martes, 20 de enero de 2015

2.11. ¿Te ha quedado claro?



   Benjamín Arbós ha vuelto a recomendarle a Gimeno que debería poner en marcha las delegaciones de la jefatura local que siguen inactivas.
- Estoy en ello, señor Benjamín. De momento, como sabe, ya nombré delegada de la Sección Femenina a Lolita Sales. Y tengo pensado proponer como delegado del Frente de Juventudes a un joven maestro y entusiasta falangista, Ricardo Poveda, no sé si lo conoce.
- Con la hija de la señora Leo has hecho un buen fichaje, es una muchacha maja y ya te comenté que me han dicho que está haciendo un buen papel. En cuanto al maestro no lo he tratado, pero he oído hablar de él. Me parecen bien ambas designaciones, pero si me permites otro consejo, ya que pareces valorarlos tanto, sería buena cosa que, antes de proponer otros nombres para los puestos que faltan por cubrir, te pasaras por aquí, yo estaría encantado de poder ayudarte. Lo digo más que nada para hacerte un favor. Tú llevas poco tiempo en el pueblo y no conoces a todo el personal y podrías, sin saberlo, meter la pata proponiendo a alguien que no tuviese una adhesión inquebrantable a la Causa.
- ¿Adhesión inquebrantable?
- Bueno, no es más que una frase, lo que quiero decir es que no debes proponer a nadie que sea desafecto al partido y a quienes lo representamos. Aquí sigue habiendo mucha gente de la cáscara amarga, por tanto hay que andarse con los pies de plomo a la hora de nombrar a nuevos cargos.
   Gimeno caza al vuelo el trasfondo del consejo que acaba de darle su mentor político. Ya lo sabes José Vicente, se dice, hay que pasar por taquilla antes de montarse en el carrusel de nuevos nombramientos.
  
   Uno de los comportamientos que, desde que se ha metido en política, ha tenido que modificar Gimeno ha sido el referido a la vida religiosa y, en especial, a su faceta más social y visible: la asistencia a los actos religiosos. Desde que tomó posesión de la jefatura no se pierde la misa mayor de los domingos, la que dio lugar a la pelea por ocupar el lugar de preeminencia en la iglesia, así como las demás funciones religiosas en las que las autoridades civiles suelen estar presentes. Fue uno de los consejos que le dio Benjamín: que aunque no fuera católico practicante debía de cuidar mucho todo lo concerniente a la Iglesia. José Vicente ha tomado la sugerencia al pie de la letra y, con gesto circunspecto y semblante grave, se le puede ver en las principales manifestaciones religiosas. Antes de meterse en política su religiosidad era muy superficial: recibió el bautismo, tomó la primera comunión y hasta recuerda que fue confirmado, pero a medida que se hizo mayor dejó de ser practicante. Curiosamente, Paco Vives está en una situación similar, es católico solamente de nombre. Quizá también le han debido dar un consejo parecido al que recibió Gimeno porque se le ve con frecuencia en las celebraciones eclesiásticas. Lo único que distingue a ambos políticos son pequeñas diferencias de matiz. Gimeno cuida los detalles por insignificantes que parezcan. A Vives eso ni se le ocurre. Detalles como el del misal: José Vicente ha tenido a Gerardito, su ayudante en la cooperativa, pasando reiteradamente las páginas de un misal recién adquirido para que dé la impresión de usado. O como el de los rezos: Gimeno ha retomado el catecismo para refrescar las oraciones más habituales, de ese modo puede permitirse el lujo de rezarlas en voz alta como si fuese un beato de toda la vida. Con su nueva actitud los dos líderes parece que están aprobando con nota la faceta de la práctica religiosa, tan importante en la España del nacionalcatolicismo.

   Si en la faceta religiosa los dos políticos que se disputan la supremacía están empatados, hay una cuestión en la que Vives supera con mucho a Gimeno: la del estado civil. El alcalde está casado y tiene dos hijos, el falangista es soltero. En la España franquista, en la que el nacionalcatolicismo es una fuerza poderosa, a partir de una determinada edad, y sin que haya un tope preciso, permanecer soltero convierte a un dirigente político en una persona dudosa. Lo que exige la doctrina imperante es que tanto hombres como mujeres estén casados y, mucho mejor, si tienen familia numerosa. Paradójicamente, destacados falangistas son solteros, pero eso no empaña el hecho de que socialmente el estado civil perfecto sea el de casado. Ser soltero no es que sea reprobable, pero es un estado imperfecto y en el caso de los varones un tanto sospechoso dado que puede apuntar a una posible homosexualidad, algo que en un credo político cuyo hombre ideal debe ser mitad monje, mitad soldado es visto como una aberración intolerable.
   José Vicente ha pensado más de una vez en echarse novia, casarse, tener hijos; vamos, lo que hace todo el mundo, pero hasta ahora no ha tenido ninguna prisa. Puesto que nunca consideró el empleo actual como su trabajo definitivo se decía que ya buscaría novia cuando tuviese un empleo fijo y en el que ganara lo suficiente para mantener a una familia. Ahora, su nuevo papel de político lo ha cambiado casi todo: ya no está tan seguro de querer marcharse del pueblo y de buscar otro trabajo. Vistas así las cosas piensa que tendría que echarse novia en Senillar. Cuando llega a esa conclusión él mismo se sorprende: tal cuestión no formaba parte de sus planes. Desde el mismo día de su llegada al pueblo percibió que la mayor parte de las jóvenes casaderas le ponían buena cara. No le extrañó, conoce el paño: en los pueblos en los que casi todo el mundo es agricultor cualquier empleado o funcionario suele ser considerado un buen partido. Ha sido invitado a guateques, merendolas y reuniones particulares en las que ha tenido ocasión de conocer a muchas jovencitas. Hay de todo pero, aunque reconoce que abundan las chicas francamente guapas y simpáticas, ninguna le ha llamado poderosamente la atención ni ha hecho mella en su corazón. Bueno, hay una excepción, hay una que si no ha herido su corazón, si ha hecho despertar sus instintos viriles más primitivos y es Lolita Sales, pero ya se ha convencido de que esa es una opción que la tiene perdida.  
   En la cuestión del dilema entre soltería o matrimonio solo le ha faltado a Gimeno escuchar a Rodrigo Arbós que un hombre casado merece siempre más consideración. Comienza a plantearse en serio la posibilidad de casarse y lo hace con la frialdad con la que podría efectuar un balance contable. Pasa revista a posibles candidatas a convertirse en su media naranja. Su primera mirada se dirige a las herederas de las casas más fuertes del pueblo, las que tienen más fincas. El dinero siempre es un poderoso aliado, sobre todo para alguien que no lo tiene. Tener el riñón bien cubierto proporciona tranquilidad y, especialmente, te quita la preocupación de tener que hacer fortuna con lo cual dispones de mucho más tiempo para dedicarlo a otras actividades, por ejemplo a la política. En esas reflexiones se le cuela una y otra vez la imagen atractiva e incitante de Lolita, lo que le hace replantearse si no estará enamorada de ella. Tras analizar sus sentimientos llega a la conclusión de que, no lo está, pero que si la desea, ¡y de qué manera! Nunca fue un hombre apasionado, más bien lo contrario, por eso no deja de sorprenderle los turbios deseos que le provoca la joven. Sus cavilaciones le llevan a una conclusión paradójica: ¿y por qué antes de tomar una decisión que sea inapelable no intenta otra vez ligarse a Lolita?
   La respuesta a la pregunta que se plantea a sí mismo no puede ser otra: José Vicente decide pasar a la acción. Un día que ha ido a Valencia, en compañía de Lolita, a gestionar una subvención destinada a la compra de una máquina de coser para las clases de bordado, la invita a comer en un restaurante del Grao con fama de tener una excelente cocina. En la sobremesa, animado por la botella de blanco de Rueda que ha trasegado, coquetea descaradamente con la joven a la que no parece importarle su comportamiento. En un determinado momento, el hombre le coge una mano y deposita un amago de beso en su palma. Como la joven sigue sin inmutarse, José Vicente da un paso más: le coge la barbilla y adelanta su boca para besarla. Lolita reacciona como si le hubiese mordido una víbora. Aparta la mano del hombre y se queda mirándole con unos ojos que brillan como los de una pantera herida. Aquella mirada, dura como el pedernal, dice más que mil palabras. Gimeno se da cuenta al momento de que se ha columpiado. La joven no solo no es una presa fácil sino que parece que no tiene nada qué hacer con ella. Por si tenía alguna duda, ella se lo hace saber de forma tajante: 
- Que sea la última vez que te comportas así. Como algo parecido vuelva a repetirse no volverás a verme. Eres mi jefe, pero solo en la política. En todo lo demás, no eres nadie ni vas a serlo nunca. ¿Te ha quedado claro?

viernes, 16 de enero de 2015

2.10. De profesión: veterinario



 
   Mientras el alcalde y el secretario del Ayuntamiento departen con quien viene a ocupar la plaza que ha dejado vacante don Abelardo Lastra, el oficial mayor está redactando la nota que acompañará a la certificación de su toma de posesión. Va copiando los datos del documento nacional de identidad que acaban de darle. Nombre: Alfonso Grau Bellver. Le da la vuelta al DNI y sigue escribiendo. Natural de: Valencia. Provincia: Valencia. Fecha de nacimiento: 22-03-1920. Hijo de Alejandro y María de los Desamparados. Domicilio... El escribiente duda, levanta la cabeza y mira al secretario hasta que consigue hacerse con su atención.
- ¿Pasa algo, Severino?
- El domicilio, don Nicanor. ¿Pongo el que figura aquí?
- ¿Qué domicilio tienes en el DNI? – demanda el secretario al titular del documento.
- El de mis padres en Valencia, todavía estaba estudiando cuando me lo hice.
- Convendría poner el que vayas a tener aquí. ¿Dónde piensas vivir?
- De momento, estoy en la fonda del señor Avelino, pero quiero buscar algo más estable. Espero que me ayudéis.
- Severino, pon las señas de la fonda de Lino – precisa el secretario.
- No dude que le ayudaremos en todo cuanto esté en nuestra mano – asegura Vives al recién llegado -. En un pueblo como éste en el que en más de la mitad de las casas hay un mulo o un caballo su profesión es una de más solicitadas.
   El administrativo vuelve a interrumpir la conversación.
- ¿Qué ocurre ahora? – pregunta, un tanto desabrido, el secretario.
- Perdonen – y dirigiéndose al forastero inquiere -. Don Alfonso, el estado civil, ¿sigue soltero o...?
- Solterísimo.
- Espere que se enteren las muchachas en edad de merecer – afirma, sonriente, Vives - y verá la de invitaciones que le van a llover.
- Las agradeceré todas, pero tendré que rechazarlas. Tengo novia.
- Por cierto, creo que éste es tu primer destino, ¿verdad? – pregunta, curioso, el secretario - ¿Y si no es indiscreción, que te llamó a pedir Senillar?
- A fuer de sincero, solo hubo un motivo que me decantó por Senillar. Era la localidad que estaba relativamente más cerca de Valencia y mejor comunicada. Ni había estado nunca, ni conocía a nadie, ni sabía nada del pueblo – contesta Alfonso Grau un tanto molesto por la curiosidad del secretario.
   El oficial termina la nota al transcribir el último dato del recién llegado, de profesión: veterinario. Mientras ha estado redactando ha tenido un oído puesto en la charla del trío, a buen seguro que a su mujer le encantará ser una de las primeras en conocer aspectos de la vida de quien acaba de tomar posesión de su empleo. El escribiente se levanta y se acerca al grupito con el documento que acaba de elaborar.
- Lo dejo en su despacho, don Nicanor. ¿Quieres algo, Paco? – pregunta dirigiéndose al alcalde.
- No, gracias, Severino. Puedes volver a tu trabajo – responde amablemente el munícipe.
   Severino echa una última mirada al nuevo albéitar. Tiene buena planta, viste bien y parece un hombre aplomado. Ojalá – se dice – sea la mitad de bueno que don Abelardo. La charla parece agotada y el alcalde, que ha mirado un par de veces su reloj, se pone en pie, gesto que imitan sus interlocutores.
- Ha sido un placer, don Alfonso. Espero que se encuentre a gusto y que se quede mucho tiempo entre nosotros. Déjeme decirle que éste un pueblo en el que se vive muy bien y el trabajo no le agobiará. Lo que no hay son muchas diversiones, pero teniendo en cuenta que tiene novia, supongo que los fines de semana se marchará a Valencia. Lo dicho, bienvenido a Senillar.

   La llegada de un nuevo titulado superior al pueblo siempre es motivo de comentarios de toda índole. Es algo que no ocurre todos los días y la noticia está en boca de todos. En la trastienda de la Moda de París también se habla de ello.
- ¿Ya conocéis al nuevo veterinario? – pregunta Fina.
- Anteayer lo vi, estaba sentado en la terraza del café de la plaza. ¡Está de toma pan y moja! – enfatiza Consuelo.
- Eres una descarada, Consuelo. ¿Qué va a pensar de nosotras esta jovencita?, ¿qué vamos por ahí comiéndonos a los hombres? – pregunta Lolita con una sonrisa bailándole en la punta de la lengua.
   La jovencita aludida es Beatriz Villangómez que, como todos los sábados, acude a la trastienda a que Lolita le imparta clase de francés.
- Huy, no creáis que me escandalizo ¿Si oyerais lo que dicen de los tíos mis compañeras de la Normal las que os escandalizarais seríais vosotras? De todas formas lo último que pensaría de un veterinario es que pueda estar buenorro. ¿Os imagináis a Burt Lancaster o a Clark Gable metiéndole mano a un mulo para ver su temperatura?
   La ocurrencia de la muchacha provoca las sonoras risas del grupo.
                                                                           *
   Tras la pugna por el motorista del coto arrocero, saldada con su victoria, Gimeno no hace más que darle vueltas sobre cómo podría deshacerse del alcalde, su gran rival político. Todavía no sabe cómo va a conseguir que el Gobernador se cargue a Vives, pero no desaprovecha ocasión para segarle la hierba debajo de los pies. Incluso lleva tan adelantado su proyecto de sustituirle que, sin tener la más mínima garantía de poder forzar su cese, ya ha comenzado a tejer la tela de araña con la que envolver a su oponente. Uno de los primeros con los que habla sobre ello es Benjamín Arbós. La conversación está llena de sinuosos sobreentendidos.
- Todos están de acuerdo, señor Benjamín, que fue una majadería que le cesasen. Aseguran que en los pocos meses que estuvo al frente del Ayuntamiento cambió el pueblo.
- Hombre, José Vicente, gracias, pero tampoco fue tanto. Hice lo que pude y aquellos tiempos fueron muy duros, te lo aseguro.
- Ya lo supongo. ¿Y quién fue el inútil que le cesó? – a Gimeno le han contado la historia del final de la guerra en el pueblo, pero se hace de nuevas.
- Un alférez de complemento que fue comandante de la plaza desde la liberación hasta la batalla del Ebro. Zarzalejo se llamaba y era un niñato con la cabeza a pájaros. No sé por qué, pero tanto a Rodrigo como a mí nos tenía sentenciados.
- Cometió la misma estupidez que la que han hecho ahora nombrando a Vives. Que conste que le considero una buena persona y me llevo bien con él, eso que quede claro, pero políticamente no da la talla.
- Posiblemente le falte mano izquierda.
- Y saber estar. No actúa como un político, sino como un empresario, solo piensa hacer cosas. Se pasa el día hablando de aceras, calles asfaltadas, quiere remozar el Ayuntamiento…, ah, y lo del agua corriente. ¡Cómo si no hubiese obras más necesarias y urgentes!
- Hombre, lo del agua corriente no me parece mal. Es un indudable adelanto.
- Por supuesto, lo que cuestiono es que fuera el momento más indicado para llevarla a cabo. Había obras mucho más urgentes.
   Benjamín está tentado de preguntar cuáles, pero hace tiempo que descubrió el juego que se trae entre manos José Vicente y no está dispuesto a dejarse manipular. Empieza a tener años y las apetencias políticas hace mucho que dejaron de figurar entre sus primeras opciones. De cualquier modo, no quiere indisponerse con Gimeno a quien le adivina un espléndido futuro político y piensa en cómo dar una salida a la charla sin que el novato jefe local lo tome como un desaire.
- Estoy totalmente de acuerdo. En los asuntos públicos el tiempo es un factor importante. Y confesión por confesión: alguna vez se me pasó por la cabeza volver a la política activa, pero los años no perdonan. Mi salud ya no es la que era, he tenido dos amagos de angina de pecho y los médicos insisten en que trabaje poco, descanse mucho y preocupaciones ni una. ¡Ya ves qué panorama, cómo para volver a meterme en líos! De todas formas, atiende el consejo de un viejo político ya prácticamente jubilado: no te obsesiones con Vives, hay un tiempo para cada cosa. En vez de ello, deberías de marcarte dos metas: ahondar y ampliar las relaciones con la gente de Valencia, que al fin y a la postre son los que ponen y quitan, y en el pueblo hacer el mayor número de favores posibles. Esas deben de ser tus dos bazas principales para que cuando llegue el día, que sin duda llegará, en que te hayas de enfrentar con Paco tengas las mejores cartas posibles. La paciencia en política es un arma formidable para quien sabe emplearla.
- Gracias por sus consejos. Lo que no tengo claro es cuál sería la mejor forma de que los de la Jefatura Provincial estén más satisfechos con mi labor.
- Puedes empezar por lo que no hizo mi hermano, poner el resto de delegaciones en marcha, tal y como has hecho con la Sección Femenina en la que, por cierto, me han dicho que la hija de la señora Leo lo está haciendo muy bien. 
- No lo hace nada mal, no – asevera José Vicente mientras piensa que Lolita quizás sea una eficaz camarada, pero también es una mujer fría, antipática y arisca, igual es un marimacho de esos a los que no les gustan los tíos.