viernes, 8 de noviembre de 2024

Libro IV. Episodio 73. El oscuro misterio de los dineros de Verdú

 

  Veinticuatro horas después de la entrevista con el camarero del Florida, y en pleno desarrollo inicial de la batalla del Ebro, Pilar y Luis

vuelven a estar en el bar Florida. En cuanto les ve, el camarero les señala una apartada mesa en la que hay un hombre que debe de estar en la cincuentena, mal vestido, aunque lleva chaqueta y corbata, y que fuma de modo compulsivo. Tras pedirles que le sigan, el camarero se acerca al individuo.

   -Arteta, esta es la señorita que está haciendo una tesis sobre la prensa extranjera, y la acompaña su novio. Te dejo en buenas manos, y no son de los que se chivan, puedes estar tranquilo. Señorita, Miguel Arteta.

   El hombre hace un vago gesto de saludo, pero sin levantarse de la mesa[CM1] .

   -¿Un pitillo?

   Arteta tira la colilla apagada que parecía haberse quedado pegada en la comisura del labio y acepta el cigarrillo.

   -¿Qué quiere tomar? –pregunta Verdú.

   -Si puede pagarlo, bourbon de Kentucky, del que guardan para los americanos.

  No es hasta la tercera copa cuando Arteta se encuentra en disposición de hablar.

   -¿Y qué quieren saber de los corresponsales de guerra?

   Pilar repite la misma historia que le contó Luis al camarero, añadiendo:

   -Y no me cuente nada que pudiese acarrearle problemas, no es mi intención ponerle en dificultades.

   Arteta se arranca sin más.

   -Uno de los primeros en llegar fue Vernon Bartlett, famoso periodista inglés, simpatizante de la república, y que escribía para el News Cronicle. También de los primeros fue Burnett Bolloten, que se encontraba de vacaciones en España el 18 de julio, cubrió los sucesos para la United Press, y era anticomunista. Otro fue Pierre Brachet, periodista y abogado belga antifascista, escribía en Le Peuple. De esa época también era Claud Cockburn, que firmaba sus reportajes en el The Daily Worker como Frank Pitcairn. Un caso curioso fue el de Sam Baron, detenido en el 37 por el gobierno de Negrín por sus crónicas en defensa del gobierno de Largo-Caballero recién dimitido; fue expulsado de España…

   Y Arteta, como si le hubiesen dado cuerda, sigue y sigue, pero ninguno de los periodistas citados le dice algo a Pilar, por lo que pregunta:

   -¿Y qué me puede contar de los corresponsales que ya eran famosos antes de la guerra?

   -Traté a Dos Passos, un tipo arisco e introvertido y que apoyaba a la república. También  Ehrenburg, que pasó algún tiempo en Madrid como corresponsal de guerra, pero se dedicaba más a dar conferencias propagandísticas. A André Malraux, simpatizante del comunismo, le traté muy poco, como me ocurrió con George Orwell. Y otro conocido que tiene detrás una curiosa historia es Arthur Koestler que, al estallar la guerra, marchó a Portugal y se pasó luego a la zona franquista por encargo de la Internacional Comunista, haciéndose pasar por periodista del London News Chronicle.

   -¿Y cómo Koestler ha habido más periodistas que hayan estado en los dos bandos?

   -Recuerdo a Henry T. Gorrell, estuvo de corresponsal de United Press en las dos zonas y en ambas tuvo problemas de seguridad. Porque no sé si sabe que el cabrón de Franco expulsa, amenaza y encarcela a los periodistas que no son afines a sus ideas.

   El bourbon ha acabado con el aguante de Arteta que se ha desplomado sobre la mesa. La pareja se mira, se levantan, pagan al camarero y se van. El relato de Arteta le ha suscitado a Pilar unos interrogantes y en cuanto están en Callao los plantea a Luis.

   -Cariño, ¿por qué has tenido tanto empeño en encontrar alguien que me contara lo de los corresponsales de guerra? Mi interés no era para tanto.

   -Porque en marzo te prometí que un día te llevaría al bar del Florida para conocer a los corresponsales de guerra que se reúnen allí y, para mí, una promesa hecha a la mujer que amo es sagrada –La explicación impacta a Pilar que mira con ojos amorosos a su novio. Por detalles como este es por lo que se ha enamorado del murciano hasta las cachas-. ¿Y cuál era el otro interrogante?

   -Es una curiosidad que tengo hace tiempo, pero si no lo crees oportuno no me respondas, te prometo que no me voy a enfadar por ello. ¿De dónde sacas tanto dinero?, porque hoy, por ejemplo, podrías haber cumplido invitando a Arteta a unas copas, pero no, has comprado toda la botella y te han soplado ¡sesenta pesetas! Y los comestibles que traes a casa, con los precios del mercado negro, te deben costar una pasta, y la de cosas que me regalas que ya no sé dónde meterlas. Todo eso representa mucho dinero, entonces ¿de dónde sale?

   -Para ti no tengo secretos, cariño, te cuento. Una de las contadas personas que frecuento en Madrid es don Nicolás Ferrero Albornoz, que fue presidente del tribunal de mi oposición. Durante mis notarías en Murcia y Cádiz volví a mantener contacto con él por motivos profesionales. De esas relaciones pasamos a las personales y don Nicolás, que no tiene hijos, acabó encariñándose conmigo y tratándome como si fuese hijo suyo. Cuando la guerra me cogió en Madrid, pensé en acudir a él, pero no lo hice, pues supuse que siendo un conocido notario los milicianos habrían ido a por él y, si no lo habían hecho, quizá mi presencia les alertase. Cuando estuve seguro de mi camuflaje como sanitario, me acerqué a su casa y, lo que me temía, no estaba y en su ático de Serrano vivía otra familia. Pregunté por el anterior propietario y me dijeron que no sabían nada, que a ellos les había acomodado allí un sindicato. Al salir se me acercó la portera y me preguntó si era familia de don Nicolás, por la forma que lo hizo me dio la impresión de que no era mala gente. Le dije la verdad, que familia no, pero que era amigo y antiguo discípulo suyo. Entonces, me dijo que lo podría encontrar en el barrio de Prosperidad donde ejercía de administrativo en una cooperativa de la FAI…

   -¿Un notario metido en una cooperativa de los anarquistas?

   -Uno de sus pasantes más leales le acogió en un piso suyo y le buscó el trabajo con los anarquistas. Antes de eso don Nicolás, hacia principios de julio del 36, ya se barruntaba algo de lo que podía pasar y decidió veranear en Estoril, y una de las medidas que tomó fue vaciar sus cuentas bancarias con lo que acumuló gran cantidad de dinero en efectivo. Como la sublevación ocurrió antes de lo que preveía no pudo irse a Portugal… En fin, para no alargarme más, don Nicolás me dijo desde el primer día que si necesitaba dinero que se lo pidiera; al principio fui muy renuente de solicitarle un préstamo, pero me instó a que lo hiciera pues en las actuales circunstancias el mejor fin del dinero era gastarlo. De ahí vienen los cuartos que manejo, y de los que me tengo prometido que, cuando este infierno acabe, los devolveré hasta el último céntimo, intereses incluidos.

   -¿Me llevarás algún día a conocerle?, a don Nicolás.

   -Dalo por hecho, le gustará.

   -Una última pregunta personal. ¿Por qué no has ido a ver a tu esposa e hijos y a tus padres pudiendo hacerlo?, pues Murcia sigue siendo zona republicana.

   -¿Qué por qué no he ido, y tú me lo preguntas?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 74. Eloísa ha visto lo que no debía


 [CM1]

viernes, 1 de noviembre de 2024

Libro IV. Episodio 72. Corresponsales de guerra

 

   En el Canarias, hay un grupo de oficiales alrededor del segundo de a bordo que está informando lo que se sabe del cruce del Ebro.

   -Hoy, 25 de julio, al arrancar el día, algunas unidades republicanas, han cruzado el Ebro entre las poblaciones de Mequinenza y Ascó, mientras que otras lo han hecho entre Benisanet y Amposta. A lo largo de la noche las tropas del Cuerpo de ejército Marroquí, que defienden la orilla derecha, han estado siendo hostigadas sin tener conocimiento de lo que realmente estaba ocurriendo. Y de momento es toda la información que disponemos.

   Cuando retornan al camarote, Álvaro y Juanma comentan la noticia.

   -¿Y qué crees que puede ser la operación, una especie de golpe de mano o algo más serio? –pregunta el placentino, pues sabe que Ortega, como aspirante a diplomado de Estado Mayor, tendrá una opinión más fundada.

   -Hasta que no se tenga más información, es imposible hacer una estimación pero, si esta operación la ha planeado Vicente Rojo, debe de ser algo más profundo que un ataque de diversión.

   En las 48 horas siguientes, la información de la audaz operación fluye a borbotones y en la tertulia del café Gijón tienen referencias más directas.

   -La operación la ha planeado el general Rojo para obligar a los facciosos a distraer fuerzas del ataque a Valencia; además, ante la tensa situación internacional la operación favorece los planes de Negrín de que las potencias europeas entiendan que el resultado de la guerra no está todavía decidido y, al menos, poder alargarla hasta que estalle el barril de pólvora en que se ha convertido Europa central.

   Otro de los tertulianos, que al parecer cuenta con buenas fuentes, ofrece datos más concretos.

   -Participan en la operación las tropas integradas en el recién creado Ejército del Ebro, al mando del teniente coronel de milicias Juan Guilloto, más conocido como Modesto. También están varios Cuerpos de ejército. Las primeras fases del ataque están siendo positivas. Todos los pueblos ribereños, del sector central del frente, han sido ocupados y se han formado dos cabezas de  puente. Líster ha avanzado 50 kilómetros y hemos capturado todos los puntos de observación al este el Ebro.

   Dentro del caos informativo generado por el cruce, las noticias que llegan desde el alto mando nacionalista son levemente esperanzadoras, como cuenta Infantes en la perfumería.

   -Ante la magnitud del ataque republicano, Yagüe ha decidido atrincherarse en Gandesa, a cuya altura han llegado los republicanos, pero estos se encuentran agotados físicamente y no cuentan con apoyo de artillería, tanques ni aviación.​ En cuanto a la campaña de Levante, nuestro Estado Mayor ha suspendido las operaciones y está enviando refuerzos al Ebro.

   En el sitiado Madrid republicano, el calendario religioso hace mucho que dejó de tener vigencia, por eso la festividad del Apóstol Santiago, Patrono de España, no se celebra.

Sin embargo, Pilar y Luis, a quienes les gusta ponerse por montera las prohibiciones y vetos, han decidido celebrar la festividad. Pilar ha pedido a sus hermanos que atiendan la farmacia y Luis ha logrado un apaño para que un compañero le sustituya en el Ritz que, tras ser reconvertido en hospital de sangre, ha tenido el dudoso honor de ver morir en una de sus habitaciones al anarquista Buenaventura Durruti. El plan que han diseñado es completo: a media mañana tomarán el aperitivo en Chicote, luego se acercarán al Hotel Florida para almorzar y, de paso, ver si en el bar se tropiezan con alguno de los corresponsales de guerra famosos que suelen parar por allí, por la tarde irán al Teatro Español donde se representa El alcalde de Zalamea. Y por la noche, el murciano ha alquilado una habitación en una pensión de la calle Juan de Mena en la que dormirán.

Es en Chicote donde la pareja se entera de lo ocurrido durante la noche: las tropas leales a la república han cruzado el Ebro.

   -¿Y eso va a cambiar algo? –pregunta Pilar que sigue sin tener el menor interés por los avatares bélicos.

   -No tengo ni idea, aunque me temo que, si va a servir para prolongar la guerra, a nosotros nos va a perjudicar porque retrasará que podamos cumplir nuestro sueño de vivir juntos –responde Luis.

   Tras almorzar en el Florida -hoy había plato único para variar-, se acomodan en el bar con la intención de encontrarse con alguno de los periodistas que por allí abrevan. El camarero calvo que les atendió en anteriores ocasiones se acuerda de ellos, pues Verdú suele dejar buenas propinas, y se acerca presto a atenderles. Pedidos dos cafés y una copa de coñac le comentan al mozo:

   -No vemos a ningún periodista.

   -Se han largado todos a Barcelona para informar de la batalla del Ebro.

   -¿Y cómo pueden trasladarse hasta Barcelona estando cortadas las comunicaciones entre Madrid y la Ciudad Condal? –A Luis le ha picado la curiosidad.

   -La mayoría creo que se han ido a Valencia para coger un barco que les lleve a Barcelona. Otros han fletado un avión a Francia para luego entrar en España por la frontera catalana. No sabe usted de lo que son capaces esos hombres. Tienen dinero, son atrevidos y por un buen reportaje son capaces de todo.

   Puesto que la pareja no tiene nada mejor que hacer hasta que sea la hora de la sesión teatral continúan en el bar… hasta que un rato después se les acerca el calvo.

   -Acabo mi turno. ¿Quieren algo más antes de marcharme?

   -No, gracias…, espere… –a Verdú se le acaba de ocurrir algo-. En cuanto termine el turno, si puede dedicarnos un rato de su tiempo, le daré una buena propina.

   El camarero no se lo piensa demasiado.

   -En diez minutos les espero en el bar Rigol, en la esquina de Telefónica.

   En el Rigol, Luis explica al camarero lo que pretende.

   -Queremos que nos cuente más cosas de los corresponsales extranjeros que se han alojado en el Hotel Florida. Es que verá…, mi novia –dice Luis señalando a Pilar- es licenciada en Filosofía y Letras y antes de la guerra estaba haciendo la tesis doctoral sobre la prensa extranjera en España y usted, que tan buena memoria ha demostrado tener, podría aportarle datos valiosos para la tesis. Y cuanto más aporte, mejor será la propina.

   -Señorita, me tiene a su disposición. Usted dirá.

   -Bueno… -a Pilar la iniciativa de Luis le ha pillado de improviso pero, como va conociéndole, le sigue la corriente-. Me interesarían nombres de periodistas, medios para los que trabajan y cuantos más datos pueda facilitarme.

   -Verá, señorita, me acuerdo bien de muchos de los corresponsales que se alojaron en mi hotel y podría darle los nombres de la mayoría, pero no sabría decirle para qué periódicos trabajaban y demás datos, pero… conozco una persona que sí tiene esa información. Es alguien que trabaja o, al menos, trabajaba en el Departamento de Censura –y dirigiéndose a Verdú añade-. Es un borrachín, con que le invite a unas copas o le regale una botella de coñac y un cartón de cigarrillos les contará lo incontable. Si quieren, me pongo en contacto con él, Miguel Arteta se llama, y mañana o pasado quedan con él en Florida.

   Luis da las gracias y una propina al camarero, y quedan en que volverán al día siguiente, a ver si el tal Arteta ha aceptado la proposición.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 73. El oscuro misterio de los dineros de Verdú

sábado, 26 de octubre de 2024

Libro IV. Episodio 71. Los rojos han cruzado el Ebro

 

   La visita al economato británico se desarrolla sin el menor contratiempo. Luis se ha vestido como un gentleman y los funcionarios del economato le han tratado como tal. Tras dejar a la tía en su casa de la calle Lista, la pareja se dirige a Gran Vía, 54. Cuando empiezan a sacar los víveres de las bolsas, a Paca casi le da un soponcio. Desde que se inició la guerra, su cocina no había conocido semejante colección de paquetes, latas, frascos y saquitos llenos de productos que no sabe qué son pues vienen rotulados en inglés.

   -Luis, tendrás que traducir tos los papeles de los envases porque a estos ingleses no hay Dios que los entienda. Pues, si no sé lo que tiene dentro cada lata, ¿cómo me las voy a componer pa guisar?

   -No te preocupes, Paca, te escribiré en cada envase lo que lleva.

   -Y mañana –habla Pilar- me meteré en la cocina y prepararé el plato inglés más típico.

   Veinticuatro horas después, la cena de los Carreño consiste en fish and chips, pero cuyos ingredientes, paradójicamente, no provienen del economato británico sino que los ha traído Verdú de esos misteriosos mercados que solo él parece conocer. Pilar ha cortado en trozos gruesos las patatas y luego los ha frito empapados en vinagre y salpicados de sal, y los ha acompañado con varios trozos grandes de pescado rebozado, a lo que ha añadido guisantes cocidos y una generosa rodaja de limón. Las opiniones de los comensales han sido variadas.

   -Pues no es pa tanto, y pa comer esto no hay que ir a Inglaterra, pues hasta en Plasencia comíamos de vez en cuando pescao y patatas fritas –afirma Paca.

   -A mí me ha gustado, aunque quizá te has pasado un poco con el vinagre –opina Jesús.

   En el escenario bélico, el resto de junio la lucha en el frente de Levante se estabiliza, aunque el objetivo sigue siendo Valencia. A tal fin se constituye el Cuerpo de ejército del Turia mandado por Solchaga.​ El 5 de julio las tropas de García Valiño comienzan el ataque desde el norte, pero en ese sector la sierra de Espadán llega casi hasta el mar y las fuerzas republicanas no pueden ser desalojadas.​

  En la tertulia del Gijón, a la que esporádicamente sigue asistiendo Valdés, las noticias que vienen de Levante parecen esperanzadoras.

   -En julio los fascistas han sufrido numerosas bajas. Es cierto que cuentan con superioridad en artillería, pero, pese a batir nuestras posiciones, sus ataques no alteran la defensa de los nuestros, y como resultado los fachas se encuentran detenidos a unos cuarenta kilómetros de Valencia.

   En julio, los nacionales todavía creen que la conquista de Valencia es inminente, pero no es así puesto que la noche del 24 al 25 otra brillante y audaz operación de los republicanos se desarrolla al norte de las tierras castellonenses.

   A bordo del Canarias alguien da unos discretos golpes en la puerta del camarote que Álvaro comparte con su compañero Juanma Ortega. Andrés, que lleva un sobre en la mano, se corta cuando ve a Ortega, se cuadra y saluda a los dos tenientes de navío.

   -A sus órdenes, mi oficial, venía a traerle esta carta –dice dirigiéndose a su hermano.

   -Voy a por tabaco –dice Ortega para dejar solos a los hermanos.

   Andrés se relaja y le entrega a Álvaro un sobre que está abierto.

   -Es carta de Concha, están todos bien salvo mamá que anda un poco pachucha.

   -En mi último permiso ya la encontré muy baja de tono, no es la misma de siempre.

   -Ten en cuenta, tato, que ha sufrido mucho y los sufrimientos se pagan. No puedes llegar a imaginarte lo mal que lo pasó en Suances, sin saber nunca si tendríamos para comer al día siguiente y, a pesar de todo, ella solita nos sacó a flote.

   -Es una madre como para estar orgullosos de ella. Oye, hay una pregunta que hace mucho que quiero hacerte y ahora que estás aquí,… ¿has pensado qué harás cuando termine la guerra?

   -Sí, tato, quiero ser oficial de la Marina de guerra como tú. Hace tiempo que lo tengo entre ceja y ceja.

   -¿Sabes que para ser oficial hay que ingresar en la Escuela Naval Militar y para aprobar el ingreso hay que estudiar mucho? Y, francamente, te va a resultar difícil porque, con lo mal que has hecho el bachillerato, seguramente debes tener muchas lagunas. Y sobre esa cuestión debes saber que se rumorea que, para ingresar en las academias militares, al fin de la guerra se tendrán en cuenta los méritos que hayan podido contraer los individuos que se enrolaron como voluntarios. Por consiguiente, procura portarte bien y no des pie a que tus superiores den malos informes tuyos.

   -Por eso no te preocupes, tato, soy uno de los mejores del equipo de maniobras, la prueba es que el Melasuda me ha dejado caer que igual me propone para marinero preferente.

   -¿Quién es Melasuda?

   -Mi contramaestre, le llamamos así porque siempre anda diciendo que si me la suda esto o me la suda lo otro.

   Esa noche, cuando van a acostarse, Álvaro le recuerda a Juanma la festividad del día siguiente.

   -Mañana es el Patrono de España, igual tenemos algún acto de celebración.

   Al día siguiente, las dos campanadas que provienen del puente del crucero, y que se pican para marcar los cuartos de guardia, le sirven a Álvaro de despertador. Abre los ojos y ve a su compañero Ortega terminando de arreglarse.

   -Arriba, dormilón, o no encontraremos más que las sobras.

   Álvaro aparta la sábana, se lava, se pone el uniforme de trabajo y, en compañía de Juanma, se dirige al comedor. Les sorprende la algarabía que hay en el recinto.

   -¿Qué pasa?

   -¡¡Esta madrugada los rojos han cruzado el Ebro!!

 PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 72. Corresponsales de guerra