Ha comenzado 1892, año en el
que la quinta de Julio Carreño debería ser licenciada. A medida que se acerca
la fecha del final de la mili los bulos, chismes y rumores de la Voz de Capitanía
se disparan. Un día se cuenta que es inminente el licenciamiento y al siguiente
que se va a posponer por tiempo indefinido. Cada vez que surge un rumor Julio pregunta
a su amigo Chimo, que es de los que suele estar bien informado.
-No hagas caso de los
chismes, Carreño. Lo más probable es que nos licencien a fines de abril o
primeros de mayo, cuando cumplamos los tres años de mili. Al menos, es lo que
han hecho
con las últimas quintas.
-Pero ayer mismo me dijo
Salinas que uno de ingenieros sabía de buena fuente que, como en Cuba siguen
los problemas con los insurgentes, se va a demorar la licencia de nuestro
reemplazo para tener más tropas acantonadas por si hicieran falta.
-Ni caso, es un bulo, lo de
la demora, no lo de los insurgentes. Ah, tengo que darte una noticia: he
decidido no volver a Morella, me quedo en Palma.
-¿Y qué vas a hacer aquí sin
conocer a nadie?
-Continuar trabajando para
Carbonero y a medio o largo plazo abrir una tienda de venta de suvenires. No
puedes ni imaginarte el chollo que es la venta de recuerdos típicos españoles.
Cosas que valen unos reales las vendes a duro y te las quitan de la mano. Con
un poco de suerte creo que voy a hacer fortuna con los toreros, las gitanas y
las castañuelas que compran los turistas. Y un consejo de buen amigo: si
quieres hacer dinero, trabaja por tu cuenta; si trabajas para otro nunca harás
fortuna.
En febrero de ese año, su
madre le escribe a Julio contándole que, en la parroquia del pueblo de Consuelo,
así como en la de Luis Campos en Plasencia, se han leído las amonestaciones del
próximo enlace de ambos que se llevará a cabo en la iglesia parroquial de San
Juan Bautista de Malpartida en marzo. Al leer la noticia, el mañego siente como
un pinchazo en lo más hondo. Le sigue doliendo todo lo referente a su exnovia,
la ha querido mucho…, pero al darse cuenta de que ha usado el verbo en pasado
piensa que la herida, que todavía sangra, terminará curándose con el paso del
tiempo. Consuelo Manzano comienza a ser una historia del ayer.
En Plasencia, doña Pilar anda muy atareada,
porque además de su pluriempleo está planeando lo que podría hacer su hijo en
cuanto vuelva de la mili. Piensa que lo primero que tendría que hacer es sentar
la cabeza, buscarse una buena chica, casarse y abrir un comercio. Así se lo
cuenta a la depositaria habitual de sus confidencias, su amiga Etelvina, cuya
respuesta no es la que esperaba la aragonesa.
-Y suponiendo que encuentre
esa buena chica y que se casen, ¿de qué van a vivir?
-Tengo buenos ahorros de mi
trabajo con el tío Dimas y Julio creo que también se vendrá de Palma con
algunas pesetillas.
-¿Y cuánto le van durar, unas
semanas, unos meses… y luego qué?
-Hija, parece que no quieras
que el chico siente cabeza –se queja la aragonesa.
-No es eso, Pilar. Sabes que
si hay una persona que desea más que nadie ver bien casado a tu hijo soy yo,
pero has de ser realista y creo que lo primero en que debería pensar Julio es
en buscarse un trabajo con el que poder llenar el puchero todos los días.
-Ya sabes que estamos pensando
montar un comercio y si lo hace podrá ganarse la vida.
-Me has hablado mil veces de
lo del comercio, pero todavía no he oído de qué será. Hazme caso, lo primero es
buscar un empleo al chico. A poco que gane, y con lo que tú le sacas al Bronchales,
podríais vivir con desahogo, y mientras buscar esa buena chica para casarse y
determinar la clase de negocio que podría abrir.
Etelvina acaba convenciendo a
su amiga y la aragonesa se pone a ello: buscar un trabajo para su hijo. Los
muchos favores hechos por su relación con el Bronchales le ponen en bandeja la
solución. Ha hecho correr la voz de que busca un empleo para su chico cuando
vuelva de la mili. En unos días le llega una respuesta por vía de quien menos
podía esperar, Luis Campos. El vaquero, recién casado por cierto, le indica que
el tío Elías el Bisojo quiere hablar con ella, que cuando pueda que se pase a
verle por su tienda. La maestra se planta presta en la droguería del tío Elías
que la recibe encantado y va directo al grano.
-Doña Pilar, me han dicho que
busca un empleo pa su hijo, el que está en la mili. No siga buscando, ya lo ha
encontrao. Le dije que era un hombre agradecido y que se lo demostraría.
¿Cuándo licencian al chico?
-Señor Elías, no sabe cuánto se
lo agradezco. Todavía desconoce cuándo le darán la licencia indefinida, pero se
lo llevaron el 23 de abril del 89. Por lo tanto, pronto cumplirá tres años. ¿Y
para qué sería el trabajo?
El Bisojo le cuenta que ha
decidido volver a vender sus productos de droguería por la provincia. Comprará
un caballo o un mulo -el carro ya lo tiene- y enviará a Julio a vender por los
pueblos. No le dará un sueldo muy alto, pero sí una prima adicional en función
de las ventas, con lo que si se espabila y es buen vendedor podrá ganarse bien
la vida.
-Lo malo es que Julio no sabe
nada de droguería.
-Pero usté me contó que
trabajaba en una tienda de bisutería. Si sabe vender esa quincalla que no sirve
pa na, mejor venderá productos que sí son necesarios. En cuanto vuelva que se
pase por aquí y hablaremos. Con que salga la mitad de espabilao que usted,
conmigo podrá labrarse un porvenir, se lo aseguro.
El 30 de abril del año del
Señor de 1892, el mañego es llamado al Regimiento Mallorca, 13, donde el
comandante mayor expide un certificado en el que se puede leer que el cabo
segundo, Julio Carreño Lahoz, marcha al pueblo de su naturaleza en uso de
licencia indefinida, pasando a la reserva activa y quedando adscrito al
Regimiento Covadonga, nº 40, de guarnición en Leganés (Madrid). Han pasado tres
años desde su reclutamiento y Julio volverá a casa con la licencia indefinida con
validez hasta su pase a la reserva. En el cuartel del Carmen ha preguntado por
Agustín García, pero le dicen que su paisano fue licenciado el día anterior y
ya no está en el cuartel.
Julio se despide de la gente
de la Secretaría de Justicia de la que ahora es el veterano, pues Beltrán y
Medrano se licenciaron hace tiempo, y luego de todos los amigos y conocidos. El
brigada Carbonero, como detalle de despedida, le regala un libro sobre cómo
vender lo invendible, así reza el título. Con quien se da el abrazo más sentido
es con Chimo Puig. El morellano, que como le contó ha decidido quedarse en la
isla, está muy ilusionado con su trabajo de venta de artículos de bisutería y
de suvenires a los turistas, y está convencido de que tiene futuro en la isla.
La travesía Palma-Valencia se
le pasa a Julio en un suspiro. El viaje en tren hasta Madrid se le hace más
pesado, pero en cuanto en la estación de Delicias coge el convoy con destino a
Cáceres le da la impresión de que la locomotora más que correr vuela de lo
rápida que marcha. En cuanto pasan la estación de Talavera de la Reina, empieza
a oír hablar con el inconfundible deje de su tierra y palabras en castúo que
casi había olvidado. Luego llega Oropesa de Toledo y después Navalmoral de la
Mata, casi está en casa. Plasencia todavía no tiene estación de ferrocarril. Se
está construyendo el tramo de vía Plasencia-Hervás, una línea que pretende unir
la ciudad del Jerte con la ciudad leonesa de Astorga, y que se espera que esté
operativa a mediados del próximo año, por lo que Julio ha de bajarse en la
estación ferroviaria de Monfragüe, también conocida como Plasencia-Empalme.
Antes de que el tren se
detenga, Julio ya tiene medio cuerpo fuera de la ventanilla oteando el andén
para ver quien ha ido a esperarle. De pronto, ve la figura menuda y fibrosa de
su madre, pero no hay nadie más… ¿A quién esperabas, Julio, acaso a Consuelo?,
siempre serás un ingenuo se contesta. Bueno, pero a pesar de todo soy un hombre
afortunado, se dice, me espera la mejor madre del mundo. Entonces ve a alguien
que se ha acercado a doña Pilar, es un hombre, lo reconoce, es Argimiro, el
marido de Carolina…, piensa que quizá haya venido con el carro para llevarle a
Plasencia. Es Argimiro quien se acerca a la puerta del vagón para ayudarle a
bajar el equipaje, entre el que sigue estando la maleta de madera que encargó
su madre. El hombre le da un fuerte abrazo al tiempo que le saluda.
-Chacho, al fin estás en
casa. Se acabó lo de a sus órdenes, mi sargento.
Doña Pilar le estrecha entre
sus brazos con los ojos anegados de lágrimas y con voz transida por la emoción
le susurra:
-Julio, hijo, ya estás entre
nosotros. Pero que delgadico te has quedado, si solo eres piel y huesos.
Argimiro ha tenido el detalle de traerme en su carro para que no viniese
andando. También quería venir Etelvina, pero una mujer del barrio de Los
Majuelos se ha puesto de parto y ha tenido que ir a atenderla.
-No te preocupes por mi
delgadez, madre. En cuanto me ponga a jalar tus guisos me pondré hecho un toro
en unas semanas. Y gracias por venir a recibirme. Eres la única persona del
mundo a la que tenía unas ganas locas de darle un fortísimo abrazo. Y bueno,
estoy en mi tierra, ahora a empezar de nuevo.
Doña Pilar aprovecha el pie
que le ha dado su hijo para referirle que, si quiere, ya tiene trabajo. Y le
cuenta, sin entrar en detalles, la oferta que le ha hecho el tío Elías el
Bisojo.
-Pero yo no sé nada de
droguería, madre.
-Es lo que le dije, pero me
contestó que si has sido capaz de vender la inútil quincalla de la bisutería
mejor podrás vender artículos que son necesarios.
En ese momento, Julio cree
escuchar al brigada Carbonero y uno de sus consejos: cuando se domina la
técnica de la venta da lo mismo lo que vendas, sea bisutería, zapatos o
longanizas. Si Carbonero tiene razón, que creo que la tiene, también podré
vender artículos de droguería, se dice.
-¿Sabes qué, madre? Creo que
si nos ponemos de acuerdo con las condiciones voy a aceptar el empleo del tío
Elías.
-¡Así habla un Carreño,
hijo!
FIN del Libro I, Un mañego
enamorado, de la novela Los Carreño.
PD.- Hasta el próximo viernes en que se inicia el Libro II titulado Julia, de la novela Los Carreño,
con la publicación del episodio 49. Tú prometes, chico