viernes, 21 de octubre de 2016

Capítulo 14. Nuevos personajes de la trama.- 72. Entra en juego la Guardia Civil



   Cuando Bernal y Blanchard llegan al Polígono Cobo Calleja, la policía ya ha acordonado el perímetro del área donde se ha desarrollado el tiroteo. A su vez, la Policía Municipal de Fuenlabrada ha dispuesto un cordón de un mayor radio a fin de contener a los curiosos que, como moscas ante un plato de miel, se agolpan ante las vallas y cordones perimetrales para no perderse ni una sola acción policial a la par que intentan saber más del suceso. Antes que la Policía Científica empiece a recoger cuantas pruebas encuentre en el lugar de los hechos, han llegado las primeras furgonetas de los distintos canales de televisión que rápidamente despliegan cámaras, micros, cables, antenas y toda la parafernalia propia de los medios televisivos. Con menos despliegue de medios pero también presentes las emisoras de radio se hacen notar, al igual que un nutrido grupo de fotógrafos de prensa que, cámara en ristre, se esfuerzan en captar todos los detalles de cuanto ocurre. Tanto los periodistas de las teles cómo los radiofónicos, micro en mano, preguntan a cuantos se les ponen a tiro, les da igual que sean policías, presuntos testigos o curiosos que merodean por allí.
   Bernal ha de enseñar su placa a un policía municipal que custodia uno de los accesos del segundo perímetro para poder pasar. Blanchard no se le despega. En cuanto llegan a la primera línea que delimita el área en la que ha ocurrido el suceso, el policía de la Judicial se encuentra con la desagradable sorpresa de que quienes están investigando el caso son agentes de la Guardia Civil, exactamente de la Unidad Central Operativa del instituto armado.
- ¡La hemos jodido! – exclama Bernal al ver la indumentaria de color verde, tradicional en el centenario cuerpo que inmortalizó en sus versos García Lorca y no siempre de forma benévola.
- ¿Qué pasa, por qué la hemos jodido? – inquiere Blanchard, un tanto sorprendido.
- Porque están los picoletos y no mis compañeros, y sacarles una sola información a los del tricornio resulta más duro que sacarte una muela.
   El francés ya no pregunta más, es conocedor de la enconada rivalidad existente entre los dos cuerpos de seguridad más prestigiosos de España: la Guardia Civil y la Policía Nacional. No se extraña, algo parecido ocurre no solo en un su país sino en otros muchos.
   Al llegar a las primeras vallas, Bernal, que ha tomado la protocolaria precaución de prenderse la placa que le identifica como inspector de policía, recibe el reglamentario saludo del guardia civil que vigila el acceso y a quien se presenta: 
- Soy el inspector Eusebio Bernal, de la Policía Judicial, ¿quién está al mando?
- El capitán Fernando Peña, segundo jefe del Departamento de Investigación Criminal III de la UCO.
   Bernal sabe bien de lo que está hablando el guardia. Ese departamento de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil es el que investiga los delitos relacionados con las drogas y el contrabando.
- ¿Dónde puedo encontrarle? – pregunta Bernal.
- Es el que está hablando con aquel ciudadano de origen chino – contesta el guardia señalando a un oficial que está vuelto de espaldas y que, en efecto, está interrogando a un asiático.
   Estos pipiolos de guardias jóvenes los forman tan modositos que hasta emplean un lenguaje de lo más políticamente correcto, se dice Bernal, mientras espera que el capitán termine de interrogar al chino con la ayuda de un intérprete. En esas alguien le palmea la espalda mientras una bronca voz exclama:
- ¡Coño, Berni!, ¿tú por aquí?, ¿qué se te ha perdido por estos andurriales? Creía que seguías en lo del robo del museo.
- Hombre, Sandi, no me digas que estáis los de tu grupo metidos en este tomate. Mira, te presento a Michel Blanchard, es un colega francés que colabora en lo del robo del tesoro de los cojones. Ricardo Sandoval, compañero de promoción y un tío cojonudo.
   Blanchard no presta demasiada atención porque en lo que piensa es en la cantidad de veces que sus colegas hispanos usan las diferentes versiones del aparato reproductor masculino para adjetivar personas, cosas, hechos y hasta opiniones. Recuerda que ya decía su madre que en su tierra natal, Extremadura, también era así. Mientras, el tío cojonudo está contando a Bernal lo que sabe del suceso.   
- Lo poco que me han contado los picoletos es que han llegado al almacén unos gitanos preguntando de muy malos modos por el baranda de la empresa. Al parecer, les mandaron a freír espárragos. De los gritos pasaron a los empujones. En algún momento alguien sacó un arma y se montó una balacera del copón.
- ¿Y por qué son los picos los que llevan la investigación?
- Según he podido saber vigilaban a los chinos del almacén pues presuntamente forman parte de una red dedicada al tráfico internacional de mercancías al tiempo que eluden el pago de los correspondientes impuestos. Y como los chinorris están en eso de la globalización, también se dedican al blanqueo de capitales, al tráfico ilegal de mano de obra y a no sé cuántas cosas más. Por lo que cuentan hace más de dos años que los tienen en el punto de mira.
- Todo eso no me interesa, por lo que he venido ha sido por lo del tiroteo, ¿es verdad que han participado en el mismo unos gitanos? – pregunta Bernal.
- En efecto y eso es lo que nos tiene mosca a todos. Además, son conocidos nuestros, sobre todo en la Brigada de Estupefacientes.
- Estás hablando de los Corrochanos, ¿no? – afirma-pregunta Bernal.
- Sí señor, una gente de tronío y con mala leche como para parar un expreso. Aunque han salido malparados de la refriega. Se han dejado un fiambre y dos heridos, uno de ellos bastante grave.
- Y los que se les han enfrentado, ¿quiénes eran, los chinos?
- ¡Qué va! Sus guardaespaldas, dos autóctonos expresidiarios y un par de sudacas. ¡Manda cojones! Con los millones que mueven estos chinos y que no se gasten lo que haga falta en tener un servicio de seguridad como mandan los cánones.
- ¿Has dicho sudacas? – el tono de la voz de Bernal indica que esa información le interesa.
- Parece que sí, pero todo esto es un sindiós y nada es lo que parece. Hasta que los picoletos se dignen pasarnos las diligencias previas no sabemos más que retazos y ni siquiera estoy seguro de que lo poco que nos han contado sea fidedigno.
   A todo esto, el capitán de la Guardia Civil ha terminado con el asiático y un asistente le avisa de que hay otro inspector de la Policía Judicial que quiere hablar con él. El oficial con evidente desgana hace una seña a Bernal para que se acerque.
- Dígame inspector, pero le ruego que sea breve, todavía tengo que interrogar a otros testigos.
- Capitán, soy Eusebio Bernal de la Policía Judicial y coordino con otro compañero el robo del Tesoro Quimbaya – en última instancia, Bernal decide presentar al galo como modo de presionar al oficial -. También colabora en el caso el inspector Blanchard, del Servicio de Cooperación Técnica Internacional de la Policía francesa, que viene conmigo. Lo que pueda haber detrás de lo ocurrido no me interesa demasiado, me refiero al tráfico de mercancías y personas, blanqueo de capitales, etcétera. Lo que me interesa saber son los motivos de la participación del clan de los Corrochanos en el suceso. Ese interés viene dado porque ese clan podría estar conectado con el robo del tesoro. Por tanto, le ruego que me facilite cuantas informaciones tenga que puedan ayudarnos en el Caso Inca. Ya sabe la prioridad que le ha dado al caso la Secretaría de Estado – recuerda Bernal para meter más presión al oficial.
   El capitán no parece demasiado impresionado ante la exposición del policía. Se le queda mirando como sopesando los motivos que le ha contado Bernal. Tras unos segundos, contesta.
- Verá, inspector. Entiendo su interés, pero éste no es el momento ni el lugar adecuado para que pueda atenderle. Como le dije, me faltan testigos por interrogar y no tengo todavía todos los datos en mi mano para tener una idea clara de lo que aquí ha sucedido. Y usted quiere saber nada menos que los motivos de los gitanos para liarse a tiros contra medio mundo. Eso, en estos momentos, es pedirle peras al olmo. Cuando mis hombres hayan redactado las primeras diligencias, le sugiero que las pida por conducto reglamentario y estaré encantado de enviárselas. Y ahora, me disculpará pero tengo trabajo que hacer – Y sin dar ninguna posibilidad de respuesta, el oficial da media vuelta y vuelve a entrar en el almacén en que se ha desarrollado el tiroteo.
   Bernal, rojo de ira, da un primer paso en pos del capitán, pero no llega a dar el segundo. Le vienen a la mente las instrucciones, siempre verbales, que los mandos policiales les recuerdan a menudo: ningún enfrentamiento con la Guardia Civil. Cuando haya un desencuentro hay que cursar a Jefatura el incidente para que sean los mandos superiores quienes se encarguen de resolverlo.
   Todavía está Bernal pensando qué hacer, cuando aparece Atienza.

martes, 18 de octubre de 2016

71. Un tiroteo suspende la tormenta


                                                                                     
   Atienza y Martín-Rebollo, coordinadores de la tormenta de ideas que se está celebrando en la Brigada de Patrimonio, al hacer el balance del debate coinciden en que ha suscitado más preguntas que respuestas. Discuten en si volver al planteamiento que María Victoria hizo en la presentación o tratar de encontrar una respuesta a la pregunta de: ¿por qué el Gobierno oculta que lo robado solo son réplicas de las piezas originales? Interrogante que no encontró una contestación que agradase a la mayoría del grupo. Tras un denso diálogo se inclinan por la segunda opción, pero añadiendo preguntas del tipo de: ¿cómo siendo tantas las personas que, presumiblemente, estarían al tanto del encubrimiento, la noticia no se ha filtrado a los medios? o ¿cómo respondería la opinión pública española ante la ocultación de la verdad? Y así es como, la moderadora comienza la nueva sesión:
- Caballeros, Juan Carlos y yo hemos decidido no pasar al tercer apartado antes de encontrar respuestas a las preguntas que no han sido contestadas. Ahí las tenéis. Vuestra es la palabra.
   Bernal levanta presto la mano.
- Si la señora moderadora me lo permite – dice con marcado retintín -, me gustaría comenzar con la pregunta de cómo respondería la opinión pública si supiera que lo robado son copias. Creo que eso a nosotros nos debe tener sin cuidado. Conociendo a nuestros paisanos, si hay cuarenta y tantos millones de españolitos habrá otros tantos millones de opiniones. Por tanto, creo que éste es otro ítem que se puede echar a la papelera.
- Yo, al revés que Eusebio, no conozco a todos los españoles – ironiza Blanchard -, pero os aseguro que si esto pasara en Francia se montaría un escándalo político de puta madre como decís aquí. Y pido disculpas a Mariví por el uso de un lenguaje tan barriobajero.
- Sin que sirva de precedente, tengo que decir que estoy de acuerdo con Eusebio – la moderadora trata de rehacer los puentes del buen entendimiento con el inspector de la Judicial -. Creo que esta cuestión puede eliminarse o quedarse para una segunda ronda. Opiniones al respecto.
   El debate es breve. Acuerdan por unanimidad dejar la pregunta para una hipotética segunda ronda de debate. Tras el acuerdo, Martín-Rebollo vuelve a tomar la palabra:
- Siguiendo el mismo criterio que para la pregunta que acabamos de postergar, opino que podíamos hacer lo mismo con el ítem de ¿cómo siendo tantas las personas que, presumiblemente, estarían al tanto del encubrimiento, la noticia no se ha filtrado a los medios? Aunque descubriéramos la respuesta correcta dudo mucho que eso nos condujera a alguna pista para el esclarecimiento del caso. ¿Qué pensáis al respecto?
   Todos están de acuerdo por lo que la pregunta va a la papelera virtual del debate. Con lo cual, la moderadora retoma la pregunta inicial.
- Bien, señores. Volvemos a la primera pregunta: ¿por qué el Gobierno oculta que lo robado solo son réplicas de las piezas originales? Recapitulo lo que se dijo ayer: según Juan Carlos, citando fuentes museísticas, se rumorea que no se ha hecho pública la verdad por un pacto entre nuestro Gobierno y el de Colombia. Motivo: los colombianos no quieren que el robo del Tesoro Quimbaya distraiga a sus ciudadanos del tratado de paz con las FARC. Michel alegó que la causa podía estar en que ahora tenemos un Gobierno en funciones, a lo que replicó Jacinto recordando que en la fecha del robo el Gobierno estaba en la plenitud de funciones. Eusebio puso en tela de juicio que encontrar la respuesta a la pregunta en cuestión pudiera servirnos de algo, opinión que yo rebatí. Hasta aquí, la sinopsis de lo que se dijo ayer.
   Hay un breve lapso de silencio hasta que Grandal levanta la mano. Les cuenta a sus compañeros de debate la reunión que mantuvo el día anterior con el trío de jubilados y las conclusiones a las que ellos habían llegado.
- O sea, que les vieillards vienen a opinar que lo hecho hasta hoy ha sido poco menos que perder el tiempo – es el resumen que hace Blanchard.
- Exactamente, lo que dijeron era que estábamos mareando la perdiz – contesta, socarrón, Grandal.
- Tantas opiniones me recuerdan lo que dice Clint Eastwood en una de sus pelis: las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno – La cinematográfica cita es obra de Bernal.
   La moderadora hace un gesto de desagrado ante el escatológico lenguaje del policía, pero prefiere continuar como si nada:
- Bien, hemos oído lo que opinan los amigos de Jacinto y lo que opina nuestro amigo Eusebio. ¿Continuamos? – su tono de voz muestra señales de que su paciencia está sufriendo una dura prueba.
   Atienza, que las caza al vuelo, intuye que la moral del grupo se está resquebrajando por momentos, por lo que propone un receso para que se remansen las aguas. Incluso, va más allá: en lugar de que les traigan las bebidas a la sala, sugiere que podrían acercarse al bar más próximo y de paso estiraban las piernas. Proposición que es inmediatamente aceptada. Martín-Rebollo se queda recogiendo sus notas. Grandal se le acerca.
- No sabes, Mariví, cuanto sentí que no pudiéramos hacer el viaje a Patones – se lamenta el excomisario.
- Pero bien que empleaste el día – es la seca respuesta de la profesora.
- ¿Te ha molestado que contara lo que me dijeron ayer mis amigos? – inquiere un sorprendido Grandal.
- Molestarme, no, pero a fuer de sincera si te digo que esas interrupciones, y es la segunda que protagonizas, en el desarrollo de la tormenta no hacen más que prolongar y embarullar el desenlace del debate. Esto se va pareciendo cada vez más al mito de Sísifo, cuando parece que hemos llegado a una conclusión sólida, llegas tú y lo echas todo a rodar. Y vuelta a empezar.
- Créeme que lo siento. No era mi intención torpedear el desarrollo del debate. Al contrario, lo que deseo es que todo este enredo se solucione de la mejor forma posible y cuanto antes.
- Te creo, pero lo que más rabia me da es que voy a tener que volverme a Zaragoza sin haber terminado esta maldita tormenta. Las fechas que tenía para lo del tribunal se han terminado y mis clases y alumnos me reclaman. Además, soy la directora del departamento y mi eventual sustituto es de los que se ahoga en un vaso de agua.
- Dentro, aproximadamente, de un mes tengo que ir a Zaragoza porque hay unos pequeños asuntos que he de resolver – Grandal está improvisando sobre la marcha. Ni tiene que ir a la ciudad de La Pilarica, ni tiene ningún asunto que resolver. Lo que si tiene es la necesidad de volver a ver a María Victoria. Es la primera vez que siente la exigencia de ver a una mujer desde hace un montón de años.
- ¡Estupendo! – exclama la profesora, sin disimular la alegría que le da la noticia -.¿Conoces la ciudad?
- Sí, pero de pasada.
- Entonces ya tienes guía para enseñarte todos los rincones zaragozanos. Tienes mi número. Llámame antes de venir y te prepararé unas rutas mejores que las de una agencia de viajes.
   El coloquio es interrumpido por un Atienza acalorado y nervioso.
- Mariví, Jacinto, tenemos que suspender la tormenta hasta nueva orden. Acaban de llamar de Jefatura. Se ha producido un tiroteo en el Polígono Cobo Calleja de Fuenlabrada. En principio, parece que podría tratarse de un enfrentamiento entre bandas, pero las noticias todavía son confusas. Eusebio y Michel han salido para Fuenlabrada. Yo he vuelto para contároslo y me voy para allá. Os agradezco, especialmente a ti Mariví, vuestra espléndida y desinteresada colaboración.
   Tanto a la profesora como al excomisario, la noticia de la suspensión les cae como un cubo de agua fría. Ambos tenían mucho interés en proseguir la tormenta por motivos que poco tenían que ver con la investigación del Caso Inca. Grandal, como expolicía, está habituado a cortes como éste en la labor policial, pero Martín-Rebollo no, por eso es ella la que pregunta:
- Juan Carlos, no acabo de entender porque un tiroteo, en lo que supongo que es un polígono industrial, ha de aplazar el desarrollo de un debate que estaba comenzando a dar frutos. ¿Qué tiene que ver eso con el robo del tesoro?
- Con los pocos datos que tengo no te lo puedo decir con exactitud, pero si os adelanto que, al parecer, algunos de los participantes en la refriega son gitanos del clan de los Corrochanos, familia de la que sospechamos que puede tener alguna conexión indirecta con la venta del furgón blindado. Me voy. Estaremos en contacto – y dicho esto, Atienza se marcha.
   La profesora y el excomisario quedan tan sorprendidos como desconcertados. Una pelea entre gitanos y chinos, ¿qué tendrá eso que ver con el robo del Tesoro Quimbaya?

domingo, 16 de octubre de 2016

*** Once mil y subiendo




   Si el dos de este mes decía en un post informativo que el blog se dispara, hoy confirmo tal noticia. En esta semana, en la que por cierto cumplí 81 años, el número de páginas leídas ha superado la cifra de 11.000. Según se desprende de la información del servicio de estadísticas de Google, ello es debido posiblemente a un grupo de internautas norteamericanos que acceden semanalmente al blog con una fidelidad digna de premio.
   Mi gratitud y mi deseo de comunicarme con ellos de algún modo, por ejemplo: por medio de los comentarios que se pueden escribir en el blog. Los contestaré inmediatamente.