martes, 25 de abril de 2017

125. La DEA echa su cuarto a espadas



   Los jubilados amigos de Grandal, cada vez que se reúnen le preguntan qué novedades hay sobre el desenlace del robo del Tesoro Quimbaya. Saben que fueron detenidos y puestos a disposición judicial los atracadores del furgón blindado que transportaba la parte del tesoro que había sido cedido para su exposición a un museo parisino, pero del individuo o individuos que planearon el robo sigue sin saberse nada, así como de las joyas quimbayas robadas. De ellas por ahora solo se han recuperado las tres piezas que unos latinoamericanos, ahora se sabe que eran miembros de la banda asaltante del furgón, mostraron a María Victoria Martín-Rebollo para que las datara.  Lo último de lo que han tenido noticia es lo que le contó al excomisario el Jefe de la Brigada de Patrimonio Histórico sobre que los autores intelectuales residen, al parecer, fuera de España y que personalmente opinaba que en el caso seguía habiendo claroscuros y que nada era lo que parecía ser.
   De lo que mejor está informado el cuarteto es de la marcha de las conversaciones de La Habana entre las FARC y el Gobierno colombiano, acuerdos que según todos los indicios están relacionados indirectamente con el robo del tesoro. Cuando a finales de junio los jubilados están pensando en las vacaciones estivales se enteran de que en las citadas conversaciones se ha definido el cese del fuego definitivo y la dejación de armas. La paz parece cada vez más cerca, pero el cuarteto se marcha de veraneo a Torrenostra sin que se hayn firmado los tan buscados acuerdos. Es a finales de agosto, el veinticuatro exactamente, cuando se anuncia que el Gobierno colombiano y las FARC rubricarán el acuerdo de paz tras casi cuatro años de negociaciones. Asimismo, se proclama que el acuerdo solemne se firmará el veintiséis de septiembre, día de San Pedro Claver gran defensor de los derechos humanos, en la histórica ciudad de Cartagena de Indias. Con el verano ya finalizado, el dos de octubre se realiza el plebiscito para aprobar los acuerdos entre el gobierno y las fuerzas insurgentes con el sorprendente resultado de que la ciudadanía colombiana vota no al pacto, bien que por escaso margen. Pese al resultado, tanto el gobierno como los guerrilleros manifiestan que lo decidido por el pueblo no afecta al acuerdo depositado en el marco de los Convenios de Ginebra.
   Grandal, motivado por las continuas preguntas de los vejetes, trata de enterarse de lo último que se conoce del robo, pero no logra ningún resultado positivo. El equipo coordinador de la investigación del caso, el que formaban Atienza, Bernal y Blanchard se ha disuelto y cada uno de los policías se ha reintegrado a su antiguo trabajo. Antes de la disolución del grupo, aprovechando la festividad de los Ángeles Custodios, que se celebra el tres de octubre, patrón del Cuerpo Nacional de Policía, sus tres integrantes han sido distinguidos con la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo. A dicho acto ha sido invitado Grandal, pero apenas si puede hablar con los Sacapuntas, solo darles la enhorabuena. En el vino español que sigue al acto de la condecoración, el excomisario lo aprovecha para lanzar varios sedales para ver si alguien picaba y le daba más información, pero no consiguie nada. Después de eso, ha llamado varias veces a Atienza, que es a quien más conoce, pero el policía de la Brigada de Patrimonio no ha contestado a sus llamadas. También ha tratado de ponerse en contacto con Pérez Recarte, pero el número que tenía del agente del CNI ya no existe según informa Movistar. Incluso se ha puesto en contacto con su amigo, el coronel Tresreyes, por si a través de la Guardia Civil podía enterarse de algo, pero con el mismo resultado negativo.
   Transcurrido el verano y casi un año después del robo del tesoro, un buen día en la calle Princesa, esquina con Rey Francisco, Grandal se topa con Anselmo Bermúdez, comisario jefe del distrito de Moncloa/Aravaca y viejo amigo suyo.
- Hombre, Jacinto, cuanto tiempo sin verte, ¿qué es de tu vida?
- Pues ya puedes imaginar, Anselmo, de la vida de un jubilado poco se puede contar.
- Ah, enhorabuena por lo de la Cruz. Sentí no haber podido ir. Y ya que hablo de esa cuestión, te diré que en el Cuerpo no sentó demasiado bien que solo te hubieran otorgado esa distinción cuando merecías mucho más. Esos cenutrios del Ministerio no son más tontos porque no entrenan. Sin tu intervención, el Caso Inca todavía estaría a remojo y los Sacapuntas viéndolas venir – opina Bermúdez.
- Ya que citas el Caso Inca, ¿qué se comenta en los mentideros del Cuerpo sobre la detención de la banda que realizó el robo del tesoro?
- ¿Los Sacapuntas no te lo han contado?
- Ni media palabra. Les he llamado varias veces, pero no han contestado mis mensajes.
- Mira, ahora voy con prisas pues tengo una vista en la Audiencia Nacional, pero llámame cuando quieras y te cuento. Ah, y en todo caso, enhorabuena por la Cruz.
   Unos días después ante unas pintas de cerveza y sendas cazuelitas de callos madrileños, ambos comisarios charlan sobre el Caso Inca.
- De lo que te voy a contar, Jacinto, ni una palabra. Lo hago porque creo que te has ganado el derecho de conocer la verdad. Hay pocos compañeros en el Cuerpo que conozcan todo el tinglado del Caso Inca. Si yo soy uno de ellos es porque al estar el Museo de América en el ámbito de mi jurisdicción han tenido que remitir a mi comisaria el expediente del caso y aun así está incompleto. Verás…
   Bermúdez cuenta que la participación de la policía española, concretamente del grupo de los Sacapuntas, en la localización y detención de la banda que llevó a cabo el robo del tesoro fue meramente testimonial. Lo que ocurrió realmente fue que la Drug Enforcement Administration, decidió echar su cuarto a espadas que en español clásico significaba intervenir en una conversación o dar una opinión en algún asunto sin que se lo pidieran. En efecto, la DEA, agencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos dedicada a la lucha contra el contrabando y el consumo de drogas y que es la única responsable de coordinar y perseguir las investigaciones antidroga en el extranjero, tenía en su punto de mira al cabecilla y a varios miembros de la banda que llevó a cabo el robo pues algunos de sus integrantes pertenecían a uno de los cárteles de narcotraficantes colombianos más activos, el llamado clan de los Varelas. La DEA pactó con el líder del cártel, a quien le ofreció inmunidad judicial ante la justicia norteamericana, que les revelara la identificación y localización de la banda que cometió el robo. Cuando los norteamericanos lo tuvieron todo bien amarrado, fue el momento en que montaron la pantomima de organizar la redada contra los atracadores en la que las policías española, francesa y hasta la Interpol participaron como si hubiesen sido ellos los que habían localizado a los malhechores.
- Y ese cártel al que has aludido, ¿fue el que organizó el robo?, es decir, ¿fue el autor intelectual del asalto al furgón blindado? – inquiere Grandal aprovechando una pausa de Bermúdez en su relato.
- Ese dato es el que no figura en el expediente que me han mandado. Personalmente, creo que sí, pero no te lo puedo asegurar al cien por cien. En el Caso Inca siguen habiendo zonas de penumbra que continúan sin aclararse. Y el hecho de la autoría intelectual del robo es una de ellas. Nuestros mandos, y me refiero a los políticos, siguen manteniendo una postura bastante ambigua en lo que respecta a los últimos flecos de la investigación. Cuando les preguntas sobre determinados aspectos del caso notas que se ponen incómodos, con lo cual terminas no preguntando.
- ¡Qué curioso! Hace unos días, hablando con Chimo Ramos sobre este mismo asunto, me comentó que le había preguntado al Secretario de Estado de Seguridad cuando se devolverían al Museo de América las piezas robadas y no recibió respuesta. También me dijo que en los muchos años que lleva en el Cuerpo nunca se había tropezado con un caso que oliera tanto a chamusquina. Y remató su comentario con una frase que es todo un compendio casi filosófico: aquí nada es lo que parece y nada parece lo que es.
- Pues si eso dice el bueno de Ramos que lo sabe casi todo, yo digo: amén.
- De todas formas, me he prometido a mí mismo que no cejaré hasta que conozca el recorrido de la última gota de esa especie de río con mil y un meandros que es Caso Inca – afirma rotundamente Grandal.
- ¡Bienaventurados los jubilados que tenéis tiempo para todo!

domingo, 23 de abril de 2017

*** En abril, aguas mil



En el mes de abril, según el refranero español, aguas mil. Claro que ese aforismo servía antes del cambio climático, en cambio este año los días abrileños han dejado poca agua en las resecas tierras de la península ibérica. No sé a santo de qué traigo aquí abril, lluvia y clima. Quizá sea porque a finales de mes, exactamente el 28, colgaré en el blog el último episodio de “El robo del Tesoro Quimbaya”. Han pasado algo más de catorce meses desde que inicié el novelesco relato del supuesto robo de una de las más preciadas muestras del arte indígena sudamericano que se exponen en el madrileño Museo de América.
No me despido de mis lectores. Tengo en el taller de mi imaginación el embrión de una nueva novela, muy distinta y distante de la sustracción de las joyas precolombinas. Solo tienen un nexo que las une: los protagonistas son los cuatro jubilados que tanto hicieron para acelerar el desenlace del robo del tesoro. Nos seguiremos viendo o, mejor dicho, leyendo si los lectores tienen a bien hacerlo. En cualquier caso, y una vez más, gracias a los que abren el blog.

viernes, 21 de abril de 2017

124. Nada es lo que parece y nada parece lo que es



   A primeros de junio, Grandal recibe una llamada de Juan Carlos Atienza.
- Comisario, el Jefe de mi Brigada quiere hablar contigo. No te puedo contar el motivo, pero te adelanto que es para darte una buena noticia. ¿Cuándo podrías pasarte por aquí?
- Mañana mismo si le viene bien a Ramos – contesta Grandal.
- Ahora mismo se lo comento a ver como tiene la agenda.
   Tras la oportuna consulta quedan que Grandal acudirá al despacho del Jefe de la Brigada del Patrimonio Histórico el ocho de junio.
- Jacinto, cuánto tiempo sin verte. Los años han sido generosos contigo. Estás como los vinos de buenas añadas, cada día mejor.
- Chimo Ramos se ve que tanto tratar con ladrones de arte ha afinado tu capacidad de falsificar la realidad, pero en cualquier caso agradezco tus amables palabras. Lástima que las mujeres no piensen lo mismo.
   Una común carcajada respalda la buena química que ambos comisarios parecen mantener.
- Esta es lo que podríamos calificar como una charla exploratoria – comenta Ramos -. Te cuento. La investigación del robo del tesoro no está del todo concluida, pero aplicándole el símil taurino podríamos decir que solo le falta el rabo por desollar.
- Sí, pero también sabes que los taurinos afirman igualmente que hasta el rabo todo es toro – replica Grandal.
- Muy taurómacos hemos venido hoy – comenta el Jefe de la Brigada -. Se nota la cantidad de corridas que hemos tenido que presidir – contesta Ramos aludiendo con ello a la práctica de que las corridas de toros las debía presidir un comisario de policía aunque no supiera nada de tauromaquia -. De lo que básicamente quería hablarte es de una cuestión que te afecta al igual que a tus compañeros de dominó. El Ministerio del Interior quiere premiar vuestra dedicación y entrega a la investigación de todo lo concerniente al Caso Inca y está estudiando las distinciones a otorgaros. En tu caso piensan concederte, a título extraordinario, la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco. Ha habido sus más y sus menos porque ya tienes la Cruz con distintivo rojo, además de la Medalla de Plata, condecoraciones más importantes. No sé si han acertado o han metido la pata, pero es lo que han resuelto. Solo te pido que no te lo tomes a mal y que no la rechaces, aunque sigo creyendo que esos lumbreras del Ministerio son unos zoquetes de mucho cuidado.
- A estas alturas de mi vida, Chimo, ya hay pocas cosas que puedan molestarme y desde luego lo de la Cruz no es una de ellas, pero diles que la aceptaré, más que nada para no haceros un feo a los amigos que todavía estáis en activo. – responde Grandal.
- Pues me quitas un peso de encima, aunque en el Cuerpo sabemos que mereces mucho más, pero en fin… Lo de la charla exploratoria va por otro lado, por el de tus colegas del dominó. En el Ministerio dudan entre otorgarles, como a ti, la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco, o nombrarles comisarios honorarios de la Policía Nacional. ¿Tú que crees que les haría más ilusión?
- Pues la verdad es que no lo sé. Como ya no estoy al día, explícame cómo funciona lo de comisario honorario porque tengo entendido que se ha modificado – quiere saber Grandal.
- En efecto, la última regulación es una ley orgánica del dos mil quince. Establece que la distinción de comisario honorario de la Policía Nacional podrá otorgarse a aquellas personas que, no habiendo pertenecido al citado Cuerpo, se hubieran distinguido por los merecimientos contraídos en virtud de la labor realizada a favor del mismo. El expediente en el que se recogen los méritos para recibir la distinción es interno y no se hace público, por lo que resulta imposible conocer qué actuaciones ha protagonizado el agraciado para recibirla. Lo que facilita también que se preserve la privacidad del premiado, algo que en el caso de tus jubilados amigos les vendrá de perlas. Si se les concediera lo de comisario honorario se haría una excepción porque esa distinción no se otorga así como así, de hecho hay años que no se concede a nadie y cuando se hace solo suele ser a una persona. El hecho de que se concedieran tres de golpe sería algo inédito en los anales del Cuerpo.
-  Pues chico, no sé qué decirte. Quizá fuera conveniente que opinaran ellos. ¿Te parece pertinente que se lo pregunte?
- No solamente lo creo pertinente sino aconsejable. Háblalo con ellos y me cuentas sus impresiones.
   Grandal reúne a sus amigos y les cuenta las intenciones del Ministerio del Interior.
- ¿Qué nos quieren dar una cruz? – se asombra Ponte -, ¿y por qué?
- Tú eres el único que no debería formular esa pregunta – responde con guasa Ballarín -. Si no hubieses estado paseando a tu nieto Julio delante de las puertas del Museo de América un fatídico día de octubre del pasado año lo del robo del Tesoro Quimbaya no nos hubiera afectado para nada. Si ahora nos quieren poner una cruz tú eres el primer culpable.
- Oye, Jacinto, ¿y qué diferencia hay entre la cruz de marras y lo de comisario honorario? – quiere saber Álvarez.
- Ambas son distinciones que se otorgan a civiles que han llevado a cabo trabajos e investigaciones que han ayudado a la justicia y que han colaborado al prestigio de la policía – A continuación Grandal les explica a grandes rasgos como son materialmente tanto la cruz como el carnet y la placa de comisario honorario.
- O sea, que si nos nombran comisarios de policía tendremos tu misma categoría – y al decir esto a Álvarez le brillan los ojos de pura satisfacción.
- Pues sí, desde un punto de vista honorífico, claro – precisa Grandal.
- A ver si te he entendido bien – apunta Ballarín tan amigo de la precisión como siempre -.
Dices que un buen número de personas ajenas a la Policía Nacional son distinguidas cada año con la Medalla al Mérito Policial con distintivo blanco. En cambio, el nombramiento de comisario honorario a una persona ajena al Cuerpo de Policía es muy restringido, tanto que se viene escogiendo solamente a un premiado al año. ¿Es correcto?
- Correcto.
- Entonces lo tengo claro, prefiero que me nombren comisario honorario – concluye Ballarín.
- Lo mismo digo, si se puede elegir, me pido comisario – secunda Álvarez.
- A mí me da igual una cosa que otra. Lo que vosotros prefiráis – comenta Ponte.
   Grandal le comenta al Jefe de Patrimonio la elección de sus amigos: quieren ser comisarios.
- Pues a alguien en el Ministerio le va a sentar a cuerno quemado porque nunca se han otorgado tres distinciones de ese rango en el mismo año. ¿Aunque sabes lo que te digo? Creo que tus amigos se lo han ganado.
   Una vez resuelto lo de las distinciones, Ramos le cuenta a Grandal la noticia que éste llevaba tantos meses esperando: a efectos prácticos el robo del Tesoro Quimbaya ha sido resuelto. En Francia, concretamente en Paris, han sido detenidos y puestos a disposición judicial los integrantes de la banda que realizó el asalto al furgón blindado que devolvía al Museo de América el lote de joyas quimbayas que el ente madrileño había prestado al museo parisino du Quai du Branly. La banda estaba formada por varios albanokosovares que eran los del gatillo fácil, por dos belgas expertos en el robo de objetos de arte y por un grupito de sicarios colombianos que formaban la guardia pretoriana del sujeto de la misma nacionalidad que dirigía al grupo. Uno de los belgas y el cabecilla de la banda en el último momento consiguieron escapar.
- Oye, ¿y de los autores intelectuales qué se sabe?
- Al parecer, están identificados y digo al parecer porque sigue habiendo claroscuros en este caso. Por tanto, solo resta la identificación y, si ello fuera posible, la puesta a disposición de la justicia de los autores intelectuales del robo. Lo de si fuera posible es porque los que planearon el robo del Tesoro Quimbaya parece que residen fuera de España y se tendrá que estar a lo que disponga el ordenamiento jurídico internacional o, en su caso, los acuerdos bilaterales entre España y el país o países de los que sean oriundos los tramoyistas del robo. 
- Y el resto de las piezas robadas, ¿cuándo se devolverán al Museo de América?
- Eso quisiera saber yo. Cuando le formulé esa pregunta al Secretario de Estado de Seguridad se me quedó mirando como si le hubiese preguntado si el Papa de Roma es católico. De mí para ti, Jacinto, en los muchos años que llevo en el Cuerpo nunca me había tropezado con un caso que oliera tanto a chamusquina como este. Aquí nada es lo que parece y nada parece lo que es.