domingo, 16 de abril de 2017

*** Último capítulo de “El robo del Tesoro Quimbaya”



El pasado viernes colgué en el blog el primer episodio del capítulo 25, el último de la novela. Lo que significa que en dos semanas habrá finalizado “El robo del Tesoro Quimbaya”, narración que comencé a publicar el dieciséis de febrero del dos mil dieciséis. Casi catorce meses desde su inicio y después de ciento veinticinco episodios publicados la novela llega a su término. A esa cantidad de episodios hay que sumar una veintena de posts informativos, lo que supone que durante ciento cuarenta y cinco días el blog ha estado operativo.
Espero que quienes la hayan seguido se habrán entretenido tanto leyéndola como yo me he divertido escribiéndola. Porque en definitiva la última meta de un autor de novelas no es otra que entretener a sus lectores. Nada más ni nada menos.

viernes, 14 de abril de 2017

Capítulo 25. El final del Caso Inca.- 122. La orden de stand by salta por los aires



   A mediados de mayo Grandal, tras mucho tiempo sin tener noticias sobre la marcha de las investigaciones del Caso Inca, recibe una llamada de Atienza.
- Hombre, Juan Carlos, dichosos los oídos, cuanto tiempo sin saber de ti. ¿Qué me cuentas de nuevo?
- Para eso te llamaba, comisario, para echar una parrafada contigo y darte las gracias por tu impagable información sobre Efraím Gomes. No puedes imaginarte lo que supuso para la investigación del robo.
- El hecho de haber podido ayudaros fue mi mayor satisfacción. Volví a sentirme tan policía como en los viejos tiempos.
- Bernal, Blanchard y yo nos sentimos en deuda contigo y hemos pensado en invitarte a comer y de paso contarte, hasta donde nos sea posible porque al caso le faltan todavía algunos flecos, lo que siguió a tu identificación del sicario colombiano.
   El excomisario está a punto de aceptar la invitación cuando una imagen cruza su mente: la de sus jubilados amigos azacaneándose por los alrededores del Polideportivo de La Elipa fotografiando a todos los coches de los presuntos amigos del Efraím.
- Te voy a ser sincero, Juan Carlos, iba a decirte que por mí encantado pero no sería justo que me dierais las gracias solo a mí. Aquello fue un trabajo de equipo y tanto o más mérito que yo lo tienen mis amigos. Sin la colaboración y el esfuerzo de Ballarín, Álvarez y Ponte yo solo no hubiera conseguido nada.
   Por lo que contesta Atienza da la impresión de que algo así ya lo esperaba.
- Me consta que es como dices, pero eso tiene fácil remedio. Extendemos la invitación al trío y les dices de nuestra parte que para nosotros será un honor compartir mesa y mantel con unos sabuesos que han demostrado tener tanto olfato policial como su jefe. Porque creo que a veces te llaman así.
- Esa actitud os honra y muy gustosamente les haré llegar vuestra invitación. Aunque no sé si aceptarán, ya sabes que las relaciones entre mis amigos y vosotros no siempre han transitado por un camino de rosas precisamente.
- Diles que por nuestra parte no tenemos nada que reprocharles y si en el pasado hubo algunas fricciones las hemos olvidado. Diles también que les vamos a contar aspectos de la investigación que solo unos cuantos saben y que por tanto van a ser unos privilegiados en cuanto al conocimiento de cómo marchan las penúltimas fases del caso. Como estoy seguro que les convencerás, solo tenéis que indicarnos día y hora en que os venga bien que nos reunamos y nosotros elegimos el lugar. Espero tus noticias, comisario.
   Grandal no dilata la transmisión de la oferta de los Sacapuntas. En cuanto termina de hablar envía un WhatsApp al trío de jubilados: Reunión esta tarde, 18 h, en casa. Si alguien no puede mañana mismo lugar y hora. Tengo noticias.
   No hace falta recurrir a la segunda convocatoria, aquella misma tarde están todos reunidos en casa del excomisario quien les cuenta la invitación que han cursado los policías del Caso Inca para comer juntos. Están todos encantados, solo hay una opinión discrepante, la de Ponte que la tiene tomada con el trío, especialmente con el gabacho, como siempre llama a Blanchard.
- Hombre, Manolo, no seas rencoroso, el pobre francés tampoco se ha portado tan mal como para que le tengas ojeriza. Al contrario, ha sido el que más nos ayudó – precisa Grandal.
- A mí es que los tíos que me miran por encima del hombro me tocan los cojones. Y el franchute en cuestión es de lo que cuando te echa el ojo encima parece como si te perdonara la vida.  
- De acuerdo, Manolo, nosotros no aceptamos la invitación y ellos no nos cuentan todo lo que pasó después de que localizáramos al colombiano del béisbol.
- Podrían contárnoslo sin necesidad de que comamos juntos – Ponte sigue emperrado en sus trece.
- Naturalmente que no es necesario que comamos juntos. Lo de la comida no deja de ser un detalle de los Sacapuntas para agradecernos lo mucho que les hemos ayudado.
- Oye, Jacinto – se interesa Álvarez -, eso que has dicho de que quieren agradecernos lo mucho que les hemos ayudado es un invento tuyo o de verdad lo han dicho ellos.
- Si no recuerdo mal, lo que dijo Atienza fue que para ellos será un honor compartir mesa y mantel con unos sabuesos que han demostrado tener tanto olfato policial como su jefe
- Manolo, después de oír lo que acaba de decir Jacinto te la vas a tener que envainar. No solamente vamos a aceptar su invitación sino que además vamos a ir con una sonrisa de oreja a oreja. Como insistas en negarte te retiro el saludo para los restos – Ballarín se ha puesto serio.
   Visto como se ha puesto el patio, a Ponte no le queda más remedio que claudicar, aunque cuando ve el modesto restaurante de barrio al que les han llevado se dice que los polis además de unos prepotentes son unos rácanos. Pese a las apariencias el menú que les sirven está bien preparado y hasta alguno de los platos podría calificarse de excelente. Cuando están terminando el plato fuerte, unas alubias con oreja muy sustanciosas, los policías comienzan a contarles las penúltimas secuencias del caso. Inicia la narración Atienza:
- Cuando nos hicisteis llegar a través de Blanchard la identificación positiva de Efraím Gomes como uno de los participantes en el tiroteo de Fuenlabrada y en el secuestro de Zaragoza, de entrada tuvimos la sensación de que alguien nos había puesto un cartucho de dinamita en la mano y con la mecha encendida. Tuvimos una acalorada discusión sobre qué hacer y en algún momento hasta acusamos al bueno de Michel de traidor, de doble juego y de no sé cuántas cosas más. Nos debatíamos entre la orden de nuestros superiores de no hacer nada respecto al caso y la importancia de la pista que acababais de facilitarnos. Al final, pudo más el instinto policial y nos dirigimos al polideportivo de La Elipa, cuando llegamos resultó que ya no quedaba nadie. Nos tirábamos de los pelos hasta que Michel sacó a relucir las otras fotos que habíais hecho, las de las matrículas de los vehículos estacionados alrededor del recinto deportivo. Tras debatirlo llegamos a la conclusión de que una pista que podía ser trascendental no podíamos dejarla pudrir. Estuvimos de acuerdo en que el mando que mejor podía comprender que nos hubiéramos saltado la orden de stand by era el Jefe de mi Brigada. Le llamé y le pedí si podía recibirnos en su casa aquella misma noche. Ante mi sorpresa no puso ningún inconveniente. Nos escuchó con suma atención y no se extrañó demasiado ante lo que le contábamos. Curiosamente no nos preguntó cómo habíamos conseguido la identificación del sujeto. Solo quiso saber si le habíamos contado a alguien la información. Le dijimos una verdad a medias: que solo lo sabíamos los tres. Nos ordenó que no se lo comentáramos a nadie y que al día siguiente estuviéramos en nuestro despacho, que ya nos llamaría – Atienza hace una pausa y ante su plato de alubias todavía a medias pide-. Eusebio, sigue tú, por favor, porque o hablo o como.
- Pasamos una mañana de pena, transcurrían las horas y nadie llamaba. Debimos dejar seca la máquina del café. Hasta que cerca de las dos nos llamó Ramos, es el jefe de Juan Carlos – aclara Bernal a los vejetes -. Ante nuestra sorpresa y júbilo nos dijo que el Director General Adjunto acababa de levantar la orden de stand by sobre el Caso Inca y que volvíamos a estar operativos. Que ya hablaríamos sobre como habíamos conseguido la pista, pero que por el momento lo prioritario era localizar al colombiano, pero sin detenerle. Michel – pide Bernal -, ponle la guinda al informe.
- Ahí es cuando se reveló la importancia de las fotos que hicisteis en los alrededores de La Elipa. Las matrículas de los coches que fotografiasteis nos permitieron que en menos de cuarenta y ocho horas localizáramos a Efraím Gomes y a varios de sus amigos, algunos de los cuales también eran colombianos involucrados en el mundo de la droga. En cuanto dimos con él nos ordenaron montar una red de vigilancia de manera que no pudiera ni ir a mear sin que lo supiéramos. Al día siguiente de tener identificado al individuo y haber puesto en funcionamiento un triple equipo para su seguimiento y vigilancia, nos convocaron a una reunión en la Dirección General de la Policía en la que solo faltaba una representación del Vaticano. Estaban todos: la Policía Judicial, los de Extranjería y Fronteras, de Cooperación Internacional, los de Seguridad Ciudadana, del CNI, la Interpol, de la DEA, la CIA, un representante de la División Internacional de mis colegas parisinos y posiblemente me olvide de alguien. Aquello más que una reunión policial parecía la ONU. Y… - el francés mira a Atienza – remata tú la faena Juan Carlos.
- Y hasta aquí podemos contaros – es cuanto dice Atienza.
- ¡Qué cabrones – exclama Álvarez que, como el más temperamental de todos, no ha podido contenerse -, a eso se le llama dejarnos con un palmo de narices!

martes, 11 de abril de 2017

121. Una conversación off the record



   En mayo la investigación sobre el robo del Tesoro Quimbaya se ha acelerado. La orden que se dio de dejar las pesquisas en stand by ha sido revocada y los policías encargados del caso registran una actividad frenética. No tienen tiempo ni para responder a las llamadas de Grandal, el cual sabe que hay en marcha varias líneas de investigación porque se lo cuentan sus amigos del Cuerpo Nacional de Policía. Hasta que el nueve de mayo recibe un telefonazo totalmente inesperado.
- ¿Comisario Grandal? Buenos días, permítame que me presente. Soy Enrique Pérez Recarte, amigo y compañero de Juan Carlos Atienza que es quien me ha facilitado su teléfono. Quisiera charlar con usted de un asunto que sé que le interesa: el robo del Tesoro Quimbaya.
- ¿Dice que es amigo y compañero de Atienza? – pregunta Grandal con un tono que denota su reserva.
- Sí y también soy antiguo alumno suyo de la Escuela de Ávila. De la misma promoción que Juan Carlos. Usted no se acordará de mí, pero no me perdía ni uno de sus seminarios.
- ¿Y dónde estás destinado ahora? – visto que quien le llama es del Cuerpo, Grandal ha pasado al tuteo.
- Hace algunos años que trabajo en la Casa. Ya le contaré – el agente del CNI no se atreve a tutear a quien fue su profesor -. ¿Qué día le viene bien que nos veamos? Si fuera esta misma semana mejor.
   Grandal no se lo piensa demasiado.
- Por mí podemos reunirnos cuando quieras. Bueno, hoy no – dice cuando oye el cacharreo que está montando Chelo en la cocina -, pero a partir de mañana en cualquier momento.
- ¿Le parece bien mañana por la tarde, como a las diecisiete? ¿Le importaría si quedamos en la cafetería del Hotel Barceló Emperatriz de la calle López de Hoyos, cuatro?, ¿no? Pues entonces hasta mañana y gracias por aceptar la invitación.
   Al excomisario le sorprende un tanto el lugar de la cita, pero piensa que igual para un agente del CNI reunirse en un lujoso hotel de cinco estrellas sea lo más normal del mundo. Al día siguiente, a la hora convenida, nada más entrar en la cafetería ve a un hombre todavía joven que levanta la mano. Al verle le reconoce inmediatamente, es Pérez Recarte, pero no está solo, hay alguien con él.
- Comisario, buenas tardes y gracias por atender mi petición. Le presento a Kevin Connolly, amigo mío que trabaja en la Embajada de Estados Unidos. Kevin tenía muchas ganas de conocerle, por eso me he atrevido a traerle conmigo.
- Señor Connolly – dice ceremoniosamente Grandal al tiempo que tiende su mano al norteamericano.
- Comisario Grandal, como ha dicho Enrique tenía un gran interés en conoserle. Y antes que nada permítame felisitarle, por sus inteligentes análisis y su olfato de investigador como ha demostrado en el Caso Inca.
- ¿La embajada estadounidense estaba interesada por el robo del tesoro? – pregunta Grandal verdaderamente sorprendido.
- No hasta que intervinieron los cubanos. Ya sabe que todo lo que atañe al régimen castrista es seguido con vivo interés por mi gobierno.
- Comisario, - es Pérez Recarte quien habla - para que quede claro desde el principio, esta es una reunión informal en la que todo cuanto se diga será off the record. Kevin está de acuerdo y deseo que usted también lo esté. ¿Vale?
   El excomisario no contesta, se limita a asentir con la cabeza. ¿Qué querrán este par de espías de pacotilla?, se dice, porque el yanqui tiene un tufo de CIA que echa pa atrás.
- Verá, comisario – prosigue Pérez Recarte -, míster Connolly nos ha prestado, y sigue prestando, impagables servicios en el desmontaje de los últimos flecos de la trama del robo. Podemos afirmar, y le ruego la mayor reserva, que la ayuda de su gente en Francia nos ha puesto en condiciones de localizar a casi todos cuantos participaron en el robo y también en el secuestro de su buena amiga María Victoria Martín-Rebollo.
- ¿Y…? – Grandal sigue sin ver claro el objetivo de la reunión y ha decidido andarse con pies de plomo.
- Se lo diré sin rodeos – dice el americano -, comisario. El objetivo de esta reunión, al menos por mi parte, es una curiosidad profesional. A través de Juan Carlos Atiensa he podido enterarme de como usted, con la única colaborasión de un grupo de jubilados que no tienen ninguna formasión polisial, se ha bastado para encontrar pistas, inisiar investigasiones y elaborar análisis que han sido determinantes en el desarrollo del caso. Y como profesional de la investigasión tengo una enorme curiosidad en saber cómo lo hiso.
   Grandal, halagado por las palabras del norteamericano, les cuenta como él y sus tres jubilados amigos, se metieron a investigar el robo del tesoro, porque uno de ellos fue el único testigo ocular del atraco al furgón blindado, también como una manera de poner algo de interés en sus monótonas vidas de pensionistas. Como la primera línea de investigación que se propusieron fue averiguar quién o quiénes podían haberse lucrado con el robo, lo que les llevó a investigar a los empleados del Museo de América; como hicieron su seguimiento y de esa forma encontraron a presuntos cómplices de los atracadores: Obdulio Romero, al que posteriormente asesinaron, y Adolfo Martínez que terminó confesando ser compinche de los ladrones. Explica también su ocasional participación en el secuestro de la profesora zaragozana, así como cuanto hicieron para localizar al sicario colombiano aficionado al béisbol.
   Los dos agentes de inteligencia escuchan al excomisario con un respeto casi reverencial. Aprovechando que Grandal ha hecho una pausa para tomar un sorbo de gin-tonic, Pérez  Recarte comenta:
- No sé si lo sabe, comisario, pero la identificación que hicieron de Efraím Gomes Restrepo fue capital para el inminente desenlace del caso. El que lo descubrieran y el que fotografiasen las placas de los vehículos estacionados delante del polideportivo de La Elipa fue el hilo del que han tirado los investigadores del caso hasta casi llegar a la madeja. Y si no se han hecho todavía del todo con ella es porque la mayoría de sus componentes están fuera de España. Precisamente, ahí es donde la colaboración de míster Connolly está siendo decisiva.
- A mí lo que me tiene asombrado, comisario – apunta el norteamericano – es la capasidad de análisis que tanto usted como sus amigos han demostrado. Y lo han hecho sin ninguna clase de ayuda tecnológica, lo que le añade más mérito todavía. Y le voy a pedir algo poco usual: si no tienen inconveniente me gustaría que un día, cuando ustedes quieran, pudiera reunirme con los cuatro para conoser personalmente como actuaron. En mis ya largos años de investigador y analista nunca me había encontrado con un caso tan singular.
- Se lo trasladaré a mis amigos. No creo que por su parte haya ningún inconveniente – responde Grandal que añade -. Bien, les he hecho un relato, abreviado, de cómo investigamos algunas de las líneas del caso, ahora es momento de que ustedes me correspondan y me cuenten, hasta donde les sea posible, los pormenores de lo que parecen ser las últimas secuencias de esta historia.
   Los dos agentes se miran y el norteamericano hace un gesto de aprobación a Pérez Recarte que es quien responde a la pregunta de Grandal.
- Como comprenderá, comisario, dado que las operaciones finales todavía están en curso no podemos desvelarle mucho, pero si podemos levantar una punta de la alfombra referida sobre todo a la marcha de las conversaciones Gobierno Colombiano-FARC que están en el origen del robo. El diecinueve del pasado enero la mesa de negociaciones de La Habana aprobó la creación de un mecanismo para monitoreo y verificación del acuerdo de cese el fuego. El veintitrés de febrero el gobierno colombiano acordó un pacto con los diferentes partidos políticos para el respaldo de la etapa final de los diálogos. Y la última noticia es que a finales de marzo, el Secretario de Estado norteamericano ha comenzado unas negociaciones con los equipos de la Mesa del Proceso de Paz. Si la mediación de John Kerry resulta positiva la firma de los acuerdos Gobierno-FARC puede ser cuestión de semanas.
- ¿Y todo eso en qué se traduce? – quiere saber Grandal.
- Que la devolución del Tesoro Quimbaya a España también puede ser cuestión de semanas.
   Y no hubo forma de que la pareja de agentes de inteligencia desbordara los límites que marca una conversación off the record.