martes, 22 de abril de 2025

El masover”. 16. El corazón tiene razones que…

Si alguno de sus amigos le llega al alma a Zaca es Joaquín Pifarré, el amigo entre mil. Y eso que más diferentes no pueden ser. No sólo físicamente, también de carácter y temperamento. Algunas cosas les igualan: los padres son empleados de compañías foráneas y no son oriundos del pueblo. Son los primogénitos y su futuro, dada la carencia de bienes raíces de sus familias, y las aspiraciones de sus padres, no parece que vaya a estar ligado al cultivo de la tierra. En todo lo demás, las diferencias son notables, pero como escribió Pascal: el corazón tiene razones que la razón no comprende.  Acaso por ser tan distintos y, a la vez,  complementarios, o por lo que fuera, lo cierto es que desde muy niños se convirtieron en inseparables.

   -¿Qué te pasa. canijo, tienes murria?

   -Madre me ha reñido porque le he pegado unas collejas a Pedrito. Me ha dicho que, como vuelva a hacerlo, vendrá el Hombre del Saco y se me llevará. ¿Tú sabes adonde lleva los niños el Hombre del Saco?

    Pifa se encoge de hombros y no contesta, porque desde muy niño ha sido refractario al Hombre del Saco, al Coco y al Tío Camuñas. El espìgado amigo de Sacarietes no le tiene miedo a nada y a nadie. Bueno, acaso un poco a su padre que gobierna la familia con mano firme.  

   Pifa no es un cero a la izquierda para los demás, como lo es Zaca. Porque tiene la voluntad de un hombre; se le tiene en cuenta en su casa y en la calle. Y es que, pese a sus pocos años, posee personalidad y un talante hiperactivo que le lleva a pelearse con frecuencia con otros chavales y casi siempre sale victorioso, aunque a veces con algún que otro moratón. De hecho, esa fue la causa por la que se hicieron amigos. La cosa ocurrió tal que así.

   Uno de los grandullones de la escuela, un tal Plácido, en el partidillo del recreo, sin que mediara provocación alguna de Zaca, le empujó y lo echó al suelo. El chico, en vez de defenderse, lloriqueó y protestó tímidamente. Cuando el abusón fue a patearlo, otro niño,  tan alto como Plácido, y nuevo en la escuela, se encaró con el atacante.

   -Oye tú, déjalo. No te ha hecho nada. Vale con el empujón.

   -¿Y tú quién eres para decirme lo que le puedo o no hacer al mierda este?

   -Uno que no le gusta que se aprovechen de los canijos.

   -¿A que te doy una mano de hostias?

   -Pruébalo, si eres tan loco.

   Fuera por el gesto decidido del chaval, erigido en defensor del caído, o por el brillo acerado de sus ojos, el abusón optó por no meterse en peleas.

   -Te puedes quedar con ese tonto del haba. Foraster tenías que ser para meterte a salvador de mierdecillas.

   Y desde ese día Pifa y Zaca son amigos. Al niño Clavijo no han vuelto a sacudirle. Tiene quien le respalda. El primogénito de los Pifarré, familia recién llegada al pueblo, ya no es un solitario. Tiene un amigo. En el dúo, Clavijo es el reflexivo, el pesimista y el analítico, y Pifa el ejecutor, el optimista y el intuitivo.

   Lo que más suelen hacer es juntarse en la Fábrica o por los alrededores del Camí de l´Estació, pues Pifa vive en la cercanía, en unas viviendas de alquiler que son conocidas como les cases barates. Y emplean la mayor parte del tiempo en conversaciones interminables en las que hablan de todo, pero las charlas más recurrentes son las historias sobre sus familias, las pelis que han visto, lo que quieren ser de mayores, las chicas que les gustan y “eso”, que no es otra cosa que el sexo, pero que ni se atreven a mentarlo por su nombre.

   -Como mi padre es factor del ferrocarril, hemos vivido en muchos pueblos. Por eso cada uno de mis hermanos ha nacido en pueblos diferentes. Lolita nació en Altea, Pepito en Buñol y yo en Chiva.

   -Pues mi padre antes de casarse también vivió en muchos pueblos. Recuerdo que estuvo en Argelita, Fanzara, Artana y alguno más que ahora no me viene a la cabeza. Pero desde que se casó no ha salido de aquí.

   -Yo, de mayor, quiero ser factor como mi padre y trabajar en el ferrocarril. Además del sueldo, puedes viajar gratis.

   -¿A cualquier sitio de España?

   -Bueno, a los sitios donde el tren es de la compañía para la que trabajes. ¿Tú qué quieres ser?

   -A padre le gustaría que fuera ingeniero o, al menos, perito. A madre que fuera médico. Lo de ingeniero no sé, pero médico no me gusta. Me da miedo la sangre.

   -Pero a ti, ¿qué te gustaría?

   A Zaca le cuesta abrirse hasta con su amigo del alma.

   -A mí me gustaría ser abogado o trabajar en las películas. Padre quiso que fuera al seminario de Tortosa, pero a mí no me hubiera gustado ser cura.

   -Anda, a mí tampoco, pero médico no me importaría. Ganan mucho dinero. Y como hablamos de gustos, ¿qué chica del pueblo te gusta más?

   -No lo sé. Todas me parecen unas birrias. Bueno, menos Milieta y Elvira.

   -¿Quiénes son?

   -Milieta a veces me cuidaba de crío y Elvira nos cuidaba cuando madre tuvo a Chimet.

   -Pero esas no valen. Si te cuidaban de crío ya deben de ser muy viejas. Me refiero a las chavalas que pasean por el Raval -Zaca es incapaz de confesar que no le gusta ninguna.

   En primavera y verano, Clavijo y Pifa suelen sentarse, al caer la tarde, en cualquier leve prominencia, algunas veces en la Pedra de la Lliura, y desde allí contemplan el negro tendido del ferrocarril y el trazo gris de la carretera que son como dos blancas estelas abiertas entre los campos de naranjos, de almendros y de huertas de tierra campa que rodean el pueblo. Pifa, dada la profesión de su padre, es un entendido en trenes y cuando pasa un convoy de pasajeros –ora hacia el norte, ora hacia el sur- va indicando su nombre: el expreso de Valencia, el correo de Barcelona, el ligeret de Tortosa, el borreguero de Tarragona. Los trenes sin nombre y sin horario fijo son los convoys de mercancías que suelen arrastrar incontables vagones.

   Les gusta contemplar el conglomerado de campos, divididos en pequeñas fincas, salpicados de casetas de campo y en el que destacan las manchas verdes de los huertos de naranjos o las manchas más oscuras de los algarrobales. Y, sirviendo de telón de fondo, el trazo azulado del mar que cierra el horizonte por el este. Muchas tardes pierden el sentido del tiempo y la noche se les echa encima. La bóveda del firmamento va poblándose de estrellas y ambos chavales a veces se enredan en diálogos sobre una suerte de filosofía astral. En estos casos es cuando a Pifa se le ocurren ideas muy raras que cuenta a Zaca, esperando que éste las resuelva.

   -Zaca, ¿qué pasaría si una de esas estrellas cayera sobre la tierra? 

   –Las estrellas no pueden caerse. Están como clavadas en el cielo.

   -¿Y tú cómo lo sabes?

   –Porque me lo ha dicho don José.

   -¿Es que tu maestro lo sabe todo?

   –Pues, seguramente, sí.

   –Sabrá de todo, pero mi padre dice que jugando al chamelo es un adoquín.

   Pifa es el que lleva a Clavijo a acometer aventuras que para el chico canijo rayan en la temeridad y hasta en la locura. Como aquella vez que le convenció de que podían darse un atracón de naranjas en el huerto del señor Ventura, encajonado entre el Camí de l´Estació y el Camí de les Marjals. Con tal mala suerte que les pilló el tío Serrano, uno de los guardias jurados de campo. Al ver el guarda que uno de los ladronzuelos era el sobrino de Daniel de Quiquet, el cabo de la unidad, en vez de llevar la pareja de asustados mocosos a la policía municipal, no dio parte y los condujo a casa del cabo para que procediera a su entender. Daniel les echó un buen rapapolvo, les conminó a no repetir la “hazaña” y los dejó que se fueran a casa. Más tarde, y personalmente, informó a los padres de la travesura de sus primogénitos.

   -Todavía me duele el culo de los cintarazos de mi padre. No vuelvo a probar una naranja ni que me la unten de miel. ¿A ti también te han sacudido?

   -Peor. Me han prohibido que toque un tebeo o una novela en quince días.

   -Vaya suerte que tienes.

   -No creas. Habría preferido que me  hubieran cascado.

   -¿Qué hacemos esta tarde?

   -Lo que quieras menos meternos en campos ajenos. 

   -Como ha llovido, ¿por qué no vamos a ver si el

  Engulidor está lleno de agua?

   -A mí el Engulidor me da miedo. Mejor vamos a la

   estación a ver pasar trenes.

   -A estas horas solo pasan mercancías. Bueno, el expreso Sevilla-Barcelona pasará en hora y media.

   Así suele transcurrir la mayor parte del tiempo de ocio de ambos chavales. Cada vez hablan más de “eso”. Pese a que es el de menor edad, Pifa es el que parece saber más de sexo. En cambio, Zaca, teóricamente el listo de la pareja, está hecho un auténtico lío.

   -Entonces, ¿las mujeres llevan los críos en la barriga?

   -No sé si en la barriga, pero por ahí en la panza.

   -¿Y los bebés como llegan hasta la panza?  

   -Eso no lo sé bien. Creo que están ahí desde que el padre los mete.

   -¿Y el padre cómo los mete?

   -Con la pilila.

   -¡¿Con la pilila?!

   -¿Tú has visto como los conejos montan a las conejas?  Pues algo parecido. Y ya está bien, canijo. Eres un plasta. Aburres hasta las ovejas. Déjalo.

      No, Zaca no lo deja. Cuando no entiende algo es incapaz de no parar hasta desentrañarlo. Pero, ¿a quién preguntar? De cuantas personas a las que suele hacerlo, no se le ocurre ni una a la que antes se moriría de vergüenza que le preguntaría sobre “eso”. Quizás Joaquinito, como hijo de médico, pueda explicárselo mejor que Pifa. Cuando lo vea le preguntaré, se dice. Como la impaciencia lo consume, se lía la manta a la cabeza y decide preguntar al único que sabe que no le va a regañar por plantear unas preguntas tan feas.

   -Esa clase de preguntas, Sacarietes, se las debes de hacer a tu madre. Ella te lo explicará mejor que nadie.

   Hasta mosén Florencio se lo ha quitado de encima. Decididamente, “eso” es algo que no debe de tener una explicación sencilla. Pero el chico no ceja. Se dice que con la de críos que hay toda la gente mayor lo debe saber. Si continúa buscando, alguien se lo contará de pe a pa… Y, finalmente, lo encuentra. Quien menos podía suponer. Su hermana Charo a la que se lo ha explicado madre, que sin embargo se lo ha ocultado a él. El hecho de que madre ha sido explícita con su hija y no con su primogénito lo sintió como una puñalada trapera. Tardó mucho en olvidarlo.

  

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 17, de la novela “El masover”, titulado: ¿Derechas? ¿Izquierdas? 

 

lunes, 21 de abril de 2025

Postinfo 21.04.2025

 

En mi último postinfo titulado: Cuando finalizan “Los Carreño”, decía que sería el 23 del próximo mayo. Me equivoqué, pues los episodios que restan estaban mal numerados. El final de la trilogía de “Los Carreño”, será el día 16 de mayo, con la publicación del episodio 100 y último. Dicho queda.

viernes, 18 de abril de 2025

Libro IV. Episodio 96. Una nueva farmacia para Ángela

   En septiembre, la familia Carreño despide a Froilán que se marcha a la Escuela Naval Militar de Marín para realizar el primer curso de la carrera de oficial de la Marina española y, al igual que sus hermanos, lo hará en el Cuerpo General. El Mosqui solo estará con Andrés en la Escuela hasta diciembre del 43, fecha en que el balarrasa de Andrés terminará el quinto y penúltimo curso, dado que es repetidor y ha perdido dos promociones. En septiembre del 43, Andrés es promovido a guardiamarina y en diciembre empieza a hacer uso de un mes de licencia debiendo examinarse nuevamente de Electricidad por no haber obtenido nota suficiente en los exámenes sufridos anteriormente. Andrés no se enmienda, sigue siendo tan mal estudiante como siempre.  

   En noviembre, Álvaro comienza su permiso reglamentario y, cuando lo concluye, ya en enero del 44, marcha a Marín por haber sido aprobada su petición para efectuar el curso de artillería de tiro naval, tal como le aconsejó el comandante Calderón. En el último trimestre del 44, por fin consigue lo que buscaba: ser admitido en un curso de la Armada a realizar en Madrid, pues es nombrado alumno para el ingreso en el Cuerpo facultativo de armas navales y, en cumplimiento de dicha orden, en enero del 45 desembarca del destructor Escaño e ingresa en la Escuela superior de Armas Navales, sita en la calle Arturo Soria, 287, de Madrid. El primer curso termina en julio; quince días antes de acabarlo asciende a capitán de corbeta, a partir de ahora los oficiales, suboficiales y marinería se dirigirán a él como mi comandante. Durante el segundo curso, que dura del 15 de agosto al 20 de diciembre, realiza un viaje de prácticas, visitando los Altos Hornos de Vizcaya, la fábrica de Wilcox y Salaberría, la fábrica de explosivos de Galdácano y la Duro-Felguera.

   En el escenario bélico, durante la primavera del 44, los Aliados han completado las preparaciones para la invasión de Francia. Se han reunido unos dos millones de hombres, entre estadounidenses, británicos, canadienses, franceses libres y polacos. Al mando figura el general norteamericano Dwight D. Eisenhower. Entre tanto, en el frente del Pacífico, los submarinos y aviones aliados atacan a la marina mercante japonesa y privan a su industria de las materias primas, por cuya obtención el imperio japonés ha ido a la guerra. Los Estados Unidos atacan Iwo Jima y, tras duros y prolongados combates, los marines conquistan la isla y sus dos campos de aviación desde los que podrán atacar Japón.

   En junio del 44 se produce una acción que resulta ser decisiva en el devenir de la guerra. El día 6, que pasará a la historia bélica como el día D, los Aliados llevan a cabo la Operación Overlord, consistente en un gran desembarco en las playas de Normandía. Los estadounidenses sufren fuertes pérdidas en la playa de Omaha, sin embargo, al final del primer día han alcanzado muchos de sus objetivos, pues Hitler creía que los desembarcos eran una distracción y el Alto Mando alemán tarda tres días en darse cuenta de que el desembarco en Normandía no era una añagaza. Los Aliados avanzan 1000 kilómetros en dos semanas, y la capital francesa es liberada el 25 de agosto.

   Ajenos a las consecuencias del día D, en Madrid los Carreño andan buscando el traspaso de una nueva farmacia para Ángela. Una vez más se topan con el problema de que, al pretender una farmacia que sea céntrica, no es fácil encontrarla. A principios de junio, encuentran una que responde a sus expectativas. Está ubicada en pleno centro de Madrid, en la calle Virgen de los Peligros, 4, que es una pequeña vía urbana que discurre entre Alcalá y Caballero de Gracia,​ prolongándose por la calle del Clavel hasta la Gran Vía. El mayor problema que tiene es que casi enfrente, en el 11, está otra botica que se anuncia con el rimbombante nombre de Farmacia Internacional. Lo que provoca una controversia entre los Carreño, unos hermanos se inclinan por comprarla, mientras otros creen que es un mal negocio. Entre estos se encuentran Jesús, Eloísa y la propia Ángela. Entre los que quieren adquirirla, está Julián que solo cuenta con la ayuda de Concha, cuyo peso en la familia es más bien liviano.

   -Tened en cuenta que, por mucho que haya ayudado en la farmacia de Gran Vía, va a ser mi primera experiencia profesional y dudo ser capaz de soportar la rivalidad con la otra farmacia cuyo titular lleva un montón de años al frente de la misma – Ángela justifica así su voto negativo.

   Julián requiere la opinión del resto de hermanos que no están en Madrid. La primera que contesta es Pilar que no duda en alinearse con Julián y cuando Jesús le explica la negativa de Ángela, que será la titular, Pilar les ofrece una salida en la que no habían pensado.

   -¿Y por qué Ángela ha de ser forzosamente la titular? Podéis hacer lo siguiente: tú te quedas de titular en Gran Vía, Ángela que se haga cargo de San Bernardo y mi título usarlo para Peligros.

   -¿Y crees que Julián, que ya conoce a la clientela de San Bernardo, se avendrá a ir a Peligros?

   -¿Se lo habéis preguntado?, ¿no?, pásame con él, por favor.

   Tras un breve diálogo, Pilar convence a Julián de que, con la experiencia que tiene acumulada, es el más indicado para hacerse cargo de la farmacia de Peligros. Aun así, los que se oponen a la compra continúan sin dar su brazo a torcer. Visto lo cual, esperan a que los marinos den su opinión. Tanto Andrés como Froilán se abstienen de opinar, lo dejan en manos de lo que decida el primogénito. Cuando desde Marín llega la opinión de Álvaro sobre la compra de la nueva farmacia se resuelve el dilema en un visto y no visto.

   -No quiero discusiones, la propuesta de Pilar me parece la más inteligente, en consecuencia, compradla y a su frente que se ponga Julián -Parafraseando la coloquial expresión: lo dijo Blas, punto redondo; para los Carreño es lo dijo Álvaro, punto final.

   El año 45, tras comprar la tercera de las farmacias, y por consejo de Luis Verdú, los Carreño deciden poner algo más de orden en el follón que tienen con los títulos. En la farmacia de Gran Vía, que todavía sigue a nombre de Pilar y tras una compraventa ficticia, queda como titular Jesús; la de San Bernardo, cuyo titular era Jesús, la ponen a nombre de Ángela; y finalmente, la de la calle Peligros funcionará con el título de Pilar, aunque será regentada por Julián. Este ha tenido la fortuna de contratar a un mancebo, llamado Nicolás, que se revela como un dependiente con una extraordinaria habilidad elaborando fórmulas magistrales, por lo que la mayoría de las fórmulas que recetan los médicos del distrito Centro terminan en la farmacia del número 4 de Peligros.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 97. La perfumería de Gran Vía