martes, 18 de noviembre de 2025

46. “El masover”. La mona de Pascua

   La pandilla de Zaca y las cinco jovencitas que han elegido como partenaires van a celebrar la Pascua juntos. Para ir conociéndose mejor, antes del domingo de Resurrección, se han reunido varias veces. Reuniones que suelen realizarlas en el domicilio de Caridad, pues es la que tiene más espacio hábil en casa, siempre bajo la discreta tutela de su madre, la señora viuda de Tena. Tras las primeras uniones, los muchachos han acabado poniéndoles motes a sus compañeras para hablar de ellas delante de quien sea sin descubrir quiénes son. Y no han dado muestras de tener demasiado ingenio, han optado por lo fácil. A Caridad le han puesto el remoquete de la Nevera, por lo formal que es, su estricto comportamiento y su carácter seco y distante. A Carmina la apodan la Coloretes, pues suele írsele la mano en el incipiente maquillaje que utiliza para alegrar un rostro anodino. A Angelita, la bautizan la Potranca porque es, con diferencia, la más sexi y la que atesora más curvas y redondeces. Y a Visentica, la denominan la China, ya que el rasgo de su rostro que más llama la atención son sus rasgados ojos, como si hubiese tenido algún ancestro oriental.

   En esas reuniones, pronto van saliendo a la superficie las preferencias de los chicos pues, como varones, tienen el privilegio de dar el primer paso para elegir pareja. Ellas, aunque también tienen sus predilectos, están educadas en que no deben mostrar sus inclinaciones, pues así lo impone el recato femenino y las costumbres sociales. En las relaciones interparejas el rol de martillos lo tienen ellos; a las chicas les toca el pasivo papel de yunques. Y si bien se piensa, los yunques son más fuertes y resistentes que los martillos. Si se aplica esta metáfora a ambos sexos el resultado no hace más que evidenciar que las verdaderamente firmes son las féminas. La Nevera, pese a que no es fea, ni tiene ningún defecto físico, y además es pubilla, no suscita la apetencia de los mozuelos,  porque tiene fama –y así lo demuestra en su trato- de ser de una moralidad intransigente, y eso a unos adolescentes en los que la testosterona les nubla la razón es motivo más que suficiente para no elegirla como pareja. La Coloretes  es la más desenvuelta y simpática de todas y la que parece que puede ser más permisiva, dentro de la permisividad sexual de la época que es más bien pacata. La Potranca es, con diferencia, la más guapa y la que tiene el pecho más desarrollado, algo sumamente valorado por los adolescentes, por lo que suele ser la preferida como pareja. La China no está nada mal, es la más esbelta y buena moza, tiene el hándicap social de que su familia no posee fincas. Finalmente, la Masovereta –es decir, Paqui- es bastante agraciada, pero el que sea masovera y que, salvo Zaca, el resto de los chicos apenas la conoce, suscita más dudas que certezas, por lo que queda en una especie de limbo en cuanto a las preferencias para emparejarse.

   En las apetencias de los chicos, Joaquín Queralt duda entre la Coloretes  y la Potranca, puesto que lo que le atrae de las chicas son sus encantos físicos y la posibilidad –más bien remota- de satisfacer su creciente libido. Joaquín Pifarré, el más apuesto y desenvuelto de los chicos, vacila entre la Potranca y la China, y su razón es que le gustan las muchachas que sean como él, espigadas y, a poder ser, tener buen cuerpo. A Zaca Clavijo, tan acomplejado como siempre, le gusta la China, pues tiene el pálpito de que la chiquilla le mira con ojitos tiernos; lo único que le tira para atrás es que la jovencita es más alta que él, y eso su complejo de bajito lo lleva muy mal; otra opción que tiene –recomendada por madre- es la Masovereta, pero precisamente por ser la favorita de madre su elección se le hace cuesta arriba. A Manolo Pitarch, el más desangelado de los amigos, le gustaría elegir a la Potranca aunque, dado lo indeciso que es, posiblemente acabará quedándose con la que los demás no elijan, que es lo que suele ocurrir. La elección de la pareja no es un asunto baladí, puesto que un emparejamiento, aunque sea a tan temprana edad, en más de una ocasión ha terminado haciéndose estable hasta la boda diferida en el tiempo. Pues en el pueblo, como en la mayoría de las sociedades rurales, los noviazgos se inician en la primera etapa juvenil.

    La pandilla mixta, ahora integrada por nueve miembros, celebrará la mona –en la fraseología local la fiesta del domingo de Resurrección-, como marca la tradición, en una casa de campo, en este caso en la caseta de una de las fincas de la familia de la Coloretes. La pandilla se reparte la aportación de los componentes del piscolabis que tomarán la tarde del domingo de Pascua. Ellas se han encargado de los dulces –realmente, los elaborarán sus madres- y, además, han hecho a los chicos una petición poco habitual: que no traigan merienda, que de eso también se encargan ellas. Y así ha sido: han preparado unos cruasanes de jamón y queso, de atún con rodajas de tomate y de longanizas y, para acompañarlos, la clásica ensalada mediterránea de lechuga, tomate y cebolla más algunos ingredientes nuevos, tales como nueces y granada. Lo de que sean ellas las que lleven la merienda ha sido idea de la madre de Carmina; su finalidad: presentar a las chiquitas como unas mujercitas que en un futuro serán hacendosas amas de casa. Lo que también supone que los cuatro amigos son considerados socialmente como buenos partidos, pues tres de ellos son estudiantes y se les conjetura un futuro prometedor, y el que no estudia su familia tiene muchas fincas y, por tanto, también entra en la categoría de buen partido. A su vez, los chicos se han encargado de las bebidas: gaseosas, refrescos y, a escondidas de los padres, de dos botellas de sidra barata, pues, como repite Queralt como un mantra:

   -A una chica la emborrachas y entonces puedes hacer con ella lo que quieras –y en ese lo que quieras va encerrado todo un hipotético mundo de actos lujuriosos, que está muy lejos de la realidad, pero que a los adolescentes les suena como el culmen de sus sueños eróticos.

   El domingo de Resurrección todos llevan su mona de Pascua, un típico dulce que se suele comer en el final de la Semana Santa, bien para mojar en chocolate caliente en el desayuno o la merienda, bien como postre después del almuerzo y, en el caso de la Pascua, como vianda indispensable de la merienda de ese día. Sus ingredientes son: leche, levadura, huevos, aceite de oliva, agua de azahar, azúcar, ralladura de limón y naranja y harina de trigo. Para su elaboración, las madres han templado la leche en un cazo. Luego, han desliado la levadura en la leche, batido los huevos y los han incorporado, así como el aceite, el azúcar, las ralladuras y la harina mientras van removiendo la masa. Una vez incorporada toda la harina, amasan la pasta durante unos diez minutos hasta que queda elástica y lisa. Después, la han dejado fermentar durante una hora y media para que doble el volumen. Luego, han hecho bolas con la masa y les han dado la típica forma esférica. Como las monas se adornan con frutas escarchadas y uno o varios huevos duros, han lavado estos, los han secado y los han puesto en la masa. Luego, han pintado las monas con huevo batido y  espolvoreado con azúcar. Finalmente, las han horneado durante unos veinte minutos.

   Una de las picardías que los chicos suelen hacer con los huevos de la mona, y que ellas aceptan aunque siempre protestan por aquello de guardar las apariencias, es aplastarlos en la frente de la mozuela que secretamente han elegido. Para ello, antes pronuncian una peculiar oración, en la que se mezcla el castellano y el valenciano, y que dice: Por la señal de la canal, ací em pique, ací em cou i ací te trenque l'ou. Lo de la rotura se celebra entre las risotadas de los muchachos y las protestas, más aparentes que reales, de las chiquitas. El momento de la fiesta que los adolescentes esperan con más ansiedad, una vez superada la fase de la merienda, es la del bailoteo. Los padres de Queralt les han dejado una gramola de cuerda manual –de las contadas que hay en el pueblo- y una decena de discos de gran formato que va a proporcionarles la música, siempre que haya alguien que se encargue de darle al manubrio. Como las chicas son cinco, una se tendrá que encargar de ello para lo que se turnarán, pues todas quieren bailar, ya que a su edad no tienen muchas ocasiones de hacerlo. La primera que se ofrece a encargarse de la gramola es la Nevera, por lo que de momento queda excluida como pareja de baile. En cuanto suena la música –el pasodoble Suspiros de España- quien primero se lanza al ruedo es Pifarré que le pide el baile a la Potranca. Le sigue Queralt, que elige a la Coloretes. Clavijo opta por sacar a bailar a la China. Y a Pitarch no le queda otra opción que conformarse con la Masovereta. Al acabar el pasodoble suena una rumba, y Pifa y Queralt intercambian parejas, lo que también hacen Clavijo y Pitarch. Y así, a medida que suenan nuevas piezas, las parejas van intercambiándose. Se trata de que todos bailen con todas, pues así lo recomiendan las normas no escritas de los hábitos sociales del pueblo, y que se respetan escrupulosamente. En la primera mitad del baile suenan músicas alegres y movidas: pasodobles, rumbas, valses, polcas, foxtrots, tangos…, pero lo que todos esperan con ansia es la llegada de la música lenta, la que permite mayor sosiego para charlar y, sobre todo, para tener mayor intimidad con la pareja elegida –privilegio de ellos, pero que no siempre cuenta con el beneplácito de ellas-. En esa etapa, los cambios de pareja se ralentizan y una dupla puede bailar muchas piezas seguidas sin cambios. Cuando llega ese momento, las parejas se han definido: Pifarré se ha quedado con la Potranca, formando la dupla más resultona del grupo. Queralt ha optado por la Coloretes, la más lanzada de las mozuelas. Clavijo ha dudado de si optar por la China -la que más le gusta-, pero el hecho de que para charlar con ella tenga que mirar hacia arriba le chincha y, en última instancia, elige –quien lo iba a decir- a la Masovereta, pues no se siente a gusto con la Nevera, que es la otra opción que le queda. Esta última ha vuelto a encargarse del manubrio y Pitarch baila con la China.

   A Zaca le sorprende gratamente la que él definía como un cardo borriquero. Paqui tiene más conversación de la que creía y se comporta con muchas ganas de agradar. Baila con mayor desenvoltura de la que le suponía y no ha puesto ningún reparo en que el chico roce su cara con la suya y, al tiempo que las piezas musicales se van sucediendo, ha terminado poniendo su mano derecha en el cuello de Zaca y de cuando en cuando mueve un dedo en un ademán que podría entenderse como una suerte de caricia, algo que al chaval le hace sentirse en la gloria, hasta que nota, alarmado, que está teniendo una erección. Se pone rojo como un tomate, pero la muchacha parece no haberse dado cuenta, pues sigue charlando con toda naturalidad. El ligero pantalón de dril que lleva el muchacho no es lo suficientemente resistente para contener la tiesura y el bulto de la entrepierna es aparatoso por lo que, cuando acaba la pieza, Zaca se queda de pie charlando con Paqui, pues así la muchacha le sirve de pantalla para que los demás no se den cuenta de la situación. El chico intuye que ella ha percibido lo que le ocurre, pero está teniendo el tacto de aparentar que no lo ha notado y de ayudarle a no ser objeto de las burlas de sus amigos, algo que agradece en el alma y que le hace pensar que Paqui –ya no piensa en ella como la Masovereta- no es el cardo borriquero como la había bautizado. Incluso la encuentra mucho más atractiva de lo que creía y piensa que algún día no demasiado lejano puede llegar a ser una real moza pues, aunque solo tiene doce años dos sugestivos botones hinchan su blusa. “Lo que me he perdido”, se dice el muchacho. Es una frase hecha, porque en realidad no sabe lo que ha podido perderse al no haber frecuentado la compañía de la masovera. Pero Zaca es como es, vive más en su mundo imaginario que en el real.

   La experiencia de la mona de Pascua ha terminado siendo grata para Zaca que la recordará como un punto de inflexión en su madurez hacia la adolescencia. Es consciente de que todavía está muy verde y que del mundo femenino le queda mucho por aprender. Lo mismo le ocurre del universo del sexo que le atrae tanto como le atemoriza. Supone que con el discurrir del tiempo  acabará superando esas lagunas. Y le viene a la mente una máxima que ha leído en alguna parte: El tiempo vuela sin alas. “Que así sea”, se dice. Las alas aparecerán cuando tengan que hacerlo. Y mientras tanto, tendrá que ir haciendo acopio de descubrimientos, aunque sean insignificantes, sobre el misterio que para él representan las chicas de carne y hueso y que no tienen nada que ver con sus mujercitas de papel que son en las que hasta el momento ha centrado sus apetencias. Y la mona de Pascua ha supuesto un arranque prometedor y le ha abierto los ojos al mundo femenino real. Lo que es un paso importante para un tímido.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 47 de la novela “El masover” titulado: ¡Qué país, qué paisaje, qué paisanaje!

martes, 11 de noviembre de 2025

45. “El masover”. Sisca, mujer

   Paquita lleva varios días con síntomas físicos nada habituales en una chicuela que tiene una saludde hierro. Ha perdido el apetito, tiene náuseas, sus incipientes mamas se le han puesto sensibles y le han salido unos granitos que afean su agraciado rostro. Hacia el quinto día, la muchacha se alarma porque ha ensuciado las bragas. No sabe si es sangre, pues solo es una mancha de color marrón. Su primera intención es contárselo a su madre, pero no lo hace, pues no es dada a las confidencias y su trato con ella es una mezcla de suspicacia y de vergüenza. Quizá sea mejor contarlo a alguna de sus amigas, pero tampoco tiene tanta confianza como para referir sus intimidades. A quien termina diciéndoselo es a Julia, pues tiene más confianza en su abuela que en cualquier otra persona.

   -Abuela, no sé si estaré enferma. Parece que he perdido un poco de sangre por ahí abajo. Ya sabes.

   -¿Cuándo lo has notado?

   -Esta mañana. Y además, no me encuentro muy bien. He estado a punto de devolver. Algo me ha debido de sentar mal.

   -¿Es la primera vez que te pasa?

   -Que recuerde, sí.

   -¿Tu madre te ha explicado que las mujeres tenemos unos días al mes que sangramos, sin que ello suponga que estemos enfermas?

   -No.

   -Esta hija mía… -da la impresión de que la abuela parece un tanto molesta. No está claro si es por lo que acaba de contarle su nieta o por la desidia de su hija en sus deberes como madre-. ¿Te has cambiado las bragas?

   -Claro, abuela, estaban sucias.

   -Busca en el arcón donde la ropa interior de tu madre, encontrarás unos pañitos rectangulares con unas cintas. Tráelos y te explicaré para que sirven y como debes ponértelos. Mejor que lo hagas cuando tu madre no te vea. Si vuelves a manchar dímelo enseguida. De todas formas, esta tarde, tú y yo, vamos a tener una charla. Y no será de abuela a nieta, sino de mujer a mujer.

   -Y eso de mujer a mujer, ¿qué quiere decir?

   -Esta tarde te lo cuento.

   -Otra cosa que no te he contado, abuela, porque me da vergüenza, es que parece que me han crecido los pechos. ¿Eso es bueno o malo?

   -Ni bueno ni malo. Es porque estás creciendo y cuando una niña crece hay partes de su cuerpo que se desarrollan mucho más. Y hablando de crecimiento, esta tarde otra cosa que vamos a hacer será comprobar si la raya que hice el pasado verano, en el cuarto de estar, para saber cuánto medías, sigue valiendo o ya la has sobrepasado.

   -A mí me gustaría ser más alta que madre –está a punto de añadir y que tú, pero no lo dice. Igual a la abuela no le gusta.

   -Lo serás, hija, lo serás. Tu padre de joven era un buen mozo. Ah, dile a tu madre que te compre sostenes, no es bueno ir con los pechos al aire, hay que sujetarlos.

   -Se lo diré, abuela. ¿Si tengo que llevar sostenes es que me he hecho mayor?

   -Claro que sí, hija. Has dejado de ser una niña y tendrás que ir acostumbrándote a pensar como una mujer; al menos como una mujer joven.

   Julia está casi segura que lo que le ocurre a su nieta es que, de golpe y porrazo, se ha hecho mujer.  Los indicios son evidentes: parece que ha sangrado, tiene la edad apropiada, le han crecido las mamas, tiene vello en las axilas y, posiblemente, también lo tenga en las partes pudendas. “Blanco y en botella,” se dice. Ha pasado lo que más pronto que tarde tenía que pasar, la aparición de la primera regla. Se pregunta cómo su hija no le ha contado a Paquita los cambios hormonales que su cuerpo iba a sufrir al llegar a la adolescencia, y se dice que algo hizo mal como madre al no formar mejor a su hija y que ahora repercute en su nieta. “Quizás –piensa- tendría que haber dedicado menos tiempo al Canònge y más a  mis deberes como madre. Pero eso ya no tiene remedio. De todas formas, y para confirmarlo, habrá que esperar el próximo mes a ver si vuelve a sangrar y la sangre tiene un color más rojo”.

   Esa tarde, después de terminada la clase, abuela y nieta mantienen una larga y distendida charla en la que Julia cuenta a Paquita lo que debe saber sobre la menstruación y los cambios por los que está pasando, al tiempo que le brinda su apoyo y consejo para afrontarlos de manera natural y sin sobresaltos. 

   -Es perfectamente normal que a algunas chicas la primera regla les dure solo dos o tres días. Muchas pierden muy poca sangre en sus primeras menstruaciones, mientras que otras la pierden en mayor cantidad. La menstruación suele ocurrir cada veinticuatro a treinta y ocho días, aunque un ciclo de veintiocho días es el más común.  

   -¿Y desde cuándo se cuenta la duración de un ciclo?

   -La que existe entre el primer día de menstruación y el primer día de la siguiente. Dados los antecedentes de tu madre, y de mí misma, lo normal es que seas regular. Aunque eso solo lo sabremos cuando lleves varios meses con la regla. Cuando empiece tu período tal vez tengas un poco de dolor de tripa y estés un poco irritable, pero eso es normal. Nos ha pasado a casi todas. Otra cosa que, posiblemente, te va a pasar es que crecerás algunos centímetros, lo que te vendrá bien, pues serás más esbelta. ¿Has entendido todo lo que te he explicado?, ¿tienes alguna duda? No tengas ninguna vergüenza en preguntar lo que quieras. Ya sabes cuánto te quiero y lo importante que eres para mí.

   -Abuela, ¿los chicos notan cuándo tienes el periodo?

   -No, necesariamente. Pero si tienes confianza en un chico, quizás lo mejor es que cuando tengas la regla se lo digas. En general, lo aceptan como algo normal, pues también les pasa o les ha pasado a sus madres y a sus hermanas, en el caso de tenerlas.  

   -Y a mis amigas, ¿se lo puedo contar?

   -Claro. Y hasta es bueno que se lo digas, pues posiblemente, a su vez, ellas te cuenten como llevan lo de la regla y de esa forma aumentará tu experiencia sobre ella. Y no hay nada que refuerce más los lazos amistosos que hacerse confidencias.

   -Entonces, cuando vuelva al Mas, ¿se lo podré contar a Julieta?

   -Por supuesto.

   -Y al perder sangre, ¿no olemos cómo sucias?

   -No tiene por qué, pero ya que hablas de olor, algo que se debe hace durante el periodo es extremar la higiene personal. Lavarse más a menudo. Cambiarse el pañito cuantas veces sea necesario y usar agua de colonia o algún perfume que no sea intenso. Pero lo más importante es, como dije, mantener una escrupulosa higiene personal.

   -¿Y los pechos me seguirán creciendo?

   -Sí, hasta un cierto punto.

   -Ojalá tenga unos pechos grandes. Me he dado cuenta de que los mozos es lo primero en que se fijan de las chicas, en la pechuga. Me gustaría tener buenas tetas.

   -Es un error, Paquita. Ser pechugona tiene más inconvenientes que ventajas. Tener un pecho grande puede generar diversos inconvenientes, tanto físicos como anímicos. Físicamente, puede causar dolor de espalda, cuello, hombros y problemas de postura. Anímicamente, puede generar inseguridad y algunos complejos. Hay una frase popular, y bastante vulgar, pero que lo describe: Pecho que mano no cubre no es teta, es ubre. Si te pareces a tu madre y tu abuela, lo más probable es que acabarás teniendo unos senos, digamos, de tamaño medio, no grandes ni chicos, que es lo mejor.

   -¿Y cada cuándo he de cambiar de sostén?

   -Los sostenes, también llamados sujetadores, deben cambiarse igual que las bragas. Diariamente, a ser posible. En cuanto a su tamaño, en la medida que te crezcan los pechos, tendrás que cambiarlos por otros más grandes.

   -Abuela, también me da vergüenza preguntarte esto, pero si no te lo pregunto, ¿a quién lo voy a hacer? ¿La regla que tiene que ver con lo de tener niños?

   -Mucho. Desde ahora ya puedes tenerlos. Por lo que deberás andar con mucho cuidado en tus relaciones con los chicos. No debes dejar que te manoseen como si fueras un objeto. Si alguno quiere propasarse debes ponerlo en su sitio y exigirle que te trate con respeto, como si fueras su madre o una hermana.

   -Y si un chico me besa, ¿ya quedo preñada?

   -No, criatura. ¿Tu madre tampoco te ha contado cómo nacen los niños?

   -Algo me dijo de una cigüeña, pero no le hice mucho caso. Sé cómo nacen los animales y que les hacen los toros a las vacas y los carneros a las ovejas. Entre las personas, ¿es parecido?

   -Hasta cierto punto –y Julia, tirando de paciencia, describe a su nieta el proceso de la fecundación humana y el nacimiento de los bebés. Se ratifica en la impresión de que su hija, como madre, es una calamidad y que ella, en su rol materno, tampoco hizo lo que debió hacer. Se consuela pensando que aún está a tiempo de que su nieta tenga las explicaciones necesarias y suficientes.

   -Abuela, volviendo a lo de los besos. Si un chico me gusta y dejo que me bese. ¿Qué pasa?

   -Si un chico te gusta y a él le gustas, tendrá que respetarte y comportarse correctamente. Un beso no hace daño a nadie, pero si se multiplican pueden ser un peligro. Deberás controlarte y controlarlo. Lo irás aprendiendo con la experiencia.

   -Y si además de besarme, ¿quiere tocarme?

   -Toqueteos, ninguno. Y en el mejor de los casos, debes seguir a rajatabla esta norma: ninguno de cintura hacia abajo. Y los menos posibles hacia arriba. ¿Es que hay algún chico que te gusta?

   Paquita no contesta la pregunta de su abuela, pero que se haya puesto colorada, como un pimiento de La Vera, es un incontestable indicio para Julia de que, por primera vez en la charla, su nieta le oculta la verdad. Tendrá que investigar, es mucho lo que se juega la familia con las futuras relaciones de Paquita. Y piensa que no le será difícil descubrirlo, dado que los chicos con los que se relaciona su nieta se pueden contar con los dedos de una mano y sobran. Como la conversación se ha alargado en el tiempo, Julia decide que vale por el momento, pero que habrá que seguir batiendo el hierro mientras esté caliente.

   -Bueno, cariño. Por hoy es suficiente. Te insisto en que cualquier duda o pregunta que tengas puedes contármela cuando quieras. Por muy atareada que me veas, siempre tengo tiempo para ti, pues eres lo más valioso del Canònge, y has de saber que estoy muy orgullosa de ti.

   -Una cosa, abuela, como ya soy mujer, ¿puedo pintarme los labios?

   -Aún eres demasiado joven para pintarte. Tienes una piel que parece de marfil y unos labios preciosos. Mejor que por ahora los dejes como están. Porque, ¿sabes por qué nos pintamos las mujeres? Más que nada para disimular nuestras imperfecciones y cuando nos hacemos mayores para encubrir las huellas de los años. Y tú, eres un pimpollo sin fallas, por lo que no tienes que disimular nada y faltan muchos años para hacerte mayor.

   -Gracias, abuela, por tus respuestas. También yo te quiero mucho y te tengo un gran respeto. Eso si me lo ha inculcado madre. Antes de irme, ¿puedo plantearte una última pregunta? Más que nada es una curiosidad.

   -Por supuesto. Dime.

   -¿Tú, te casaste por amor o por conveniencia? –La pregunta ha sorprendido a Julia. No la esperaba. Por un momento duda si dar una respuesta vaga o contarle le verdad. Opta por sincerarse.

   -Pues ni una cosa ni la otra. Mi matrimonio con tu abuelo José María, que Dios tenga en su gloria, fue arreglado entre mis padres y los de él. Era lo que se estilaba entonces. Yo era la pubilla del Canònge, y él era el segundo hijo del Mas de Cavanilles. Nos conocimos unos meses antes de la boda. Yo no estaba enamorada, pero tu abuelo me gustó desde nuestro primer encuentro. Era divertido y buena persona, aunque conocía pocos chicos para hacer comparaciones. Fue amable conmigo y nunca me puso la mano encima, algo que jamás debes consentir. Y fuimos felices hasta cierto punto.

   -Y esta sí que es la última. ¿El matrimonio de mis padres también fue un arreglo o estaban enamorados?

   -Tengo la obligación de contarte la verdad, aunque duela. Fue un arreglo, que yo impulsé en buena medida. Tu madre siempre fue blanda, le faltaba, y le sigue faltando, carácter. Por ese motivo, le busqué un novio que tuviera el genio que ella no tenía. Y ahí entró tu padre. Manuel, de joven, era hombre de talante consistente e ideas propias, hasta que enfermó. Ahora, ya lo ves, desgraciadamente ya no se puede contar con él, la enfermedad no solo le ha minado la salud sino también el temperamento.

   -Abuela, si alguna vez me caso, me gustaría hacerlo enamorada.

   -Es lo mejor, hija, pero solo Dios sabe lo que va a depararte el futuro. Pero recuerda lo que te he explicado: ya eres mujer y debes empezar a comportarte como tal. Y el amor es como los pimientos, nunca sabes cuándo te va a salir uno picante.

   -Eso de los pimientos no lo he entendido, abuela.

   -Lo que he querido decir es que nunca sabes cuándo vas a encontrar el amor. Puedes enamorarte de quien menos sospechas y hasta de no encontrar a quien amar. Ya sabes lo que dice el refrán: el casamiento y la mortaja del cielo baja.

   Tras la conversación con su abuela, la masoverita se pregunta si le debería contar a su amigo Zaca que ya es mujer, pero como no sabe de que manera hacerlo, opta por no decirle nada. Tiempo habrá, y Paquita, Paqui para sus amigas, y reconvertida en Sisca por el hijo del llumero de Torreblanca, piensa en si ser mujer le acarreará muchos problemas. “Bueno -se dice con una filosofía muy masovera-, lo que tenga que pasar, pasará. Y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. ¡Ya soy mujer!, ¿y ahora qué?”

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 46 de la novela “El masover” titulado: La mona de Pascua

martes, 4 de noviembre de 2025

44. "El masover". La primera pandilla

    Al día siguiente del sacrificio del cerdo, Rosario va a visitar a los masoveros del Mas del Canònge llevándoles una muestra de la matanza.

   -Rosario, muchas gracias, pero te has pasado. No tenías que haber traído nada. De todas formas, te lo agradezco, es todo un detalle. Tengo café de puchero, ¿quieres una tacita? Lo que no tengo son galletas tan buenas como las que tú haces, tendrás que conformarte con unas María –dice Paca.

   La conversación se dilata y de las banalidades que se cuentan dos amas de casa pasan, sin darse cuenta, a la confesión de confidencias familiares que solo se refieren a amistades íntimas.

   -¿Qué tal va lo de los conejos? -Rosario se desahoga, algo que hace pocas veces, pues fuera del ámbito familiar no tiene tantas amigas como para contar sus cuitas.

   -Últimamente, han bajado las ventas. Mi marido opina que a la gente le ha podido pasar lo que nos ocurrió a nosotros: que de tanto comer conejo llegamos a aburrirlo. Y encima a mi Zaquita le han pasado algunos lances muy desagradables. Te cuento –Y Rosario le relata como una clienta, por la compra de un conejo dio al chico un saco con varios kilos de patatas que, al vaciarlo en casa, vieron que buena parte de los tubérculos estaban podridos-. No veas, el disgusto que se llevó mi hijo, con lo mirado que es. Su padre quería que devolviera las patatas y que afeara a la compradora su comportamiento. Me costó, pero pude convencerles de que lo mejor era no hacer ni decir nada. Que cosas así, si se propagan, dan mala fama a un negocio y pueden originar que otras personas hagan trueques parecidos.

   -Desde luego, hay gente que no tiene vergüenza. Mira que engañar a un chico tan majo y tan honrado como es tu hijo mayor.

   -Hay gente para todo. Escucha lo que le ocurrió con otra compradora, que fue todavía peor. Vendió un conejo a una clienta, con la que había tratado otras veces. Me disculparás que no te dé su nombre porque es de una familia muy conocida en el pueblo. La compradora le pagó con un pesetó de plata. Cuando el chico hizo la liquidación, a mi marido le pareció que la moneda no tenía buena pinta. La llevó al banco y don Eduardo le dijo que era más falsa que un duro sevillano. Lo de menos ha sido la pérdida de dos pesetas, lo desagradable ha sido el disgustazo que se ha llevado el muchacho por no haber notado la falsedad.

   -Lo que te he dicho, hay gente que no tiene vergüenza. Y lo siento por Sacarietes. Tú, anímale mucho que eso le puede pasar a cualquiera, no sea que el muchacho se te venga abajo.

   -La verdad es que los disgustos que se ha llevado algo sí le han afectado, pero se le pasará. Ahora se ha vuelto más desconfiado. Aunque todo hay que decirlo: los deshonrados son los menos, pero son los que más se hacen notar.

   -Pero, ¿seguís con el negocio?

   -Sí, claro. Todavía nos renta. Lo que hemos hecho es acortar el número de veces que el chico sale a vender. Ahora lo hace tres veces a la semana y tampoco se pasa por todas las calles, algunas ni siquiera las pisa, como las que están en el entorno del Calvario.

   -Por cierto, ya que hablas del Calvario, alguna vez me has comentado el fervor que le tienes al Santocristo que hay allí, y al que de vez en cuando te acercas para rezarle un rosario. Un día me tienes que llevar contigo porque no lo conozco.

   -Eso está hecho, Paca. Cuando quieras iremos a visitarlo. Te enseñaré la ermita del Cristo y la iglesia de San Francisco, que fue la primera iglesia del pueblo hace una montonera de siglos. Todo el Calvario es digno de verse: en los bancales están las  capillas que recrean momentos clave de la Pasión de Cristo, y entre ellas hay cipreses que parecen estar de guardia. Y como sé que tu marido anda pachucho de paso podemos rezarle un rosario al Cristo que es muy milagrero. Y hablando de Manuel, ¿cómo sigue?

   -No se encuentra nada bien. El médico de Benlloch nos dijo que tiene reúma, pero todo lo que le mandó tomar no ha servido para nada. Por eso fuimos a ver a un especialista de Castellón que nos dijo que lo que tiene es un proceso agudo llamado artrosis. Es una especie de reúma, pero más fuerte. Se le están deformando las manos, cada día que pasa anda peor y sufre fuertes dolores. En el último año ha envejecido una barbaridad. Últimamente no sale del Mas, se pasa el día sentado en una mecedora tomando el sol.

   -Sí que lo siento, Paca. Pero es un hombre todavía joven y puede curarse.

   -No tan joven. Cumplió los cincuenta. Y lo de curarse cada vez lo veo más negro. Le voy a llevar a un especialista de Valencia para pedir una segunda opinión. A ver qué nos dice. Ya te contaré.

   Semanas después, Paca cuenta a Rosario que ha llevado a su marido a una clínica de Valencia, donde le han hecho diversas pruebas y hasta le han echado los rayos X. Los médicos valencianos han confirmado el diagnóstico del especialista de Castellón: tiene una artrosis deformante cuyos síntomas son rigidez, contracciones musculares y debilidad que irá a más a medida que pase el tiempo. En una fase avanzada puede tener problemas de habla y de respiración. Y que la medicina no ha encontrado por ahora un remedio eficaz.

   -¡Qué desgracia, Dios bendito! Espero que se hayan equivocado y no te quedes sin marido.

   -Sin marido ya me he quedado –y, aunque están solas, Paca baja el tono para agregar-: Dormimos en habitaciones separadas desde hace más de dos años, no te digo más.

   -Bueno, eso no es lo peor que podía pasarte. A veces cumplir con el vínculo es una pesadez. Te lo digo por experiencia propia. ¿Y él como se lo ha tomado?

   -No hace nada, ni quiere hacerlo. Ni siquiera tiene ganas de comer, se está quedando en los huesos.

   -Pobre hombre. Habrá que confiar en Dios.

   Y ambas matronas siguen contándose intimidades a media voz como si alguien pudiese oírlas, aunque están solas en la cocina de la casa de los masoveros. Y si algo es capaz de convertirse en el cemento que fragua una amistad entre dos personas es conocer las intimidades más sensibles del interlocutor.

   El año 1933 comienza con algunos cambios en la vida de Zaca Clavijo. Uno de los más significativos es el bajón experimentado en algunas de sus actividades que más le han marcado en los dos últimos años: la de escrivent y la de coniller. En la de escritor de cartas le han surgido competidores que, aunque no tienen su caligrafía, ni sus conocimientos sintácticos, esgrimen una importante baza: son mucho más baratos y asequibles. El hecho de que tenga menos clientes que demanden sus habilidades de amanuense ha repercutido en la merma de suministros alimenticios a la despensa familiar. Algo parecido ha ocurrido con la actividad de coniller. La venta de conejos, que ha disminuido en los últimos tiempos, no remonta. El motivo de ese bajón es un misterio para la familia Clavijo. Lo cierto es que hay un deterioro general en la economía del pueblo. Los productos agrícolas –el bastión económico local- se pagan menos de lo que lo han hecho en los últimos años y eso redunda en que la gente gasta menos que antes. Y como en el caso de las cartas, la merma de las ventas repercute directamente en la despensa de la familia. Todo lo cual, supone que el nivel de vida de los Clavijo ha vuelto a caer en un bache. No están tan mal como en 1930, pero si han retrocedido respecto al nivel de vida que tuvieron en el bienio 1931-32. Al disminuir el tiempo que dedica a sus actividades de escrivent y coniller, Zaca tiene más tiempo para estudiar, pero se ha dado cuenta de que no lo necesita. Ahora tiene una metodología propia que ha ido afinando en los últimos años. Primero, lee de una tirada cada lección. Luego, subraya los conceptos más significativos del texto leído. Después, resume en una cartulina las ideas más importantes de entre las que ha subrayado. Finalmente, trata de memorizar las fichas. Método al que ha bautizado con el acrónimo de LESURE, iniciales de leer, subrayar y resumir. Esta metodología le llevó mucho tiempo al principio, pero en cuanto tiene confeccionadas las fichas de un manual, repasarlas es coser y cantar. Con lo cual, a partir aproximadamente de mediados del segundo trimestre del curso, puede permitirse el lujo de tener mucho más tiempo libre, tanto que si no fuera por su acrisolada afición a la lectura hasta se aburriría.

   Otro cambio que paulatinamente está afectando a Zaca es que comienza a desinteresarse por la política. Sus paradas en el café del Pincho han disminuido y cuando se queda está más atento a las partidas de ajedrez que a los comentarios de los integrantes de la tertulia. Y uno de los motivos de su creciente desapego a las cuestiones políticas es que sus intereses comienzan a ser otros, entre otros el descubrimiento del sexo. El chico está en plena  adolescencia, tiene un asomo de bozo, sus axilas se han poblado de pelo, el vello púbico se ha espesado, ha comenzado a tener erecciones y alguna que otra noche ha mojado la sábana por culpa de sus primeros sueños húmedos. Este conjunto de síntomas los condensa Rosario en un comentario a sus primas que no puede ser más explícito:

   -A Zaquita le empieza a disparar el cañoncito.

   De lo que está quejoso Zaca es de la cada vez más recurrente ausencia de sus amigos, aunque no les echa la culpa, ya que es consciente de que si no los tiene cuando los necesita es por mor, no de la voluntad de sus camaradas, sino de las circunstancias: los dos Joaquines estudian en Castellón, por lo que de lunes a viernes no se puede contar con ellos, y Manolo, entre que ayuda a su familia y la de veces que enferma, pocas veces se puede contar con él. La consecuencia es que los muchos ratos libres que tiene Zaca no cuenta con amigos con quienes jugar. Y aunque sigue leyendo con idéntica intensidad que siempre, el día da mucho de sí  y tiene tiempo de sobra hasta para aburrirse.

   En lo que queda de año, prevé que solo se va a juntar con todos sus amigos en las vacaciones de Semana Santa, que habrá que marcar con piedra blanca, pues este año, por primera vez en la rutinaria vida del grupo, van a festejar con chicas la mona de Pascua, a celebrar el domingo de Resurrección. Pifarré y Queralt, los más precoces sexualmente, se han encargado de buscar una panda de chiquillas con las que juntarse para festejar la mona. Acordaron que deberían elegir un grupo de cuatro chicas, que fueran más o menos de su edad y bien consideradas socialmente. La razón de esa condición es que una cuadrilla en la que tres de sus componentes estudian para bachilleres no puede juntarse con cualesquiera. Tras diversas idas y venidas, muchos cabildeos y hasta la discreta participación de doña Pilar –la madre de Queralt-, se juntan con un grupo de muchachas para formar su primera  pandilla mixta. Es toda una novedad, los cuatro amigos van a tener compañeras femeninas, lo que supone un avance en la inclusión de la camarilla en el mocerío local.

   El grupo femenino elegido está formado por cuatro chiquillas: Caridad: delgada, rubita, estilosa, con un rostro anodino y que mangonea a las demás, quizá porque, además de ser la mayor, tiene un comportamiento muy estricto y una moralidad intransigente; hija de una viuda que tiene la única tienda de ropa confeccionada del pueblo. Carmina: menuda, fibrosa, no es una belleza pero su natural alegre la hace simpática; hija de un exguardia civil reconvertido en agente de la propiedad, aunque de lo que viven es de las muchas fincas que heredó la madre. Angelita: la más agraciada de las cuatro y que, pese a ser la más joven, es la que tiene el busto más desarrollado, algo sumamente valorado por los adolescentes; su padre es el capataz de la cuadrilla de vías y obras del ferrocarril. Y Visentica: tiene los ojos rasgados como si fuese oriental, es la más esbelta, e hija del secretario de la cooperativa agrícola. Este año, circunstancialmente, hay una quinta muchacha, que los chicos no esperaban, pero a la que conocen, pues ha estado escolarizada en el pueblo: Paquita la Masovereta, bastante mona, pero el que sea masovera y que está de paso la convierten en poco más que un estorbo. Al ser vecina de Zaca, pues vive enfrente de la Fábrica, los amigos le preguntan por ella.

   -¿Es de las que se arriman? –indaga Queralt, que es con diferencia el más libidinoso de los cuatro.

   -¿Tiene conversación? –pregunta Pitarch.  

   -¿Está buena? –quiere saber Pifarré.

   -De arrimarse nada de nada. Es un cardo borriquero. Y no tiene conversación, es más tímida que un verderón y como asustadiza. Y ya que lo peguntas, Pifa, está bastante buena, y hasta podría parecer guapa si no fuera por las pecas que tiene y lo pacata que es.

   -O sea, que la conoces bien, eh. ¿No te la estarás beneficiando? –se burla Pifa, que conoce mejor que nadie que su amigo es más virgen que los arcángeles.

   -Pues a buena puerta has ido a tocar. Ya veréis cuando bailéis con ella, en cuanto queráis arrimaros pondrá el codo por delante y tendréis que bailar a medio metro.

   -Entonces, se la dejaremos a Manolo que a él le da lo mismo tocar carne que hueso –apunta Queralt, no se sabe si como burla o como constatación de un hecho.

   -En cualquier caso, os pido que no le hagáis ninguna marranada –demanda Clavijo-, pues su madre y su abuela vienen con frecuencia a casa y si mi madre se entera de que le habéis hecho alguna barrabasada me puede poner como al perejil, pero ya os digo que es la masovera más masovera que he conocido –Es una exageración, pues lo que no dice Zaca es que se trata de la primera masovera a la que conoce. Y lo que tampoco es capaz de confesar es que ya no la considera tan cardo borriquero como la ha definido. Es una más del millón de cosas que el muchacho no exterioriza. Hasta con sus amigos es, en buena medida, un libro cerrado, pues su intimidad la guarda celosamente. Y como sabe que tiene fama de que pasa de las muchachas de carne y hueso, pues le bastan sus mujercitas de papel, no va a contarles que la masovera le cae bien.  Genio y figura hasta…

   Y así comienza a fraguarse la relación de los cuatro muchachos con la cuadrilla de chicas elegidas para formar su primera pandilla mixta. ¿Cuál será el recorrido de esa amistad? Está por ver.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 45 de la novela “El masover” titulado: Sisca, mujer