viernes, 20 de diciembre de 2019

Libro I.Episodio 3. San Martín de Trevejo


Episodio 3. San Martín de Trevejo
    El cabo Montero está explicando al compañero que lo va a relevar la geografía física y humana del territorio en que se ubica su nueva circunscripción.
   -No sé si estás al tanto de las características de la comarca, de los pueblos de la Raya y de la idiosincrasia de los mañegos –Montero es hombre bastante redicho.
   -La orden de traslado me llegó hace unos días y todo ha sido tan rápido que no he tenido tiempo de informarme de mi nuevo puesto. Por eso le agradecería, mi cabo, que me pusiera al día y puede comenzar explicándome que son los mañegos y la Raya.
   -Ya te dije que no me llames mi cabo, ahora los dos llevamos el mismo galón. Y te diré más, como has ascendido más joven que yo es bastante posible que, si no la cagas, vas a terminar la carrera con más galones, igual llegas hasta brigada.
   -¡Dios te oiga, Montero! Y como sé que quieres irte cuanto antes, no perdamos tiempo y cuéntame cómo es todo esto.
   -Como quieras, pero antes respondo a tus anteriores preguntas: mañego es el gentilicio de los oriundos de San Martín de Trevejo. En cuanto a la Raya es como llaman por estos pagos a la frontera con Portugal.
   Montero le cuenta asimismo que el pueblo forma parte de un amplio territorio que lo conforma la Sierra de Gata en el extremo noroeste de la provincia cacereña, lindando al norte con Salamanca y al oeste con la portuguesa Serra da Malcata. En esa amplia comarca, regada por los ríos Arrago y Eljas, se encuentra el Valle de Jálama, también llamado Os tres lugaris porque en él se ubican tres municipios: San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno, y entra en detalles…
   -En Valverde manda el sargento Marchena que también lleva Eljas. El jefe de línea, el teniente Castaño, reside en Plasencia. Has de tener más cuidado con Marchena que con el teniente que es buena gente. Los pueblos del Valle de Jálama se diferencian de los demás municipios de su entorno por la lengua de sus habitantes, la conocida como a fala. En estos tres pueblos se hablan unos dialectos mitad gallegos, mitad portugueses. En cada localidad se dan particularidades dialectales, por lo que sería más correcto hablar de as falas. Así, en Eljas se habla el lagarteiru, en San Martín de Trevejo el mañegu y en Valverde del Fresno el valverdeiru. Si bien son lo suficientemente inteligibles entre sí como para no tener problemas de entendimiento entre ellos. Por otra parte, todo el mundo entiende el castellano y lo habla mejor o peor.
   -¡Qué curioso!, pero un compañero me dijo que el mayor problema de la frontera de esta comarca es el contrabando –precisa Luque.
   -Como te dije, aquí no hablan de frontera sino de la Raya o, como dicen los portugueses a Raia –explica Montero a quien le gusta exhibir sus conocimientos sobre la materia-, que se trazó como tal en la Paz de Zamora, en 1143, y se revisó y refrendó en 1926 en el Acuerdo de Límites. Y efectivamente, el contrabando es una de las formas que tienen muchos paisanos de sacarse unas pesetas, gente que en general no tiene mucho que perder. Se alija de todo a ambos lados de la Raya, lo que más se trajina desde Portugal es café. En menor volumen ropa de cama, toallas, albornoces y cosas así. Cuando cogemos a los contrabandistas se les decomisa el alijo, se les pone una multa que nadie paga porque no tienen con qué, y están un tiempo en el trullo, pero tan pronto como salen vuelven a alijar. Sobre este asunto te diré que dada la ubicación de San Martín será raro que tengas algún problema con el contrabando, pero si ocurriera informa al sargento Marchena, él te aconsejará qué hacer, además como es de Herrera del Duque y lleva muchos años aquí conoce a media provincia. Otra cosa, si alguna vez necesitas información fidedigna sobre alguien del pueblo recurre al cura, es quien más sabe de todo lo que pasa en San Martín.
   -Me estás dando tantos datos que no sé si seré capaz de retenerlos –se lamenta Luque.
   -Tranquilo, compañero. Te voy a dar un respiro y, mientras, toma nota de lo que recuerdes.  Luego lo repaso y compruebo si te has dejado algún dato importante. Y en todo caso, Mercader, el primero, es hombre de toda confianza, consúltalo con él.
   -Por cierto, ¿qué tal se jala aquí? –pregunta Luque.
   -No se come mal, aunque no son platos de alta cocina pero si recios. Están las migas, la caldereta de cabrito, el gazpacho que no es igual que el andaluz, la chanfaina, la torta del Casar, la bolla de chicharrón…, y por influencia de nuestros vecinos portugueses el bacalao preparado de mil maneras. En lo que vas a notar más diferencia es en los vinos, teniendo en cuenta que eres de Moriles. El caldo más bebido aquí es el vino de pitarra, así llamado por la tinaja de barro donde se guardaba. En realidad es el vino joven del año. Se suele elaborar de forma artesanal y tiene una graduación alcohólica superior a la media –Montero saca el reloj de bolsillo y mira la hora-. La Fuensanta debe tener a punto las migas que se diferencian de las de tu tierra en que además de pan, chorizo, panceta, aceite y ajo le añaden pimentón dulce o pimentón de la Vera. Espero que te gusten porque vas a ser nuestro invitado.
   Cuando los cabos salen del despachillo, el guardia de puertas les saluda y dirigiéndose a Montero le informa:
   -Mi cabo, ha vuelto el chico de doña Pilar, la maestra. Le he dicho que vuelva más tarde.
   -Gracias, Anselmo. Es uno de los quintos de este año. ¿Tú, dónde serviste, Luque?
   A media tarde, Carreño se vuelve a pasar por el cuartelillo y pide otra vez por el cabo. Pasa un buen rato hasta que sale Montero.
   -Lo siento, chico, pero has venido en mal día. Como mañana también estaré ocupado, voy a hacerte un resumen apretado de lo que debes hacer y lo que no para pasar la mili lo mejor posible. Cuando te topes con un superior nunca te olvides de repetir lo de a sus órdenes mi… lo que sea. Aléjate de los oficiales, sobre todo si son chusqueros. No le hagas ascos al rancho, has de comer para mantenerte fuerte. Hazte amigo del furriel de tu compañía, no te faltarán los chuscos. Procura pasar inadvertido, pero no te escaquees demasiado, si te cogen el número las pasarás putas. Nunca te presentes voluntario, ni para fajina. Y cuando estés acabando el periodo de instrucción deja caer al sargento de tu compañía que sabes de letras y números, esos son bienes escasos en el ejército por lo que tendrás todas las posibilidades de pillar un buen enchufe.
   -Gracias, señor Montero.
   -Chico, no me has escuchado. Debes decir, gracias, mi cabo.
   Por la tarde, Montero y Luque hacen un recorrido por San Martín de Trevejo. Lo que el andaluz ve son casas sólidas, muchas de ellas centenarias, con base de sillar, poyetes en las fachadas y tejados de pizarra. La mayoría tiene al menos dos alturas y una planta baja que suele ser de piedra y, como explica el murciano, es donde se guarda el ganado y en la que se puede encontrar todo un arsenal propio del mundo rural: tinajas, porrones, botillos, aperos de labranza y utensilios para la matanza. Sobre la planta baja se elevan, encima de un entramado de madera y adobe, otras dos plantas que son la vivienda y el desván. De vez en cuando se ven casas señoriales que lucen en la fachada corroídos escudos de armas. Casi todas las calles son estrechas, sinuosas y con pendiente, y algunas tienen en el centro un canalillo para el agua que cuando corre deja tras sí un apagado rumor, y que es aprovechada a la salida del municipio para el regadío. Lo que más le gusta al andaluz es la Plaza Mayor, toda empedrada y  con soportales en algunos de sus lados. En una esquina está la torre-campanario, recia y cuadrangular.
   -El pueblo es francamente pintoresco –reconoce Luque.
   -Es uno de los más bonitos que he visto en mi deambular por las Españas –confirma Montero que le da a Luque una lección de historia sobre la villa-. San Martín esta al pie del monte Jálama que tiene cerca de mil quinientos metros de altitud. De su fundación se sabe poco. Antiguamente se llamaba San Martín de los Vinos y por un fuero de 1230 pasó a llamarse de Trevejo. Fue antigua capital del Corregimiento de Jálama, sede del comendador de la Orden de San Juan de Jerusalén, y cabeza de juzgado hasta 1826. La mayoría de los repobladores que vinieron al valle eran gentes de los antiguos reinos de León y Galicia, al parecer ese fue el motivo por el que nació a fala.
   -Supongo que se llamaba de los Vinos por el pitarra, ¿no? –deduce Luque.
   -Es posible, pero eso no me lo explicó doña Pilar. Este pueblo es tan bonito como desconocido. Como está apartado y fuera del radio de acción de los caminos reales y de las nuevas carreteras viene muy poca gente. Lo cual para los que nos ocupamos del orden público nos viene al pelo.
   Y Montero termina explicándole a su relevo cuanto sabe sobre algunos de los rasgos típicos de los mañegos. Le cuenta que los diminutivos los acaban en ino: pequeñino, pescadillina, una mijina…Para llamarse dicen chachooo y cuando se refieren a otro suelen apelarle prenda. Si se cabrean pueden soltarte un mecagondié. Todos los objetos son un bicho o un cacharro. Si te dicen que estás mal de la chinostra se refieren a la cabeza. A la cazadora o la chaqueta le llaman chambergo…
   -…, y en general son buena gente, sencillos, francos, sacrificados, hospitalarios y probos. En el lado negativo los considero taciturnos, algo indolentes, atrasados e individualistas.
   -¿Algún consejo sobre cómo tratarles? –se interesa Luque.
   -Hombre, ya sabes que cada maestrillo tiene su librillo, trátales, si quieres, con dureza pero mientras lo hagas con justicia no tendrás problemas con ellos. Al menos, eso es lo que he hecho yo y no me ha ido mal, pero la forma de actuar la debes decidir tú.
   De vuelta a la casa-cuartel, Montero termina por poner al día a Luque de todo el papeleo propio de la comandancia, así como de sus últimos consejos sobre cómo llevarse bien con las autoridades locales.
   -Me dijiste que me explicarías quién es quién en San Martín –recuerda Luque.
   -Lo había olvidado. Te cuento…
   
PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro I, Un mañego enamorado, publicaré el episodio 4. Son ricos pueblerinos, mal asunto

viernes, 13 de diciembre de 2019

Libro I.Episodio 2. Que venga más tarde


Episodio 2. Que venga más tarde
   El mozo, a quien el sorteo de  los quintos ha destinado a Mallorca, está valorando si contarle al secretario municipal el por qué le viene tan mal ir a la isla.
   -Que le pongas tantos peros al servicio militar, ¿no será por qué andas encariñado de alguna serrana o quizá de alguna menina de más allá de la Raya? –se malicia el funcionario.
   Oír la pregunta de don Leandro y ponerse colorado como un pimentón de la Vera ha sido todo uno. Que el secretario haya atinado el porqué de su renuencia a la mili, impulsa al joven a sincerarse.
   -Algo de eso hay, don Leandro. Verá…, en la feria de Malpartida del año pasado conocí a una muchacha, una moza hecha y derecha y simpática como la que más. Desde entonces siempre que he podido he ido a su pueblo a verla y…bueno, hemos terminado de novios. Todavía no lo hemos formalizado ante las familias, pero le he dado palabra de matrimonio para cuando regrese de la mili.
   -O sea, que acerté, sufres de mal de amores. Mi enhorabuena porque ese es un mal que depara más alegrías que penas. ¿Y la moza a qué se dedica, a sus labores?
   -Pues ya puede figurarse que sí, aunque estuvo a punto de estudiar si no hubiese sido por la desgracia de su padre.
   -¿Qué desgracia? –pregunta curioso el secretario.
   -Una fatalidad de las que pasan una vez en mil años. Igual recuerda lo del accidente porque fue muy sonado, y hasta lo publicó La Bandera Regional de Plasencia. El señor Álvaro Manzano, su padre, fue pateado por un semental cuando hacía de mamporrero para cubrir a una de sus yeguas. Al morir el padre, y ser la hija mayor, tuvo que dedicarse a cuidar de la casa y de sus hermanos, porque a su madre le tocó encargarse de las fincas y los ganaos, pues tienen trabajando para la familia a varios braceros y pastores.
   -Así que pensáis casaros, ¿y de qué vais a vivir, de lo que sacas alijando en la Raya?
   -No, eso se ha terminado para mí. Fue una de las condiciones que me puso Consuelo, así se llama, para darme el sí, que tenía que dejar de trajinar por la Raya y que debía encontrar un trabajo honrado. No se puede imaginar el genio que se gasta la moza a pesar de que solo tiene un año menos que yo.
   -Me alegro de que hayas encontrado una mujer así. Si es como cuentas, te vendrá como anillo al dedo para sentar la cabeza y tu madre dejará de preocuparse por ti.
   -¿Mi madre preocupada? Nunca me ha reprochado nada, salvo la consabida regañina cuando dejé colgados los libros.
   -Que fueron dos veces, que yo recuerde. La primera cuando decidiste no terminar el bachillerato y la segunda cuando echaste por la borda lo de los estudios de contabilidad. Y sí que está preocupada por tu futuro, teme que termines como tu pobre padre, que en paz descanse. Ahora podrá respirar, si la chinata te ha embridado como parece.
   -¡Chinata! Cuando quiero hacerla rabiar la llamo así y entonces ella me dice mañego.
   -Pues no debería molestarse, al fin y al cabo es el gentilicio de los naturales de Malpartida de Plasencia, porque como sabrás hay otra Malpartida, que para diferenciarla se denomina de Cáceres.
   -Entonces, don Leandro, volviendo a lo mío, ¿no hay nada qué hacer?
   -Como no encuentres las dos mil pesetas, nada –El secretario duda, sabe cómo se puede lograr esa cantidad que es exorbitante en un ambiente tan pobre como el del valle, pero termina por decirlo-…Como bien sabes, podrías conseguir esa cantidad o, al menos, parte de ella si siguieras trajinando en la Raya, y el resto podrías obtenerlo pidiendo un préstamo al tío Dimas el Bronchales.
   -Ya lo pensé, pero si Consuelo se enterara de que vuelvo a las andadas me pondría en la puerta de la calle. Por otra, sabe que aceptar un préstamo del tío Bronchales es como venderle el alma al diablo. Con los réditos que cobra estaría empeñado con él hasta el fin de mi vida.
   -Sí, claro… Pues si aceptas un consejo de viejo: disfruta con tu novia el tiempo que te queda antes de irte, más o menos hasta fines de abril. Ah, y míralo como una oportunidad y no como un castigo. Ese tiempo será la mejor prueba de fuego para que tanto tú como la chinata midáis la firmeza de vuestro amor. Y a todo esto, ¿qué opina tu madre de lo de la muchacha?
   -Mi madre no sabe nada, no se lo he contado.
   -Pues lo primero que debes hacer al llegar a casa es contárselo. Tu madre es persona muy lista y prudente y puedes estar seguro de que será quién mejor te aconseje.
   -Bueno, lo primero que he de contarle a madre es mi destino.
   -Por eso no te preocupes, a estas horas al menos media docena de vecinas ya se lo han referido con pelos y señales.
   El mozo sale del ayuntamiento más confortado y sereno que cuando entró. Los últimos consejos del secretario le han templado el ánimo, pese a ello en cuanto se encuentra en la calle vuelve a amohinarse. Una viejuca, que pasa portando un cántaro, le pregunta al verle enfurruñado.
   -Chacho, que mala cara ties, ¿te duele la chinostra?
   -No, tía Manuela, no me duele la cabeza sino el alma.
   -Mecagondié, ¿y eso por qué?
   -Porque me voy de quinto muy lejos, a Mallorca –le dice el joven, aunque sabe que lo más seguro es que la buena de la tía Manuela no sepa dónde está la isla.
   La vieja sigue su camino y el joven, pensando en su diálogo con el secretario, resuelve hacer caso de su postrer consejo y contarle a su madre lo de Consuelo. La madre del mozo -doña Pilar para los habitantes de San Martín-, ha escuchado en atento silencio la explicación de su hijo. Algo sabía sobre que su chico andaba hablando con una moza de Malpartida, y hasta alguna vecina le había comentado que la chinata era un buen partido, pues su familia además de ganados tenía buenas fincas. Lo que le ha impactado ha sido lo enamorado que parece estar su hijo y la sensatez con la que habla. Cuando el joven acaba su confesión, y tras un instante de incómodo silencio, doña Pilar se pronuncia.
   -Hijico –Pese a los muchos años que la mujer lleva en San Martín el diminutivo tan propio del habla aragonesa se le suele escapar a menudo-, sabes muy bien que siempre te dije que en los sentimientos, si son sinceros, nadie debe meterse. Y eso es lo que pienso hacer. Si estás tan enamorado como dices, y encima la moza te corresponde, eso me hace muy feliz, pero como madre me veo obligada a darte algunos consejos que espero que aceptes. Y estoy doblemente obligada a ello, puesto que a falta de un padre que te hablara de hombre a hombre, esa parte también he de asumirla.
   Y Pilar se explaya dándole su opinión sobre cómo ha de llevar las relaciones con su enamorada. Que no solo ha de quererla con toda el alma, sino también respetarla y cuidarla. Que no quiera tener siempre razón y si discute con ella que lo haga con mesura y tiento, y que jamás, y eso lo remarca, que jamás se le ocurra ponerle la mano encima. Que no le diga mentiras y que tampoco las admita…
   -¿Lo entendiste?
   -Sí, madre.
   -Otra cuestión, ¿qué piensas hacer hasta que tengas que presentarte en la Caja de Reclutas de Cáceres?
   -Tenía pensado aceptar un trabajo en una almazara de Malpartida, y así poder juntar unas pesetillas que me vendrán muy bien en la mili. Además, de esa forma podré ver todos los días a Consuelo.
   -Creo que no es buena idea. Creo que sería mejor que hablaras con el profesor Hernández para completar tus estudios de contabilidad, aunque no tengas tiempo de sacarte un título, pero de esa forma cuando termines la mili estarás en condiciones de encontrar un buen empleo. Ah, otra cosa, le pedí al cabo Montero que hablara contigo para que te dé algunos consejos sobre cómo manejarte con los militares. Estuvo sirviendo doce años, y se sabe todas las picardías necesarias para sobrevivir al ejército, más ahora que, al parecer, puede volver la guerra al Protectorado. Me ha dicho que vayas mañana a verle al cuartelillo.
   Lo que menos le ha gustado al joven de la conversación con su madre es que le haya comprometido a visitar al cabo Montero y en el cuartel de la Guardia Civil. Aún recuerda la vez que le pillaron los civiles alijando en la Raya. Pudo salir indemne gracias a las buenas relaciones de su madre, pero la detención le marcó.
   El lunes a media mañana, Julio se encamina a la casa-cuartel de la Guardia Civil a ver al cabo Montero. En el umbral del acceso al cuartelillo, sentado en una silla de enea, está el guardia de puertas.
   -¿Qué tripa se te ha roto, muchacho?
   -Soy Julio Carreño Lahoz y vengo a ver al cabo.
   -Ah, tú eres el que va destinado a Mallorca, mala suerte has tenido, chico –En el pueblo las noticias corren más que los podencos piensa el joven-, aunque peor la tuve yo que me tocó Melilla y las pasé más putas que San Amaro.
   -Por favor, dígale al cabo que está aquí el hijo de doña Pilar la maestra, me debe estar esperando.
   -Pues va a ser que no, chico. En estos momentos el cabo está con su relevo presentándolo al señor alcalde y demás autoridades locales –y el guardia se explica-. Al cabo Montero lo acaban de destinar a Mazarrón y si le hubiera tocado la lotería no estaría más contento, porque como es de Totana se podría decir que va a estar a un tiro de piedra de su pueblo. Y le va a relevar como comandante de puesto el cabo Luque que ha llegado antes de lo esperado. Por eso lo está presentando a las autoridades.
   -Entonces, ¿qué hago?
   -Vuelve esta tarde, a ver si puede recibirte, aunque lo dudo.
   El cabo Montero, después de presentar a su relevo al alcalde y demás autoridades locales, se ha encerrado con el cabo Luque en el despacho del cuartelillo para ponerle al día de todos los pormenores de la comandancia local y las características de su demarcación. Al informarle en un receso de la petición de Julio ordena:
   -Que venga más tarde.
   Montero sigue explicándole a Luque la dotación de números del puesto y el perfil de cada uno de ellos, así como el estado de las armas y del municionamiento. Le hace el traspaso de las magras cuentas y de los atestados sin ultimar. Quiere acelerar el relevo lo antes posible porque su esposa cuenta los minutos para retornar a su patria chica, pero antes…
   -Te voy a contar las características del pueblo y, lo más importante, quién es quién en San Martín.

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré el episodio 3. San Martín de Trevejo