viernes, 7 de enero de 2022

Libro III. Episodio 126. Nueva aventura empresarial

   En cuanto Julio llega a casa cuenta a su esposa lo que le ha comentado el comandante Liaño sobre un cierto miedo en la sociedad, lo que provoca que la gente compre menos.

   -Si es así, y parece que el comandante coincide conmigo, habrá que apretarse el cinturón –deduce Julia.

   -Estoy de acuerdo. Si no podemos aumentar los ingresos habrá que reducir los gastos. ¡Y yo que había pedido al concesionario de la Ford que me enviara el nuevo catálogo que acaban de editar para comprarme una furgoneta nueva!…Tendré que seguir con la Fiat –se lamenta Julio.

   -Todos tendremos que renunciar a algo. Por mi parte voy a dejar de buscar otra dependienta para la tienda de regalos pues pensaba dedicar más tiempo a los niños. A la pobre Paca comienzan a desbordarla.

   -Pero las dos renuncias que acabamos de comentar no supondrán una reducción real de los gastos. Tendremos que meter la tijera en otras partes –puntualiza Julio.

   -¿En qué estás pensando?

   -De entrada, este año no deberíamos veranear en Punta Umbría. El año pasado la temporada que pasasteis allí nos costó un pico.

   -Los niños lo van a sentir mucho, con lo bien que se lo pasan en la playa.

   -Podemos arreglar la casita que tenemos en El Karrascal y que se bañen en la balsa de la noria. Y tendríamos que pensar en prescindir de algún empleado –sugiere Julio.

   -Lo del empleado no sé si es buena idea… ¿Por qué no pensamos algo para aumentar las ventas?

   -¿Y cómo vamos a aumentarlas si hemos quedado que la gente tiene miedo y solo compra lo imprescindible? –responde Julio echando mano de la lógica.

   -No se te olvide, cariño, que hay un sector de gente que no siente ese miedo. Los ricos no están preocupados por lo que pueda pasar o lo están mucho menos. Si encontráramos el medio para incrementar las ventas dirigidas a las clases pudientes quizá no tendríamos que hacer recortes.

   -Es una buena idea, cariño, como todas las tuyas, ¿puedes concretarla más?

   -No, al menos por el momento, tengo que pensarlo más a fondo.

   El primogénito de los Carreño, Álvaro, ha cumplido los siete años y está cursando segundo de primaria. Su abuela materna se entrevista con don Cayetano, el maestro en cuya clase está escolarizado, y le pregunta por la marcha de su nieto.

   -Va muy bien, Pilar. Es buen chico, no da guerra ninguna y es muy aplicado. Buen chaval.

   -¿Sobresale en alguna materia?

   -Va muy parejo en todas, pero si hubiese que elegir una diría que la aritmética, no se le da nada mal.

   -Vigílamelo de cerca. Me gustaría que, cuando llegue el día, cursara una carrera universitaria. A ver si puedo conseguir con mi nieto mayor lo que no logré con su padre.

   Aprovechando que está en la escuela, Pilar se acerca a la clase de doña Vicenta, que es la maestra de su nieta Pili.

   -Vaya, Pilar, cuanto tiempo sin verte, ¿qué es de tu vida?

   -Ya ves, Vicenta, aguantando el tipo. ¿Qué tal se porta mi nieta?

   -Es maja la cría, pero… -la maestra no acaba la frase.

   -Anda, Vicenta, no me vengas con paños calientes que estás hablando con una colega y sé cómo se las gasta mi nieta.

   -Es maja, pero también un trasto. Me da más guerra que el resto de la clase. Es traviesa y respondona, en cambio cuando algo le interesa se convierte en la alumna más brillante.

   -No me extraña, y solo puedo aconsejarte que eches mano de la santa paciencia. Te ayudaré en lo que pueda, a ver si entre las dos la domamos.

   A mediados de mayo, doña Pilar da un susto a la familia. Hace varios días que siente dolor en el pecho, pero no le ha dado mayor importancia, son cosas de la edad piensa. Hasta que una mañana cuando coge el cántaro para verter agua en la jofaina siente como un latigazo en el pecho y tiene que sentarse pues ha comenzado a sudar y hasta se ha mareado un poco. Tras estar un buen rato sentada el mareo se le va pasando, pero el dolor crece en intensidad y llega un momento en que se asusta. Decide enviar, con una vecina a la que ha llamado, recado a la escuela diciendo que no va a poder dar clase y se va a la consulta del doctor Lavilla que es su médico de cabecera y con el que tiene la iguala.

   -Además del pecho, ¿te duele en más partes?

   -En los brazos y en el cuello.

   -¿Qué más sensaciones sientes?

   -Me falta el aire y estoy como cansada y sudorosa. Ah, y también me ha dado un pequeño vahído y como un calambrazo en el pecho.

   En cuanto Lavilla le toma la tensión y la ausculta, su diagnóstico es inmediato.

   -Pilar, no te asustes, pero has sufrido una angina de pecho. Afortunadamente, creo que la hemos cogido a tiempo porque parece que es una angina del tipo estable. Si fuese inestable sería más preocupante.

   -¿Angina de pecho?

   -Es una cardiopatía isquémica –Lavilla se pone en plan profesoral- provocada por el deterioro y la obstrucción de las arterias del corazón. Se produce debido a la acumulación de placas de colesterol, lípidos y células inflamatorias en las paredes de estas arterias, provocando que el corazón no reciba sangre.

   -¿Tiene cura?, Enrique.

   -Sí, Pilar, tiene cura. Lo primero y más importante es que debes reposar. El dolor que sientes se te pasará con el descanso. Y luego te explicaré el resto del tratamiento. Te voy a dar de baja hasta que te recuperes…

   -Pero les hago falta a mis alumnos –protesta Pilar.

   -Tus alumnos pueden pasar sin ti porque si empeoras tendrán que hacerlo a la fuerza. Recuerda que no hay personas imprescindibles y que todas las que creyeron que lo eran han terminado igualmente en el cementerio.

   -Y las cuentas del señor Dimas, ¿podré seguir llevándolas?

   -Bueno, no creo que llevar unas cuentas pueda hacerte mucho daño pero, y escúchame con atención, prohibido terminantemente hacer esfuerzos físicos ni realizar nada que pueda provocarte impresiones fuertes. Evita los disgustos y tómatelo todo con la mayor tranquilidad posible. Te recetaré nitroglicerina, un vasodilatador para que abra los vasos sanguíneos y mejore el flujo de la sangre, pero ahora lo más eficaz es el reposo. Y tómatelo en serio, Pilar, esto no ha sido más que un aviso, pero si se repite puede ocurrir de todo.

   La enfermedad de Pilar ha consternado a la familia, sobre todo a Julio quien no recuerda que su madre haya faltado un solo día a clase por estar enferma.

   -Tranquilízate, cariño. Don Enrique dice que solo ha sido un susto pasajero, que lo peor ya ha pasado –Julia intenta serenar a su marido que se ha puesto de los nervios.

   -Pero si es una mujer de acero. Nunca la he visto enferma…; miento, estuvo en cama cuando de niño le contagié el sarampión, pero fuera de eso, nada. Ha tenido algún catarro, pero que no le impidió abrir la escuela. Y ahora resulta que tiene el corazón delicado.

   -No exageres, cariño. Ha sido una angina de pecho, pero de la clase menos peligrosa, al menos es lo que dice don Enrique. Lo único que tiene que hacer es no realizar esfuerzos físicos, pero por lo demás puede llevar una vida normal.

   Pasado el susto los Carreño siguen tratando de encontrar un medio encaminado a fidelizar como clientes a la gente acaudalada para incrementar las ventas. Todo lo que se les ocurre no tiene el calado suficiente para conseguir ventas que sean rentables. Hasta que un día, ojeando Julia la revista La Ilustración Española y Americana que se presenta como periódico de ciencias, artes, literatura, industria y conocimientos útiles, lee un artículo que le da que pensar. Tras la tragedia del Titanic, la revista está reproduciendo la lujosa decoración del transatlántico basada en el estilo art nouveau, llamado modernismo en español, y que se caracteriza por la presencia de elementos de la naturaleza, enfatizando líneas rebeldes como una analogía de lo natural frente a la industrialización, siendo altamente decorativo. Usa y abusa del mobiliario estilo Luis XV, del entelado y del tapizado, así como del enmarcado y la moldura. Y casi finalizando el reportaje hay una breve coda en la que se relata que son legión los decoradores más afamados que están introduciendo el estilo ornamental del Titanic en las mansiones de la nobleza y de la alta burguesía, tanto en Norteamérica como en Europa. ¿Y por qué no lograr que los ricos de aquí quieran que sus casonas tengan un decorado interior que se parezca al del Titanic?, se dice Julia.

   Lo comenta con su marido que de entrada opina que le parece una idea peregrina…

   -… porque no creo que ninguna familia placentina sea tan esnob y se atreva a gastarse el dinero en chorradas como esa. Eso podrá ocurrir en Madrid o en Barcelona, ¿pero aquí?

   En la ciudad no hay decoradores propiamente dichos, lo más parecido son los maestros de obras y algún que otro aparejador que aconsejan como decorar el edificio al propietario que se construye una nueva casa. Julia establece contacto con un joven aparejador, que también estudió Bellas Artes, y con un tapicero que tiene fama de tener buen gusto. Les convence para que formen con ella una nueva empresa que se dedicará al ornamento interiorista de mansiones. Uno de los factores que ha ayudado a convencer a ambos profesionales es que la aventura apenas les supone riesgos económicos; solo han tenido que invertir unos cientos de pesetas publicitándose en la prensa local y regional y la sede la han ubicado en la tienda de regalos de los Carreño. Luego hacen correr la especie de que solo aceptarán encargos de aquellos propietarios que vivan en mansiones o bien vayan a construirse casas suntuosas. Hasta lograr el acuerdo final, los tres socios han tenido que reunirse varias veces para ir limando las diferencias de criterio. En ese acercamiento de posturas ha tenido mucho que ver la claridad de ideas, el buen talante y la mano izquierda de Julia, amén de que es la que más ha invertido. Hasta ha conseguido que, en más de una reunión, hayan acabado riéndose repitiendo lo de las casas suntuosas. Como dice el tapicero: igual no conseguimos clientes, pero que nos quiten lo bailao de lo mucho que nos hemos reído.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 127. Un acrónimo: Interplás

 

viernes, 31 de diciembre de 2021

Libro III. Episodio 125. Borbonear


   Julia está departiendo con la señora del doctor Lavilla que le cuenta que la más pequeña de sus hijas se va a casar.

   -No sabe cuánto me alegro –manifiesta Julia, que hace memoria para recordar el nombre de la benjamina de los Lavilla-, aunque para serle sincera no sabía que Cristina estaba soltera, creía que se había casado.

   -Estuvo a punto hace tiempo, pero hay hombres que su palabra no vale ni la saliva que se gasta en decirlo. En fin, dejémoslo correr. Verás, quiero que modifiques la lista de boda que hizo tu dependienta y que saques de ella los regalos más caros, que ninguno cueste más de veinte duros. No quiero que la gente crea que los Lavilla necesitamos de los demás para dotar al hogar de nuestra hija de todo lo necesario y hasta de lo innecesario.

   Aquella noche, cuando Julia cuenta a su esposo la visita de doña Agustina, su marido rememora su pasada relación con los Lavilla.

   -No sé si recuerdas que hubo una corta temporada que salí con Amparo Lavilla.

   -Claro que me acuerdo. Ya trabajaba para el señor Elías y recuerdo, como si fuera ahora, que Lupe me preguntó si cuajaría la relación. ¿Sabes lo que le dije?, pues creía que no ya que en el terreno sentimental no sabías lo que querías, por eso en cuestión de mujeres ibas dando palos de ciego.

   -Que bien me calaste, bruja, sabes leer en mi interior mejor que nadie.

   -Por cierto, Amparo sé que se casó porque me lo comentaste, pero ¿y las otras? Creía que se habían casado todas y resulta que Cristina no.

   -La vida, como decía Agustín el porquero de Montánchez, es como un melón que hasta que no lo abres no sabes cómo te va a salir. De las cuatro hermanas, Cristina era la más alegre, divertida y pinturera de todas. Tenía un novio que estudiaba medicina en Zaragoza, de donde son los Lavilla, y que le había dado palabra de matrimonio en cuanto acabara la carrera, pero llegado el momento de la verdad no cumplió. Cuando las conocí era la única que estaba comprometida y, ya ves, será la última en casarse.

   -¿Y con quién se casa? –quiere saber Julia.

   -Con un pasante de don Alfonso, el notario. Aunque lo he tratado de cuando he ido a la notaría no recuerdo su nombre. De las cuatro hermanas va a ser la que peor boda hará. Y preferiría equivocarme porque Cristina me caía bien, pero juraría que el fulano va más por los cuartos de los Lavilla que por los encantos, ya un tanto marchitos, de Cristina.

   -¿Qué habría pasado si hubieses seguido con Amparo? –pregunta, maliciosa, Julia.

   -Te lo diré, que me habría perdido tener a mi lado a la mujer más maravillosa, más encantadora, más fascinante, más…

   -Anda, Julio Carreño, no te embales que te conozco, y recuerda que estoy recién parida.

   El año discurre sin mayores contratiempos para los Carreño, los niños crecen, juegan, se pelean, cogen rabietas…, y el pequeño Jesús, bajo la atenta mirada de Paca y con las tomas de su madre, va camino de cumplir su medio año de vida cuando un trágico suceso conmociona al país. El presidente del Consejo de Ministros desde 1910, el liberal José Canalejas, el doce de noviembre es atacado mientras miraba los libros expuestos en el escaparate de la librería San Martín, a escasos pasos de la Puerta del Sol esquina con Carretas. El agresor, un tal Manuel Pardiñas, simpatizante anarquista, realiza tres disparos a quemarropa falleciendo Canalejas en el acto. El magnicida se suicida con la misma pistola del atentado. Cuando al día siguiente Julio se pasa por el casino no se habla de otra cosa. Los contertulios están consternados y al hilo del trágico suceso hacen historia de los magnicidios que han ocurrido en la nación en los últimos cincuenta años. El más viejo de los asistentes todavía recuerda el asesinato del general Prim siendo jefe del gobierno.

   -Prim fue tiroteado junto al Paseo del Prado, un veintisiete de diciembre de 1870, solo un año después de acceder al cargo y tres días más tarde de que Amadeo de Saboya fuese elegido Rey de España en medio de una gran polémica.

   -Más reciente es el asesinato de Cánovas del Castillo en 1897 –recuerda otro-, en un balneario de Mondragón. Como recordaréis, su asesino, un anarquista italiano cuyo nombre no recuerdo, le asestó tres tiros a corta distancia.

   -Michele Angiolillo se llamaba el anarquista –rememora un tercero-. Parece que en un principio quería asesinar a un miembro de la familia real, pero en el último instante optó por el presidente. Y como en el caso del asesino de Canalejas también se suicidó.

   -Y la desaparición de Canalejas, ¿qué puede suponer en la política española? –La pregunta la lanza Julio más interesado en el futuro que en el pasado.

   -De entrada, si se cumple el mal llamado Pacto del Pardo, continuará gobernando el partido liberal, pero… cualquier cosa puede pasar –comenta Lavilla-. Ya veremos que hace el rey y si borbonea al sucesor de Canalejas –Julio, que es la primera vez que oye tal vocablo, está en un tris de preguntar qué significa borbonear, pero se contiene. El profesor Hernández le aconsejó que no es bueno mostrar en público la ignorancia.

   En cuanto el droguero llega a casa consulta el diccionario y busca el verbo borbonear, pero ante su sorpresa no lo encuentra. Al día siguiente, en cuanto ve a su madre le pregunta porque el vocablo no figura en el diccionario.

   -No lo busques porque ese verbo no está en el DRAE, pero es cierto que suele usarse sobre todo en las camarillas políticas de la capital. Llaman borbonear a la capacidad que tuvieron y tienen ciertos monarcas españoles de hacer y deshacer gobiernos. Mangoneo monárquico que viene  de antiguo, aunque su uso se ha generalizado desde que reina Alfonso XIII que al parecer usa y abusa del poder regio que tiene. Y como lo practican los Borbones, de ahí lo de borbonear.

   -Gracias, madre, ya sabía que si alguien me lo podía explicar tenías que ser tú. Otra pregunta: ¿y eso es bueno o malo?, me refiero a borbonear.

   -A bote pronto no parece nada democrático y prueba de ello es la imparable sucesión de gobiernos que tan rápidamente se queman en el actual régimen, por lo que no me extrañaría que tanto borboneo pueda terminar como el rosario de la aurora –No podía imaginar la maestra cuan profética iba a ser su predicción.

   El país que, desde la guerra contra Estados Unidos lleva casi una década de paz, mantiene sin embargo un enfrentamiento larvado con las tribus del Rif, la región montañesa del norte de Marruecos. El conflicto tiene su origen en la delimitación de los protectorados español y francés a expensas del reino de Marruecos. El tratado de Fez otorgó a España algunos territorios en el norte y sur de Marruecos, pobres y mal comunicados, pero que cuentan con minas de hierro para lo que se construyó un ferrocarril que conecta las minas con el puerto español de Melilla. Las tribus rifeñas se opusieron desde el principio y ya en 1909 atacaron a los trabajadores españoles de las minas, lo que dio lugar a la intervención del ejército. Ese conflicto no debería interferir en el día a día de la vida de la gente, pero lo cierto es que hay como un miedo soterrado a lo que pueda pasar en África con los moros y el resultado es que la gente compra menos. Es lo que constata el matrimonio Carreño cuando en enero hacen el balance del pasado año 1912. Las ventas han bajado, no de manera brusca, pero hay una clara tendencia a la baja tanto en la droguería como en la tienda de regalos.

   -¿A qué crees que se debe el bajón? –pregunta Julia.

   -Con exactitud no lo sé, tendremos que analizarlo detenidamente. Por lo que me cuentan mis amigos del casino, el hecho se está produciendo en otros comercios. Por tanto, no solo nos afecta a nosotros sino que es una tendencia general.

   -Pues si es general es más preocupante.

   -Le voy a preguntar al comandante Liaño que es persona que sabe hilar fino y tiene olfato para olerse los problemas graves. A ver qué opina.

   Esa noche, en la tertulia, Julio hace un aparte con el comandante y le pregunta:

   -Don Jacinto, usted que es hombre de mucho mundo y larga experiencia, quería exponerle un hecho que en principio es habitual en el comercio, pero que ahora se está produciendo de manera prolongada y eso ya no es normal –Con este preámbulo, Julio parece haber conquistado la atención del militar, poco dado a conversaciones banales.

   -Usted dirá, Carreño.

   -El hecho en cuestión es que las alzas y las bajas de las ventas son algo cíclico en todo tipo de comercios. En ello influyen multitud de factores, desde el tiempo que hace hasta las modas o las distintas épocas del año, pero no es normal que llevemos una larga temporada en que las ventas han decaído sin que parezca haber un factor concreto que lo ocasione. Mi señora, que es de las que las caza al vuelo, opina que la gente parece tener miedo. Y yo me pregunto: ¿miedo, de qué?, ¿también cree que hay como una especie de miedo colectivo?, ¿qué opina usted?

   -Interesante cuestión. Es complicado manifestarse sobre las sensaciones de una colectividad, pero creo, y es solo una opinión, que su señora esposa está en lo cierto. ¿La gente tiene motivos para esa suerte de miedo colectivo? Creo que sí los hay. Desde la mayoría de edad de Alfonso XIII, la política se ha convertido en un tiovivo en que los vaivenes son la norma. Falta firmeza política y, sobre manera, estabilidad y eso el pueblo lo percibe y lo acusa; además la corrupción y la oligarquía campan a sus anchas lo que agrava la situación. Por otra parte creo que la sociedad todavía no se ha recuperado del Desastre del 98. Y como guinda tenemos los sucesos del Protectorado que, sin ser una guerra formalmente declarada, ocasionan un goteo continuo de bajas militares que golpean a la mayoría de la población, sobre todo a las clases populares. En esas circunstancias, lo lógico es que la gente gaste lo menos posible porque desconfían de lo que pueda pasar. Y de ahí la bajada de las ventas.

   -¿Y esa situación cree que puede durar mucho? –Por toda respuesta, el comandante se encoge de hombros.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 126. Nueva aventura empresarial

viernes, 24 de diciembre de 2021

Libro III. Episodio 124. Jesusito de mi vida…

   Manolo del Pino, flamante diputado del partido liberal por la circunscripción de Plasencia, no ha podido hablar con Carreño pues ha tenido que regresar precipitadamente a Madrid al ser su voto necesario en unas Cortes en las que la mayoría gubernamental es muy ajustada. La causa de la llamada ha sido que tiene que ayudar a sacar adelante la llamada Ley del Candado, disposición que prohíbe durante dos años el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España. Una ley que por la frontal oposición de los conservadores y de la Iglesia Católica lleva visos de no convertirse en real. A raíz de esto, Julio comenta en la tertulia del casino que le llama la atención el hecho que del Pino, siendo un terrateniente y habiendo sido llevado a las Cortes por los caciques comarcales, se haya presentado por el partido liberal y no por el conservador, como lógicamente debería ser. Uno de los contertulios, comandante en la reserva del ejército, le explica lo que parece ser una situación contra natura.

   -Eso, amigo Carreño, tiene una explicación que es una muestra más de lo hondamente arraigado que está el caciquismo en nuestra tierra. En esta circunscripción, los conservadores ganan siempre porque los Sotomayor y los Orellana son los caciques que mandan y compran voluntades. Pero la ley electoral ampara que haya al menos un diputado de otro partido por circunscripción, en este caso del liberal. Si se dejara la elección de los candidatos al albur de los comités locales podrían ser elegidos diputados personas que resultaran incómodas para los órganos centrales de los partidos. Entonces, lo más práctico es propiciar que el candidato del partido opositor sea alguien moldeable. Y es el caso de del Pino, que es más maleable que un hilo de cobre.

   Dentro de la familia Carreño, la abuela Pilar suele realizar una visita casi diaria para ver a los nietos. Cuando va a salir se topa con su nuera que llega de la nueva tienda de regalos que es donde ahora pasa la mayor parte del tiempo.

   -Hola, hija, ahora me iba. ¿Cómo va ese embarazo?

   -Pues muy bien. No sé si será niño o niña, pero sea lo que sea es muy buenecito, se comporta mejor que lo hicieron sus hermanos.

   -¿Qué prefieres, niño o niña?

   -Me gustaría darle una hermanita a Pili, pero que sea lo que Dios quiera.

   -¿Ya habéis elegido nombre?

   -Todavía no. Tenemos que hablarlo, pero nunca encontramos un momento de tranquilidad para algo tan trivial.

   -Bueno, lo de trivial hasta cierto punto. Un nombre te puede cambiar la vida para mejor o peor.

   -Procuraremos acertar, Pilar.

   En su diaria visita al casino, Julio encuentra hoy muy animada la tertulia. Los tres periódicos que recibe el centro -el Diario de Cáceres, El Noticiero y el Nuevo Diario de Badajoz- están abiertos encima de la mesa de mármol y en todos aparece, en tipografía de realce, la misma noticia: Londres, 16 de abril de 1912. En la noche del pasado 14, el trasatlántico británico Titanic se ha hundido tras chocar con un iceberg. Las primeras informaciones, transmitidas por radio, apuntan que han podido fallecer más de 1.500 pasajeros. El debate de la tertulia se centra en cómo puede haber naufragado un buque al que se le creía insumergible. Al droguero, que no es nada aficionado al mar ni a los barcos, le interesa más otro aspecto de la noticia que parece marginal.

   -¿Y eso de la radio cómo funciona en un barco en medio del mar?

   Nadie responde, por lo que Julio se queda con las ganas. Un par de semanas después compra, en el quiosco de la porticada Plaza Mayor de la ciudad, un ejemplar de la revista ilustrada, Blanco y Negro, y que esta semana trae como novedad la primera fotografía en color de la prensa española. Además, y para contento del droguero, contiene un detallado reportaje sobre la historia de los dos radiotelegrafistas del Titanic, Phillips y Bride. El buque estaba equipado con un radiotransmisor modelo Marconi a detección magnética y escucha por auriculares. En los primeros momentos de la colisión, el capitán ordenó que lanzarán un CDQ, la señal de socorro más utilizada en la época y que se interpreta como Come Quickly, Distress, lo que se traduce como vengan rápido, problemas. Posteriormente el capitán ordenó que probaran a enviar un SOS, Send Out Succour -envíen socorro-, en Morse continental internacional. Cuando el buque comenzó a hundirse un oficial indicó a ambos operadores, de parte del capitán, que habían cumplido con su deber y que intentaran salvarse. Phillips subió a un bote salvavidas, pero este volcó y cayó en las heladas aguas del Atlántico, no logrando sobrevivir. Bride, en otro bote, fue rescatado por el trasatlántico Carpathia. Tras empaparse del extenso reportaje busca inútilmente averiguar cómo funciona el sistema de comunicación telegráfica sin hilos, por lo que se queda con las ganas de desentrañar el funcionamiento de la radiotelegrafía.

   Ha llegado mayo y el embarazo de Julia está cerca de llegar a término. Uno de esos días en que el calor comienza a apretar, y mientras están tomando el fresco en el amplio zaguán de la casa, Julia se acuerda de que no han hablado del nombre que le van a poner al nuevo hijo.

   -Marido, ¿qué nombre te gustaría que le pusiéramos al crío?

   -El que tú quieras, cariño.

   -Siempre me lo dejas todo a mí.

   -Si quieres podemos hacer una cosa: propón una lista de nombres, tanto de chicos como de chicas, y lo elegimos entre los dos –sugiere el hombre.

   -Mi confesor me ha dicho que si es chico podríamos ponerle Jesús y si es chica María.

   -¿Esas cosas las consultas con tu confesor? –se sorprende Julio.

   -No, pero hablando con él hace unos días, fuera del confesonario, salió el tema y esos nombres fueron los que me sugirió.

   Julio piensa que el nuevo confesor de su esposa, el padre Galarza, un sacerdote navarro que ha recalado en la diócesis de Plasencia, se mete en cosas que no debería, pero se calla. Mejor no meterse en camisa de once varas.

   Al día siguiente, lo que se comenta en la tertulia es que en la Feria de mayo de Cáceres un piloto francés ha volado con su monoplano hasta 800 metros de altura y a unos cien kilómetros por hora.

   -¡A cien kilómetros por hora! –exclama uno-. O sea, que en menos de una hora llegaría de Cáceres a aquí. ¡Estos inventos modernos son la leche!

   El diez de junio, lunes, y un poco antes de lo esperado, viene al mundo el cuarto hijo de los Carreño. Ante la desilusión momentánea de Julia, que quería una niña, el recién nacido es varón. El parto ha sido limpio y rápido. Cuando enseñan el nuevo hermanito al resto de la prole todos se quedan mirándole como diciendo: ¿y por dónde ha llegado hasta casa? Rompe el silencio el mayor que pregunta:

   -Mamá, ¿y dónde lo has comprado?, el crío, digo.

   -Mamá no lo ha comprado –quien le contesta es la señora Etelvina que una vez más ha ayudado en el parto-, vuestro nuevo hermanito ha venido de París y lo ha traído una cigüeña –La explicación parece que es suficiente para los pequeños pues ninguno vuelve a preguntar.

   En esas que llega doña Pilar ligeramente sofocada.

   -Acabo de ponerle un telegrama a Julio anunciándole la buena nueva. Se lo he enviado a la posada de Almendralejo donde me has dicho que hace noche. Tu marido no debería viajar estando tú a punto de parir.

   -No la regañes, Pilar. Es que el crío se ha adelantado, lo esperábamos a finales de semana como muy pronto –Es Etelvina la que justifica al padre de la criatura.

   El domingo, diecisiete, con Julia bastante restablecida aunque sigue un poco pálida, el recién nacido recibe las aguas bautismales en la iglesia de San Esteban. Julio quería ponerle el nombre de un boticario de Jaraíz amigo suyo, Jerónimo Rodríguez, pero su esposa se empeña en que se llame Jesús. Parece que el padre Galarza se ha salido con la suya. Como compensación a su amigo, Julio le pide que apadrine al crío; será madrina Luisa Manzano, una de las hermanas de la madre. El padrino se ha mostrado rumboso y durante el trayecto de la iglesia a casa de los Carreño no ha parado de lanzar peladillas y calderilla a la marabunta de chiquillos que ha acompañado al cortejo. Aquella noche, cuando Paca pone a los tres críos de la casa a rezar sus oraciones antes de acostarse, Pili le pregunta:

   -Entonces, Paca, cuando recemos la oración de: Jesusito de mi vida eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón, ¿ese Jesusito es nuestro hermanito?

   -No, tesoro, ese es otro Jesusito.

   -Entonces a mi hermanito Jesús, ¿no tengo que darle mi corazón?

   -Eso ya te lo cuento mañana. Ahora reza y no preguntes más.

   Una vez restablecida, Julia se reincorpora a la tienda de regalos y objetos decorativos para el hogar y que en su obligada ausencia ha sido atendida por Lupe. La dependienta le cuenta como se han desarrollado las ventas mientras no ha estado, y la noticia más destacada es que la señora del doctor Lavilla ha encargado una lista de regalos para la boda de su hija pequeña.

   -Lo he hecho lo mejor que he sabido, Julina…, huy perdona; creo que después del cuarto crío ya no te pega que te siga llamando así, será mejor que desde ahora te llame Julia o jefa, lo que prefieras. Pues como te decía, confeccioné la lista poniendo regalos de diferentes precios, pero creo que la señora Lavilla que, dicho sea sin ánimo de ofender, es bastante estirada, no se quedó muy conforme. Ha dicho que volverá cuando tú estés.

   Dos días después aparece por la tienda la señora Lavilla que saluda amablemente a Julia que hacía mucho tiempo que no la veía. Ha envejecido mucho y, pese a los muchos afeites que decoran su cara, los años se le acusan sobre todo en las manos, las tiene sarmentosas y con los dorsos llenos de manchitas hepáticas.

   -Doña Agustina, cuanto me alegro de volver a verla. No pasan los años por usted.

   -Ay, hija, sí que pasan, pero es ley de vida, que se le va a hacer. He venido por la lista para la boda de Cristina. ¿Sabes que se va a casar?

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 125. Borbonear

FELIZ Y SALUDABLE NAVIDAD