martes, 24 de marzo de 2026

“El masover”. 64. Lía

 

   Sisca y Zaca se han acercado a la cocina para que la muchacha, al tiempo que ayuda a la señora Concha, vaya aprendiendo el arte de guisar. Zaca ha aprovechado la ocasión y le ha pedido a la cocinera que si la puede echar una mano en algo, pues en casa ayuda a su madre. Cocha no ha mostrado ninguna sorpresa por la petición, ni ha puesto ningún impedimento de que el muchacho le pueda ayudar. Incluso le ha prestado un delantal y le ha contado a Sisca algo la que muchacha desconocía.

   -Mi marido, aunque lo hace pocas veces, también se maneja en la cocina. Cuando estuvimos de masoveros en el Mas de Abascal, en un par de ocasiones en que estuve enferma de cierta gravedad, fue el señor Valerio quien estuvo guisando. Y no se le daba nada mal, sobre todo los arroces y los guisos con caza.

   -Eso no me lo había contado, Concha –le reprocha Sisca.

   -Porque es un tema del que nunca hemos hablado. Estoy viendo que con tu maestro vas a aprender muchas más cosas que a leer y escribir. Y eso está muy bien porque el saber no ocupa lugar.

   -Bueno, señora Concha, ¿qué tenemos para cenar esta noche? –pregunta Zaca para cambiar de tema.

   - L´olla de cardets como la llaman aquí. ¿Sabes que plato es?

   -Naturalmente. La olla de cardos es uno de los platos recurrentes de madre, pero siempre la hace para comer, nunca para cenar.

   -Es que en el Mas, como te expliqué, la comida fuerte no es la de mediodía, sino la de la noche. Y tiene su razón de ser. La mayor parte de los mediodías la gente está en el campo y, generalmente, hacen comidas frías. En cambio, por la noche todo el mundo está en casa y por eso las cenas son las fuertes. Las únicas comidas como Dios manda de mediodía son las de los domingos y fiestas de guardar.

   -¿Puedo remover la olla? –pide el muchacho.

   -Faltaría más –responde Concha alargándole el cucharón-. Pero hazlo con cuidado, no te vayas a salpicar y te quemes.

   Zaca remueve el contenido de la olla y ve que, al contrario de la que prepara madre, en ésta hay casi tanta carne como verdura.

   -Esta es una olla potente. Madre apenas si le echa carne. Quizás un hueso, si tiene alguno.

   -Ya te conté el motivo por el que la cena es el plato fuerte en el Mas. La gente trabaja mucho y duro y ha de alimentarse en consonancia.

   -L´olla de cardets, ¿también se la enseñó la francesa de la que fue ayudante?

   -Al contrario, fui yo quien se la enseñó a ella.

   -¿Y la cocina francesa le gusta?

   -Mucho, aunque reconozco que quizá emplean demasiada mantequilla. Cuando cocino recetas francesas lo que hago es cambiar la mantequilla por el aceite de oliva. Virgen si puede ser.

   -Concha –dice Sisca-, Zaca me ha dicho que ayuda a su madre en la cocina. ¿No le parece raro que un hombre se meta entre los fogones?

   -En absoluto. Ya os conté que a mi marido se le da bien el guisoteo, y madama Clarelle me contó que en Francia los cocineros más famosos son hombres.

   -Pues madre dice que la cocina es cosa de mujeres y los hombres no han de meterse en lo que hacemos nosotras.

   -No me extraña que Paca diga eso. Nunca salió del Mas y solo conoce la vida que aquí se lleva. Pero el mundo es muy grande, hay costumbres muy diferentes y opiniones para todos los gustos. Eso es algo que le puedes enseñar a Paquita –agrega Concha dirigiéndose a Zaca-: que más allá del Mas existen muchos pueblos y países, y que hay mil formas de vivir, de ser y de comportarse. No todo gira alrededor del Canònge.

   -Bueno, señora Concha. Hasta dónde sé, en todas partes, hasta en las aldeas más pequeñajas, la gente presume de que como allí no se vive en ninguna parte. En Torreblanca en cuanto te descuidas te sueltan que allí viuen en el rovellet de l´ou, y lo afirman absolutamente convencidos de que viven en la yema del mundo, en el mejor lugar posible.

Y padre me contó que de donde es su familia, Alcalá de la Selva, sus paisanos presumen que tienen la mejor agua de todo Aragón. Resumiendo: que en todas partes cuecen habas y en la mía a calderadas.

Y volviendo a l´olla de cardets. ¿Usted que le pone?

   -Es un clásico plato de fortuna. Le pongo lo que tengo en la despensa y en la fresquera. Pero los ingredientes básicos son la carne de pollo, brazuelo de cordero, unas morcillas de cebolla y unos huesos. Naturalmente, cardos, y también garbanzos, patatas, zanahorias y nabos.

   -¡Vaya! Le debe de salir una olla como para revivir a un muerto. 

   -Ya está bien de cháchara. Como sigamos así, hoy no cenamos.

   -Perdone, señora Concha. Me voy. ¿Sisca te quedas?

   -¿Qué es eso de Sisca? ¿Desde cuándo te llamas así? –pregunta, sorprendida, Concha.

   -Es un nombre que me ha puesto él –responde la muchacha señalando a Zaca-. Es más bonito y suena mejor que Paquita o Paqui.

   -¡Ay la gente joven! Tenéis la cabeza a pájaros. Mejor será que no lo oiga Julia. Igual no le gusta y te monta un pollo.

   Ambos chavales abandonan la cocina, y a Zaca le falta tiempo para preguntar:

   -¿De verdad a tu abuela no le puede gustar que te llame Sisca?

    -La abuela es muy suya. Nadie sabe nunca por dónde puede salir. Pero no te preocupes, soy la niña de sus ojos y, si tiene que tragar con lo de Sisca, tragará, aunque se la lleven los demonios. De todos modos, mejor que no me llames así estando ella delante.

   -O sea, que más vale prevenir que curar.

   -Eso me suena a refrán. Se lo he oído a la abuela.

   Durante la cena Zaca comprueba que la olla de Concha se parece tanto a la de madre como una comadreja a un verderón. Repite de la olla, ante la mirada asombrada de Sisca y la complacida de la cocinera. Al día siguiente, Zaca madruga como nunca. Puso el despertador a las seis y cuando suena no se lo puede creer. No recuerda haberse levantado nunca tan temprano, pero enseguida le llegan sonidos que delatan que en la masía hay gente que ya está moviéndose. Se levanta de un salto, pues de no hacerlo sospecha que no saldrá de la cama. Se viste en un periquete. Se lava como los gatos y baja. La gente anda atareada y no le han hecho ningún caso. Llega a tiempo para ayudar a Sisca a dar de comer a los animales del corral. Cuando acaban, la chiquilla le pregunta:

   -Ahora tengo que ir donde Concha a poner la mesa para el desayuno. Si quieres ayudarme…

   La mesa la ponen entre ambos en un abrir y cerrar de ojos. Plato, cuchara y vaso por comensal. Ni tenedores ni cuchillos ni servilletas. Luego cortan gruesas rebanadas de una hogaza, las depositan en una panera y las ponen en el centro de la mesa, junto a un par de jarras de leche recién ordeñada que Anselmo ha traído del establo de las vacas. A su vez, Concha ha puesto en la mesa una fuente con un macizo queso de cabra y un requesón que ha sacado de la fresquera. A medida que van llegando los comensales, Concha va sirviendo platos de l´olla de cardets, que ha debido de sobrar anoche. Han aparecido dos cuchillos medianos con los que los comensales van cortando cuñas de queso a su antojo. Para trasegar un desayuno tan simple como contundente, la gente lo acompaña con toda la leche que pueden beber. Zaca se hace cruces de lo que llegan a deglutir los habitantes del Mas, sobre todo los varones. En cuanto van rematando el desayuno, los comensales se van levantando y, sin decir amén, salen de la cocina. Solo quedan las mujeres y no todas. Zaca es de los que no se va, pues ha quedado con el señor Valerio que le enseñará las huertas que hay en los alrededores del Mas y en las que siembran hortalizas.

   -¿Y qué es lo que cultivan en esas huertas? 

   -Ahora es la época de plantar berenjenas, espinacas, melones y sandías, calabazas, guisantes, repollos, lechugas, zanahorias y cebollas tempranas. Eso, entre otras hortalizas. Depende de lo que se vaya a necesitar en la cocina en los siguientes meses.

   -Plantan de todo –se admira el chaval.

   -Ten en cuenta, hijico, que un mas ha de ser autosuficiente. Aquí si te falta algo no hay un mercado o una tienda a la que puedas ir a comprarlo. O lo tienes almacenado o no hay tu tía.

   En esas que, a grandes trancos, llega Anselmo y cuenta a su tío que el zagal que pastorea uno de los rebaños de cabras se ha caído en la garganta del Pinar Chico y se ha quebrado una pierna. Valerio parte raudo con su sobrino y la visita a las tierras campas de las hortalizas queda para mejor ocasión.

   Como Sisca ha ido con su madre a remeter las camas y limpiar las habitaciones, Zaca duda entre quedarse en su cuarto y leer alguno de los tebeos que ha traído o darse un garbeo por los alrededores. Piensa que desperdiciar un día como el que hace es una lástima. Se pone el sombrero de paja, se calza las botas –recordando el consejo que en su día le dio el mayoral- y escoge uno de los senderos que, partiendo del Mas, vaya Dios a saber dónde le llevará. Al pie de la colina que la senda recorre en zigzag encuentra algo que no esperaba: una balsa, mediada de agua, que al parecer proporciona un viejo molino de viento adosado a la alberca. La puerta está abierta y el chaval lo aprovecha para curiosear. Supone que el viento debe mover la rueda de aspas, en cuyo eje horizontal hay colocada otra rueda de engranaje menor, a su vez unida a otra barra horizontal, que por su otro extremo se une a un eje vertical que mueve un pistón, que debe de ser el encargado de dar fuerza a las aspas. No está muy seguro que la máquina funcione así, pero es que nunca había visto por dentro un molino de viento tan antiguo. En Torreblanca no hay molinos, todo son norias que las mueven las acémilas de los labradores. Va a dar un sorbo de agua cuando oye croar una rana. Se abstiene de beber y se limita a limpiarse las manos y refrescarse la cara. Duda entre si seguir el sendero o volver al Mas, pero el calor está apretando lo que disipa sus dudas. Se vuelve.

   En la clase de la tarde se sorprende al ver que Sisca no está atenta a sus explicaciones. Anda como distraída y remolonea cuando le pide que vaya señalando las capitales de los países europeos que hay en el atlas.

   -Esto es Austria. ¿Capital?

   La chiquilla vacila, pero finalmente contesta.

   -Berlín.

   -Es Viena. Sisca no estás prestando atención.

   Sisca no se disculpa. Se limita a encogerse de hombros. Hoy tiene el día tonto, piensa Zaca. En el pueblo se suelen llamar tontos a los días en los que las mujeres tienen el período. El muchacho conoce la expresión popular, pero solo tiene una vaga y difusa idea de lo que se esconde tras ella. Así como también sabe que en esos días a las féminas se les perdonan muchas cosas. Por lo que no riñe a la chiquilla, pero sí a Julita que, imitando a su amiga, tampoco está por la labor de aprender.

   -Julita, haz el favor. Deja de cuchichear con Sisca y presta atención a lo que te estoy explicando.

   -Paqui también habla y no la riñes. ¿Por qué a mí sí y a ella no?

   -Eso no es cierto. Ya le he dicho a Sisca que no está prestando atención –Juli se marcha enfurruñada.

   Sisca hace un aparte con Zaca y le susurra:

   -Zaquita, tengo que pedirte algo en nombre de Lía.

   -¿Y por qué no me lo pide ella?

   -Dice que le da apuro. Te interesa, pues me ha dicho que si se lo concedes, se portará bien y dejará de chincharte y tomarte el pelo.

   -No caerá esa breva. A ver, dime qué quiere.

   -Que le pongas un sobrenombre como me lo pusiste bien. Está harta de lo de Juli y Julita. Quiere un nombre nuevo.

   -Estoy yo para bautizos, pero si de verdad va a dejar borde… A ver, Juli, ven aquí. Así que quieres un sobrenombre.

   -Quiero que me pongas un nombre bonito y exótico como has hecho con Paqui, que ahora quiere que la llamemos Sisca. Quiero tener otro nombre además de Julita. Si lo haces, te prometo que me portaré bien.

   -Vale. Te pondré un nuevo nombre, pero con la condición que has de prestar atención a mis explicaciones. ¿De acuerdo? Vamos a ver, te llamas Julia, pero todos te dicen Julita. Te podríamos llamar Julieta.

   -Ese nombre no vale. De pequeña ya me llamaban así.

   -A ver, déjame pensar… Julita… ¿Y Lita, te gusta Lita? –La respuesta es negativa.

   -Pues no se me ocurre nada… A ver, te llamas Julia, Ju… lia. ¿Y si te llamo Lía.

   La sonrisa que ilumina el rostro de la chicuela vale por la afirmación más contundente. Lía. Lo de Zaca de ir rebautizando a las muchachas que le rodean ¿debe de ser una manía, una forma de camelarlas o un simple divertimento? Primero fue Sisca, ahora Lía, ¿quién será la tercera?, se pregunta el hacedor de sobrenombres.


 [CM1]

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