domingo, 3 de agosto de 2014

*** El top ten por países de las páginas vistas


Google Chrome, en sus estadísticas de audiencias y a fecha de hoy, establece el siguiente ranking por países de páginas vistas de este blog:

Entrada
Páginas vistas
España
1577
Estados Unidos
593
Rusia
228
Alemania
176
Reino Unido
173
Perú
170
Ucrania
110
Indonesia
66
Países Bajos
43
China
31


Hay 6 países europeos, 2 americanos y 2 asiáticos. España, dada la nacionalidad del autor y el entorno en el que se desarrolla la novela Apartamento con vistas al mar, es el país con mayor número de entradas, seguido a bastante distancia de los Estados Unido que, no olvidemos, es la segunda nación con mayor número de hispanohablantes; entre estos países destaca, asimismo, la imparable escalada de Perú.

viernes, 1 de agosto de 2014

*** Agosto: una entrada semanal

Como anuncié, hace veintitantos días, durante todo el mes de agosto me tomo unas semivacaciones. En vez de las dos entregas semanales del blog, donde publico la novela Apartamento con vistas al mar, solo colgaré una, los jueves. Por tanto, el blog aparecerá los días 7, 14, 21 y 28 de agosto. Cuando llegue septiembre reanudaré la entrega de dos episodios a la semana, martes y viernes.

Recuerdo asimismo que, como indiqué en mi anterior post, la novela está llegando a su término. En las últimas entregas se desvelarán las intrigas sobre las amenazas judiciales que se ciernen sobre la poderosa empresa constructora BACHSA, así como sobre todos los implicados en la supuesta trama corrupta del urbanismo en Senillar: empresarios, políticos, banqueros, correveidiles y gente de la más variada calaña. Por otra parte, descubriremos hasta qué extremo llega la degradación de Sergio y Lorena y si su vida, como seres humanos y como pareja, tiene un horizonte esperanzador o su bajada a los infiernos es irremediable. En cuanto pase agosto lo sabremos.

martes, 29 de julio de 2014

4.29. Te prepararé un chino

    Lorena lleva años alternando la marihuana con el hachís, fuma lo que en cada momento encuentra en la calle. Necesita el escape que la droga le ofrece. Como en el caso de tantos drogadictos ése es el principal factor que la impulsa a la adicción: el deseo de huir de la realidad. La joven forma parte de esa generación que adora la pasividad, la imperturbabilidad, el pasotismo. En la vida del adicto llega un momento en que la hierba no basta,  el camino de la droga lleva al toxicómano, casi inexorablemente, a probar otras sustancias que produzcan un subidón más intenso y, sobre manera, más rápido. Esa es la senda por la que transita la joven desde hace tiempo.
   Ahora que Sergio es nuevamente capataz y trabaja en jornadas interminables vuelve a ganar el dinero a espuertas. Gracias a ello Lorena puede permitirse el lujo de alternar la maría y el chocolate con la farlopa, nombre con el que es conocida la cocaína en el submundo de los drogatas. El viaje hacia el universo de las sensaciones extremas no termina ahí para la joven, todavía le queda una etapa que recorrer: la del caballo, como es denominada la heroína en el ámbito del lumpen. La adicción a la heroína se ha convertido en el no va más para la gente de los noventa enganchada a la droga. La vacuidad total en mente y espíritu que tanto buscan es alcanzada con mucha más intensidad al fumar o al inyectarse el derivado de la morfina.
   Durante algún tiempo, Lorena fue capaz de confinar su hábito a la noche de los sábados. Luego fueron los domingos, después también los viernes… El proceso de adicción a la heroína es insidioso, nadie piensa que terminará convirtiéndose en esclavo de la misma. Todo adicto está convencido de que podrá dejar de tomarla en cuanto se lo proponga, mañana mismo. Lo que ocurre es que ese mañana casi nunca llega. Y, día a día, el hábito crece y se refuerza, el tiempo entre chutes se reduce y la intensidad de los subidones se va haciendo cada vez menor.

   Los heroinómanos son grandes manipuladores. Con tal de conseguir un chute, son capaces de traicionar al amante, a su mejor amigo, a sus padres. Para pagar la droga, Lorena es cada vez más exigente en sus demandas de dinero a Sergio.
- ¿Otra vez más pasta?, ¿y qué hiciste con la que te di anteayer?
- ¿Tú sabes lo caro que está todo y lo aprisa que suben los precios? – se defiende la joven.
- Por muy cara que esté la vida no es posible que gastes tanto. Como si aquí se comiera caviar todos los días. Lo que has de hacer es procurar tener más cabeza y no gastar sin ton ni son – responde un irritado Sergio.
- Mira quien fue a hablar, como si tú te privaras de lo que te gusta.
   Es un diálogo de sordos y de medias verdades. Sergio sabe en qué gasta el dinero a manos llenas la mujer de la que tan enamorado estuvo. Ahora posiblemente ya no tanto, aunque todavía es muy poderosa la atracción que la joven ejerce sobre él. De ella lo sabe casi todo, pero no es capaz de echárselo en cara. Una mezcla de vergüenza, de pudor, de rabia y del vivo rescoldo de lo que fue una ardiente pasión sella su boca. Lorena sabe que él lo sabe, pero aún no ha dado el paso de hablar abiertamente de su adicción. Se encuentran en la fase de las mentiras piadosas, cualquier cosa vale antes de enfrentarse a la realidad que cada día que transcurre es más perentoria.
   En el camino de las drogas duras las etapas se queman rápidamente. Llega un momento en que el joven es incapaz de ganar lo suficiente para alimentar la incontrolada adicción de su pareja. A partir de ahí, la angustia se convierte en la constante compañía de Lorena. Lo primero que piensa al despertarse es: ¿De dónde sacaré hoy material para chutarme y dinero para pagarlo? Tenga o no tenga pasta casi siempre termina donde su proveedor habitual:
- Perchas, necesito una papelina, te la pagaré mañana.
- Bonita, sabes perfectamente que en este negocio no se fía. Los talegos por delante o no hay material.
- ¡Eres un cabrón de mierda, Perchas! Con la pasta que me dejo todas las semanas ¿y no eres capaz de fiarme una papelina? ¡Ojalá pilles un cáncer de hígado y la palmes en cuatro días, maricón!
- Insultándome tampoco conseguirás nada, hermosa. Trae money y tendrás caballo. Si estás pelada, no me toques más los cojones y lárgate con viento fresco.
- Anda, Perchas, te lo pido por favor. El sábado cobra mi chico y los primeros cuartos que arramble serán para ti – Lorena cambia de registro para ver si se gana el favor del camello.
- No me hagas perder el tiempo, Loren. No te lo voy a volver a repetir, aquí hay que venir con los talegos en mano, todo lo demás: humo. Y por otra parte no comprendo porque llegas a quedarte sin blanca, las titis ese problema lo tenéis siempre resuelto. Y tú con lo rica que sigues estando si no tienes para una mala papelina es porque quieres. Echas un par de polvos y asunto resuelto. Mira, dentro de un rato vendrá un tío que está podre de pasta y que es de los que se pone hasta las cachas pero solo los finde. Seguro que por cepillarse a un chochito como tú no le importará comprar una papelina de más.
   Lorena, al borde del mono, esta vez no lo duda. El maromo, con pinta de ejecutivo de medio pelo, le paga una dosis y se la lleva a su apartamento. Allí, mientras el tipo se fuma un cigarrillo mezcla de hachís y tabaco normal y comienza a desnudarse sin ninguna prisa, Lorena acomete el ritual del drogadicto. Ha cogido de la cocina una cucharilla y le dobla el mango. Luego llena el cuenco con el polvo. Saca el encendedor y calienta la droga hasta convertirla en líquido. Cuanto más claro sea, más puro será el caballo. El resultado es casi como el agua mineral, indicio de que la mierda que le ha vendido el Perchas es buena de veras. Luego procede a introducirlo en la jeringuilla que compró en una farmacia de camino al apartamento del eventual amigo. Con diestro movimiento, se clava la aguja en el antebrazo, justo por debajo del bíceps, y empuja el émbolo. Mientras se inyecta piensa que tendrá que comenzar a chutarse en otras partes del cuerpo, sus venas ya no resisten más.

   Sergio, reconquistado su anterior estatus profesional, creía que su vida  volvería a discurrir por los plácidos senderos anteriores a la aventura como directivo de la pseudo asociación juvenil creada por los constructores. La realidad es otra. Algo parece haber cambiado en su escala de valores, como si sus más íntimas convicciones morales se hubiesen evaporado. Una vez más, Lorena, con su fuerte carácter, le marca la ruta por la que transitar. La joven tiene un norte muy claro: la droga y, como aditamento, el alcohol. Sergio ha invertido el proceso: ha comenzado con la bebida y está llegando a los predios de los estupefacientes. Hace años que se aficionó a los porros, también ocasionalmente esnifa coca y toma pastillas, sobre todo los fines de semana y en las juergas que monta la pandilla de su chica. Llega un momento, siempre llega, en que siente que necesita estímulos más potentes. Una noche en la que llega a casa un poco antes que de costumbre, después de un día particularmente frustrante en el trabajo, se encuentra a Lorena en pleno proceso de inyectarse la droga. Hasta el momento Sergio se ha negado a fumar o a inyectarse heroína, pero hoy ha tenido un día especialmente estresante: uno de sus oficiales se ha encarado con él y han tenido un duro enfrentamiento; para rematar la jornada, Dimas le ha echado la enésima bronca al comprobar las deficiencias del trabajo de su cuadrilla. Un día de perros. Quizá por eso, o porque tenía que llegar, es por lo que pide a su chica:
- Churri, prepárame una toma de lo tuyo.
- Como eres novato será mejor que comiences con el caballo fumándolo. Te prepararé un chino.
   Lorena derrama un poco de droga sobre un pedazo de papel de aluminio, luego lo calienta con un encendedor por la parte posterior del papel. Cuando se produce la licuación de la heroína, le tiende a su chico un rulo o cilindro hueco que ha confeccionado con el mismo papel.
- Toma, ya puedes fumártelo.
- ¿Por la boca o por la nariz? – duda Sergio.
- Por la boca, te colocas antes – aconseja la experta.

viernes, 25 de julio de 2014

4.28 La madeja se enreda

   Una semana después de la publicación del reportaje sobre presuntas irregularidades en el proceso urbanizador en Senillar, el mismo periódico que se hizo con la primicia publica una segunda entrega. En ésta la información es bastante más contundente: aparecen las primeras fotocopias de documentos que parecen validar el hecho de que las anomalías denunciadas son algo más que presuntas.
   Los nervios se desatan, más entre los presuntos corruptos que entre los supuestos corruptores. La información todavía no ofrece nombres concretos, pero si apunta hacia dónde van los tiros. Hay dos direcciones que se perfilan como las primeras dianas: el Ayuntamiento, no solo el actual, sino también el de la anterior legislatura, y la empresa constructora BACHSA.

   Puesto que el nombre de BACHSA figura en los dos reportajes aparecidos, aunque no en ninguno de los documentos publicados, el directorio de la empresa se reúne de urgencia para estudiar la situación. La preocupación aparece reflejada en el rostro de la mayoría de los miembros. Oriol Bricart, el consejero delegado, con la ayuda de Juan Antonio Cardona, se encarga de tranquilizarles:
- Que no cunda el pánico – comienza diciendo en tono irónico -, pues no hay motivos para ello. Como a continuación os explicará Juan Antonio no hay rastros documentales ni de ningún otro tipo que puedan involucrarnos en posibles cohechos. El mayor perjuicio que puede plantearnos esta situación, si va a más, es un cierto daño a la imagen de la empresa, pero eso con una buena campaña de publicidad puede resarcirse. Juan Antonio, tu turno.
-  Ratifico lo dicho por Oriol. De momento no hemos de temer nada. Ahora bien, no quiero ocultaros que sí hay un riesgo potencial en el supuesto de que las denuncias se intensifiquen y es que el Ayuntamiento se amedrente y comience a ponernos pegas para la urbanización del humedal.
- Y eso, ¿cómo podríamos contrarrestarlo? – pregunta Huguet.
- Pues ya sabes cómo, untándoles más para que tengan la boca cerrada y que se aprieten los machos. Las galernas no duran siempre – afirma Arechabaleta.
- También podemos enviar alcuni amici para explicar loro l'omertà – sugiere il cavaliere Enrico Montofarni.
   Bricart y Cardona intercambian una rápida mirada. El representante de sus socios italianos les preocupa cada vez más. Siempre que surge un problema su propuesta es tratarlo a la calabresa manera.

   Los representantes de BACHSA en la localidad están mucho más intranquilos que sus representados, no tienen tantas tablas y están menos fogueados en asuntos de esta índole. Puesto que son dos sujetos concretos y conocidos todas las miradas recaen en ellos. Amador Garcés llama insistentemente a José Ramón Arbós, pero tanto el móvil como el teléfono fijo dan la señal de comunicar. Piensa que tendrá que ir a su casa si quiere hablar con su socio. Hace una postrera tentativa y por fin consigue la comunicación.
- Te llevo llamando media mañana y no hacías más que comunicar. Estaba a punto de ir a tu casa. Tenemos que hablar sobre lo que ha sacado El Mundo.
- He tenido los teléfonos descolgados. Me han debido llamar los periodistas de media España. Y de venir a casa ni se te ocurra. En la puerta de la villa están apostados un par de cámaras y varios reporteros. Parecen empeñados en entrevistarme. Oye, ¿a ti no te ha llamado la prensa?
- No, y en la puerta de casa no veo a nadie.
- ¡Coño, qué suerte tienes! Vamos a aprovechar que no te busca nadie. Coge el coche y espérame en la parte de atrás de mi gasolinera. Yo veré de llegar hasta allí sin que me sigan esos cuervos. Luego, quizá lo mejor será que nos vayamos a Valencia. Hemos de hablar con los de BACHSA. Al fin y al cabo nosotros no somos más que unos mandados.

   El Ayuntamiento también ha recibido la visita de los reporteros. El secretario municipal se los ha quitado de en medio informándoles que ni el alcalde ni el concejal de urbanismo están en el edificio y que no les puede decir más, él solo es un funcionario. Los munícipes que están buscando los periodistas se hallan reunidos en la trastienda del bar de Guillem Armengol. El edil de urbanismo parece más tranquilo que el alcalde. Javier Blasco nunca se ha visto metido en una situación como ésta y los nervios le tienen al borde de la histeria.
- ¡Virgen bendita, menudo follón se ha montado! ¿Qué vamos a hacer? – pregunta a su concejal.
- Pues de momento, nada. Esperar a que escampe.
- Y mientras eso ocurre, si es que llega, ¿qué les digo a los periodistas? Porque no veas lo pesados que se han puesto. Han estado toda mañana intentando entrevistarme – se lamenta el alcalde.
- Mira, Javier, lo mejor es que a los periodistas no les digamos ni pío. Esos siempre van buscando tres pies al gato. Por tanto, cuanto más tiempo tengamos cerrada la boca mejor nos irá.
- Ya quisiera estar tan tranquilo como tú, pero no tengo esa suerte. Y por si faltaba algo, tengo encima a la ejecutiva regional que no deja de atosigarme. No sabes lo afortunado que eres dirigiendo un partido que no tiene que dar cuentas a nadie.
- Tranquilo, Javier, en este país nunca pasa nada y si pasa se le saluda. Es cuestión de aguantar el tirón unos cuantos días y la noticia dejará de serlo en cuanto salga otra que tenga más morbo.
 
   Su nombre tampoco aparece en los reportajes, ni siquiera se menciona a Cajaeuropa como la entidad que financia las obras, pero a Agustín Badenes no le llega la camisa al cuerpo. Posiblemente, es quien más preocupado está entre todos los actores que han tenido una intervención directa en el proceso urbanizador en Senillar. Al fin y al cabo, suya fue la paternidad de la idea, aunque eso es lo de menos, lo que más le preocupa es que ha estado jugando sucio y engañando a casi todos los que han intervenido en el proceso y el rimero de irregularidades que atesora es más alto que una catedral gótica. Por eso intenta por todos los medios que su mujer le devuelva los documentos que sustrajo de la caja fuerte que tienen en casa. Ella se niega. Sostienen una fuerte discusión. Badenes hasta está a punto de pegarle, pero en el último momento se contiene.
- Vas a ser mi ruina, pero no creas que te vas a ir de rositas. Si por una vez te comportas como una mujer inteligente sabrás que lo mejor para todos es que los papeles que me has robado no vuelvan a ver la luz. Quédatelos, si quieres, pero, por Dios te lo pido, no se los des a los periodistas. Podríamos ir todos a la cárcel.
- Todo eso tendrías que haberlo pensado antes de encelarte con esa puta de tu oficina – responde la mujer con el rencor que produce el despecho.

   A la inmensa mayoría de la gente que está en las obras se la suda lo que está apareciendo en los papeles, como suelen llamar a los periódicos. Mientras tengan tajo ni entran ni salen en el revuelo que se está armando. Los más piensan que, ya se sabe, los políticos son casi todos unos chorizos y en cuanto a los empresarios, faltaría más, van siempre a lo suyo: a ganar pasta no importa cómo. Hay alguna voz aislada que avisa que lo que está ocurriendo también puede terminar siendo un riesgo para ellos.
- Pues tendríais que estar preocupados por esas denuncias, porque si la cosa no pasa de ahí, vale, pero como se complique y se joda el invento, ya me diréis qué coño vamos a hacer – explica Dimas a su gente mientras almuerzan.
- ¿Que qué vamos a hacer? Pues a seguir currando, como siempre. ¿Es qué podemos hacer otra cosa? – contesta uno de los operarios.
- Si paran las obras se acabó el curro – vaticina el capataz jefe.
- Vamos, Dimas, no seas cenizo – le pide Sergio -. Más de medio país está poblado de grúas. Tajo no va a faltar.

martes, 22 de julio de 2014

4.27. Pon otra…

   Es la etapa en la que ha entrado Sergio: la de pon otra… copa. En el hogar paterno apenas se tomaban bebidas alcohólicas. Solo en las celebraciones familiares se bebía vino, con moderación, y cuando había que festejar algo se abría una botella de sidra. Fue Lorena la que lo aficionó a la cerveza y a alternarla con distintos licores, pero nunca llegó a tomarle verdadero gusto a la bebida. Entre otros motivos porque después de una noche de empinar excesivamente el codo se levantaba con un mal cuerpo espantoso. Y como solía decir su refranero abuelo: perdonaba el bollo por el coscorrón.
   En el radical giro que ha experimentado la conducta de Sergio tiene mucho que ver el profundo cambio que, casi sin darse cuenta él mismo, ha supuesto la alteración de su escala de valores, como si sus más íntimas convicciones morales se hubiesen diluido en un apestoso lodazal. Reconquistado su anterior estatus profesional todo apuntaba a que la vida del joven volvería a discurrir por los plácidos senderos anteriores a su aventura como directivo de la fantasmal asociación juvenil creada por los constructores. La realidad es otra. Esa especie de mutación sufrida por el joven ha sido originada por varias causas: quizá la más importante sea la sensación de sentir que su vida con Lorena no se asemeja en nada a lo que soñó de estudiante. A ello se añade el sentido de culpabilidad que arrastra por haber defraudado a sus padres. Ni siquiera le sirve de consuelo el ser valorado en su trabajo. 

   Curiosamente, la imparable adicción de Sergio al alcohol comenzó con su renovado estatus profesional. El hecho de ser nuevamente capataz le ha llevado a estar más cerca de sus hombres, incluso a tratar de imitar algunas de sus costumbres. Una de ellas, muy extendida entre la gente de la construcción, es la de tomarse un trago de aguardiente en ayunas para matar el gusanillo, como suelen decir. Así comienza la jornada, con el estómago caldeado por la fuerte bebida a la que suele acompañar un café solo o con leche y de sólido, como mucho, unos churros o una porra. La primera comida consistente es el almuerzo que para los currantes del ladrillo no es la de mediodía, sino la de media mañana. Sobre las diez y media, más o menos, la cuadrilla de instaladores que comanda Sergio hace una pausa para meterse entre pecho y espalda un bocadillo de mucho respeto regado usualmente con vino peleón. Es una forma con la que los operarios reponen fuerzas hasta la siguiente pausa del mediodía en la que muchos de los trabajadores, aquellos que tienen una mujer en casa, suelen llevar una fiambrera con la comida que les ha preparado su compañera. El resto acostumbra a comer en alguno de los muchos restaurantes baratos que han florecido en el pueblo y que a mediodía ofrecen menús por un precio razonablemente asequible. Como Lorena sigue sin pisar la cocina, Sergio es de los que come con la gente de este último grupo. En la comida nunca falta el vino, generalmente de la tierra que suele ser más barato, y tras el postre y el café siempre hay una copa de orujo de hierbas a la que generalmente suelen acompañar otras más porque casi siempre hay quien invita a una nueva ronda. Sergio, que es de natural generoso y que como cabeza del grupo nunca quiere quedarse atrás, es de los que termina invitando a otra copa.
- Paquito, pon otra ronda y cárgala a mi cuenta.

   Cuando termina la jornada, y antes de separarse, se ha convertido en otra rutina diaria la de entrar en el bar que les pilla más a mano y tomarse unas copas para celebrar el fin de un duro día de trabajo. Una vez en casa, donde suele encontrar a una Lorena medio traspuesta por la droga, es habitual que se produzca un diálogo parecido:
- ¿Cómo estás churri?
   La respuesta de la joven es, frecuentemente, alguna frase vaga o de difícil comprensión.
- ¿Quieres salir a tomar algo o prefieres que te lo traiga? – ni siquiera le pregunta si ha preparado algo para cenar, conoce bien la animadversión de Lorena a la cocina.
   Dependiendo del grado de modorra de la joven su respuesta varía. Si salen juntos comen algo rápido en un chino o en una hamburguesería y terminan en un bar de copas o en alguno de los antros donde Lorena sabe que puede pillar material si ya no le queda ninguna dosis. Si Sergio sale solo también acaba en un bar donde tomar el último trago del día. Como esto último es lo usual, el joven se va convirtiendo, casi inadvertidamente, en un bebedor solitario.

   El señor Francisco ha llamado a Dimas. Cuando el capataz jefe llega a la oficina el patrón está hablando por teléfono y por su tono colige que no está precisamente de muy buen humor.
- … bien, señor Toresano, descuide, lo arreglaré, déjelo de mi cuenta – concluye Francisco.
- Hablaba con el arquitecto – se explica el patrón -. Está que se sube por las paredes. Dice que no vamos a entregar a tiempo el quinto bloque del sector C. ¿Qué coño está pasando y por qué me tengo que enterar por alguien ajeno a la empresa de que mi gente no cumple?
- Hay un pequeño desajuste en los tiempos de entrega de ese bloque, es cierto, pero esperaba solucionarlo antes de que la incidencia llegara a tus oídos – se disculpa el capataz jefe.
- ¿Incidencia? ¡Coño Dimas, ya hablas como los políticos! ¿Le llamas incidencia a un retraso de casi semana y media? Explícate y no me vengas con chorradas.
- Se trata de la cuadrilla de Sergio. Entre que tiene muchos operarios nuevos y por unas cosas u otras han tenido que rehacer parte del tendido y de varias acometidas. Además, el Estudiante ya no es el que era y no ha sabido, o no ha podido, meter en cintura a alguno de sus oficiales que son más bien flojitos.
- Pues me traes al Sergio que me va a escuchar. Como esto se repita le pongo de patitas en la puta calle.
- El mayor culpable no es el Estudiante, soy yo. Tendría que haber estado encima de ellos, pero me dejé ir. Creí que el chico sería capaz de manejarse solo como hacía antes, pero como te decía ha cambiado, no es el que era.
- No te eches las culpas, Dimas, que te conozco. Llegas hasta donde puedes, pero ni siquiera tú eres capaz de manejar cinco cuadrillas al mismo tiempo. Por tanto, si no quieres que le ponga las orejas rojas al Sergio, de acuerdo, pero se las tendrás que poner tú. Aquí, el que vale, vale, y el que no para capitalista. Esto que no vuelva a ocurrir o alguien va a tener un disgusto sonado. ¿Has tomado nota? Pues leña al mono que es de goma.
   Dimas no ha sido del todo sincero con su jefe. Solo le ha contado la mitad de la verdad. Hace ya un tiempo que viene advirtiendo la deriva del proceder profesional de Sergio. Sabe que hay días que ha llegado tarde al tajo y, además, con las huellas de una resaca más que respetable. Llama al joven para cantarle las cuarenta:
- Estudiante, esto no puede seguir así ni un día más. O cambias y vuelves a portarte como antes o me temo que te van a dar el finiquito.
- Bueno, Dimas, sé que llevamos el trabajo un tanto retrasado, pero lo voy a solucionar. Lo que pasa es que los nuevos oficiales son poco profesionales y he de estar continuamente enmendando sus meteduras de pata, pero te prometo que lo voy a arreglar.
- Menos promesas y más estar al loro, como dicen mis hijos. Y la culpa no solo es de los oficiales. Sabes perfectamente que hay días que no das una a derechas porque no estás en las debidas condiciones. Deberías cuidarte más y soplar menos.
- Lo que haga fuera de las horas de trabajo es asunto mío – responde desabridamente Sergio.
- No lo digas tan seguro, si lo que haces afecta a tu trabajo es tan asunto tuyo como de la empresa. Y no te lo voy a decir más veces: o te enmiendas o esto va a terminar de mala manera. O sea, que menos empinar el codo y ojo al cristo que es de plata.

viernes, 18 de julio de 2014

4.26. ¡Peligro!, una mujer despechada

   El bufete que lleva el contencioso contra el PAI de la Marina, y al que un anónimo informante le ha revelado que posee información sobre un rimero de sospechosas anomalías en el proceso urbanizador, vuelve a invitar a Tormo a una reunión para hablar de dicho informador. La primera sorpresa que se lleva Pascual es cuando le comunican el nombre del soplón: la delatora, pues se trata de una mujer a quien conoce aunque nunca cruzó palabra con ella, es la esposa de Agustín Badenes, el director local de Cajaeuropa.
   Tormo únicamente puede dar fe de quien es Carolina, ese es el nombre de la delatora, pero desconoce si las presuntas infracciones que denuncia son ciertas. Lo que también puede añadir es que su marido es el perejil de todas las salsas financieras que se cuecen en el pueblo, por lo que no descarta que la información que dice tener sea veraz.
- Lo que no acabo de comprender es por qué esa buena señora sale ahora con esas denuncias – comenta Tormo, ciertamente perplejo al descubrir la identidad de la confidente.
- Sobre la razón de que lo denuncie ahora no le hemos sacado nada en claro, esperábamos que tú pudieses arrojar más luz sobre sus reales motivos. En cuanto a la autenticidad de la documentación que nos ha entregado y la veracidad de su contenido hemos encargado a una agencia de investigadores privados que lo compruebe.
- Bien, si queréis haré algunas averiguaciones en el pueblo a ver si consigo enterarme de algo referente a esa buena mujer – se ofrece Tormo.

   En cuanto Pascual llega al pueblo pregunta a su madre quién podría informarle sobre lo que se cuenta en los corrillos locales acerca de Agustín Badenes y de su entorno.
- Quien mejor puede ponerte al día, hijo, es Rosario la Maicalles, pero te adelanto algo que es la comidilla de medio pueblo. Según cuentan, el banquero se ha liado con una jovencita que trabaja en la caja. Parece mentira, un señor que era un meapilas, que parecía tan formal y tan buen marido y mira por donde ha salido. Algunos hombres en cuanto comienzan a sentirse viejos se comportan como si fueran críos.
   La Maicalles le confirma el posible motivo de la delación de la mujer del bancario: el despecho. Le reitera lo que ya le dijo su madre: que el antiguo seminarista que fue Badenes, y hombre que siempre tuvo una intachable conducta conyugal, se ha encaprichado de una joven empleada que llegó a la sucursal de la caja hace unos meses. La chismosa no está segura de cuáles pueden ser los reales sentimientos del banquero, que es como le llaman en el pueblo. No sabe si se ha enamorado de la muchacha, si es un capricho pasajero, un efecto del síndrome de los cuarenta o, sencillamente, si solo es sexo. La realidad es que sea lo que fuere, el amancebamiento le ha hecho perder los papeles y con ello el sentido de la prudencia pues se comporta como un adolescente. La mujer de Badenes, como suele ocurrir, ha sido de las últimas en enterarse del engaño y, pese a su aire de mosquita muerta, el hecho de que su marido le haya puesto los cuernos y convertido en el hazmerreír de medio pueblo parece que le ha sentado como un tiro. No le perdona y ha jurado vengarse.

   El informe inicial de los investigadores, encargados de verificar la autenticidad de los primeros papeles remitidos al bufete por la señora de Badenes, es positivo; han constatado que son auténticos y que revelan un torrente de presuntas irregularidades de toda clase. El socio principal del bufete se pone en contacto con la informante para que les facilite el resto de la documentación que esté en su poder. Rápidamente alcanzan un acuerdo: por el pago de una cantidad, que al letrado le parece una ganga, la despechada Carolina les entregará todos los papeles que obran en su poder y que sacó de la caja fuerte que su marido tenía en casa antes de que éste la vaciara y se fuera del domicilio conyugal para irse a vivir con su nueva novia. Con la documentación en sus manos, los letrados se plantean qué hacer con ellos. El socio mayoritario informa al resto de asociados del bufete:
- He hablado con los representantes de Presslor Investment y su consigna es utilizar los documentos para infligir el mayor daño posible a BACHSA
- Lo que hemos de hacer es respetar la ley – opina el socio más joven -. Conocemos la existencia de presuntas infracciones de la normativa, por consiguiente se impone ponerlas en manos del órgano jurisdiccional competente.
- En mi opinión – tercia otro de los asociados -, deberíamos tomar dos medidas: filtrar la documentación a la prensa y, antes o después, hacerla llegar al juzgado.
   Después de un breve debate se impone la opinión del socio principal: hacer llegar la documentación, anónimamente, a un periódico que a buen seguro convertirá la información en noticia de primera plana.
- …, pero – añade el socio proponente - no enviarla toda de golpe. ¿Por qué?, los casos de corrupción son tan frecuentes que el eco que despierta el último en conocerse es tapado por el que se produce al día siguiente. Haremos entregas periódicas para mantener el mayor tiempo posible la atención de la opinión pública en el caso. De que la denuncia pase de las rotativas a los tribunales ya se encargará la fiscalía.

   La publicación de un reportaje en el que, según una fuente que el periódico no revela, se airean presuntas irregularidades en el proceso urbanizador de Senillar se convierte durante unos días en noticia de portada en la prensa escrita y en prime time en los informativos audiovisuales. Y todo ello avivado por una nota de redacción de El Mundo, diario que dio la primicia, de que en el supuesto de que siguiera recibiendo más información del anónimo remitente se apresuraría a publicarla. La información ocasiona un terremoto en el núcleo duro del consejo de administración de BACHSA.
- ¿Hasta dónde sabrán esos cabrones de periodistas? ¿Es posible que alguien les haya pasado algún papel comprometedor? – se pregunta un desconcertado Bricart.
- Lo importante no es saber quién filtró los papeles, sino analizar las consecuencias que su publicación puede ocasionarnos – puntualiza Arechabaleta.
- Noi potremmo comprare il giornalista – sugiere Montofarni.
- ¿Y qué vamos a sacar comprando a un periodista? – inquiere Huguet -. De momento solo habla de presuntas irregularidades, mientras se quede solo en eso…
- En vez de lamentarnos, deberíamos tomar algunas medidas – propone Cardona -. La primera es pedir a nuestros abogados que estudien hasta qué punto pueden dañarnos esas informaciones. Y esa acción es urgente, antes de que puedan publicarse datos documentales que pudiesen tener efectos administrativos y penales. La segunda…
- ¿Has dicho procedimento penale? – pregunta Montofarni visiblemente nervioso.
- No, necesariamente, pero si el caso llega a los tribunales es algo que podría ocurrir.
- Quello che mancava – concluye el italiano, desolado.

   Entre los partidos políticos el impacto que ha generado la publicación del reportaje no ha sido tan preocupante. La prensa solo habla de presuntas, la presunción siempre por delante, irregularidades. Sin embargo, Javier Blasco, el presidente local del PP y actual alcalde, acompañado por José Ramón Arbós, acude al comité ejecutivo regional de su partido para que les den instrucciones.
- Estad tranquilos, de momento no tenéis de qué preocuparos. Lo más posible es que solo sea un episodio más del periodismo amarillo que, para nuestra desgracia, tanto abunda hoy en día. Quizá se haya cometido alguna pequeña infracción de carácter administrativo, pero nada que no se pueda solucionar. Y en el peor de los casos se recurre, lo que supone que en más de una década no habrá resultados. Por tanto, tranquilizad a la gente y decidles que para eso estamos nosotros, para echaros un capote si falta hiciera.
   Jaume Pellicer, el secretario general de los socialistas locales, también rinde visita a Valencia para cambiar impresiones sobre qué posición tomar. Encuentra a la gente de la ejecutiva más combativa, no en balde están en la oposición.
- Este es el momento que estábamos esperando. Hay que hincarles el diente a los fachas hasta el tuétano si fuera preciso. Estamos estudiando presentar una denuncia ante los tribunales por prevaricación y cohecho.
- Ya os lo dije y lo mantengo. Si pretendéis que el partido se convierta en una de las partes demandantes en una posible querella, conmigo no contéis. ¡Joder, si es que hasta hace cuatro días, como aquel que dice, las resoluciones autorizando las urbanizaciones las firmaba yo como alcalde que era!

martes, 15 de julio de 2014

4.25. Sergio mejora, poco. Lorena empeora, mucho

   Sergio vuelve a trabajar en la empresa de instalaciones eléctricas del señor Francisco, solo que no de capataz pues su puesto fue asignado a otro. Haber perdido su estatus profesional es algo que lleva mal, pero el capataz jefe Dimas se muestra inflexible, por lo que recurre al patrón para recobrar su antiguo empleo:
- Señor Francisco, cuando me pidió que me fuera a trabajar a la asociación que montaron los de BACHSA, me aseguró que solo sería por una temporada y que cuando acabara volvería con usted. Yo supuse que quedaba sobreentendido que en mi anterior empleo, pero ahora Dimas dice que nanay, que todos los puestos de capataz están ocupados.
- Sergio, ya sabes que en los asuntos de personal yo no me meto, bastantes preocupaciones tengo como para añadir una más al cacao que llevo entre manos. Eso se lo dejo a Dimas.
- Pero…
- Paciencia, Estudiante, paciencia. Al paso que va el incremento del número de obras seguro que necesitaré más gente y entonces hablaremos. De momento, lo que has de hacer es esforzarte, como hacías antes, y procurar tener contento al Dimas.

   La predicción de Francisco se revela cierta, aunque las obras de urbanización en el PAI de la Marina se han parado debido a la medida cautelar tomada por el tribunal que juzga el contencioso contra el mismo, las construcciones se han acelerado en otras zonas del municipio, como si los constructores temieran por su futuro ante un posible efecto contagio. Francisco amplía el número de sus contratas y ha de montar una nueva cuadrilla.
- Dimas, para dirigir la nueva brigada había pensado en el Sergio, ya le tuvimos de capataz y tú estabas satisfecho de cómo se desenvolvía.
- Tú lo has dicho, jefe, estaba satisfecho, pero ese chico ha cambiado. Desde que estuvo al frente de esa asociación de esquiroles que crearon los jefes de BACHSA no es el mismo. Parece como si le hubiesen comido el coco. Además, creo que se ha aficionado a la botella, algunos días llega con un tufo capaz de marear al más templado y tengo mis sospechas de que el alcohol no es lo peor que se mete entre pecho y espalda.
- No creo que sea para tanto, hombre. Y luego está lo de cumplir con la palabra dada. Yo quedé con los tíos del marketing de BACHSA que en cuanto el chico dejara la asociación volvería a admitirle en la empresa. Cierto es que nunca se habló de en qué condiciones. En fin, tú verás, lo del personal es cosa tuya.
   Dimas conoce demasiado bien al zorro de su patrón para ignorar el mensaje que encierra su última parrafada. Llama a Sergio y le dice que lo ha pensado mejor y que la próxima cuadrilla que vayan a contratar quedará a su cargo.
   La ansiada recuperación de su antiguo puesto es un empujón para la autoestima de Sergio y, sobre todo, es decisiva para ayudarle a moderar el abuso de la bebida y dejar de consumir estupefacientes. Solo los fines de semana se permite fumar algún que otro porro o esnifar medio gramo de coca cuando anda algo más sobrado de dinero. Si ha de mandar a un nuevo equipo tendrá que estar en condiciones de hacerlo de la mejor forma posible, y ello está reñido con el tipo de vida al que se encaminaba sin remedio, una vida en la que el alcohol y la droga marcaban el rumbo.

   Lorena, en cambio, ha ido dando bandazos sin encontrar un trabajo que le guste y le motive. Termina aceptando un curro de camarera en un bar de copas donde, aunque el salario es ínfimo, gana buenas propinas. Otro motivo que la ha llevado a coger el trabajo es que el local tiene fama de que en su entorno abunda el trapicheo de drogas y la joven, al contrario que su pareja, no encuentra alicientes para cambiar el derrotero que ha tomado su vida. Cada vez necesita más estimulantes externos para afrontar el día a día.
   Como los pagos de la hipoteca y de la letra del coche se llevan la mayor parte de los ingresos de la pareja, a Lorena no le queda suficiente dinero para costearse el pillar coca, pastillas o, en su defecto, hachís con que apaciguar su adicción. Todo ello no hace más que profundizar la brecha que se ha abierto en la relación de la pareja. Sergio no se ha repuesto de la sospecha sobre las mentiras y la presunta infidelidad de Lorena. Ella acusa a su hombre de que no es capaz volver a ganar lo suficiente para mantener su anterior tren de vida y de que no le acompaña, con la asiduidad que le gustaría, en sus cada vez más frecuentes momentos de éxtasis producidos por la droga.
- ¿Esta mierda de sobre es lo que te da ahora el chupasangre del Francisco? – cuestiona una alterada Lorena agitando el sobre que contiene el salario de Sergio - ¿Pero no habías dicho que iban a volver a nombrarte capataz?
- Y lo harán, me lo ha prometido Dimas, pero cuando organice una nueva brigada.
- Con esto ¿cómo voy a pillar farlopa con lo cara que se ha puesto?
- Es que tendrías que esnifar menos coca, reina. Entre los dos no ganamos lo suficiente para poder mercar todo lo que eres capaz de meterte.
   El joven ha preparado un cuadro de doble entrada en el que aparecen los ingresos y los gastos fijos que tiene la pareja entre los que se llevan la palma las deudas contraídas: la hipoteca del apartamento, los plazos de los electrodomésticos, de parte del mobiliario y las letras del BMW. El saldo final es irrisorio y es cuanto tienen para los gastos cotidianos. Lorena apenas si echa un vistazo al cuadro, le suelta un papirotazo al papel y sale de la casa dando un portazo que hace vibrar la cristalería que hay en el aparador del comedor y que nunca han usado.

   Pasan los días. Sergio intenta seguir el consejo que le dio el señor Francisco y se esfuerza en el trabajo al tiempo que hace cuánto le es posible para tener contento a Dimas, que es de quien depende que recupere el puesto de capataz. A su vez, Lorena no deja de pensar en cómo conseguir más dinero o lo que es lo mismo, más coca o lo que pueda pillar. En más de un momento ha tenido la tentación de hacerle caso a algún cliente que le ha ofrecido hacer un viaje juntos a cambio de sexo, pero no ha llegado a dar el paso, todavía respeta su unión con Sergio y lo que ello conlleva. Ya tuvo una experiencia anterior con Maximino, pero no quiere generalizarla. Hasta que un buen día eso también cambia. Se encuentra en el bar donde trabaja con Tony, un antiguo amigo, que la aborda:
- Un colega me sopló que estabas aquí y no le creí, pero veo que es la fetén.
- ¿Es que tiene algo de malo que curre aquí? – responde desabridamente Lorena.
- No, guapita de cara, de malo no tiene nada. Lo que pasa es que creía que tu chorbo te tenía como una reina y no iba a dejarte caer tan bajo como para poner copas en un antro de colgados.
- Aquí entran tíos de toda clase, colgados y sin colgar, ¿tú en qué grupo estás?
- Ni en uno ni en otro. De estar en alguno, estaría entre los que se pirran por una potranca con un cuerpazo como el tuyo, paloma, y por la que sería capaz de currar hasta las tantas con tal de que solo fueras para mí y te olvidaras de ese hatajo de babosos que se te comen con la vista.
- No, si verborrea no te falta, Tony, pero luego fallas más que la carabina de Ambrosio. Y ya que te veo tan amaromado, ¿tienes material?
- No, bonita, pero ahora mismo salgo a la esquina y veo de pillar algo, ¿qué prefieres perico o hierba?
- Si tienen perico mejor, sí no un canuto puede pasar.
- Para ti siempre lo mejor. Ahora, eso sí, nos lo hacemos en casa – al ver el inicial gesto de rechazo, Tony plantea - ¿Voy o no, potranca? Tú decides.
   Lorena piensa que otra vez está en las mismas: sexo a cambio de unas rayas. Duda, pero la vacilación es corta. Gana la coca. Su bajada de ojos es señal suficiente para que el hombre salga escopeteado en busca del camello de la esquina.