martes, 25 de octubre de 2016

73. Policía Nacional vs Guardia Civil



   El sábado, veintitrés de enero, aquellos ciudadanos que no vieron los telediarios o escucharon los informativos radiofónicos del día anterior pudieron leer en los periódicos la noticia ocurrida la tarde anterior: la Casa del Rey había emitido un comunicado informando haber concluido la ronda de consultas de Felipe VI con los líderes políticos para la formación del nuevo gobierno. La sorpresa venía en el segundo punto de la nota donde se informaba que en la consulta celebrada con Mariano Rajoy, líder de la mayoría minoritaria del Congreso, el Rey le había ofrecido ser candidato a la Presidencia de Gobierno. Oferta que el líder del PP había declinado. Ponte, que se encuentra entre los que no suelen ver los telediarios, se desayuna con la información al abrir las páginas online de El Mundo.
- ¡Joder, esta sí que es buena!, exclama en voz alta.
   ¿Y ahora qué va a pasar?, se pregunta. La respuesta la encuentra en el siguiente párrafo de la información que está leyendo: el Rey mantendrá una audiencia con el Presidente del Congreso y luego emprenderá otra ronda de consultas, tras la que procederá a hacer una nueva propuesta de aspirante a Presidente de Gobierno. Los titulares de las columnas de los comentaristas del rotativo son indicativos del desbarajuste que se ha montado. Un columnista titula: España bloqueada: ¿y ahora qué pasará? Otro aventura: Rajoy facilita el gobierno PSOE+C´s. Y un tercero echa mano del sarcasmo: Políticos, donde dije digo, digo Diego.
   El bueno de Ponte sigue dándole vueltas a la noticia que ha conmocionado al país, pues es la primera vez que tal situación ocurre en la joven democracia española, y cuyo origen, según los medios, está en el WhatsApp que el día anterior mandó el líder de Podemos al secretario general del PSOE: Pedro, tenemos que hablar sobre mi propuesta de Gobierno. Mensaje que aludía a la propuesta de Pablo Iglesias, al salir de su audiencia con el Rey, de formar un Gobierno presidido por Pedro Sánchez, con él de vicepresidente y varios de los ministerios claves dirigidos por miembros de su partido.
   A los policías del Caso Inca, la noticia política no les ha dado ni frío ni calor, están demasiado ocupados y preocupados discurriendo cómo meterles mano a sus tradicionales rivales dentro de las fuerzas de seguridad del Estado, la Guardia Civil. Bernal ha contado a su compañero el breve diálogo que mantuvo con el capitán que dirige la investigación del tiroteo en el Polígono Cobo Calleja y en el que están mezclados varios miembros del clan de los Corrochanos. Lo que tratan es conseguir que los guardias civiles les pasen la información que necesitan para discernir si los gitanos tienen algo que ver con el robo del tesoro. Atienza es partidario de que intervenga la juez que instruye el caso, mientras Bernal opina que será más eficaz y rápido recurrir a sus mandos naturales. Al fin y al cabo, aunque ambos cuerpos policiales están encuadrados en direcciones generales distintas forman parte de la Secretaría de Estado de Seguridad. Tras el forcejeo dialéctico se impone la tesis de Bernal de pedir al Jefe de la Brigada de Patrimonio que toque las teclas oportunas para que la Guardia Civil les facilite la información que buscan.
   El capitán Fernando Peña, segundo jefe del Departamento de Investigación Criminal III de la UCO, les recibe cortésmente, aunque su semblante permanece serio. Sin ninguna clase de preámbulo les informa:
- Me han ordenado que les cuente cuanto sabemos, hasta el momento, sobre la Operación Keko, nombre que hemos dado a este caso. Se inició hace dos años en la Fiscalía Especial contra la Corrupción y la Criminalidad Organizada, incoándose diligencias previas en el Juzgado de Instrucción número 4 de Fuenlabrada. Se trata de una red de tráfico ilegal de mercancías y de blanqueo de capitales, amén de otras muchas actividades delictivas. Está compuesta básicamente por ciudadanos chinos a los que imputamos delitos contra la Hacienda Pública, blanqueo de capitales, contrabando, pertenencia a organización criminal y falsedad documental. Hemos podido determinar un posible fraude de más de 684 millones de euros. El mecanismo fraudulento consiste en importar grandes cantidades de mercancías eludiendo los correspondientes impuestos. Al mismo tiempo, la organización blanquea sus propios activos mediante una compleja red operada por testaferros y empresas instrumentales. La red facilita igualmente a empresarios el blanqueo de sus activos por el que cobra comisión.
- Bien, capitán – se atreve Bernal a interrumpir la explicación del oficial –. Como le dije ayer, todo eso a nosotros no nos interesa porque no le vemos conexión con nuestro caso. Lo que queremos saber es el papel de los Corrochanos.
- Cada cuestión en su momento, caballeros, pues no he terminado mi informe. Además de todo lo anterior, la organización controla varios talleres de confección, presuntamente ilegales, en los que trabajan ciudadanos chinos cuyas identidades son utilizadas fraudulentamente en otras actividades ilegales. La operación la encabezamos desde la UCO, pero además de nosotros, intervienen agentes de la Unidad de Seguridad Ciudadana, del Servicio Cinológico, así como funcionarios de la Agencia Estatal de Administración Tributaria y la Inspección de Trabajo y Seguridad Social. Además, estamos apoyados por personal de Europol en labores de inteligencia y análisis forense. La última información es que esta misma mañana nuestros agentes han entrado en algunos talleres regentados por la organización y han comprobado la existencia de personas indocumentadas trabajando en condiciones de explotación – Llegado a este punto, el oficial se calla, como si ya hubiese dicho cuanto podía informar.
- Bien, capitán. Gracias por su informe – le agradece Bernal con una pizca de mala leche -, pero seguimos sin saber cómo se desarrolló la acción armada y qué papel jugó en ella el clan de los Corrochanos.
- No les puedo contar mucho más porque no hemos podido interrogar a todos los participantes. Varios de ellos pudieron escapar, otros están internados en diferentes hospitales públicos con heridas de diversa consideración y hay tres fallecidos – responde el oficial -. En cuanto las diligencias estén ultimadas se las haremos llegar por conducto reglamentario.
- Se lo agradecemos, capitán – Atienza interviene por primera vez -, pero como bien sabe el conducto reglamentario es desesperadamente lento y no podemos esperar tanto. Aunque sea de modo provisional, ¿podría adelantarnos algo de lo que sucedió? Nos puede ser de gran ayuda.
   El guardia civil arruga imperceptiblemente el gesto, como si la petición hecha por el inspector de Patrimonio le fastidiara, pero contesta a su demanda:
- En cuanto a la acción armada, lo que puedo adelantarles es que a media mañana del pasado día veintidós un grupo indeterminado de individuos, de etnia gitana, irrumpieron en el almacén principal de la organización, que teníamos bajo vigilancia, exigiendo a grandes gritos que querían ver a Xiao Guedong, el gerente de la empresa, aunque el verdadero cabecilla de la red es un tal Jun Wang. Al decirles que el señor Guedong no estaba preguntaron por Weizhen Yang que es el segundo de la compañía. En ese momento, el referido señor Yang no podía recibirles les contestaron. A partir de ahí, los hechos se sucedieron rápidamente, aunque lo que pasó todavía no está del todo confirmado. Según los trabajadores del almacén de origen chino que han prestado declaración, los gitanos profirieron toda suerte de amenazas, luego sacaron armas blancas con las que les amenazaron y finalmente comenzaron los disparos.
- ¿Los Corrochanos fueron los que comenzaron a disparar? – pregunta Bernal pues ese extremo no le ha quedado claro.
- Es uno de los puntos que tenemos que constatar. Según los chinos, fueron los gitanos los que iniciaron el tiroteo, pero la única declaración que hasta ahora tenemos, procedente de uno de los gitanos detenidos, manifiesta que fueron unos tipos que salieron de las oficinas del almacén los que abrieron fuego contra ellos. En balística están comprobando los casquillos que hemos podido recoger y cuando se hayan hecho todas las pruebas, sabremos algo más sobre el tiroteo. Al final de la acción nos encontramos con tres individuos fallecidos, un gitano, un oriental y uno de los vigilantes de nacionalidad colombiana, varios heridos de distinta gravedad y un cierto número de participantes que lograron huir, entre ellos buena parte del grupo gitano. Y es cuanto puedo decirles.
   Como si estuvieran cronometrados, un guardia llama a la puerta del despacho.
- Con tu permiso, mi capitán, el comandante quiere verte ahora mismo.
- Caballeros, el deber me reclama. Creo que conocen la salida. Ha sido un placer.

domingo, 23 de octubre de 2016

*** Llueve en Madrid y…



   Está lloviendo en Madrid y en casi toda la península ibérica. Desde hace unos días, una borrasca atlántica impulsada por los vientos ábregos se ha colado por el golfo de Cádiz y está regando con generosidad las habitualmente resecas tierras peninsulares. Pero realmente no quería hablaros de eso en este post, si lo hago es porque me ha distraído el repiqueteo de la lluvia en los cristales de la ventana. Lo que quería deciros es que el blog ha llegado a las 12.000 páginas descargadas. No es que sea un youtuber con millones de seguidores. Lo mío es más de andar por casa, pero lo acepto tal como es. Lo acepto, me alegro y me estimula. Las páginas vistas en el último mes han sido casi cuatro mil. Para mí son cuatro mil alegrías. Gracias a mis desconocidos lectores.

viernes, 21 de octubre de 2016

Capítulo 14. Nuevos personajes de la trama.- 72. Entra en juego la Guardia Civil



   Cuando Bernal y Blanchard llegan al Polígono Cobo Calleja, la policía ya ha acordonado el perímetro del área donde se ha desarrollado el tiroteo. A su vez, la Policía Municipal de Fuenlabrada ha dispuesto un cordón de un mayor radio a fin de contener a los curiosos que, como moscas ante un plato de miel, se agolpan ante las vallas y cordones perimetrales para no perderse ni una sola acción policial a la par que intentan saber más del suceso. Antes que la Policía Científica empiece a recoger cuantas pruebas encuentre en el lugar de los hechos, han llegado las primeras furgonetas de los distintos canales de televisión que rápidamente despliegan cámaras, micros, cables, antenas y toda la parafernalia propia de los medios televisivos. Con menos despliegue de medios pero también presentes las emisoras de radio se hacen notar, al igual que un nutrido grupo de fotógrafos de prensa que, cámara en ristre, se esfuerzan en captar todos los detalles de cuanto ocurre. Tanto los periodistas de las teles cómo los radiofónicos, micro en mano, preguntan a cuantos se les ponen a tiro, les da igual que sean policías, presuntos testigos o curiosos que merodean por allí.
   Bernal ha de enseñar su placa a un policía municipal que custodia uno de los accesos del segundo perímetro para poder pasar. Blanchard no se le despega. En cuanto llegan a la primera línea que delimita el área en la que ha ocurrido el suceso, el policía de la Judicial se encuentra con la desagradable sorpresa de que quienes están investigando el caso son agentes de la Guardia Civil, exactamente de la Unidad Central Operativa del instituto armado.
- ¡La hemos jodido! – exclama Bernal al ver la indumentaria de color verde, tradicional en el centenario cuerpo que inmortalizó en sus versos García Lorca y no siempre de forma benévola.
- ¿Qué pasa, por qué la hemos jodido? – inquiere Blanchard, un tanto sorprendido.
- Porque están los picoletos y no mis compañeros, y sacarles una sola información a los del tricornio resulta más duro que sacarte una muela.
   El francés ya no pregunta más, es conocedor de la enconada rivalidad existente entre los dos cuerpos de seguridad más prestigiosos de España: la Guardia Civil y la Policía Nacional. No se extraña, algo parecido ocurre no solo en un su país sino en otros muchos.
   Al llegar a las primeras vallas, Bernal, que ha tomado la protocolaria precaución de prenderse la placa que le identifica como inspector de policía, recibe el reglamentario saludo del guardia civil que vigila el acceso y a quien se presenta: 
- Soy el inspector Eusebio Bernal, de la Policía Judicial, ¿quién está al mando?
- El capitán Fernando Peña, segundo jefe del Departamento de Investigación Criminal III de la UCO.
   Bernal sabe bien de lo que está hablando el guardia. Ese departamento de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil es el que investiga los delitos relacionados con las drogas y el contrabando.
- ¿Dónde puedo encontrarle? – pregunta Bernal.
- Es el que está hablando con aquel ciudadano de origen chino – contesta el guardia señalando a un oficial que está vuelto de espaldas y que, en efecto, está interrogando a un asiático.
   Estos pipiolos de guardias jóvenes los forman tan modositos que hasta emplean un lenguaje de lo más políticamente correcto, se dice Bernal, mientras espera que el capitán termine de interrogar al chino con la ayuda de un intérprete. En esas alguien le palmea la espalda mientras una bronca voz exclama:
- ¡Coño, Berni!, ¿tú por aquí?, ¿qué se te ha perdido por estos andurriales? Creía que seguías en lo del robo del museo.
- Hombre, Sandi, no me digas que estáis los de tu grupo metidos en este tomate. Mira, te presento a Michel Blanchard, es un colega francés que colabora en lo del robo del tesoro de los cojones. Ricardo Sandoval, compañero de promoción y un tío cojonudo.
   Blanchard no presta demasiada atención porque en lo que piensa es en la cantidad de veces que sus colegas hispanos usan las diferentes versiones del aparato reproductor masculino para adjetivar personas, cosas, hechos y hasta opiniones. Recuerda que ya decía su madre que en su tierra natal, Extremadura, también era así. Mientras, el tío cojonudo está contando a Bernal lo que sabe del suceso.   
- Lo poco que me han contado los picoletos es que han llegado al almacén unos gitanos preguntando de muy malos modos por el baranda de la empresa. Al parecer, les mandaron a freír espárragos. De los gritos pasaron a los empujones. En algún momento alguien sacó un arma y se montó una balacera del copón.
- ¿Y por qué son los picos los que llevan la investigación?
- Según he podido saber vigilaban a los chinos del almacén pues presuntamente forman parte de una red dedicada al tráfico internacional de mercancías al tiempo que eluden el pago de los correspondientes impuestos. Y como los chinorris están en eso de la globalización, también se dedican al blanqueo de capitales, al tráfico ilegal de mano de obra y a no sé cuántas cosas más. Por lo que cuentan hace más de dos años que los tienen en el punto de mira.
- Todo eso no me interesa, por lo que he venido ha sido por lo del tiroteo, ¿es verdad que han participado en el mismo unos gitanos? – pregunta Bernal.
- En efecto y eso es lo que nos tiene mosca a todos. Además, son conocidos nuestros, sobre todo en la Brigada de Estupefacientes.
- Estás hablando de los Corrochanos, ¿no? – afirma-pregunta Bernal.
- Sí señor, una gente de tronío y con mala leche como para parar un expreso. Aunque han salido malparados de la refriega. Se han dejado un fiambre y dos heridos, uno de ellos bastante grave.
- Y los que se les han enfrentado, ¿quiénes eran, los chinos?
- ¡Qué va! Sus guardaespaldas, dos autóctonos expresidiarios y un par de sudacas. ¡Manda cojones! Con los millones que mueven estos chinos y que no se gasten lo que haga falta en tener un servicio de seguridad como mandan los cánones.
- ¿Has dicho sudacas? – el tono de la voz de Bernal indica que esa información le interesa.
- Parece que sí, pero todo esto es un sindiós y nada es lo que parece. Hasta que los picoletos se dignen pasarnos las diligencias previas no sabemos más que retazos y ni siquiera estoy seguro de que lo poco que nos han contado sea fidedigno.
   A todo esto, el capitán de la Guardia Civil ha terminado con el asiático y un asistente le avisa de que hay otro inspector de la Policía Judicial que quiere hablar con él. El oficial con evidente desgana hace una seña a Bernal para que se acerque.
- Dígame inspector, pero le ruego que sea breve, todavía tengo que interrogar a otros testigos.
- Capitán, soy Eusebio Bernal de la Policía Judicial y coordino con otro compañero el robo del Tesoro Quimbaya – en última instancia, Bernal decide presentar al galo como modo de presionar al oficial -. También colabora en el caso el inspector Blanchard, del Servicio de Cooperación Técnica Internacional de la Policía francesa, que viene conmigo. Lo que pueda haber detrás de lo ocurrido no me interesa demasiado, me refiero al tráfico de mercancías y personas, blanqueo de capitales, etcétera. Lo que me interesa saber son los motivos de la participación del clan de los Corrochanos en el suceso. Ese interés viene dado porque ese clan podría estar conectado con el robo del tesoro. Por tanto, le ruego que me facilite cuantas informaciones tenga que puedan ayudarnos en el Caso Inca. Ya sabe la prioridad que le ha dado al caso la Secretaría de Estado – recuerda Bernal para meter más presión al oficial.
   El capitán no parece demasiado impresionado ante la exposición del policía. Se le queda mirando como sopesando los motivos que le ha contado Bernal. Tras unos segundos, contesta.
- Verá, inspector. Entiendo su interés, pero éste no es el momento ni el lugar adecuado para que pueda atenderle. Como le dije, me faltan testigos por interrogar y no tengo todavía todos los datos en mi mano para tener una idea clara de lo que aquí ha sucedido. Y usted quiere saber nada menos que los motivos de los gitanos para liarse a tiros contra medio mundo. Eso, en estos momentos, es pedirle peras al olmo. Cuando mis hombres hayan redactado las primeras diligencias, le sugiero que las pida por conducto reglamentario y estaré encantado de enviárselas. Y ahora, me disculpará pero tengo trabajo que hacer – Y sin dar ninguna posibilidad de respuesta, el oficial da media vuelta y vuelve a entrar en el almacén en que se ha desarrollado el tiroteo.
   Bernal, rojo de ira, da un primer paso en pos del capitán, pero no llega a dar el segundo. Le vienen a la mente las instrucciones, siempre verbales, que los mandos policiales les recuerdan a menudo: ningún enfrentamiento con la Guardia Civil. Cuando haya un desencuentro hay que cursar a Jefatura el incidente para que sean los mandos superiores quienes se encarguen de resolverlo.
   Todavía está Bernal pensando qué hacer, cuando aparece Atienza.