martes, 27 de diciembre de 2016

91. El que algo quiere, algo le cuesta



   Grandal, sigue dándole vueltas a cómo romper con Chelo, pero no encuentra el modo de hacerlo sin herir a la mujer, algo que de ninguna manera pretende. Son muchos años juntos y aún le sigue teniendo cariño. Por eso el lunes no lleva a los Sacapuntas las conclusiones obtenidas en la reunión con sus jubilados amigos sobre las seis certezas y una duda. Los lunes sigue dedicándolos a Chelo, de momento. Es el martes cuando se acerca a la Brigada de Patrimonio para entregárselas a sus jóvenes colegas.
- Hemos estado reunidos unos días – Grandal prefiere no precisar el tiempo - en un exhaustivo debate y aquí tenéis los resultados. No he traído copias para los tres, pero eso ya es cosa vuestra.
- Gracias, una vez más, comisario. Tu colaboración y la de tus viejales es siempre bienvenida – Que el agradecimiento lo exprese Bernal es signo de cuánto han cambiado las relaciones entre el trío de policías y el cuarteto de colaboradores externos.
- Quiero que sepas, Jacinto, que fue Michel quien sugirió que te llamáramos para ver si salíamos del enésimo impasse en el que nos habíamos metido – explica Atienza -. Y ahora, si tienes tiempo, me gustaría que te quedases para que, tras la lectura de vuestras conclusiones, puedas aclararnos las posibles dudas que pudiesen surgir.
- Primero, quiero dar las gracias a vuestro colega galo por haberse acordado de un policía que ya no ejerce. Luego, recordaros que si algo tenemos en abundancia los jubilados es tiempo.
- Bien – dice Atienza -. Si os parece, voy a leer en voz alta las conclusiones de Jacinto y sus amigos y luego ya haremos copias para cada uno. Cuando queráis intervenir no tengáis reparos en interrumpirme. ¿De acuerdo? - Atienza imposta la voz y comienza la lectura del documento que les ha entregado Grandal:
1. Algún/algunos miembros de la banda estaban en Madrid, al menos hasta el asesinato de Romero y su cuñado. Pregunta: ¿seguirán estándolo?
2. Una organización que tiene su sede en Panamá y que parece disponer de grandes recursos no parece lógico que sea la que ha robado las piezas del tesoro para venderlas. Pregunta: ¿entonces para qué las robaron?
3. La pista de Panamá, el atracador que conminó a Ponte y el desconocido que captó a Martínez como cómplice sugieren que los organizadores pueden ser de nacionalidad/origen colombiano. Algo a comprobar.
4. El hecho de que se haya dado a entender que las piezas robadas eran copias, cuando parece que no es así, puede suponer alguna clase de acuerdo entre el gobierno francés y la administración española. Pregunta: ¿Qué clase de acuerdo y por qué?
5. Es muy probable que la banda tuviera algún cómplice en la dirección de uno o ambos museos para conocer la fecha del envío. Lo que refuerza la idea de su poderío económico. No descartar que el o los sobornados fueran mandos policiales.
6. El poco interés que muestran las autoridades galas y españolas en la solución del caso da a entender que saben datos, desconocidos por los investigadores policiales, que inducen a ambas administraciones a una cierta apatía. Pregunta: ¿Qué saben los gobiernos y por qué lo ocultan a su policía? Si supiéramos lo que sabe el gobierno, el caso estaría resuelto.
7. Es dudoso que la conexión entre gitanos, chinos y colombianos del incidente del polígono de Fuenlabrada afecte a la trama del robo, aunque no lo descartamos al cien por cien.
   El inspector de Patrimonio termina la lectura que ha sido seguida por sus oyentes con suma atención. Nadie le ha interrumpido, por lo que Atienza pide:
- Independientemente de que hagamos un análisis más reposado, a bote pronto ¿qué os ha llamado más la atención de estas conclusiones?
- Personalmente, lo que más interesante me parece son las preguntas – comenta Blanchard -. ¿Seguirán estando los atracadores en Madrid? Opino que no, ni en Madrid ni en España. No sería lógico. Los dos cómplices que dejaron aquí han sido amortizados. Más sugestiva parece la segunda pregunta: ¿entonces para qué las robaron? Acepto la teoría de que el robo no tuvo un móvil económico y ese ¿para qué? sigue siendo todo un enigma. Si supiéramos la respuesta, resolver el caso sería pan comido. Lo mismo digo de la pregunta: ¿qué clase de acuerdo y por qué? Estamos otra vez ante un posible pacto entre mi gobierno y el vuestro que complica extraordinariamente la investigación. ¿Y por qué y para qué ese hipotético pacto? ¿Qué nos ocultan ambos gobiernos? Si encontráramos ese hilo de Ariadna podríamos llegar hasta el ovillo de la trama. Y la última pregunta, más de lo mismo: ¿qué datos saben los gobiernos y por qué lo ocultan a sus policías?
- Eso último, que los gobiernos sepan algo y que nos lo oculten es lo que más me toca los cojones – Bernal, como siempre, aludiendo a sus partes viriles -. Porque no sé vosotros, pero yo estoy convencido de que es así. Entonces, ¿a qué estamos jugando? No sé, comisario – y se dirige a Grandal – si alguna vez tuviste que lidiar a un morlaco como éste que cuando sale al ruedo ya está más toreado que un novillo de los que echan en las capeas.
  Grandal, al verse aludido, se siente en la obligación de responder.
- No creas, Eusebio, que lo que os está pasando sea una novedad. Es tan antiguo como el chocolate a la taza. En cuanto los políticos, sean rojos, azules o morados, meten sus narices en un asunto estrictamente policial embarullan las pistas, ocultan hechos, ponen palos en las ruedas y terminan jodiéndolo todo. Y es algo contra lo que es difícil luchar porque al fin y al cabo son los que mandan. También yo me he visto ante investigaciones así, me he llevado muchos berrinches y me he roto muchos cuernos sin sacar nada de provecho.
- Ya sé que mal de muchos, consuelo de tontos – Blanchard apela al socorrido refranero -, pero si os sirve de algo, en mi país ocurre lo mismo. Cuando los muchachos de la École nationale d'administration, que son los que cortan el bacalao en mi patria, meten sus delicadas pituitarias en un caso puedes darlo por perdido o en el supuesto de que lo saques adelante te costará sangre, sudor y lágrimas.
- O sea, que por enésima vez estamos ante lo mismo – resume Atienza -, que tenemos más preguntas que respuestas.
- Es posible – admite Grandal -, pero estas preguntas se acercan cada vez más a lo que podemos llamar el núcleo duro del caso. Y ante esa convicción, creo que solo os queda un camino que recorrer.
- ¿Un camino, qué camino? – inquiere Bernal muy interesado.
- El más español de todos, el de coger el toro por los cuernos – Es la críptica respuesta de Grandal.
- Como frase queda tan rotunda como castiza – afirma Blanchard -, pero si jugamos a la Sibila nos van a dar las campanadas de la nochevieja del 2020 y seguiremos como estamos.
- Te lo cuento con bolas de colores, como decía un viejo amigo, - Grandal se pone en plan didáctico -. El toro es el Gobierno y los cuernos son todas esas preguntas que antes has glosado.
- ¿Y tú crees, comisario, que nos va a recibir alguien del Gobierno? No nos van a dejar ni acercarnos. ¡Si hemos pedido que nos reciba nuestro Director General y nos han echado un broncazo de tres pares de cojones! – explica un cabreado Bernal -. ¿Sabes que nos contestaron? Pues que teníamos que seguir los procedimientos establecidos. Así, ya me dirás tú a que toro le vamos a coger los cuernos, a ninguno.
- Bueno, a grandes males, grandes remedios. Hace unos días, uno de mis amigos dijo algo a lo que quizá, solo quizá, tendríais que recurrir. Habló de que en última instancia una jugada efectiva sería la de hacer llegar al Gobierno el aviso de que la prensa está en un tris de publicar una serie de reportajes contando las oscuras tramas que se mueven detrás del robo. Sería algo así como sacudir el nogal a ver cuántas nueces caen.
- Me parece una gran idea, comisario, si no fuera porque veo algunos peros – replica Atienza -. ¿Quién le hace llegar al Gobierno ese aviso? Quien lo hiciera sería triturado en un santiamén. ¿Qué medios iban a publicar esos reportajes? Porque sería lo primero que preguntarían. ¿Qué oscuras tramas iba a contar la prensa? Y no sigo, pero seguro que hay más peros.
- El que quiera peces que se moje el culo – responde Grandal echando otra vez mano del inabarcable refranero español.
- Eso mismo decía mi santa madre – recuerda Banchard – cuando me aconsejaba que para lograr determinadas metas hay que tomar riesgos y aventurarse.
- Sí pero esos riesgos pueden costarnos la carrera o algo peor si vienen mal dadas – recuerda Atienza.
- Juan Carlos, el que algo quiere, algo le cuesta – sentencia Grandal.

domingo, 25 de diciembre de 2016

*** Feliz Navidad. Happy merry christmas



   En estos días navideños, la frase típica y tópica que usamos los españoles para felicitar estas fiestas a familiares y amigos es feliz Navidad y próspero Año Nuevo. Eso es lo que deseo a todos los lectores del blog, a los que considero mis amigos. A lo que añado que también pido para ellos salud, paz y amor.
   Y ojalá que el 2017 colme vuestros mejores deseos. Que así sea.

viernes, 23 de diciembre de 2016

90. Van a flipar en colores



   Ponte madruga aunque sea domingo, está citado con sus amigos en casa Grandal para continuar el debate sobre las seis certezas y una duda definidas por los inspectores del Caso Inca. Esta mañana solo abre una portada, elige la de El País porque en la versión on line es la que en su opinión mejor resume las noticias más importantes. El titular principal trata de lo que sigue siendo el suceso político más destacado del país en los últimos días: la investidura del futuro Presidente del Gobierno. Ni la lee, más de lo mismo, piensa. En cambio se fija en un suelto que viene en la columna de salida: La fractura social causada por la crisis abre camino a Trump. En la misma se explica que: El auge del candidato republicano desconcierta a Estados Unidos. O sea, que la crisis no solo está pasando factura a los gobiernos europeos, también ha llegado a América, piensa. Y Trump, que por lo que leído no tiene ninguna experiencia política, puede convertirse en el nuevo presidente yanqui, algo que veo probable puesto que, por lo que parece, la mayoría de periódicos le están haciendo la campaña hablando todos los días de él, concluye
   A las diez y media, como habían quedado, los cuatro amigos se reúnen en casa Grandal para retomar el debate sobre los ítems que restan por analizar. En el corcho sigue pinchado el folio del quinto ítem que no llegaron a debatir el día anterior cuyo texto dice: Según la confesión de Martínez, los ladrones conocían la fecha exacta de la llegada del tesoro a Madrid, pese al secreto con el que se planeó su envío. Lo que muestra que tenían contactos, españoles o franceses, que les facilitaron tal información.
- ¿Qué habéis pensado sobre esto? – indaga Grandal.
   Nadie del trío de la bencina, como a veces les llama Chelo, contesta por lo que es el excomisario quien toma la palabra:  
- Hay poco que decir sobre este punto. Parece incontestable que la banda tenía un infiltrado en los órganos directivos de alguno de los dos museos concernidos porque cabe pensar que la fecha de la vuelta no era algo que supieran los empleados. Y para comprar a un directivo de uno o de los dos museos hace falta una considerable mordida, lo que viene a confirmar el poderío económico de la banda.
- Te olvidas de algo, Jacinto – objeta Álvarez -. Supongo que tanto las autoridades policiales francesas como españolas conocían la fecha del viaje, por tanto también habrían podido sobornar a algún mando policial.
- No es probable, pero si posible – admite Grandal -. En cualquier caso, sigo insistiendo en la gran capacidad económica de los ladrones.
- Y yo, como dije ayer, insisto en que los ladrones no han robado las piezas para hacer negocio con ellas. Las robaron por otro motivo, lo que no se me alcanza es cual – reitera Ballarín.
- Si nadie dice algo más sobre este ítem lo damos por cerrado – indica Grandal que, ante el asentimiento del trío, escribe en el folio del corcho: Es muy probable que la banda tuviera algún cómplice en la dirección de uno o ambos museos para saber la fecha del envío. Lo que refuerza la idea de su poderío económico. No hay que descartar que el o los sobornados pudiesen ser mandos policiales.
- Vamos con el sexto ítem – y Grandal escribe en el folio: Las autoridades concernidas, tanto españolas como francesas, siguen sin dar muestras de gran interés por el resultado de las investigaciones.
- No sé si habéis pensado que en el robo del tesoro hay algunos datos que son muy sospechosos y que lo convierten en un caso nada corriente – apunta el excomisario -. Como botones de muestra cito dos. Uno es que los ladrones no forman precisamente una banda de robaperas, son gente que por los indicios que tenemos tiene mucha pasta. En el mundo del hampa eso no es nada habitual. Otro dato es el que indica este ítem. El poco entusiasmo que muestran las autoridades españolas y francesas de que se sustancie la investigación del robo.
- O sea, que como dijo Lola Téllez, lo del robo también te da mala espina – recuerda Ponte.
- En efecto, muy mala espina porque en todo esto hay algo que no cuadra. O yo he perdido el olfato o hay gente que les está haciendo la cama a los Sacapuntas y de paso a los que les ayudamos.
- Y esa gente ¿quién es? – pregunta Ballarín.
- Daría las dos pagas extras de este año por saberlo – responde Grandal.
- Si es que existe esa gente – apunta Ponte – han de ser tipos muy bien posicionados, de muy arriba.
- ¿Estás apuntando al Gobierno? – Álvarez pone nombre a la sospecha de Ponte.
- Más bien a los gobiernos porque no hay que perder de vista a los gabachos – matiza Ponte.
- Yo he llegado a pensar – dice Grandal - que esa pachorra gubernamental respecto a la investigación debe tener una causa muy poderosa. Una razón podría ser que el gobierno supiera el paradero de las piezas robadas. Otra sería si el gobierno estuviese negociando con los ladrones para recuperarlas. Y rizando el rizo de las teorías más locas, otra causa podría ser que el gobierno ya tuviera las piezas en su poder.
- Desde luego, Jacinto, lo que es imaginación no te falta – se asombra Ballarín.
- Mucha imaginación nos hará falta si queremos desenredar este maldito embrollo – contesta Grandal que añade -. Si nadie tiene otra idea cerramos este ítem - y escribe en el folio: El poco interés que muestran las autoridades galas y españolas en la solución del caso da a entender que saben datos, desconocidos por los investigadores policiales, que inducen a ambas administraciones a una cierta apatía. Si se supieran esos datos o informaciones, el caso estaría prácticamente resuelto. Pregunta: ¿Qué datos saben los gobiernos y por qué lo ocultan a su policía?
- Si lo que acabas de escribir fuera aunque solo sea medio cierto, sería tanto como decir que lo que estamos haciendo es perder el tiempo miserablemente – afirma Álvarez.
- No te digo que no, Luis, pero y lo bien que lo estamos pasando ¿qué? Eso no se paga con dinero – replica Ponte.
- Bueno, vamos con la duda – y Grandal escribe en el folio: Puede haber algún tipo de conexión entre los ladrones, el clan gitano de los Corrochanos y la empresa china del Polígono Cobo Calleja que blanquea capitales ilícitos. Es el dato más dudoso
- ¿Quién quiere hablar?
- No es por ponerme moños, pero de los que estamos aquí posiblemente yo sea el que más sabe de los Corrochanos a través del Tío Josefo – declara Ponte que añade -. Eso me conduce a afirmar que esa presunta conexión entre gitanos, chinos y ladrones es algo que no afecta al núcleo del robo. Lo digo porque parece probado que los asiáticos y los calés andaban metidos en negocios comunes, en cambio no hay indicios de que los ladrones tuvieran algo que ver con algunos de ellos.
- Lamento tener que contradecirte en parte, Manolo. El informe de los picoletos confirma que los orientales eran los que lavaban la pasta de un cártel colombiano y que esos mismos narcos son los proveedores de la droga que distribuyen los Corrochanos. En lo que te doy la razón es de que no hay datos que alguno de los tres grupos sea el que llevó  cabo el robo - declara Grandal.
- Entonces, ¿por qué los Sacapuntas afirman que este dato es el más dudoso? – inquiere Ponte, evidentemente fastidiado porque Grandal ha echado por el suelo su aportación.
- Porque esa conexión todavía no está plenamente probada – responde Grandal que al darse cuenta que ha molestado a Ponte se apresura a matizar -. Aunque estoy de acuerdo contigo en que es bastante probable que ese nexo no afecte a lo que es la trama del robo – y para que no se enreden más las cosas cambia de tema -. Bien, ¿alguien quiere comentar algo más? ¿No? – y Grandal escribe debajo del séptimo ítem: Es dudoso que la conexión entre gitanos, chinos y colombianos afecte a la trama del robo, aunque no lo descartamos al cien por cien.
- Pues damos por concluido el debate de las seis certezas y una duda.
- ¿Y qué tal ha quedado? Me refiero al debate – pregunta Álvarez.
- De diez – les adula Grandal -. Estáis en lo que los cursis llaman la tercera edad, pero vuestras neuronas siguen en la primera. Cuando les cuente a los Sacapuntas vuestras conclusiones van a flipar en colores. Ya veréis.
- Y si de esas conclusiones sacan algo en limpio, una vez más serán ellos los que se llevarán las felicitaciones y nosotros tendremos que conformarnos con leerlo en los periódicos – se lamenta Ballarín.
- ¿Qué quieres, Amadeo, que nos den una medalla? – pregunta irónicamente Álvarez.
- Pues no me importaría – replica Ballarín -. Anda y que no iba a fardar ante mis nietos con una medalla prendida en el pecho. Nunca me han puesto ninguna y me haría ilusión.
- Eso te lo resuelvo yo, Amadeo – le consuela Ponte -. En la próxima reunión voy a traer alguna de las medallas que le han puesto a mi nieto Gaby en la guardería y te la regalo. ¿Te vale la medalla de ser el que mejor ha pintado garabatos en el segundo trimestre?
- Manolo, eres un coñón incorregible – ironiza Ballarín.