A Zaca, que a veces es de ideas fijas, se le ha metido entre ceja y ceja el asunto de la carbonera y no deja de preguntar a Valerio que cuando se pondrá en funcionamiento.
-No tardaremos demasiado, pues contamos con la materia prima necesaria: la leña. En la última tormenta, un rayo hendió uno de los corpulentos robles del Camí de L´Atall, una partida en la que los Villalonga tienen una de sus muchas fincas. Ha habido que talarlo y en cuanto estime que la leña se haya secado lo suficiente, avisaré a los carboneros de la comarca de Els Ports para que lo corten. Y antes de que lo transformen en carbón vegetal hemos de convertir el roble en madera de tamaño adecuado para la carbonera, pues los troncos y leños no han de ser ni excesivamente largos ni demasiado chicos.
Pasan los días y el Mayoral no ha vuelto a mencionar lo de la carbonera, por lo que Zaca le sigue preguntando que cuando se hará. Un día que ha vuelto a insistirle respecto a la carbonera, Valerio se revuelve.
-Que pesadito eres, mocete. No vuelvas a preguntarme por la dichosa carbonera. Cuando vayamos a ponerla en marcha te lo diré –Al chico la respuesta del Mayoral le ha sentado mal y se queja a su paño de lágrimas que, como no, es Sisca. Lo que le dice la pubilla aún le enfada más.
-Zaquita, no debes sentirte molesto por la respuesta de Valerio. Es cierto que a veces te pasas con tus continuas preguntas. No debes de ser tan insistente. Si ha dicho que ya te dirá cuando comienzan a construir la carbonera, no debes volver a preguntarle –el muchacho sigue enfurruñado, pero acepta como buena la reconvención de Sisca.
Hasta que por fin llegan los carboneros. Valerio les ha dicho a los muchachos que el siguiente domingo los llevará a ver como se forman las carboneras. La visita se convierte en la perfecta excusa para montar una merienda campestre en la que los partícipes principales son la gente menuda del Mas: Sisca, Lía, Juanito y Zaca. En el Camí de L´Atall les espera el Mayoral que ha ido de buena mañana para ayudar a los tres carboneros de Els Ports, encargados de la tarea. Cuando los chiquillos llegan, dos de los castellfortís –o naturales de Castellfort, pueblo del Alto Maestrazgo- están seleccionando la madera y la apilan en dos montones: en uno, los troncos que formarán el esqueleto de la carbonera y en otro los palos y tacos pequeños con los que rellenarán su interior. El tercer carbonero está despejando un trozo de terreno, donde no pegue demasiado el aire para que la carbonera no se queme excesivamente rápida, hasta dejarlo razonablemente plano y sin hierbajos. Seleccionada la leña, lo que es la construcción de la carbonera comienza cuando los peones ponen una rueda vieja de carro en el suelo que servirá de plataforma. Después, van colocando cuidadosamente la leña -algo más de tres mil kilos, según les comenta Valerio- encima de la rueda y en el centro dejan un hueco vertical formando una chimenea que servirá para encender la carbonera. Poco a poco, en círculos concéntricos cuidadosamente ordenados, el montón de leña va creciendo en altura y engordando en anchura, y va tomando la forma de un cono, pero Zaca lo encuentra más parecido a un iglú esquimal, aunque el paralelismo no es el más afortunado, pues asemejar una carbonera –metáfora del fuego- con un iglú – metáfora del hielo- no deja de ser una forzada equiparación. El siguiente paso es poner paja encima de la capa de leña del exterior y finalmente echar un delgado manto de tierra para cubrir toda su superficie. Luego, ponen unas piedras medianas en el perímetro para que sujeten la tierra que han puesto encima de la paja que recubre la carbonera. Finalmente, alrededor de ésta, y a ras de suelo, ponen una corona de boj seco.
A Zaca le ha llamado la atención un detalle de los carboneros: que no es que sean morenos, es que tienen la piel oscura, sin llegar a ser negra. Comparte su impresión con Sisca que le explica el motivo.
-Estos hombres se dedican al carboneo la mayor parte del año y el polvillo que suelta el carbón acaba por metérseles en la piel, por eso dan la impresión de tenerla oscura.
-No me gustaría tener un trabajo así.
-Ni a mí. Es muy duro, solitario y hasta peligroso. Fíjate en el que lleva la boina que está a nuestra izquierda. Mírale los tobillos y los brazos.
-Los tiene llenos de cicatrices –constata el muchacho -. ¿De qué son?
-Es porque hace años se cayó dentro de una carbonera ardiendo y se quemó de cintura para abajo. Los brazos se los quemó al apoyarse para salir. Dicen las malas lenguas que también se quemó la pilila –es usar esa expresión infantil y Sisca se aturulla-. No murió por poco, pero estuvo muchos años sin poder trabajar.
Valerio se ha acercado al grupo de muchachos, lo que aprovecha Juanito para preguntarle:
-Tío, ¿la leña la colocan al buen tuntún? –Zaca le mira con gesto satisfecho, que el mediano de los Ariza haya utilizado tuntún significa que algo está aprendiendo en sus clases.
-No, Juanito. En el centro de la carbonera colocarán los mejores troncos, y en la parte más exterior la peor leña. De los primeros se obtiene el carbón más grande y grueso que es el que sirve mejor para las largas cocciones. De los segundos se extrae el llamado carbón de piconcillo que sirve, sobre todo, para los encendidos rápidos, como es el caso de los braseros.
Como tiene Valerio a tiro, Zaca formula una de sus inevitables preguntas:
-¿Cuál es la mejor madera para convertirla en carbón?
-La de encina, sin duda alguna, pues pesa más y el carbón que se obtiene es de mejor calidad. Aunque la de roble también es buena. Y en última instancia de toda la madera puede hacerse carbón.
Los materiales y herramientas que usan los carboneros son bastante más diversos de lo que pensaba Zaca, pues alrededor de la carbonera, esparcidos aquí y allá, se ven aperos y elementos tan distintos como palas, regaderas, rastrillos, azadas, hachas, paja, piedras y leña. También hay un palo de tamaño medio que mide poco menos de un metro y termina en punta. Como no sabe qué es, Zaca pregunta a Valerio.
-¿Y ese palo para qué sirve?
-Para hacer agujeros en la carbonera. Al parecer en Las Vascongadas, de donde proviene, lo llaman makila. Estos vascos usan unos palabros que no los entiende ni Dios.
-O sea, ¿que la carbonera tiene agujeros?
-Mocete, el día que después de una pregunta no hagas media docena más es que se habrá colgado algún santo en el cielo. Claro que tiene agujeros, ha de entrarle aire para que la leña pueda arder o es que no has estudiado que sin oxígeno no se produce ninguna combustión. ¿Pero que rediez estudias en el bachillerato? Las carboneras tienen un agujero principal en la parte superior por donde se meten las brasas y, cuando la carbonera coge fuerza, hay que taparlo para que no entre demasiado oxígeno y la combustión se acelere. También se hacen otros agujeros por todo el perímetro hasta casi llegar a ras de suelo para que respire. Precisamente, para eso se utiliza la makila.
-La última pregunta, señor Valerio, se lo prometo. ¿Cuándo la encienden?
-Eso de tu última pregunta no se lo cree ni el que invento la gaseosa de bolita. Pero bueno… Le prenderán fuego mañana.
-¿Puedo venir a verlo?
-Tendrás que madrugar. Comienzan en cuanto Lorenzo asome la gaita. Calcula que sobre las siete y algo.
-Madrugaré –es la contundente respuesta de Zaca.
-Entonces, mañana a las seis y media te espero en la cocina para desayunar. Si a las siete menos cuarto no estás, me iré sin ti.
-Allí estaré, no se preocupe.
Al día siguiente, con la primera luz de la aurora, Valerio y Zaca -en esta ocasión no le acompañan las chicas- parten hacia el Camí de L´Atall. Cuando llegan, los carboneros están terminando los últimos flecos del cono de leña. Antes de prenderle fuego han rezado una especie de oración a San Alejandro de Comana, patrón de los carboneros, rogándole que todo vaya bien y que no haya ninguna desgracia. “Hasta los carboneros tienen su patrono, quien lo diría”, piensa Zaca. Y uno de ellos, el que se quemó, que parece ser el jefe, coge la makila y hace unos cuantos agujeros más alrededor de su base. Hecho lo cual, con una pequeña pala coge unas brasas de la fogata en la que han calentado su desayuno, mira al Mayoral que le hace un gesto de asentimiento, sube a la estructura cónica por una ligera escalerita adosada a la pared y, a través de la pequeña abertura en la cúspide, prende fuego a la carbonera. Luego, tapa el orificio, para que el fuego vaya penetrando cada vez más abajo.
-Esa operación la repetirán muchas veces. Avivar la llama, y volver a taparla para que la leña se vaya quemando poquito a poco –comenta Valerio.
-Y los agujeros laterales que ha hecho, ¿para que sirven?
-Ya te lo dije ayer. Para conseguir que el fuego prenda por toda la pira, y no sólo en el centro. Cuando de la carbonera sale poco humo hay que hacer agujeros para que respire mejor. Cuando por los agujeros salga humo azul, significa que el carbón está hecho. Entonces, tapan los agujeros de la parte superior y los hacen más abajo hasta que llegan al suelo. Cuando se haya acabado la carbonización saldrá una llamarada entre piedra y piedra, eso indicará que el carbón se ha hecho. Entonces, taparán todos los agujeros y la dejarán descansar dos o tres días para que lentamente se apaguen los fuegos del interior.
Encendida la carbonera, Valerio mantiene un último intercambio verbal con los carboneros y se despiden de ellos. En el viaje de vuelta al Mas, donde le esperan sus alumnos, Zaca tiene ocasión de formular más preguntas sobre el tema de la carbonización al Mayoral.
-¿Y cuántos días, aproximadamente, durará la operación de la carbonera?
-La cocción costará un par de semanas, día arriba, día abajo. Es un proceso largo, peligroso y requiere cuidados constantes. Por eso, los carboneros duermen aquí y se van turnando para vigilar la carbonera las veinticuatro horas. Uno vigila y los otros dos duermen por turnos alternativos. Es un trabajo a tiempo completo.
-¿Y rinde mucho una carbonera?
-Depende de varias circunstancias, y una importante es la clase de leña empleada. Si es carrasca o roble, el rendimiento medio viene a ser de alrededor de un tercio de la leña. Es decir, por cada tres kilos de leña se obtiene uno de carbón.
-¿Y todo el carbón que se saca es para el Mas o para los carboneros?
-Una parte es para nosotros y otra para los carboneros. Y como sé que tu siguiente pregunta será como se dividen las partes, te la adelanto. Antes, cuando hacía los tratos el señor Villalonga, el Mas se quedaba con tres quintos y los carboneros con los otros dos. Cuando cogió el timón la abuela, concertó un nuevo trato, y ahora tres cuartos son para nosotros y uno para los carboneros.
-Es un trato muy desigual,
-Hasta cierto punto. Ten en cuenta que la leña es del Mas, y además un trato es un trato, si los dels Ports lo han aceptado será porque les sale a cuenta.
-Buena es la señora Julia haciendo tratos.
-Ni te lo puedes imaginar, hijico. Es más dura negociando que Isabel, la reina católica.
-¿Me avisará del día que saquen el carbón?
El aviso se lo dio Valerio unos quince días después. También tuvieron que madrugar, al parecer los carboneros son gente a la que no se les pegan las sábanas. Lo primero que hizo Pere el Castellfortí -así le dijo Valerio que se llamaba el cap de colla de los carboneros- para extraer el carbón fue subirse encima de la carbonera, usando la misma escalerita que empleó para encenderla, hacer un agujero con una azada y echarle agua con una regadera para enfriarla y después lo tapó con tierra y paja. Luego, los tres tipos de els Ports fueron abriendo la carbonera con un rastrillo separando el carbón de la tierra y esparciéndolo alrededor. Si al abrir la carbonera salía fuego o ardían trozos de carbón, los mojaban con la regadera. Una vez apagado todo el carbón los peones fueron metiéndolo en sacos de esparto. Zaca fue a coger un pedazo de carbón de un negro brillante, pero el más joven de los carboneros le gritó:
-No lo cojas, chaval o te vas a quemar. Deja que se enfríe.
Cuando pudo tocarlo, Zaca notó que el tacto del carbón era suave y relativamente blando, pues lo rayó con la uña y al tirarlo al suelo se rompió. El novel maestro pensó que la próxima lección ocasional que explicará a sus alumnos será la producción de carbón vegetal del que en las últimas semanas ha recibido una magistral lección práctica. Ahora se impone estudiar los aspectos que podrían denominarse científicos para que la lección que imparta sea completa. Para lo cual echa mano de su inseparable diccionario ilustrado Sopena. El primer concepto con el que se queda es el de carbonización, que implica quemar madera en condiciones de bajo oxígeno para producir un material combustible. Proceso también llamado pirolisis, voz que desconocía. Otro dato nuevo que encuentra es que las temperaturas de la carbonera oscilan entre 400 y 700 grados. Finalmente, también anota que al arder el carbón vegetal no solo libera calor sino también dióxido de carbono, gas que si se respira en altas concentraciones y de manera prolongada puede producir desde dolores de cabeza a envenenamiento que en ocasiones puede llegar a ser letal.
Al explicar en su día la lección ocasional a los masoveritos, Zaca descubrió que sobre carboneras todos sus alumnos sabían más que él, pues en la mayoría de masos se solía construir una casi todos los años para obtener combustible como alternativa a la leña que es el material más usado. Sus alumnos quizá no supieran que es la diéresis, pero de la vida del mundo masovero lo sabían todo. Por lo que desistió de explicar cómo se consigue el carbón vegetal. Se limitó a alertarles del peligro que encierra el dióxido de carbono. Y ahí terminó la historia de la carbonera. Otra lección más de la vida de las masías que Zaca guarda en su mochila mental. También piensa que esa lección no la hubiera aprendido en el pueblo, pues que él recuerde en Torreblanca no se montaban carboneras. Lo que le lleva a decirse que la vida en el Mas es más apegada a la realidad y a las vivencias rurales que la del pueblo. Con lo cual, el día que le toque regresar a casa tendrá un bagaje vivencial que de otro modo jamás hubiera poseído. La moraleja a la que llega es que cuando se cambia de lugar se pueden alcanzar otros conocimientos y vivencias que no se tenían. Vivir para ver, se dice.
PD. El próximo martes publicaré el episodio 92 de la novela “El masover” titulado: ¿Celos?