viernes, 2 de julio de 2021

Libro II. Episodio. 99. ¿Otro pretendiente para Julia?

   Consuelo, que también ha llegado al pueblo a pasar las Navidades, le sopla a Julia quien es el pretendiente que parece que le ha buscado la madre.

   -Se trata de un Granados, una de las familias de mayor abolengo de Mérida. Nadaban en la abundancia, aunque al parecer su hacienda ya no es la que era. Igual has oído hablar de ellos.

  -No, no sé nada de esa familia.

   -Pues mañana vas a conocer al último de los Granados, mejor dicho a los dos últimos; el padre, un tronao que se ha pulido las últimas propiedades que les quedaban y el hijo que, por lo que me han contao, es un chiquilicuatre que no te llega ni a la suela del zapato.

   -Tú que tienes más experiencia en cortejos arreglados por la familia, ¿qué me aconsejas? -pregunta Julia que ya está decidida a no aceptar a Julio.

   -Pues que tienes más suerte que yo, todos los pretendientes que me buscó madre eran unos malasombra a cual más garrulo. El que mejor apariencia tenía era Luis, y ya ves cómo ha salido. Pero a ti te ha buscao uno que, aunque no le conozco, por la familia que viene debe de ser cosa fina.

   -Sigues sin aconsejarme, Consuelo –se lamenta Julia.

   -Y no lo voy a hacer. Demasiado caro me costó aprender que en las cosas del cariño no debe entrometerse nadie. Tendrás que ser tú, y solo tú, la que deberás decir la última palabra. Y un consejo: no dejes que nadie te coma el coco.

   En cuanto Julia ve a la tía María metida en la cocina, sabe que se prepara una comida fuera de lo usual. Su madre, muy solícita, le cuenta que van a tener invitados el día de San Esteban y le ruega que les trate con la educación y la cortesía que se le supone a una bachillera.

   -Vienen a comer don Juan José Granados y su único hijo, Antonio Jesús. Son una de las familias de más ringorrango de Mérida. Se cuenta que un antepasao suyo luchó en la reconquista de Graná, de ahí cogieron el apellio. Al chico le hace ilusión conocerte pues le han contao que en to el pueblo no hay una moza más fina y educá que tú. Por favor, Julina, ponles buena cara y muéstrales que ties modales. No te pido más -Los años no han pasado en balde, piensa Julia, madre se ha amansado y ya no es tan mandona como era antes, ahora hasta pide las cosas por favor.

   Granados padre, don Juan José como ceremoniosamente le llama la señora Soledad, es un sesentón anguloso todavía con buena facha, aunque no puede esconder las huellas de una vida disipada. Tiene una calvicie de herradura que intenta disimular peinándose de través los largos pelos laterales. Su hijo, Antonio Jesús, al contrario que su progenitor, es robusto tirando a obeso, rubito, tiene ojos de un azul desvaído y gesto de hastío como si aquello no fuera con él. Durante la comida es Granados padre quien acapara la conversación y apenas si deja meter baza a nadie. El hijo, en cambio, permanece silente, solo de vez en cuando echa alguna mirada de soslayo a Julia y cuando ha visto que la joven también le observa ha desviado la mirada. Terminando el segundo plato, Juan José se dirige a Julia por primera vez.

   -Así que trabajas en una droguería. ¿Estás a gusto?

   -Sí, don Juan José, me encuentro muy a gusto.

   -Mire usté si es lista y espabilá que a los cuatro días de emplearla el dueño la hizo encargá –informa Soledad sin que parezca que ello impresione a Granados.

   -Y si algún día te casas, ¿piensas seguir de empleada? –sigue preguntando don Juan.

   -Depende –es la cautelosa respuesta de Julia que, como ve que a Granados no le ha gustado nada su contestación, agrega-: Depende de con quien me case, de lo que mi marido espere de mí y de lo que yo crea más pertinente.

   Julia caza la mirada de su hermana Consuelo que parece aplaudirla con las orejas. En cambio, su madre ha arrugado el ceño y la tía María la mira consternada. Sin embargo, la mirada de Granados es una mezcla de perplejidad y un punto de admiración.

   -¿Sabes tocar el piano? –Es la siguiente pregunta de Granados padre.

   -No, don Juan José, no tocó el piano, pero si se rasguear la guitarra y me apaño bien con las castañuelas.

   -Interesante –apostilla Granados que no vuelve a dirigirse a la joven en todo el almuerzo.

   Termina el ágape sin que nadie haya hecho mención a un posible cortejo. El joven Granados sigue sin decir nada, solo algunas palabras de cortesía o escuetos monosílabos cuando se le ha preguntado. Da la impresión que todo aquello le está aburriendo. Solamente al despedirse, Antonio Jesús se dirige a Julia para decirle algo que al principio la muchacha no entiende.

   -Espero verte pronto en Plasencia.

   Tras despedir a los Granados, en cuanto encuentra un momento propicio, Julia exige a su madre que le cuente si la visita de tan ilustre familia tiene algo que ver con ella. Al principio la señora Soledad se resiste, pero ante la insistencia de su hija no le queda otra que cantar la gallina.

   -Verás…, don Juan José anda buscando para su hijo una joven que esté a la altura de su casta. Antonio Jesús es el último de los Granados y su padre quiere casarlo con una mujer educá, culta y, porque no decirlo, que tenga el riñón forrao. El chico será quien herede un apellio que está en la Historia de España y además toda la fortuna familiar. Y se ve que alguien le habló de ti y de nuestra familia. Y ha venio a conocerte -Julia presiente que su madre sabe más, pero no logra sacárselo. Bueno, se dice, de momento no queda otra que esperar y ver.

  Mientras, en Palma, Julio lo está pasando francamente bien. La pequeña tienda con la que Chimo inició su aventura comercial ha devenido en un establecimiento sito en el lugar de encuentro entre el puerto y el acceso al centro de la ciudad, repleto de suvenires, productos típicos y objetos de bisutería. La mayoría de artículos están anunciados en inglés y francés, y algunos hasta en alemán. Chimo cuenta con dos dependientas que se defienden en los dos primeros idiomas. Según cuenta el morellano, que no ha perdido un ápice de su empuje empresarial, el negocio marcha a pedir de boca y está preparando una ampliación. Piensa montar una nueva tienda en Calviá, pueblecito cerca de Palma y donde se concentra el turismo extranjero que es el filón de sus mejores clientes.

   El primer día ambos amigos se han contado los principales sucesos que les han ocurrido en la última década, especialmente en el terreno sentimental. Chimo ha tenido varios affaires, generalmente con extranjeras, que no han ido a más. Ahora, desde hace poco más de un año, está cortejando a una joven de una familia burguesa local, también del comercio, con la que tiene la intención de casarse a mediados del próximo año. Se la presentará en cuanto tenga ocasión. Julio le cuenta su enamoramiento de Julia y como el no saber si es correspondido le lleva por la calle de la amargura.

   -Al final encontraste tu pomelo –apostilla Chimo en recuerdo de una metáfora que le contó cuando rompió con Consuelo.  

   -Pues no te he contado lo mejor: Julia es la hermana pequeña de Consuelo.

   -¡Coño, eso sí que es bueno! Estabas predestinado a terminar con una Manzano. Y hablando del rey de Roma, ¿qué fue de tu exnovia?

   Julio le cuenta brevemente la historia de cómo le dejó Consuelo, pero como lo que le tiene en un sinvivir es Julia, vuelve a ella.

   -Y tú, ¿qué harías con Julia?

   -Chico, es que tus amores son volcánicos. Cuando te da, te da de verdad. No sé muy bien qué aconsejarte, pero por decirte algo te diré que en tu lugar seguiría insistiendo. No te des por vencido, recuerda lo que se dice: el que la sigue la consigue.

   Como Palma Julio la conoce bien, no en vano vivió en ella tres años, Chimo ha planeado excursiones al resto de la isla, para lo que ha alquilado un carricoche tirado por una briosa yegua. Donde primero van es a Sóller, pintoresco pueblecito de la costa noroeste y que tiene un puertecito bien resguardado, al que llegan a través de una estrecha carretera que zigzaguea atravesando la Sierra de Alfabia. El segundo viaje es a la Sierra de Tramuntana, donde le lleva a visitar la Cartuja, famosa desde que en ella pasaron un invierno Chopín y George Sand. La tercera ruta les lleva a las Cuevas del Drach, sitas en Porto Cristo, término municipal de Manacor, y que guarda uno de los lagos subterráneos más grande del mundo que cruzan en barca. Chimo dice de visitar otras cuevas ubicadas en Artá que cuentan con enormes laberintos de pasadizos, quebradas y galerías, pero Julio no es un entusiasta de las grutas y declina la invitación. Lo que sí hace el mañego cuando Chimo le lleva a Inca es aprovechar que en la ciudad hay una pujante industria peletera para comprar regalos destinados a sus seres queridos. A su madre le compra unos guantes y unos zapatos de piel; a Julia unos botines de medio tacón y una estola de zorro para abrigar el cuello y los hombros; a Etelvina, otros guantes como a su madre. Hasta se acuerda de sus empleados, para Antonina le lleva un bonito bolso y para Argimiro un cinturón con una trabajada hebilla. Finalmente, compra una cartera repujada, para llevar papeles y documentos, que allí mismo se la ofrece a Chimo. Tenían proyectado un quinto tour a Formentor, el entrante de tierra más septentrional de la isla y en el que algunos acantilados del cabo alcanzan los trescientos metros por lo que la panorámica que se vislumbra desde ellos es espectacular, pero al final desisten de hacerlo y prefieren dedicar el tiempo que resta a Palma.

   Chimo presenta su novia a Julio, cuya relación cuenta con el beneplácito de la familia de la joven. Es una mallorquina de veintipocos años, de pelo negro, rostro agradable y carácter reposado y discreto. A Julio le cae bien y congenian rápidamente. La familia de la novia invita al mañego a celebrar, junto a Chimo, las festividades navideñas con ellos, lo que le hace evocar la primera Navidad pasada en Palma en compañía de su paisano Agustín, su novia Roser y la amiga de esta, Dolors. Todavía tiene grabada en la piel el tórrido romance que mantuvo con Dolors. ¿Qué se habrá hecho de todos ellos?, se pregunta Julio.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 100. El vestido de noche

 

viernes, 25 de junio de 2021

Libro II. Episodio 98. ¿Qué tramará madre?

   Desde su vuelta de Cáceres, donde acudió a la consulta de un especialista en enfermedades venéreas, Julio no ha vuelto a ver a su madre ni a Julia. Se comunica con ellas por medio de notas. La excusa que sigue manteniendo es que su comportamiento es el más idóneo para no incomodar a Julia con su presencia. Hay un problema a la vista que el mañego no sabe cómo resolver: la Navidad de 1901 está al caer y si hay una fiesta familiar por excelencia es esa. Piensa que lo mejor será pasarla fuera de la ciudad. Se le ocurre que podría hacer un viaje, hay muchas ciudades del país que no conoce y este sería un buen momento para visitarlas. Baraja la posibilidad de ir al norte, le gustaría conocer Bilbao, San Sebastián, quizá La Coruña, ¿pero qué va a hacer en cualquiera de esas capitales sin conocer a nadie?, aburrirse como un muermo. Además, en el norte y en diciembre debe de hacer frío; las desecha. Luego mira al sur, quizá sea mejor ir a Sevilla, a Málaga o a Cádiz, ciudades en las que posiblemente hará mejor tiempo, pero sigue existiendo el inconveniente de que tampoco conoce a nadie… Hasta que de pronto recuerda que hay una ciudad de clima templado y en la que si conoce a alguien: Palma de Mallorca. Allí sigue estando su amigo de la mili, Chimo Puig, con quien continúa manteniendo contacto por correspondencia y al que parece que los negocios le marchan divinamente. El único problema es que tendrá que viajar en barco, pero ya no es el medroso quinto del 89 que prácticamente nunca había salido de debajo de las faldas de su madre. Ahora ha crecido en todos los sentidos y los viajes, aunque sean en barco, ya no le producen la inquietud de antaño. Decidido, le escribirá a Chimo y le preguntará si le causa algún estorbo que vaya a verle en Navidad. Diez días después recibe la respuesta: el morellano se alegra muchísimo de que Julio le visite y añade que le espera con los brazos abiertos y que vaya encargando el pasaje porque en esas fechas los viajes a la isla están muy concurridos. Haciendo caso del consejo de Chimo, encarga un pasaje, vía telegráfica, Valencia-Palma. Se lleva la primera decepción, los vapores que realizan dicha ruta están completos. Le informan que tiene la opción de ir a Mallorca vía Barcelona en la que además hay vapores diarios. No se lo piensa y cierra el billete, de paso conocerá la Ciudad Condal, aunque sea a vista de pájaro.

   Julio piensa contar a su madre y a Julia por medio de sendas notas que no pasará la Navidad con ellas, como era su deseo. Y se inventa una excusa: su amigo Chimo Puig, del que tantas veces les ha hablado, le ha invitado que vaya a verle a Palma aprovechando las fiestas navideñas, y no ha sido capaz de negarse. Cuando ya tiene redactado el escrito, lo vuelve a pensar. Todas las Navidades de su vida, salvo cuando estuvo en la mili, las ha pasado con su madre y ahora le va a decir en una aséptica nota que este año no será así. Rompe el escrito, su madre merece algo más, irá a verla en un momento en que Julia no esté con ella y para ello lo mejor es visitarla en la escuela.

   -Julio, hijo, que alegría verte. Ven aquí que te doy un beso.

   El mañego se pliega al deseo de su madre, pero solo acerca la mejilla, no se atreve a besarla por si la contagia, aunque el especialista le especificó que la transmisión de la blenorragia solo era a través del sexo.

   -Tenemos que hablar de lo tuyo con Julia, pero no aquí y ahora. Ven a casa cuando ella esté en la tienda o, si lo prefieres, iré yo a verte cuando mejor te convenga.

   -Por supuesto que hemos de hablar, pero eso será en enero. Lo que vengo a decirte es que… -y Julio le cuenta la supuesta invitación que le ha hecho Chimo Puig.

   -Entonces, ¿no estarás conmigo en Navidad? –La desilusión de Pilar es patente-. Si lo haces para no ver a Julia no te preocupes, se va ir unos días a Malpartida con su familia. Exactamente se irá el 23 y volverá el 28.

   -Lo siento, madre, lo siento de verdad. De haberlo sabido no hubiese aceptado la invitación de Chimo, pero ya le mandé un telegrama diciéndole que voy y he encargado el pasaje.

   -Bueno, hijo. Me haré a la idea de que sigues en la mili. ¡Que se le va a hacer!, aunque lo que más me interesa es charlar contigo, sin prisas ni agobios sobre lo tuyo con Julia. ¡Eso sí que es  importante! ¿Y cuándo te vas?

   -Pasado mañana, vía Barcelona, desde Valencia ya no quedaban billetes. Volveré el tres de enero. Y cuando vuelva tendremos esa conversación sobre Julia todo el tiempo que haga falta, te lo prometo.

   Una vez solventada la papeleta de despedirse de su madre, solo le resta dejar en orden los asuntos del negocio. Le explica a Antonina lo que tiene que hacer en su ausencia y que si surgiera algún problema grave que le ponga un telegrama a la dirección de Chimo Puig. La incentiva indicándole que a su vuelta, si todo ha discurrido cabalmente, le dará además del aguinaldo una gratificación aparte. Además, ha ordenado a Argimiro que en su ausencia suspenda la venta ambulante y se quede en la tienda para ayudar en lo que pueda a Antonina.

   -Aunque todavía no conoce todos los artículos y no es un gran vendedor, siempre te podrá echar una mano y, en el peor de los casos, te hará compañía –le explica a Antonina a quien no le ha gustado demasiado el refuerzo que deja su jefe, pues lo ve más como una especie de controlador que otra cosa.

   El viaje hasta Madrid, le hace rememorar a Julio el que hizo hace unos doce años cuando partió a la capital en aquel incómodo convoy militar repleto de quintos que iban a la gran aventura de su vida: la mili. Ahora las circunstancias son muy distintas. Viaja en primera clase del exprés Cáceres-Madrid y, en vez de aquella maleta de madera que encargó su madre al carpintero de San Martín, las dos valijas que lleva son de cuero con cantoneras metálicas y cierres reforzados. Desde la estación de Delicias coge un coche de alquiler que le lleva a la nueva estación de Atocha. Como el trote del caballejo que tira del simón no es demasiado rápido, le da ocasión para, al recorrer el Paseo de las Delicias, la calle de Atocha, la Plaza del Emperador Carlos V y el principio de la avenida de la Ciudad de Barcelona, comprobar el dinamismo de la capital y lo deprisa que está creciendo. En Atocha coge el exprés con destino a Barcelona y, como viajará por la noche, ha reservado un coche-cama. Es su primera experiencia y le decepciona, comparte con otros tres pasajeros un compartimiento que cuenta con cuatro literas, lo que le resta privacidad. Se dice que a la vuelta comprará un compartimiento para él solo, aunque sea más caro. No viaja todos los días y una vez que lo hace aspira viajar a lo grande.

   Le cuesta dormirse hasta que el traqueteo del tren le cierra los ojos. Le despierta el ruido de sus compañeros de compartimiento al levantarse. Le indican que se dé prisa pues están llegando a la Ciudad Condal. En la estación de Sants, coge un coche de alquiler que le lleva al puerto. El recorrido, que calcula que es de unos cuatro quilómetros, le permite ver parte del centro y le gusta lo que ve, le parece una ciudad muy cosmopolita. En ese momento decide que a la vuelta se quedará dos o tres días para explorarla mejor. Además, tiene un par de direcciones de laboratorios de productos químicos y farmacéuticos que piensa visitar por si le ofrecen mejores precios y mayor gama de artículos. En el puerto embarca en el vapor que cubre la línea regular Barcelona-Palma. Esta vez se ha permitido un camarote para él solo que, aunque no es muy grande, le permite la privacidad que no tuvo en el coche-cama. Duerme como un bebé y al alborear el nuevo día comienza a perfilarse en el horizonte el contorno de la isla mayor de las Baleares. Esperando desembarcar localiza desde la cubierta a alguien en el muelle agitando un pañuelo, es Chimo.

   En tanto el mañego arriba a Palma, Julia se ha ido a su pueblo a pasar la Navidad con su familia. Como hace desde que trabaja, lleva a los suyos un montón de regalos. Su madre está especialmente cariñosa con ella y la colma de atenciones, incluso le confiesa, algo que no ha hecho con sus hermanos, que el viudo que la corteja quiere formalizar la relación.

   -Julina estás guapísima, te has hecho toda una mujer. En unos meses cumplirás veinte, ya ties edad de crear una familia. ¿Ties muchos mozos que te rondan?

   -Alguno hay, pero de ahí no les dejó pasar.

   -Lo que ties que hacer es buscarte un buen chico de una familia de posibles pa que no tengas que seguir doblando el lomo. Como han hecho tus hermanas Consuelo y Luisa.

   Pues Luisa no sé, pero lo que es Consuelo apenca de casada lo que no lo hizo de soltera, piensa Julia, pero se limita a sonreír y no replica. En la Nochebuena se han reunido todos los hermanos Barrado y la tía María tras la cena hace un aparte con Julia.

   -Julina, ¿tu madre te ha dicho algo? –al oír la negación de su sobrina le explica-. Está preocupá porque vas por los veinte y nunca has dicho ni mu de casamiento, ni siquiera si tienes algún pretendiente formal. Eres la única hija que le queda sin casar y se ha obsesionao en que no quiere morirse sin verte casá.

   -¿Madre está enferma?

   -Enferma no, pero algo pachucha sí. Te cuento esto porque está buscándote un buen partido como hizo con tus hermanos. Y, por lo último que me ha contao, algo se lleva entre manos. Te voy a pedir un favor muy grande: si te dice que le pongas buena cara a un chico, hazlo aunque no te pete. Dale ese gusto a tu madre y en cuanto pasen unas semanas, si sigue sin gustarte, lo despachas. ¿Lo harás por tu vieja tía que tanto te quiere?

   Julia no pregunta, conoce bien a su madre y mejor a su tía. De la primera sabe que una de sus obsesiones desde que enviudó ha sido encontrar pretendientes de familias con posibles para su prole. De su tía no desconoce que es más ladina que una raposa y que no da puntada sin hilo. Pese a ello, le tiene cariño a su tía María, y promete lo que le pide, aunque no deja de preguntarse: ¿qué tramará madre?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 99. ¿Otro pretendiente para Julia?