viernes, 13 de julio de 2018

Capítulo 15. La playa demasiado tranquila no lo era tanto.- 61. Jesús del Gran Poder que salga de esta


   La tarde del quince de agosto discurre como un calco de la mañana en lo referente al trajín de clientes y huéspedes en hoteles, hostales y apartoteles de la Costa de Azahar. Hay mucho ajetreo y la gente entra y sale continuamente de los establecimientos hosteleros. Es lo que ocurre en el Tufi Dive Resort, el hotel de cuatro estrellas en Orpesa del Mar en el que está alojado el matrimonio Pacheco-Hernández. La pareja ha estado toda la mañana en la playa de la Concha disfrutando de sus doradas arenas y ha apurado hasta la última hora del que va a ser su último baño en el Mediterráneo. Luego se ha regalado un opíparo almuerzo con un plato típicamente valenciano: arroz con cigalas, rape y setas. A Macarena le ha gustado tanto que pese a que no es precisamente una fan de la cocina le ha pedido a la camarera que si le podían facilitar la receta. La empleada dice que sintiéndolo mucho no cree que pueda salir el chef porque con el comedor lleno están a tope de trabajo. La sevillana frunce el gesto. Alfonso que conoce bien conque facilidad se avinagra su mujer le da discretamente un billete de veinte euros a la moza y le pide que aunque no sea el chef alguien de la cocina se lo podía explicar. La pequeña mordida surte efecto pues pasados unos minutos aparece un empleado ataviado como el personal de cocina y les dice que con mucho gusto les explicará la receta del arroz de su comanda.
-Señora, será mejor que tome nota porque es larga. Para cuatro personas necesitará unos cuatrocientos gramos de arroz, cuatro cigalas, cuatrocientos gramos de rape, otros tantos de setas, un par de cebollas, seis ajos, dos ñoras, dos tomates maduros, unas seis cucharadas soperas de aceite, mejor si es virgen, sal y azafrán. En cuanto al proceso, en una cacerola con aceite de oliva se sofríen ligeramente las cigalas y el rape, retirándolos y poniéndolos en una bandeja. En el mismo aceite se sofríe la cebolla bien picada. Cuando empiece a tomar color, se añaden las setas y las ñoras, rehogándolas unos cinco minutos. Se añaden los tomates rallados, sofriéndolos durante otros cinco minutos. Luego se vierte el caldo de pescado y antes de que empiece a hervir, se incorpora el arroz. Se fríen en una sartén con aceite unos dientes de ajo hasta que estén bien dorados y se los reserva. Cuando falten unos diez minutos para terminar la cocción del arroz, se retiran las ñoras y se las maja junto con los dientes de ajo dorados. Se incorporan las cigalas y el rape, junto con los jugos que hayan soltado en la bandeja, dentro de la cacerola. Se rectifica la sal y se le agrega el majado y el azafrán, siendo el tiempo total de cocción de unos veinte minutos. Finalmente, hay que servirlo de inmediato. Ah, de parte del chef que muchas gracias por su felicitación –y haciendo un medido saludo de cabeza el empleado, que por lo dicho debe de ser algún ayudante, vuelve a la cocina sin dar pie a que Macarena le pregunte las muchas dudas que plantea la explicación.
   Finalizado el suculento almuerzo, la pareja se encamina a la habitación dispuestos a echarse una buena siesta, algo que no consiguen porque el continúo runrún que se filtra a través de la ventana medio entornada se lo impide. Visto lo cual se plantean otras opciones y es Macarena la que, sin decir palabra, propone una: se despoja lentamente del vaporoso negligé de gasa y se vuelve hacia su marido con una sonrisa picaresca en muda invitación. La visión de su mujer desnuda es un regalo que Alfonso se apresura a paladear. La pareja hace el amor saboreando cada caricia, cada achuchón, cada beso. Cuando terminan su apasionado abrazo, Alfonso cierra los ojos, se siente tan relajado que sabe que a pesar del ruido ahora se dormirá. Macarena, en cambio, no tiene ninguna gana de sestear.
-¿Sabes qué? –sugiere la mujer-. Podríamos aprovechar este tiempo e ir a ver al mala follá del Curro. Así te quitabas de en medio ese problema y tendríamos el resto de la tarde libre.
-Pero, cariño, que son las cuatro, ¿tú sabes la calorina que hará?
   Macarena le hace un mohín cariñoso mientras comienza a vestirse. Alfonso ni rechista, lo que hace es llamar a Sierra para decirle que van a ver a Curro. Sierra contesta que ya está en Torrenostra y que les espera allí, de hecho va en dirección al hostal. En el camino el antiguo director de la Agencia IDEA se tropieza con el hijo de Salazar.
-Francisco José, ¿qué tal?, ¿cómo sigue tu padre?
-Se pasa er día metío en er sobre y viendo la tele. ¿Te puedes creer que s´a pasao media mañana viendo una mascará llamada Moros y Cristianos? Pa mí que la fractura le ha reblandesio los sesos.
-¡Pero, que cosas dices, quillo! Como supongo que habrás almorzado te invito a una copa, un café o lo que te pete.
   Se sientan en una de las terrazas del paseo marítimo y el joven Salazar aprovecha la ocasión para intentar que Sierra le ayude a ablandar el ánimo de su padre en lo tocante a los dineros que necesitan en su casa.
-Jaime, tengo que pedirte un favor: tú que eres buen amigo de mi papa, ¿podrías echarme un capote?
-Quillo, yo te echo un capote y lo que sea. Faltaría más.
   A Sierra le interesa congraciarse con el chico para contrarrestar la influencia que sobre él ejerce Espinosa desde que le prestó la Harley y de esa forma conseguir que el muchacho no insista ante su padre de que lo mejor que puede hacer es irse al extranjero. Mientras el joven Salazar y Sierra están de charleta los Pacheco han llegado al hostal y buscan a Sierra, pero no lo encuentran.
-¿Qué hacemos, le esperamos?
-Ya son las cuatro y media, si le esperamos  perderemos la tarde. Para escuchar lo que te ha de desir ese malnasio no nesesitas a Jaime. Vamos a ver a Curro –dice Macarena tan expeditiva como acostumbra.
   La pareja sube a la habitación sin que nadie les cierre el paso. Llaman a la puerta y entran al oír que Curro contesta. El exsindicalista está sentando en un sillón viendo la televisión que apaga en deferencia a sus visitantes al tiempo que se pone en pie.
-¡Hombre, mi paisano y su señora! Sean ustedes vosotros bienvenidos. ¿Qué os trae por aquí?, ¿y Jaime?
-Habíamos quedado en que nos encontraríamos aquí, pero no sabemos dónde se ha podido meter. No creo que tarde. Venimos a conocer tu respuesta. ¿Ya te has decidido? –pregunta Pacheco.
-La verdad es que todavía no lo tengo claro. Eso de entregarme se me hace cuesta arriba. Y una vez en el talego, ¡cualquiera sabe lo que puede pasarme!
-Ves lo que te dije –salta Macarena, mujer de armas tomar donde las haya-, perdéis el tiempo intentando convenserle. Este mierda es esclavo de su origen y su historia, y no sabe de amigos ni de paisanos ni de excompañeros.
-Un respeto que yo no te he faltado –replica Curro, molesto.
-Solo se puede respetar a los hombres que se visten por los pies y no a un maricón de playa que tiene de hombre lo que yo de obispo -Macarena Hernández cuando se pone brava habla peor que un carretero, grey que goza fama de mal hablada.
-Yo seré un maricón de playa, pero si quieres que te folle me tienes a tu disposición. Al fin y al cabo, como se comenta por Sevilla, no será la primera vez que le pones los cuernos al calzonazos de tu marido –Curro ha dado donde más puede dolerle a la pareja.
   Macarena, cuyo semblante crispado dice bien cómo le han sentado las palabras del exsindicalista, inopinadamente da un sonoro bofetón a Curro, quien a su vez responde con otro. Alfonso sale en defensa de su mujer e interviene, más con la intención de separarlos que de enzarzarse con su paisano. Ambos hombres forcejean hasta que el ingeniero que es más joven y fuerte le da un violento empellón que provoca que Curro, como le ocurrió cuando el incidente con Vicentín, se caiga dándose contra el canto superior del sillón con la mala fortuna que le impacta contra una de las costillas fracturadas lo que le provoca la perforación de la pleura y le daña el pulmón. Lo que en la jerga médica se conoce como un neumotórax traumático genera unos síntomas que se manifiestan rápidamente. Curro se deja caer en el sillón y comienza a sentir un fuerte dolor en la zona del pulmón dañado, empieza a respirar con dificultad y su semblante se pone lívido.
   Los Pacheco de momento no reaccionan, cuando lo hacen Curro ha comenzado a toser y echa sangre lo que le impide hablar. La vista del rojizo fluido desconcierta a la pareja que se pone muy nerviosa.
-Tendríamos que llamar a un médico –dice, consternado, Alfonso.
-Mejor no, podrían acusarnos de haber intentado dañar a esta rata –ni aún en el estado en que está Curro, Macarena es capaz de experimentar la más mínima piedad.
-Pero no podemos dejarlo así –insiste Alfonso-, le puede dar un colapso y entonces si nos acusarían de no haberle socorrido.
-Déjate de mandangas. Como creo que nadie nos ha visto entrar, lo que tenemos que haser es largarnos con viento fresco y cuanto antes mejor, no sea que venga alguien y tengamos que dar un montón de explicasiones que vete a saber si se las creerían.
   Curro sigue tosiendo y sin poder hablar, solo tiene fuerzas para mirar con odio a la pareja. La mujer no se lo piensa y sale de la habitación. Su marido, tras un momento de desconcierto, la sigue. El matrimonio abandona el cuarto en el que ha estado poco más de diez minutos. Allí queda Curro hundido en el sillón y tosiendo cada vez más fuerte. Tiene una intensa sudoración y su pulso se ha disparado. Hace un desesperado intento de levantarse e ir hasta la puerta para pedir ayuda, pero no lo consigue. Un miedo cerval se apodera de él, en toda su vida jamás se sintió tan mal. Para un agnóstico como el exsindicalista resulta una incongruencia que su único pensamiento sea una jaculatoria: “Jesús del Gran Poder que salga de esta”.
  
PD.- Hasta el próximo viernes

domingo, 8 de julio de 2018

*** Han llegado los niños


   Han llegado mis nietos y mi solitaria vida de anciano, aburrida, monótona y ordenada ha sufrido un vuelco. La casa se ha llenado de alegría, carreras, gritos, llantinas, risas y desorden. Que todo eso y mucho más traen los niños. También de juguetes por todas partes, de muebles fuera de su sitio, de cambios en los horarios de comida y de la pérdida del mando de la tele. Ahora toca ver dibujos animados y he descubierto que a los críos el mundial de fútbol les trae al fresco y con los noticieros se duermen.
   Pero lo que cuenta es que, pese a los posibles y en ocasiones reales trastornos, los críos te alegran la vida. Los miro y sé con certeza que el único rastro que va a quedar de mí serán los genes que les haya podido transmitir. Todo lo demás, mi vida con sus éxitos y fracasos (más de los últimos), mis recuerdos de todos los colores, mis contados amores y desengaños múltiples, los pocos amigos que me quedan, los libros que escribí y este mismo blog; todo eso sumado es humo.
   Ahora me toca a volver a releer los cuentos de mi niñez o teatralizar los relatos de hoy repletos de naves espaciales, de héroes con poderes sobrehumanos, de máquinas que se comportan como humanoides y de hombres que parecen robots. Tengo que volver a recordar donde venden los mejores helados y en que playa la arena es más idónea para construir esos castillos efímeros, pero que son tan del gusto de los críos.
   Han llegado los niños y con su sola presencia mi vida se ha llenado de emociones. ¡Benditos sean!

viernes, 6 de julio de 2018

60. … y al que se interponga lo mato!


   La mañana del día de la Asunción Sierra llama a Pacheco para ponerse de acuerdo sobre cuándo irán donde Curro a pedirle que conteste a la propuesta que le hicieron. El ingeniero le responde que de momento no puede concretarle la hora de la visita porque está a expensas de lo que decida su mujer que todavía no ha resuelto si les acompañará o preferirá quedarse en la playa. Ante tal respuesta, Sierra piensa: “Está claro quien lleva los pantalones en esa pareja. Alfonso es un calzonazos de manual y Macarena una marimandona de mucho cuidado. He hecho bien no casándome, te juntas con una tipa así y te puede joder la vida”. Como no tiene paciencia para esperar pues está del caso ERE y sus derivadas hasta el gorro, opta por irse a Torrenostra por su cuenta. A su vez, Pacheco le cuenta a su esposa la conversación mantenida con el sevillano.
-Acabo de hablar con Jaime, pregunta que cuando vamos a ver a Curro, si ahora o por la tarde.
¿Te viene bien que vaya ahora o mejor que lo haga después del almuerzo? Y otra cosa, ¿quieres venir con nosotros?
-No me voy a perder la última mañana de playa, ve tú si quieres así, además de ver a tu amiguito –lo de amiguito lo ha dicho con evidente mordacidad-, me dejas aquí más sola que la una y eso teniendo una mujer que, sin falsa modestia, está de buen ver es correr un peligro cierto.
   Pacheco toma buena nota del mensaje y como conoce bien a su parienta le propone un acuerdo transaccional.
-Lo que podemos hacer es compaginar ambas cosas. Esta mañana vamos a la playa y por la tarde voy a ver a Curro y, si te apetece, vienes conmigo.
   La mujer por toda respuesta se encoge de hombros como si todo le diera igual. Alfonso lo toma como un sí y llama a Jaime para contarle que verán a Curro por la tarde.
   Otra persona de las llegadas desde Sevilla que está apurando sus últimas horas en la Costa de Azahar es Rocío Molina. Se ha trasladado a Torrenostra en espera de que de una vez por todas Anca la introduzca en la habitación de Curro. La mañana es muy movida en el hostal, el establecimiento está a tope y el servicio anda de cabeza, por eso la camarera rumana no ha tenido ni un segundo de respiro para llevar a cabo el acuerdo al que llegó con la andaluza. De hecho ni siquiera se ha acordado, tiene problemas más acuciantes en los que pensar, Vicentín la controla de forma cada vez más agresiva y sus celos rayan en el paroxismo. Ya no sabe qué hacer para quitárselo de encima, se ha convertido en un verdadero agobio. Piensa que de seguir así tendrá que romper definitivamente con el hereu o irse del pueblo al menos una temporada en espera de que al joven se le apacigüen los malos humores.
   Nicoleta, la otra camarera rumana del hostal a la que ha sobornado el Chato de Trebujena, tiene el mismo problema que Anca, no ha tenido tiempo de encontrar un resquicio para colar al expúgil en la habitación de Salazar. Y eso que el antiguo boxeador, que ya se encuentra en Torrenostra, le ha insistido en que solo necesitará estar unos minutos con el exsindicalista, los suficientes para dejarle muy clarito que la paliza que le dio no es más que un aperitivo de lo que le puede hacer si habla más de la cuenta en el juzgado.
   A su vez, Francisco José también se encuentra en la playa. Está resuelto a apretarle las tuercas a su padre para que le dé el dinero que le había prometido y así poder volverse a Sevilla. Además, visitar a su padre le sale a cuenta porque las consumiciones que hace en el hostal le salen gratis pues la cuenta se la cargan a Curro. En cuanto llega sube a la habitación de su padre para conminarle que le suelte la tela. Lo encuentra, como de costumbre en los últimos días, viendo la televisión.
-Buenos días, he venío a…
-¡Calla, leche, que estoy viendo esto! –le reprende Curro que está contemplando el programa de una cadena regional.
   Aprovechando una pausa publicitaria, Curro, sin dar pie a que el chico pueda decir algo, le cuenta que lo que está viendo es una fiesta popular llamada de Moros y Cristianos típica de la Comunidad Valenciana y específicamente de la provincia de Alicante. Ya ha visto otras retransmisiones similares y le encantan. Le explica que, por lo que le ha contado la patrona, esas fiestas conmemoran las batallas que se libraron durante la Reconquista y también las que se llevaron a cabo a causa de las rebeliones sarracenas y los ataques de los piratas berberiscos contra las costas levantinas. Las fiestas de Moros y Cristianos, que en algunos casos datan del siglo XVII, enganchan pues son unas celebraciones de gran atractivo visual, ya que en ellas confluyen elementos tan peculiares de la idiosincrasia del pueblo levantino como el gusto por la farsa, los disfraces, la música y la pólvora. El inicio del festejo lo marca el hecho de que cada uno de los dos bandos toma simbólicamente la ciudad un día, es lo que se denomina Entrada Mora y Entrada Cristiana. Los momento álgidos de la fiesta son los desfiles de las peñas de moros y cristianos, llamadas comparsas o filaes, donde los participantes van lujosamente ataviados con trajes de época. Desfilan asimismo rondallas de dulzainas y bandas de percusión, y en los sitios de más tradición o en localidades grandes también participan carrozas y animales montados como caballos, elefantes y dromedarios. Los desfiles constan esencialmente de filas o escuadras de diez a catorce festeros dirigidos por un cabo de escuadra o bien por un bloque de varias escuadras con un cabo al frente. El ritmo del desfile y la forma de ejecutarlo varía según se haga al ritmo de un pasodoble ligero y alegre como el archipopular Paquito el Chocolatero, de una cadenciosa marcha mora alzando cada paso o de una contenida y vigorosa marcha cristiana. Se acaba la fiesta con la reconquista de la ciudad por parte de los cristianos. Esto sucede en la batalla final en la que se producen disparos con armas de avancarga como arcabuces, espingardas y trabucos. Antes de la última pelea el embajador cristiano intercambia unas palabras amenazantes con el defensor moro del castillo, tras lo cual se toma dicho castillo y si no lo hay, que es lo que suele suceder, se toma uno fabricado de cartón piedra.
   El joven Salazar escucha la explicación paterna tirando de paciencia a la par que piensa: “Quien iba a desirlo que er famoso Curro er Conseguidor terminaría así: viendo embobao, como si fuera un niño chico, una fiesta en la que los catetos der pueblo van vestios como payasos de sirco. Desde luego, rasón tiene la mama, vivir para ver”. Aprovecha un resquicio en la explicación de su padre para insistir en lo suyo.
-Quería que me dieras la guita prometía porque me tengo que vorver a Sevilla.
   La petición coincide con la finalización del espacio publicitario y la retransmisión de Moros y Cristianos torna a enseñorearse de la pantalla, por lo que Curro vuelve a hacer callar a su hijo. El joven, más cabreado que un novillero principiante al que no le embiste el morlaco de turno, sale de la habitación dando un portazo y jurando en arameo.
   El azar, los hados o vaya usted a saber qué ha ocasionado que en poco más de mil metros se hayan juntado casi todas las personas que por una u otra causa tienen cuentas pendientes con Curro Salazar: el georgiano Grigol Pakelia, el malagueño Carlos Espinosa, los sevillanos Jaime Sierra y Francisco José Salazar, los trebujeneros Rocío Espinosa y El Chato. Solo falta el zahareño Alfonso Pacheco y su sevillana esposa. Curiosamente, salvo Espinosa que a mediodía ha visto casualmente a Pakelia y a Francisco José, ninguno de los demás se ha percatado de la presencia del resto de interesados en la evolución de la salud del antiguo Conseguidor.
   Mientras en unos centenares de metros cuadrados se han congregado los emisarios de varios lobbies que presionan a Curro, sus transitorios amigos del dominó están almorzando en el hostal. Lo hacen por consejo de Anca que el día anterior les alertó de que seguramente el día de la Asunción no podrían echarse su cotidiana partida porque las mesas de la terraza iban a estar todas reservadas para comensales. Y que al ser comidas copiosas lo usual es que no se desocuparán hasta bien avanzada la tarde.
-Pues nos hacéis la santísima –se lamentó Álvarez.
-Bueno, podemos ir al Perero -propuso Ponte.
-Ni soñarlo. Los días festivos contrata a un cantante que monta unos bafles que hacen que retruene todo como si fuera una sala de fiestas y se monta tal follón que no hay quien se entienda –señaló Ramo.
   Anca les ofreció una solución: que hicieran una reserva para comer y que después de comer montasen la partida en la misma mesa en la que hubieran comido. La joven añadió que estaba todo reservado, pero ella les podía montar otra mesa en la parte de la terraza que da a una calle interior sin circulación. Y así lo han hecho, por eso son testigos de que Vicentín ha acorralado a Anca en una esquina de la terraza y mantiene con ella una tensa conversación. Los jubilados no oyen el diálogo entre los novios, pero a juzgar por la gesticulación debe de tratarse de una conversación nada agradable. A Vicentín se le ve agitado y nervioso y acompaña lo que dice con una gestualidad brusca y hasta un punto amenazante. La rumana no cesa de mover la cabeza en sentido negativo e intenta desesperadamente deshacerse del joven. Ante lo que parecen negativas de Anca, el hereu da media vuelta no sin antes proferir a voz en grito que se oye en toda la terraza lo que suena como una amenaza:
-¡Estás avisada, o eres mía o no lo serás de nadie… y al que se interponga lo mato!

PD.- Hasta el próximo viernes.