viernes, 10 de septiembre de 2021

Libro II Episodio 109. El corazón tiene razones que la razón no entiende

   El beso de Toni ha dejado a Julia aturdida y conmocionada. Ha de volver a apoyarse en la repisa porque las piernas siguen fallándole, su ritmo cardíaco se ha disparado y nota una sensación que es tan nueva para ella como turbadora, se ha mojado. Necesita tiempo para recuperarse, necesita que las piernas recobren su firmeza, que su corazón se calme y ha de entrar en el precario baño para recomponerse. Cuando sale se ha recuperado algo, aunque sus mejillas siguen arreboladas y su corazón continúa desbocado. En el trayecto hasta casa apenas se entera de lo que van contándole sus dos acompañantes.

   -Buenas noches –es su lacónica despedida y entra como una exhalación en casa. Tiene mucho en qué pensar.

   En cuanto llega a su dormitorio comienza a desnudarse, cuando unos golpecitos suenan en la ventana. Se acerca y, ante su espanto, allí está Toni. El joven ha escalado la pared y está haciéndole gestos para que abra. Julia no sabe qué hacer, lo primero es ponerse la bata. Haber cubierto su semidesnudez parece que la ha hecho serenarse. Entreabre con tiento la contraventana.

   -Ahora mismo te bajas. Como sigas ahí un minuto más mañana voy a ser la comidilla de toda la ciudad. Por Dios te lo pido, Toni, vete.

   -Tranquila, paloma mía, solo quiero recordarte que mañana por la tarde te espero en el merendero de la Curva. No me falles, corazón, o me tiro al río –dice con una sonrisa, tras lo cual desciende.

   Esa noche, Julia es incapaz de dormir. Su mente se ha convertido en una noria en la que dan vueltas sin parar las sensaciones experimentadas en la trastienda de la droguería. Lo que más la perturba es el beso y el efecto que le ha causado, más que efecto ha sido una reacción tan desmedida de su cuerpo como no recordaba. El hecho de haberse mojado no se aparta de su mente. ¿Me habré enamorado? ¿Es así como se reacciona cuando uno se enamora?, se pregunta. No tiene respuesta puesto que una sensación así jamás la ha vivido. Lo que resulta patente es que Toni le atrae, pero es una atracción ante la que se siente tan temerosa como excitada. Y Toni, ¿también debe sentir lo mismo por mí?, vuelve a preguntarse. Recuerda sus palabras, dichas con tanta convicción como apasionamiento: que le tiene loco, que para él es la mujer más maravillosa del mundo, que está siempre presente en su pensamiento, que…, todo eso solo se le dice a la persona a la que uno quiere, piensa. Pero un nubarrón no deja de sobrevolar sus evocaciones, también le han llegado chismes sobre el proceder del joven. Lupe le ha contado que tiene fama de mujeriego y de que es capaz de cualquier trapisonda con tal de conseguir el favor de una mujer y, lo que es casi peor, que acostumbra a jactarse de sus conquistas con los amigos. ¿Solo seré una conquista más para él o de verdad está enamorado de mí? Me ha llamado paloma mía, ¿considera que ya soy suya, solo por besarme? No puede seguir pensando, su razón va por un camino y sus sentimientos por otro. Continúa sintiendo unas sensaciones tan agradables como perturbadoras. Clareando la mañana, sus ojos se cierran.

   Se despierta cuando oye golpes en la puerta, es Pilar que la espera para desayunar antes de ir a oír misa a las Carmelitas Descalzas. Se mira en el espejo, se ve pálida y desmejorada, pero el mejor indicador de que ha pasado una noche en duermevela son sus profundas ojeras. Aunque no es partidaria de coloretes y potingues, se maquilla para eliminar en lo posible las ojeras y darle un poco de color a sus mejillas. Tras el desayuno, aparece Julio que, como todos los domingos, las escoltará hasta el convento. Julia sigue silente y cuando le preguntan algo contesta con brevedad, su cabeza continúa estando en otra parte. Teme que de un momento a otro aparezca Toni y no va a saber cómo recibirle y como compaginar su presencia con los Carreño, pero al galán no se le ve por ahora. En un momento del santo oficio Julia se da cuenta de que, medio escondido tras una columna, Toni le está haciendo señas, el índice de su mano derecha señala a su mano izquierda con los cinco dedos extendidos y hasta cree entender lo que está diciendo sin palabras: te espero a las cinco.

   Al salir del convento, Julia, con el corazón en un puño, mira a todos lados. Es consciente de que a Toni le sobra atrevimiento para acercarse a ellos y… ¡Dios sabe qué puede hacer o decir! Se tranquiliza al no verle. Durante el aperitivo, primero, y el almuerzo, después, la muchacha no piensa en otra cosa: ¿ir o no ir a la Curva?, si va ¿qué puede pasar? Tal y como ha demostrado Toni presiente que es capaz de todo… y si la vuelve a besar…, si la vuelve a besar teme que no sabrá controlarse y…

   -Julia, hija, estás como ausente. ¿Te pasa algo?

   -No, Pilar, es que he pasado una mala noche y apenas si he dormido. Por eso estoy un poco alicaída.

   -Igual es una bajada de tensión, ¿te pido una copita de licor carmelitano para animarte? –se interesa, solícito, Julio.

   -No, gracias. Lo que haré será echarme un poco al llegar a casa, a ver si recupero algo de sueño.

   En su habitación, lo último en lo que piensa Julia es en dormir. Sigue debatiéndose entre ir o no al merendero. Con el paso de los minutos parece serenarse y comienza a razonar. Si va, no sabe lo que puede ocurrir, de Toni espera cualquier cosa. Si no va, el joven posiblemente se enfadará y, si lo hace, igual no vuelve a verle. ¿Podré soportar no volver a verle?; y si estoy enamorada de él, algo que todavía no soy capaz de discernir, ¿me veré con fuerzas para renunciar al hombre que hace que mi corazón lata tan aprisa que parece que se me va a salir del pecho? Hasta que un ramalazo de sensatez le señala la respuesta: no puede ir, no debe ir, no es razonable ir. No puede ir porque intuye que no sabrá controlarse. No debe ir porque va contra la costumbre imperante que una joven de buena reputación vaya sin pareja o sin otras chicas a un sitio donde hay baile. No es razonable ir porque yendo puede perder más que ganar.

   Tomada la decisión, los nervios comienzan a ceder y sus razonamientos pasan a ser más lúcidos. Y reflexiona que lo realmente importante no es si ir o no al merendero. Lo verdaderamente esencial es descubrir si está o no enamorada de Toni. Cierto es que el joven le gusta, le atrae, la excita, pero… ¿gustar, atraer y excitar son sinónimos de querer? ¿Esas sensaciones son suficientes para sentirse enamorada? Piensa que desde el momento en que está analizando lo que le ocurre el enamoramiento es, como poco, dudoso. Y recuerda la frase de un pensador francés que en alguna ocasión le ha escuchado a doña Pilar: el corazón tiene razones que la razón no entiende. ¿Será eso lo que me pasa?, ¿que mi corazón va por un lado y mi razón por otro? Tras mucho meditar desiste, sus sentimientos siguen siendo confusos y no encuentra en ellos una respuesta concluyente.

   Puesto que por el camino emprendido es incapaz de encontrar una explicación que le aclare el torbellino de sensaciones y sentimientos que experimenta, opta por cambiar de método de exploración y se obliga a un profundo examen de introspección, pero dejando los sentimientos aparte, si es que es capaz. Y decide aplicar uno de los métodos que le ha enseñado su maestra. Diseña un cuadro de doble entrada: en el eje de las ordenadas hace tres apartados marcados con un + (rasgo positivo), un - (negativo) y un ? (dudoso). En el eje de las ordenadas va escribiendo los rasgos a considerar en ¿su pretendiente?: físico, inteligencia, carácter, seriedad, simpatía, educación, afabilidad, honradez, palabra, capacidad para ganarse la vida, ¿será buen marido?, ¿será buen padre?, ¿me tratará como reina o sierva?, ¿sabré lo que piensa con solo mirarle?... No puede seguir porque alguien llama quedamente a la puerta.

   -¿Sí?

   -¿Has podido descansar? –es Pilar quien pregunta.

   -No todo lo que debía, pero algo sí. Estaba haciendo una lista de cosas que tengo que hacer mañana –se disculpa Julia, guardando papel y lápiz en el cajón de la mesilla de noche.

   -¿Te apetece echar unas partiditas?, así te distraes. Ha venido Etelvina y somos cuatro.

   Julia piensa que lo que menos le apetece ahora es jugar al parchís, pero Pilar, seguramente sin proponérselo, ha acertado en algo, necesita distraerse, necesita rebajar la tensión anímica que le ha provocado tanto pensar en el problema encarnado en Toni Cortés.

   -Buena idea. Me arreglo un poco y ahora bajo.

   En las dos primeras partidas, suelen echar tres, Julia está totalmente descentrada, deja pasar varias oportunidades de escapar a la amenaza de las fichas de los rivales y no sabe colocarse en las casillas adecuadas para, si tiene fortuna con el dado, poder matar fichas de los demás. En un receso del juego en que se quedan solos, Julio le dice:

   -Julia, bonita, daría la isla de Cuba, si fuera mía, para saber en qué piensas.

   -No pienso en nada. ¿Por qué lo dices?

   -Porque estás con nosotros, pero tu cabeza está a mil leguas de aquí.

   -No, lo que pasa es que sigo estando un poco cansada.

   -Lo que tú digas, pero te conozco demasiado bien y sé que esa cabecita tan bien amueblada que tienes está ¡Dios sabe dónde!, pero desde luego no en la partida. De todas formas, tranquila, tu secreto, el que fuere, está a buen recaudo conmigo. Y si en algo puedo ayudarte, sabes que siempre puedes contar conmigo.

   Que atento y afable se ha vuelto Julio. Me trata como si fuera su hermana pequeña, se dice Julia. Y por un momento piensa que acaso sería oportuno contarle lo que le pasa, seguro que sabría aconsejarla bien… Pero loca, se dice, ¿cómo le vas a pedir que te aconseje sobre Toni si aún espera que le contestes a su declaración? Y por asociación compara a ambos hombres. No tiene claro quién gana y quién pierde en la confrontación, por lo que decide que, en el inconcluso cuadro que está confeccionando incorporará también a Julio, quizá eso le ayude a clarificar sus sentimientos por Toni. Quizá la introspección le sirva para dilucidar lo que le ocurre.

       

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 110. Es de vidrio la mujer

 

viernes, 3 de septiembre de 2021

Libro II. Episodio 108. Gavilán y paloma

 

   La chinata anticipa a Pilar y Julio que el próximo domingo irá a merendar a casa de los Quirós, pero añade una coletilla que al mañego le suena a música celestial: no va a aceptar más invitaciones de la burguesía local. Julio piensa que todavía no la ha perdido, por tanto le quedan cartas por jugar.

   En la reunión de los Quirós, Manolo no es uno de los músicos que amenizan el sarao, su puesto de violinista lo ha ocupado una jovencita que Julia no conoce. Al no estar obligado a entretener a los demás, Manolo puede bailar varias piezas con la chinata quien aprovecha para tirarle de la lengua, quiere que el joven le cuente sus anhelos, temores, frustraciones…, pero el chico sigue tan parco de palabras como siempre. Da la impresión que se conforma con mirarla, eso sí a hurtadillas. Julia se reafirma en que el joven es un buenazo, pero pobre de espíritu, como lo calificó Maribel.

   Hacia el final de la reunión, la anfitriona presenta a Julia a uno de los asistentes al que no conoce.

   -Julia, Juan Antonio Cortés, que se muere por conocerte. Toni –dice Maribel dirigiéndose al joven-, Julia es amiga mía, por consiguiente debes portarte con ella como un caballero y no como acostumbras, ¿de acuerdo?

   Juan Antonio, a quien todos llaman Toni, parece ser todo lo contrario que Manolo, es atrevido como él solo, tiene gran desparpajo e igualmente es de los que saben qué susurrar al oído de una jovencita. A Julia le hace tilín desde el primer baile. Cierto que el joven es apuesto, se desliza por la pista como un consumado bailarín y su risa es contagiosa. No es el más guapo del sarao, pero emana un halo de virilidad y audacia capaces de encandilar a la moza más aguerrida. Toni se las arregla para que la chinata le conceda las últimas piezas y al terminar la última le musita al oído:

   -En este sarao de damiselas estreñidas, cargadas de prejuicios y más cursis que un repollo con lazo, tú eres como una luz que brilla en las tinieblas. Ahora que te he conocido tendré que esforzarme mucho para que te acuerdes de mí. Mañana mismo, estaré esperándote cuando salgas de la tienda para acompañarte. Palabra de caballero –Dado que es el último baile y que Julia es reclamada por Maribel, la joven no tiene oportunidad de responder a las atrevidas palabras de Toni.

   Al regresar a casa, escoltada por un mustio Manolo y uno de sus amigos, Julia no puede borrar de su mente la estampa del audaz Toni. Entiende ahora el significado de la expresión popular de que alguien te alegra las pajarillas, el apuesto Toni es de esos, piensa la joven.

   El lunes por la noche, como suele hacer cuando los días son cortos y la noche llega presta, Pilar se acerca a la tienda para que Julia no regrese sola a casa. Hoy les aguarda una sorpresa, al salir del establecimiento se les acerca un hombre que galantemente se destoca para saludarlas.

   -Buenas noches nos dé Dios, ¿me permiten que les acompañe? A estas horas es aconsejable que unas damas lleven a un caballero que las escolte –El caballero en cuestión es Toni Cortés.

   Julia al verle se ha puesto nerviosa y ligeramente colorada y mira al hombre con una mezcla de alegría y vergüenza. Cuando se repone, y tras saludarle, lo presenta a la maestra.

   -Doña Pilar, Juan Antonio Cortés, un amigo de los Quirós. Doña Pilar es mi maestra y vivo con ella –explica Julia.

   -A sus pies, señora –y Cortés besa la mano de Pilar. Acto seguido, y de la manera más natural, se pone al lado de Julia-. ¿Qué camino suelen tomar?

   Durante el trayecto, Toni no deja de hablar, aunque lo hace de manera comedida y respetuosa. Cuando llegan a casa de Pilar, se despide de ellas con un:

   -Que tengan buena noche y hasta mañana, si Dios quiere.

   En cuanto entran en casa, Pilar no puede reprimir su curiosidad.

   -Y ese buen mozo, ¿quién es?

   -Le conocí ayer en la merienda de los Quirós. No le había visto hasta entonces.

   -¿Le conociste ayer y hoy se presenta para acompañarte?, muy atrevido es el mozo –apunta Pilar.

   -Sí que es un poco atrevido, pero parece un chico muy correcto.

   Al día siguiente se repite la escena. Toni acompaña a las dos mujeres hasta la casa y se despide con un galante sombrerazo, porque el joven gasta sombrero y no boina o gorra como es costumbre en el pueblo. Su comportamiento es un modelo de galanura y buenas maneras, pero hay algo en su forma de ser y, sobre manera, de mirar a Julia que inquietan a Pilar. La mira como supone que los gavilanes deben mirar a las palomas, como a presas potenciales. Quizá por eso, como el viernes y el sábado Pilar no va a poder recoger a la muchacha, piensa que no sería bueno dejarla a solas con un chico tan atrevido. De la tienda a casa es un trayecto corto y van por calles relativamente concurridas, pero… Tras meditarlo, opta por buscar un recambio.

   -Julio, hijo, he de pedirte un pequeño favor. Ni el viernes ni el sábado podré ir a buscar a Julia al cerrar la tienda. En los últimos días la suele esperar un chico que se comporta correctamente, pero me quedaría más tranquila si también la acompañaras. ¿Te importa?

   El viernes, Julio sale un poco antes de su tienda para ir a recoger a Julia como le ha pedido su madre. Mientras se acerca a la droguería del Bisojo, piensa en ese joven tan audaz -¿un posible pretendiente?-, que está acompañando a la chinata desde hace unos días. Su madre solo le dijo su nombre: Juan Antonio Cortés, pero ha procurado saber más del mozo. Y lo que le han contado no le ha gustado ni pizca. Toni es hijo único de una familia de buen pasar. Su padre es el jefe de la estación de Plasencia-Empalme, un empleado en definitiva, pero su madre tiene buenas fincas en las vegas del Jerte. El padre, que pasa por ser hombre cabal, quiso que estudiara y a trancas y barrancas el chico se hizo bachiller. Luego lo envió a Madrid para que cursara la carrera de ingeniero de caminos, canales y puertos. El muchacho estuvo dos años en la capital del reino dándose la gran vida, pero ni siquiera llegó a aprobar el ingreso en la escuela. Su padre se cansó y le llevó de vuelta a Plasencia; desde entonces no hace más que vaguear, gastarse los cuartos que a escondidas le da su madre y perseguir a las jovencitas que se le ponen a tiro. Incluso se murmura que sí dejó preñada a una criada y que se negó a casarse con ella. Sus padres arreglaron el desaguisado como suele hacerse cuando no se repara la honra con el matrimonio, tirando de dinero. Esta última habladuría, aunque no ha podido confirmarla, es la que más desasosiega a Julio.

   Cuando el mañego llega a la tienda, Toni ya está en la puerta esperando la salida de Julia. Ambos hombres se miran al cruzarse, mirada que es de curiosidad en el joven y de prevención en Julio.

   -Hola, Julio, ¿cómo tú por aquí? –pregunta, sorprendida, la joven.

   -Buenas noches, Julia. Vengo a petición de mi madre para que no regreses sola, ella tiene algo que hacer.

   -Te lo agradezco, pero no tenías que haberte molestado. No sé por qué a tu madre le ha entrado la manía de que es peligroso que a estas horas de la noche ande sola por ahí, como si fuera una niñita. Además, tengo quien me acompañe, el joven que habrás visto junto a la entrada es un amigo que desde hace unos días viene a acompañarme hasta casa. Por consiguiente, si quieres puedes volverte, no corro ningún peligro.

   Julio está en un tris de soltar: precisamente si estoy aquí es porque el peligro es él, pero no lo hace.

   -Me parece muy bien que tengas acompañante, pero ya conoces a madre, como se entere que no he cumplido su encargo me la puede montar parda. O sea, que esta noche y mañana en lugar de un acompañante vas a tener dos. Vas a ser la damita mejor escoltada de la ciudad.

   En el recorrido hasta casa, ambos hombres rivalizan en ingeniosidad y galantería. Julia, que va en medio de ambos, disfruta como una adolescente al verse tan requerida. Cuando ambos galanes se separan, Toni lo hace con una mueca irónica y Julio con el ceño fruncido. El mañego piensa que el figurín de Toni se lo va a poner difícil, reconoce que es un guapo mozo y diez o doce años más joven, lo que no tiene arreglo, pero está dispuesto a pelear por Julia hasta el último aliento. Toni, en cambio, no se molesta ni un segundo en pensar en el droguero, le ve demasiado viejo para ser un rival.

   Al atardecer del sábado, y antes de la hora de cerrar la tienda, Julia recibe una visita que no esperaba.

   -Julina –le dice Lupe con una sonrisa picarona-, en la trastienda hay un chico que dice que le  esperas.

   Julia, sorprendida, se mete en la trastienda. Repantigado en una silla está Toni fumando un cigarrillo.

   -¿Qué haces aquí? Deberías estar fuera, aquí no puedes estar, me comprometes.

   -No he tenido más remedio, paloma, no hay manera de hablar contigo a solas. Desde el baile de los Quirós no he podido estar ni un segundo a solas contigo para decirte que me tienes loco, que eres la mujer más maravillosa del mundo y que no hay un momento del día que no estés presente en mis pensamientos. ¡Que estoy chalado por tus huesos, ea!

   Al oírle, la chinata se pone colorada como un pimentón y temblorosa como un flan. Las piernas le flaquean y tiene que apoyarse en una repisa para mantenerse erguida.

   -Pero qué dices, loco, que eres un loco…

   -Nunca dijiste mayor verdad, soy un loco… por tu culpa, por esos ojos que quisiera verlos más amorosos, por esa boca que me muero por comérmela a besos, por ese talle que quisiera estrechar entre mis brazos, por…

  -¡Haz el favor de callarte, Toni…, por Dios te lo pido! –exige Julia con una voz que le sale ronca pues su corazón palpita como el de un caballo desbocado- ¿No comprendes que estando aquí puedes manchar mi honra? Márchate, te lo ruego.

   -Antes has de prometerme que el domingo vendrás conmigo al merendero de la Curva. Rabio por tenerte otra vez entre mis brazos, paloma –Y sin dar tiempo a la reacción de la muchacha, la enlaza por el talle y la besa apasionadamente; el beso, su primero, es tan largo y profundo que a Julia le falta el aire.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 109. El corazón tiene razones que la razón no entiende

viernes, 27 de agosto de 2021

Libro II. Episodio 107. Un pretendiente pobre de espíritu

   En la merienda en casa de los Escalante, Manolo del Pino le dice a Julia que es diferente de las otras jóvenes y que por eso le gusta.

   -Bueno, es lógico que me veas diferente –responde Julia-, es que realmente lo soy: trabajo para ganarme la vida, soy pueblerina, no pertenezco a vuestro mundo y supongo que debe haber muchos más aspectos que me hacen distinta de las chicas con las que debes tratar habitualmente….

   -Permíteme discrepar, por lo que me han dicho tu familia es bastante rica y si trabajas es porque quieres, lo que tiene más mérito todavía. Y serás de pueblo, pero ni por tus modales ni por la forma de expresarte lo pareces, y en cuanto a lo de mi mundo, ¡qué quieres que te diga! La mayor parte de las chicas que nos acompañan es cierto que pertenecen a familias más o menos ilustres, pero la mayoría son unas ignorantes que nunca leyeron un libro y que no tienen otra conversación que charlar sobre el vestido que llevan o de que marca es la crema que usan para desmaquillarse. A su lado tú pareces una académica de la lengua.

   La comparación ha suscitado la risa de Julia que comienza a mirar con simpatía al joven. Pues no es tan sosaina como parecía, piensa la chinata. Y como confirmando su apreciación, Manolo le pide algo que no esperaba.

   -Me han dicho que los sábados sueles salir de la tienda un poco tarde, ¿me permites que te espere para acompañarte a tu casa y así no vas sola?

   Julia se queda mirando a Manolo para intentar descifrar si lo dice en serio o solo es una forma de quedar bien, pero el rostro del joven no muestra ningún signo de hablar de chacota.

   -Los sábados suele venir a recogerme doña Pilar, en cuya casa sabes que vivo, y por tanto no regreso sola.

   -Ah, si vas acompañada entonces…; por cierto he oído elogiosos comentarios sobre doña Pilar, al parecer es muy buena maestra.

   -Lo es, la mejor que he tenido con diferencia.

   -Otra cosa, ¿a qué parroquia vas a oír misa los domingos?

   -Suelo ir con doña Pilar al convento de las Carmelitas Descalzas, aunque no es nuestra parroquia. ¿Por qué lo preguntas?

   -Solo por curiosidad. Perdona, me llama Cristina, les falta uno para el juego de las sillitas.

   La tarde del día de Reyes discurre plácidamente en casa de los Escalante. Julia se lo está pasando bien, aunque alguno de los juegos le ha parecido demasiado infantil para gente de su edad, pese a ello los asistentes juegan con un entusiasmo y una dedicación dignos de mejores empeños. La joven piensa que debe ser porque casi ninguno trabaja y en algo han de quemar la energía que les sobra. Si tuvieran que estar ocho horas detrás de un mostrador a buen seguro que no tendrían tantas ganas de despilfarrar en vano sus fuerzas, se dice.

   Al día siguiente, Julia se reintegra a la droguería al igual que hace Julio a la suya. La joven, en los momentos en que no hay clientes, rememora los últimos días y las experiencias vividas. Ha podido observar de cerca la vida de la juventud dorada de la ciudad, al menos de parte de ella, y se dice que no la envidia. Lo de pasar los días pensando solamente en divertirse, en bailes, saraos y reuniones tan intrascendentes como frívolas, le parece que es una tonta manera de malgastar la vida. Se da cuenta que es más feliz detrás del mostrador, atendiendo a las clientes, aconsejándolas sobre qué comprar o cuadrando las cuentas que yendo a bailes y meriendas.

   Julio, como no ha vivido las experiencias de la chinata, piensa en asuntos más prosaicos. Esta mañana está haciendo un rápido balance sobre cómo se han comportado las ventas en la campaña de Navidad y Reyes, y sobre cuál ha sido la marcha del negocio durante los días que faltó por su viaje a Mallorca. Sobre la campaña, las cuentas son razonablemente buenas, aunque piensa que podían haber sido mejores. En cuanto a su ausencia, parece que hubo algún problemilla por lo que se reafirma en el viejo dicho: quien tiene tienda, que la atienda, y si no, que la venda. Conclusión: ausencias, las imprescindibles.

   Como tantos sábados al anochecer, Pilar se ha pasado por la tienda del Bisojo para acompañar a Julia de vuelta a casa. Al salir, la joven se apercibe que al amparo de la penumbra de un portal cercano hay un hombre atisbándolas. En un momento en que el desconocido se mueve descubre que el mirón no es otro que Manolo del Pino. Julia no dice nada, sonríe y se cuelga del bracete de la maestra. ¡Vaya con Manolo!, piensa.

   Al día siguiente, domingo, Julio se pasa por casa de Pilar para recoger a ambas mujeres y acompañarlas al convento de las Carmelitas Descalzas donde oyen misa. En el instante de volverse para dar la paz a los fieles que están tras ellos, Julia ve, apostado tras una columna lateral, a Manolo. Al terminar el oficio religioso, la joven se pregunta: ¿me abordará o no se atreverá a acercarse al verme acompañada? Así ocurre, solo ve al chico alejándose, lo que no deja de decepcionarla. ¡Lástima!, me hubiese gustado presentarle a Pilar y a Julio, se dice.

   A medio día comen los cuatro, pues han invitado a Etelvina, en un restorán dado que Julio, tras mucho insistir, ha logrado que su madre ceda y casi todos los días festivos almuerzan fuera de casa. Cuando salen, Julio compra unos claveles a una gitana y los reparte entre las damas. Un regalo cada día, se dice, aunque sea un modesto clavel reventón. Por la tarde se echan las acostumbradas partidas de parchís, con un descanso mediada la sesión para merendar churros con chocolate. Julia piensa que no se ha divertido menos que en las meriendas de la burguesía placentina. Quizá es que estoy más hecha a esto que a la vida de las clases altas, se dice.

   El lunes, el mozuelo que desde hace poco Julio emplea como chico de los recados trae un paquete a la droguería del Bisojo.

   -Señorita Julia –El mañego ha dado orden de que así es como hay que tratarla, nada de tuteos ni de tía-, es el paquete con los artículos que había pedido a don Julio. Y me ha dicho que se lo entregue personalmente.

   -Gracias, chico.

   Julia abre el paquete, encima de todo hay una nota que envuelve un capullo de rosa. La nota dice: Para la droguera más bonita y encantadora de toda Extremadura. J. Detalles tan nimios como el presente son los que están haciendo el papel de la gota china –y no malaya como a veces se dice- que va horadando, gota a gota, la indiferencia de la chinata hacia el mañego.

   El jueves, Begoña Escalante, acompañada de Maribel Quirós, se presenta en la tienda del Bisojo. En principio para comprar algunos artículos de la sección Pour la femme que, siempre que puede, atiende personalmente Julia.

   -Huy, Julia, cada día tienes una gama más amplia de productos. ¿Qué color de labios crees que me favorece más? –pregunta Begoña.

   -Así que te tiras aquí ocho horas al día. Tiene mérito, sabes. No todas lo aguantaríamos –comenta Maribel.

   Tras las compras, las dos jóvenes acaban revelando el verdadero motivo de su visita. Están organizando para el próximo domingo otro sarao en casa de los Quirós y han venido a invitarla.

   -Pero Juanjo, ¿no se ha vuelto ya a Madrid? –inquiere Julia pensando que es el joven Quirós quien está detrás de la invitación.

   -Juanjo sí, pero Manolo del Pino, no –contesta Maribel a bote pronto.

   -Si no vienes se va a llevar un disgusto de muerte, ¡y tiene tan pocas satisfacciones el pobrino! –comenta Begoña apoyando a su amiga.

   -Parece, Julia, que se ha prendado de ti ¡y de qué manera! Le conozco, le conocemos –rectifica Maribel- desde niño y jamás le habíamos visto tan interesado por una mujer. Hasta hubo un tiempo en que algún mala sombra llegó a esparcir la especie de que si era mariquita, pero no, simplemente es que no había encontrado la mujer de su vida. Y ese momento parece que le ha llegado. No creas que le ayudamos en plan celestinas, las dos le queremos como a un amigo del alma y nada nos gustaría más que verle feliz. Además, darle donde más le duele a doña Carlota es algo que no pensamos perdernos.

   -Vamos a la trastienda que podremos hablar con más libertad –sugiere Julia al ver que Lupe está pegando la oreja.

   Una vez en la rebotica, Julia se explica.

   -Gracias por la invitación, pero tenía otros planes. Y para ser sincera os diré que Manolo me cae bien, es amable, atento, educado…, un chico encantador de verdad, pero… a mí es que no me dice nada, no me da ni frío ni calor, y no voy a ser yo quien resuelva sus penas de amor.

   -Lo suponemos, Julia, ¿pero que te cuesta hacerle un pequeño favor a nuestro común amigo? ¡Tiene tan pocas alegrías! Vienes, meriendas que es lo de menos, bailas unas cuantas piezas con él y le haces feliz para unas semanas, hasta que vuelva a pedirnos que organicemos otro sarao y te volvamos a invitar. Porque supongo que no se te ha acercado.

   Julia les cuenta que ha visto al joven siguiéndola de lejos cuando sale de la tienda, en la misa de los domingos, en las contadas veces que pasea con sus amigas…, pero que nunca se ha atrevido a decirle algo.  

   -Me mira, pero nada más. Me da hasta pena, la verdad, ¿pero qué puedo hacer?

   -De momento, decir que vas a venir el domingo y luego que sea lo que Dios quiera –apunta Maribel con una sonrisa-. Anda bonita, recuerda los evangelios: bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos. Y más pobre de espíritu que Manolo es difícil encontrar otro.

   -Bueno, iré, pero que conste que lo hago por vosotras –responde Julia entre risas-, no es bueno para el negocio desairar a las clientas. Y espero que sea la última. Manolo debe saber que le agradezco en el alma que se haya fijado en mí, pero en los sentimientos no se manda y mi corazón no se altera lo más mínimo cuando le veo. Lo siento, pero así son las cosas del querer.

   -¿Acaso tu corazón ya tiene dueño? –pregunta, curiosona, Begoña.

   -No, está más solitario que una tenia.

   -¡Vaya símil, jamás lo había oído!, me lo apunto –anota Maribel.

   Una vez que me sale un pretendiente es pobre de espíritu, también es mala suerte, piensa Julia.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 108. El gavilán y la paloma