viernes, 14 de octubre de 2022

Libro III. Episodio 166. Un abogado de Llerena

 

   La petición de dinero a Galiana para comprar el Ford modelo T no sale como Julio esperaba.

   -Carreño, te podría prestarlo, pero me lo pides en el peor momento. ¿Te acuerdas de mi hijo Fernando?, el qué es algo mayor que tu Álvaro. Pues no sé si sabes que quería ser ingeniero de Caminos. Lo envié a Madrid y se tiró dos años preparando el ingreso, cosa que no logró. Luego me dijo que sería mejor entrar en la Escuela de Ingenieros Industriales, donde al parecer el ingreso es más fácil, pero tampoco lo consiguió. Total, que se ha tirado tres años y pico en la capital y se ha vuelto con el rabo entre las piernas. Ahora tendrá que conformarse con ser comerciante como su padre. Y el dinero que tengo lo voy a necesitar para ponerle al chico una tienda, cuando sepa qué clase de comercio quiere. Si no fuera por eso, te lo prestaría.

   Julio termina donde acaban todos los que necesitan dinero y no encuentran quien les fíe. Se va a ver al tío Bronchales, el prestamista para el que trabajó su madre llevándole la contabilidad. Sabe que los intereses le crujirán, pero no ve otra salida. Indaga donde localizarle y resulta que el usurero falleció hace algunos años, pero que ahora el negocio lo lleva una hija suya llamada Adelina. Bueno, se dice, vamos a ver si Adelina no es tan exigente como lo fue su padre.

   En el ínterin, Julio ha terminado comprando la radio para contentar a su esposa, y el aparato ha venido a poner una nota de animación en el hogar de los Carreño, sobre todo para Paca y los niños más chicos, que son los que están todo el día en casa. La mucama ha aprendido en un pispás a manejar el aparato y localizar en que número del dial están sus emisoras favoritas. Lo que más escucha son los programas de flamenco, coplas y zarzuelas. Cuando ponen los informativos cambia enseguida de emisora, le aburren; en cambio, los noticiarios son los programas que más oye Julia. Así es como se entera que, debido a la popularidad que le ha dado a Primo de Rivera el éxito de la campaña de África, le induce a dar un paso adelante en la continuidad del régimen: devolver el ejército a los cuarteles y emprender una fase civil; dicha fase pronto es conocida como Directorio civil, y tiene el propósito de estabilizar el régimen. En diciembre, el dictador constituye su primer gobierno civil, en el que, sin embargo. los puestos clave –Presidencia, Vicepresidencia y Gobernación- se reservan a militares.

   Mientras, Julio continúa con sus gestiones para recabar el préstamo destinado a la compra de su deseado Ford. Se pone en contacto con la hija del difunto Bronchales y se presenta como hijo de Pilar Lahoz.

   -Sí, sé quién fue su madre. Mi padre la tenía en gran estima –recuerda la mujer.

   -Y ella siempre le estuvo muy agradecida. He venido a verla, Adelina, porque necesito un préstamo. Verá… -y Julio le explica para qué necesita el empréstito, la cifra a la que ascendería y el plazo para saldarlo. Adelina le indica el interés que aplica y el resto de condiciones. El rédito que exige la usurera es bastante más alto del que Julio presumía. Intenta que se lo reduzca pero, por mucho que vuelve a recordar los servicios que su madre prestó a su padre, Adelina no rebaja el interés ni un céntimo. Julio está en un tris de echarse atrás pero, en última instancia, piensa que si quiere el Ford no tiene otra opción que cerrar el trato con la usurera. Como sabe que a su mujer lo del empréstito con la prestamista no le gustará ni pizca, decide contarle que es su colega Galiana el que le ha dejado el dinero. ¡Y, por fin!, tras muchos años, puede cumplir un viejo sueño: ser propietario de un Ford modelo T.

   Entre tanto, en Madrid, Pilar ha puesto notas en los tablones de anuncios de varias facultades y escuelas técnicas de que busca una chica para compartir piso. Empieza a recibir respuestas que va rechazando porque las peticionarias no se ajustan al perfil que busca, hasta que se topa con una muchacha que acaba de llegar a Madrid a cursar los estudios de perito agrícola, carrera bastante insólita para una mujer, se dice. La candidata a compañera de piso, que responde al nombre de Fuensanta, parece ser lo bastante seria, estudiosa y retraída para que no incordie. Casi se podría decir que es el envés de Pilar, que la admite como compañera cuando la jovencita acepta sus condiciones: Pilar será la que guisará, pues cada vez le gusta más la cocina, pero del resto de tareas domésticas se encargará Fuensanta, que además no deberá llevar a casa ni a condiscípulos ni amigos ni conocidos.

   -Y Fuensanta, ¿qué clase de nombre es?, nunca lo había oído.

   -Soy murciana y en Murcia es un nombre muy frecuente porque la Virgen de la Fuensanta es la patrona de la ciudad. Su fiesta se celebra el domingo siguiente al 8 de septiembre, fecha en que se peregrina a su santuario que preside toda la vega del Segura.

   -¿Y un perito agrícola a qué se dedica?

   -Entre otras muchas cosas, a la dirección, gestión y asesoramiento de explotaciones pecuarias y agropecuarias, así como al mantenimiento y uso de maquinaria agrícola, planificación y gestión de cultivos, etcétera.

   -¿Y eso tiene futuro?

   -En mi caso sí, porque mi familia es propietaria de muchas fincas.

   Desde San Fernando, Álvaro sigue mandando sus cartas semanales en las que cuenta su vida en la Escuela Naval Militar. En la última les relata algunas de las novatadas que, aunque oficialmente están prohibidas, los guardiamarinas gastan a los aspirantes de primer curso. La que gastaron este año no fue muy original: pasear desnudos por el dormitorio, sin alertar al brigadier de guardia, llevando encima de la cabeza el Reglamento de la Escuela y tarareando el himno de la Marina. A uno que se resistió le mandaron subir a la cofa del mástil que se yergue en medio de la explanada delantera de la ENM.

   A Julio, tras la compra del Ford, las cuentas no acaban de cuadrarle, por lo que no cesa de darle vueltas a la idea de cómo obtener más ingresos puesto que, entre los gastos comunes de la casa más los que exigen los estudios de los chicos, el dinero que dan ambas tiendas, más los que aportan los viajes por la región, comienza a no ser suficiente. Y encontrar una nueva fuente de ingresos no es fácil hasta que, un buen día, una conversación que oye al albur a don Mauricio, el abogado de la tertulia del casino, le da la pista de un posible y rentable negocio del que no sabía nada, la minería. Al parecer, Extremadura encierra en su subsuelo más yacimientos minerales de los que imaginaba. Destaca especialmente el pueblo de Azuaga, cuyo pasado minero se remonta a la época romana, aunque fue a finales del siglo XIX cuando la localidad vivió su máximo periodo de esplendor por la gran cantidad de yacimientos existentes, especialmente los dedicados al mineral de plomo. Además, la región cuenta con abundantes yacimientos de wolframio y hay minas de plata, cobre, zinc, litio y una buena muestra de las llamadas tierras raras.

   Julio se interesa por la minería porque su olfato de comerciante le indica que ahí puede haber un suculento negocio, solo falta que alguien tenga el arresto y el capital necesario para explotarlo. Pregunta a los compañeros de tertulia más ilustrados sobre el tema minero, pero ni el doctor Lavilla ni el comandante Liaño ni don Romualdo saben del asunto. Termina preguntando a don Mauricio, a quien no se ha dirigido pues no le merece demasiada confianza, si sabe quién le puede informar sobre la riqueza minera de la región.

   -Tengo un compañero de facultad que está colegiado en Badajoz y representa a compañías mineras. Se llama José María del Castillo, Josemari para los íntimos. ¿Le necesita para algo? Si es un asunto de Derecho me tiene a su disposición.

   -Gracias, don Mauricio, pero no. Lo que me interesa conocer es el estado de la minería extremeña.

   -Pues para hablar con él tendrá que ir a Llerena, que es donde tiene el bufete. Lo que voy a hacer es darle mi tarjeta para que le sirva de carta de presentación. Es hombre muy ocupado –y sacando una de sus tarjetas escribe en el dorso: El dador, Julio Carreño, es buen amigo y un respetable comerciante placentino.

   Julio, pese a sus muchos viajes, no ha estado nunca en Llerena, a pesar de que es la capital de  la comarca de la Campiña Sur. Decidido a saber más sobre la minería de la región y sus posibilidades de explotación, se desplaza hasta Llerena y pregunta por el bufete de don José María del Castillo. El primer paisano que aborda le da la dirección.

   -Se refiere a don Josemari, ¿verdad?, vive en la calle Zapatería, al lado del Palacio Prioral. No tiene pérdida, es la casona más grande.

   El domicilio de don Josemari, como le ha llamado el paisano, es un viejo caserón que necesita algo más que una mano de pintura para parecer una vivienda habitable. Las grietas, los desconchones, las paredes cuarteadas aquí y allá…, todo da impresión de decadencia. Julio llama a la pesada aldaba de hierro de la claveteada puerta y tiene que volver a repetir la llamada porque tardan en abrir. Al fin, aparece una jovencita, casi una chiquilla que, con malos modos, le espeta:

   -Si es vendedor, no queremos na.

   -Vengo a ver a don José María por cuestión de negocios. Tengo una tarjeta para él.

   -Entonses, sígame –y la muchacha conduce a Julio por unos oscuros pasillos solo iluminados cuando pasan junto a una ventana. Tras recorrer algunos tramos, llegan a una saleta en la que solo hay un pequeño diván que conoció mejores tiempos-. Aguarde aquí, voy a avisar al señorito.

   El señorito no tarda mucho. José María del Castillo es hombre menudo y delgado, luce un abundante cabello negro, con alguna que otra cana, y tiene una cara en la que destacan los ojos que, pese a su pequeñez, son vivos y de mirada despierta. Viste un elegante terno pasado de moda.

   -Soy José María del Castillo, letrado del muy ilustre Colegio de Abogados de Badajoz, ¿con quién tengo el gusto de hablar?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 167. La Bergwerk  Spanisch

  

viernes, 7 de octubre de 2022

Libro III. Episodio 165. Préstamo para un Ford T

 

   Al ser preguntado Liaño por la participación de la incipiente fuerza aérea en el desembarco de Alhucemas se apresta a satisfacer la curiosidad de sus contertulios.

   -Las fuerzas aéreas han estado formadas por bombarderos ligeros Breguet y varios cazas biplanos Bristol. En total, junto con los aviones franceses, suman unas 150 aeronaves.

   -Y el asunto de la manduca como lo tienen organizao? –quiere saber don Eduardo que, como buen terrateniente, suele interesarse por las cuestiones más a ras de tierra.

   -Respecto a la intendencia, cada soldado lleva encima dos días de raciones en frío, y en un escalón posterior cuatro días de rancho caliente y tres en frío. Y desde los barcos, la base del peñón de Alhucemas y cuatro dobles hornos de campaña, se elaborará pan, mientras la escuadra seguirá desembarcando raciones frías y calientes. El agua queda asegurada mediante dos buques-aljibe. La sanidad cuenta con los quirófanos de dos buques-hospital, y en tierra hay hospitales de campaña y un centenar y medio de artolas capaces de transportar en cada viaje cerca de trescientos heridos o enfermos, a lo que hay que añadir trenes-hospital dispuestos en el sur de la península.

   Liaño también cuenta otra novedad de la guerra: integrados en el contingente del desembarco han viajado corresponsales de guerra como Corrochano del ABC, Herrero, de United Press; Sánchez del Arco, del Noticiero Sevillano; Asworth, del Daily Express y otros que no recuerda.

   Más allá de la guerra, el curso universitario 25-26 va a comenzar y los Carreño se plantean qué será mejor para Pilar, si continuar en el piso alquilado de don Quijote o que se vaya a una residencia de estudiantes. Los padres dudan, pero la joven lo tiene muy claro: prefiere quedarse en el piso porque eso le da un gran margen de libertad, y además lo tendrá solo para ella puesto que su hermano se ha ido a la Escuela Naval. Le cuesta convencer a sus padres, sobre todo a su madre que conoce muy bien el temperamento volcánico de su hija y no la seduce la idea de que viva sola. Tras muchos tiras y aflojas, Julia solo cede cuando Pilar le promete que lo que hará será buscar a alguien que comparta el piso, así no estará sola, y además solo tendrán que pagar la mitad del alquiler.

   En tanto, los últimos coletazos de la guerra de África se desarrollan en octubre, como les cuenta Liaño a sus contertulios.

   -A principios de octubre nuestras tropas han conquistado Axdir. Su toma tiene un valor más simbólico que estratégico pues ha sido la capital de la República del Rif desde 1921, y a mediados de mes posiblemente se darán por finalizadas las operaciones militares, ahora solo falta cazar a Abd el-Krim.

   Una vez a la semana, generalmente los domingos, Álvaro habla con los suyos por conferencia y también les escribe con frecuencia semanal. En la carta que han recibido hoy les cuenta como fue el recibimiento en la ENM –Usa las siglas por economía y para no repetir tanto lo de Escuela Naval Militar.

   … y cuando llegué a la ENM ya estaban arremolinados ante la puerta casi todos los aspirantes, la mayoría acompañados por familiares, esperando a ser llamados por el orden en que aprobamos la oposición. Cada vez que llamaban a uno entraba en la ENM escoltado por los aplausos de sus acompañantes. Como yo iba solo no me aplaudió nadie, pero estaba demasiado emocionado como para que me importara. En el interior nos agruparon en formación y al mando de unos brigadieres (en la Marina se denomina brigadier a los guardiamarinas de cuarto curso que debido a sus méritos, capacidades y antigüedad, tienen responsabilidad como comandantes e instructores de los novatos) nos condujeron al bazar ( una especie de tienda en la que te proporcionan la ropa de cama, la de faena y de paseo, el equipo higiénico y demás objetos que se usan en la ENM) para que cada uno recogiera su petate (es el lío de la cama y la ropa de cada marinero y el talego para guardarlo). Como me retrasé en la recogida de la ropa interior, me quedé helado cuando un brigadier me gritó: ¡Carreño, espabila, no vamos a estar aquí todo el día! Resulta que los brigadieres, que no dejan de ser alumnos, ya se sabían el nombre de los 67 aspirantes. Luego nos llevaron al dormitorio y encima de cada litera había un letrero con el nombre de cada uno. La verdad es que todo está muy bien organizado, pero eso sí, a golpe de gritos, silbatos y carreras. Bueno, llaman a fajina (es el toque que convoca a la tropa a la comida) y eso es sagrado. En la próxima carta os cuento más…

   Al socaire de las noticias bélicas, Julia sugiere a su marido que deberían comprarse un aparato de radio; así también ella podría estar al día de lo que pasa por el mundo. Julio lo considera un gasto innecesario porque, entre la prensa que lee en la barbería del señor Vicente y la tertulia del casino, está siempre a la última.

   -Marido, no me seas egoísta. Ni Paca ni los niños ni yo vamos al casino o a la barbería por lo que si nos enteramos de lo que pasa aquí o en otras partes es porque tú nos lo cuentas, pero cuando te vas de viaje nos quedamos a verlas venir. Ráscate el bolsillo y compra una radio y, si no lo haces tú, tendré que hacerlo yo –La última frase le ha sentado mal a Julio, piensa que su mujer es cada vez más autónoma, pero como conoce bien a su parienta no rechista.

   Aquella tarde, en una pausa de la tertulia, Julio pregunta al comandante Liaño sobre el asunto de la radio.

   -Don Jacinto, usted que se compró un aparato de radio hace poco, ¿qué marca me recomienda?, lo pregunto porque mi mujer quiere que compremos uno para casa.

   -Tengo una Telefunken y estoy muy contento de cómo funciona, pero hay otras marcas en el mercado. ¿Para qué la quiere usted?

   -Sobre todo para estar informado.

   -Entonces no la compre, le voy a regalar mi radio de galena que ya no la uso, que para la información le vale. Al acabar la tertulia se viene conmigo y se la daré.

   Aquella tarde, Julio llega a casa portando la radio de galena de Liaño. Según le ha explicado el comandante el aparato está basado en un cristal semiconductor de sulfuro de plomo, siendo capaz de captar señales moduladas en la banda de onda media y corta. La explicación le ha servido de poco a Julio, lo único que le ha quedado claro es que para oírla se necesitan auriculares, aparatos que no le ha dado Liaño. En cuanto le explica a su mujer el detalle de los auriculares, Julia monta en cólera, algo inusual en ella.

   -¿Y crees que Paca va a estar guisando o cuidando a los críos con unos auriculares puestos? No quiero enfadarme –La verdad es que ya lo está-, marido, pero a veces eres imposible. Racaneas las cuatro perras que puede costar una radio y en cambio piensas gastarte un montón de duros en una nueva camioneta –Lo de la camioneta deja tocado a Julio. ¿Cómo coño se ha enterado esta mujer qué quiero cambiar de vehículo?, se pregunta.

   Al día siguiente, Julio va a la ferretería de su amigo Galiana y, tras mirar el catálogo de las radios, encarga un aparato Phillips, una marca holandesa algo más barata que Telefunken. Y cómo, al parecer, Julia ha descubierto su pretensión de comprar una nueva camioneta, opta por contarle lo del cambio, no le trae a cuenta tenerla de morros. Le explica que la Fiat comienza a darle problemas y las reparaciones cada vez le cuestan más, por lo que en el taller al que la lleva le han aconsejado que la cambie. Y precisamente en estos momentos hay una oferta de la casa Ford que, como ha puesto un modelo nuevo en el mercado, está ofreciendo los modelos antiguos con rebajas que llegan al veinte por ciento. Y se extiende en toda clase de detalles sobre la vehículo que piensa comprar.

   -El Ford modelo T tiene un motor con culata desmontable y la biela es de acero de vanadio. El alumbrado funciona con un volante magnético y la dirección está a la izquierda, lo que es una novedad. La caja de cambios solo cuenta con dos velocidades y se cambia con el pie; en mitad del recorrido está el punto muerto, pisando a fondo es la primera y, soltando un poco, la segunda. Otros adelantos son que el conjunto del bloque del motor, cárter y cigüeñal está en una sola unidad. Su transmisión es por tubo de empuje y la suspensión por eje rígido con ballestón transversal lo que lo hacen muy robusto y capaz de adaptarse a cualquier entorno. Una joya, vamos.

   -¿Y esa joya cuántos duros cuesta? –pregunta Julia a quien la descripción técnica del automóvil no le dice nada.

   -Al principio, el precio oscilaba entre los 800 a 1000 dólares, pero lo han rebajado tanto que los últimos coches que se han ensamblado en la planta de Cádiz se pueden conseguir por poco más de 300 dólares, que al cambio vienen a ser unas dos mil doscientas y pico de pesetas.

   -¡Dos mil doscientas pesetas! –Se escandaliza Julia-, ¿y de dónde piensas sacarlas?, porque en este momento andamos fatal de liquidez.

  -Había pensado en vender la finca del Karrascal, pues desde que compramos Pinkety no la hemos vuelto a pisar.

   -Por el Karrascal no creo que te den más de doscientos duros, como mucho, ¿y el resto de dónde saldrá?

   -Pediré un crédito a la Caja de Ahorros de Badajoz.

   -¿Otro crédito?, ya estamos muy endeudados, marido. Antes de pedirlo echa cuentas.

   Como le sugirió su mujer, Julio echa cuentas antes de pedir un nuevo crédito para comprarse el Ford, pero se topa con que la Caja le exige avales que no dispone, por lo que su empeño parece esfumarse. Pide dinero a varios amigos, pero todos se excusan, los tiempos no son buenos. El último al que toca es a Manuel Galiana el ferretero, del que sabe que tiene el riñón forrado.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 166. Un abogado de Llerena

viernes, 30 de septiembre de 2022

Libro III. Episodio 164. El desembarco de Alhucemas

    Como han hecho en años anteriores, los Carreño se han ido dos semanas a Los Caños de Meco. La quincena de playa discurre plácidamente, con solo un pequeño lunar: Julia le ha comprado un bañador a Pilar como premio por sus buenas notas, bañador que la joven se niega a ponerse. Se trata de un traje de baño negro de una pieza con mangas, perneras y un mínimo escote.

   -Mamá, te doy las gracias por el regalo, pero no pienso ponerme ese maillot que es del tiempo de doña Juana la Loca. Se iban a reír de mí hasta los cangrejos.

   -Entonces, ¿cómo piensas bañarte, desnuda?

   -Con el bañador que me compré en una boutique madrileña de Serrano. Y que es del tipo que usan todas mis amigas. Mañana cuando me lo ponga ya verás cómo te gustará.

   -¿Y qué hago con el maillot, me lo como?

   Cuando al día siguiente, Julia ve a su hija con el nuevo bañador casi le da un síncope, pues el traje deja al descubierto brazos y piernas y su escote casi llega al principio del canalillo entre los pechos. Madre e hija tienen una pelotera que solo la intermediación de Álvaro consigue apaciguar. El chico consigue calmar a su madre explicándole que el bañador es la última moda entre la gente joven y que considera lógico que Pilar lo prefiera al que le ha regalado. Julia, mal que bien, da su brazo a torcer; piensa que quizá sea cierto que se ha quedado anticuada.

   En cuanto termina la quincena, la familia regresa a casa, pues han de realizar los preparativos para la marcha de Álvaro, que debe estar en la Escuela Naval el primero de agosto; luego, como de costumbre, irán a Pinkety.

   El 29 de julio Álvaro se despide de los suyos. Julio ha querido llevarlo en la Fiat, pero el chico se ha empeñado en irse solo. A partir de ahora debe acostumbrarse a andar por la vida sin tacatacas ni escoltas. La despedida es un momento emocionante para todos. Julia y Paca no pueden contener las lágrimas, Julio siente un nudo en la garganta y los hermanos salen a la puerta de la casa para dar a su tato una despedida coral. Álvaro llega a San Fernando y desde el primer momento congenia con el ambiente, la disciplina y el compañerismo de la Escuela. Así se lo dice a los suyos, a quienes escribe semanalmente, contándoles las mínimas incidencias que se producen en el centro. Incluso acepta como algo natural las novatadas que los alumnos de los cursos superiores gastan a los principiantes.

   A primeros de septiembre, Julio se sorprende al llegar a la tertulia pues hay un debate vivísimo. El objeto del mismo es la noticia que ha aportado el comandante Liaño, como todas las que versan sobre la guerra de África: el último día de agosto se reunieron en Algeciras el general francés Pétain y el español Miguel Primo de Rivera. El objetivo: trazar un plan de acción conjunta contra Abd el-Krim para terminar la guerra del norte de Marruecos. Como suele suceder, entre los tertulianos hay dos bandos: los que creen que es una pérdida de tiempo y los que opinan que eso puede suponer el fin de la rebeldía rifeña.

   -¿Y usted qué opina, comandante? –pregunta Julio, para quien la opinión del militar es la única válida en el asunto.

   -Esa reunión tendría que haberse producido antes, pero más vale tarde que nunca. Si los ejércitos de ambas naciones atacan conjuntamente a las fuerzas de Abd-el.Krim, los rifeños ya no tendrán al Protectorado francés como santuario donde guarecerse. Si ocurre eso, los días de la guerra de África están contados.

   El resultado de la reunión de los dos generales produce la histórica resolución de que los ejércitos de ambas naciones atacarán la rebeldía rifeña. Como explica el comandante Liaño a sus contertulios, poniéndose melodramático.

   -Primo de Rivera que, al principio de su dictadura, tuvo intención de limitar la presencia española a las zonas contiguas a Ceuta y Melilla, que son de soberanía española, ha cambiado de opinión ante la presión de sus compañeros de armas y ha decidido acabar con la rebelión de Abd el-Krim, y para eso ha llegado a un acuerdo con los franceses. Primo ha tomado una decisión arriesgada: realizar una operación anfibia con un desembarco masivo de tropas franco-españolas en alguna de las zonas de asentamiento de la cabila de Beni Urriaguel que constituye el foco principal de la rebelión.

   El 8 de septiembre, el ejército y la marina española y, en menor medida, un contingente francés, realizan un desembarco en la mediterránea bahía de Alhucemas, lugar elegido para el ataque. Va a ser la primera vez en la historia militar que intervendrán de manera conjunta en apoyo al desembarco fuerzas aéreas, navales y de tierra, bajo un mando unificado. En Plasencia, el comandante Liaño sigue al minuto la operación. Ha arrumbado su vieja radio de galena de corto alcance y se ha comprado un moderno aparato de radio, de la prestigiosa marca alemana Telefunken, que le permite sintonizar las principales emisoras de radio. Como tampoco tiene nada mejor que hacer, está pegado al aparato la mayor parte de la jornada para luego contarlo a sus amigos del casino. 

   -Puesto que la operación, además de inédita es de gran envergadura y en su preparación han participado múltiples agentes, parece que el plan del desembarco llegó a los oídos de Abd el-Krim, por lo que mandó fortificar y minar la zona en la que se iba a producir la invasión. Esta circunstancia, de la que a su vez se enteró el Alto Estado Mayor español, le obligó a cambiar el lugar previsto del desembarco, optando por playas al oeste de la bahía de Alhucemas. El primer objetivo era apoderarse de dichas playas; el segundo objetivo era tomar algunas de las calas adyacentes o bien aprovechar el éxito inicial para profundizar y ampliar la cabeza de puente.

   -¿Y cómo se ha producido el desembarco? –pregunta el doctor Lavilla.

   -Se han empleado barcazas de madera tipo K, compradas a los británicos. Apoyados por los cañones de las escuadras española y francesa y el bombardeo de la aviación, la primera oleada de tropas desembarcó bajo un intenso fuego enemigo. Enseguida se descubre que la playa de la Cebadilla está minada. Detonadas las minas, comenzó la segunda oleada, emprendiéndose un trabajoso avance hasta ocupar las alturas que dominan la playa. En un primer momento desembarcaron unos 9000 hombres y durante el resto del día se desembarcó el material pesado. Al caer la tarde, la artillería rifeña reanudó un fuego graneado contra nuestras tropas y la escuadra, causando numerosas bajas y alcanzando a los acorazados Alfonso XIII y Jaime I, que sufrieron daños menores. La artillería rifeña fue respondida por un ataque aéreo español, y al final del día unos 13000 hombres estaban ya en tierra habiendo ocupado las playas y algunas calas, posteriormente continuó el avance, ocupándose la línea de alturas que dominan la bahía. El 30, tras un nuevo periodo de mal tiempo, se inició la fase final de la penetración terrestre. Una vez dominada la bahía de Alhucemas, solo faltará asegurar los territorios contiguos para derrotar definitivamente a las fuerzas del Abd el-Krim.

   -¿Y cuántas fuerzas han intervenido en el desembarco? –quiere saber Galiana.

   -Han sido dos brigadas reforzadas de infantería, tres baterías de artillería, dos banderas de la Legión, tres tabores de regulares y unidades de ingenieros, intendencia y sanitarias que fueron trasportadas en dos convoyes, uno que partió de Ceuta y otro de Melilla. Además, y también por primera vez en la historia militar, varios carros de combate fueron desembarcados para apoyar el asalto de la infantería.

   -¿Y los moros cuántas fuerzas tenían? –vuelve a preguntar el ferretero.

   -Se estima que Abd el-Krim cuenta con unos 9000 hombres dotados de armamento ligero, aunque también cuentan con ametralladoras pesadas y algunos cañones que cogieron a nuestras tropas en la derrota de Annual. 

   Julio, que es uno de los que con más atención escucha a Liaño, interviene para narrar lo que le ha contado en una llamada telefónica su hijo Álvaro, pues lógicamente en la Escuela Naval se sigue al minuto la operación.

   -La armada española ha colaborado, además de con los acorazados citados por el comandante, con cuatro cruceros y el porta-hidroaviones Dédalo, amén de otras unidades de menor rango como cañoneras y torpederos, más los buques de transporte de tropa y apoyo logístico. Y los franceses apoyan la operación con un acorazado, dos cruceros, dos torpederos y un remolcador con globo cautivo.

   -¿Y nuestras tropas quién las mandaba? –pregunta don Romualdo.

   -El mando unificado lo ostenta el general Primo de Rivera, y como jefe ejecutivo de las fuerzas de desembarco el general Sanjurjo. De los demás, solo recuerdo otro nombre, el del coronel Franco al mando de los tercios legionarios.

   -¿Será el fin de la guerra de África? –pregunta Julio.

   -Si la operación se desarrolla como está planificada, es más que probable que, de una vez por todas, se acabe la pesadilla de la guerra contra los rifeños –pronostica Liaño.

   Parece que a pesar de las detalladas explicaciones del comandante sobre el desembarco de Alhucemas, hay tertulianos que quieren saber más. Es el caso de Galiana el ferretero, que pregunta:

   -Antes ha mencionado bombardeos aéreos, ¿qué participación ha tenido la aviación?  

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 165. Préstamo para un Ford T

viernes, 23 de septiembre de 2022

Libro III. Episodio 163. Querido amigo y compañero…

   Cuando Pilar cuenta a la familia que Álvaro ha aprobado el ingreso en la Escuela Naval, los gritos y exclamaciones de contento mezclados con algún lloriqueo de pura alegría le llegan a través del hilo telefónico. Luego explica que el tato no ha podido llamarles porque ha tenido que ir adonde el tribunal a entregar no sé qué papeles. No dice nada de la borrachera para no avergonzarle. Pasada la media tarde, Álvaro despierta. Cuando Pilar le oye rebullir abre la puerta de la habitación.

   -Almirante, ¿ya se te ha pasado la moña?

   -No sé qué me ha ocurrido, hermana. Creo que mezclé bebidas que no debía…, pero ha sido tal la alegría que me hizo empinar demasiado el codo.

   -No tienes que pedir perdón, tato, yo también me hubiese cogido una buena cogorza.

   -Quiero recordar que unos chicos te han ayudado a subirme a casa, ¿quiénes eran?

   -Cuca y su hermano Borja. Si no hubiese sido por ellos no habría podido contigo.

   -¡Qué vergüenza, que me hayan visto en ese estado!, ¿qué pensarán tus amigos?

   -Tranquilo, ellos también se cogen curdas como todo hijo de vecino. Ah, he llamado a los papás y les he contado que has aprobado la oposición. No puedes imaginarte lo contentos que se han puesto y los grititos que daba Paca que también estaba pegada al aparato.

   -No les habrás dicho que… -Pilar no le deja proseguir.

   -¿Que estabas cocido?, no. Del pedo ni palabra, por lo demás solo es una anécdota. Les he dicho que no les llamabas porque habías tenido que ir adonde el tribunal a llevar unos papeles. Te lo digo para que no metas la pata cuando cuentes lo de la oposición. Ahora lo primero que vas a hacer es darte una buena ducha, te cambias de ropa y mientras te prepararé lo que papá tomaba de soltero cuando empinaba el codo más de lo debido: un café doble, varios vasos de agua y un plato de panceta y huevos. Según él es el mejor antídoto casero contra la resaca. Yo no lo he probado por lo que no te garantizo el resultado.

   Dos días después los hermanos Carreño llegan a casa. El recibimiento es apoteósico, han colgado guirnaldas y farolillos en el techo y el zaguán está presidido por un cartel que dice: ¡Bienvenido, marino! Es difícil averiguar quién está más contento, si los padres o los hijos. Álvaro está tan emocionado que casi no puede decir palabra, se contenta con estrecharlos uno a uno con toda su fuerza. Pilar, que es la más serena, toma el papel de maestra de ceremonias y se encarga de que los demás vayan apaciguándose para que el primogénito cuente con todo lujo de detalles como discurrió la oposición.

   Esa noche hay cena especial. Paca se ha lucido y ha preparado lo mejor que sabe hacer de la cocina extremeña en tiempos veraniegos. De primero una sopa fría, el ajoblanco, acompañada de uvas y torreznos. De segundo, ha hecho pipirigaña, un plato también refrescante y que en esencia constituye un picadillo de hortalizas, al que ha añadido caballa. De postre, hay bollas de chicharrones que sabe que es uno de los dulces preferidos de Álvaro.

   En la cena, y después en la sobremesa, el primogénito continúa contando como han sido los últimos días de preparación y las sensaciones que experimentó a lo largo de las distintas pruebas. Todos quieren saben más y las preguntas no cesan, hasta que la madre impone una especie de toque de queda.

   -Bueno, ya está bien, no le atosiguéis con más preguntas, tenemos todo el verano por delante para que nos lo cuente.

   -Ah, ¿pero es que no te vas enseguida a la Escuela? –pregunta, sorprendido, Julián.

   -No, ahora voy a tener casi un mes de vacaciones, que bien me las he ganado. El curso en la Escuela no comienza hasta el primero de agosto.

   -Mañana vuestros padres tienen que currar y Álvaro y Pilar estarán cansados del viaje. Es hora de irse a dormir –sugiere la madre.

   -Antes un último brindis por Álvaro –propone Julio y, levantando la copa, exclama-: ¡Bienvenido, marino, eres un orgullo para la familia!

   Los chicos se suben a la planta superior que es donde están las habitaciones, pero continúan sin dejar a su hermano mayor en paz pues aún tienen muchas preguntas que formularle.

   -¿Y cuándo ingreses en la Escuela serás guardiamarina? –pregunta Jesús que se las da de enterado

   -No, durante los dos primeros cursos eres aspirante de marinería. Solamente a partir de tercero es cuando eres guardiamarina.

   -¿Y los guardias civiles y los municipales tendrán que saludarte? –quiere saber Eloísa.

   -No necesariamente, no seré oficial hasta que termine los estudios y haya hecho las prácticas en el buque-escuela que, según me han dicho, no será el actual llamado Nautilus porque lo van a retirar. Están construyendo uno nuevo que no sé cómo se llamará.

   -¿Y vamos a poder ir a verte a esa escuela? –pregunta Concha.

   -Claro. Y ya está bien chicos, que como venga mamá y nos vea a todos aquí nos va a caer la del pulpo. Firmes, media vuelta y todo el mundo a la cama.

   En la alcoba matrimonial, los padres están conversando sobre alguna de las derivadas a tener en cuenta al haber aprobado la oposición el primogénito.

   -Tendremos que reajustar las cuentas a partir del próximo mes –comenta Julia-. Aunque el tío Luis dijo que la estancia en la Escuela corre a cargo de la Marina, algunos gastos tendremos que afrontar.

   -No se tratará de grandes cantidades y es lógico, ten en cuenta que en cuanto ingrese se convertirá en un militar y tendrá que ser la Armada la que cubra sus gastos. Al principio creo que solo tendremos que aprovisionar el dinero que necesite para sus gastos personales y poco más.

   -¿Crees que será feliz en la Marina? –Las madres nunca pierden de vista la vida emocional de sus hijos. De pronto Julia se da cuenta que han tenido un desliz en el recibimiento dispensado a sus dos hijos mayores- ¡Cagondié! –Es el mayor taco que se permite -. Hemos metido la pata, marido, más por omisión que por acción. Nos hemos olvidado de Pilar.

   -¿Qué hemos olvidado? –Julio no sabe a que olvido se refiere Julia.

   -Pues que muchas enhorabuenas para Álvaro, pero no nos hemos acordado que Pilar ha aprobado el primero de Farmacia y encima con unas notazas de la pera. Si no la felicitamos no dirá nada, pero lo va a sentir, a veces parece muy desapegada, pero no lo es tanto como le gusta presumir.

   -Es verdad, con lo de la oposición se nos ha olvidado Pilar. Pero eso tiene arreglo, mañana a primera hora ve a la tienda de Boliches y cómprale un bonito regalo. No repares en el precio.

Cómprale algo para el verano, seguro que se te ocurrirán cosas que le puedan gustar.

   -No creas que Pilar es tan fácil de contentar, desde que está en Madrid se nos ha hecho muy pochola, como dice, y lo que le gusta a ella a mí me parece demasiado moderno y, sobre todo, atrevido. Pero, bueno, algo encontraré. Y les diré a los pequeños que también la feliciten.

   Julio se duerme, pero Julia no lo consigue. El olvido que han tenido con Pilar la ha desvelado. Se levanta procurando no hacer ruido y baja a la cocina a tomarse un vaso de leche caliente que es lo que da a los niños cuando tienen insomnio. Para entretenerse, mientras le llega el sueño, hace un repaso general de la situación escolar de sus hijos. De Álvaro ya no tienen que preocuparse, su vida parece encarrilada aunque solo está en primero de carrera; puede decirse lo mismo de Pilar. Julián, con sus quince años cumplidos, también está encauzado, el próximo curso 25-26 será el último que acuda a la academia Magister y luego comenzará el aprendizaje del oficio de droguero junto a su padre. En cuanto a Jesús cursará el tercero de bachillerato en Cáceres, donde el próximo curso le acompañará Eloísa que hará primero de bachiller. Concha, con sus ocho años, sigue yendo a la escuela del pueblo. Andrés, de seis años, y Ángela, de cinco, también están escolarizados en la ciudad. Finalmente, el benjamín, Froilán, con sus dos años es el que menos guerra da. Antes de que la venza el sueño, todavía tiene un recuerdo para la que fue su maestra y acabó siendo la abuela de sus críos, Pilar Lahoz. Le prometió que haría lo imposible para que todos sus hijos, sin distinciones de sexo, tuvieran estudios y por ahora lo está logrando. No es mal balance por el momento, claro que todavía queda mucha tela que cortar.

   La familia se va a Los Caños de Meco a pasar una quincena junto al mar y el padre, como es habitual, se queda en la ciudad para atender los negocios familiares. Esta vez va a tener un ayudante, Julián que, tras mucho insistir, se ha quedado con él para comenzar su aprendizaje. El chaval está loco de contento, sobre todo porque Julio le ha prometido que le enseñará a conducir.

   Pocos días después de la marcha de la familia a la playa gaditana, en casa de los Carreño se recibe una carta dirigida al Sr. D. Álvaro Carreño Manzano y cuyo remite dice: Escuela Naval Militar. Armada española. San Fernando (Cádiz). La primera reacción de Julio es reenviar la carta a su hijo a Los Caños, luego piensa que quizá contenga algo urgente que tenga que contestarse rápidamente. Puesto que va dirigida a su hijo no se atreve a abrirla; ante la duda pone un telegrama dirigido a su primogénito: Recibida carta Escuela Naval. Stop. La mando o la abro. Stop. Urgente respuesta. La contestación no se hace esperar: Ábrela. Julio coge un abrecartas y rasga el sobre. La carta lleva el membrete de la Escuela, debajo del cual se lee: Comité de Dirección. El encabezamiento reza: Querido amigo y compañero:… El contenido del texto, en síntesis, se limita a felicitar al nuevo aspirante por haber aprobado la oposición, y comunicarle que desde ese momento forma parte de la gran familia de la Marina española, de ahí lo de amigo y compañero. Julio se tranquiliza e inmediatamente le pone otro telegrama a su hijo: Solo es carta felicitación. Stop. No hay más. Stop. Abrazos.

   Estos de la Marina son más cumplidos que un luto, se dice Julio.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 164. El desembarco de Alhucemas