martes, 17 de mayo de 2016

27. Mucho arroz para tan poco pollo



   A Bernal y Atienza la noticia del hallazgo del furgón blindado les ha cogido en sus domicilios. Bernal está lidiando con su hijo más pequeño que se muestra inapetente, mientras los hermanos mayores ven la televisión y su esposa ultima la preparación de la cena. Atienza está delante de los fogones cocinando una merluza rebozada con guarnición de guisantes, al tiempo que su compañero de piso y de cama se esmera en preparar un coctel de frutas. Es Bernal quien toma la iniciativa y llama a su compañero:
- Juan Carlos, ¿sabes lo del furgón?
- Hace unos minutos me han llamado los compañeros de Fuenlabrada.
- ¿Nos vamos para allá?
- Bueno… - Atienza duda -. Es ya muy tarde, Eusebio, y no creo que solucionemos nada yéndonos ahora Si no tienes inconveniente creo que lo podíamos dejar para mañana a primera hora.
- Desde luego, el furgón no se va a mover de allí. De acuerdo, nos vemos mañana.
   Al día siguiente, los dos policías se dirigen a Fuenlabrada. En la comisaría local de la policía nacional les informan que el hallazgo se ha producido por una auténtica carambola. En una de las operaciones que la policía desarrolla contra el blanqueo de capitales, en este caso de las mafias chinas, se han registrado varias naves de comerciantes orientales en el polígono industrial Cobo Calleja. Dicho polígono es el principal centro importador y distribuidor en España de productos fabricados en China. En una de las naves registradas, los agentes encuentran un furgón que lleva en las portezuelas y en los laterales el logotipo de una empresa que transporta los artículos chinos a bazares de todo el país. Al principio, no se le da ninguna importancia al vehículo, es uno de los muchos que utilizan los comerciantes del polígono. Hasta que uno de los inspectores se da cuenta de que no es la habitual furgoneta dedicada al pequeño transporte, para esa tarea no era necesario blindarla. En un segundo momento se descubre que los logotipos de los laterales han sido pintados no hace demasiado tiempo y, un dato más interesante aún, las placas de identificación pertenecen a otro furgón que yace en el desguace hace años y la documentación del vehículo es más falsa que un billete de tres euros. De ahí a identificar el furgón como el que transportaba el Tesoro Quimbaya ha sido una tarea sencilla.
- ¿Y qué coño hacía el furgón en la nave de una empresa china de Fuenlabrada? – se dice Bernal en una pregunta que es más retórica que otra cosa.
- En el atestado de los compañeros que han llevado a cabo la investigación se afirma que el dueño ha declarado que lo compró de segunda mano al dueño de un desguace que hay en Humanes de Madrid.
- ¿Crees que el chino dice la verdad? – pregunta Bernal.
- Tendremos que interrogarle a ver si sacamos algo en claro.
   El interrogatorio del comerciante chino, a través de un intérprete porque el oriental apenas si balbucea unas pocas palabras en español, no aporta nueva información. Ratifica su primera declaración de que lo compró al dueño de un desguace sito en el pueblo de Humanes. El Dúo Sacapuntas se desplaza a dicha localidad para interrogar al propietario del cementerio de automóviles. El interrogatorio al que someten al dueño del centro de despiece automovilístico se centra en averiguar a quien le compró el furgón blindado. No sacan nada en limpio. El industrial del desarme de vehículos les da la rocambolesca versión de que lo compró a unos gitanos que le dijeron que lo habían encontrado abandonado en un descampado cercano adonde ellos acampaban, que hasta tenía las llaves puestas, pero sin documentación alguna. Lo único que admite el patrón del desguace es que le puso las placas de otro furgón que había desguazado y que falsificó la documentación. De los gitanos solo sabe eso, que eran de esa etnia, pero no conoce sus nombres ni donde pueden vivir. Los policías no se creen esta versión, pero no consiguen que el chatarrero se salga del guion.
- Este pozo está seco – sentencia Bernal -. A este fulano ya no le vamos a sacar nada más.
- Todavía nos queda algo por investigar. A lo mejor por ahí tenemos más suerte.
- ¿Te refieres al “artista” que pintó los nuevos logotipos en el furgón? Yo también lo he pensado, pero soy pesimista. Como nos metamos a buscar en la maraña de empleados y subcontratados que trabajan para los chinos nos podemos perder en un océano de conexiones que nos harán perder mucho tiempo y que, a buen seguro, no nos llevarán a ninguna parte.
- Posiblemente tengas razón, Eusebio, pero el negativismo tampoco nos aportará nada. No podemos descartar cualquier pista por nimia que sea. Tampoco tenemos tantas como para desperdiciar esta – responde Atienza.
   A rebufo de la policía van los vejetes convertidos en detectives. Grandal los ha llamado para informarles de las escasas noticias que ha conseguido recabar sobre el hallazgo del furgón.
- El furgón ha sido encontrado en el polígono industrial Cobo Calleja de Fuenlabrada. Estaba en el almacén de uno de los muchos chinos que tienen allí sus comercios.
- Si los chinos también andan metidos en lo del robo, ¡aviados estamos, eso va a ser mucho arroz para tan poco pollo! – sentencia Álvarez poniéndose castizo.
- No te pongas pesimista, Luis, que no es para tanto. Por ahora parece que los chinos no tienen nada que ver. Compraron el furgón al dueño de un desguace de Humanes que a su vez se lo compró a unos gitanos.
- Entonces, ¿a quién tendríamos que investigar, a los chinos, al chatarrero o a los gitanos? Inquiere Álvarez.
- De entrada, yo descartaría a los chinos y al del desguace. Creo que deberíamos centrarnos en los gitanos puesto que son los primeros de esta cadena y que, por tanto, son los más cercanos a los atracadores o a quienes pudieron tener algún contacto con estos.
- Si hay que investigar a unos gitanos eso es casi más difícil que hacerlo con los chinos. Como ha dicho antes Luis es mucho arroz para tan poco pollo. ¿Vosotros sabéis lo difícil que es sacarle a un calé la verdad como no quiera contarla? – Ballarin que es quien ha hecho la pregunta parece tan pesimista como Álvarez con los chinos.
- Manolo, ¿te acuerdas del suceso de los robos de cobre en Móstoles que fue precisamente cuando nos conocimos? – pregunta Grandal a Ponte.
- ¿Los robos de cobre? Ah, claro. Me había olvidado de ese asunto. Si la memoria no me falla eran los García Reyes los que manejaban el cotarro – Ponte está recordando.
- A ver, chicos, hacednos partícipes de vuestros recuerdos porque Amadeo y yo no sabemos de qué coño estáis hablando – exige Álvarez.
- Es una vieja historia…
   Grandal explica que en la década los ochenta hubo una auténtica plaga de robo de cables de cobre en los tendidos eléctricos que la compañía Hidroeléctrica, en la que trabajaba Ponte por entonces, estaba llevando a cabo en las nuevas urbanizaciones que, como setas en otoño, aparecían mes tras mes en el pueblo de Móstoles que por entonces registraba el mayor índice de crecimiento urbano de toda Europa. Grandal estaba destinado en la brigada de robos y a raíz de las denuncias puestas por la empresa fue cuando conoció a Ponte. Pese a las exhaustivas investigaciones realizadas por la policía y al reforzamiento que la compañía eléctrica hizo en su propio sistema de seguridad y vigilancia los robos siguieron. La situación cambió cuando alguien sugirió una idea que en principio parecía un tanto descabellada: contratar como vigilantes a familias gitanas de las que estaban afincadas, más bien temporalmente, en las zonas chabolistas de los alrededores. A dicha medida Grandal se opuso frontalmente, mientras Ponte fue uno de sus valedores. Medida que acabó adoptándose. El resultado fue espectacular: los ladrones del cobre desaparecieron de la noche a la mañana. Y Ponte se ganó unos nuevos amigos, entre ellos la interminable parentela de la familia García Reyes que fue una de las que hizo posible el fin del latrocinio cuprífero.
- ¿Y tú crees, Jacinto, que los García Reyes podrían ayudarnos a encontrar a los presuntos vendedores del furgón? – pregunta Ponte.
- A mí, desde luego no me ayudarían. Para ellos solo sigo siendo un madero que, después de los picoletos, es lo más bajo de la raza humana, pero si se lo pides tú es posible que accedan a echarnos una mano. Fuiste tú quien les dio el curro de la vigilancia, no solo a ellos sino a casi toda su parentela. Y los calés tendrán muchos defectos, pero también son de los que saben devolver los favores recibidos.
- ¿Y dónde podríamos hacernos con ellos?

viernes, 13 de mayo de 2016

26. Han encontrado el furgón blindado



   El Confidencial del 26 de noviembre trae como noticia principal: Los críticos del PSOE de Madrid lanzarán su asalto al poder tras el Comité Federal. Estos periodistas o no se enteran o se trata de rellenar la portada, piensa Ponte. Saben mejor que yo que en cuanto los afiliados madrileños huelan que el partido puede formar gobierno se pondrán todos, como un solo hombre, detrás de quien les pueda garantizar la mamandurria. Como en cualquier otro partido, vamos. La primera foto pertenece a otro tema muy diferente: El saqueo del deporte español. Aquí lo de meter la mano en el cajón del pan se ha convertido en toda una epidemia, hasta entre los deportistas, se dice el viejo. Hay otra foto en la que aparece Felipe VI y cuyo pie es: Una lección del Rey a los políticos: “manca fineza” y falta grandeza, le merece un único comentario en voz alta: bonito titular. Otra de las fotos que le llama la atención es una composición del mapa de España y dos rótulos de calles, aunque es mucho más expresivo el pie: Franco aún vive en 317 calles de toda España; José Antonio, en 373. ¿Las habrán contado de verdad?, piensa. La última información en la que posa sus ojos es una curiosidad: ¿En un paso de cebra tiene preferencia el ciclista o el vehículo? Buena pregunta cuya respuesta no conozco, habrá que leer la información.
   Ponte está firmemente decidido a que no le vuelva a pasar lo del día anterior. Además, hoy lo va a tener más fácil porque los jueves el museo abre de forma continuada desde las nueve y media hasta las siete de la tarde. Por tanto, va a poder comer a su hora habitual y echarse una pequeña siesta sin mayor riesgo. De todas formas, decide ser precavido y no tomar un almuerzo de los que inducen a que la siesta sea más prolongada.
- Felisa, hoy quisiera una comida ligerita. Tengo cosas que hacer luego y no debo estar demasiado pesado.
- ¿Una comida ligera? ¿Qué le parece una sopita de cabellos de ángel y un filete de pollo? Recuerde que la médica de general le ha recomendado que coma poca carne roja.
- Estupendo.
- ¿Comerá a su hora o la adelanto?
- No, comeré cuando siempre.
   Antes de las siete, Ponte ya está en los alrededores del museo esperando la salida de su objetivo. Piensa que seguramente cogerá el metro para volver a casa y las dos estaciones más cercanas son la de Islas Filipinas, de la línea 7, o la de Moncloa, desde la que puedes acceder a las líneas 3 y 6. Esta última que es la circular es, posiblemente, la que tendrá más posibilidades de ser la utilizada. 
   El vigilante de seguridad, al que ha de seguir, tras salir del museo toma la llamada ruta verde que discurre por lo que era el antiguo tendido de los raíles del tranvía Moncloa-Paraninfo en dirección a la calle Princesa. No anda excesivamente aprisa por lo que el viejo puede seguirle sin mayor problema. Doble contra sencillo que va a coger el metro, se dice Ponte. En efecto, el tipo entra en el Intercambiador de Moncloa y se dirige a tomar la línea 6 del metro en dirección sur. El viejo se mete en el mismo vagón que su presa para estar más seguro de no perderle. Esa línea suele estar siempre muy concurrida lo que le ayuda a pasar desapercibido. Además, ¿quién va a pensar que un vejete está siguiendo a un hombre al que le dobla la edad? Lo que le fastidia es no poder sentarse, todos los asientos están ocupados. Antes, piensa, alguna de las personas más jóvenes se habría apresurado a cederme su asiento, pero en los tiempos que corren esas buenas costumbres han desaparecido. Ahora, si eres viejo, te jodes y aguantas. En la siguiente estación, Argüelles, se puede sentar. ¡Menos mal!, se dice, porque la línea 6, que da la vuelta al corazón de la ciudad, puede ser muy larga en función del destino al que vayas. En la siguiente parada, Príncipe Pio, su perseguido se apea. Ponte hace lo mismo y de pronto se da cuenta de que se le puede plantear un problema. El Intercambiador de Príncipe Pío es punto de inicio, terminal o de paso de varias líneas de autobuses de la Empresa Municipal de Transportes, pero también conecta las líneas de autobuses interurbanos que acceden a Madrid por la carretera de Extremadura, los trenes de Cercanías Renfe de las líneas C-1, C-5 y C-10 e incluso líneas de autobuses de largo recorrido. El dilema lo resuelve con rapidez: decide que le seguirá si coge un bus de la EMT, pero que si sube a un coche de cercanías o de otros puntos más lejanos lo dejará ir.
   El inexperto detective tiene suerte, su objetivo se pone en la cola que aguarda el bus de la línea 25 de la EMT en dirección a la Casa de Campo. Ponte es uno más de los que está en la cola, justo tres personas detrás del trabajador del museo. Cuando sube al coche el viejo se sienta en uno de los asientos reservados para minusválidos, embarazadas y ancianos que está libre. Apenas si se ha sentado se da cuenta de que ha cometido un error de principiante: esos asientos están en la parte delantera del autobús y desde esa posición no podrá ver en que parada se baja su perseguido. La solución que adopta, algo que jamás haría un profesional del seguimiento, es sentarse de medio lado y mirar hacia atrás cada vez que se abren las puertas traseras del vehículo para que desciendan los pasajeros. El bus toma el Paseo de la Virgen del Puerto hasta llegar a la intersección con la calle Segovia donde gira a la derecha para franquear el río Manzanares por el Puente de Segovia, al final del cual tuerce a la izquierda incorporándose al Paseo de la Ermita del Santo. En una parada del paseo, cerca del cruce con la Vía Carpetana, es donde se apea el objetivo.
   Mientras el perseguido espera que se ponga verde el semáforo para cruzar la calle, el viejo da unos pasos como dudando de hacia dónde ir. En cuanto se enciende la luz verde, el objetivo cruza a la otra acera, anda como unos cuarenta o cincuenta metros y se adentra en una calle de las que conducen directamente al río. Ponte, que no conoce muy bien el barrio, se dice que como la vía sea muy larga hay muchas posibilidades de que el tipo se pueda dar cuenta de que le sigue pues por los alrededores no se ven otros viandantes. Otra vez tiene suerte, el hombre se mete en la calle San Conrado, un callejón que debe tener poco más de cien metros y que termina en la Avenida del Manzanares, paralela al mismo río, y entra en el tercer portal de la derecha. Ya sabe dónde vive, ahora solo tiene que mirar en los buzones que hay en la entrada para ver si alguno de ellos corresponde a uno de los nombres de los presuntos sospechosos. Enseguida encuentra el nombre que busca, Obdulio Romero. Ya tiene localizado al objetivo que le asignó Grandal.
   Ponte se vuelve al Paseo de la Ermita del Santo a coger el bus para volver a casa con la satisfacción del deber cumplido. Acaba de llevar a cabo su primer trabajo detectivesco y, en su opinión, lo ha hecho francamente bien. Grandal podrá sentirse satisfecho de su cometido. Piensa en llamarle desde el autobús, pero decide que será mejor hacerlo cuando llegue a casa pues con el ruido de fondo y su creciente sordera no se manejará muy bien con el móvil. En cuanto llega a casa se quita la ropa de calle, se pone el pijama y encima una bata y llama a su jefe en las tareas detectivescas. Tiene que hacerlo un par de veces más porque el teléfono de Grandal no para de comunicar. Al final desiste, ya le llamará mañana.
   El teléfono de Grandal está ocupado porque el excomisario está intentando localizar a alguno de sus muchos amigos que están todavía en activo en la policía para que le den más información sobre un soplo de un antiguo subordinado que le ha llegado en forma de WhatsApp con un mensaje lacónico:
- Han encontrado el furgón blindado.

martes, 10 de mayo de 2016

25. ¡Con estos mimbres menudo cesto haremos!



   El ABC del 25 de noviembre lleva como noticia en su primera portada la composición fotográfica de dos aviones y un gran titular: Rusia y Turquía torpedean la resolución internacional al yihadismo. Mal enemigo se han buscado los turcos con los rusos y más con el Putin ese que actúa como si fuera un zar de los de antes, se dice Ponte mientras pasa a la segunda portada. No acaba de convencerle el nuevo formato que desde hace cierto tiempo, no recuerda cuanto, tiene el periódico. Eso de las dos portadas, la fotográfica y la informativa, por llamarla de alguna manera, no le gustan. Supongo que lo habrán estudiado, piensa. Es una manera de diferenciarse del resto de los demás diarios. En esa segunda portada la noticia   internacional que destaca el periódico es: Asesinados doce militares en un atentado en Túnez, noticia que poco le inspira al viejo por repetitiva. Otro titular de internacional con tipografía más pequeña dice: Macri quiere que Cristina Kirchner le facilite una transición de poder ordenada. Esta si merece un comentario, se dice Ponte, los peronistas tienen que montarla, ganen o pierdan, sobre todo si pierden. En cuanto a informaciones nacionales son tres las que merecen el honor de la portadilla. Una de sociedad: El black friday adelanta las rebajas a noviembre. Al final para enterarte de lo que cuenta un rotativo habrá que tener a mano un diccionario de inglés, que manía tienen con usar palabros que los que tenemos más de cincuenta tacos desconocemos porque lo que estudiábamos antes era francés. Entre unos y otros terminarán cargándose nuestra lengua. Otra noticia es de economía: CC.OO. y UGT no pasan el primer examen abierto para dar cursos de formación. ¡Anda que te rondaré, morena!, exclama mentalmente Ponte, estos sindicatos son un vivo espejo del resto de los que viven de los dineros públicos, que todos terminan especializados en la figura del egipcio faraónico, con una mano delante y otra detrás bien abiertas para ver si les cae algo.
   Ponte se levanta de la cama de un salto; bueno, de la forma más parecida al salto que puede dar un octogenario. Hoy es el día en que va a comenzar la labor de seguimiento del objetivo que le ha sido asignado y está más nervioso que una jovencita de las Hijas de María en su noche de bodas. Eso será por la tarde, por la mañana tiene otra misión: la de pasear a su nieto Julio. Mientras se está afeitando, se mira en el espejo del cuarto de baño. Tiene razón Jacinto, se dice, tendré que ponerme algo en la cabeza para ocultar el pelo, esta melena blanca es demasiado llamativa. Una vez vestido busca en su menguante guardarropa algo para la cubrirse. Se prueba el único sombrero que tiene, y que le regaló su hijo David. Ya nadie lleva sombrero, piensa, si me lo pongo llamaré más la atención que si no llevara nada. Tras probarse un gorro deportivo y una vieja boina negra se queda con una gorra de visera.
- ¿Y esa gorra? – pregunta Clarita al darle el carrito en el que ya está instalado el bebé.
- Hoy hace algo de fresco y ya sabes que por donde más se va el calor del cuerpo es la cabeza.
- Ah, en la bolsa del carro hay un paquete de pañuelos. Julio tiene mocos. Ya sabes que no le gusta nada que le toqueteen la nariz, pero aunque llore un poco tú límpiasela. ¿Dónde piensas ir?
- Al Parque del Oeste.
- Con la niebla de esta madrugada la tierra estará húmeda y se pegará barro a las ruedas, mejor que vayas por la acera hasta Rosales – Cuanto le gusta mandar a esta hija mía, piensa el viejo.
   Como hoy es miércoles, el museo permanece abierto hasta las tres, por lo que Ponte se dice que tendrá que comer algo más pronto que lo acostumbrado para no estar con la pesadez de la digestión cuando tenga que hacer el seguimiento de su objetivo.
- Felisa, ¿que tenemos hoy para comer? – le pregunta a la asistenta.
- Espaguetis.
- Hoy he quedado con un amigo a las tres. Si no le importa, prepare la comida un poco antes que lo habitual.
- ¿Le parece bien a la una y media? – Se conocen desde hace un montón de años, pero siguen tratándose de usted.
- Estupendo. Así, podré estirarme un ratito antes de salir.
   Los espaguetis, de Barilla número cinco como siempre prefería su fallecida esposa, están tan ricos como de costumbre y sobre todo la salsa de tomate con la que Felisa los acompaña. Ponte se sienta en el cómodo sillón orejero ubicado delante del televisor y pone los pies en el puf que hace juego con el sillón. Pone la alarma del móvil a las dos treinta. Tiene media hora de margen para echarse un poco de agua en la cara, componerse y acercarse al museo. Tiempo más que suficiente. Enciende la tele, baja el volumen y cierra los ojos. No conoce mejor inductor del sueño que los telediarios, tienen un poderoso efecto narcótico. A eso es lo que él llama echarse un ratito…
   Alguien le sacude suavemente el hombro. El viejo abre los ojos.
- Papá, ¿puedes quedarte con Julio media horita?, he de salir un momento – es su hija Clara quien le habla.
- Sí…, mejor dicho, no. Tengo un compromiso a las tres – Ponte todavía está un tanto adormilado.
- Como que a las tres, papá. Sí son las cuatro y cuarto.
- ¿Las cuatro y cuarto? No puede ser, tenía puesta la alarma y… - El viejo está tan confuso como aturullado.
- Y habrá sonado, pero claro no la has oído. Te he dicho mil veces que te has poner las orejas – Así llama Clara a los audífonos que Ponte usa para paliar su creciente pérdida de capacidad auditiva. Ante las protestas de su padre, Clara continúa con su reprimenda:
- Mira, papá, por las mañanas una de las primeras cosas que haces es ponerte las gafas, ¿no?, ¿y por qué? Porque si no te las pones no ves ni torta. Pues has de acostumbrarte a hacer lo mismo con las orejas. Si no te las pones no oyes ni mu. Estoy harta de repetírtelo, pero eres un cabezón. Siempre dices que sí, que lo harás, pero luego nada de nada.
    El viejo calla y aguanta lo mejor que puede el chaparrón dialéctico que le cae encima. Sabe que su hija tiene razón, pero no acaba de acostumbrarse a los audífonos.
- ¿Era importante ese compromiso que tenías a las tres?
- Bueno, hasta cierto punto. Supongo que podré hacerlo mañana.
- Entonces te dejo a Julio y en media horita estoy de regreso.
   Ponte piensa que tendrá que llamar a Grandal para contarle que no ha podido realizar la misión que le había encomendado. Duda de si explicarle el motivo del por qué no ha hecho el seguimiento del objetivo marcado o achacar su fallo a otra causa que no sea tan humillante como haberse dormido. Entre tantas cavilaciones el tiempo pasa volando y tras la media horita que su hija le ha pedido, y que se ha convertido en una hora larga, regresa Clara.
- Gracias, papá. Hasta luego y si no te veo hasta mañana – Clara da un beso a su padre, coge al niño y se marcha.
   Suena el teléfono. Es  Grandal.
- Manolo, ¿qué tal ha ido tu primer seguimiento?
- Verás, Jacinto… - Ponte duda, le avergüenza contarle la verdad, pero al final decide no mentir -. No ha habido seguimiento. Hoy Felisa me hizo espaguetis y, como de costumbre, comí demasiados y encima tomé un vasito de vino. Puse la alarma del móvil por si me dormía… Total, que me dormí y no escuché la alarma. Lo siento. Estoy avergonzado, pero tenía que contarte la verdad.
- No te preocupes, Manolo, el mejor escribano echa un borrón – le tranquiliza Grandal -. Mañana será otro día y si no puedes mañana pues pasado mañana. Tenemos la ventaja de que no hay ningún comisario jefe que nos apriete las clavijas. Ya me informarás cuando hayas cumplido tu misión. Un abrazo.
   Cuando Grandal cuelga no puede por menos que comentar en voz alta:
- ¡Con estos mimbres menudo cesto haremos!
- ¿De qué mimbres y cestos hablas? – pregunta la mujer mientras acaba de quitarse los pantys.