viernes, 17 de noviembre de 2017

27. ¿Torrenostra?, ¿dónde cae eso?



   En dos agencias sevillanas de viajes unos empleados, bien por ser novatos, poco profesionales o estar de guasa, al ser preguntados por sendos clientes sobre como viajar y donde encontrar alojamiento en Torrenostra han respondido:
-¿Torrenostra?, ¿dónde cae eso?
   Los dos clientes que han hecho esa gestión no es que sean demasiado viajados ni precavidos y no se han preocupado en dejar tras sí rastros de adónde quieren viajar, quizás porque piensan que no tienen nada que ocultar. El primero de ellos es Francisco José Salazar, el primogénito del antiguo Conseguidor, a quien su madre tras mucho insistir y rogar ha convencido de que lo mejor para la familia es que avise a su padre de que se ha descubierto su paradero y de paso pedirle ayuda para paliar su precaria situación. El joven ha accedido a regañadientes y lo ha hecho más por su madre que por lo que le pueda pasar a su padre si le echa mano la justicia o algunos personajes que lo andan buscando, ¡Dios sabe para qué!. Algo que no es que le quite precisamente el sueño. Anda escaso de caudales por lo que ha insistido en la agencia que quiere un viaje y un alojamiento lo más barato posible.
   En el mismo caso que el primogénito de Salazar está Rocío Molina, la pinturera mozuela sevillana, ahora ya no tan mozuela, por la que Curro perdió la cabeza en aquellos años gloriosos en los que apaleaba los euros como si fueran gavillas en una era y que fue la principal causante de que abandonara a su familia. El sindicalista Pepote el Salvaculos, que fue mentor de Salazar, ha terminado convenciéndola de que, pese a la malquerencia que ahora tiene a Curro, si le avisa del potencial peligro que corre tendrá la oportunidad de cobrarle el favor recordándole lo del montaje de una peluquería que le prometió el exsindicalista. Su presupuesto también es exiguo por lo que insiste en la agencia en que tanto el hotel como el viaje han de ser los más económicos.
   Los otros que también quieren contactar con Curro Salazar, más astutos y cautelosos, lo que han hecho ha sido meterse en internet y han tecleado torrenostra. hoteles. Visto la existencia de un único establecimiento hotelero, justo en el que se aloja el exsindicalista, han derivado su búsqueda hacia las poblaciones próximas: Torreblanca, Marina d´Or, Alcossebre, Orpesa del Mar, Benicàssim y hasta alguno ha buscado en Peñíscola y Castellón. En Torreblanca, el municipio al que pertenece Torrenostra y por tanto el más cercano al alojamiento de Curro, han encontrado poco donde elegir, solo hay hostales, pensiones y paradores de carretera. En cambio, en las otras localidades las ofertas son amplias y diversas.
   Uno de los que ha entrado en internet es Jaime Sierra, antiguo director de la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía (IDEA), cuya cualidad más relevante para haber sido elegido por el grupo de Felipe Muñoz es que conoce personalmente a Curro y, sobre todo, que está en el paro lo que viene a decir que debe ser escasamente solvente, algo relevante en el supuesto de una sanción pecuniaria de la justicia o de una fianza si las cosas salen mal. El propósito de la camarilla es que contacte con Salazar y le ofrezca ayuda y dinero para que, en caso de que le capturen y tenga que declarar ante la juez instructora, dé la versión de los hechos que ellos han elaborado.
   Otro de los que andan con tiento es Alfonso Pacheco, funcionario del Cuerpo Superior Facultativo de Ingenieros de Montes y antiguo político de la Junta. Ha sido el elegido por el grupo formado por funcionarios públicos y que capitanea Gabriel Salcedo. La única baza que le ha hecho acreedor a ser el enviado estriba en que es paisano de Curro, aunque al ser bastante más joven no llegó a coincidir con el antiguo Conseguidor en los tiempos en que vivían en Zahara de los Atunes. Tiene un solo objetivo: convencer a Salazar, en el supuesto de que comparezca ante la justicia, de que declare que todos ellos, como funcionarios públicos, se limitaron a cumplir las órdenes que sus superiores jerárquicos les dieron. A cambio se comprometen a maniobrar para que su posible sentencia sea la más leve posible.
   Un quinto enviado que tampoco ha recurrido a las agencias de viajes es Pepillo Jiménez, más conocido como el Chato de Trebujena que era su nombre de guerra cuando fue profesional del mundo del boxeo. Al Chato se lo ha dado todo hecho la gente que lidera Juan Antonio Almagro, el exconsejero que estuvo en el grupo organizado por Felipe Muñoz y del que se apartó por no estar de acuerdo con su estrategia. Si envían al antiguo pugilista es porque pretenden que dé un correctivo a Curro con la amenaza añadida de que si no cierra la boca la siguiente paliza podría tener consecuencias irremediables.
   El sexto hombre que ha recibido el encargo de establecer contacto con Salazar es Carlos Espinosa, escogido por el grupo de empresarios que comanda Eduardo Gálvez. Espinosa es hombre curtido en viajes de todo tipo. Al contrario que el Chato no ha necesitado a nadie para organizar su viaje a la Costa de Azahar, zona que conoce bien porque durante un tiempo dirigió un hotel en la ciudad de Castellón de La Plana. Su misión es conseguir que Curro acepte irse al extranjero con el respaldo de la camarilla empresarial.
   Hasta hay un séptimo enviado que es el que tiene el encargo más drástico: liquidar a Curro si no se aviene a marcharse al extranjero y que es el plan B del grupo de Gálvez. Se trata de un georgiano de Anaklia llamado Grigol Pakelia, al menos ese es el nombre que figura en su pasaporte; mejor dicho, en uno de sus pasaportes. Llegó a España ejerciendo de chulo de dos jóvenes eslavas que terminó entregando a una de las mafias rusas que operan en la Costa del Sol a cambio de una sustanciosa compensación en la que se incluía su integración en la banda de hampones. Si sus jefes lo han elegido para realizar el trabajo encargado por Gálvez y sus amigos es porque quizá sea, de entre los integrantes de la banda, el que parece menos ruso. Los antepasados georgianos de su familia materna le han legado una piel cetrina y unos ojos oscuros, de tal forma que podría pasar por español, lengua que ha aprendido rápido con esa extraña facilidad que tienen los caucasianos para los idiomas. Viaja ligero de equipaje, quizá lo que más pesa en su bolsa es una Griazev-Shipunov GSh-18, pistola de última generación y que es una de las que equipa a las fuerzas especiales rusas, las temidas Spetnaz. Una característica única de la GSh-18 es el marco polímero compuesto de fibra de vidrio reforzada con poliamida, lo que reduce el peso de la pistola y aumenta su fiabilidad en las circunstancias más adversas. Otro de sus rasgos es su capacidad para perforar chalecos antibalas de segunda clase, algo que ninguna de sus competidoras en el mercado armamentístico ha conseguido, ni la austriaca Glock ni las alemanas SIG-Sauer y Heckler & Koch. Le han facilitado los datos personales de su objetivo y contemplando la foto de Salazar, Pakelia considera que no va a tener ninguna complicación en pasaportarlo, podrá liquidarlo con las manos o con su inseparable cuchillo plegable afgano, que no es la mejor arma blanca del mundo, pero que le sirve de recordatorio de uno de los episodios más dramáticos de su enrolamiento en el ejército ruso. Durante la guerra de Afganistán, un día los muyahidines tendieron una emboscada a su pelotón. Cuando uno de ellos le arrancó el cinturón, le bajó el pantalón hasta las rodillas y sintió el contacto de unos dedos ásperos en su pene comprendió horrorizado que iba a castrarle, algo que los muyahidines hacían a los prisioneros del Ejército Rojo; la inopinada llegada del resto de su destacamento lo salvó. Desde entonces guarda la llamada lohar afgana como si fuera el amuleto que le preserva intactas sus partes pudendas. La banda no ha necesitado ir a una agencia de viajes ni entrar en internet para organizar el viaje de su hombre a la Costa de Azahar, les ha bastado una inocente llamada telefónica a uno de sus compinches indicándole que su amigo Pako, es el nombre de guerra de Grigol por su relativa proximidad fonética con Pakelia, irá a pasar unos días con él.
   Siete son los enviados por las diferentes camarillas para entrevistarse o lo que sea con Curro. Dos que quieren ponerle en guardia de que su escondite ha sido descubierto y, al tiempo, pedirle dinero. Cuatro que pretenden pactar con él para que, en su caso, haga unas declaraciones previamente cocinadas o que se vaya al extranjero. Y uno cuyo objetivo es que se quede dónde está pero bajo unos palmos de tierra. Estos siete, no se sabe si galgos o podencos, son lo que se encaminan a una playa perdida, y demasiado tranquila al decir de algunos, del litoral que recibe el turístico apelativo de la Costa de Azahar. Quien primero llegue o quien primero hable con Curro, ¿se llevará el premio de lograr que acepte su propuesta?

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 10 de noviembre de 2017

Capítulo 7. Conjuras de tres al cuarto.- 26. Casi prefiero el plan B



   No todas las camarillas que se han conjurado para negociar con Salazar han dedicado mucho tiempo en diseñar un plan B por si el A fracasa. Es el caso de la que ha organizado por su cuenta Juan Antonio Almagro, que en el último momento se dio de baja del grupo de Felipe Muñoz por no estar de acuerdo con el pacto pergeñado por el mismo. El exconsejero se ha rodeado de otros exaltos cargos de la Junta de Andalucía y que pertenecen a lo que podría calificarse como la facción dura entre los imputados del caso ERE. Almagro les ha convencido sin demasiados problemas de que con Curro solo vale mano dura. Únicamente falta concretar hasta donde llegar para amedrentar al exsindicalista.
-Yo creo que con una buena palisa será sufisiente –afirma uno.
-De acuerdo, pero una palisa ¿hasta dónde? Porque entre hincharle la cara a hostias, romperle algún hueso o dejarlo medio muerto hay mucha diferensia –rebate otro-. No es lo mismo darle unas buenos guantasos que pegarle con un bate de esos que usan los mafiosos en las pelis.
   Después de muchas matizaciones de hasta donde se debería llegar acuerdan en que nada de bates ni porras ni puños americanos. Hay que darle un buen vapuleo pero del modo tradicional, con los puños. Y con esa concreción se adentran en el siguiente paso: buscar alguien que le dé una buena tunda y le amenace con que si se va de la lengua la próxima somanta será mucho peor. En esto consiste su plan B. Almagro ha hecho los deberes pues tiene hasta el nombre del posible matón.
-Si no tenéis ningún nombre que proponer, yo sí tengo uno. Y he de desir que es persona de toda confiansa. Estoy hablando de Pepillo Jiménez –Almagro se ha esforzado por pronunciar correctamente el apellido-. El nombre quisás no os diga nada, pero seguro que su mote sí, me refiero al Chato de Trebujena que, como alguno recordará, fue campeón de Andalusía de los semipesados. Pepillo por cuatro duros mal contaos hará el encargo a consiensia.
-Y si luego por lo que sea comiensa a largar, ¿qué puede pasar? –inquiere otro.
-Tranquilos. Con Pepillo solo hablaré yo, siempre que estéis de acuerdo, claro –Los síes son unánimes-. Por consiguiente, en el supuesto de que se fuera de la mui no podría delatar a nadie más que a mí y estoy totalmente seguro de que eso es algo que nunca hará el Chato, convertirse en un soplón. Tanto él como los suyos me deben demasiao.
   La reunión termina en cuanto concretan las cuestiones de intendencia, en las que se retratan como lo que son: unos cutres con mayúsculas. Alguien apunta que tendrán que alquilar un coche para el desplazamiento del Chato hasta la Costa de Azahar.
-Ni hablar, si nesesita un coche que lo alquile allí que saldrá a mejor presio y, por descontao, que sea un auto baratito, nada de alquilar un descapotable con la excusa de que es verano.
   Lo mismo ocurre cuando se menciona que tendrán que buscarle un alojamiento cercano adonde está Curro.
-Digo lo mismo que Manué con lo del coche, hay que encontrarle un hotel serquita, pero de pocas estrellas, que al fin y al cabo va a trabajar en lo suyo, no de vacasiones.
   Otra de las camarillas formadas para contactar con Curro está integrada igualmente por imputados en el caso ERE. Son funcionarios públicos que en su día ocuparon cargos políticos en la administración andaluza. El personaje que los lidera es Gabriel Salcedo, exconsejero de empleo. Tienen un único objetivo, intentar convencer a Curro para que se entregue a la justicia negociando antes con la fiscalía para rebajar las posibles penas. Le van a ofrecer todo tipo de ayudas. Todo a cambio de que sus declaraciones, informes y entrega de documentos vayan en el sentido de que ellos se limitaban a cumplir la ley y hacerla cumplir, algo que es el primer mandamiento de todo funcionario público. No se han molestado en estudiar un posible plan B porque si Salazar no acepta su propuesta no tienen más que ofrecerle. Su enviado es Alfonso Pacheco, funcionario del Cuerpo Superior Facultativo de Ingenieros de Montes, y cuya única baza que le ha hecho acreedor a ser el enviado del grupo estriba en que es paisano de Curro, aunque al ser bastante más joven no llegó a coincidir con el antiguo Conseguidor en sus correrías infantiles por Zahara de los Atunes.
   Hay una cuarta camarilla que también estudia como conectar con Salazar y que está formada por un reducido grupo de empresarios andaluces que, hasta el presente, no están imputados en el caso ERE, pero que si Curro tirara de la manta y aflorara la mucha documentación que, al parecer, obra en su poder tienen mucho que perder, no solo penalmente sino sobre todo, y es lo que les quita el sueño, económicamente. Dichos empresarios, comandados por Eduardo Gálvez que si no es el más inteligente si es el más rico y echao pa lante, han sido los que más se han lucrado del entramado ilícito del caso. Hasta el momento han permanecido ocultos, al igual que sus muchas y millonarias operaciones logradas al amparo de la legislación de la Junta de Andalucía para respaldar económicamente a empresas con problemas, reales o ficticios, que les obligaban a presentar un expediente de regulación de empleo (ERE). Toda esa urdimbre apenas si ha sido arañada por la instrucción del caso, pero ahí es donde se esconden la mayoría de los cientos de millones defraudados a las arcas públicas. El grupúsculo le ha dado mil y una vueltas a qué hacer con el exsindicalista hasta que ha llegado a una conclusión: mientras Salazar pueda ser llevado ante la justicia corren el grave peligro de que termine contando cuanto sabe. La única solución es que desaparezca de España y que se comprometa a no regresar hasta la finalización procesal del caso, termine cuando termine. Su oferta: se comprometen a pagar el viaje de Curro a un país que no tenga tratado de extradición con España y pasarle mensualmente una cantidad con la que pueda vivir dignamente.
-¿Y si Curro no acepta? –pregunta uno de los reunidos.
-Entonces se pasa al plan B –es la escueta respuesta de Gálvez que indica que este grupo si ha preparado una alternativa.
-¿Y a quién enviamos para negociar con Curro? –pregunta otro de los industriales.
   La pregunta genera una viva discusión. Las sugerencias que se aportan son variadas y en muchos casos contrapuestas hasta que es aceptada la proposición de uno de ellos: se trata del director ejecutivo de una de sus compañías que tiene el perfil que buscan.
-Fue quien me sacó las castañas del fuego –explica el proponente- después del colapso que siguió a la operación de marzo del 2013. Es hombre de fácil palabra, un zorro negociando y de una discreción a prueba de balas.
-¿Y cómo se llama esa perla?
-Carlos Espinosa. Y es hombre de mi total confianza.
-Bien, ya tenemos el negociador. Hay que enviarle enseguida no sea que otra gente, que la hay, se nos adelante. Ahora solo falta encontrar al hombre del plan B –especifica Gálvez.
   El silencio se cierne sobre la pandilla hasta que otro de los reunidos carraspea como prólogo antes de intervenir.
-Yo, por motivos que no vienen al caso, conozco a una banda de rusos que tienen varios clubes de alterne en la Costa del Sol y que se dedican, además de las drogas y las putas, a esa clase de trabajos. Son eficientes, expeditivos y callados. Sería cuestión de pactar el precio que haya que pagar porque, eso sí, son un poco caros.
-¡Coño, Félix, más caro nos saldrá si cogen al gilipollas del Curro y le da por irse de la lengua! –Le increpa Gálvez-. Habla con los rusos, les cuentas lo que queremos y negocias el precio. Y como te conozco, no te pongas en plan rácano. Es mucho lo que nos jugamos.
-Y al ruso, ¿lo enviamos cuando Espinosa fracase en su misión? –pregunta otro.
-Si lo hacemos así corremos el riesgo de que Curro se haya vuelto a esconder o que bien la policía o algún otro grupo se haya hecho con él y entonces el Plan B se va a la mierda. Lo mejor es enviar al mismo tiempo a ambos.
-Y si Espinosa no logra pactar con Curro, ¿cómo lo sabrá el ruso?
   Eduardo Gálvez medita su respuesta.
-Le dirás a Espinosa que todos los días a las doce le llamará alguien preguntándole… -duda unos instantes-, le preguntará si cenan juntos. Si la respuesta es afirmativa será que sigue en tratos con Curro o lo ha convencido, si es negativa el ruso tendrá manos libres.
-Y si el ruso no tiene que actuar porque Espinosa ha conseguido el sí de Curro, ¿le pagamos lo mismo? –quiere saber el llamado Félix.
-En ese caso ofrécele la mitad. Si no lo acepta, regatea y si al final dice que quiere cobrar lo que hayáis pactado cierra el trato. En asuntos así el dinero es lo de menos. ¿O es que alguno prefiere cambiar unos millones por una temporada en Alcalá de Guadaira o en Alhaurín de la Torre? –En alusión a dos de las cárceles más conocidas de Andalucía.
   Al salir de la reunión, uno de los empresarios le comenta a Gálvez en voz baja:
-Si te soy sinsero, casi prefiero el plan B porque con Curro nunca se sabe.
  
PD.- Hasta el viernes próximo

viernes, 3 de noviembre de 2017

25. ¡Que Dios reparta suerte!




   El grupo de Felipe Muñoz, tras inacabables discusiones, acuerda que el mejor pacto que pueden proponer a Curro Salazar se base en los siguientes puntos:
A) Que tratarán por todos los medios de frenar la investigación sobre el caso ERE. El pasado año ya eliminaron a la que era considerada como la bestia negra de los imputados, la juez Mercedes Alaya que, posiblemente harta de los repetidos ataques públicos que ha sufrido con el fin de desacreditar su trabajo y los continuos roces con la Junta de Andalucía, solicitó una plaza en la Audiencia Provincial que le fue concedida.
B) Que cuentan con el mejor bufete de Sevilla para que se encargue de su defensa. La minuta correrá a cargo del grupo.
C) Que cuando Curro declare ante el Juzgado de Instrucción nº 6 de Sevilla, donde se sustancia el proceso de los ERE, su deposición se ajustará a lo que le va a explicar el emisario del grupo.
D) Que no citará ninguno de los nombres que le enumerarán bajo ningún concepto. Si se le pregunta por ellos las respuestas serán del tipo de: no lo sé, no me acuerdo, no lo conozco, no sabría decirle, etcétera.
E) Que le facilitarán el dinero en mano que necesitará en cuanto la justicia le bloquee las cuentas y le embargue todos sus bienes.
-¿De acuerdo? –inquiere Muñoz tras leer las cláusulas del pacto.
   El asentimiento es unánime…, pero no, alguien levanta la mano; se trata de Juan Antonio Almagro, el exconsejero que ha sido una china en los zapatos de los conjurados por sus continuas salidas de tono y su intemperante oposición a cuantas propuestas se han formulado.
-No puedo estar de acuerdo con ese pacto. Eso es como echarles margaritas a los marranos.
-Entonces, ¿quieres decir de una puta vez cuál es tu propuesta? –pregunta con evidente cabreo el exdirector de IDEA.
-Conosco a Curro mejor que vosotros. Todo eso que queréis proponerle se lo va a pasar por el forro de los cojones. Lo único que puede lograr que tenga la húmeda quieta es que se le acojone y eso solo se logra con una buena mano de hostias o unas piernas partidas. Todo lo demás, humo.
-¿Qué es lo que pretendes, que terminemos todos en la cársel? ¡Cómo si no tuviéramos ensima lo que tenemos! –apostrofa Macarena Chacón.
-Almagro, perdona que te lo diga, pero cuando repartieron el sentido común ese día a buen seguro que hiciste pellas –ironiza Rivera, el abogado-. ¿Acaso no sabes que el mero hecho de proponer darle una paliza puede ser tipificado como delito?
-No estoy dispuesto a que se me siga menospresiando de esa manera. Está claro que aquí sobro. Por consiguiente, compañeros, me retiro por el foro. Felipe –Almagro se dirige al organizador del grupo-, grasias por tu invitasión, pero desde este momento me doy de baja en esta comparsa.
-¡Uf! –exclama Sierra dando un suspiro de alivio-, menos mal que se fue porque es que ya no le aguantaba ni una patochada más. ¡Y pensar que fue consejero! Claro, de esos polvos han venido estos lodos.
   Una vez ido Almagro el grupo, al que se han unido otros imputados, acuerda por unanimidad la propuesta leída por Muñoz. Ahora el asunto a debatir es a quien envían a negociar con Salazar. En principio, el debate se centra si mandar a alguien del grupo o buscar una persona de fuera. Esta segunda proposición es prontamente descartada.
-Ea, pues lo que hemos de concretar es quien de nosotros va a negosiar con el Curro –dice uno de los nuevos cofrades.
-Tendría que ser alguien con un perfil paresido a este: que tuviese mostrada capasidad suasoria, que tuviese experiensia en negosiar y mejor sí conose personalmente a Curro –explica Muñoz que agrega-. Yo mismo, sin falsas modestias, podría ser ese hombre, pero como creo que sabéis en los últimos tiempos me llevaba con Curro a matar. Lo que me descarta como alguien adecuada para tratar con él.
   Eduardo Guerra, el hombre de los seguros, expone otra sugerencia:
-Estoy de acuerdo con el perfil que ha trazado Felipe. Acabo de hacer mentalmente un rápido repaso de las biografías de cada uno de nosotros y creo que el hombre que mejor se adapta al precitado perfil es… Santiago Rivera.
   El resto de los conjurados se turnan uno tras otro para ensalzar las cualidades que tiene el letrado, todos con el mismo objetivo: no tener que comerse el marrón de una negociación de incierto resultado, por lo que el aludido no tiene otro remedio que replicar para librarse del embolado que sus socios quieren endosarle.
-No me cargues el muerto, Eduardo. El hecho de que sea abogado no me faculta más que a cualquier otro para llevar adelante el pacto que vamos a ofrecerle a Salazar, al contrario, me lo imposibilita. A mis socios del bufete no les hizo ninguna gracia que aceptara la invitación de Muñoz y más cuando se enteraron de cuál era el motivo. No quieren saber más del caso ERE, bastantes clientes nos ha costado el hecho de estar imputados. Además, está el aspecto legal, algo que no habéis contemplado. Salazar está en busca y captura y, si yo, abogado en ejercicio y sin ser su defensor, me pusiera en contacto con él estaría incurriendo en un delito y no digamos nada del aspecto deontológico. No me quiero quitar el muerto de encima, simplemente no puedo ir. Y por lo que pudiera ocurrir, a los rasgos que ha descrito Muñoz yo añadiría los siguientes: quien mandemos tiene que ser alguien que ahora no esté en política, ni sea funcionario público y mejor si es soltero y está en el paro.
   Es decir esto último y todas las miradas de los conjurados se dirigen a Jaime Sierra, el antiguo director de la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía (IDEA) quien, al parecer, reúne las condiciones expuestas por el abogado. Sierra como toda respuesta se encoge de hombros, pero también tiene algo que decir:
 -Para comprometerme exijo que aceptéis mis condiciones. La primera es algo que ni siquiera nos hemos planteado. ¿Qué pasa si Curro no acepta nuestra oferta? Hemos de preparar un plan B. No puedo entablar una negociación como si fuera un trágala de lo tomas o lo dejas.
   La intervención de Sierra enfría súbitamente el clima de la reunión. Acaban de darse cuenta de que como urdidores de pactos son unos pardillos, unos alevines de conspiradores, unos estrategas de salón. Se miran unos a otros sin saber qué decir. Una vez más ha de ser quien inició la conjura el que trate de que el grupo no se venga abajo y para ello lo más eficaz es reconocer paladinamente los propios errores.
-Jaime, tienes más rasón que un santo y más cabesa que la mayoría; al menos más que yo que, lo confieso, ni se me había ocurrido pensar en un plan B. Estoy totalmente de acuerdo contigo, no puedes ir a negosiar con Curro sin llevar otra oferta en el bolsillo. Por consiguiente, hemos de estudiar cual puede ser esa otra oferta. Y llegados a este punto encuentro un pero. Nos ha costado Dios y ayuda ponernos de acuerdo en el pacto a proponer. Si ahora nos metemos en estudiar el contenido de un plan B, ¿cuánto tiempo nos va a llevar? Ni se sabe. Y ahí corremos un riesgo claro. Todos hemos oído que hay otros grupos que están planteándose negosiar con Salasar y quienes conecten primero con él son los que tendrán más probabilidades de lograr su aseptasión. O sea, que el tiempo es un factor primordial. Lo que va en contra de que nos demoremos mucho para estudiar un plan B que, repito, estoy de acuerdo…
   Uno de los nuevos miembros interrumpe la exposición de Muñoz.
-Perdona, Felipe, pero te ruego que vayas al grano: ¿qué propones para solucionar el dilema entre estudiar un plan B o ser los primeros en hablar con Salazar?
-No propongo nada porque no sé cuál puede ser la solusion –es la tajante respuesta de Muñoz.
-No sé si esto podría valer para el plan B –informa con cierta timidez la Chacón-, pero me han comentado que la familia de Curro tiene apreturas de dinero. En esa casa solo entra el modesto sueldo de su mujer y las cuatro perras que gana el chico mayor en los refuersos que de uvas a peras hase en Mercasevilla. Se me ocurre que le podríamos ofreser ayudar a los suyos. Encontrarle un puesto fijo al chico no tendría que ser ningún problema. Y eso, Curro, lo tiene que agradeser, al fin y al cabo sigue siendo su padre.
   Poco a poco va urdiéndose la trama del plan B que consistirá en el contenido del plan A más dos añadidos a su punto D. Que ayudarán económicamente a la familia de Curro para que puedan llevar una vida más fácil que la que tienen ahora y que se comprometen a encontrarle un puesto de trabajo a su primogénito que sea fijo y en el que gane un salario superior al de un mileurista.
   Ya acabada la reunión y antes de despedirse, el anfitrión echa una mirada a sus compadres y, sin que venga a cuento, le viene a la cabeza la estampa previa al inicio de una corrida cuando los toreros, con las zapatillas al borde del albero, adelantan un pie y trazan un conjuro en la arena en forma de cruz al tiempo que musitan la jaculatoria que con más fervor se formula en el universo taurino. Por eso, no les dice adiós ni hasta la vista ni ya nos veremos, sino que exclama:
-¡Que Dios reparta suerte!

PD.- Hasta el próximo viernes