas de sus cultivos, trabajando en Los Masos de la Plana Alta y teniendo como alumnos a un puñado de chicos que, en el noventa por ciento de los casos, terminarán siendo labradores, era una estupidez seguir ignorándolo todo del conjunto de técnicas y conocimientos relativos al cultivo de la tierra. Y he pensado que era hora de ponerle remedio a esa ignorancia. ¿Y quién mejor que Valerio para desasnarme?
En este aprendizaje de las labores agrícolas, Zaca descubre que la vida del campesino no es, ni mucho menos, una existencia tan idílica como a veces la pintan los novelistas. Algo que sospechaba, pero que no sabía con certeza, lo que no deja de ser una paradoja, pues el agrícola es el ambiente en que se ha criado, dado que Torreblanca es un pueblo eminentemente agrario, pero él ha llevado una vida encapsulado en los libros y el estudio y lo demás es como si no hubiese existido para él. Y así también descubre que la vida del labrador abarca la conexión con la tierra, el trabajo incansable de sol a sol, la simplicidad de la vida familiar y social, y las luchas contra la adversidad, la pobreza y las injusticias que en tantas ocasiones lo oprimen. A menudo, se subraya la figura del campesino como quien es testimonio de paciencia y tenacidad, marcado por el ritmo de las estaciones, y que afronta el desafío de un trabajo laborioso y, a menudo, ingrato para sobrevivir y sustentar a su familia. Asimismo, descubre que la vida campesina está profundamente ligada a la tierra, no solo como fuente de sustento, sino como un ser al que cuidar y darle cuanto pide. Y que el trabajo del labrador es esforzado y cíclico, pues la jornada laboral se extiende desde el amanecer hasta el anochecer, marcada por el trabajo físico en el campo, el cuidado del ganado y las labores domésticas. Y que de igual manera, ese trabajo ha de adaptarse al ritmo de las estaciones, con el año girando en torno a las siembras, cosechas y demás labores agrícolas. Incluso el trabajo del campesino afecta a su vida familiar y social, pues la familia se convierte en una unidad de trabajo y apoyo, donde se comparten los esfuerzos y se celebran juntos los momentos de descanso. Una vida caracterizada por la sencillez y la austeridad, con una alimentación modesta, aunque se celebren con alegría los momentos de festejos.
Zaca pone la misma voluntad y tesón en aprender la teoría de las prácticas agrícolas que en memorizar las asignaturas de cuarto de bachiller. Y no solo tiene como mentor a Valerio, también Sisca le ayuda en ese aprendizaje pues, como nacida en el Mas y aunque no las lleve a cabo, conoce las prácticas agrícolas desde niña. Un nexo más que une cada vez más estrechamente a ambos muchachos, cuyos puntos en común son más sólidos cada día. Y como dice la sabiduría oriental: una pareja de amigos dura más que una pareja basada en los sentimientos. Si eso es así, la relación de ambos adolescentes va camino de ser longeva. Y el interés del novel maestro por la agricultura le hace entender mejor a sus alumnos que algún día serán agricultores. No solo los entiende mejor, sino que llega a tomarles más cariño. Al final, Zaca no solamente está aprendiendo cosas sobre las prácticas agrícolas, sino que también aumentan sus vivencias emocionales.
PD. El próximo martes publicaré el episodio 88 de la novela “El masover” titulado: Dame pan y llámame tonto