viernes, 3 de junio de 2022

Libro III. Episodio 147. De desastre en desastre

   La noticia que conmociona al país el 8 de marzo es el asesinato a tiros del presidente del gobierno, Eduardo Dato. Magnicidio llevado a cabo por tres anarquistas desde un sidecar en marcha en la madrileña Puerta de Alcalá. Su apoyo a la represión de la subversión social y a la llamada Ley de Fugas, que está siendo utilizada por la policía para llevar a cabo asesinatos sin juicio previo, lo han convertido en blanco del anarquismo.

   Antes de que llegue el verano, Julia se pone de parto. El alumbramiento es relativamente fácil y la señora Etelvina, como ya es tradición, ayuda a nacer a un nuevo miembro de los Carreño; en esta ocasión, y como reclamaba Pilar, es una niña. La prole de los Julios, como a veces les llaman en la ciudad, ha empatado en cuestión de género: hay cuatro niños y otras tantas niñas. Llegado el momento de ponerle nombre a la recién nacida, esta vez le toca elegir a Paca, que nunca se vio en tamaño compromiso. Duda y duda, hasta que una de las noches, antes del bautizo, es Pilar la que, sin proponérselo, le saca del apuro. Están rezando las oraciones antes de acostarse y hoy les toca encomendarse al ángel de la guarda.

   -Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día porque si no me perdería -rezan los pequeñuelos.

   -Paca –pregunta Pilar-, si todos los niños tenemos un ángel de la guarda, ¿nuestra nueva hermanita también lo tendrá?

   -Claro que sí.

   -¿Y para que lo tenga más seguro por qué no le ponen de nombre Ángel?

   -Ángel es nombre de chico, tendría que ser Ángela que ese si es nombre de chica -Y con el nombre de Ángela es bautizada la criatura.

   En junio acaba el curso 1920-21 y Álvaro y Pilar vuelven a casa. El chico sigue sin saber qué estudiará en cuanto el próximo curso se gradúe de bachiller. La chica está totalmente decidida a completar el segundo ciclo de bachillerato y luego ir a la universidad. En cuanto a Julián terminará la enseñanza primaria, Jesús cursará el cuarto y Eloísa el segundo. Los demás todavía no están escolarizados, aunque Concha va a la llamada escuela de los cagones de las

Hermanas Josefinas Trinitarias, como lo hicieron sus otros hermanos.

   Como todos los meses de julio, la familia Carreño se marcha a Punta Umbría y Julio se queda solo en la ciudad atendiendo los negocios familiares, aunque puede permitirse ciertos lujos como el de acudir a la tertulia del casino con mayor frecuencia. Es allí donde el 23 de julio le sorprende la noticia que supondrá un antes y un después en el renqueante conflicto que sostiene el ejército español contra los rebeldes rifeños.

   A principios del verano se alzan contra las tropas españolas las tribus del centro del Rif. La cabeza visible de la rebelión es Abd el-Krim, juez islámico de Melilla, antiguo colaborador del diario El Telegrama del Rif y miembro de la  cabila de los Beni Touzine. En junio el general Silvestre, que ostenta el mando militar en el Protectorado, ordena ocupar la última barrera sobre Alhucemas, desde donde se domina el territorio costero de las cabilas rebeldes. La ocupación dura pocas horas al desertar las unidades de la policía indígena que se llevan con ellos la batería allí emplazada. Tras estos sucesos, los rifeños asedian la plaza de Annual ocupada por los españoles. El 22 de julio se da la orden de retirada española, que se produce a la carrera y en completo desorden. Perseguidos por los moros, los 13000 soldados de Annual son masacrados por unos 3000 rifeños que los persiguen en el camino hacia Melilla, pereciendo buena parte de la tropa y hasta el mismo general Silvestre.

   Muchos de los supervivientes españoles, que huyen despavoridos de Annual, se refugian en el cuartel de Monte Arruit, donde resisten dos semanas cercados por los rifeños, sin apenas provisiones, agua ni ayuda. Finalmente los españoles se rinden, pero los moros no respetan los acuerdos de la capitulación y llevan a cabo una masacre en la que solo se salva un reducido grupo de jefes y oficiales por los que se pide un cuantioso rescate. Mientras, Abd el-Krim, se crece tanto como para crear un estado independiente que llega a funcionar como tal, la República del Rif.

   Cuando el comandante Liaño, que es quien ha hecho la descripción del desastre, termina su relato, el resto de contertulios queda en silencio. Hasta que don Mauricio se lanza a preguntar.

   -¿Y ahora qué va a pasar, comandante?

   -Puede pasar cualquier cosa y ninguna buena, pues la plaza fuerte de Melilla ha quedado a merced de los rebeldes y tendrá que ser protegida por refuerzos que solo pueden llegar de la península, ya que las fuerzas que nos quedan en el Protectorado están completamente desbordadas.

   Las turbulencias que genera el llamado Desastre de Annual repercuten hondamente en la sociedad española. Los comerciantes son de los primeros en detectarlas pues sus ventas caen en picado. De eso se lamenta el matrimonio Carreño cuando llega septiembre y Julia, con los chiquillos, regresa de Pinkety.

   -Que ganas tenía de que volvieras, cariño –saluda Julio a su esposa-, y de teneros a todos en casa. Así podré coger la furgoneta e irme a viajar, a ver si el mundo rural está más rumboso en las compras porque aquí, desde que pasó lo de África, no se vende ni una escoba.

   -¿Tanto se ha notado la carnicería de Annual? –pregunta Julia.

   -Como no puedes imaginarte. Encima no hay día que los periódicos no traigan alguna noticia espeluznante sobre las tropelías que han hecho los moros a nuestros soldados y de las abultadas cantidades que las familias tienen que pagar para recuperar a sus deudos presos.

   -¿Y el gobierno no piensa hacer nada? Panda de incompetentes –se queja la mujer.

   Días después, al llegar Julio al casino en cuanto ve al militar lo primero que le plantea es la pregunta de Julia,

   -Comandante, el otro día me preguntó mi esposa si el gobierno no piensa hacer algo tras el Desastre de Annual.

   -Algo se está haciendo, pero no todo lo que se debía. En la zona occidental del Protectorado solo controlamos de modo efectivo una estrecha franja costera en torno a las ciudades de Ceuta, Larache y Alcazarquivir, que están protegidas por una línea fortificada. En Melilla, la zona que controlan nuestras fuerzas es menos amplia por lo que siguen los problemas.

   -Eso es muy poco, ¿no cree?

   -En efecto, es poco, pero es lo que hay. Estoy convencido de que hasta que el ejército francés no se meta en el fregado poco más podremos hacer. Nuestro ejército todavía no se ha repuesto del Desastre del 98 y, cuando parecía que apuntaba la recuperación, ha llegado el Desastre de Annual y se ha ido todo a la mierda.

   -O sea que vamos de desastre en desastre –resume don Mauricio.

   En ese septiembre del 21, el matrimonio Carreño ha de ir pensando en cuestiones más prosaicas pero más acuciantes para la familia. Y la primera de ellas es qué hará su primogénito cuando al acabar al año siguiente obtenga el diploma de bachiller. ¿Qué tipo de carrera emprenderá?, porque el joven Álvaro continúa sin decidirse. Como las matemáticas no se le dan mal, últimamente está diciendo que si hará una carrera de ingeniería, pero sin precisar de que tipo. En cuanto a Pilar no tiene duda alguna, completará el bachillerato para luego pasar a los estudios superiores, aunque de momento tampoco ha dicho que clase de carrera universitaria le gustaría cursar. Julio piensa aconsejarle que haga una carrera de letras para luego dedicarse a la enseñanza, pues socialmente está bien visto que las mujeres se consagren a la docencia. El rebelde Julián tiene asumido que en cuanto acabe la primaria le matricularán en la academia Magister, donde se preparará para sus dos objetivos: ayudar a su padre en la venta trashumante y aprender a conducir la furgoneta. Los demás continuarán en sus cursos respectivos sin mayores problemas.

   El otoño está discurriendo con más pena que gloria para los Carreño pues las ventas continúan sin repuntar. Encima, Julia ha de prestar especial atención a la pequeña Ángela que tiene problemas de salud. La niña come poco y mal, está desmejorada, y pilla todas las enfermedades propias de los bebés. Lo cual hace que Julia tenga que alternar el cuidado de la pequeña con la dirección de las tiendas y de la casa.

   En África, tras el Desastre de Annual, la situación parece estabilizarse hasta cierto punto. En la zona de Melilla no se registran enfrentamientos de importancia, más allá de emboscadas protagonizadas por tropas irregulares españolas, como las que lleva a cabo la llamada Jarca de Varela. En la zona de Ceuta hay una tensa y engañosa calma entre las cabilas rebeldes y las tropas españolas que se han ido reforzando con los regimientos llegados de la península.

   Hacia mediados de otoño se produce un hecho en la política nacional que llama la atención de los miembros de la tertulia del casino. En noviembre, el Comité Nacional de la Federación de las Juventudes Socialistas se adhiere a la III Internacional y pasa a convertirse en el Partido Comunista de España que, a partir de ese momento, se conocerá por las siglas PCE. En la tertulia hay opiniones para todos los gustos, aunque son mayoría los que están en contra debido a los antecedentes de su partido homónimo soviético.

   -Si estos comunistas son como los rusos, no les arriendo las ganancias a los Borbones, pueden acabar como los Románov en Rusia –augura don Mauricio. 

   -De momento son cuatro chavales disidentes del PSOE. No creo que tengan mucho recorrido –opina Lavilla.

   -Habrá que ver como se desenvuelven, aunque ya han dejado claro que el partido es de ideología marxista-leninista.

   Llega la Navidad y los dos hermanos mayores regresan a casa a pasar las fiestas. Los padres preguntan, por enésima vez, al primogénito si ya sabe la carrera que piensa estudiar cuando termine el bachillerato. La respuesta es similar a las de veces anteriores: a ciencia cierta no lo sabe, quizá alguna ingeniería.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 148. Un tío-abuelo muy metomentodo

 

viernes, 27 de mayo de 2022

Libro III. Episodio 146. Moros, marroquíes, rifeños…

 

   En el viaje de vuelta a Plasencia, Julián pregunta a su padre si cuando sea mayor le podrá ayudar en la tienda.

   -¿Te gustaría hacerlo?

   -Es lo que más me gustaría y también me chiflaría aprender a conducir.

   -¿Y para qué quieres saber conducir?

   -Porque así podré ayudarte cuando te hagas viejo y no puedas hacerlo. Te ayudaré a conducir la camioneta y a vender por los pueblos.

   -Antes tendrás que sacarte el carné de conducir y para eso hay que tener muchas letras, leer muy bien y saber de cuentas.

   -No te preocupes, aprenderé lo que haga falta.

   Vaya, se dice Julio, al menos hay uno de mis hijos que tiene claro lo que quiere ser de mayor. Y si hace lo que dice una ayudita no me vendría nada mal, a partir de la cincuentena los años empiezan a contar.

   En Plasencia, Julia no ha perdido el tiempo para encontrar una solución al problema de Julián, ha hablado con don José Domingo, un antiguo compañero de claustro de su suegra, y le ha pedido consejo sobre qué hacer con el chico.

   -Julia, lo que me pides no es fácil de aconsejar. No es que quiera quitarme el muerto de encima, pero emitir una opinión a bote pronto sin conocer al chiquillo, saber qué piensa, qué quiere y qué no es un poco temerario.

   -¿Y si se lo traigo y habla con él?

   -Bueno, entonces podría opinar con mayor conocimiento de causa. Vamos a hacer una cosa: deja que pasen unos días, que se haya tranquilizado tras su aventura, porque eso es lo que habrá sido para él, y me lo traes, pero dile que no vamos a hablar de estudios ni nada por el estilo, que solo charlaremos de lo que le gustaría hacer de mayor.

   Cuando padre e hijo llegan a casa, la familia los recibe como si no hubiese pasado nada, así lo habían acordado antes de que Julio se marchara a buscar al chico. Pasados unos días, y como habían quedado, Julia lleva al chico a ver a don José Domingo para que el viejo maestro charle con él y, para no incomodar al muchacho, les deja solos. Al día siguiente, Julia vuelve a reunirse con el docente.

   -¿Sabes que tienes un hijo con las ideas muy claras? No es frecuente encontrar a un niño que sepa lo que no le gusta y más aun lo que le gustaría ser de mayor. Julián es una de esas raras excepciones. Lo que quiere es acción, actividad, hacer cosas. Tu chico no vale para estudiar, y no es por falta de inteligencia, es una cuestión de carácter y de talante. O mucho me equivoco o creo que será un hombre de acción, no de pensamiento. Si os empeñáis en que haga el bachillerato, dadas las materias que se estudian en esa etapa y que en mi opinión son absolutamente anacrónicas, será un pésimo estudiante y dudo que lo complete.

   -Pero don José Domingo, solo tiene diez años, no vamos a ponerle a trabajar con esa edad.

   -Naturalmente, pero hay otras salidas.

   -Pues cuénteme cuales son porque tanto mi marido como yo no sabemos qué hacer con él.

   -Lo he estado pensando y esto es lo que haría si estuviera en vuestro lugar. Primero, que termine la enseñanza primaria en el colegio de aquí…

   -Pero la primaria –le corta Julia- termina a los doce años, y hasta que tenga edad de aprender un oficio, ¿qué hacemos con él?

   -Mujer, no te precipites –la regaña el maestro-, y déjame acabar de contarte lo que he pensado. Cuando termine la primaria yo lo matricularía en una academia particular que hay en la ciudad para que siga estudiando, pero materias más prácticas y motivadoras que las antiguallas que enseñan en el bachillerato.

   -Hábleme de esa academia.

   -Se llama Magister y la montaron dos maestros, Eliseo y Amelia. Ella aprobó las oposiciones al magisterio nacional y tenía plaza aquí, él era interino. Abrieron la academia, casi en plan de ensayo, y desde el principio les fue tan bien que ella pidió la excedencia y él renunció a la interinidad. Amelia, que es la que más vale de los dos, da letras, y Eliseo, ciencias. Dan un popurrí de enseñanzas: el primer ciclo del bachillerato en régimen de enseñanza doméstica, cultura general, preparan opositores para correos y oficinas municipales; en fin, un poco de todo.

   -¿Y cree que algo de lo que enseñan le puede servir a mi chico?

   -Si quieres, puedo hablar con ellos y pedirles que hagan un plan personalizado de enseñanza para Julián, que abarcaría una mejora en lectoescritura, en lo que flojea bastante, algo de cultura general y una enseñanza más profunda en cálculo y aritmética. Eso le llevaría de tres a cuatro cursos, con lo que se pondría con quince o dieciséis años, edad en la que podría comenzar el aprendizaje de un oficio. ¿Qué te parece?

   -De entrada, no me parece mal, pero lo tengo que hablar con Julio a ver qué decidimos. Bueno, y también se lo comentaré al chico, a ver qué dice. En cualquier caso, don José Domingo le estoy muy agradecida por el interés que ha puesto en ayudarnos. Estaremos en contacto.

   Mientras los Carreño están volcados en el futuro de su tercer hijo, el país anda pendiente de las noticias que llegan del Protectorado español. Desde octubre, y como puntualmente informa a sus contertulios el comandante Liaño, las tropas españolas van arrebatando pequeñas localidades a los rifeños rebeldes. La más significativa es Xauen, ciudad sagrada y muy próxima a la frontera con el Protectorado francés.

   En tanto la guerra contra los moros lleva un ritmo cansino, los Carreño han decidido hacer suyo el plan propuesto por don José Domingo, plan que no parece incomodar demasiado a Julián. El muchacho se ha reincorporado al quinto curso de primaria en las escuelas nacionales de la ciudad, en las que su hermano Jesús está cursando tercero y su hermana Eloísa primero. Hay una novedad familiar con la que los Carreño no contaban, aunque dado su prolífico historial ya deberían estar curados de espanto: Julia vuelve a estar embarazada; si la criatura que crece en su matriz llega a término, para finales de la primavera de 1921 los pequeños Carreño tendrán otro hermanito. A todos les da lo mismo que sea de uno u otro sexo, salvo a la temperamental Pilar que poco menos que exige a su madre que debe tener una niña.

   -¿Y por qué quieres que sea una hermanita?

   -Porque así las chicas empataremos con los chicos, seremos cuatro contra cuatro.

   Julio, que ha preferido no contar la noticia a sus contertulios para evitar rechiflas, solo aparece por el casino los fines de semana que es cuando algún tertuliano le pone al día de lo que ocurre, tanto de fronteras adentro como de fronteras afuera. Hoy toca política internacional y el hecho más destacado es la celebración en Ginebra de la primera asamblea de la Sociedad de las Naciones, un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles que cerró la Gran Guerra.

   -¿Y para qué va a servir ese organismo? –quiere saber Julio.

   -La idea fundamental es que a través de él las naciones puedan resolver sus disputas por medios pacíficos en lugar de militares, evitando aquellas causas que llevaron a la Gran Guerra –explica don Enrique Lavilla.

   Casi sin darse cuenta, la Navidad está a la vuelta de la esquina y los dos hermanos que están estudiando en Cáceres regresan a casa para las vacaciones navideñas. Este año los Carreño han tenido el detalle de invitar a su mesa a la señora Etelvina, previendo que, aunque apenas trabaja, en unos meses volverán a necesitarla pues es la que ha ayudado a venir al mundo a todos los hijos de la pareja, y Julia le tiene una fe ciega. Aprovechando la etapa vacacional, los padres han tenido sendas conversaciones con sus dos hijos mayores. Con Álvaro el motivo ha sido sobre una cuestión largamente dialogada: qué piensa hacer cuando el próximo curso 1921-22 acabe el bachillerato.

   -Pues la verdad, papás, sigo sin tenerlo claro. Me gustan muchas cosas, pero de una manera destacada ninguna. En el instituto, a los que acaban el bachillerato les dan unas charlas sobre las principales carreras que pueden estudiar. A lo mejor cuando lo hagan en mi curso, de alguna de esas charlas puedo sacar una idea clara.

   En cuanto a Pilar, como va a terminar el último año del primer ciclo de bachillerato, la pregunta es obvia:

   -¿Te gustaría completar el segundo ciclo?

   Pilar parece que tiene las ideas mucho más claras que su hermano mayor.

   -Eso ni lo preguntes, papá. Claro que completaré el segundo ciclo. No podría estudiar una carrera universitaria sin el título de bachiller.

   -¿Es qué quieres ir a la universidad? –pregunta Julia.

   -Por supuesto, mamá. Y si no, ¿para qué estoy estudiando?

   El nuevo año sigue trayendo noticias ambiguas y hasta contradictorias de la guerra contra los moros, tal y como  el pueblo llano ha llamado secularmente a los habitantes del norte de África, que en realidad deberían llamarse marroquíes, pues a ese reino pertenecen, aunque ellos prefieren denominarse rifeños pues de la región del Rif son originarios. Ese galimatías provoca el desconcierto de Carreño, amigo de las cosas claras y simples.

   -Alguien tendría la bondad de explicarme como se llaman realmente esos tíos que nos están haciendo la santísima –pide Julio. Es Lavilla quien se compadece del industrial.

  -Verá, amigo Carreño. Los moros que luchan contra nuestras tropas forman parte del Protectorado español que es una región que pertenece al reino de Marruecos. Por tanto pueden llamarse marroquíes. Pero la mayor parte de ese protectorado está enclavado en una región denominada el Rif que se extiende desde Yebala hasta Nador. Es una región pobre, por eso nos la dieron los franceses. Sus habitantes son bereberes y hasta tienen un idioma propio que es el tamazight, rifeño o tarifit, y al vivir en el Rif también se llaman rifeños. Aunque desde la Reconquista y aún antes, coloquialmente siempre se les ha llamado moros. ¿Lo ha entendido? –Julio dice que sí, pero por su cara parece que la aserción es más falsa que un duro sevillano.

   La preocupación por la guerra se ve postergada por una terrible noticia que conmociona al pueblo español.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 147. De desastre en desastre