lunes, 14 de octubre de 2019

*** Post info 13. Una fecha señalada


   El pasado día 12, los españoles celebramos una triple conmemoración. El 12 es la Fiesta Nacional de España, también es la festividad de la Virgen del Pilar, posiblemente la virgen con más incondicionales dado que es la Patrona de España, y asimismo conmemoramos el Descubrimiento de América por Cristóbal Colón al mando de tres naos fletadas por la Corona española.
      En la historia de mi país no siempre se ha denominado al día 12 como en la actualidad. Sí se celebraba la festividad de la Virgen del Pilar, pero las otras conmemoraciones han cambiado de nombre. Antes de 1931 se le llamaba el Día de la Raza por lo del descubrimiento y no existía la llamada Fiesta Nacional que más bien era el 2 de mayo, cuando en dicha fecha de 1808 el pueblo de Madrid se levantó contra la invasión napoleónica. Hecho que inmortalizó Goya. En el 31, un pensador español, Ramiro de Maeztu, escribió un artículo que se iniciaba así: 'El 12 de octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad'. Y así se le denominó en adelante hasta 1987 cuando se prescinde de dicha denominación. En la actualidad, cuando se llama a los descubridores genocidas como poco, lo de conmemorar el Descubrimiento también ha caído en el olvido. En el fondo todo es cuestión de palabras y a esas se las lleva el viento. En cambio, los hechos ahí quedan.
    Pues bien, en fecha tan señalada y hace ochenta y cuatro años (84, lo pongo también en números para destacar lo abultada de la cifra) mi madre me trajo al mundo. Gracias, padres, ¿qué hubiera sido de mí sin vosotros? Cumplir esa pila de años te hace forzosamente reflexionar, aunque sean reflexiones muy someras. Cuando nací, la II República Española estaba viviendo sus últimos meses, ¿pero quién lo podía pensar en aquel 12 de octubre de 1935? Nueve meses después de mi llegada al mundo, comenzaba la trágica Guerra Civil española que fue el suceso que supuso un antes y un después para millones de españoles. Entonces, yo era un bebé y no recuerdo nada de aquellos tormentosos años, pero supongo que, en alguna medida marcaron lo que sería mi futuro y el de los compatriotas de mi generación.
   Sí recuerdo perfectamente los treinta y seis años de la dictadura franquista porque en su contexto me hice un hombre. Algo que digo sin vanagloriarme ni cubrirme de cenizas porque los que vivimos aquella época en España no tuvimos otra opción que arar con esos bueyes. A partir de 1975, fecha en que cumplí los cuarenta, viví la llamada Transición –hacia la democracia- y luego el juego y la lucha por el poder de los distintos partidos que ocuparon los gobiernos del país; básicamente dos: el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular. Voté a unos y a otros y al final siempre tuve la sensación de que me había equivocado. La sigo teniendo. Algo sí he averiguado, que no hay que fiarse ni de unos ni de otros, todos son especialistas en prometer mucho y en no cumplir nada, lo que viendo la serie italiana 1992 he descubierto que eso no ocurre solo en España. Como dice el inabarcable refranero español: en todas partes cuecen habas.
   Los 84 no me han aportado más sabiduría, quizá a ser algo más tolerante con las faltas propias y ajenas y, sobre todo, dolencias con las que he de convivir, y recuerdos en los que pensar; unos gratos, otros amargos y supongo que la mayoría inocuos. A la postre, a eso se reduce cumplir años.