viernes, 19 de junio de 2020

Libro I. Episodio 43. Lo que estás haciendo con el mañego es una marraná

   El verano de 1890 se está marchitando y todos los intentos de Julio de ligar con extranjeras se han saldado con un rotundo fracaso. Ha estado en varias playas de las cercanías de Palma donde ha encontrado extranjeras bañándose ataviadas con unos maillots que, como diría su santa madre, una española jamás se habría atrevido a ponerse. Se ha dado buenas raciones de vista y, en más de una ocasión, ha tenido erecciones que no ha tenido más remedio que mitigar manu militari, pero nada más. Todas sus tentativas de entablar conversación con alguna turista han fracasado, y ha terminado descubriendo el motivo: hay que saber algo más que las cuatro palabras que conoce de francés para lograr que las extranjeras acepten conversar. Cuando ha utilizado la lengua gala lo máximo que ha conseguido es alguna frase del estilo de je ne comprends pas ce qu´il dit. Y cuando las ha abordado echando mano del español las respuestas han sido más o menos las mismas: do you speak English?, sprechen sie deustsch?, parli italiano?, o frases en lenguas absolutamente desconocidas para el mañego.

   Las escapadas a las playas que ha hecho en compañía de Puig han tenido resultados similares. Las pocas palabras que conoce el valenciano de inglés tampoco les han servido para entablar una charla con las turistas más allá de un please do not disturb. Además, en las últimas semanas del verano, el morellano ha dejado de acompañar al mañego porque se ha zambullido de cabeza en el mundo de los negocios. Puig ha descubierto que, además de los vapores que cubren las rutas regulares de la península a Palma, hay otros buques, a los que llaman genéricamente cruceros, que con cierta regularidad atracan en el puerto y sus pasajeros se desparraman por Palma con unas ansias locas de ver una corrida de toros y comprar toda clase de recuerdos de Mallorca en particular y de España en general. Recuerdos a los que suelen llamar souvenirs. El de Morella, que se está revelando como un astuto vendedor, además de la bisutería se ha hecho con una colección de muñecas vestidas de andaluzas y gitanas, y de muñecos vestidos de toreros, majos y chulapos, de guardias civiles e incluso de bandoleros. Con toda esa quincalla está ganando mucho más que con la bisutería de Carbonero. Al morellano le resulta mucho más fructífero vender baratijas a los turistas que acompañar al mañego a ligar con alguna extranjera.

   En Malpartida, Consuelo es ajena a todo el asunto del turismo porque en esas apartadas tierras los extranjeros brillan por su ausencia y ni siquiera la voz turista es conocida en esos pagos. Su problema radica en que está teniendo cada vez más dudas sobre su relación con Julio y además se aburre soberanamente. Cada vez más a menudo se pregunta si será capaz de esperarle hasta que acabe la mili, pues se va a plantar con veintidós años y soltera. A esa edad, la mayoría de las mozas del pueblo, todas sus amigas sin ir más allá, ya tienen su hogar y un marido en la cama. Como suele hacer, comenta sus dudas con su amiga Carolina.

   -Estoy hecha un lío, Carol, no sé qué hacer, si continuar con Julio o dejar lo nuestro. La separación se me está haciendo muy larga y eso que solo ha pasado algo más de un año desde que se fue. Empiezo a dudar si tendré fuerza de voluntad para aguantar. Encima lo de guardar la ausencia se me hace más pesado cada día que pasa.

   -Por eso te alivias con los paseos que das con el placentino –Carolina no ha podido resistir la tentación de darle un puyazo a su amiga.

   -Y menos mal que Luis me entretiene los fines de semana –Consuelo o no se ha enterado del aguijonazo de su amiga o no se da por aludida-, si no ¡vaya muermo! Llevaría una vida como la de una monja de clausura.

   -Pero sabrás que to el pueblo murmura, que si has cambiao al mañego por el placentino y que si ganas con el cambio porque va a poner una tienda y además su familia está forrá…

   -La gente que murmure cuanto quiera, ¿y sabes lo que te digo?, que vaya yo caliente y ríase la gente.

   -Entonces… ¿lo tuyo con el placentino va en serio? –quiere saber Carolina.

   Una indescifrable sonrisa es toda la respuesta de Consuelo. Días después del diálogo con Carolina, Consuelo charla con su tía María, que es con diferencia la más avispada de las hermanas Barrado.

   -¿Qué tal con Luis?, ¿te has enterao de que está en tratos con el tío Bronchales pa un préstamo?

   -Sí, tía, me lo ha contado de pe a pa. De hecho ya tiene concedido el préstamo y en unos días comenzarán las obras pa adecentar el local.

   -Ese mozo tiene iniciativa, no ha querio esperar a que sus padres se hagan viejos pa empezar los negocios por su cuenta. La moza que le cace se va a llevar un buen partido. To lo contrario de otro que yo me sé.

   Consuelo tampoco contesta a la indirecta de su tía. En realidad está empezando a cansarse de que todo el mundo alabe las virtudes del placentino y, en contraposición, pongan en cuarentena los méritos del mañego. La situación en la que está viviendo de tener dos pretendientes, uno que es su novio y que está a tropecientos quilómetros, y otro que pretende serlo y que está en el pueblo de al lado la tiene confundida. Aunque alusión a alusión, indirecta a indirecta y puyazo a puyazo la situación va revertiendo en contra del ausente y a favor del presente. Sorprendentemente, una muy directa referencia ha dicho estado de cosas, y que hace que el vaso de sus planteamientos se desborde, procede de quien menos podía esperar, de su hermana pequeña de siete años y que tiene el descaro propio de tantos niños.

   -Julina, hermanita, hazme un favor, ve a casa de Carolina a por la carta semanal de Julio.

   -Voy, Consuelín –la muchacha tras dar unos pasos se vuelve y pregunta a su hermana-. Si te digo una cosa, ¿no te vas a enfadar?

   -¿Y por qué me iba a enfadar?

   -Bueno, pues te la digo. Lo que estás haciendo con el mañego es una marraná. Él allá sirviendo al Rey como está mandao y tú aquí engañándole con Luis. Y si eso no es una marraná que baje Dios y lo vea –y sin dar opción a que Consuelo pueda contestarle se marcha.

   En Plasencia, doña Pilar, como mujer práctica, sigue a lo suyo. El nuevo curso de 1890-91 presenta novedades, la principal es que su pluriempleo ha aumentado. Está persuadida de que su hijo necesitará una base económica lo más sólida posible, por ello multiplica su actividad para allegar más dinero, pues como maestra gana una miseria. Por eso ha solicitado y conseguido que el instituto de secundaria de Cáceres le otorgue la habilitación para impartir las asignaturas del primer ciclo de bachillerato, de los seis que dura dicha etapa, en régimen de enseñanza doméstica, situación que contempla el Plan de Estudios de Segunda Enseñanza de 1866. Ha comenzado a enseñar a futuros bachilleres, lo que da lugar a que un día se le presente Soledad Barrado en compañía de una chiquilla, a la que presenta como su hija pequeña.

   -Verá usté, había pensao mandarla al instituto de Cáceres pa que estudie el bachillerato, pero es mu pequeñina pa estar apartá de la familia, y además tendría que vivir en una pensión o en algún internao y no sé si lo soportaría. En cambio, si estudia aquí la tendremos, como el que dice, al lao de casa pues podría vivir en casa de una prima mía.

    Pilar trata a Soledad como si no supiera quien es y, por supuesto, no se le ha ocurrido preguntarle por Consuelo ni nada que suponga que está al tanto de la relación de la joven con su hijo. Lo que hace es interpelarla sobre la chiquilla.

   -¿Y qué edad tiene la niña?

   -Ocho va a cumplir, pero es mu espabilá. Pa mí que es la más lista de la familia.

   -Lo siento, pero para ingresar en la enseñanza secundaria se requiere tener cumplidos los diez años de edad y superar un examen.

   -A mí es que me habían dicho que si se estudia por libre se puede comenzar cuando se quiera.

   -Pues lo siento, pero le han informado mal. Tanto si el bachillerato se cursa en la enseñanza oficial, como si se hace en régimen de enseñanza doméstica, se requiere tener cumplidos los diez años de edad y superar un examen, como ya le he dicho.

   -Bueno, ya que estamos aquí, ¿me querría dar su parecer si la niña sirve pa estudiar?

   Doña Pilar le hace a la muchachita un ramillete de preguntas a las que contesta la niña con sinigual desparpajo e incluso cuando no sabe la respuesta correcta lo dice sin cortarse un pelo.

   -Sí, señora, la niña sirve para estudiar y si no se tuerce le adelanto que puede ser una excelente estudiante –Y ahí queda la posibilidad de que Julia Manzano sea alumna de Pilar Lahoz.

   En cuanto a los negocios del tío Bronchales crecen y crecen sin parar. Por ese motivo, la aragonesa se ha hecho más imprescindible si cabe para el usurero de Valencia de Alcántara, pues de dicho municipio es originario el prestamista que, en sus orígenes, se aprovechó de la proximidad de la villa a la frontera lusa para hacer sus primeros negocios prestando, tanto en pesetas como en escudos, a ambos lados de la Raya. Pilar está trabajando en el presente, pero con la vista puesta en el futuro para que, cuando su hijo termine la mili, pueda tener ahorrado el suficiente capital con vistas de que el chico pueda montar el negocio o el comercio que será la base y el sustento de su nueva vida. Y en ese hipotético futuro hay algo que tiene muy claro: debe tejer una red de amigos, conocidos y gente que le deba favores para que el día de mañana le puedan echar una mano si falta hiciese. Y el lugar que ocupa en el entramado prestatario del Bronchales le da ocasión para hacer favores y granjearse agradecimientos a gente que quizá algún día pueda devolvérselos. No puede cambiar ni el monto de los préstamos ni el interés que su patrón cobra por ellos, pero en cambio sí puede hacer algo cuando llegan los plazos del vencimiento del empréstito y el deudor tiene problemas para el pago de los intereses o la amortización del principal. Es una política que la aragonesa resume con el aforismo de quien no siembra no cosecha.

 

PD.- Hasta el próximo martes en que, dentro del Libro I de Los Carreño, publicaré el episodio

44. ¿Cómo se lo tomará Julio

martes, 16 de junio de 2020

*** Post info 10. Cambio de formato

   Como comprobarán los lectores, la presentación de los episodios de la novela Los Carreño ha cambiado de formato. El cambio se debe una decisión general de Blogspot, por lo que a los usuarios solo nos queda aceptarlo.

   Espero y deseo que el nuevo formato, que opino que es más gráfico, claro y hasta más didáctico, les guste. Vale.

Libro I. Episodio 42. ¿Por qué es tan conocida Mallorca?


   Al preguntar Julio que son los turistas, Chimo decide dar una pequeña lección a su amigo.

   -Carreño, eres bastante leído pero en determinados aspectos estás totalmente verde. Y lo estás porque tienes una gama de intereses quizá demasiado específicos, y fuera de ellos te interesan pocas cosas. A ello sumo que el francés que estudiaste en el bachillerato, por lo que veo, no has debido tocarlo desde entonces. Digo esto porque turista es un vocablo cada vez más usado por ingleses, franceses, italianos y demás extranjeros.

   Y el morellano se lanza a explicar que, según les contó el profesor de las clases de inglés de la Cámara, la voz turista viene del inglés tourist, que a su vez procede del francés tour. Comenzaron a usarla los británicos pudientes cuando pusieron de moda, a partir del siglo XIX, hacer una gran vuelta o tour por Europa para visitar países continentales. Y que desde entonces, y cada vez más, se aplica a toda persona que viaja por placer, por conocer nuevos lugares o por simple entretenimiento.

   -¿Y aquí vienen muchos turistas? –pregunta Julio.

   -Comienzan a venir y, en opinión de Amengual, vendrán todavía más en el futuro. 

   -¿Y eso por qué? No veo que Mallorca tenga algo que no tengan otros lugares de España.

   -¿Pero tú conoces bien la isla?

   -La verdad es que no, lo más lejos que he ido ha sido a Portopí.

   -Pues no sabes lo que te pierdes. Mallorca tiene rincones preciosos y pueblos pintorescos. Y en cuanto a las costas, las tiene para todos los gustos. La isla está plagada de calas y playas que son una verdadera gozada para la vista y no te digo para bañarse o tumbarse a la bartola.

   -¿Y tú has estado en todos esos lugares?, ¿cómo lo has hecho, me refiero a cómo has ido?

   -Si no en todos, sí en muchos. El año pasado, muchos sábados y domingos, recorrí gran parte de la isla con una bicicleta que sacaba, y sigo sacando, a escondidas del servicio de mensajería.

   -¿Y no tienes miedo de que te pillen al cogerla o al devolverla?

   -¡Qué va! Los carteros, al igual que los mensajeros, entramos y salimos de La Almudaina con total libertad. Los sábados salgo por una de las puertas secundarias montado en la bici con toda naturalidad, y como la guardia sabe que soy cartero no me dice ni pío. Y los lunes, a primera hora, entro con la bici como si viniera ya de algún reparto y hasta el día de hoy nadie me ha llamado la atención. Y así tengo la bici para mí todo el fin de semana. Eso es lo que me ha permitido viajar por la mayor parte de la isla. Salvo los sitios más alejados de Palma, como las bahías de Alcudia o Pollensa y la zona de Artá y Capdepera, he recorrido prácticamente toda la isla.

   -Sabía que te gustaba recorrer Palma, pero no que también lo hicieras del resto de la isla.

   -Pues sí, y ese es uno de los motivos que me han metido en la cabeza la idea de quedarme en esta tierra cuando acabe la mili. Además, según nos ha contado Amengual, Mallorca cuenta con una importante ventaja adicional: es muy conocida en el resto de Europa, mucho más que otras regiones españolas, quizá con la excepción de Andalucía y un poco de Cataluña.

   -¿Y por qué es tan conocida Mallorca?

   El morellano le cuenta que, como les ha explicado el profesor de la Cámara en alguna ocasión, la isla ya era bastante conocida en ciertos ambientes europeos desde mediados del siglo XVIII, pero cuando se dio a conocer de forma generalizada, sobre todo en Europa, fue a raíz de la llegada a Mallorca en 1838 de George Sand, seudónimo de Amandine Aurore Dudevant, destacada escritora, periodista y revolucionaria francesa. La franchuta llegó a la isla en compañía de su amante Federico Chopin, compositor y virtuoso pianista polaco, ​​​​considerado uno de los más importantes de la historia y uno de los mayores representantes del Romanticismo musical. Aunque la francesa solo estuvo poco más de tres meses en la isla le sirvió para escribir un libro, Un invierno en Mallorca, un cuaderno de viaje autobiográfico que se editó en 1842. Dada la popularidad de la autora y de su amante, la obra tuvo una gran repercusión en Europa y se hicieron rápidamente múltiples ediciones. Años más tarde, en las últimas décadas del XIX, la isla tuvo otro gran valedor que hizo que su nombre se popularizara todavía más entre la nobleza y la alta burguesía europea que naturalmente eran los que más viajaban. Ese valedor fue el archiduque de Austria, Luis Salvador de Habsburgo-Lorena, que se enamoró de las Baleares nada más conocerlas, y acabó fijando su residencia en Mallorca  donde adquirió fincas en los municipios de Valldemosa y Deyá, entre otros. El archiduque fue el auténtico precursor del turismo en las Baleares, pues escribió una monumental obra de varios tomos en la que describió la incomparable belleza de un archipiélago todavía virgen al que solo llegaban viajeros ocasionales… y Chimo acaba afirmando:

   -Desde entonces, Mallorca aparece en la mayoría de listados de lugares turísticos a visitar para los que viajan por placer, y que forman parte de ese concepto que tú no conocías, el turismo –remacha el valenciano.

   -Y a pesar de que para llegar a las islas forzosamente hay que coger un barco, ¿hay gente que todavía le apetece venir? –El extremeño entiende las explicaciones de su amigo, pero le cuesta aceptar que haya personas que viajen solo por el placer de ver nuevos paisajes y que encima hayan de cruzar el mar, con lo peligroso que puede ser eso.

   -Verás, Carreño, los dos somos de secano. Yo la primera vez que vi el mar fue en Vinaroz cuando tenía doce años, y supongo que tú debes haberlo visto cuando viniste a Mallorca –ante la negación del mañego, el de Morella rectifica-. Bueno, aunque lo vieras antes, pero ambos somos de tierra adentro. Para la gente como nosotros lo de cruzar el mar siempre nos parece una peligrosa aventura porque no estamos ni acostumbrados ni viajados, pero para la gente de otros países, o de la misma España, que viven en la costa o que han viajado mucho, lo de embarcarse les parece tan natural como a nosotros viajar en carro. Todo es cuestión de costumbres.

   El pensamiento de Julio viaja por otros caminos, sus palabras lo confirman.

   -No viene nada a cuento, pero estoy pensando que si aprendes inglés podrás ligar fácilmente con toda esa legión de turistas que llegan a la isla.

   -Posiblemente, pero eso será cuando lo sepa, de momento solo soy capaz de decir algunas palabras y frases sueltas.

   -Bueno, pues con tus cuatro palabras de inglés y otras cuatro mías de francés podríamos convertirnos en los mayores ligones de Capitanía.

   -¡Pero, Carreño, no me habías dicho que no quieres tener más líos con mujeres, que para ti solo existe la novia del pueblo!

   -Y lo mantengo, pero no estoy hablando de mujeres, lo hago de las turistas; o lo que es lo mismo, de extranjeras.

   -¡Vaya razonamiento!, no sé si lo dices en serio o en broma. ¿Qué pasa, que las extranjeras no son mujeres?

   -Claro que lo son, pero no como las de aquí que todas quieren casarse. Imagino que las turistas, o sea las extranjeras, tienen una gran ventaja sobre las españolas y es que supongo que no sueñan en casarse con un español. Probablemente, terminen emparejándose pero con alguien de su país. Supongo que vendrán, estarán unos días o unas semanas como mucho, y luego volverán a su patria.

   -Un par de precisiones. Una es que también puede haber turistas españolas; es decir, mujeres de otras regiones de España que vengan a la isla a pasar una temporada. Otra es que una extranjera puede enamorarse de un español, ¿por qué no?

   -Supongo que enamorarse sí, pero casarse…, que quieres que te diga ¿Te imaginas a cualquiera de los dos casado con una extranjera a la que no se le entienda ni palote? Y que vaya usted a saber qué clase de vida ha podido llevar.

   -Carreño, yo creía que era muy pueblerino, pero la verdad es que tú me das sopas con honda.

   -¿Y eso, en cristiano qué quiere decir?, lo de las sopas con honda.

   -En cristiano quiere decir que a pueblerino me das ciento y raya.

   -Que manía tienes de hablar con frases hechas. Parece que sacas la mayoría de frases de un manual de esos de aprenda castellano en un mes.

   -¿Y cómo crees que lo aprendí?, el castellano me refiero.

   -¡No jodas!, ¿aprendiste castellano en un libro?

   -En uno no, en muchos. Te lo tengo que explicar para que lo entiendas. En Morella, todos hablamos en valenciano. Puede haber poco más de una docena y media de personas que hablen en castellano, generalmente gente de fuera como el boticario, el señor juez o el notario. La primera vez que me hablaron en castellano fue cuando a los seis años entré en la escuela del pueblo. El maestro nos enseñaba en castellano y teníamos que responderle en esa lengua, pero en cuanto salíamos al recreo o se terminaba la clase todos los niños volvíamos a usar el valenciano. Cuando tenías la edad de dejar la escuela ya no volvías a manejar el castellano, por lo que en poco tiempo olvidabas la mayoría de lo que habías aprendido. A mí no me pasó porque como me gustaba mucho leer lo hacía continuamente, naturalmente con libros en castellano. Ahí es donde de verdad aprendí la que para ti es tu lengua materna. Al no aprender de las personas sino de los libros por eso uso tantas frases hechas o dichos, refranes, proverbios y modismos. Tú y los que sois castellanoparlantes desde el nacimiento lo habláis con toda naturalidad. En cambio, yo lo hablo como lo aprendí en los textos, por eso lo hago como lo hago.

   -Me maravillas, Chimo, por el esfuerzo que ha debido costarte lo que para mí ha sido tan fácil. Desde ahora te respeto mucho más. Eres un tío cojonudo porque al final resulta que sabes más de la lengua castellana que yo. Por poner un ejemplo, yo no sé en qué se diferencia una frase hecha, un refrán, un proverbio o un modismo. Explícamelo, por favor.

   -¿Julio, no te cansas de preguntar? Entre lo de los turistas, la explicación sobre Mallorca y ahora con lo del castellano me tienes frito. Lo de ejercer de profesor es pesadísimo, mejor lo dejamos para otro día.

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro I de Los Carreño, publicaré el episodio

43. Lo que estás haciendo con el mañego es una marraná