viernes, 17 de febrero de 2017

Capítulo 21. La CIA se apunta al sarao.- 106. Las preguntas empiezan a tener respuestas



   Grandal, en principio, no se planteó contar a sus jubilados amigos la conversación que sostuvo con Blanchard en la que analizaron las dos últimas novedades relativas al Caso Inca. Tras mucho pensarlo, decide hacerlo. Es grande la confianza que tiene en la capacidad analítica de sus tres compañeros del dominó, a pesar de su avanzada edad.
- El pasado sábado estuve hablando con los Sacapuntas – opta por no contarles que solo habló con Blanchard – y me contaron los últimos datos relacionados con el robo del tesoro y que, realmente, son sorprendentes.
- Del caso del robo a mí no me sorprende nada – asegura Álvarez que parece estar de buen humor -. Me recuerda a aquel viejo chiste en el que un aficionado a los toros contaba a otro, con la intención de tomarle el pelo, que aquella tarde iban a torear en la Monumental el Ministro de Industria, el Embajador de Inglaterra y el Arzobispo de Madrid. La respuesta del embromado fue: ¿y de que divisa son los toros? Pues yo, lo mismo. Cuentes lo que cuentes, esa sería mi pregunta: ¿de qué ganadería son los toros?
   Grandal cuenta a sus atentos oyentes los hechos en cuestión. El primero, la oferta hecha por un miembro de los servicios cubanos de inteligencia a un agente del CNI de que si el gobierno español, aunque estuviera en funciones, seguía apoyando decididamente las conversaciones de La Habana podría devolverse a España unas joyas que le pertenecían, presuntamente las piezas quimbayas robadas. El segundo, la instrucción emanada de la cúpula policial de que se parasen las investigaciones sobre el caso hasta nueva orden.
- Y ahora os pregunto: ¿qué análisis hacéis de estas dos noticias?
   Transcurren bastantes minutos mientras el trío digiere la información, hasta que el decano del grupo se arranca.
- Poniendo sobre el tapete el mensaje de los cubanos y la orden de parar las investigaciones, tenemos a cuatro posibles candidatos como presuntos autores del robo: las FARC, los gobiernos colombiano y cubano, y un hipotético cártel del narcotráfico – y Ponte repite los argumentos contados por el propio Grandal para descartar los tres primeros -…, por consiguiente, estoy de acuerdo contigo que ese desconocido cártel de narcos es quien tiene más papeletas de ser el autor del robo, perpetrado directamente por su gente o encargado a otra banda. Esto, a su vez, lo ligo con el tiroteo de Fuenlabrada sobre el que el amigo del CNI de Atienza contó que existía una alianza entre una empresa china del polígono, la familia gitana de los Corrochanos y uno de los cárteles más agresivos que quedan actualmente en Colombia, el llamado clan de los Varelas. Entonces… - y Ponte deja en el aire la frase.
- Entonces – Álvarez es quien recoge la tácita invitación de Ponte -, son los Varelas los que tienen más probabilidades de ser los autores del robo. ¿No es ahí adónde querías llegar?
   Aunque lo único que ha hecho Ponte es reproducir el razonamiento que hizo el propio Grandal, este le jalea:
- Manolo, te felicito. Creo que tu razonamiento es impecable. Y aceptando esa teoría, opino que tendríamos que extraerle todo el jugo posible. Supongamos que son los narcos quienes perpetraron el robo. Hay un dato que podría avalarlo: los que secuestraron a la profesora Martín-Rebollo para que autentificara unas piezas quimbayas eran latinoamericanos. Ahora bien, ¿cuál puede ser la conexión entre los narcotraficantes y la inteligencia cubana? Otros interrogantes: ¿qué sacan los narcos de que España apoye las conversaciones de La Habana?, ¿pueden estar los narcotraficantes conchabados con las FARC?, porque no creo que el gobierno colombiano esté también metido en el ajo y, pensándolo bien, tampoco el cubano aunque sean sus servicios de inteligencia los que hayan hecho llegar el mensaje al CNI – concluye el excomisario.
   Ballarín mete baza en el coloquio.
- Metidos en esa espiral de hipótesis, vamos a fabular sobre lo que podría haber ocurrido mezclando lo que sabemos con lo que imaginamos. Es conocido que las FARC se valen de algunos clanes de narcotraficantes para vender la coca que se cultiva en las áreas que dominan y en las que cobran el llamado Impuesto al Gramaje a otros grupos de narcos y de cocaleros. Ahí tenemos una interesada conexión entre la guerrilla y los narcos. Podría ser, podría ser – repite – que las FARC hubieran pedido a una banda de narcos que robaran el Tesoro Quimbaya, no para venderlo sino para presionar a España de que mediara ante el gobierno colombiano en el sentido de que las conversaciones que se mantienen en La Habana alcancen un resultado positivo. Y si eso ocurre, sean cuales fueren las cláusulas del acuerdo de paz, siempre supondrá un triunfo de los guerrilleros. Si aceptamos este argumento, se convierte en la respuesta a la segunda pregunta de Jacinto sobre ¿qué sacan los narcos de que España apoye las conversaciones de La Habana?
- Brillante, Amador – le felicita Álvarez -. Y si se me permite trataré de contestar al tercer interrogante de Jacinto. ¿Pueden estar los narcos conchabados con las FARC? La respuesta también está en la argumentación de Amador. El hilo que conecta a ambos grupos es el común negocio de la coca. Guerrilleros y narcos tienen negocios comunes que pueden verse alterados si el gobierno colombiano en lugar de optar por la paz, cediendo ante los narcoguerrilleros, decide seguir una política de exterminación de cualquier grupo armado que opere en su territorio. Las FARC se juegan que no se les tenga en cuenta los miles de muertos que llevan a sus espaldas y los narcos poder seguir con su fabuloso negocio. Resumiendo, narcos y FARC están conchabados.
- Luis, tu argumentación no tiene que envidiar nada a la mía – aplaude Ballarín.
- ¡Jo, macho!, esto parece un concurso de pelotas, pero como nadie ha contestado al primero de mis interrogantes voy a hacerlo yo – dice Grandal -. Preguntaba: ¿cuál puede ser la conexión entre los narcos y la inteligencia cubana? Por lo que he leído en internet, los contactos de las FARC con sucesivos gobiernos colombianos se remontan a principios de mil novecientos ochenta. Incluso se llegaron a firmar pactos, como “Los acuerdos de La Uribe”, rotos más tarde. Luego, a lo largo de la década de los noventa, durante la presidencia de Andrés Pastrana, el gobierno colombiano mantuvo continuas conversaciones con la guerrilla para logar un acuerdo de paz. Representantes de ambas parte llegaron a reunirse en varios países europeos. En esa época, incluso llegaron a entrevistarse el presidente Pastrana y Manuel Marulanda, el jefe histórico de las FARC. Hubo múltiples acuerdos que acabaron siendo rotos por una u otra parte, siendo la guerrilla la más activa en los rompimientos. Durante todos esos años fueron muchos los organismos internaciones que actuaron como mediadores en el conflicto, la OEA, la UE, el gobierno estadounidense, el Grupo de Río, etcétera, pero por unas u otras causas nunca se logró un acuerdo que fuera respetado por ambas parte – Grandal toma un buche de café que ya se quedó frío y prosigue -. En dos mil dos, es elegido presidente de Colombia Álvaro Uribe, decidido partidario de combatir frontalmente a los grupos violentos. La actividad de las guerrillas, entre las que también había que contar con las AUC o Autodefensas Unidas de Colombia, se incrementó, así como la conexión de los grupos guerrilleros con los narcotraficantes. A finales de la primera década del dos mil hubo fuertes tensiones entre Venezuela y Colombia, al acusar el gobierno de este país a Hugo Chávez, presidente venezolano, de amparar a las FARC. Todo siguió más o menos igual hasta la llegada al poder del actual presidente colombiano, Juan Manuel Santos, que ya en el dos mil once manifestó a la guerrilla su intención de retomar las discusiones para lograr una paz duradera. Ello dio lugar al establecimiento de reuniones presenciales en Cuba de ambas partes en conflicto. Conversaciones que a fecha de hoy siguen manteniéndose y que, al parecer, tienen traza de llegar a buen puerto.
   Aprovechando que Grandal apura su segunda taza de café, Ponte le interpela.
- Jacinto, no te lo tomes a mal, pero la lección que nos estás dando sobre los problemas colombianos más o menos ya la sabemos, ¿por qué no das directamente la respuesta a tu primera pregunta?
- Tienes toda la razón. ¿Qué conexión puede haber entre las FARC y los cubanos? Para mí es evidente. El gobierno de los hermanos Castro es el más fuerte valedor de la guerrilla colombiana que siempre ha alardeado de su marxismo y que tiene a Cuba como referente de esa doctrina política en el continente americano. Un triunfo de las FARC es tanto como un triunfo de la política cubana. Esa es la conexión.
- Entonces, solo nos falta cerrar el círculo que ha iniciado Jacinto con sus preguntas – afirma Ponte -. ¿Quién empieza a cerrarlo?

martes, 14 de febrero de 2017

105. Tirar con pólvora del rey



   Blanchard le ha dado muchas vueltas sobre lo que quiere contar a Grandal, pero tras sopesar pros y contras decide hablarle con total franqueza acerca de lo que les ha dicho el Director Adjunto. El excomisario le escucha atentamente y cuando el inspector francés termina su relato queda en silencio, como rumiando lo que acaba de oír, hasta que se arranca:
- Estimado colega, no me extraña un pelo lo que acaba de contarme. Hasta los carrozas de mis amigos se olieron hace tiempo que había algo raro en este robo, algo que daba mala espina. Y lo que ha dicho Carranza viene a confirmarlo.
- Si estuviera en nuestra piel, ¿qué haría? – indaga Blanchard.
- Pues en primer lugar, cumplir la orden del Director que además viene probablemente del Secretario de Estado o del propio Ministro. Y en segundo, no haceros mala sangre. No vais a conseguir nada con ello.
- ¿Nada más? – inquiere el francés, evidentemente decepcionado con la respuesta de Grandal de quien esperaba una contestación más rotunda y más distinta.
- Nada más.
- De acuerdo – acepta Blanchard -, pero permítame, comisario que, aunque sea a título de un simple ejercicio policial, hagamos un análisis meramente especulativo de lo que puede haber detrás de esa orden, como si fuese una clase de las que creo que daba usted en la Escuela de Ávila. Un análisis no solo de la orden del Director Adjunto sino también de la información que le dio a Atienza su amigo del CNI. ¿Le importa?
   Grandal, tocado en su fibra de viejo policía por la desmedida valía que el inspector galo parece dar a sus dotes analíticas, accede.
- Vale, analicemos lo que puede haber detrás de la orden, pero ya le adelanto que solo sacaremos hipótesis que no creo que vayan a servir de mucho. Usted pregunta y yo contesto. O si lo prefiere, lo hacemos al revés.
- Estoy tan confundido que sería incapaz de dar una sola respuesta. Si no tiene inconveniente, seré yo quien plantee algunas de las preguntas que no me dejan dormir.    
- Okey, dispare – acepta Grandal.
- ¿Por qué nos mandan parar? – es la primera de las preguntas de Blanchard.
- Posiblemente porque, aunque a primera vista no pueda parecerlo, es probable que estuvieran acercándose al desenlace del robo. Y los que tienen autoridad para ello han optado por no contrariar a quienes parecen detentar lo robado, no sea que cambien de opinión y decidan no devolver las piezas del tesoro. Es solo una respuesta hipotética.
- ¿Presupone eso que la autoridad, sea la que fuere, que ha dado esa orden está en contacto con los que tienen el tesoro robado en su poder?
- Posiblemente, sí. Bien sea de forma directa o, lo que es más probable, a través de intermediarios que es seguramente el papel que puedan estar jugando los cubanos. Y sigue siendo una hipótesis – insiste Grandal.
- Admitido. ¿Es posible que la gente que planificó el robo y que luego lo ejecutó, directa o por medio de otros individuos, es la que tiene las piezas del tesoro en su poder y la que está negociando con el gobierno español?
- Esa no es una pregunta sino al menos tres, pero respondo. No sé si los que planearon el robo son los mismos que lo llevaron a cabo. Tampoco sé si continúan teniendo el producto del robo en sus manos o lo vendieron o cedieron a terceras personas. Y desconozco si son los que están en negociaciones con mi gobierno. Si no se ciñe a los datos estrictos – le reconviene Grandal -, el análisis solo conducirá a respuestas como las que acabo de darle.
- Bien, le daré datos concretos, aunque me aparte algo de las premisas iniciales. El dictamen de la doctora Martín-Rebollo de que eran meras réplicas las piezas que le mostraron, ¿presupone que los que tienen lo robado estén tratando de engañar al gobierno español ofreciendo como recompensa un material que no es el original?
   Esta pregunta, que Grandal no esperaba, le hace meditar. Cuando contesta su tono no tiene la seguridad de anteriores respuestas.
- Lo ocurrido en el secuestro de Martín-Rebollo da pie para suponer que los que tienen las piezas robadas dudaban de su autenticidad. ¿Qué si son los mismos que están negociando con mi gobierno? Es probable, pero no con una seguridad del cien por cien.
- De acuerdo. Sigo. Si los que negocian con el gobierno español saben que las piezas que tienen son simples réplicas, ¿acaso no se han planteado que el gobierno ya conozca ese extremo?, me refiero a la no autenticidad de las piezas. Y otra pregunta ligada a la anterior: si el gobierno sabe que no son piezas originales, ¿por qué negocia por un material que no vale nada?
- Aquí hay dos planos diferentes. Uno es que, sean originales o no las piezas robadas, quienes las tengan en sus manos seguro que se habrán planteado el hecho de que nuestras autoridades conozcan tal extremo, pero algo tienen que ofrecer en el supuesto de ese hipotético acuerdo con el gobierno. Respecto al otro plano, ¿de por qué el gobierno negocia si sabe que las piezas son falsas?, no tengo respuesta. Mejor dicho, lo que tengo son más preguntas. ¿De verdad está negociando el gobierno? Sabemos de una oferta, pero nadie ha dicho de manera explícita que el gobierno haya aceptado tal proposición. Y otra, si es cierto que el gobierno está negociando nunca lo haría por unas réplicas, ¿puede eso suponer que las piezas robadas son las auténticas? Daría la próxima paga extra por saberlo – concluye Grandal.
- Entonces, aquí ¿quién está engañando a quién? ¿Los ladrones al gobierno tentándolo con  una recompensa que no vale nada? ¿O el gobierno a los ladrones haciéndoles creer que no sabe que se trata de simples copias?
- Eso de quien engaña a quien me ha hecho recordar unas estrofas que, a usted que es un enamorado de la lengua española, seguro que le va a encantar oír. Se refieren al usual trapicheo de los gitanos en la Feria de Jerez, pero aquí vienen al pelo – y Grandal imposta la voz y declama -. Rumbo y elegancia de esta raza vieja que gasta diez duros en vino y almejas vendiendo una cosa que no vale tres. Pues aquí parece que está ocurriendo lo mismo. Los ladrones y/o el gobierno se han gastado por valor de más de diez tratando de vender algo que no vale ni tres. Algo muy propio de nuestros políticos que siempre tiran con pólvora del rey, pero no tanto de los amigos de lo ajeno que no suelen dar puntada sin hilo – y al ver la cara de desconcierto del francés, añade -. Dicho de otro modo: no sé quién engaña a quién. Quizá estén intentando engañarse ambos, todo podría ser.
   La siguiente pregunta de Blanchard es la que menos podía esperar Grandal.
- ¿Le importa decirme quien es el autor de esa frase que acaba de citar?
- José María Pemán.
- ¿Pemán? Nunca oí hablar de él.
- No me extraña. Fue un periodista, poeta y dramaturgo gaditano muy famoso en la postguerra española. Su compromiso con el gobierno de Franco hizo que con la llegada de la democracia su nombre y su obra pasaran al olvido más absoluto. Hoy, posiblemente no haya casi nadie con menos de cincuenta años que haya oído hablar de él. Pero a lo que estamos, ¿le queda alguna otra pregunta?
- Sí, y aunque supongo que no tiene respuesta para la misma se la hago. Jugando otra vez con los dos últimos datos conocidos, el mensaje que viene de La Habana y la orden de que dejemos de investigar, si tuviera que apostar sobre la identidad de los ladrones, ¿por quién apostaría?, ¿por las FARC, por un cártel de narcotraficantes, por el gobierno cubano o por el colombiano?
   Grandal no puede menos que esbozar una sonrisa. Piensa que el franchute es mucho más listo de que le gusta aparentar. Y opta por seguirle el juego.
- Puestos en el terreno de las meras hipotésis, le contesto. De los cuatro candidatos a quien adjudicarles el robo descarto a los dos gobiernos citados. Cuba, al menos eso creo, jamás daría el paso de robar a otro estado soberano. La posición del gobierno cubano es más frágil de lo que aparenta. Y en un casus belli como el del robo perdería mucho más que ganaría. En cuanto al gobierno colombiano, va de suyo que no puede ser el autor. Es un gobierno demócrata y, por consiguiente. no cometería un delito, más contra un país como España a la que necesita como puerta de entrada a la UE. Respecto a las FARC, también las descarto. Bastante tienen con lograr un acuerdo de paz con su gobierno antes de que se mueran de viejos sus líderes sin conseguir ninguno de los objetivos por los que dicen luchar. Nos quedan los narcos. Yo apostaría por un cártel o por varios unidos en una especie de joint venture. Y no siga preguntando más porque a mí me pasa lo mismo que a usted y a sus colegas, que por cada respuesta tengo mil preguntas.

viernes, 10 de febrero de 2017

104. Llegó el comandante y mandó a parar



  El Director Operativo, al ver la cara de pasmo que se les ha quedado al trío de inspectores al escuchar su pregunta sobre qué debía hacer la policía ante la información que viene de La Habana, lanza una carcajada. Se ve que es hombre con sentido del humor.  
- La pregunta era meramente retórica. No sois vosotros – dice dirigiéndose a los inspectores del Caso Inca – quienes tenéis que dar la respuesta, ni siquiera nosotros – añade englobando en ese nosotros a Ramos y a él mismo -. La respuesta ya la ha dado quien tiene competencia para ello y es que desde hoy el Caso Inca queda en stand by; dicho en cristiano para que se me entienda mejor: el caso queda inactivo a la espera de recibir nuevas instrucciones. Esto es una orden y viene de arriba.
   Bernal, como hombre que no tiene pelos en la lengua, levanta la mano para plantear el interrogante que todos tienen en mente.
- Director, ¿puedo hacerle una pregunta?
- Dispara.
- ¿Debemos entender que la célula de coordinación queda disuelta y que podemos regresar a nuestros anteriores puestos?
- En absoluto. El grupo del Caso Inca va a continuar como hasta ahora, únicamente que sin llevar a cabo nuevas investigaciones. Podéis ir poniendo al día el papeleo y disfrutaréis de unos días de vacaciones, pero sin salir de Madrid por si el viento rola de otro cuadrante. Ramos ya tiene las correspondientes autorizaciones.
   Ahora es Blanchard quien levanta la mano.
- Señor Director – el galo, como siempre, guarda las formas -, si no se van a realizar nuevas investigaciones aquí estoy de más, por lo que supongo que podré volver a París.
- Lo lamento, Michel, pero la orden le incluye a usted – Carranza habla de usted al francés cuando a sus inspectores les tutea -. Recibirá en cualquier momento la correspondiente comunicación de su departamento – y vuelve a dirigirse al trío -. Como me da la impresión de que os habéis quedado un tanto frustrados, os diré que están en marcha varias operaciones, digamos que por vía diplomática, para recabar más información sobre la oferta de los servicios cubanos. Y no puedo añadir más. ¿Alguna pregunta? – el silencio es la respuesta -. Ah, cualquier duda que se os plantee en relación al caso vuestro interlocutor será el comisario Ramos. Bien, caballeros, solo quiero decir una cosa más: felicitaros por vuestro trabajo. Espero y deseo que esta felicitación se materialice, cuanto antes, en recompensas más gratificantes. La reunión se ha terminado. Buenos días.
   Al salir de la Dirección Adjunta, Ramos pregunta:
- ¿Os dejo en la Brigada?
   Una rápida mirada parece ponerles de acuerdo y es Atienza quien responde:
- Gracias, Jefe. Iremos andando, así vamos digiriendo lo que nos ha ordenado el comisario Carranza.
- Carranza - precisa Ramos -, como yo y como vosotros, al fin y al cabo no es más que un mandado por muy aparente que pueda resultar lo de Director Adjunto. No lo olvidéis. Otra cosa, si alguien quiere tomarse unos días de vacaciones solo tiene que pegarme un telefonazo. Hasta luego.
   Cuando se quedan solos, Bernal propone:
- Opino que es el momento de tomarse un copazo. ¿Vamos a algún sitio en particular o entramos en el primer bar que mole?
- Por mí donde sea – responde Blanchard.
   Atienza, a su vez, se encoge de hombros. Da la impresión de que es a quien la orden recibida ha dejado más tocado. Buscan una cafetería que parece poco ruidosa, eligen una mesa en un rincón y piden tres wiskis dobles para empezar. Durante bastantes minutos nadie habla, como dijo antes Atienza están digiriendo la orden que les acaban de dar. Al final, es Bernal quien rompe el oneroso silencio.
- Tiene cojones de adónde ha llegado la policía – afirma hablando como si él no perteneciera a la misma -. A que te digan que dejes de investigar un delito como la copa de un pino porque hay por medio no sé que mierda de contactos diplomáticos. Como sigan así casi sería mejor que disolvieran el Cuerpo.
- Yo no hago más que preguntarme que hemos hecho mal para que nos aparten del caso – se lamenta Atienza.
- Pues a mí todo esto no me ha cogido de nuevas. No es que supiera nada, claro, pero sí sé que en cuanto los políticos meten sus narices en un asunto todo puede irse al garete – Lo que significa irse al garete tuvo que preguntarlo Blanchard cuando lo oyó por primera vez y desde entonces, venga o no a cuento, utiliza esa expresión siempre que puede. Y para su consternación también ha descubierto que es una frase que ha dejado de usarse, casi nadie menor de cuarenta años sabe que irse al garete es un término que se refiere a una embarcación que por haber perdido sus anclas, tener una avería en sus máquinas  o por otra causa, se mueve solo impulsada por la fuerza del viento, del mar o de la corriente.
- Juan Carlos, no es que hayamos hecho algo mal – Bernal trata de que su compañero remonte el ánimo -, al contrario, creo que más bien se trata de que nos íbamos acercando demasiado a los autores del atraco y, dado que ni éste es un robo vulgar ni los autores deben de ser unos robaperas cualesquiera, alguien en las alturas se ha puesto nervioso y ha dicho aquello de la canción de Carlos Puebla: llegó el comandante y mandó a parar.
- ¿Tú crees? Ojalá fuera verdad lo que dices – dice Atienza que trata de consolarse con los argumentos de su colega para terminar añadiendo - ¿Y ahora qué hacemos?
   Blanchard es quien le contesta:
- Cualquier cosa menos rompernos los cuernos. Nos han ordenado que paremos y vamos a parar, seguir investigando sería un suicidio profesional. Y yo, como Eusebio, tengo hijos que están muy empeñados en comer, como poco, cuatro veces al día. Vosotros supongo que tendréis que poner al día todos los informes pendientes sobre la investigación. Por mi parte, voy a hacer lo mismo para mis jefes. Y lo de cogerme unos días libres de servicio me parece una idea tan sugerente como sugestiva.
- Bueno, pues vámonos a la Brigada y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga – acepta Atienza y antes de que Blanchard le pregunte, explica -. Ese refrán, Michel, quiere decir que, en ocasiones, solo cabe aceptar el buen o el mal éxito de un asunto con resignación y conformidad, por el sesgo que toman las circunstancias.
   En la Brigada, Atienza encuentra la nota de una llamada. Dice escuetamente: te ha llamado el señor Vieques. Volverá a hacerlo. Preguntado, el compañero que ha tomado el recado solo puede decirle que la llamada fue a las once treinta cinco y que el tal Vieques hablaba español con un ligero acento caribeño, podría ser dominicano, portorriqueño, cubano o de por esos pagos. El hecho de que se trate de un hispanoamericano pone de los nervios al inspector de Patrimonio.
- No conozco a nadie que se llame Vieques – le explica a Bernal – y se trata de un latinoamericano.
- Bueno, ¿y qué? – cuestiona Bernal.
- Que puede tener algo que ver con el caso – responde Atienza.
- Mira, Juan Carlos, no te pongas fantasioso. Lo que sea, sonará. Ya tendrás tiempo de ponerte nervioso cuando hables con el tal Vieques. Mientras tanto, tómate una tila o algo para tranquilizarte. Creo que nos hemos pasado de wiskis. Me voy a casa a ver si los meo. Si te parece, esta tarde nos ponemos con el papeleo.
   Blanchard, que se ha ido a su hotel, no deja de pensar en el mandato que les ha dado el Director Operativo: dejar el caso en stand by a la espera de nuevas órdenes. Y a espaldas de sus colegas hispanos y por su cuenta y riesgo toma una decisión que, en el supuesto de que la persona a la que va a llamar no sea discreta, le puede costar un serio disgusto profesional. Recuerda aquella expresión que solía repetir su madre: el que no se moja, no pasa el río, y él está dispuesto a cruzarlo aunque se moje. Además, se dice, solo se me podrá acusar de indiscreto, pues el Director no ha dicho nada de que guardáramos ninguna clase de reserva. Por tanto… llama a Grandal.
- Comisario, soy Blanchard, me gustaría tener con usted una conversación privada, al margen de mis compañeros del caso. ¿Puedo contar con su discreción?
   Grandal vacila. ¿Charlar con el francés sin que lo sepan sus colegas?, ¿qué coño querrá preguntarle o contarle el gabacho? Le puede más la curiosidad y acepta. Quedan en verse después del almuerzo. Como Blanchard conoce bien el disparatado horario español en lo tocante a las comidas, quedan para las cinco de la tarde. ¿A ver qué le digo y, sobre todo, cómo se lo digo?, se dice el francés al apagar el móvil.