lunes, 12 de noviembre de 2018

*** Acordarse de los muertos solamente en ciertas fechas no basta


   Los días 1 y 2 de noviembre son fechas en que la gente se acuerda especialmente de sus muertos, pues el uno se celebra el Día de Todos los Santos y el dos la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Así es al menos en los países en los que predomina la religión católica de rito latino, como es el caso de España.
   La Iglesia Católica el Día de Todos los Santos celebra una fiesta solemne por todos aquellos difuntos que, habiendo superado el purgatorio, se han santificado, han obtenido la visión beatífica y gozan de la vida eterna en presencia de Dios. De ahí que se le llame el “día de todos los santos”. Esta festividad no debe confundirse con la conmemoración de los Fieles Difuntos que se celebra el día dos. Dicha conmemoración, también llamada el Día de los Muertos o Día de los Difuntos en el mundo católico tiene por objetivo orar por aquellos fieles que han fallecido y, especialmente, por los que se encuentran en el Purgatorio.
   En España, como en otros muchos países, en esas fechas se continúa con la tradición de visitar los cementerios para orar por los seres queridos fallecidos, recordarles y llevarles flores que se depositan en sus tumbas. En los ambientes más rurales hay la costumbre de que en la noche del 1 al 2 de noviembre se reúnen familiares y amigos para velar y recordar a sus difuntos. Se cuentan historias y se recuerdan anécdotas de los finados mientras se comen frutos típicos de la época tales como castañas, nueces, manzanas y dulces acompañados con anís, ron con miel o en su defecto con otra bebida alcohólica. Con la acelerada reducción del mundo rural esta tradición acabara por desaparecer.
   En los ambientes urbanos se limitan a asistir a los cementerios. Es lo que hice con el más pequeño de mis hijos. Fuimos al cuidado camposanto de Majadahonda donde está enterrada mi mujer y madre de mis hijos. Rezamos unas oraciones, al menos yo lo hice de mi hijo no sabría decir, depositamos en su nicho un ramo de margaritas, flores que estaban entre sus predilectas por la coincidencia del nombre, y la recordamos. Aquí quería llegar. ¿Es que solamente hay que acordarse de los difuntos uno o dos días al año? Supongo que cada uno tendrá su propia respuesta a esa pregunta. Personalmente creo que uno se acuerda de los familiares, amigos o simples conocidos que ya no están con nosotros en la medida en que les echamos de menos no importa en qué momento del año sea.
   Lo del conocido refrán de que el muerto al hoyo y el vivo al bollo, es tan real como despiadado. Supongo que debe ser una carga insoportable recordar continuamente a un ser querido extinto, pues la vida sigue y te impone que sigas su curso, pero como en todo hay notables diferencias. Hay muertos de los que te acuerdas la mayoría de los días, bien porque les quisiste con toda el alma, bien porque formaban parte indisoluble de tu vida fuera familiar, profesional o simplemente social. Yo recuerdo a mi mujer con la frecuencia que impone el haber llevado más de treinta años de vida en común, con sus momentos buenos y malos, pero vividos a la par. Como evoco a un querido amigo de la infancia cada vez que mis recuerdos me retrotraen a mis tiempos mozos. Me ocurre lo mismo con un amigo de los tiempos maduros que acaba de fallecer y con el que convivía en mis veranos en Torrenostra. Nuestra amistad fue corta y se centró sobre todo alrededor de las partidas de dominó que jugábamos cotidianamente. No es que dejara una especial huella en mí, pero no sé por qué su recuerdo es más constante que el de otras personas desaparecidas con la que conviví mucho más tiempo. Como diría Einstein, todo es relativo.
   Dedicar solo unas fechas para acordarse de los muertos es poca cosa. Siempre he creído que uno no se muere del todo mientras haya un solo vivo que se acuerde de él. Y eso no necesita de unos días especiales, cualquier fecha del calendario sirve.
   Permítanme el consejo: acuérdense de sus seres queridos fallecidos, sean familiares, amigos o simples conocidos, al hacerlo les reviven…, al menos en sus mentes. Y eso es impagable. Habrán muerto, pero de alguna manera siguen con nosotros.

viernes, 9 de noviembre de 2018

77. Para ascender hay que tragarse algún que otro sapo


   Las dos personas relacionadas con el difunto Salazar que se han quedado en el pueblo llevan rumbos muy distintos. A Rocío Molina la han trasladado a Castellón para prestar declaración ante la juez que instruye el caso Pradera. De momento ocupa una celda en la Audiencia Provincial. Cada hora que pasa es una dentellada que la dura realidad le pega a su moral. Aunque todavía se guarda el comodín de una posible negociación con la fiscalía intercambiando la prisión por los secretos que sabe del día de autos, expresión que de tanto oírla se le ha hecho familiar. Pese a ello hay un hecho que la tiene muy preocupada y es que ella no le hizo nada a Curro, solo se llevó su maletín que para más inri no pudo abrirlo, entonces ¿por qué la han detenido y a sus dos compinches, Anca y Vicentín, los han soltado? Piensa que razón tenía aquel alcalde de Jerez al proclamar que la justicia es un cachondeo.
   El derrotero de Francisco José es diferente: está varado en el pueblo ocupando una habitación del hostal en el que falleció su padre gracias a una gestión del sargento y a la buena voluntad de la patrona. El joven sevillano se aburre más que una lapa y, aunque como urbanita es más de piscina que de mar, dedica la mayor parte de la jornada a deambular por las playas puesto que no hay mucho más que hacer. Dado que Torrenostra es un lugar pequeño rápidamente ha circulado la especie de que es el hijo del señor que murió en el hostal lo que le confiere un cierto halo de misterio. Será por eso, porque su habla les parece muy graciosa a los autóctonos o porque no es mal parecido la realidad es que está ligando con una facilidad que a él mismo le sorprende. El día que murió su padre ya se cameló a una veraneante y la paseó en la Harley. Algo que ya no podrá repetir porque el pasado día dieciséis vino un tipo de Castellón con los papeles de la moto y se la llevó por haber vencido el período de alquiler que no ha sido renovado. Su mayor problema es que hasta que Pepote el Salvaculos, el viejo amigo de su padre, no le envíe pasta está sin un euro, pero de momento se va bandeando en plan gorrón.
   La pareja que acompañó a Rocío en el affaire del maletín de Curro está en un impasse en lo que respecta a su relación. Vicentín sigue empeñado en reconquistar a Anca, que ha mantenido una larga conversación con sus padres en la que le han aconsejado que se piense muy mucho lo de romper definitivamente con el chico. Le han hecho ver que en el pueblo ellos siguen siendo uns forasters por mucho que haga más de quince años que viven allí y que la propia Anca hable el valenciano como si hubiese nacido en Torreblanca. Ello supone que si el asunto del muerto del hostal se complica nadie con poder en el pueblo romperá una lanza en su favor. En cambio, si continúa de novia con Vicentín la cosa cambia puesto que ello significa que algún día pueda emparentar con los Fabregat y ese apellido tiene mucho peso en el pueblo. La joven, pese a que se ha resistido, ha terminado siguiendo el consejo de sus padres y ha matizado su decisión de romper definitivamente con el que ella ya consideraba como exnovio.
- Mira, hija. Mientras no se resuelva el lío de la muerte no te vendrá mal que sigan considerando que eres la novia de Vicentín. Los Fabregat son una familia que cuenta mucho en el pueblo.
-Madre, es que no lo soporto.
-Pues te conviene soportarlo. No le digas que no lo  aguantas, dile que te lo estás pensando y de momento ponle buena cara. Cuando el lío del señor que murió haya terminado le das puerta y adiós muy buenas. Aunque sigo aconsejándote lo de siempre: si quieres ser alguien en el pueblo cásate con él. Dejarás de ser otra pobre rumana más para convertirte en la señora de Fabregat. Y eso aquí supone tanto como si te dieran el pasaporte español.
   En el plano de la investigación sobre la muerte de Salazar, los dos agentes que la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil ha mandado a Torreblanca están comenzando sus investigaciones y no dejan piedra sin remover. Lo primero que han hecho es una exploración a fondo del hostal y sus terrenos aledaños. Han confeccionado un plano a escala de la habitación en la que falleció Salazar y un croquis del lugar que ocupa la misma en el establecimiento. Luego han pedido al sargento la relación de todos los testigos que prestaron declaración y están sistemáticamente volviéndolos a interrogar. El sargento hace de poli malo y la cabo primero de poli buena. Antes de eso y por aquello de guardar las formas, el sargento Sales le ha dicho a su colega:
-Bellido, por supuesto, puedes estar presente en los interrogatorios –y después de una pausa agrega-,… si lo deseas.
   La primera reacción de Bellido ha sido dejarles claro que sigue siendo el comandante del puesto y mientras estén bajo su jurisdicción quien manda es él, pero hace un esfuerzo y se traga el sapo. Sabe que si quiere ascender no será el último que tendrá que engullir. Por lo que su respuesta es diplomática.
-Estáis en vuestra casa. Si necesitáis cualquier cosa no tenéis más que decirlo -y hace mutis, pero reafirmándose que es imprescindible hablar con el excomisario con el que se ha citado.
   Grandal siempre ha presumido de puntual, pero cuando llega al bar del hotel ya le está esperando el sargento que se levanta para saludarle y casi se cuadra ante el excomisario pese a que va vestido de paisano. “Este quiere pedirme algo, pero no quiere que le identifiquen, ni siquiera ha venido de uniforme”, piensa el policía.
-Ante todo, don Jacinto, gracias por su amabilidad a pesar de que, como le dije, esto más que una cita es un atraco.
-Tranquilo, Bellido. En la agenda de los jubilados hay muchos más espacios en blanco que escritos.
-Esta es una conversación que le ruego que mantenga en la más estricta privacidad. Acabamos de conocernos, pero un hombre con una trayectoria profesional como la suya sabe lo que es la confidencialidad y una conversación privada entre dos miembros de los cuerpos de seguridad del Estado por mucho que esté jubilado.
   “Jacinto, creo que no has marrado el tiro, este tío te quiere contar algo relacionado con la muerte de Salazar…”, piensa Grandal.
-Sargento, tranquilo. Le doy mi palabra de que lo que aquí se hable, aquí se va a quedar.
   Bellido en pocas palabras le cuenta lo que está sucediendo: tiene el mandato oficial de la juez que instruye el fallecimiento de Francisco Salazar para actuar como cabeza de la policía judicial, pero la llegada de dos componentes de la UCO han hecho que en la práctica haya quedado relegado a un segundo plano. Y eso es algo que su orgullo profesional y, ¿por qué no decirlo?, su legítima ambición de ascender en el Cuerpo pueden quedar muy tocados si son los miembros de la Unidad Central Operativa los que se lleven el mérito de solucionar el caso. Ante tal tesitura solo conoce una persona que le puede ayudar, aunque sea extraoficialmente, y es don Jacinto Grandal, galardonado comisario de policía con notorios éxitos en el esclarecimiento de complicados casos criminales.
-Lo que le pido, don Jacinto, es que, de forma confidencial y sin que se entere nadie, me eche una mano y me ayude a descubrir quién mató al finado Salazar. Si esta petición le chafa sus vacaciones, olvídese de lo que acabo de pedirle y le pido mil disculpas, pero si me atrevo a plantearlas es porque he recordado sus palabras de que como no le gusta nada la playa tiene mucho tiempo libre.
-Vamos a ver Bellido –Grandal pasa al tuteo para dar más confianza al sargento-. Primero, no vuelvas a llamarme don Jacinto, por favor, me suena muy raro. Estoy acostumbrado a que me llamen por mi apellido o si lo prefieres trátame de comisario. Segundo, no me vas a chafar mis vacaciones, salvo la partida de dominó de las tardes el resto del día lo tengo más libre que los pájaros del cielo. Y tercero y último, estoy encantado de poder ayudarte, por supuesto dentro de la más estricta reserva. Por tanto, como diría un argentino dejémonos de pavadas y vamos al grano. ¿Por dónde empezamos?
   El sargento intuía que el excomisario le ayudaría, por lo que ha venido preparado. Saca de su cartera una copia del expediente que ha compilado hasta el momento sobre el caso Pradera.
-¿Es el nombre que le han puesto al caso?
-Sí, se lo puse yo.
   Grandal piensa lo mismo que pensó en su momento la juez del Valle, que el suboficial no se ha roto precisamente las meninges para encontrar un nombre al caso.
-Aquí están todas las actuaciones que mis hombres y yo hemos realizado hasta el día de hoy y que se centran fundamentalmente en los interrogatorios que hemos hecho a todos los testigos que, directa o indirectamente, tuvieron alguna relación con el fallecido Salazar, así como aquellas personas que estuvieron en el hostal el día de autos.
   Una rápida ojeada a los papeles le sirve a Grandal para preguntar algo y lo hace modulando la voz pues no pretende avergonzar al suboficial, pero al mismo tiempo quiere sentar desde el principio su saber hacer en una investigación criminal.
-De entrada, noto dos ausencias. El informe sobre el escenario de la muerte y que faltan algunas declaraciones de personas que estuvieron en el hostal el día de autos y que por otra parte tenían alguna relación con Salazar.
   El sargento se aturulla al oír las palabras de Grandal.
-Perdone, comisario. El informe es que se me ha olvidado incluirlo y sobre que faltan algunas declaraciones…, no sé a qué o a quién puede referirse.
-A mí y a mis amigos. Estuvimos en el hostal la tarde de autos jugando al dominó y tuvimos una relación cierta aunque corta con el difunto –dicho lo cual añade con tono festivo-, pero no se preocupe, le doy mi palabra de honor que ninguno de nosotros asesinó a Salazar.
   El suboficial enrojece como una novicia, acaba de tragarse otro sapo.

PD.- Hasta el próximo viernes

lunes, 5 de noviembre de 2018

*** Un fenómeno sociolaboral netamente español: los puentes


   No sé cómo están estructurados los calendarios laborales de los demás países, pero el español tiene una singularidad que, posiblemente, lo diferencian notablemente de todos los demás. Me refiero a la particularidad de los puentes que se forman al unir un día festivo con otro, o un fin de semana, y que se da necesariamente en días alternos. La explicación creo que no me ha quedado demasiado lúcida. Lo voy a describir con ejemplos, a ver si es más entendible. Un ejemplo de puente es cuando es festivo un martes y el lunes, si es laborable, se toma como festivo. Otro ejemplo: es festivo un viernes y el sábado, en caso de que sea laborable, se toma como festivo.
   En los países occidentales los puentes festivos o fines de semana largos son un fenómeno conocido, pero se dan en muy poco casos. Lo que hace que los puentes españoles sean una rareza es que aquí abundan como las setas en un otoño lluvioso. Y para que vean que es así les describo el calendario español del último trimestre del 2018. En octubre, el día 12 fue la Fiesta Nacional, naturalmente era una fecha festiva que como cayó en viernes la mayoría de la gente empalmó los días 12, 13 (sábado) y 14 (domingo). El primer puente del trimestre. En noviembre, el día 1 es la festividad de Todos los Santos que es un día festivo. Pues bien, muchos españoles empalmaron el día 1 (jueves) con el 2 (viernes), el 3 (sábado) y el 4 (domingo). Un hermoso puente de cuatro días que más que puente parece un viaducto. En diciembre el 6 es el Día de la Constitución, fiesta nacional. Les apuesto doble contra sencillo que millones de españolitos construirán un precioso puente enlazando el 1 (jueves) con el 2 (viernes), el 3 (sábado) y el 4 (domingo). Otro puentazo de cuatro ojos. No acaba ahí la cosa. El 25, como todos saben, es Navidad y este año cae en martes. Ya pueden imaginarse que el 24 (lunes) que en principio es laboral está sentenciado para convertirse en otro puente.
   Resumiendo lo anterior. En octubre hubo un puente de 4 días. En noviembre otro también de 4 días. En diciembre otro puente igualmente de 4 días, más otro de 2 días. Es decir, que en tres meses habrá 14 días de puente, de ellos 6 días laborales (bien es cierto que los sábados solo se trabaja en determinados sectores). ¡Y solo hemos contabilizado el último trimestre!
   El Instituto Nacional de Estadística calcula que en el año 2018 habrá empleados en España 19.210.000 de personas. Multipliquen esa cifra por las horas que se pierden con los puentes y la cifra que resulte debe ser alucinante. Naturalmente, los empresarios debían estar que trinan, pero no parece que sus quejas lleguen a buen puerto porque cambian los gobiernos, cambia la política sociolaboral, pero los puentes no se tocan; como mucho se retocan, pero poco. ¿Por qué? Porque en mi país costumbres tan arraigadas como la de los puentes tienen mucho peso, porque los puentes son un enorme estímulo para determinados sectores empresariales, porque los puentes mueven millones de personas yendo de acá para allá tanto en el territorio patrio como en el extranjero.
   Luego hay otros imponderables que hacen que los puentes sean, en buena medida, cuasi obligatorios hasta para aquella gente que se queda en su casa y no va a ninguna parte porque no quiere o no puede. Una institución que tiene mucho que ver con esa presión para la práctica de los puentes es el sistema educativo español. En nuestras guarderías, colegios, institutos y universidades la práctica de los puentes es algo habitual y casi sagrado. Y si sus hijos se quedan en casa en un puente, ¿qué puede hacer usted? Los que han de trabajar, sí o sí, han de echar mano de los abuelos, los tíos o cualquier otro pariente, en el supuesto de que los tengan. Como lo de los/las canguros es una práctica poco extendida en España, si no se tienen los comodines que mencionábamos no te queda otra que hacer puente aunque no seas partidario de ello.
   En todas las legislaturas surgen voces que hablan de que hay que acabar o, al menos, regular la práctica de los puentes. Bueno, eso es como hablar de construir el canal del Ebro para irrigar el levante hispano. Se viene hablando de ello desde el siglo XIX y en el XXI estamos con lo mismo. Temo que igual pasará con los puentes. Podría hablar mucho más de ese fenómeno sociolaboral tan español como son los puentes, pero no quiero hacer este post excesivamente largo. Lo dejo para otra ocasión. Y les diré una cosa para despedirme: tienen su encanto, los puentes, claro.