viernes, 13 de abril de 2018

48. ¡No, per niente!


   En El Grao de Castellón Carlos Espinosa se entretiene jugando al golf a la espera de la respuesta de Salazar a su propuesta. No es que sea Tiger Wood o Phil Mickelson, pero para ser un aficionado tiene un hándicap decoroso. Se defiende mejor con las maderas que con los hierros, aunque su talón de Aquiles es el putt como ocurre a menudo. Ya no juega en el pequeño campo del Grao, ahora lo hace en el Club de Campo del Mediterráneo, campo de dieciocho hoyos sito en el municipio de Borriol y a pocos quilómetros de su hotel. Como buen aficionado ha recordado que es el campo en el que se forjó Sergio García, el tercer jugador español que, tras Seve Ballesteros y Chema Olazábal, ha ganado un major, el Masters de Augusta. Salvo darle a la pelotita no hace mucho más por lo que le queda tiempo para pensar. Se ha ganado al hijo de Curro, al que ha prestado una Harley que alquiló en Castellón, pero le está sirviendo de poco porque el exsindicalista no le responde. Francisco José le ha asegurado que cada vez que visita a su padre le insiste en que la mejor salida a sus problemas es marcharse al extranjero, pero la respuesta de Curro es el silencio o que lo está estudiando. Por eso un pensamiento que le ronda insistentemente es que quizá la solución ideal sería eliminar físicamente al gaditano, “Muerto el perro se acabó la rabia”, se dice. Cuando lo piensa se acusa de que tendría que habérselo planteado antes de iniciar su viaje pues en la Costa del Sol conoce a gente que se dedica, entre otros turbios asuntos, al macabro negocio de la desaparición de personas. Se dice que siempre puede encargarlo por vía telefónica, pero no da ese paso porque un asunto así es problemático negociarlo a distancia y además costaría bastante más dinero y no sabe si sus patrocinadores lo aprobarían. Ante la duda, lo deja todo como está, lo que va contra su carácter y formación.
   Lo que desconoce Espinosa es que quien tiene el encargo con el que a veces sueña sigue sesteando en la vecina población de Las Villas de Benicàssim. Grigol Pakelia se lo está pasando en grande con unas vacaciones pagadas que le han caído como llovidas del cielo. Este sábado, y a sugerencia de su última conquista playera, una italiana de treintaañera tan sexi como coqueta llamada Alessia, ha alquilado una lancha fuera borda para darse un paseo por las playas cercanas. Ha planificado una ruta que les lleve a les Platgetes de Bellver, luego a la plancha de la Concha de Orpesa y, finalmente, a las playas de Torrenostra. El viaje ha resultado más movido de lo que esperaba pues hoy el mar está algo picado como muestran las olas blancas y espumosas que se levantan, las popularmente conocidas como cabrillas. Debido a ello eliminan la parada de la Concha y al final de la ruta amarra la motora en la dársena de fortuna sita en la playa más meridional de Torrenostra. Vadean a pie hasta la costa y se toman un tentempié en el chiringuito más cercano. Lo que nunca podría imaginar el sicario georgiano es que el objetivo de su encargo, en el supuesto de que su diaria llamada telefónica tuviera como respuesta un sí, está a menos de treinta metros donde está trabajándose a la voluble Alessia que a veces da la impresión de ser una pieza fácil de cobrar y en otras tratarse de una mujer de armas tomar. Cuando llega un momento en que la italiana parece estar dispuesta a darle algo más que apasionados besos, el georgiano se ve en la imperiosa necesidad de encontrar una habitación. Al ver el rótulo de hostal en el edificio de enfrente, se acerca a recepción para alquilar un dormitorio. La señora que le atiende contesta molesta a su petición:
-Este es un establecimiento serio y no alquilamos habitaciones por horas.
-La alquilo para todo el día.
-Lo siento, pero lo tenemos todo ocupado –es la seca respuesta.
   Pakelia pone un billete encima del tablero y dice que cien euros por una hora es una bicoca. La patrona poco menos que lo despide con cajas destempladas. El georgiano, que no está dispuesto a darse por vencido, pregunta donde podría alquilar una habitación.
-Vaya a la 340, allí encontrará algún parador de carretera que alquila habitaciones por horas.
   El sicario, con un calentón en la entrepierna de campeonato, tiene que retomar su fuera borda jurando en arameo. Una vez a bordo, y a falta de un lugar más adecuado, intenta hacerle el amor a la italiana. En principio, Alessia consiente las ardientes manifestaciones del georgiano, pero cuando este intenta quitarle la braguita del bikini se lo saca de encima de un empellón al tiempo que le grita muy airada:
- ¡No, per niente!
   Pakelia sabe poco italiano, pero después de haberse visto toda la filmografía de Vittorio De Sica no ignora que no, per niente es una expresión que entiende todo el mundo aunque no se sepa una palabra de la lengua de Dante. Debido al calenturón por un momento le pasa por la cabeza la idea de forzarla, no será la primera vez que viola a una mujer, pero la italiana da la impresión de ser una ragazza dura de pelar por lo que desecha la idea. “Mientras no acabe de ejecutar el encargo no es cuestión de meterse en líos. Además, si hoy me ha dicho que no otro día puede decirme que sí”, se dice. Hace de la necesidad virtud y en el trayecto de vuelta a Las Villas saca sus mejores mañas de casanova. Alessia, que se había puesto hosca ante la tentativa de Grigol, distiende su ceño y termina aceptando las atenciones de su atlético ruso, porque esa es la nacionalidad que le ha dado el sicario.
-Dobbiamo tornare indietro –sugiere Alessia.
   Mientras la lancha de la pareja se pierde de vista en dirección a Las Villas, esa misma tarde los viejos van a visitar a su postrado excompañero de dominó. Le encuentran en animada charla con Anca que al verles les saluda festivamente.
-Mira quienes están aquí, mis mejores clientes. Pasen, pasen. Le estaba dando charleta a don Francisco para que no se aburra, pero ahora que han llegado ustedes me retiro, ya tiene con quien hablar.
-Bueno, Martínez, ¿qué tal, cómo te encuentras? –pregunta Álvarez.
-Bastante mejor, aunque todavía me duelen las costillas y por la noche no duermo todo lo que quisiera, cada vez que cambio de posición el dolor me despierta.
-Tú aquí jodido y el cabrón que te hizo eso se ha ido de rositas –afirma Grandal que sigue empecinado en que el andaluz debería denunciar la agresión.
   Salazar da la callada por respuesta y desvía la charla hacia otros derroteros.
-¿Cómo os las arregláis para completar el cuarteto ahora que se ha ido Amadeo y yo todavía no estoy en condiciones de suplirlo?
-De momento no tenemos problema. Un vecino mío de Madrid, que resulta que nació aquí, es el cuarto que completa la partida –explica Ponte.
-Buena enfermera te has echado con la Anca. Con sanitarias así no me importaría estar unos días en la cama. Debe ser mejor que un reconstituyente –bromea Álvarez.
-No creáis –explica el enfermo-, pero tengo que ir con pies de plomo con esa muchacha. Tiene un novio que es más celoso que el Otelo ese de la ópera y si el fulano os hubiera escuchado ya estaría armando la de Dios es Cristo.
   El aludido está precisamente en la terraza del hostal tomándose la enésima cerveza del día. Va allí frecuentemente, lo que le sirve de excusa para controlar a su novia y se desespera al comprobar que Anca pasa cada vez más tiempo en la habitación de Martínez. Se da la circunstancia de que la joven rumana cuenta para ello con la anuencia de la propia patrona que tiene dos motivos para tal actitud. Por un lado, es la primera vez que uno de sus huéspedes es agredido tan brutalmente a menos de cien metros del hostal, lo que le provoca un sentimiento de culpabilidad. Por otra, es uno de los contados pupilos que piensa quedarse con ellos tras el final del verano y a un huésped así hay que bailarle el agua. El resultado de ello es que Anca dedica buena parte de su tiempo a atender las necesidades del exsindicalista. En todo eso está meditando el hereu cuando alguien se sienta en su mesa.
-Buenas tardes, Vicentín. ¿Cómo va la vida?, ¿y tus padres qué tal están?
-Buenas tardes Pedro. Están como siempre, unos días mejor que otros. A los viejos os pasa eso.
   Pedro Ramo reprime un gesto de desagrado. Pertenece a una generación que fue educada en el respeto a los mayores en edad, dignidad y gobierno como rezaba el catecismo lo que suponía, entre otros aspectos, que los jóvenes trataran de usted a los ancianos. Y que alguien como ese jovenzuelo, que bien podría ser su nieto, le tutee es algo que le repatea, pero como es consciente de que esas son las actuales costumbres y no es quien para cambiarlas oculta su fastidio, aunque no puede por menos que contar algo que sabe que va a irritar al nini pues  Vicentín ni estudia ni trabaja.
-¿Qué tal tu novia? Por cierto, ayer mismo llamé la atención a uno de mis sobrinos-nietos que se refirió a ella como Anca la Potranca. Me contestó que así la llaman en el pueblo. Le reprendí y le dije que eso era una ordinariez que no quería volver a oírsela.
-Dile que si se lo oigo repetir le partiré la cara- replica amenazadoramente Vicentín.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 6 de abril de 2018

47. Mañana será otro día


   Curro Salazar sigue postrado en su habitación, su recuperación es lenta y ello no solo se debe a las costillas fracturadas, lo que más le tiene amilanado es pensar en los individuos que pretenden manipularle para que cuente a la justicia un relato edulcorado sobre el caso ERE. No se encuentra con la cabeza lo suficientemente lúcida para discernir la propuesta que le puede interesar más. Como de tonto no tiene un pelo es consciente de que cada emisario lo que busca es que no incrimine a sus respectivos patrocinadores en sus futuras declaraciones. Aunque tanto su hijo como su exnovia no parecen tener intenciones manipuladoras también le preocupan porque no cree que sea una casualidad que ambos hayan coincidido allí y ahora. “Aquí debe de haber algo más que se me escapa”, se dice. A sus recelos se suma que, aunque no se lo ha confesado a nadie, tiene miedo. “Si un descerebrado como el Chato de Trebujena me pegó una paliza, ¿no habrá alguien con más sesera que me pueda hacer daño de verdad?”, se pregunta. Esa mescolanza de sensaciones es lo que más le ata a la habitación. Le han instalado una televisión y pasa las horas muertas viéndola y departiendo con Anca que se ha revelado como una cariñosa y eficiente enfermera. Únicamente le visita, y no todos los días, su hijo; casi prefiere que sea así porque cuando aparece por allí no cesa de darle la matraca de que lo mejor que puede hacer es largarse al extranjero. Está convencido de que al chaval le debe de haber comido el tarro el petimetre de Espinosa.
   Lo que menos puede sospechar Salazar es que hay dos personas que ya han cerrado un trato para poder acceder a él de manera que podría calificarse como clandestina. Rocío ha terminado convenciendo a Anca para que le facilite un encuentro con su exnovio. Según la andaluza lo único que pretende es que Curro le pague los dineros que necesita para hacer frente al supuesto crédito que pidieron. La rumana no acaba de creerse una historia que hace agua por todas partes y en la que no hay proporcionalidad entre el soborno ofrecido y lo que se pide por ello. Anca le ha cogido cariño al dolorido huésped, pero trescientos euros son muchos euros, por eso ha aceptado. Aunque como no se fía de Rocío piensa que tendrá que vigilarla de cerca, no sea que la zorra de la andaluza se la quiera meter doblada.
   La otra persona que también ha cerrado un trato para poder entrar en la habitación de Curro es El Chato de Trebujena. El expugilista ha sobornado a Nicoleta, otra camarera rumana del hostal. El trebujenero ha sido mejor negociador que Rocío o quizá Nicoleta tiene un cachet inferior al de Anca, porque el soborno solo ha sido de cien euros. Lo que todavía no tiene muy claro El Chato es qué le va a decir o hacer al exsindicalista cuando lo vea. Piensa que no tiene mucho sentido volver a atizarle. A lo que le queda de deontología boxística le repele pegarle a un tío que está en la cama. “Eso no lo haría ni el tipo más tirado que haya subido a un ring”, piensa. Lo que tiene que hacer es dejarle bien clarito a Curro que ante la jueza de instrucción no abra la boca si no es para respirar.
   Tanto Anca como Nicoleta informan a sus dos dos corruptores que el mejor momento para meterles en la habitación de Salazar será en el inminente puente de la Asunción pues el Ferragosto, como lo denominan los italianos, este año cae en lunes lo que supone un puente de tres días. Y en España un puente de tres ojos y en plena canícula supone el desplazamiento de millones de personas. Va a haber muchísima más gente que de ordinario, de hecho en el hostal van a tener overbooking lo que lleva de cabeza a la patrona. Son unas fechas en las que ver una cara desconocida no llama en absoluto la atención. A todo esto, ninguna de ambas camareras sabe lo que planea la otra.
   Hay otros dos emisarios que también proyectan ver a Salazar, pero sin ninguna clase de tapujos. Son Jaime Sierra y Alfonso Pacheco que, una vez cerrado su acuerdo de agrupar sus propuestas en una sola, van a visitar al exsindicalista. El sábado, trece, se plantan en el hostal. La patrona reconoce a Pacheco como la persona que impidió con su aviso que siguieran golpeando a su huésped y que al día siguiente le llevó a Castellón para que le hicieran una exploración médica. Por ello no pone ningún impedimento a su deseo de ver al magullado huésped.
-Sin problema, pueden ustedes subir a ver al señor Martínez. Lo único es que como el médico insistió en lo del reposo será mejor que su visita no sea muy larga.
   Tras llamar a la puerta y sin esperar a que respondan, ambos colegas entran y encuentran a Curro recostado en la cama y junto a él, y sentada en la misma, una agraciada jovencita que está estirándose la falda que tenía subida a medio muslo. Al volverse, Pacheco la reconoce como la camarera que se encarga de la habitación del exsindicalista. Los dos andaluces se paran en el mismo umbral ante la sensación de que han interrumpido algo, no debe ser así pues es el mismo Curro quien les anima a entrar.
-Alfonso, Jaime, dichosos los ojos. Ya creía que os habíais olvidado de mí. Os presento a Anca, la mejor enfermera que he tenido nunca. Y estos son dos amigos míos que han venido de la mismísima Sevilla.   
   La camarera les regala una sonrisa al par que se levanta de la cama.
-Les dejo. Don Francisco, luego le traigo el almuerzo. Encantada –dice dirigiéndose a los recién llegados.
-¿Cómo estás, Curro? –pregunta Sierra.
   Pacheco es más expresivo:
-Un amigo común, Juan Simón, me dijo en una ocasión: si ves a Curro tirándose por una ventana, haz lo mismo, seguro que al final de la caída está esperando un montón de tías a cual más rica. ¡Menudas enfermeras te gastas! Así tampoco me importaría ponerme malo.
-Tú, otra cosa no tendrás, paisano, pero lo que es guasa tienes para dar y vender –replica Salazar.
   Y así, entre pullas y chanzas discurren los primeros momentos de la charla hasta que Pacheco considera que es llegado el momento de hablar de lo que les ha llevado allí.
-Curro, hemos venido a verte para ver cómo va tu recuperación, pero también para tener una conversación seria contigo. Verás, Jaime y yo hemos convenido fundir nuestras propuestas en una cuyos puntos más destacados te resumo. Uno, que te entregues a la justicia después de que nuestra gente haya pactado con la fiscalía una rebaja de la posible pena. Dos, frenar y torpedear la investigación del caso ERE. Tres, contratar al mejor bufete para tu defensa. Cuatro, facilitarte el dinero que necesites cuando la justicia confisque tus bienes. Y cinco, ayudaremos a tu familia y le buscaremos un buen trabajo a tu hijo mayor.
-Como contrapartida –completa Sierra- únicamente te pedimos dos cosas. Una, que cuando declares no involucres a nadie de los que figuran; mejor dicho, figuramos en esta lista –y le entrega una hoja-. Y dos, que insistas en que los funcionarios con los que trataste se limitaban a cumplir la ley y no tuvieron nada que ver con posibles cohechos. Estarás de acuerdo en que te pedimos poco y te ofrecemos mucho.
   Salazar entrecierra los ojos y queda en silencio como si sopesara la propuesta de sus dos excompañeros de partido. Cuando los abre y habla lo que dice no es lo que esperaban oír sus interlocutores.
-¿Sabéis qué le ha ofrecido el pisaverde de Espinosa a mi hijo? Os lo pregunto porque cada vez que viene a verme me da la matraca con que lo mejor que puedo hacer es marcharme al extranjero.
-Exactamente no sé qué le ha podido ofrecer al muchacho –contesta Sierra-, pero lo he visto pilotando una Harley. Por ahí pueden ir los tiros –y Sierra, que estudió derecho aunque nunca ejerció la abogacía, se explica-. Marcharse no creo que sea buena idea. La prescripción de los delitos que se te imputan podría tener un plazo entre diez y veinte años, dependiendo del tribunal que en su momento juzgue el caso. Tendrías que esperar ese tiempo para volver a España y cuando lo hicieras serías un viejo. Tu mejor opción es aceptar nuestra propuesta y entregarte. Te aseguro que saldrás de prisión antes del dos mil veinte.
-Posiblemente, tengáis razón, pero os confieso que en estos momentos no tengo fuerzas ni cabeza para decidir nada. ¿Por qué no volvéis en un par de días y mientras lo voy pensando?
   Los dos colegas se miran y asienten. Ambos intuyen que no sería bueno para sus intereses presionarle demasiado. A su vuelta al hotel, Pacheco, que ha decidido no volver a ocultar a su esposa nada de lo relacionado con Salazar, le cuenta la entrevista con el exsindicalista. El comentario de la mujer no tiene desperdicio:
-Perdéis el tiempo intentando convencerle. Salazar es esclavo de su origen y su historia, y no sabe de amigos ni de paisanos ni de excompañeros –Y remata su crítica con una metáfora aviaria-. La mejor forma de que el canario no cante es retorciéndole el cuello.
   Cuando Curro se queda solo en su habitación vuelve a encender la televisión. Su último pensamiento de cada noche es para un futuro de no más allá de veinticuatro horas: “Mañana será otro día”, piensa.

PD.- Hasta el próximo viernes.

viernes, 30 de marzo de 2018

46. Sobornos de tres al cuarto


   Rocío Molina está negociando con Anca para que acepte colarla en la habitación de Salazar con la finalidad de que éste le pague los dineros que, según la andaluza, le debe. Ha empezado ofreciéndole cien euros que han sido rechazados por la rumana, al igual que los doscientos que ha sido su siguiente oferta. “Habrá que pujar más alto”, se dice Rocío.
-Te podría dar dosientos sincuenta, es serca de un tersio de lo que ganas en un mes.
-Sigue siendo una miseria. Tendrás que buscarte a alguien que necesite la pasta más que yo.
   Rocío opta por cambiar de estrategia.
-Vamos a ver, Anca, ¿por cuánto me ayudarías?
   La joven rumana se queda mirando a la andaluza como calculando cuanto debe valer la necesidad que tiene de hablar con el magullado huésped y lanza una cifra a voleo.
-No lo haría por menos de mil euros.
-¡Mil euros!, pero quilla ¿te has creído que soy un jeque del petróleo? Mil latas por una gestión de ná, pues no eres tú nadie pidiendo.
-Te podría rebajar doscientos euros, pero ni una libra más.
-Ochosientos euros sigue siendo una burrá, mi arma.
-Lo tomas o lo dejas –Anca no se cree demasiado la historia de Rocío y está hablando sin dar demasiada importancia a las cifras que maneja.
-Por favor, Anca, recapasita y hablemos en serio. Que te parese si lo dejamos en tresientos y nos olvidemos de regateos. Tú no tendrás que haser casi ná, meterme en la habitasión de Martínes cuando no esté la patrona y ná más. En el caso de que me encontrasen diría que me había colao por mi cuenta y tú podrías jurar que ni siquiera me conoses. Tresientos es lo que ganas en dies días de haser camas, servir comidas y limpiar suelos. Piénsalo.
   Lo que está diciendo Rocío ya lo ha pensado Anca y sabe que es la pura verdad. Con todo, decide repensarse la propuesta de la andaluza.
-Me lo pensaré. Y ahora tengo que irme que mi novio se sube a la parra cada vez que me retraso.
   Rocío se vuelve a su hotel pensando en que si Anca accede a meterla en la habitación de Curro tendrá que salir de allí con el dinero necesario para volverse a Sevilla y además para pagar lo prometido a la muchacha. No está demasiado segura de haber hecho un buen trato.
   Lo que ha pensado Rocío de hacerse con los servicios de alguien que le permita acceder fácilmente a la habitación de Salazar, es parecido a lo que está a punto de ocurrirle al Chato de Trebujena. En principio, el exboxeador se conforma con que le tengan informado de la evolución de la salud del exsindicalista. Arriesgándose a ser reconocido, se acerca a Torrenostra y establece contacto con una de las camareras del hostal donde se aloja el gaditano. Se presenta como un viejo conocido de Salazar que no va a visitarle para no molestarle, solo quiere saber cómo anda de sus dolencias. La empleada, que se llama Nicoleta y también es rumana, le proporciona una detallada información del estado de Salazar. En un momento de la charla El Chato pregunta:
-¿Y aparte del zervizio y de su hijo alguien más ha vizitao al zeñor Martínez?
-No. El médico ha ordenado que cuantas menos visitas reciba mejor porque tiene que reposar. La patrona nos ha advertido tajantemente que sin su autorización nadie más debe subir a la habitación, sin embargo… -Nicoleta acaba de darse cuenta de que le puede sacar a ese forastero que tiene un acento tan gracioso algo más de los veinte euros que éste le ha dado- …por cien euros puedo meterle en la habitación sin que nadie se entere, aunque si le pillan me ha de prometer que no dirá mi nombre.
-Eso está hecho, quilla –El Chato se apresura a aceptar la inesperada proposición que puede servirle para rematar su cometido. De momento, no cierran una fecha hasta que Nicoleta decida el día que puede ser más propicio para colarle.
   Otro de los que está a la espera de la mejoría de Salazar es Jaime Sierra que por fin ha podido localizar a Alfonso Pacheco. Quedan en verse para hablar sobre el encargo que ambos tienen respecto al exsindicalista. Sierra que, como está solo, es quien tiene más tiempo disponible para pensar es quien plantea una nueva estrategia a Pacheco.
-Creo, Alfonso, que lo más eficaz y positivo que podríamos hacer es aunar las propuestas que tenemos para Curro y presentárselas como si fueran una sola. Si lo piensas, es la solución más lógica, eficiente y barata.
   Pacheco no ha tenido tanto tiempo de ocio como su colega para dedicarlo al problema de Curro. Por una parte, es algo que no le preocupa demasiado y, por otra, su mujer lleva unos días con unas ganas locas de juerga. Por eso sus primeras palabras son más bien anodinas.
-¿Tú crees?
-Estoy convencido. Es la estrategia más lógica porque la propuesta de tu grupo y la del mío no te diré que sean dos gotas de agua, pero se parecen un montón. Puede ser la más eficiente porque podemos escoger lo más positivo de cada una y transformarlas en una nueva oferta que puede ser irresistible. Y como los costes que se puedan derivar se repartirán entre más personas nos costará menos guita.
-Visto así estoy por darte la razón –acepta Pacheco-. Y no me extrañaría que a mi paisano le pueda resultar atractiva.
-Acabas de mencionar un factor que puede ser decisivo, la afinidad. Está más claro que el agua de Sierra Nevada que tú, por el hecho del paisanaje con Curro, y yo porque le conozco de hace mucho somos los que más chance tenemos de que escuche nuestra propuesta con simpatía. Lo digo porque a estas alturas supongo que no tienes ninguna duda de que no somos los únicos que estamos pendientes de la salud de nuestro amigo. Ya nos consta del señorito cortijero de Espinosa, pero el pendón de la exnovia y hasta el propio hijo de Curro no están aquí por casualidad, es muy posible que también ellos lleven una oferta bajo el brazo.
-Por supuesto que lo había pensado. Incluso no me extrañaría que hubiese algún proponente más que por el momento desconocemos –aventura Pacheco.
-Pues entre todos ellos, nosotros somos los mejor posicionados. Al tal Espinosa parece que Curro no le conocía, a la Rocío no la quiere ver ni en pintura y en cuanto a su hijo, que podría ser nuestro mayor rival, le tiene tal odio a su padre que dudo mucho que éste no lo haya notado. Al final, ¿cuáles son las personas en quiénes más puede confiar? En quien es su paisano y el hombre que impidió que le siguieran dando leña, o sea Alfonso Pacheco, y en quien, sin ser un amigo íntimo, conoce desde hace mucho tiempo y se fía de él, es decir, servidor y picapedrero –remacha Sierra con una media sonrisa.
   Ambos colegas sellan con un apretón de manos su acuerdo, presentarán a Salazar una propuesta conjunta. Sierra se vuelve a Marina d´Or más contento que unas pascuas y Pacheco regresa a su hotel con una idea fija: la de no contar ni una palabra de lo acordado a su esposa. “Se puede poner como una hiena”, se dice.
   En el grupo de los viejos, Ballarín, que se ha marchado a Huesca para celebrar con su familia la onomástica de su mujer, ha sido reemplazado por un nuevo miembro para la partida de dominó, Pedro Ramo, el torreblanquí, recriado en Madrid pues lleva más de medio siglo viviendo en la capital del reino. El primer día Ramo flojea bastante, se nota que está desentrenado, pero Ponte que es su partenaire le anima para que no decaiga su moral.
-No te preocupes, Pedro, acuérdate del adagio: quien ríe el último ríe mejor. Seguro que mañana les pegamos una paliza.
-Hablando de palizas, ¿sabéis algo de cómo anda de la suya el pobre Martínez? –pregunta Grandal.
-Ni idea –contesta Álvarez.
-¿Os referís al veraneante que está alojado aquí y al que por poco matan a golpes? –inquiere Ramo que, ante la respuesta afirmativa de sus compañeros, agrega-. Yo tampoco sé nada, pero ahí veo a alguien que nos puede poner al día. ¡Fabregat! –llama Ramo a un joven que está apoyado en un coche como si estuviera esperando a alguien, al tiempo que le hace señas de que se acerque-. El chico que os voy a presentar es el novio o la pareja, como dicen los modernos, de la camarera que limpia la habitación del agredido.
   El joven, que parece que ha reconocido a Ramo, se acerca con desgana.
-Os presento a Vicentín Fabregat a quien conozco desde que nació, aunque lo que se dice conocer a quien conozco mejor es a sus padres. Vicentín, estos amigos míos tienen interés en saber cómo se está recuperando de sus dolencias el señor a quien pegaron y que se aloja en el hostal.
-Sigue jodido, aunque lo que tiene no es para tanto porque solo le han fracturado dos costillas. Hace años a mi padre le fracturó una la coz de un mulo y a los tres días ya estaba trabajando en el campo. Estos andaluces, y perdón si alguno de ustedes también lo es, son muy flojos y el tal Martínez parece que no es una excepción.
-No todas las fracturas son iguales –matiza Álvarez.
-Por supuesto, pero Martínez ha encontrado un filón con las suyas, todo el mundo le lleva en palmas y le miman como si tuviese un cáncer terminal –replica Vicentín con mordacidad.
   “Que poco simpático te cae Martínez, jovenzuelo” piensa Grandal.

PD.- Hasta el próximo viernes.