viernes, 1 de diciembre de 2017

29. Vas a quedar más suave que una malva



   Anca ha dicho en el hostal que le ha venido la regla, que es muy dolorosa y que no está en condiciones de trabajar. Tras abandonar el trabajo, Curro la recoge para llevarla a El Pinar de Alcossebre, que es otro de los restoranes al que su novio nunca ha querido invitarla. Desde Torrenostra toman el Camí del Campàs en dirección norte, un camino rural que va paralelo al mar y que finaliza en Alcossebre. Anca, que parece conocer bien el terreno, le va explicando los lugares más significativos del recorrido.
-A estos dos chalés se les conoce en el pueblo como los de Cardona, aunque ese señor solo es propietario de uno, el otro es de un italiano que se apellida Bergonzoni.
   A continuación pasan ante una pequeña colonia en cuya entrada  se ve un palmeral medio seco.
-¿Ves cómo esas palmeras se están muriendo? Pues así están en el resto del pueblo. El culpable es un insecto que se llama el picudo rojo que penetra en su interior y que termina matándolas. Ah, la miniurbanización se llama Els Margallons y solo tiene cuatro villas.
   A poco más de un quilómetro aparece a su derecha un viejo y destartalado caserón.
-Esta es la casona de El Campás, como ves es muy antigua. Aquí, según cuentan, es donde querían instalar la casa social del campo de golf “Doña Blanca” que estaba proyectado construir en estos terrenos.
-¿Un campo de golf en estos terrenos?. ¿Y cuándo van a construirlo?
-No se sabe. Desde hace unos ocho años está todo parado. Es una historia enrevesada de la que solo conozco trozos sueltos. Quien se la sabe al dedillo es mi padre. Si algún día llegas a conocerle pídele que te la cuente, le encanta contar esas batallitas.
   A unos pocos cientos de metros tras dejar la finca de El Campàs entran en una riera de la que la joven rumana le ilustra:
-Esta es la desembocadura del río San Miguel o Cuevas, que de río solo tiene el nombre pues está casi siempre seco. Y se me ha olvidado señalarte que en uno de los recodos que hemos pasado antes comienza el término municipal de Alcalà de Xivert que es el pueblo al que pertenece Alcossebre.
-O sea, que Alcossebre es a Alcalà lo que Torrenostra es a Torreblanca.
-Sí, pero ahí se acaban los parecidos. Alcossebre es quince o veinte veces más grande que Torrenostra y tiene muchos más veraneantes. Y así como en Torrenostra solo hay el hostal en el que estás alojado, en Alcossebre hay un montón de hoteles, hostales y residencias.
   En cuanto llegan al núcleo urbano, Anca le va dirigiendo por las estrechas calles. Rodean la Plaza de las Fuentes toman una calle de doble dirección, festoneada por palmeras que, como explica la joven rumana, se llama la Avenida Manila que termina en la Plaza Tanduay, allí giran a la izquierda para coger la calle Malentivet que sube haciendo eses por la ladera de la Sierra de Irta hasta que desemboca en la calle Isla Mancolibre donde está ubicado el restaurante. El establecimiento, sito a unos trescientos metros sobre el nivel del mal, tiene unas vistas espectaculares pues se ve toda la llanura que está al sur de la Sierra d´Irta.
   De entrantes han pedido carpaccio de gambas con un aliño muy suave que han servido con rebanaditas de pan tostado, mantequilla y un pequeño cuenco con un sucedáneo de caviar. Luego esgarraet, un típico plato valenciano hecho con pimientos rojos asados, bacalao en salazón, ajo y aceite de oliva. Por cortesía de la casa les invitan a erizo de mar gratinado que a Anca le encanta porque no lo había probado nunca, aunque en opinión de Curro, que se les da de gourmet, quizás tiene un exceso de bechamel. Como plato fuerte han pedido arroz con cigalas y almejas que Curro encuentra francamente exquisito.
   Después del sabroso almuerzo, Anca se empeña en que tiene que enseñarle el paraje de la Ermita de Santa Llúcia i San Benet que está a unos cientos de metros del restaurante y desde la cual se avistan las Islas Columbretes, el Prat de Cabanes-Torreblanca, el Desierto de Las Palmas y, en los días claros, hasta el Cabo de San Antonio en Alicante. La muchacha le explica que la iglesia, toda blanca, es de estilo barroco valenciano y su parte posterior pudo ser una torre más de la red de atalayas de vigilancia costera para prevenir los ataques de los piratas berberiscos durante los siglos XV y XVI. La ermita tiene adosado un edificio, antiguo hostal con habitaciones para peregrinos, establos para caballerías y dos pozos para calmar la sed de caminantes y romeros.
-¿Y cómo sabes tú tantas cosas de este paraje, chiquilla? –pregunta Curro sorprendido.
-No tiene ningún misterio. Varios amigos de mi novio son aficionados al cicloturismo y frecuentan esta ruta regularmente porque la ascensión cuenta con pendientes del 20 por ciento de desnivel. Vicentín me ha traído montones de veces.
-Así que tu noviete le da a la bici.
-¡Quia!, subimos en el coche. ¡Pues no es cómodo ni nada Vicentín como para darle a los pedales! Ahora, vamos a bajar y te enseñaré el puerto de Alcossebre, verás que mono que es.
   Salazar piensa “que aplicarle el adjetivo mono a un puerto tiene su guasa, pero vamos a ver que entiende esta criatura por un puerto mono”.
   El puerto deportivo de Alcossebre, le explica Anca, se denomina de Las Fuentes por los manantiales de agua dulce que manan en la orilla y en su interior. A Salazar, que conoce bien la mayoría de los puertos de la Costa del Sol, tanto los atracaderos como los barcos que están amarrados le parecen poca cosa, pero visto el interés que muestra la muchacha se deshace en elogios sobre las instalaciones portuarias que en realidad son más bien modestas, aunque sí funcionales. El puerto está configurado en dos zonas distintas: la primera, exterior, abierta al uso general, y la segunda, interior y orientada al este con amarres vinculados a los apartamentos edificados a la vera de los muelles. El puerto está resguardado del levante, viento dominante en la zona, por un rompeolas con la bocana mirando al sur. El número de pantalanes no debe llegar a los trescientos y el calado de la dársena, por lo que calcula Salazar a ojo, debe de estar en los tres metros por lo que no hay amarrados yates de gran porte.
   Durante el paseo han ido cogidos de la mano y en un determinado momento, Curro la ha cogido por la cintura sin que la joven le haya puesto impedimento alguno. Cuando el hombre desliza la mano más abajo, Anca le para los pies.
-No seas tan lanzado, Curro, compórtate. Parece que eres un chaval de quince años. Te recuerdo que tengo novio.
   Curro, que a medida que pasan las horas se ha ido excitando más, pretende que vuelvan al parador de la nacional 340 en el que se acostaron el día que comieron en Can Roig, pero Anca se niega en redondo. Le repite una y otra vez que está comprometida, que una flor no hace primavera y que aquel día es que se le fue la olla. Y, por si faltaba poco, como Vicentín se llegase a enterar de que se le ha entregado, con lo celoso que es sería capaz de hacer cualquier locura. El hombre no se da por vencido e insiste una y otra vez. Como machista que es, está convencido de que las mujeres tan fogosas como Anca cuando dicen no puede ser una negativa, pero en algunas ocasiones quizá pueda entenderse como un ya veremos. Lo que hace Curro, que se las sabe todas, es cambiar de registro e implorar sus favores a la joven. Esta lo ve tan derrotado, parece sentirse tan necesitado y presenta un estado tan lastimoso que decide hacerle un último favor.
-Bueno, Curro, está bien. Razón tiene mi patrona cuando dice que el que la sigue la consigue, pero tendrá que ser uno rapidito. Llevarás preservativo, ¿no?
-No te preocupes, controlo muy bien. Me retiraré a tiempo.
-De eso nada. De las llamadas retiradas a tiempo está el mundo lleno de críos. Mira, no vamos a follar, pero vas a quedar más suave que una malva. –Y sin más le baja la cremallera del vaquero.
   Casi anocheciendo se presenta Vicentín en casa de Anca hecho un basilisco. Una chica del pueblo le ha contado que ha visto a su novia paseando con un foraster por el puerto de Alcossebre. Tienen una bronca descomunal. Vicentín le dice que como se entere de que le está poniendo los cuernos es capaz de cometer una barbaridad, que es de él y solo de él. Como se pone muy pesado e insiste una y otra vez en que le diga con quién paseaba, Anca tiene que contarle la verdad; más bien media verdad. Paseaba con un huésped del hostal, un hombre muy mayor, recalca, que es muy buena persona y que al ver lo mal que se sentía la ha invitado a almorzar y la ha llevado a Can Roig, donde han comido de categoría. Después, como ha manifestado que le gustaría conocer el puerto se han acercado y han estado paseando por el mismo. No ha pasado nada más.
- No tienes motivos para estar celoso -concluye Anca.
   Vano intento, el joven está inmerso en el infierno de los celos y cuando te hundes en el mismo es harto difícil escapar de él. La bronca termina con una admonición de Vicentín que es tanto una advertencia como una intimidación.
-Nada de paseos con otro hombre, por muy viejo que sea -e insiste entre enérgico y amenazante-. ¡Recuérdalo, eres mía y solo mía!

PD.- Hasta el próximo viernes

miércoles, 29 de noviembre de 2017

*** Editadas mis tres primeras novelas



   Quizá debí hacerlo en su momento, pero lo dejé pasar. En el pasado mes de mayo la Editorial Ópera Prima/Edición Personal, Madrid, publicó mis tres primeras novelas que forman una trilogía cuyo escenario es mi pueblo natal, Torreblanca, Castellón, España.
   La primera, “Las dos guerras de Aurelio Ríos” (395 págs.), narra la tranquila vida de un pueblo valenciano hasta que se conoce el golpe militar de 1936. Así comienzan dos guerras diferentes: una, con la República, otra con el franquismo y en las que el protagonista, que no toma partido ni empuña un fusil, es acusado de fascista por los republicanos y de rojo por los golpistas. La historia se desarrolla al compás de la contienda hasta el sorprendente y dramático final. El relato y los personajes son imaginarios, pero hay episodios reales que testigos que los vivieron se los contaron al autor.
   La segunda, “La pertinaz sequía” (423 págs.), retrata la época tras la Guerra Civil en que la hambruna auspicia la aparición del mercado negro y de sucedáneos como boniatos por pan o gasógeno por gasolina. Describe un país en el que solo manda el dictador, pero donde las luchas por el poder son frecuentes. Es una sociedad con una moral hipócrita en la que la pertinaz sequía sirve al Régimen para ocultar sus insuficiencias. La historia y los personajes son imaginarios, pero hay episodios reales que recuerda el autor, entonces un adolescente.
   La tercera, “Apartamento con vistas al mar” (383 págs.), relata los años del boom y la crisis de la construcción en la costa mediterránea. A través de dos jóvenes y de la variopinta gente de su entorno vemos como fueron la cara y la cruz de una época en la que la burbuja inmobiliaria creó riqueza y empleo, pero fomentó el monocultivo económico, una rampante corrupción política y el incremento de una vieja lacra: la droga. Solo es real el escenario, la trama y los personajes son imaginarios, pero a veces se parecen a gente que todos hemos conocido.
   Las novelas pueden pedirse a la Editorial Ópera Prima: edicionpersonal@edicionpersonal.com

viernes, 24 de noviembre de 2017

28. Lo que tú digas, carita de ángel



   Ajenos naturalmente a todas las maquinaciones que se están desarrollando en Sevilla respecto al recién descubierto paradero de su nuevo compañero de dominó, Luis Álvarez y sus invitados están de enhorabuena porque al fin ha llegado el que completa el cuarteto de jubilados, Amadeo Ballarín. El exferretero les está contando que le ha sido complicado salir de Huesca dejando allí a su mujer, hija y nietas. Solo se alegra de haber perdido de vista al plasta de su yerno de quien echa pestes y venablos.
-Cada día me resulta más cargante y disimulo peor lo que me cuesta soportarle. Siempre ha sido un gilipollas insufrible y por si faltaba poco ahora se ha convertido en un independentista furibundo, de los del Espanya ens roba y Catalonia is not Spain. Hasta ha puesto una estelada en el balcón. Era lo que me faltaba.
-¿Qué es una estelada? –pregunta Álvarez, Dios sabe con qué finalidad, porque conoce perfectamente que la estelada, la estrellada en castellano y que plagia a la bandera cubana, es la enseña que enarbolan los secesionistas catalanes, en contraposición con la senyera o bandera de Cataluña que es la tradicional de los Reyes de la Corona de Aragón a la que pertenecía el Condado de Barcelona.
-No preguntes cosas que ya sabes, Luis –le replica tajante Ballarín que le tiene tomada la medida a su amigo.
-Pero sí creo recordar que tu yerno no tiene apellidos de raíz catalana y ni siquiera nació en Cataluña –puntualiza Ponte.
-Así es, se apellida García López y nació en Úbeda, provincia de Jaén, pero se ha hecho más catalanista que el mismísimo presidente del Barça. Es un claro ejemplo del inmigrante que se convierte en catalán para que no le digan que en el fondo no es más que un charnego andaluz reconvertido al catalanismo. Maldito sea el momento en que se casó mi hija con ese pazguato.
-Bueno, Amadeo, olvídate del soplapollas de tu yerno –le consuela Álvarez-. Ahora vas a estar un par de semanas sin tener que aguantarle.
-Triste consuelo –y cambiando de tema comenta-. Supongo que me habréis echado en falta, al menos para el dominó.
-Claro que te hemos echado de menos, pero no para el dominó. Salvo el día que llegamos hemos jugado todas las tardes. Nos hemos agenciado un cuarto que ya te presentaremos.
-¿Alguien del pueblo?
-¡Qué va! Es un forastero que está veraneando aquí y que parece buena gente –le explica Álvarez-. Y no juega nada mal.
-Buena gente lo parece, pero no le gusta que le hagan muchas preguntas –agrega Ponte.
-Puedo añadir que lo de buena gente habrá que verlo –matiza Grandal-. A mí me da en la nariz que no es trigo limpio, no sé por qué, pero esa impresión me produce. Ah, y se tima con una de las camareras del hostal donde se aloja. No sé si es un simple flirteo veraniego o son juegos de los que terminan en la cama.
-Eso quiere decir que todavía está en edad de echar alguna cana al aire.
-Sí, aún no debe necesitar Viagra. Rondará entre los cuarenta y los cincuenta tacos.
-Bueno, dejémonos de cháchara y démosle tiempo a Amadeo para que se dé una ducha, se cambie y luego salimos a tomarnos unas copichuelas –sugiere Álvarez.
   Esperaban ver a Curro en la cafetería del hostal para presentarle a Ballarín, pero no lo encuentran. Desconocen que está muy ocupado en consolar a Anca. A primera hora de la mañana, cuando la joven rumana le hizo la habitación vio que tenía los ojos enrojecidos y algo abotargados, señales evidentes de que había llorado y mucho. Le preguntó que le pasaba y la muchacha contestó que se lo contaría más tarde cuando hiciera un receso en el trabajo. Por eso Curro no ha aparecido, está en plan de galán experimentado intentando consolar a la joven camarera.
-Pero, bueno, ¿qué te ha pasado, reina, por qué esos ojazos están cómo están? Dime quien ha sido el culpable del disgusto que se va a enterar de lo que vale un peine.
-¡Quién va a ser!, el cabrito de mi novio. No sé cómo, ha descubierto que le mentí el día que estuvimos en Can Roig y no veas la que me ha montado. Me ha llamado de todo menos bonita. Hasta ha habido un momento en que creí que me pegaba. ¡Qué berrinche me he llevado! –se lamenta la muchacha que vuelve a lloriquear.
-No llores, princesa, que se me parte el corazón. Yo, de ti, lo mandaría a hacer puñetas. Una preciosidad como tú se merece alguien mucho mejor que el soplagaitas del Vicentín de los cojones.
-No creas, lo he pensado más de una vez, pero mientras viva aquí me da no sé qué romper con él. Además de que a mis padres les daría un disgusto enorme si rompiéramos también está lo de que es uno de los mejores partidos del pueblo. Sus padres tienen fincas que valen una millonada y Vicentín es el hereu, todo será para él. Y si nos casamos podré vivir como una señorona y darme todos los gustos que quiera.
-Si es por dinero aquí estoy yo para lo que quieras. No te voy a mentir, yo no tengo fincas, pero lo que los ingleses dicen cash, es decir billetes uno encima del otro seguro que tengo muchos más que el chiquilicuatro de tu novio. Conozco bien a la especie a la que pertenece tu Vicentín. Son los clásicos ricos de pueblo que tienen muchas fincas, muchos solares, la tira de bienes raíces, pero que a la hora de la verdad el saldo de su cuenta bancaria es una puta mierda. Y tú lo que necesitas es un hombre hecho y derecho con billetes de quinientos como para asar a una vaca –y dicho eso le enseña un rollo de billetes de ese valor-. Lo que tienes que hacer es dejar de una vez al mierda de tu novio y venirte conmigo  y entonces sí que vivirás como una reina –termina Salazar sin pensar mucho en lo que está diciendo.
-No digas lo que no sientes, Curro. Apenas si nos conocemos y además tengo la impresión de que eres un ave de paso. Las mujeres buscamos seguridad y sé que Vicentín me la dará, aunque eso suponga que tendré que aguantar sus ataques de celos, pero el que algo quiere algo le cuesta. Lo que si voy a hacer va a ser castigarle donde más le duele. Dentro de un rato voy a decirle a la jefa que me siento mal porque me ha venido la regla y me voy a largar. Por eso se me ocurre que si quieres puedes invitarme a comer, solo a comer eh.
-Eso está hecho, bocadito de nata, ¿dónde quieres que te lleve?
-Hay otro restaurante al que el agarrao de Vicentín me ha prometido mil veces que me llevaría y que todavía estoy esperando que lo cumpla.
-Pues suelta por esa boquita que me trae loco que te llevo donde tú quieras.
-Tendrás que reservar mesa porque siempre suele estar lleno.  
-Dime como se llama y hago la reserva ahora mismo.
-Se llama El Pinar y está en Alcossebre, en lo alto de un monte de la Sierra d´Irta. Tiene unas vistas increíbles, me han dicho que en los días muy claros se puede ver hasta Ibiza. También tiene fama de buena cocina, creo que está hasta en la Guía Michelín. La única pega es que es un poco caro, pienso que por eso no me ha llevado el rácano de Vicentín.
-Rácano, celoso, broncas, menudo novio te has buscado. ¿Crees de verdad que un tipo así te hará feliz?
-Para serte sincera, a veces tengo mis dudas, pero es lo que dice mi madre: no hay nada que endulce más una relación que un buen fajo de billetes. Y Vicentín es o será de los que va a tener el riñón forrado, aunque como es tan ahorrativo no se le da nada bien lo de manejar los dineros, pero cuando nos casemos le voy a enseñar cómo darles aire.
   Curro está tentado por momentos en poner a la joven frente a sus contradicciones: nunca habla de que esté enamorada de su novio, ni siquiera de que le gusta, solo cuenta que algún día será muy rico y que sí se casan lo que piensa hacer con tanto dinero. Por otra parte, le pide que la invite a comer pero remarcando que solo a comer, aunque Curro tiene la sospecha de que si le pone la mano encima la joven es lo suficientemente fogosa como para que terminen la jornada metidos en la cama. “¡Mujeres!, ¿quién acaba de entenderlas?”. En vez de ese fútil razonamiento, dice algo más pragmático:
-Voy a buscar el teléfono del restaurante y ahora mismo llamo para reservar.
-No hace falta, aquí tengo el número, anota –Al parecer, Anca lo tenía todo pensado.
-Bien, ¿quieres que encargue algún plato en especial?
-Me han comentado que preparan un arroz con bogavante y un arroz del señoret riquísimos y también que tienen unos entrantes estupendos.
-Pues eso está hecho, princesa. A mediodía vas a comer en El Pinar lo que te apetezca. Todo me parece poco para la boquita más dulce que he probado en mi vida. Faltaría más. Y después, si quieres, nos acercamos a la zona del puerto que me quisiste enseñar el otro día y del que guardo un recuerdo inolvidable.
   La muchacha hace un mohín picaresco como recordando el apasionado encuentro que tuvieron, primero en una ladera de la Sierra de Irta y luego en un parador de carretera, pero en esta ocasión quiere dejar las cosas claras y reitera:
-Pero que conste, solo iremos a comer, eh. No te hagas otras ilusiones –repite Anca dando a entender que lo que pasó el día de Can Roig no volverá a suceder.
-Lo que tú digas, carita de ángel, lo que tú digas –replica Curro, aunque lo que está pensando es” ¿Me la llevaré al huerto esta vez o se va a hacer la estrecha?”.

PD.- Hasta el próximo viernes.