viernes, 10 de diciembre de 2021

Libo III. Episodio 122. La mujer honrada, en casa y…

 

   Ante la confesión de Julia de que tiene que contarle algo que solo sabe su marido, doña Pilar se le adelanta.

   -¿Me dejas que lo adivine?…, vuelves a estar encinta.

   -¿Cómo has lo has adivinado?

   -Porque lo llevas escrito en la frente, ¿no sabías que a la mayoría de mujeres se nos cambia la cara cuándo estamos esperando? ¡Enhorabuena! ¿Para cuándo?

   -Para abril del año que viene, justo poco después de que Pili cumpla dos años.

   -Tres hijos, ¿no son demasiado seguidos?

   -Posiblemente, pero es que tu hijo es muy fogoso.

   -Ya, pero… algo habrás ayudado tú, ¿no? –Es la clásica puya de suegra a nuera. Julia no contesta, pero sorprendentemente se ha ruborizado.

   En eso que aparece gateando Pili y tras ella, con una toalla en la mano, Paca.

   -Se niega que la seque, quiere que lo haga su madre.

   -Ven aquí, mi amor, que mamá te va a secar.

   -Nadie diría que son hermanos –comenta Pilar-, no pueden ser más diferentes.

   -¿Me lo dices o me lo cuentas? A veces le digo en broma a tu hijo que esta niña es como si la hubiésemos encontrado debajo de un puente, es la rebeldía personificada y todavía no ha cumplido los dos años. No quiero ni pensar cómo será cuando se haga mayor.

   -En un mundo de hombres en el que va a vivir, tendrá que pelear mucho para abrirse paso y eso se consigue mejor siendo rebelde que sumisa –sentencia Pilar. De sus dos nietos, quizá porque lleva su nombre o porque es tan rebelde como siempre lo fue ella, la niña es su predilecta y no lo esconde.

   -Ese es uno de los consejos que primero me metiste en la cabeza –recuerda Julia.

   En la barbería de Vicente el Cojo, Julio ojea una revista atrasada -como todas las que hay en el establecimiento- mientras espera su turno. Podría ir a otra donde quizá no tendría que esperar, pero las manos de seda de Vicente manejando la navaja barbera han hecho de él un cliente fijo. Se entretiene leyendo un reportaje sobre la primera llegada al Polo Norte. Los estadounidenses Robert Peary y Matthew Henson organizaron una expedición que partió de Nueva York en marzo de 1908 y un año después Peary y cinco de sus hombres llegaron al Polo. Relee el artículo para quedarse con el mayor número posible de datos porque piensa contarlo a sus compañeros de tertulia cuando esta noche vaya al casino. Para su desilusión, sus contertulios parecen estar mucho más interesados en una noticia, menos impactante pero de ámbito nacional, que trae el Nuevo Diario de Badajoz y que uno de ellos lee en voz alta.

   -En un pueblo de Valencia, Paterna, se ha llevado a cabo el primer vuelo en España de un biplano. El avión recorrió en el aire unos cuarenta metros a la velocidad de sesenta kilómetros hora.

   -¡Qué barbaridad, cuarenta metros y sin apoyarse en nada!

   -Y qué me dices de la velocidad, sesenta kilómetros, eso más o menos es lo que corre tu camioneta, Carreño.

   -Al hombre solo le faltaba eso, poder volar. ¡A dónde hemos llegado! –sentencia otro.

   Poco después de entrar la primavera de 1910, Julia da felizmente a luz al tercero de sus hijos, otro varón, al que en la pila bautismal cristianan con el nombre de Julián, en recuerdo de un primo lejano de Julio.

   -Bueno, ya habéis cumplido, tres críos es un buen número –comenta la abuela materna que ha venido desde Malpartida para el bautizo.

   -Suegra, no hay que poner coto a los designios del Señor –afirma el padre del neófito, no se sabe muy bien si en serio o en broma. Estos van a por la media docena, piensa la otra abuela, que se compadece de su nuera.

   El tercer crío no ha supuesto grandes cambios en el día a día de la familia Carreño-Manzano, aunque sí han debido hacer algunas adaptaciones. Una ha sido que definitivamente Paca se dedique exclusivamente a los niños, pues tres críos de tan corta edad dan mucha guerra. Otra cuestión es que el cabeza de familia debe redoblar sus viajes pues necesita bastantes más ingresos para mantener una familia cada vez más numerosa. Al tener Julio que viajar más a menudo, a Julia no le ha quedado más remedio que ponerse al frente de la tienda casi de forma exclusiva, algo que le resulta agridulce pues se siente como pez en el agua en la droguería, pero le entristece el poco tiempo que puede estar con sus hijos. Cuando sale por la mañana los críos todavía están durmiendo y cuando llega por la tarde están a punto de acostarse.

   Los dos mayores, Álvaro y Pili –lo de Pilarín resultaba demasiado largo-, a pesar de su corta edad, cuatro y dos años, comienzan a dar muestras de su carácter y no se parecen en nada. Álvaro es un niño tranquilo, obediente y cariñoso. Pili es un rabo de lagartija, rebelde y desapegada. El mayor es el predilecto de su padre, la niña la preferida por su madre y su abuela materna. El tercero, Julián, como solo es un bebé, todavía no ha conseguido el favor de ningún adulto, con excepción del de Paca.

   Como Álvaro ya cumplió los cuatro años, y por sugerencia de su abuela materna, los padres han decidido escolarizarlo. Se inclinan por enviarlo a un modesto kindergarten de las

Hermanas Josefinas Trinitarias y al que en el pueblo llaman la escuela de los cagones, en la que los críos no aprenden casi nada, salvo algún que otro rezo y algunas cancioncillas. Le han hecho un babero con rayas azules y el niño acepta con semblante serio lo que para él será estar unas horas -solo hay clase por la mañana- fuera del seno familiar. La que se coge un berrinche de cuidado es su hermanita porque ella también quiere irse con su tato. Es necesario que Julia y Paca desplieguen todo su tacto y paciencia para calmar a la pequeña.

   -Señora –dice Paca-, o mucho me equivoco o esta nos va a salir con el mismo genio que su suegra.

   Tras una serie de reducciones de las condenas de convictos, llevadas a cabo por los sucesivos e inestables gobiernos que caracterizan el reinado de Alfonso XIII, sale de la cárcel de Cáceres el tío Lorenzo el Hurón. Una de sus primeras visitas es para Julio. El droguero no puede ocultar el impacto que le produce ver al antiguo contrabandista con el que llegó a tener un par de negocios al alimón: los alijos de medicinas y tabaco a Portugal. El Hurón ha envejecido malamente, está en los huesos, le faltan la mitad de los dientes y ya no tiene el talante bravucón y zorruno que le caracterizaba.

   -Hombre, tío Lorenzo, un abrazo y que sepa la gran alegría que me produce verle por fin libre. Ya era hora.

   -Gracias, Julino. Sé que lo dices de corazón. Estoy de paso a Valverde y no he querio pasar por Plasencia sin saludarte. Pero, ya ves, estoy hecho una ruina y en la ruina. ¿Podrías prestarme unos cuantos duros, como veinte o treinta? Tengo unos nietecillos a los que no conozco y quería comprarles alguna chuchería pa que tengan buen recuerdo de su abuelo.

   -Cuente con ellos, Lorenzo y si en algo más puedo ayudarle, no tiene más que decirlo.

   -Me contaron en el talego que no has vuelto a pisar la Raya, que te has convertio en un industrial honrao…, y que ties una camioneta, una de las contás de la provincia. ¿Te interesaría hacer algún porte hasta Valverde?

   -Pero, tío Lorenzo, ¡¿va a volver a los alijos?! ¿No ha tenido bastante con los años que ha estado encerrado?

   -¿Y qué voy a hacer si no? Ya soy perro viejo y no tengó edá pa cambiar de oficio. Si no paso la Raya, ¿con qué me voy a ganar el pan? Lo dicho, ¿te interesa hacer algún porte? Me cuentan que en la Raya ahora se ganan más duros que nunca. Y también me han dicho que ya tienes tres criaturas, pa alimentar tres bocas hacen falta muchos cuartos.

   -No, tío Lorenzo, no. La mujer con la que me casé me hizo prometer, poniendo la mano sobre el Evangelio, que jamás volvería a alijar. Y si incumpliera la promesa, y con el genio que se gasta, sería muy capaz de arramblar con los críos y dejarme más solo que el Cristo del Viernes Santo. Lo de la Raya se acabó para mí –Y está a punto de añadir: y debería acabarse para usted, pero se muerde la lengua, no quiere importunar al Hurón.

   Cuando el tío Lorenzo se marcha, Julio le ve partir con una mezcla de lástima y sosiego, va cerrando capítulos de su pasado, algunos de los cuales, como el que representa el Hurón, mejor es olvidarlos. Esa misma tarde, los Carreño tienen otra novedad en la tienda: Lupe, a la que contrataron cuando cerró el Bisojo, cuenta a sus patrones que se va a casar. Casi se había hecho a la idea de quedarse soltera, pero un viudo sin hijos le ha propuesto matrimonio. Se trata de un dependiente de la mercería más antigua de la ciudad, conocida como Casa Boliches. Si en Plasencia necesitas productos de costura, de punto, manualidades, etcétera, tienes que ir donde Boliches.

   -Lupe, no sabes cuánto me alegro. Te deseo lo mejor. ¿Y para cuándo la boda? –quiere saber Julia.

   -En un par de meses. Va a ser una boda discretita con pocos invitados, pero entre los que espero veros. Como Gervasio es viudo, nos casaremos a primera hora, a ver si así nos ahorramos la cencerrada como es costumbre hacérsela a los viudos.

   -Entonces, ¿tendremos que decirte adiós? –pregunta Julio, de quien Lupe nunca fue santo de su devoción.

   -No, no. La primera condición que le puse a Gervasio es que quiero continuar trabajando y me dijo que por él lo que yo quiera.

   -¡Qué suerte tienes, Lupe, te ha tocado un hombre cabal y no el merluzo que tengo por marido! –se lamenta Antonina que no ha perdido ripio de la declaración de su compañera.

   -Pero el Lucilio me prometió que no iba a darte más la lata con lo de que deberías dejar de trabajar. Así quedamos cuando hablé con él –mete baza Julio.

   -Sí, jefe, eso es lo que te dijo, pero desde que estoy embarazada me da la murga la mitad de los días de que, en una familia como Dios manda, el dinero lo debe traer el marido y la mujer donde debe estar es en casa.

   -¿Si quieres que le dé otro toque…? –se ofrece Julio.

   -Gracias, jefe, pero no hace falta. Te dirá que faltaría más, pero en cuanto te des media vuelta volverá con la matraca de siempre.

   -Que anticuado es este país: la mujer honrada, en casa y con la pierna quebrada –sentencia Julia, que añade-. Así nos va.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 123. Hijos, los que Dios quiera darnos

viernes, 3 de diciembre de 2021

Libro III. Episodio 121. Los Carreño, sin competencia


   Julia no se quita de la cabeza la determinación de su amiga Maribel de casarse sin estar

enamorada. Sabe que Manolo, su futuro marido, es una buena persona y no le dará el más

mínimo disgusto, pero casarse con alguien a quien no se quiere es algo que no acaba de

entender. Comprende las razones que ha esgrimido su amiga para llevar a cabo el enlace:

que son amigos, que se conocen desde siempre, que se tienen confianza y cariño, pero…

Entonces le viene a la memoria una frase que le dijo Etelvina: los matrimonios de amigos

suelen durar más que los de amantes. Que suerte tuve, piensa, el mío fue, y es, un matrimonio

de amigos y… de amantes, ahí está mi retoño y un segundo que viene de camino que, por

cierto, se lo tengo que decir a Julio.

   Cuando dos días después llega su marido de las Vegas Altas, Julia le cuenta la noticia: está esperando. El hombre la estrecha amorosamente y Julia siente como el corazón de su esposo late más fuerte de lo normal. Sellan el abrazo con un beso interminable. La otra noticia que le cuenta deja de ser importante: que Maribel Quirós va a casarse con Manolo del Pino, y que les han invitado a la boda; aunque hace honor a la palabra dada, y no dice nada de la confesión de Maribel de que no está enamorada.

   -¿Ese Manolo no era uno que te ponía ojitos de cordero degollado?

   -Pobrecito, es más tímido que un seminarista.

   La boda de la bellísima señorita Quirós con el ilustre heredero de la distinguida familia de los del Pino -como escribe la prensa local- es todo un acontecimiento social al que asisten las familias de más rancio abolengo, tanto de la ciudad como de la región, e incluso llegan invitados de la capital del reino. El oficio religioso tiene lugar en la catedral nueva y bendice la unión el señor obispo. Entre tantos apellidos ilustres, el matrimonio Carreño se siente al principio un tanto fuera de lugar hasta que algunas de las señoras y de las jóvenes invitadas comienzan a saludar a Julia, pues son clientas conocidas desde que creó la sección Pour la femme. Y hasta los novios tienen el detalle de hacerse una foto con los Carreño.

   Antes de partir a su próximo viaje, Julio se da una vuelta por el casino para charlar con los amigos y ponerse al día sobre las noticias y rumores que suelen comentarse en la tertulia y, ante su asombro, uno de los contertulios le da la enhorabuena por el embarazo de su esposa, mientras otro añade:

   -No me extraña, de soltero tenías fama de donjuán.

   -No lo niego, pero desde que me casé lo de ir de cama en cama se ha terminado para mí. Soy de los que cree firmemente que, cuando se hacen votos tan solemnes como los del matrimonio, la monogamia es la única regla válida. Además, buena es mi mujer para admitir ni el más mínimo chicoleo, como se enterara de que me voy de picos pardos me ponía en la puerta de la casa.

   -No me digas.

   -Lo que te cuento.

   Para desviar la atención y no seguir hablando de un tema tan personal, Julio cuenta a los tertulianos una noticia que leyó días atrás.

   -¿Sabéis que en Estados Unidos acaba de ponerse a la venta un nuevo automóvil que, según los expertos, revolucionará el mundo del motor? –Y sin esperar respuesta les explica que la Ford acaba de sacar un nuevo coche, llamado modelo T, cuyas especificaciones técnicas les detalla: motor de 4 cilindros y 20 caballos de potencia, alcanzando una velocidad máxima de 71 kilómetros hora y que consume 1 litro de gasolina cada 5 kilómetros.

   -¡Qué pasada! –exclama uno.

   -Y tanto, como que en cuanto lleguen a España las primeras unidades pienso hacerme con uno. El modelo T, al lado de mi Fiat, será como tener un purasangre en lugar de un pollino.

   El coloquio sobre el nuevo producto de la Ford termina en cuanto el tertuliano que sigue leyendo el periódico lee en voz alta una noticia realmente curiosa: en una apartada zona de Siberia, llamada Tunguska, se ha producido una gigantesca explosión que ha aplastado millones de árboles en un área de más de 2000 kilómetros cuadrados. Se desconoce el origen de la implosión lo que ha dado lugar a multitud de teorías.

   Días después, Lupe, la dependienta del Bisojo, vuelve a presentarse en la tienda de los Carreño, en cuanto la ve Julia la nota alterada, no debe ser portadora de buenas noticias.

   -Julina, al fin reventó el pobre Elías. Como no ha encontrao a quien traspasar el negocio con las condiciones que exigía, ha decidido liquidar las existencias y alquilar el local. Parece que se ha comprometido con un industrial textil de Béjar que va a instalar una tienda de ropa.

   -Sí que siento que el señor Elías tenga que cerrar, pero sí es su decisión habrá que respetarla. Entonces, ¿te vas a quedar sin trabajo?

   -Eso parece, pero hoy no vengo a pedirte trabajo, traigo otro asunto más urgente. Elías piensa saldar las existencias aunque sea tirando los precios, lo que os hará un roto en las ventas hasta que termine de saldarlo todo…, pero le he recordao que un saldo puede tardar mucho tiempo en liquidarse y he acabao convenciéndole que puedo vender el stock de los artículos que restan a mejor precio que si los convierte en saldo. Y, naturalmente, en quien primero he pensao como posibles compradores ha sido en vosotros.

   -Con lo enfilado que tiene el señor Elías a mi marido dudo mucho que acepte vendernos ni un litro de disolvente.

   -Eso era antes pero la situación ha cambiao, y es que necesitao te veas, como reza el dicho. Cuando le dije que me veía capacitada para vender la mayoría de artículos a mejor precio me dijo que bien, pero que no quería saber a quién lo vendía. El tío Elías está viejo y derrotao, pero no es tonto, sabe perfectamente que los únicos interesaos en su stock solo podéis ser vosotros, pero si hace como que no se entera sufrirá menos.

   -Ojos que no ven, corazón que no llora. No se sufre por lo que no se sabe o pretende no saberse. ¡Otra vez el puñetero orgullo de los hombres! –sentencia Julia.

   -Sí, hija, sí. Así son los tíos o, al menos, la mayoría. ¿Os interesa la operación?

   -En principio sí, Lupe, pero tengo que hablarlo con Julio. ¿Hay algún plazo para rematar la operación?

   -No, pero cuanto antes la hagamos mejor. No sea que salga otro postor o que el viejo cambie de idea.

   -¿Cómo lo haríamos?

   -Dado lo enfrentaos que están el Bisojo y tu marido, lo mejor sería excluirlos de cualquier tipo de contacto. Esto podría quedar en un acuerdo entre nosotras y hacerlo con la mayor rapidez posible y sin dar tres cuartos al pregonero. ¿Qué te parece?

   -Que muy bien, Lupe, y gracias por acordarte de nosotros. Te has ganado con creces un puesto en la tienda. Vuelve mañana y entraremos en detalles -Al quedarse sola, Julia piensa en la gratísima sorpresa que le va a dar a su marido: al fin va a ser propietario de la única droguería de la ciudad. Un sueño impensable hasta hoy, el de quedarse sin competencia.

   A todo eso, el primogénito de los Carreño ha tenido poco tiempo para gozar de la sinecura de ser hijo único. Su madre ha dado a luz, en esta ocasión sin tantos problemas como en el primer parto, a una niña. A la neófita se le ha impuesto el nombre de su abuela paterna con gran contento de la interesada. Realmente la aragonesa se lo ha ganado, al haber sido la persona que más se ha implicado para que el mañego y la chinata hayan terminado en el tálamo nupcial.

   -Bueno, Pilar, estará contenta, va a tener una nieta que se va a llamar como usted –La abuela materna, no puede ocultar la pelusa que siente.

   -Y como tengan otra, algo que no debemos descartar, seguro que le pondrán el suyo. Soledad es un nombre precioso -Los felices padres, que están presentes en la charla, se miran a los ojos y sin palabras se entienden: no, ninguna otra hija, si la tienen, se llamará como su abuela materna.

   La pequeña, a la que han decidido llamar Pilarín para que no haya confusiones con la abuela, parece más brava que su hermano mayor y se cría sin problema alguno. Ambos hermanitos han quedado desde el primer momento al cuidado de Paquita, la criadita de San Martín que ayuda a Julia en las tareas caseras. Paquita ha crecido en años, y sobre todo en quilos, por lo que, sin que en la familia se hayan puesto previamente de acuerdo, han pasado a llamarla Paca, apelativo que cuadra mejor a su oronda figura. Al ser persona de toda confianza, pues tanto doña Pilar como el propio Julio conocen a su familia de siempre, la mucama les ha resuelto a la pareja un problema delicado al tomar a su cuidado la prole. Y eso es algo que necesitaban porque Julia, transcurridos los tres meses del puerperio, se ha vuelto a poner al frente de la tienda, mientras Julio, con su camioneta, recorre las comarcas de la región y aún más allá vendiendo los productos de la droguería, de la que ahora pregona que es la mejor de Plasencia…, como que es la única.

   Mil novecientos nueve comienza para los Carreño con el viento soplándoles a favor. Los críos están creciendo sin mayores problemas. La relación de la pareja es mejor que nunca, parecen vivir en una permanente luna de miel. Y los negocios les son muy favorables, pues desde que se han convertido en la única droguería de la ciudad las ventas se han multiplicado.

   Ha llegado el verano y doña Pilar, como disfruta de las vacaciones escolares, se pasa más tiempo en casa de sus hijos –pues a Julia la considera más una hija que una nuera- que en la suya. Así puede echarle una mano a Paca con los niños. Una noche del tórrido agosto, Julia llega cansada a casa y se encuentra a su suegra acunando a Pili, a la que las altas temperaturas la llevan a mal traer.

   -¿Cómo está mi niña? –Pilar ha cogido a la pequeña que se abraza a su madre- ¿Has pasado mucho calor?, ay pobrecita mía. La mamá como sabía que estás un poco pocha te ha traído algo que sé que te gusta mucho –y le da un helado que ha comprado al salir de la tienda-. Ahora vas a ser buenecita y te vas a ir con Paca que te va a bañar y si te portas bien luego la mamá te dará más helado.

   Después de salir Paca con la niña, Julia se confiesa con su suegra.

  -Tengo que contarte algo, Pilar, y solo lo sabe Julio.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, publicaré el episodio 122. La mujer honrada, en casa y…