martes, 9 de septiembre de 2025

36. “El masover”. Tete, no te mueras

  

   Ante la pregunta del médico de cuantos días lleva Zaca malucho, Rosario ha de hacer memoria.

   -Cuatro o cinco, pero hasta ahora no le había dado importancia. Ya sabe que se acatarra con frecuencia. ¡Es tan poquita cosa! –Al chico que madre le califique así le repatea y, aunque sabe que la afirmación es cierta, no deja de mortificarle.

   -No me gustan un pelo esas décimas, de momento vamos a esperar, pero que siga en cama. Dale una aspirina cada ocho horas, que beba mucha agua, que tome también sorbos de líquidos calientes, prepárale leche con miel para aliviar el dolor de garganta y que descanse -Es oír lo que dice el galeno y el muchacho, pese a sus dolencias, salta como un gamo.

   -Don Eulogio, ¿podré seguir estudiando?

   -Nada de estudios, has de descansar –al ver la carita de desencanto del chico, el médico, que le conoce bien, pues es amigo de don José, añade-: Puedes leer algún tebeo, pero nada de libros de texto. Ah, y tómate todo lo que te dé tu madre sin rechistar. Mañana volveré.

   A pesar de los cuidados maternos, de la atención que le presta el resto de la familia y de los medicamentos recetados por el galeno, el estado del chico no mejora.

   -¿Será una bronquitis, Eulogio? –pregunta padre que, rompiendo los usos locales, tutea al médico, pues son viejos conocidos y compañeros en las partidas de chamelo que suelen jugar en el café de Les Catalanes.

   -Ya me gustaría, pero no. La bronquitis no suele dar fiebre y el chico tiene 38 y décimas. Temo que lo que empezó como un resfriado común ha pasado a ser una neumonía como un piano. Los síntomas son patentes: la fiebre ha aumentado, tose, generalmente con flemas, y en momentos puntuales siente náuseas –explica don Eulogio.

   Pese a los remedios que el médico prescribe y los cuidados familiares, el estado del chico va a peor. Ahora también siente dolor de pecho cuando respira o tose y ha tenido algún episodio de diarrea. Prueba de su postración es que ni siquiera le apetece leer, pese a que padre, buen conocedor de los gustos del chaval, le ha comprado el último ejemplar del TBO. Ni el médico ni los padres se han planteado ingresarlo en el hospital provincial de Castellón, dado que los ingresos solo se dan en los casos extremadamente graves o que requieren cirugía. Las demás enfermedades se pasan en casa. La noticia del empeoramiento del primogénito de los Clavijo pronto trasciende. Comienzan las visitas de los familiares más allegados, de los vecinos y hasta han preguntado por él sus maestros. Un lugar común que repiten muchos visitantes, sobre todo las mujeres mayores, es que dan a Rosario consejos sobre cómo sanar la dolencia del muchacho.

   -No hay nada tan eficaz como una buena cataplasma de mostaza. Haz una mezcla de harina de mostaza con agua caliente y la pasta resultante, que debes poner entre dos paños, se la aplicas en el pecho, le aliviará los dolores respiratorios. Es mano de santo.

   -Pon en su habitación una olla con agua y con un hornillo la calientas hasta que hierva. El vapor le ayudará a respirar mejor.

   Los remedios caseros tampoco funcionan y Zaca se va consumiendo día a día. Una mañana aparece en casa de los Clavijo, don Florencio. El vicario ha venido a verle y charla un momento con él, aunque el chico no está para mucho parloteo, ni tiene fuerzas ni ganas. Tras salir de la habitación, el sacerdote habla con madre.

   -Señora Rosario, sabe lo mucho que aprecio a su hijo, es mi mejor alumno y un buen chaval a quien aprecio de corazón. Voy a rezar para que se reponga pronto y en la misa de mañana pediré por él. Cualquier cosa que necesite, dígamelo. Si se agravase, el Señor no lo quiera, mándeme recado y le daría la extremaunción. Ah, mosén Fumadó me ha dicho que también rezará por él, ya sabe lo mucho que lo aprecia.

   Lo de la extremaunción, pone de los nervios a madre, pues sabe que solo se da a los enfermos terminales. Por lo que a partir de ese día, y pese a que no es muy dada a los rezos, decide que hay que rezar un rosario diario en familia por la pronta recuperación del mayor de los hermanos, práctica que lleva a cabo con sus demás hijos y que suele eludir su marido siempre que puede. Una tarde también pasan por la Fábrica Pifarré y Pitarch, los dos amigos de Zaca que están en el pueblo. A los chicos se les ve azarados, pues el motivo de la visita les resulta incómodo. Madre, al notar su nerviosismo, les allana el inicio de la conversación.

   -Muchas gracias por venir a preguntar por vuestro amigo. No podéis pasar a la habitación porque está durmiendo y, además os podríais contagiar, pero cuando despierte le diré que habéis venido a verle y seguro que se alegrará mucho. ¿Queréis unas galletas que acabo de hornear?

   La enfermedad no cede y el chico, cada día que discurre, tiene peor cara. Se le ve demacrado, apenas habla y pasa las horas en un duermevela intranquilo. La familia se turna para que, en los pocos momentos en que está lúcido, haya alguien a su lado para preguntarle si desea algo y darle alguna de las pócimas recetadas por don Eulogio.

Cuando todos, incluida la familia, temen lo peor pues la enfermedad no cede un ápice, una mañana Zaca despierta y le da la impresión que algo ha cambiado. Sigue demacrado, ojeroso y solo es piel y huesos, pero se siente mejor. Al lado de la cama está Pedrito que le mira con ojos lacrimosos y gesto compungido.

   -Hola, Pedri, ¿cómo no estás en la escuela?

   -Me toca cuidarte. Madre ha ido a comprar a la tienda de la tía Adelina y Charo está en la escuela. Tete, estás tan delgado que se te transparentan las orejas. ¿Quiero preguntarte algo?, ¿puedo?

   -Puedes.

   -¿Es verdad, como dice Charo, que te vas a morir?

   -Me parece que por ahora no. ¿Por qué lo quieres saber?

   -Si te mueres, ¿me dejarás tu chaqueta a cuadros y el libro de los mapas? Te juro que no lo rayaré ni pintaré monos, lo guardaré tan bien como tú.

   -Serán tuyos, Pedri. Pero tú, ¿qué prefieres, tener la chaqueta y el atlas o que el Tete siga vivo? -Unos lagrimones como perdigones resbalan por las mejillas del niño.

   -¡No quiero que te mueras, no quiero!, aunque no tenga tu chaqueta ni los mapas. ¡Quiero que sigas siendo mi hermano mayor! Si te mueres, Charo será mi Teta y no quiero que lo sea una chica. Mis amigos se burlarían.

   -Si así lo prefieres, te prometo que no me moriré y que seguiré siendo tu Tete. Y dame un poco de agua, tengo sed. Y no me hagas hablar mucho que me duele la garganta.

   En cuánto madre llega de la compra, encuentra a los dos hermanos sentados en la cama, con el atlas abierto, mientras el primogénito enseña a su hermano la posición de España en el continente europeo.

   -¿Pero qué es esto? Pedrito ya estás bajándote de la cama y dejando al Tete en paz. ¿No sabes que está malito?

   -No, madre, ya no se va a morir. Me lo ha prometido. Y si el Tete lo promete…

   En cuanto llega don Eulogio confirma que el muchacho ha pasado lo peor y que en unos días podrá darle de alta. Ha sido un mal trago, pero el peligro ha desaparecido. La alegría por la recuperación casi milagrosa de Zaca es general y hasta Charito, que es su competidora habitual, le confiesa que ha estado rezando a Santa María Goretti, su santa predilecta, para que sanara. Las consecuencias de haber superado la enfermedad han sido varias. Madre le trata con más mimo. Padre es menos riguroso, le perdona las faltas con generosidad y no le achucha tanto en las comidas. Los hermanos le miran con mayor respeto. Y como el muchacho se ha quedado en los huesos, madre ha preparado por su cuenta una dieta especial para que el chico rellene con algo de musculatura su endeble arquitectura ósea. Por eso o porque algo ha cambiado en la fisiología del primogénito, ante la sorpresa de la familia, sobre todo de madre, en la mesa de los Clavijo no vuelve a oírse el maldito afanya´t que acompañó a Zaca desde que dejó atrás la dieta de bebé hasta la fecha. El hecho no se celebra en la familia como debía, incluso el propio chaval no le concede demasiada importancia, pero es algo mucho más importante de lo que parece. Sacarietes está pasando a ser Sacaríes o Zacarías o Zaca, pues ha dejado de ser un fetiller. Y algo que quizás no sea consecuencia de la neumonía es que ha crecido; padre ha trazado una raya a la altura de la coronilla del chico y luego ha medido la altitud con la cinta métrica que utiliza en su trabajo; la medición arroja una altura de 1,63 centímetros.

   -Va a ser un buen mozo – se ufana padre. Los Clavijo son todos bajitos, no suelen pasar del 1,65. En cuanto a madre, aún tiene menor talla, aunque hay una rama de los Alsina que son bastante más espigados, es el caso de los tíos Joaquín y Antonio que sobrepasan el 1,70. El chaval llega a creer el vaticinio de padre, pero en cuanto se junta con Pifarré ve que la realidad no es tan generosa, su amigo sigue sacándole la cabeza. Bueno, se consuela, al menos no seré un enano.

   Coincidiendo con la mejoría de Zaca, ha llegado a la parroquia un ejemplar de la Constitución española. Como se temía mosén Fumadó el texto, desde un punto de vista clerical, es non sancto, pues la Iglesia católica, que tradicionalmente ha sido una privilegiada en la legislación española, no sale bien parada. El párroco, que ha sido el primero en leerse detenidamente el texto, comenta con su coadjutor el contenido de la ley en lo tocante a la religión, en general, y a la Iglesia católica en particular.

   -Es un escándalo Florencio, un escándalo y una vergüenza. La República se declara laica al establecer que no existe religión del estado. Y encima Azaña ha declarado muy orgulloso que España ha dejado de ser católica. Como si eso pudiese hacerse en unos días.

   -Eso no puede ser y, además, es imposible, don Francisco.

   -Sí, hijo, sí. La Iglesia católica será considerada como una corporación de derecho público. Es más, todas las confesiones religiosas serán consideradas como asociaciones sometidas a las leyes generales del país. Es decir, la Iglesia va a ser tratada como puede serlo la Cooperativa agrícola del pueblo.

   -¿Eso quiere decir que los protestantes y los judíos tendrán el mismo trato que los católicos?

   -­Eso parece, pero todavía no te he contado lo peor –y mosén Fumadó lee-: El estado no podrá, en ningún caso, sostener, favorecer, ni auxiliar económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas. Es más, una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del clero.

   -Entonces, ¿de qué vamos a vivir? -Pregunta, consternado, el vicario.

   -Eso no es lo que más me preocupa. Dios proveerá. Peor lo van a tener nuestros hermanos frailes y monjas, porque el estado disolverá todas las órdenes religiosas y nacionalizará sus bienes.

   -¡Dios mío! –La tribulación del vicario aumenta por momentos-. ¿Y por qué han hecho eso? ¿Qué les ha hecho la Iglesia y el clero para que nos traten de esa forma?

   Parecidas preguntas se formulan cientos de miles de españoles que son católicos ejercientes y que al no encontrar respuesta a sus interrogantes comienzan a sentir una cierta inquina por la deriva anticlerical del régimen republicano. ¿Una torpeza?, ¿una provocación?, ¿deseo de marginar a una parte de la población?, ¿borrar la innegable ascendencia de la Iglesia sobre un amplio sector social?, ¿o un batiburrillo de todos esos interrogantes?, se preguntan las mentes más lúcidas. Zaca no llega a plantearse esos interrogantes, pues es algo que le supera, solo sabe lo que le cuenta el vicario y éste ha dejado de ser imparcial en todo lo tocante a la República. ¿Las opiniones de mosén Florencio qué efectos tendrán en el chaval? ¿Le influirá la opinión de alguien como el vicario por quien siente tanto afecto como respeto? Las consecuencias de todo ello pueden resultar imprevisibles en alguien tan analítico, pero al tiempo tan influenciable como el mayor de los Clavijo. Y pueden llevarle a tomar posiciones tendenciosas respecto a la nueva situación política del país. ¿Será así? ¿Zaca se convertirá en un republicano convencido, en un declarado enemigo de la República o en un pasota en lo que atañe a la situación política del país? Y por muy analítico y reflexivo que sea no es más que un preadolescente. Lo que supone que cualquier cosa puede pasar. En ese aspecto la futura actitud del muchacho es imprevisible.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 37  de la novela “El masover” titulado: ¿Vamos al cine?

martes, 2 de septiembre de 2025

 

35. “El masover”. La noria  

   El señor Zacarías no ha tenido que pensarse lo de pedir la hipoteca para seguir ahondando el pozo, pues el día anterior a ir al banco aparece el pocero para dar la esperada noticia: ha aparecido el agua antes de llegar a los cinco metros. Una vez encontrada agua, el siguiente problema que se les plantea a los futuros regantes es que la profundidad a la que está el líquido exige una noria con muchos cangilones y que no sean pesados, pues de lo contrario la cenia tendría que moverla un animal de buen porte y las acémilas que tienen la mayoría de los labradores del grupo no pasan de medianejas. Que los vasos de la noria no sean pesados elimina los cangilones de barro que son los que tradicionalmente se usan en las viejas norias. Alguien habló a los socios de que comenzaban a fabricarse unos arcaduces de hojalata, que eran mucho más ligeros que los de arcilla, pero también más caros. El dilema implica una nueva reunión de los copropietarios de la senia. El señor Zacarías llega a la reunión con los deberes hechos, pues lleva el presupuesto comparado del coste de cangilones de barro y de hojalata, y las ventajas e inconvenientes de unos y otros. La superioridad de las vasijas de lata es significativa, tanto que, pese a su mayor precio, los futuros regantes han de inclinarse por ellas, por lo que al final los socios tienen que pedir un crédito al banco. En su entrevista con el farmacéutico-banquero, éste le pregunta cómo van los estudios de su hijo mayor.

   -Muy bien, don Eduardo. El chico es muy aplicado y hasta ahora lo ha aprobado todo sin mayores problemas.

   -Cuando haga el cuarto curso ven a hablar conmigo, pues es posible que pueda ofrecerle una salida –Y aunque el llumero trata de sonsacar al banquero de qué va esa posible salida, don Eduardo no le da más detalles.

   El chaval de los Clavijo, más por su innata curiosidad que por que le interesen los asuntos agrícolas, asiste al montaje de la maquinaria de la noria. Primero el mecánico, de la empresa de Alboraya que les ha vendido el artilugio, instala el eje central al que acopla dos ruedas: la horizontal, tipo engranaje de linterna, y la vertical con dientes que engranan con la primera. Esta última, con una hilera de cangilones que, con el movimiento de la rueda, se llenarán de agua del pozo, la elevarán y la depositarán en un contenedor para luego ser distribuida a los regueros que la conducirán a las distintas fincas. Estos regueros, más bien canalillos hechos de mampostería, están dotados de unas compuertas de cemento para detener y desviar el flujo del riego a uno u otro campo. Cuando el mulo, uncido al báculo-guía de la noria, comienza a dar vueltas al senderillo alrededor del pozo y el agua comienza a correr por el reguero, Zaca queda defraudado porque el volumen es muy pequeño, apenas si llena medio canalillo. Y piensa: “tantos trabajos y duros gastados para esto”. Al comentárselo a padre, la respuesta de éste es tajante.

   -Será poco caudal, pero la tierra sin agua es parda y con ella es verde. Y más vale poca que ninguna. Esperar mirando al cielo por ver si llueve es uno de los suplicios de los labradores y todo lo que sea eliminarlo no hay dinero que lo compense.

   Los copropietarios de la noria, como es tradición, han plantado en el círculo exterior del pozo tres esquejes de higuera que, cuando se conviertan en árboles frondosos, den sombra a las acémilas –generalmente mulos o asnos- que darán vueltas sin cesar para accionar la noria. Cada vez que el animal se pare –lo que indefectiblemente hará de vez en cuando- el regante lo advertirá al disminuir el volumen de agua, lo que le obligará a acercarse a la noria para azuzar al animal o, si lo tiene debidamente amaestrado, enviará a su perro para que ladre a la acémila o haga la intención de morderle. El llumero, como no tiene mulo, ha apalabrado que, cuando le toque regar, será el primo Silvestret quien se encargue de hacerlo. Y así acaba la historia de la noria que bien pronto olvida Zaca, pues la agricultura no se ha hecho para él. Lo suyo es el estudio y, como en ese apartado cumple, cuando llega junio y va a examinarse al instituto, aprueba todas las asignaturas de segundo de bachillerato. El chico no se siente ni medio bachiller, pero su ego se ha ido afianzando con lo que cada vez es más introvertido y menos sociable, cree más en el mundo de los libros que en el real, es más teórico que pragmático y, sin saberlo, quizá se prepara ¿para qué?, ¿para ser toda su vida un libro cerrado?    

   En diciembre las Cortes aprueban la Constitución de la II República española, de lo que el chico se entera, ¡cómo no!, en la tertulia del Pincho, en la que don José Gauchía completa la noticia.

   -Al día siguiente de aprobar la Constitución, las Cortes eligieron al primer presidente de la República en la persona de don Niceto Alcalá-Zamora. Un político y abogado que ocupó varios ministerios durante el reinado de Alfonso XIII, y que fue el primer presidente del Gobierno provisional. Fue siempre un liberal, pero ahora estaba con Maura en la Derecha Liberal Republicana.

   Como la curiosidad del chico permanece intacta, y no sabe qué es la tan comentada Constitución, para qué sirve, y de qué va, recurre a su particular mentor, mosén Florencio.

   -Mosén, me gustaría que me explicara algo de la Constitución que acaban de aprobar las Cortes. En la terraza del Pincho no se habla de otra cosa y hasta padre al que, como le conté, no le gusta hablar de política le he oído comentar algo.

   -Estaré encantado de explicártela, pero antes he de leérmela, cosa que todavía no he podido hacer.

   Puesto que pasan los días y el vicario no ha vuelto a mentar ni palabra sobre la Constitución, una tarde que la lección de religión se la ha ventilado el chaval en un abrir y cerrar de ojos, le recuerda al vicario que le prometió hablarle de la tan mentada ley.

   -Es que todavía no la he leído. La Secretaría del obispado nos prometió que enviaría a todas las parroquias un ejemplar, pero hasta el momento no ha llegado. De todas formas, lo que puedo hacer es explicarte alguna generalidad. Por ejemplo que es la ley fundamental del estado. En otras palabras, es la ley de leyes, pues todas derivan de ella.

   -¿Da lo mismo que sea un reino o una república?

   -Lo mismo.

   -¿Y todo el mundo ha de obedecerla, sea de derechas o de izquierdas?

   -Todos, sean de la ideología que sean, y da igual que sea el Rey, el Presidente de la república o el último de los ciudadanos.

   Zaca se conforma con la explicación del mosén y le parece que ya no necesita más aclaraciones, pues estas noticias no tienen interés para él que ya ha asumido que ahora vive en una república, aunque en el pueblo apenas se nota el cambio, pues todo sigue igual como cuando mandaba el Rey. O sea, piensa el chaval, “que el cambio ha consistido en cambiar de bandera y de himno, para eso podrían haberse evitado todo el follón que montaron.” Y una vez más, llega a la conclusión de que la gente mayor en ocasiones se comporta como si fueran críos.

   Para Zaca el nuevo año de 1932 ha tenido una  variación en su rutina cotidiana: ha comenzado a practicar deporte, algo que, dadas sus nulas aptitudes físicas no es que no lo haya hecho, es que ni siquiera lo ha intentado. A él le hubiese gustado jugar a fútbol en el equipo juvenil local, pero como es consciente de que no tiene ninguna posibilidad, elige el deporte que tiene más cerca y que es minoritario en el pueblo, la pelota a mano, que sí tiene un cierto auge en otras comarcas valencianas. En el pueblo se juega en el trinquete de la calle Sitchar, casi pegado al grupo escolar. Algunas tardes, después de cantar la diaria lección, se junta con otros chavales y juegan algunos partidos. Suele jugar con Manolo Mars, que también va a estudiar bachillerato por libre, y que es de los que ganan los partidos antes de jugarlos, pues sabe elegir a los mejores compañeros. Otro compañero de juego es Manolo Vinuesa, que es un as jugando de sobaquillo, técnica tan bonita como ineficaz. Y el tercero suele ser su amigo Joaquín Pifarré que, como ambidiestro, es de los que gana más veces que pierde. A pesar del interés que pone en el juego, Zaca es el que peor juega. Su falta de fondo y de habilidad corporal se traduce en muchas más derrotas que triunfos, a pesar de la voluntad que pone en las partidas. Por lo demás, su vida, tanto la académica como la social, no ha sufrido cambios: ha estudiado el segundo curso de bachillerato por libre, continúa con sus amigos de siempre y prosigue siendo tan retraído, tímido y falto de empuje como antes.

   Más allá de la monocorde vida del mayor de los Clavijo, en el plano sociopolítico el país sigue regido por el Gobierno de coalición de republicanos y socialistas, presidido por Azaña, que continúa profundizando las reformas iniciadas por el Gobierno provisional y cuyo propósito es modernizar la vida económica, social, política y cultural españolas. Aunque hay una parte de la población que parece oponerse a esa modernización, en contra de lo que desea la mayor fracción de la sociedad española.

   Tal como había pensado Zaca, la llegada de la república no ha alterado la vida de Torreblanca, aparte de que ahora en el ayuntamiento mandan los socialistas, pero por lo demás todo sigue igual, los nuevos regidores municipales son tan incompetentes como lo eran sus predecesores. Y la vida de los torreblanquinos discurre por las sendas de siempre. Los agricultores continúan con su rutinaria y penosa tarea diaria y siguen yendo del pueblo a sus campos y de estos al pueblo. La gente de los oficios abre sus talleres y obradores o se van a la obra que estén rematando ese día y, hacia las diez y media, se reúnen con sus compañeros de oficio para esmorzar, después del almuerzo prosiguen su laboreo hasta mediodía en que regresan a casa para comer, y luego seguirán trabajando por la tarde. Los empleados de las compañías foráneas realizan sus actividades habituales en sus centros de trabajo. En cuanto a los chiquillos tienen clases de mañana y tarde seis días a la semana, salvo la tarde de los jueves. Zaca también estudia seis días a la semana, mañana y tarde. Aun así se considera afortunado porque piensa que “si continúa estudiando y termina el bachillerato, aunque solo sea el elemental, lo lógico es que luego acabe realizando una de las carreras que se pueden cursar en Castellón: maestro de primeras letras, perito o profesor mercantil, o especialista de alguna de las profesiones que se enseñan en la Escuela de Artes y Oficios. Y posiblemente tendrá un porvenir mejor que si fuera labrador o desempeñara uno de los oficios o de los empleos de compañías foráneas que hay en el pueblo. Incluso tendrá mejor porvenir que si trabajara en un banco, como en algún momento pretendió padre, o terminase siendo cura, como intentó mosén Fumadó.

   El invierno está en su última etapa, cuando el muchacho pilla un resfriado común, los síntomas parecen evidentes: comienza con estornudos y congestión nasal, sigue con moqueo y dolor de garganta, luego con una tos cavernosa y lagrimeo, y acaba con décimas de fiebre, que pronto se convierten en algo más. La primera semana, madre no le ha dado mayor importancia al catarro, sabe mejor que nadie lo endeble que es la salud de su hijo mayor, cuya constitución es frágil y encima continúa siendo un fetiller al que para que coma hay que armarse de paciencia y soltar algún que otro reniego. Pese a que la congestión nasal y el dolor de garganta le dificultan estudiar, el chaval sigue haciéndolo y continúa yendo todas las tardes a clase. Hasta que uno de esos días, don Domingo le aconseja:

   -Dile a tus padres de mi parte que debes cuidarte ese resfriado. Lo mejor será que estés unos días en cama y que te den leche con miel y un chorrito de coñac, que eso es mano de santo para los catarros.

   Madre, de la receta del maestro solo tiene en cuenta lo de meterle en la cama y lo que hace es llamar al médico con el que tienen la iguala,  don Eulogio Ripollés, en quien tiene una fe ciega, pues tiene fama bien ganada de tener un agudo ojo clínico. Es más, algunas personas piensan que al galeno el pueblo le viene pequeño, pues en su juventud ejerció la medicina en un trasatlántico lo que le dio una pátina de savoir faire traducida en su facilidad y destreza para desenvolverse en los más variados ambientes. La gente dice de él que si se fuera a una ciudad llegaría fácilmente a ser famoso, dado que talento no le falta, pues es hombre polifacético: pinta –un cuadro suyo de “La última cena” decora la iglesia parroquial-, sabe idiomas, juega al ajedrez y es radiestesista –descubrió un potente manantial  en el Prat que luego hubo que taponar, pues el agua era salitrosa-. El galeno, tras hacer la ronda diaria de los pacientes encamados en sus domicilios, llega al atardecer a la Fábrica. Toma el pulso al chico, le pone el termómetro y le ausculta los pulmones. Mueve la cabeza y parece preocupado. Madre, que es quien le acompaña, intuye que el gesto no anuncia buenas noticias.

   -Rosario, ¿cuántos días lleva así el chico?

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 36, de la novela “El masover”, titulado: Tete, no te mueras (1

martes, 26 de agosto de 2025

34. “El masover”. El pozo

   El 12 de abril, los Clavijo celebran, modestamente, el cumpleaños de su hijo mayor. Este año el chico recibe como regalo familiar su primera estilográfica, algo que llevaba largo tiempo deseando. Junto a la pluma, de marca desconocida, le han regalado un tintero de la marca Pelikán para futuras recargas. La ilusión del regalo apenas le dura tres días, pues tras la primera recarga, y al ir a coger la pluma del bolsillo de la camisa, comprueba con enorme disgusto que la estilográfica se ha descargado manchándole la camisa. Cuando, medio lloroso se lo cuenta a madre, ésta responde, airada:

   -Es lo malo de ir con el monedero medio vacío, compras barato y termina saliéndote caro.

   Tiempo después del cumple de Zaca, cae el primer gobierno republicano. El chaval se entera, ¡cómo no!, en el café del Pincho, cuando don José Gauchía lo cuenta.  

   -Los representantes de partidos de la derecha, Alcalá Zamora, presidente del Gobierno, y Maura, ministro de Gobernación, han presentado su dimisión alegando un excesivo laicismo del Estado y una intolerable política anticatólica de su propio gobierno.

   -Mal empezamos, ya estamos como en los últimos años de Alfonso XIII. Ha caído un gobierno que ha durado cinco meses, eso no es serio –opina don Rodolfo.

   Días después, en la tertulia cuentan que se ha formado un nuevo gobierno. Informa de ello don Avelino.

   -El nuevo gobierno está presidido por Manuel Azaña y formado por republicanos y socialistas. 

   Con la llegada de la República, casi desde el primer momento los contertulios se han dividido –como es usual en el país- en dos grupos: los de derechas y los de izquierdas; es decir, los monárquicos y los republicanos o, dicho de otro modo, los conservadores y los progresistas. Estos últimos, que son más numerosos, pues la gente tiende a estar con el sol que más calienta, suelen llevar la voz cantante jaleando las medidas gubernamentales que para ellos van a cambiar al país de arriba abajo, algo que se necesita desesperadamente. Los conservadores, que son menos y están casi siempre a la defensiva, ponen en solfa las normas que dicta el gobierno por considerarlas desmedidas, cuando no francamente indeseadas. Las discusiones se han agudizado al unísono del debate sobre una ley republicana singular, pues días después de la toma de posesión del Gobierno provisional, y cuando todavía se está debatiendo en las Cortes la Constitución de la joven República, se presenta el proyecto de Ley de Defensa de la República con carácter urgente, y que es aprobada sin apenas discusión. En cuanto llega don Eulogio al café, Piñana se apresura a preguntarle:

   -Doctor, estábamos comentando lo de la Ley de Defensa, ¿qué opina usted de ella?

   -En principio, es una ley que contradice los derechos fundamentales que, al parecer, la Constitución va a garantizar. Y aunque la metan a martillazos en la ley de leyes, tendrá que ser en alguna disposición transitoria,  por lo que no puede saberse cuanto tiempo estará vigente. En cualquier caso, es un texto legal que tiene mal cariz, pues da la impresión de que los constituyentes no se fían un pelo de la futura observancia de las leyes y reglamentos por los ciudadanos.

   -¿Nos lo podría explicar más claro para los que no tenemos carrera? –pide Julio, el barbero.

   -Lo que opino sobre la Ley de Defensa de la República es provisional hasta que se termine el debate constitucional, pero a día de hoy creo, y sé que a muchos no les va a gustar esta opinión, que es una dura medida de excepción que permitirá al gobierno actuar contra sus enemigos con rapidez y al margen del sistema judicial, anulando de hecho las garantías constitucionales, pero sin violar técnicamente la Constitución.

   Zaca escucha estas noticias como si oyera llover, pues no entiende nada de lo que está pasando. Lo que le lleva a preguntar cuestiones políticas, más que su interés por las mismas es por su insaciable curiosidad. Ahora, visto que, el régimen republicano cambia de gobierno con la misma falta de coherencia que el régimen monárquico, la política ha dejado de interesarle. Parece, se dice, que padre tiene razón: al final todo se reduce a quítate tú que me pongo yo. Lo que sí piensa es que uno se defiende cuando se siente atacado, pero, ¿quién o quiénes atacan a la República? Se da cuenta que esa pregunta no la ha planteado nadie, ¿por qué? Se dice que el mundo de los mayores está lleno de preguntas, pero de pocas respuestas.

  Visentico Flores, un vecino de los Clavijo, que alguna vez se lleva al campo a Zaca para que le haga compañía, el último domingo se lo llevó a una huerta de tierra campa que tiene en la partida de Les Caballeríes. Y en la que el chaval estuvo refrescándose con el agua que extraía del pozo de la finca el mulo al hacer funcionar la noria.  Al recordar ese episodio, el diálogo que los padres han mantenido en la sobremesa de hoy ha suscitado su atención. Madre se ha quejado de las exiguas cosechas que sacan de la huerta de tierra campa -antes huerto de naranjos- que tienen en la partida de la Capella Vella, y que formó parte de su herencia.

   -Sacaríamos más rentas si fuera de regadío –añade.

   -Para eso deberíamos tener una noria. Y solo excavar el pozo nos costaría más de lo que vale la senia (voz valenciana con dos acepciones: huerta de regadío y noria) –precisa el llumero.

   -No, si nos pusiéramos de acuerdo con los vecinos, pues sufren el mismo problema que nosotros: no tienen agua.

   -¿Estás sugiriendo excavar un pozo entre los propietarios de la Capella? Son muchos.

   -No de todos, pero sí de los más cercanos a nuestra huerta.

   -Dudo mucho que quieran. Sabes mejor que yo que aquí todo el mundo va a la suya y hacer cosas conjuntas no es algo a lo que se apunte fácilmente el personal.

   -Principio requieren los cambios. ¿Por qué no lo preguntas?

   El señor Zacarías le ha echado un pensament a la sugerencia de su esposa, y piensa en las ventajas que supondría poder regar la huerta, por lo que decide probar. Dado que por su oficio conoce a todo el mundo, logra reunir a los propietarios colindantes de la huerta de la Capella para proponerles construir una noria comunal para poder regar sus fincas. Padre utiliza a su primogénito para hacer de amanuense y secretario de la reunión. Tras un debate, a veces acalorado porque son más las diferencias que los separan que las semejanzas que los unen, el llumero acaba convenciendo a sus vecinos de la bondad del proyecto. Deciden construir un pozo, lo que provoca una cascada de otros acuerdos: deberán contratar a un zahorí para que encuentre agua, buscar una noria barata, diseñar un horario de riegos, elegir un comité que supervise el proceso, pedir un presupuesto de lo que costará construir el pozo, así como una red de regueros para llevar el agua a las distintas fincas, y designar un síndico que medie entre las partes en caso de conflicto, algo así como un mini Tribunal de les Aigües como el de Valencia, pero unipersonal. Antes de que acabe la reunión, el llumero es elegido presidente de la futura comunidad de regantes en una votación a mano alzada. En cuanto termina la pequeña asamblea, y padre e hijo se quedan solos,  Zaca se lanza a lo suyo, preguntar.

   -Padre, me he fijado que han estado hablando todo el rato del pozo como si fuera seguro encontrar agua, ¿es así o lo he entendido mal?

   -Lo entendiste bien. Tenemos muchas probabilidades de que el zahorí encuentre agua porque el nivel freático del municipio está a escasos metros de la superficie –padre, conocedor de su retoño, se le adelanta-. En otro momento te explico que es ese nivel. Pues bien, en el subsuelo del ámbito municipal hay una especie de río subterráneo, creo que se llama un acuífero. Debido a esa circunstancia, el término está plagado de pozos de los que se extrae el agua por medio de norias o, en el caso de los pozos con un gran volumen de agua, por motores de fueloil que algún día espero que sean eléctricos. ¿Satisfecha tu curiosidad?    

   -¿El Pou del Calvari también es de ese río subterráneo? –Zaca se refiere al pozo que proporciona agua a las fuentes públicas y que en su umbral tiene un poema cuyo autor no debía ser muy ducho en métrica, pues es un cuarteto por su rima y una cuarteta por sus versos: Neptuno aquí liberal/por saciar la sed del mundo/hizo de un pozo profundo/ este bello manantial.

   -En efecto. Todos los pozos del pueblo se surten de agua del mismo acuífero. Y ahora lo más urgente es ver dónde encuentro un zahorí que nos marque el sitio donde haya agua en la Capella.

  Un amigo recomienda al señor Zacarías un zahorí de la Vall d´Alba que ha señalado la existencia de agua en otros puntos del término municipal y es a quien apalabra. El valldobí, con la ayuda de un péndulo y una horquilla de nogal, ha ido paseando por la partida de la Capella en la que señala tres puntos concretos donde sus sentidos y el péndulo marcan la existencia del líquido elemento. Uno de los puntos está en el extremo de la huerta del tío Torrafabes, uno de los propietarios del grupo de la noria. Todo esto lo cuenta a los suyos el señor Zacarías durante la cena.

   -No solo ha señalado dónde hay agua, sino que también nos ha dicho el posible caudal disponible y su probable profundidad. Según cuenta, en Torreblanca, el calado medio de los pozos depende, sobre todo, de la proximidad al mar, pero suele oscilar entre 3 y 4 metros los cercanos a la costa, y los 6 ó 7 metros los más alejados del mar. De acuerdo con ese dato, nuestro pozo debería estar entre los 4 y los 6 metros de profundidad.

   Después de obtener el beneplácito del tío Torrafabes y ponerse de acuerdo los copropietarios en la indemnización a pagar al mismo por el pedazo de tierra en que excavarán el pozo, más la necesaria para el círculo por el que andará la acémila que hará de fuerza motor, contratan al pocero y las obras se ponen en marcha. Cuando el tío Crisógono, el pocero, llega a los 4 metros sin señal alguna de agua, el presupuesto comunal se está agotando y los socios comienzan a ponerse nerviosos. Unos cuantos fuerzan una reunión para decidir si continúan con la obra o la dejan. El señor Zacarías  y algunos otros insisten en que deben de seguir, pero cuando ven que están en minoría les entran dudas. Entonces, cosa rara, el llumero lo consulta con su esposa.

   -… y así está el panorama. Y, la verdad, no sé qué vamos a hacer. ¿Tú qué harías?

   A la señora Rosario, poco acostumbrada a que su marido le haga consultas de esa clase, la pregunta la pilla desprevenida. Como no sabe qué responder le da una larga cambiada y contesta que tiene que pensarse la respuesta. Lo que hace en el entretanto es preguntar a su primo, Silvestret, al que supone entendido en pozos, pues es copropietario de dos fincas que se riegan con norias en partidas distintas.

   -Es una tontería que lo dejen habiendo excavado hasta los 4 metros. El agua ha de estar muy cerca

   -Pero es que de seguir, dice Zacarías que tendremos que pedir dinero al banco porque nos hemos gastado las cuatro perras que teníamos.

   -Como supongo que no será mucho el dinero que vais a necesitar, pedir una hipoteca sobre una finca, que creo que os la darán, y problema solucionado -Lo que le contó Silvestret es lo que la señora Rosario traslada a su marido.

   -Lo de la hipoteca no me viene de cara, pero me lo pensaré. Antes hablaré con don Eduardo Leuba para que me explique cómo está lo de los créditos hipotecarios. Como los tipos de interés sean muy altos, me temo que lo del pozo quedará en agua de borrajas.

   El pocero, al ver que puede perder el trabajo, les ofrece rebajar el presupuesto, dejando de proteger las paredes del pozo con piedras planas y ladrillos. No será tan seguro porque algún desprendimiento puede producirse, pero será más barato y el trabajo avanzará con más rapidez. Lo de construir un pozo es señal de que en casa de los Clavijo algunas cosas, aunque sea tímidamente, están cambiando, y así lo percibe el reflexivo Sacarietes que se pregunta: ¿Los cambios son buenos o malos? ¿No será mejor dejar las cosas como estaban y no forzarlas? ¿Excavar el pozo es una buena idea o padre se ha metido en un berenjenal del que puede salir escaldado? Muchas preguntas, pero ninguna respuesta. Eso es lo que ocurre habitualmente y a ello hay que plegarse y reconocer que es mucho más fácil preguntar que contestar. Y si ocurre es porque la mayoría de la gente tiende a lo más cómodo y no se complica la vida. Veremos en qué queda lo del pozo.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 35 de la novela “El masover”, titulado: La noria