martes, 15 de julio de 2025

28. “El masover”. La cabra murciana

 

 

   El verano del 31 se presenta pleno de expectativas venturosas para el recién iniciado en el azaroso camino del bachillerato. Zaca se ha marcado una serie de metas que espera lograr antes de que comience el curso 31-32. Uno de sus objetivos es aprender a montar en bicicleta. Los velocípedos, como los llamaron al aparecer, al ser relativamente baratos, son uno de los medios individuales más populares en un pueblo en el que los desniveles, salvo la zona del Calvario, son prácticamente inexistentes. E igual ocurre en su término municipal. Aprender a manejar la bici marca uno de los hitos que todo niño torreblanquino ha de superar para pasar a otra etapa de su desarrollo. Y Zaca está dispuesto a conseguirlo.

   En casa solo hay una bici, la de padre; un armatoste de hierro que pesa un quintal y a la que no llega a los pedales si va sentado en el sillín, pero lo remedia como hacen los demás niños de su edad: pasando una pierna por debajo de la barra transversal para alcanzar el pedal del otro lado y correr con el cuerpo inclinado a la izquierda y la bici a la derecha. No es una forma cómoda de montar en bici, pero es como los chiquillos suelen comenzar en el pueblo, donde son contados los que poseen bicicletas infantiles, y Zaca no es uno de ellos. Una vez superó el aprendizaje, hasta se atrevió a subir a Pedrito, pero la experiencia fue un desastre, pues ambos hermanos dieron con sus huesos en el suelo; afortunadamente, el incidente se saldó con varias magulladuras y algún que otro moretón, pero no pasó a mayores. Eso sí, se ganaron una buena reprimenda de madre que, para que el castigo no fuera mayor, ocultó la caída a padre.

    Mientras el primogénito de los Clavijo, con su proverbial tenacidad, va logrando nuevas metas, en el tiempo que ha durado la construcción de la vivienda de los dueños del Mas del Canònge, la señora Paca y su hija Paquita han ido con frecuencia a la Fábrica, sobre todo a por agua para que los albañiles la mezclen con arena y cemento para la confección del mortero. Puesto que Paca ha vivido siempre en el Mas, está ayuna de los usos y costumbres de los pueblos. Cuando Rosario descubre esa carencia, y como la masovera le parece una buena persona, se impone introducirla en las prácticas y rutinas de la sociedad local para que pueda integrarse más fácilmente en ella. Paca, que no es culta pero sí intuitiva, se da cuenta del papel que ha tomado la llumera y no se lo comenta, pero se lo agradece de corazón. Hechos así generan que lo que comenzó siendo una relación amistosa entre ambas mujeres derive hacia una ligazón cada vez más estrecha. Incluso han llegado a la etapa del tuteo. Esa naciente amistad entre las dos matronas, así como la vecindad, dan pie a que los Clavijo hagan continuos favores a los Villalonga. Uno de los más significativos fue a raíz de la conjunción de dos factores: que la construcción avanzaba rápida, y que los días invernales eran cortos y los albañiles seguían trabajando tras la puesta del sol, por lo que empleaban quinqués en el interior de la vivienda que solucionaban parcialmente la falta de luz. Enterado de ello, el llumero dijo a la señora Paca que podía ofrecerles una solución mejor: tender un cable desde la Fábrica que, salvando el vano de la calle San Antonio, proporcionara, de forma provisional, electricidad a la vivienda, y que al ser una conexión pirata les saldría gratis. Pese a las reticencias iniciales, la señora Paca acabó aceptando la oferta. El propio llumero se encargó de hacer una instalación de fortuna en el interior de la vivienda para que unas desnudas bombillas iluminaran el trabajo de albañiles, carpinteros, fontaneros y demás oficios. Cuando los masoveros quisieron pagarle la esquemática instalación, el señor Zacarías sólo les cobró el coste del material y se negó en redondo a recibir una sola peseta por su trabajo.

   A estos favores de buenos vecinos y amigos, los masoveros han correspondido ofreciéndoles muestras de sus cosechas y ganados. Que si un capacho de patatas que este año la cosecha ha sido muy buena, que si una docena de huevos, que si una liebre cazada por los charnegos de la masía, que si un tarro de miel de romero, que si un par de botellas de aceite de algunos de sus olivos centenarios, que si unas codornices que han cazado en el parany, que si un queso de cabra de su ganado…, y cuando es la matanza de los tres cerdos que sacrifican a lo largo del año nunca falta una muestra de las longanizas, chorizos  morcillas, magro y tocino, así como alguna porción de lomo o de panceta. Rosario, en principio, se negó a recibir los regalos, más por el qué dirán que por convicción, pero acabó aceptándolos ante la insistencia de la masovera que reiteró que favor, con favor se paga.

   En esa hornada de mutuas dádivas nunca ha habido dinero por medio, ni siquiera se ha mencionado. Cada parte obsequi[CM1] a a la otra, gratis et amore, lo que está en su mano ofrecer, sin que ello suponga merma alguna de su modo de vida. Y al tiempo, ambas familias se benefician del trueque de donativos. Y así, la despensa de los Clavijo, que había mejorado notablemente gracias a las aportaciones en especies del escrivent, se colma aún más de alimentos que contribuyen de forma notable a la mejora de la dieta familiar[CM2] . Y, mira por donde, la vida de los Clavijo ha empezado a cambiar, se han puesto más recios, están mejor nutridos y sus semblantes han adquirido una tonalidad más risueña. Lo que es hacer tres comidas diarias abundantes y sabrosas.

  Hoy, en su casi diaria visita a la Fábrica, la masovera ha visto a Rosario irritada. El motivo es que se le ha retirado la leche antes de destetar a su último hijo y no tendrá más remedio que comprar diariamente dos litros del blanco líquido hasta que se produzca el destete total. Un gasto más que añadir a los cotidianos. Paca, que conoce bien las estrecheces económicas de los Clavijo, aparece unos días después con un inesperado presente. Arrastra tras ella una robusta cabra, con unas ubres tan llenas que casi rozan el suelo, y  tras la cual una asustadiza cabritilla no se separa de la madre. Lo de la cabra desconcierta a Rosario que mira, alternativa y perpleja, al animal y a la masovera sin saber qué pensar. Hasta que Paca se explica:

   -Os traigo esta cabra, de raza murciana, y que da una cantidad de leche increíble para un animal de este tamaño. Con ella, Chimet tendrá asegurada su ración de leche diaria y en cuanto la cabritilla deje de mamar y, si la alimentáis bien, hasta os sobrará leche para los demás niños o para hacer queso, manteca y cuajada.

   -Paca, una cosa es que nos regales una docena de huevos, un queso o una cesta de tomates, ¡pero una cabra! Eso no es un regalo, es… -Rosario no encuentra la palabra para calificar la dádiva, por lo que acaba la frase como puede-, es la de Dios.

   -No se trata de fardar, Rosario, pero la última vez que el encargado del ganado hizo el recuento del rebaño de cabras que tenemos, contó unas ciento cuarenta. Como comprenderás una más o menos no supone nada.

   A pesar de la explicación de la masovera, Rosario se resiste a aceptar el regalo pero, acaba asumiéndolo cuando  Paca insiste que lo hace para que al crío no le falte la leche, no sea que vaya a criarse raquítico o pueda enfermar.

   Sorprendentemente, lo de la cabra murciana acarrea más consecuencias de lo que parecía al principio, pues enseguida se plantea el problema de como alimentarla. Los Clavijo barajan tres posibles soluciones: la más barata, pero que exige más tiempo, es llevarla a pastar por los alrededores de la Fábrica; otra, es recolectar hierba o comprarla; la tercera es una combinación de las dos anteriores. Puesto que los ingresos familiares siguen siendo los justos, desde el primer momento se impone la primera opción: habrá que sacar a pacer al animal que eso no cuesta dinero. Lo que provoca otro problema: ¿quién lleva la cabra a los pastos? La composición familiar deja reducidos a dos los posibles candidatos: Zaca o Charito, Pedrito es muy chico. Cuando los padres cuentan a sus dos hijos mayores el dilema que se les presenta, el primogénito se pone como una hiena.

   -Yo no puedo sacarla, pues tengo que estudiar y encima mi labor de escrivent, al ser cada vez más solicitada, me da más trabajo aún. No tengo tiempo ni para rascarme.

   A su vez, Charito arguye que:

   -Pues yo, además de ayudar a madre en las tareas de casa, estoy aprendiendo corte y confección y a bordar a máquina con la señora Laura, la amiga de la tía Paca la Francesa y, además, lo de pastorear es trabajo de hombres.

   Curiosamente, la última razón es la que más pesa en la solución que adoptan los Clavijo: será el primogénito quien deberá encargarse de que el animal y su cría salgan todos los días a pacer, y complementarán su dieta comprando de vez en cuando alfalfa, cultivo muy extendido en el pueblo. Tras las consabidas protestas, más hechas en atención a su ego que pensando en que puedan servir de algo, a Zaca no le queda otra que apechugar con la nueva tarea. Al principio lo hace renegando y con malas caras, pero pronto se da cuenta que la ocupación le viene bien a su carácter: es un trabajo solitario, tranquilo y, al tiempo que los animales pastan sujetos a una larga cuerda, tiene tiempo para estudiar o leer una novela del Oeste, que tanto le gustan. Y hay otras consecuencias beneficiosas para el chico: la más importante es que descubre el valor de la organización, si uno organiza bien el factor temporal y su aplicación a las tareas a realizar resulta que hay tiempo para todo. Otra consecuencia es física: los diarios paseos tonifican sus piernas, las musculan -falta les hacía- y acaba teniendo un tren inferior que tiene poco que envidiar al de los chicos que antes se burlaban de él por lo patoso que era corriendo. Sus caminatas al aire libre y los tirones que ha de dar a la cabra para que le siga o no se meta en los campos cultivados inciden en su capacidad respiratoria, su caja torácica se ensancha y deja de ser el tipo enclenque y frágil que era. También descubre que en sus correrías puede hacer nuevos aportes a la despensa familiar: recolecta caracoles y cabrillas, busca espárragos silvestres, te de roca, brotes tiernos de verdolaga, cardillo o hinojo para preparar ensaladas, y cuando se desplaza a la marjalería caza ranas, tortugas y hasta anguilas. Además, en una tierra de regadío con abundancia de frutales siempre encuentra alguno cuyas frutas están en sazón. Zaca, al principio, recogía los frutos caídos que de otro modo se iban a pudrir, pero acabó cogiéndolos del árbol sin plantearse que técnicamente está robando. Finalmente, incluso acrece su léxico, vocablos que desconoce o que conoce, pero no sabía emplearlos, han dejado de ser algo ignoto: ribazo, tocón, injerto, caprino, ubres, forraje, campero y un largo rosario de nuevos vocablos. Hasta ha aprendido a ordeñar, mal que bien, la cabra y a veces se da sus buenos tragos de leche cruda antes de devolverla al corral. Lo que a sus padres ya no les viene tan a cuento es la compra de alfalfa para que el animal esté bien alimentado y proporcione la suficiente cantidad de leche.

   Sólo hay una cosa de su nueva ocupación que fastidia a Zaca: que sus amigos se burlan de él y a veces, para chincharlo, le llaman el cabrero, y cuando le dicen que está como una cabra acaban añadiendo como una cabra…murciana. Y el asunto no queda ahí, como se ha corrido la voz de lo de la cabra, algunas personas, que se aprovechan de su habilidad de escrivent, modifican este apelativo llamándole el escrivent de la cabreta. Con la de sobrenombres que ya tiene, lo que le faltaba, otro mote más. No hay nada que hacer, es mi sino, se dice. Y todo por llamarme como me llamo. ¡Padre!, ¿por qué te empeñaste en ponerme Zacarías? Con la de nombres que hay y tuviste que ponerme el tuyo.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 29, de la novela “El masover”, titulado: La abuela Julia

 [CM1]

 [CM2]

 

martes, 8 de julio de 2025

27. “El masover”. La Panderola


   El 22 de junio, comienzan los exámenes libres en el Instituto de enseñanza media de Castellón, el único que hay en la provincia. El domingo, madre dejó en la habitación del primogénito  la muda de ropa interior, la camisa que va a estrenar, chaqueta y pantalón, así como los zapatos recién lustrados. El muchacho, al ver el pantalón que le ha preparado, protesta.

   -Madre, ¿por qué voy a ir en pantalón corto?, ¿no sería mejor el largo que me regalaron cuando cumplí los diez años?

   -Creo que no, si vas en pantalón corto pareces más niño y seguro que los profesores te tratarán con más indulgencia.

   -Los zapatos de Segarra siguen estando muy duros. Si no le importa, preferiría llevar los viejos que esos no me hacen daño.

   -Bueno, te los lustraré para que no se note que son viejos.

   -¿Y tengo que llevar corbata?, me aprieta el cuello

   -Hijo, te quejas de todo, póntela y no protestes más.

   El lunes, la señora Rosario y Zaca, a las 8:00, cogen el coche de línea de Autos Mediterráneo que cubre la línea Torreblanca-Castellón, que solo para en la Ribera de Cabanes y, de allí, va directo a la capital de La Plana, donde la primera parada es en el barrio llamado el Descarregador que está cerca del Instituto. Viaje que dura alrededor de una hora, pues las cuestas de Oropesa del Mar retardan la circulación y eso que las cogen en sentido descendente. El autobús va a tope, pues los lunes se celebra mercado en la ciudad que atrae a mucha gente de los pueblos. Antes de llegar a la Castellón, todos los pasajeros se han enterado de que la señora Rosario, la mujer del llumero, acompaña a su hijo que se examina de primero de bachillerato. Algo así es bueno que se sepa, pues es un motivo de orgullo para la familia, ya que es el único del pueblo que está estudiando bachiller por libre. Al chaval las explicaciones de madre le ponen todavía más nervioso y no hace más que retocarse el pelo y remangarse los puños de la camisa que parece que le quedan largos. Madre trata de tranquilizarlo, pero justo consigue lo contrario. 

   Los centros públicos de secundaria, que hasta 1901 se llamaban Institutos Provinciales de Segunda Enseñanza, ahora tienen el altisonante nombre de Institutos Generales y Técnicos. El de Castellón está ubicado en el solar de la antigua plaza de toros y alberga tres centros: Instituto, Escuela Normal y Escuela de Trabajo y, en la parte posterior, cuenta con un Jardín botánico. El edificio del centro de enseñanza media les impone, pues es una construcción formidable que ocupa toda la manzana. Al llegar, preguntan al bedel donde son los exámenes de primero y el uniformado les indica el aula donde comenzarán, siendo primeros los de Geografía. El chaval suspira aliviado, pues esa materia es su predilecta y cree que va más que preparado, no solo para aprobarla sino para sacar buena nota. Después, se examina de Gramática y Caligrafía. Y del resto se examinará el martes.

   -¿Cómo te ha salido, hijo?

   -Lo que se dice bordado, no, pero bien, sí, madre, sobre todo la Geografía. El examen de Gramática ha sido un poco difícil, pero creo que lo pasaré, y el de Caligrafía ha estado chupado.

   -¿Ya se te han quitado los nervios?

   -Del todo, no, pero algo más tranquilo sí que estoy.

   Dado que las pruebas han durado toda la mañana, los Clavijo no pueden coger el coche de línea de las 13 horas, de regreso al pueblo, y han de quedarse en la ciudad, pues ya no hay autobús de vuelta hasta las 18. Madre, que había previsto tal contingencia, lleva en su bolsón una fiambrera con un almuerzo de fortuna: una tortilla de patata y un pequeño guiso de hígado encebollado que, como bien sabe, son dos de los pocos platos que su hijo se los come sin hacer demasiados dengues. Y, como postre, ha elaborado exprofeso unos almendrados que esos sí le gustan al chaval, que es inapetente pero algo goloso. Como no es cuestión de gastar demasiado yendo a un bar o una taberna, se van a comer al Parque Ribalta, el mejor parque público de la ciudad, al lado de la nueva plaza de toros y de la estación del ferrocarril. En el centro del paseo, se encuentra una gran plaza donde desembocan los diversos senderos del parque. En uno de los paseos laterales, junto a un pequeño lago, reducto de unos cuantos cisnes y varias familias de patos, buscan un banco a la sombra y dan buena cuenta de las viandas. Acompañan la comida con tragos de la gaseosa de bolita que madre ha comprado en un quiosco que hay a la entrada del parque, que un día es un día y no hay porqué escatimar gastos.  Cuando terminan con el almuerzo, mientras madre descabeza un sueñecillo, el chico se acerca al estanque a echar migas de pan a los cisnes y a los descarados patos que, como están habituados, no tienen ningún temor en formar un grupo junto a la barandilla donde está el muchacho. En cuanto despierta madre, la pareja se adentra en el centro de la ciudad, pues la señora Rosario ha de hacer algunas compras que les llevan por la calle de Enmedio hasta la Puerta del Sol –epicentro de la ciudad-, desde la que oyen un pitido.

   -¿Qué es ese pitido, madre?

   -Debe de ser La Panderola, el tren que va del Grao a Onda.

   -De ese tren me ha hablado Joaquinito Queralt. Dice que es chulísimo y no lo he visto nunca. ¿Podemos…?

   Madre, accede y lleva al muchacho a la cercana Plaza de la Paz, por donde transita el tren a vapor de vía estrecha que une El Grao con varios municipios contiguos. Han de esperar un buen rato hasta el paso del siguiente convoy. Al chico, que nunca ha visto un ferrocarril de vía estrecha, La Panderola le parece un tren de juguete, regalo que, por mucho que lo desea, sospecha que nunca le traerán los Reyes Magos. Zaca, debido a la influencia de su amigo Pifa, está acostumbrado a ver los trenes que circulan por la vía Valencia-Barcelona, por lo que al pasar la pequeña locomotora y los vagones que parecen para enanitos no puede reprimir una sonrisa burlona. En tanto, madre le explica que el trenecito, conocido popularmente como La Panderola, tiene una marcha tan lenta que hay pasajeros que lo cogen o se bajan de él estando en marcha. Y para completar la explicación le canta algunos compases de una cancioncilla popular:

De Castelló a Almassora,/ Xim pum tracatrac./

Va un tren que vola, leré./I per això li diuen/

Xim pum tracatrac/ La Panderola, leré 

   A todo eso, ya son cerca de las seis de la tarde y los Clavijo se apresuran a tomar el coche de línea que los devolverá al pueblo. Al día siguiente, martes, madre e hijo repiten la operación del día anterior. Hoy, el chico se examinará de Aritmética, Religión y Dibujo.

   -¿Qué tal te ha ido, hijo?

   -La Religión y el Dibujo, chupados. De Aritmética, ahí, ahí. Lo mismo puedo aprobar que suspender.

   -Bueno, si suspendes no pasa nada. El tío Paco dijo que puedes volver a examinarte en septiembre.

   A mediodía, la pareja vuelve al Ribalta a almorzar. El menú de hoy es una tortilla francesa y atún en escabeche, de postre los almendrados que sobraron del día anterior, y de beber la consabida gaseosa de bolita. Hoy no se mueven del parque, porque a madre le dijo su hermano Antonio, que trabaja en el ferrocarril, que hay un tren correo que para en Torreblanca y que pasa por Castellón a las 16:00, con lo que si lo cogen podrán llegar antes a casa. En cuanto terminan de almorzar se acercan a la contigua estación y se sientan en uno de los bancos que hay bajo la gran marquesina a esperar el tren. Es un convoy lento –al que se lo conoce como el borreguero- que para en todas las estaciones y apeaderos que hay entre la capital y el pueblo por lo que cuando llegan son las cinco y media pasadas.

   Una semana después salen las notas de primero de bachillerato libre. El tío Paco se ha encargado de recogerlas y se las manda a los Clavijo, dentro de un sobre, que entrega al cobrador del coche de línea que hace también de ordinario.

   -¡Qué nervios! –exclama el chaval al ver el sobre

   -Padre hace ademán de abrirlo, pero madre sugiere:

   -Creo que debería hacerlo el chico, al fin y al cabo son sus notas.

   El aludido coge el sobre con un temblorcillo de manos y con un cuchillo lo rasga. Dentro hay una cuartilla que hace de carpeta de las seis papeletas de cada una de las asignaturas de primero. Antes de mirarlas, el muchacho lee el contenido de la cuartilla que resulta ser una breve nota del tío Paco.

   Sobrinos: como ya os dije en su día, vuestro hijo vale, la prueba son las notas que ha sacado. Enhorabuena a todos, sobre todo al muchacho. Un abrazo. Tras lo cual, Zaca lee las notas: Geografía 9, Gramática 7, Caligrafía 7, Aritmética 5, Religión 8 y Dibujo 5.

   -¡He aprobado todas, las he aprobado!

   Los padres contemplan orgullosos la alegría de su primogénito. Ven recompensados todos los esfuerzos que han tenido que hacer para que el niño estudie. A madre, una furtiva lágrima se le desliza mejilla abajo. Padre está que revienta de satisfacción, aunque procura que no se le trasluzca, al tiempo que piensa que el chico acaba de dar su primer paso en el tedioso camino del mundo académico, ¿tendrá fuerza y, sobre todo, voluntad para recorrerlo hasta el final?, se pregunta.

   El verano de 1931 es uno de los más felices que recuerda Zaca. Está en camino de ser bachiller, algo que ni en el mejor de los casos pudo soñar ningún miembro de los Clavijo o de los Alsina, pues ninguno de ellos pasó de la enseñanza primaria, que muchos ni siquiera acabaron. Los que más se han acercado han sido sus tíos maternos, Joaquín y Antonio, y ambos se conformaron con completar la primera enseñanza para luego trabajar, el primero de chófer, y el segundo de peón de vías y obras en el ferrocarril, pero aun así han elevado el listón laboral de la familia que siempre se desempeñó en el trabajo agrícola.  El chico se permite estar todo el estío holgazaneando y leyendo cuanto le apetece, sobre todo tebeos y novelitas baratas, de las que ha encontrado un filón en una biblioteca que el padre de su amigo Joaquinito tiene en el desván. Aunque a él lo que más le gusta son las revistas infantiles y las historietas con viñetas, pero esas hay que comprarlas y, aunque no son excesivamente caras, el dinero brilla por su ausencia. Como madre está al tanto de sus preferencias, sugiere a padre que adelante el lance de llevar la hucha del muchacho al director del Banco de Vizcaya y boticario, don Eduardo Leuba, para que la vacíe, como suelen hacer todos los años a principios de julio. Hecho lo cual, las perras que le dan permiten al chaval comprarse algunos de los tebeos más populares. Y así se hace con tres ejemplares de la revista TBO, que es la más difundida del país; de dos ejemplares de Pulgarcito y de uno de Macaquete, cuyo humor absurdo y moderno no acaba de entender. Hasta estuvo ojeando una revista infantil americana, pero que desechó al estar en inglés, lengua de la que no sabe ni palote. La posesión de estos tebeos le permite ganar enteros ante sus amigos, a quienes gustosamente se los presta. A sugerencia de su amigo Pitarch, una vez leídos y releídos los tebeos que posee, se mete en la aventura del trueque con otros chicos que también poseen tebeos, con lo que aumenta exponencialmente su contingente de lectura. Piensa que va a ser el mejor verano de su vida: ha aprobado el primer curso, ha visto La Panderola y tiene un montón de tebeos nuevos. ¡Que más se puede pedir! A su manera, el muchacho es feliz, algo que, dada su innata tendencia al pesimismo, no le ocurre a menudo. Le pasa como a La Panderola, que va que vola.

 

  PD.- El próximo martes publicaré el episodio 28 de la novela “El masover”, titulado: La cabra murciana 

martes, 1 de julio de 2025

26. “El Masover”. Nace la II República y no trae un pan bajo el brazo, pero sí muchas esperanzas

      Abundando en las noticias sobre las recientes elecciones del 11 de abril, don Eulogio las explica en la tertulia del Pincho, así como sus posibles consecuencias.

   -Los comicios municipales, pese al mayor número de concejales elegidos a favor del régimen monárquico, suponen para la monarquía una amplia derrota en las ciudades, pues la corriente republicana ha triunfado en la mayoría de capitales de provincia. Y si las elecciones se habían convocado como una prueba para sopesar el apoyo a la Corona, los partidarios de la república consideran los resultados como un plebiscito a favor de su instauración.

   Planteamiento que no acaba de comprender Zaca. Su mente analítica razona que si las elecciones municipales se habían celebrado para elegir concejales y alcaldes, qué su resultado fuera elegir entre la monarquía y la república no tenía ningún sentido, pues no se habían celebrado para eso. No podía entenderlo.

   Por su parte, el señor Zacarías, alarmado por lo que está pasando,  ya que puede repercutir en su empresa y, por tanto, en su empleo, a primera hora de la mañana del 14 de abril conecta su radio de galena para estar al tanto de la cambiante situación política. Radio Barcelona informa de la constitución en Madrid de un Comité Revolucionario que patrocina la instauración republicana y que, al parecer, está en contacto permanente con el Palacio Real. Por la misma emisora se entera de que el Rey, visto el sesgo de los resultados electorales, decide marchar al exilio el mismo 14. Y embarca en Cartagena rumbo a Francia, lo que supone una suerte de autoexilio que, por otra parte, nadie se lo ha pedido explícitamente. Cuando padre cuenta a los suyos lo que está ocurriendo en la capital del país, madre pregunta:

   -¿Y por qué se ha marchado?, con lo bien que me caía y lo guapetón que es el Rey.

   -Según dicen porque el pueblo se ha decantado por el régimen republicano,

   Las preguntas del primogénito van en la dirección del razonamiento que anteriormente se ha planteado:

   -¿Y por qué ha deducido eso el Rey, si lo que se ha votado va con los municipios y no con él y con la república? Y otra pregunta: Y si el Rey se ha ido, ¿quién manda ahora en España?

   -Para tu primera pregunta no tengo respuesta. En cuanto a quien manda ahora parece que, de momento, el poder lo tiene un Gobierno provisional en el que hay mayoría de políticos republicanos.

   Días después, el diario ABC publica en portada un texto del monarca que comienza diciendo: Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo… y quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil… -Parece que el Rey ha sacado idéntica conclusión de la reciente elección que los que están a favor de la república: que los españoles han optado por el cambio de régimen. Aunque hay un detalle que don Avelino, el veterinario, remarca en la tertulia:

   -Alfonso XIII ha abandonado el país, pero sin abdicar formalmente. Lo que supone que, al menos en teoría, sigue siendo rey de España.

   -A buenas horas mangas verdes. ¿Y de qué le va a servir? –replica el barbero.

   El mismo día del exilio real, el 14 de abril, el Comité revolucionario proclama la II República, tomando el poder un Gobierno provisional presidido por un antiguo político monárquico, reconvertido al republicanismo, llamado Niceto Alcalá-Zamora.

   A pesar del desconcierto del chico de los Clavijo, algunas cosas han cambiado, pero son más decorativas que esenciales .En el ayuntamiento, la bandera rojigualda ha sido sustituida por una nueva enseña tricolor con bandas horizontales, siendo la franja superior de color rojo, la central de color amarillo y la tercera de color morado, y las tres del mismo ancho. Y la banda municipal en lugar de tocar, como himno nacional, la pausada Marcha Real, ahora ejecuta el llamado Himno de Riego que es mucho más movido. Y de pronto, personas que jamás se pronunciaron sobre sus ideas políticas, alardean de ser republicanos de toda la vida. ¡Vivir para ver!, piensa más de uno.

   La tarde del domingo, tras varios intentos, Zaca ha conseguido que sus amigos hablen del advenimiento de la República. Éstos, más que opiniones personales, lo que cuentan es lo que opinan sus padres.

   -Papá dice –refiere Queralt- que la República solo traerá follones y hasta es posible que la guerra.  

   -Pues mi padre –relata Pitarch- también cree que lo que traerá la República son muchos líos. La prueba es que cuando la gente dice de algo que esto es una república lo que quiere decir es que está muy liado.

   -Eso que dicen vuestros padres son chorradas  –se burla Pifarré, cuyo padre es miembro del Sindicato de Ferroviarios-. El mío me ha contado que la República se va a ocupar de los trabajadores y de la igualdad entre hombres y mujeres. De que traerá follones y líos, nanay, eso es cosa de los carcas -Como Zaca no habla sobre lo que está pasando, Pifarré le pregunta-: ¿Y tu padre qué dice?

   -Decir, no dice nada, pero le veo muy preocupado por si el cambio de régimen tiene algún efecto en las compañías eléctricas y eso pueda repercutir en su empleo.

   -Es la conversación más aburrida del mundo. ¿Sabéis que pelís ponen esta tarde? -pregunta Pifarré, y ahí acaba el diálogo de los amigos sobre la República. Da la impresión de que a ellos ni les va ni les viene el advenimiento del nuevo régimen.

   A Zaca, aparte de su insaciable curiosidad por cuanto ignora, lo del nacimiento de la República le preocupa por otro motivo: sus estudios. Piensa que si el cambio de régimen es tan importante para la gente mayor es posible que en los exámenes de junio alguno de los profesores del instituto pueda preguntarle por cuestiones republicanas y, si es así, está perdido porque de esa cuestión no sabe nada. Por lo que se impone llenar esa enorme laguna o, al menos, conocer sus elementos más importantes. Lo que supone que tendrá que buscar a alguien que le ilustre sobre el tema. Descarta la familia y los amigos. Solo le quedan sus maestros y quizás el vicario. Tendrá que probar y decide primero preguntar a sus maestros, cuya respuesta es decepcionante. Don José le dice:

   -Eso no son cosas para un niño, ya te harás mayor y entonces  será el momento de que te intereses por ellas.

   Así que solo le queda el vicario. Zaca aprovecha las clases de religión para asaetarlo a preguntas. El vicario se admira ante la insaciable curiosidad de su alumno, inconcebible en un muchacho de tan pocos años.

   -Mosén, ¿por qué no me cuenta cosas de la II República?

   -¿Qué quieres saber?

   -No sé. Todo lo que usted quiera contarme

   Mosén Florencio se arma de paciencia y explica a su curioso alumno los principales conceptos republicanos, hasta que se cansa.

   -Y por hoy basta, pero tengo que decirte que no conozco a ningún muchacho de tan pocos años que esté tan interesado por la política como tú.

   -Lo cierto, mosén, es que mi interés tiene un motivo concreto y no es la política en sí –y el chaval cuenta al vicario su preocupación por si en los exámenes libres le hacen alguna pregunta sobre la II República. A lo que añade una petición-: Por cierto, don Florencio, le voy a pedir un favor muy grande, no le cuente a padre de lo que hemos hablado sobre la República, porque como se entere me puede deslomar, ya que la política no le gusta nada.

   -Tranquilo, Zacarías, estas charlas son como confesiones y el secreto de confesión prohíbe a los sacerdotes hacer público lo que nos cuentan los que se confiesan.

   El chaval saca dos conclusiones: que la forma de gobierno, sea una monarquía o una república, no parece que sea algo tan decisivo para el bienestar de la gente. Y que la próxima vez que pregunte a mosén Florencio ha de traer un cuaderno y un lápiz para apuntar lo que le explica el reverendo. Y aunque ha decidido no preguntar más sobre la creación de la II República, le queda una espina que no se la quita de la cabeza y que la preguntó a padre que no supo responderle, hasta que una tarde se atreve a formularla al vicario.

   -Mosén Florencio, me haría el favor de aclararme una duda que tengo sobre la República. Le prometo que es la última que le hago –ante la muda aquiescencia del vicario, el chico la expone-: Lo que no acabo de entender es ¿por qué, si las elecciones del día 11 fueron para elegir a los alcaldes, el resultado es que han cambiado al Rey por un Presidente de la República?

   -Eso ya es más difícil de explicar, Zacarías, porque ni siquiera yo lo tengo claro. En consecuencia, esa duda la tendremos que aparcar hasta que haya una explicación franca.

   Zaca vuelve a pensar que ha tenido mala suerte de que la II República haya nacido en abril, a dos meses de examinarse del primer curso. Podría haberlo hecho en verano o en otoño y habría tenido tiempo más que suficiente para ilustrarse sobre el nuevo régimen.

   -¡República, maldita sea tu estampa! –Exclama. Hasta en sus reniegos es cuitado el chico.

   El nacimiento de la II República ha sido ejemplarmente pacífico, pero ese sosegado inicio pronto desaparece. Zaca escucha en la tertulia del Pincho que el 10 de mayo, con motivo de la inauguración en Madrid del Círculo Monárquico, corrió el rumor por la capital de que un taxista republicano había sido asesinado por unos monárquicos. Una multitud se congregó ante la sede del diario monárquico ABC, donde tuvo que intervenir la Guardia Civil que disparó contra los que intentaban asaltar el edificio  del periódico causando varias bajas. La consecuencia fue que días después se produjeron sucesos tan lamentables como la quema de conventos e iglesias en muchas regiones del país.   

   Provechosa le resulta a Zaca la explicación que una de esas tardes da don Eulogio ante la pregunta del siempre curioso Julio, el barbero.

   -Doctor, ¿por qué cree que la II República ha nacido con tanta facilidad?, pues ni siquiera el ejército, que tan monárquico ha sido siempre, se ha opuesto.

   -En mi modesta opinión, porque los oficiales del Ejército no apoyaron al Rey, con el que estaban molestos por haber aceptado la dimisión de Primo de Rivera. Aunque también ha contado la existencia de un clima de creciente reivindicación de libertades y derechos civiles que ha ayudado poderosamente al cambio de régimen. Para resumir lo que, en cierto modo, ha supuesto el nacimiento de la II República es que no ha traído un pan bajo el brazo, que eso cuesta dinero, pero sí muchas esperanzas, que esas son gratis.

   Zaca, como le ocurre en ocasiones, no ha entendido demasiado bien lo que ha explicado el médico sobre la correlación entre el advenimiento de la II República y el ejército, pero no valora esa carencia, pues para él no es importante. Además, acaba de darse cuenta que tiene otra laguna sobre el republicanismo: si ahora hay una segunda república es que antes hubo una primera. Y de la que tampoco sabe nada. En la Historia de España que contiene la Enciclopedia de Dalmau-Carles, que es el manual que estudiaba en la escuela, no hay una sola línea que se refiera a esa I República. Tendrá que buscarla en el Diccionario Enciclopédico de Sopena. El trabajo se le amontona y, por un momento, piensa que lo de ser tan curioso como lo es él acaba resultando fatigoso. Y, por si faltaba poco, a las muchas cosas que ignora, ahora se añade todo lo referente a la República. Éramos pocos y parió la abuela, se dice, echando mano de una chabacana expresión popular.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 27 de la novela “El masover”, titulado: La Panderola