martes, 14 de abril de 2015

4.8. A veces poner distancia da resultado



   La casamentera que ha buscado Maruja la de Blanquer, como es conocida en el pueblo, desempeña exitosamente su papel con los padres de Pepita Arnau. No se trata más que de un primer tanteo para constatar si existe alguna posibilidad de que haya conversaciones ulteriores. La correveidile habla con Águeda, ésta lo hace con su marido y ambos con su hija quien, a espaldas de sus padres, le pide opinión a Encarnita, su más íntima amiga.
- ¿Y qué te parece ese chico? Yo no recuerdo haber cruzado palabra con él.
- Yo tampoco. Es algo mayor que nosotras y estuvo unos años estudiando fuera. Lo que sí te puedo decir es que es un rato guapo, también dicen que es muy faldero. Por cierto, ¿sabes de quién fue novio?, de tu amiga la delegada de la Sección Femenina – añade con sorna Encarnita que conoce la escasa simpatía que siente su amiga por Lolita.
- Sí, eso ya lo sabía. ¿Quién lo dejó, él o ella?
- Pues no sé, pero volviendo a Rafa, también he oído comentar que cuando hizo la mili en Valencia llevaba una vida de lo más perdularia. Su madre estaba muy disgustada y hasta hay gente que dice que si tuvo algo que ver con una chica de mala reputación. Pero todo eso son chismes que vete a saber si son ciertos o no.
- Bueno, pero ¿a ti que te parece? – insiste Pepita.
- Ya te lo he dicho, para mí lo quisiera. Si es que está de toma pan y moja. Más de la mitad de las chicas del pueblo le ponen ojitos.
- Sí, pero de la guapeza no se come.
- Anda, hija, si alguien te oyera hablar así pensaría que eres una muerta de hambre. Como si a ti te fueran a faltar los cuartos. Y los Blanquer no tienen tanto como vosotros, pero tampoco están desnudos.
- Me ha dicho mi madre que tía Elisa le contó que si le van a poner un almacén de materiales y que va a ganar mucho dinero.
- Guapo y con dinero, ¿qué más quieres Baldomero? Ese chico es un chollo, te lo digo yo.
- Lo que me hace más tilín es que, según mi madre, como se va a dedicar a lo del almacén, su mujer será una señorona que no tendrá que ayudar en el campo y hasta tendrán criada y todo.
- Pues mejor me lo pones. Anda, hazme un favor. Di que no y así probaré fortuna yo. ¡Qué suerte tienes con los pretendientes, hija, primero José Vicente y ahora éste!
- Eso es lo que más me escama, mira que si sale un cantamañanas como José Vicente y también es de los que se empeña en que tengo que aprender esto y aquello y que una señora tiene que conocer no sé cuántas cosas para saber mandarlas. Estos que estudiaron tienen esas manías y las chicas del pueblo les parecemos todas unas catetas.
- Como te dije, no le he tratado, pero por lo que cuentan me parece que éste se parece tanto a José Vicente como una castaña a un higo chumbo. Tú dale un poco de gusto y verás como no se te despega de las faldas.
   Tras muchos cabildeos y embajadas, idas y venidas, se reúnen los Blanquer y los Arnau; ambos matrimonios han logrado convencer a sus hijos y, tras su asentimiento previo, acuerdan el noviazgo de sus chicos y, si todo marcha bien, su boda. Están de acuerdo en que la relación no sea excesivamente larga, un año como mucho.                                                                 

   La noticia del noviazgo es durante unos días la comidilla local. Nadie sabe cómo, aunque en un pueblo pequeño mantener un secreto es una utopía, pero uno tras otro trascienden todos los mimbres que han servido para tejer la nueva relación: que si Elisa la de Antonino hizo de casamentera, que si la acordaron los padres, que si él le ha regalado una pulsera preciosa, que si la Maruja está que no cabe de gozo, que si la boda será seguramente el próximo año, que… Y además de los cotilleos nadie se priva de opinar sobre el emparejamiento.
- ¿Y ese tarambana de Rafael no hubiese hecho mejor boda casándose con la hija de la señora Leo?
- De todas, todas. Lolita es una mujer de su casa, una chica fina y hasta es mucho más guapa que la niña de la Águeda.
- Sí, pero los Arnau tienen duros como para llenar una plaza de toros.
- Eso es cierto, y claro: poderoso caballero es don dinero.
- No está mal que el Rafa haya sentado la cabeza porque parece que es un mujeriego de mucho cuidao.
- ¿Y tú ves a la Pepita con arrestos para meterlo en cintura?, si parece que no ha roto un plato en su vida.
- Dicen que la Águeda está enseñándole a guisar. Como va a ser ama de casa…
- A buenas horas. Eso tendría que haberlo hecho mucho antes.
   Al conocer la noticia a José Vicente le da la risa floja. Se dice que debe de ser verdad eso de que siempre hay un roto para un descosido y piensa que Rafael, al que conoce muy someramente, no sabe dónde se mete. También cavila en la extraña coincidencia de que él y Lolita hayan sido novios de la nueva pareja. Es una curiosa situación. Piensa embromar con ello a su camarada, pero cuando la ve un sexto sentido le dice que no está para chuflas, desde hace algunos días vuelve a ser la joven antipática, arisca y borde que conoció al principio. Mejor callarse.
                                                   
   El enterarse del noviazgo de Pepita y Rafael deja anonadada a Lolita. En el fondo seguía teniendo la oculta esperanza de que una vez vuelto Rafa al pueblo existía la posibilidad de que pudiesen reanudar su antigua relación. Y ahora va y se lía con la pavisosa de la niña de los Arnau. El nuevo rumbo que parece haber tomado la vida de su exnovio también impulsa el cambio del proyecto de vida de Lolita. Si tenía alguna remota esperanza de que Rafael volviera con ella ahora se ha esfumado. Tiene ya veintitrés abriles y eso en el pueblo son muchos años. Siempre pensó que le gustaría casarse, tener hijos…, pero con el hombre del que se enamorara. Ese hombre parece que lo perdió para siempre. No puede quedarse así, lamentándose y lamiendo sus heridas, tiene que hacer algo. Y ese algo es encontrar novio. No está dispuesta a convertirse en una solterona. También cuenta lo de darle en la cresta a su antiguo enamorado y terminar de una vez con las risitas y miradas aviesas que le dispensa más de una. Tiene la solución para todo ello al alcance de la mano: Enrique Guerrero. De la noche a la mañana, el farmacéutico ve como los desplantes y desaires de la joven se transforman en amabilidades y sonrisas. Como tampoco es tonto, se pregunta cual podrá ser la causa de un cambio tan radical. Y como no la descubre le plantea el interrogante a Manuel Lapuerta, pues sabe que el galeno conoce a Lolita desde que era niña:
- Lo que hace unos días todo eran hieles, ahora son mieles. No soy precisamente un experto en psicología femenina, pero esas transformaciones tan radicales supongo que obedecen a una causa. Ante una situación así, ¿qué harías?
   El médico está enterado del noviazgo de Rafael y presume que ese hecho quizá sea la causa del cambio experimentado por Lolita en la relación con su joven amigo. No le puede ocultar sus sospechas y se las cuenta. Por supuesto, no puede confirmar que el noviazgo en cuestión haya sido el único motivo del cambio de actitud de la joven, pero todo apunta a que debe de ser un factor a tener en cuenta. Y para concluir su relato añade:
- En cuanto a qué haría, mi querido Enrique, no tengo respuesta para esa pregunta. Estamos hablando de sentimientos y en ese terreno los consejos tienen escaso valor. Tendrás que decidir por ti mismo.
- Tampoco es tan fácil, Manolo. Lolita me gusta, para qué negarlo, pero no estoy tan seguro de estar enamorado. No acabo de cogerle el tino a la diferencia entre gustar y amar. Y estoy hecho un verdadero lío.
- Me encantaría ayudarte, Enrique, de verdad, pero no se me ocurre nada que sea medianamente razonable. Es más, la razón y el sentimiento no suelen hacer buenas migas. Recuerda la cita, creo que es de Pascal, de que el corazón tiene razones que la razón no comprende.
   Como a Guerrero le han defraudado los argumentos del médico decide preguntar a Alfonso Grau. Como persona más joven quizá esté en mejores condiciones de ayudarle. Le explica el cambio de humor de la chica, las sospechas de Lapuerta y que no sabe el camino a tomar.
- En casos así puede dar resultado poner distancia – apunta Grau.
- ¿Poner distancia?, ¿de quién?
- ¿De quién va a ser? De la persona que te gusta o a la que quieres o a la que crees que quieres. No hay amor que resista una separación y si la soporta es que no es para tanto. Piénsalo.
   Enrique piensa y repiensa la sugerencia del veterinario, igual Grau tiene razón. Quizá alejarse una temporada y perder de vista a la chica y al siempre ominoso ambiente del pueblo pueden ayudarle a sedimentar sus sentimientos, a ver con claridad el camino a seguir. Y como lo piensa, lo hace. El joven boticario desaparece del pueblo.

viernes, 10 de abril de 2015

4.7. Creo que encontré la novia que buscábamos



   Otro problema de pareja, pero de distinta índole al que acaban de protagonizar José Vicente Gimeno y Pepita Arnau es el que preocupa a Maruja, señora de Blanquer como a ella le gusta que la llamen. Sigue empeñada en casar a su hijo Rafael antes de que vuelva a las andadas y preñe a cualquier jovencita, que a lo peor no tiene un padre tan interesado como el de Esperanza, la muchacha a la que el cabeza loca de Rafa ha dejado encinta. El problema es que todas las muchachas casaderas en las que pone los ojos le parecen poca cosa para su hijo. En algún momento llega a pensar en Lolita. Es una buena chica y tiene el carácter que le falta a su chico, pero fue ella la que rompió la relación y reiniciar ese noviazgo sería tragarse un sapo. Si su hijo no era bueno para ella hace unos años, tampoco lo va a ser ahora. En todas esas cavilaciones anda cuando aparece su hermana Lidón que ha ido a verla. Mientras charlan en la cocina, Maruja prepara la cena.
- Cuéntame los últimos rumores, Lidón.
- Poca cosa. El boticario joven, el sobrino de don José, parece que le tira los tejos a la que iba para nuera tuya, aunque por lo que cuentan parece que ella no le hace demasiado caso.
- Esa noticia es vieja. Si eso se confirma será el mejor partido que va a encontrar Lolita. Espero que esta vez no lo eche todo a rodar – y casi  está por decir: como hizo con mi hijo.
- Lo último con sustancia es la ruptura del noviazgo de la chica de los Arnau y del secretario de la cooperativa.
- Ya me lo contaste. ¿Has oído algo de si Camila Tena está esperando otra vez?
- No, pero tampoco me extrañaría. Con lo beata que es, esa parirá todos los críos que Dios quiera enviarle. Y hablando de cosas de iglesia, ¿sabes lo que se dice del nuevo cura?
- Que es capaz de encontrar cuartos hasta debajo de las piedras.
- Además de eso, cuentan que si le da al coñac a modo. Parece que más de uno le ha visto más que contento.

   Hay algo de la charla con su hermana que a Maruja se le ha quedado enredado en el caletre, pero no consigue recordar qué. Está poniendo un vaso de leche en la mesita de noche cuando de pronto encuentra lo que se le quedó en el subconsciente. Se da una palmada en la frente y exclama:
- ¡La chica de los Arnau!
- ¿Qué chica? – pregunta su marido.
- Me parece, Antonio, que acabo de encontrar la novia que buscábamos para nuestro hijo.
- ¿Y quién es? – se interesa el marido.
- Lo acabo de decir, la niña de Braulio el del duro.
- ¿Piensas hablar con el Braulio?
- ¡Quita por Dios!, ese ni pincha ni corta, en esa casa quien lleva los pantalones es Águeda, al fin y al cabo no deja de ser una Arbós.

   Al día siguiente Maruja se pone en marcha. Como si se tratara de un general planificando la estrategia de una acción militar: fija los objetivos, programa los medios y activa las pertinentes maniobras. La operación: casar a su retoño con la hija de los Arnau. Como se fía poco de su Rafael, decide que hará las cosas al modo tradicional: el noviazgo lo cocinarán los padres y se lo darán hecho a los hijos, éstos siempre podrán negarse, pero si se les presenta adecuadamente lo más probable es que lo acepten. Tiene que aprovecharse de que Rafa está viviendo horas bajas y puede estar más predispuesto a decir amén a lo que ellos propongan. En cuanto a la joven, sabe que tiene fama de caprichosa y de ser la que ordena y manda en su casa, pero todo será cuestión de trabajársela bien, porque al fin y al cabo no es más que una chiquilla y, por lo que sabe, tampoco es una lumbrera. Lo primero que hay que hacer es buscar una buena casamentera. En cuanto hace el repaso mental de los árboles genealógicos del matrimonio Arnau-Gasulla, rápidamente encuentra la persona más idónea para iniciar los primeros contactos exploratorios con la Águeda. Le pedirá la mediación a Elisa, la mujer de Antonino Arbós, con la que le une una vieja amistad. Águeda es sobrina de los Arbós y seguro que Elisa tendrá ascendiente sobre ella. Si no para decir amén a todo lo que le proponga, sí para escucharla. Y si atienden su propuesta, Maruja intuye que ya tiene mucho ganado.

    Ni corta ni perezosa, Maruja se presenta en casa de Elisa.
- Que bien estás Elisa. Ya me dirás qué haces para conservarte así.
- Tú sí que estás bien. Cada día se te ve más joven.
   Tras unos minutos de charla insustancial, Maruja entra en materia:
- Vengo a pedirte que me hagas un gran favor.
- Si está en mi mano…
- Lo está. Es más, eres de las poquitas personas en el pueblo que puede lograrlo. ¿Te sigues haciendo mucho con Águeda la de Braulio?
- Claro. Es sobrina de mi marido y ya sabes que para los Arbós la familia es siempre lo primero.
- Bueno. Te voy a hablar con el corazón en la mano. Lo que te voy a pedir no es para mí, es para mi hijo. Y como madre que eres lo entenderás mejor que nadie.
   Maruja le hace a Elisa un resumen edulcorado de los últimos malos tragos por los que les ha hecho pasar su chico, sin decir una palabra del episodio sobre la preñez de la Esperanza. Temen que, como les ha salido enamoradizo, se tropiece con alguna buscavidas que se le abra de piernas, le haga un crío y se tenga que casar con ella. La única salida que ven para salvar a su hijo de una boda no deseada es encontrarle una buena chica, a ser posible del pueblo, y de una familia como Dios manda. Su Rafael, no es por qué sea hijo suyo, pero es una joya: joven, guapo, con el título de bachiller y además están gestionando ponerle un negocio, un almacén de materiales de construcción con el que seguramente ganará sus buenos duros ahora que tantas casas se están construyendo en el pueblo.
- … y pensamos que Pepita, la hija de Águeda, es la mejor chica que nuestro Rafael puede encontrar en el pueblo y en toda la provincia. Las dos familias somos de aquí y nos conocemos de siempre, los chicos hacen una estupenda pareja y seguro que cuando se traten harán buenas migas. Y todos estamos al cabo de la calle de que los Arnau tienen muchos cuartos, pero nosotros, aunque esté mal decirlo, tampoco estamos descalzos. En ese terreno, los chicos poco tendrán que echarse en cara el uno al otro.
   Elisa ha oído rumores sobre las andanzas no muy santas del chico de la Maruja y que lo que ésta teme que le pueda pasar a su hijo es algo que, según cuentan las correveidiles bien enteradas, posiblemente ha estado a punto de sucederle. De todas formas, piensa, lo pasado, pasado está y la tontorrona de su sobrina no haría mala boda con el chico de los Blanquer. Si consigue que el arreglo prospere mataría dos pájaros de un tiro: tendría a la Maruja comiéndole de la mano y a los Arnau-Gasulla agradecidos por llevarles a casa un buen partido. Resuelve entrar en el juego.
- ¿Qué quieres, que lo hable con Águeda?
- Si me hicieras ese favor siempre te estaré agradecida. Tú sabes lo que sufrimos las madres cuando un hijo se nos tuerce. No es que mi Rafael se haya torcido, pero antes de que pueda ocurrir algo irremediable estamos dispuestos a hacer lo que haga falta. Por eso me he atrevido a pedirte que intervengas.
- Maruja, hoy por ti, mañana por mí. Nunca se sabe lo que nos aguarda. Y a lo mejor dentro de un tiempo soy yo la que tengo que pedirte un favor. Cuenta con mi ayuda. Hablaré con la Águeda.
- Si no te importa, cuando hables insístele en que la mujer que se case con mi Rafael será toda una señorona. Tendrán su propia casa y, si falta hace, criada y lo que sea menester.
- Oye, Maruja, y si esto va para delante qué tenéis pensado ¿un noviazgo largo o corto?
- Lo que le parezca mejor a Águeda, pero si he de serte sincera preferiría que fuera corto. Unos meses de noviazgo para que los chicos se conozcan mejor y evitar las habladurías, y a pasar por la sacristía que como mejor están las parejas son casadas. 
- Bueno, pues déjalo de mi mano. No sé si lograré algo, pero te prometo que haré todo lo posible. De entrada, una cosa si es segura: Águeda me escuchará, otra cuestión es lo que vaya a decidir. Por cierto, me decías antes que pensáis montarle al chico un almacén de materiales. Dame más detalles, ya sabes lo interesados que son esa pareja.
- Te cuento más. Se trata de un almacén de materiales de construcción. Antonio ha conseguido la concesión de una fábrica de cementos de Buñol y el chico va a ser el único representante para toda esta zona de la provincia. Desde aquí hasta Gandía el que necesite cemento de esa marca, que no me acuerdo como se llama, tendrá que pasar por el almacén de mi hijo. Mi marido dice que se va a ganar muy bien la vida y que, por tanto, la que sea su mujer llevará una vida muy regalada. Eso también se lo puedes decir.

martes, 7 de abril de 2015

4.6. O dentro o fuera



   En su retorno de Valencia al pueblo, la charla entre José Vicente y Lolita discurre por sendas aparentemente intrascendentes, pero el tono ha variado radicalmente, hay un trasfondo de sinceridad en lo que dicen, hablan sin tapujos como si fueran amigos íntimos de toda la vida. Algo ha cambiado en su relación, tanto que en un determinado momento Gimeno se sorprende a sí mismo contando a Lolita los problemas con su novia. No es propio de él semejante actitud, es muy celoso de su intimidad y de hecho no le ha contado a nadie sus dificultades y dudas. Lolita le escucha atentamente. No le extraña lo que está oyendo, conoce muy bien la pasta de la que están hechas las jovencitas del pueblo, de las que Pepita Arnau es un buen exponente. Por momentos siente la tentación de dar algún consejo a su camarada, pero se contiene. ¿Quién es ella para ir impartiendo consejos sobre problemas sentimentales cuando es incapaz de desatar el nudo que mantiene prisioneros sus sentimientos? Se calla y sigue escuchando. De pronto se da cuenta de un detalle importante: en todo cuanto le relata José Vicente no le ha oído referirse al amor, a la pasión, al cariño. Acaba de descubrir que su compañero y jefe tiene novia, pero no está enamorado de ella.

   Al volver al pueblo, Gimeno se apresura a explicar a Pepita que el domingo de Pascua tiene que ir a Castellón a la exhibición deportiva y folclórica que se celebra para conmemorar el Día de la Victoria que cae justamente en esa fecha, es un compromiso del que no puede zafarse. La joven se coge un teatral enfado.
- Me prometiste que iríamos a comer la mona con mis amigas. Ya lo tenemos todo preparado. No puedes dejarme mal delante de ellas. ¿Qué van a decir? Lo que tengas que hacer en Castellón seguro que lo puedes dejar para otro día.
- Es verdad que te lo prometí, pero cuando lo hice no había caído en la coincidencia de fechas. Y no puedo ir otro día. Ese domingo es cuando se celebra la exhibición.
- Todo eso son excusas de mal cumplidor. Entiendo que vayan las chicas de las danzas, pero tú no bailas, por lo tanto no pintas nada. Si vas es para hacerte el chulito delante de todas esas bobaliconas de la Sección Femenina con la estirada de Lolita al frente.
- Pepita, entiéndelo. Tengo que ir. No es por mí, es porque soy el responsable del grupo de camaradas que van a bailar. Se han ganado el viaje a pulso y no les puedo fallar.
- A unas muertas de hambre que bailan porque no tienen nada mejor que hacer no les puedes fallar, pero a tu novia que la zurzan. Nunca te creí capaz de hacerme un feo tan gordo, irte con las demás y dejarme plantada. Te…, te odio.
- Que no, cariño, que no pretendo hacerte ningún feo. Es un viaje oficial.
- No me vengas con excusas. Entre reunirte con tus amigotes, y Dios sabe con quién, y pasar la tarde con tu novia eliges a los primeros. ¡Pues vaya novio que tengo! Si lo sé a buena hora te hago caso.
- Pepita, soy el primero en lamentar esta desgraciada coincidencia, pero piensa que la demostración seguramente no volverá a repetirse, en cambio el año que viene será otra vez Pascua y podremos ir a comernos la mona con quien quieras.
- No desvíes la conversación, que eso se te da muy bien. Para mí la cosa está clara, o te vienes conmigo a comer la mona o te vas con esa pandilla de desarrapadas.
- No me gusta que te pongas en ese plan. No admito que me des un ultimátum.
- No te doy nada de eso que dices. Lo que te digo es que o dentro o fuera.
- Ahora el que no te entiende soy yo. ¿Qué es eso de o dentro o fuera?
- Te crees muy listo, pero si no lo entiendes es que no lo eres tanto. Te lo diré de otro modo: o el domingo de Pascua estás conmigo o no es necesario que vuelvas más a esta casa.
   No hay manera de que Gimeno convenza a su novia. Pepita está acostumbrada a imponer su santa voluntad y no admite que se le lleve la contraria ni atiende a ningún tipo de razones. José Vicente da por terminada la discusión cuando se da cuenta de que quizá el calendario le haya brindado la oportunidad que buscaba para que sea la joven quien rompa el noviazgo. Al día siguiente, en una de las reuniones que tiene con Lolita para la preparación de la exhibición, le cuenta la bronca que ha tenido con su novia.
- José Vicente, no es necesario que vengas. Comprendo que Pepita prefiera que la lleves de sarao. Posiblemente ya tenga organizada la fiesta de la mona con sus amigas. Yo no tengo esa clase de compromisos y puedo apañármelas perfectamente. No se va a notar tu ausencia, no te preocupes.
- Muchas gracias, Lolita, pero no debo dejarte sola. Ya sé que eres perfectamente capaz de llevarlo todo adelante. Eso ni se me ocurre ponerlo en duda, pero no quiero que los de la provincial puedan pensar que no respaldo tu gestión si no me ven a tu lado. Por eso he de estar junto a ti y tus chiquitas. A Pepita ya se le pasará el enfado y si no se le pasa…

   Gimeno no está en la merienda de la mona y a su regreso de la ciudad, como si no hubiese pasado nada, se presenta en casa de los Arnau como todas las noches. Está expectante por ver lo que pasa. ¿Mantendrá la jovencita el órdago que le lanzó o se echará atrás? Cuando ve que no es Pepita quién le está esperando sino su madre sospecha que su secreto deseo lleva camino de cumplirse.
- Buenas noches, ¿qué tal señora Águeda?, ¿dónde está Pepita?
- Mi hija – contesta Águeda con gesto avinagrado – dice que te dé esto de su parte - y  le entrega un atadijo en el que Gimeno reconoce algunas de las chucherías que le ha ido regalando a la joven durante los meses del noviazgo.
- Y esto, ¿qué quiere decir? – José Vicente se hace de nuevas y trata de contener su impulso de gritar de alegría.
- Ya lo sabes. Cuando se es novio de una persona como mi hija y se quiere entrar en una familia como la nuestra no se le puede hacer de menos, a ella y a nosotros. Pepita me ha dicho que te lo dejó muy claro el otro día y que sabes a qué se refiere.
- Señora Águeda, quiero dejar patente que siempre traté a su hija con el mayor de los respetos y que nunca le falté ni hice nada que pudiera ofenderla y, por supuesto, jamás se me pasó por la cabeza faltarles el respeto a ustedes – Gimeno es consciente de que se está arriesgando a que sus palabras puedan forzar una vuelta a la normalidad, pero tiene gran interés en que quede nítidamente claro que quien rompe la relación es Pepita.
- José Vicente no tengo nada más que decirte.
- ¿Podría hablar con Pepita? – Todavía echa un último y peligroso envite. Ojalá le salga bien.
- Ni quiere verte ni saber de ti.
   Gimeno no insiste, no sea que termine echando por tierra su oculto deseo. Al día siguiente la comidilla local es el rumor de que Pepita, la del tío Braulio el del duro, ha roto su relación con José Vicente el de San Isidro. Que la cosa parece que va en serio. Hasta se han devuelto los regalos y todo. Alguna comadre se ofrece a Gimeno para hacer de correveidile y hablar con Pepita y con sus padres para reparar los lazos rotos, José Vicente les da las gracias y les dice que se las puede apañar solo. Con el paso de los días el rumor pasa a ser noticia: la ruptura de Pepita Arnau y de José Vicente Gimeno es un hecho consumado.

   Lolita es una de las primeras en conocer la noticia del fin del noviazgo porque el propio José Vicente se la cuenta. No es ninguna sorpresa para ella. No le pregunta nada sobre la separación, se limita a musitar una frase convencional:
- Lo siento, José Vicente.
- Pues yo, no. Tengo la sensación de que me he liberado de una relación que no debí empezar nunca. Reconozco que al principio Pepita me atraía, pero desde que se negó a aprender todo cuanto intentaste enseñarle algo empezó a cambiar en mis sentimientos. Desde entonces el final estaba cantado.
- ¿Estás diciendo que mi fracaso como enseñante fue la causa de que se torciera lo vuestro? – inquiere Lolita un tanto sorprendida y hasta un pelín molesta.
- No, de ninguna manera. Tú no has tenido nada que ver con la ruptura. Al contrario, siempre he estado y te estaré agradecido por tu ayuda, independientemente de que Pepita no la aceptara.
   Lolita calla, pero la confesión de su jefe y amigo no le ha gustado. Piensa que no es muy caballeroso hacer leña del árbol caído.