viernes, 12 de agosto de 2016

52. El marido de la portera


   En su viaje al barrio de Cuatro Caminos en pos del empleado del museo sospechoso de ser  cómplice de los ladrones del Tesoro Quimbaya y cuyo domicilio les falta por localizar, Álvarez y Ballarín han visto como su objetivo entra en el número 2 de la calle General Orgaz. Ya conocen donde vive, ahora solo falta recabar más datos sobre la presa. En la vuelta al metro, Ballarín está pensando en cómo cambiará el callejero de esa parte del barrio si algún día aplican a sus calles la Ley de Memoria Histórica. Como ha dicho lo que pensaba en voz alta, Álvarez le pregunta de qué va lo de ligar la Ley de Memoria Histórica y los nombres de las calles.
- Nada, una tontería, pero disimula, Luis, uno de los que está sentado delante de ese portal ¿no es nuestro objetivo? – pregunta Ballarín señalando discretamente a un grupito formado por dos adultos y dos niños sentados en sendas sillitas delante del portal del número 2 de General Orgaz, en una estampa que fue familiar hace años en determinados barrios madrileños, pero que en el siglo XXI, prácticamente, ha desaparecido.
- El mismo en carne mortal – ratifica Álvarez -. ¿Y qué coño hace ahí sentado?
   A todo esto, como han seguido andando por Perón en dirección al metro de Estrecho, han pasado la vertical de la bocacalle de General Orgaz por lo que quedan fuera del campo de visión del grupo. Ballarín se para y mira a su compañero, se le acaba de ocurrir algo.
- Luis, la ocasión la pintan calva. Como a mí ese fulano no creo que me haya visto nunca, voy a acercarme y preguntaré cualquier chorrada a ver si saco algo en claro.
   Y dicho y hecho, Ballarín, en actitud de alguien que no sabe muy bien dónde está, se planta delante del grupito y muy cortés les saluda:
- Buenas tardes y perdonen, ¿serían ustedes tan amables de decirme si aquí viven los señores… Cruzdemalta? 
- ¿Cruz de Malta? – inquiere la mujer sentada junto al empleado del museo.
- Sí, Cruzdemalta, como la conocida cerveza, pero todo junto.
- No, aquí no vive nadie con ese apellido – responde la mujer muy segura de lo que afirma.
- Perdón, pero ¿esta parte de calle es el final de Don Quijote o el principio de General Orgaz? -El cambio del nombre de ese tramo de calle lo ha descubierto Ballarín en una web sobre historia de las calles madrileñas.
- Algo de razón lleva usted – afirma el hombre que acompaña a la mujer y los niños -. Hasta mediados de los años setenta este trozo de calle fue el final de Don Quijote. De hecho, este edificio era el número 98 de Don Quijote, pero luego el Ayuntamiento hizo cambios en el callejero y desde entonces es el comienzo de General Orgaz, concretamente el número 2.
- Entonces, si es el 2 tienen que vivir aquí los señores Cruzdemalta – insiste Ballarín.
- Y yo le digo que no – contesta tajante la mujer.
- Disculpe, pero ¿cómo está usted tan segura?
- Porque soy la portera.
- Ah, perdone – Ballarín, en una interpretación que con menos años le hubiese llevado al Teatro Español, pone cara de descubrir que acaba de meter la pata -. Le pido disculpas, señora. Supongo que me han dado mal la dirección.
- No se preocupe, un error lo tiene cualquiera, pero como acaba de decirle mi señora en la casa no vive nadie con ese apellido – corrobora el hombre que añade -. Lo que puede hacer es cruzar Perón y acercarse al último tramo de Don Quijote y preguntar por allí.
- Muchas gracias, muy amables. No les molesto más. Que tengan una buena tarde; bueno, casi mejor sería decir una buena noche.
   Ballarín desanda lo andado hasta reencontrarse con Álvarez.
- El fulano al que seguíamos es nada menos que el marido de la portera.
- Bueno, otro dato más al zurrón que, además, me huele que nos puede reportar buenos dividendos informativos – asegura Álvarez.
- ¿Por qué? – quiere saber Ballarín.
- Porque a partir de ahora, en lugar de preguntar por el objetivo preguntaremos sobre su mujer. Las porteras suelen ser una fuente inagotable de información, sobre todo de chismorreos y rumores. Saber si ese fulano lleva una vida por encima de las posibilidades de un empleado de tres al cuarto nos va a resultar más fácil indagando sobre su mujer.
- Sabes, Luis, me parece una excelente idea – le adula Ballarín -. ¿Volvemos mañana a por más harina?
- Amadeo, mañana es la jornada de reflexión – le recuerda Álvarez.
- No me jodas, Luis, a estas alturas de la película, ¿tienes que reflexionar sobre a quién vas a votar? – pregunta Ballarín con evidente sorna.
- Pues tenía mis dudas sobre si votar al de la coleta o a los del capullo, pero creo que al final votaré a los míos. Más vale malo conocido que bueno por conocer – admite Álvarez -. Supongo que tú también votarás al PP, ¿no?
- Todavía me lo tengo que pensar. Han incumplido más de la mitad de las promesas que hicieron hace cuatro años. Y si han faltado a su palabra, ¿quién nos asegura que no puedan volver a hacerlo?
- Eso es cierto, ¡pero no irás a votar a los rojos! – le recrimina Álvarez.
- Ya casi nadie dice rojos, Luis. Solo cuatro vejestorios como nosotros. Ahora se les llama progresistas.
- ¡Nos ha jodido mayo, menuda gilipollez! ¿Es qué a los demás no nos gusta progresar? Esos fulanos con tal de no llamarse como lo que verdaderamente son; es decir, comunistas, son capaces de ponerse cualquier nombre. Pero no me has contestado, si no votas al PP, ¿vas a votas a los ro…, a los progresistas?
- Ya te he dicho que lo tengo que pensar. Lo mismo voto a Ciudadanos. El chico ese, Rivera, parece un tío majo y sobre todo sensato. La mayor parte de las cosas que dice están llenas de sentido común – confiesa Ballarín.
- Lo de votar a Ciudadanos es pan para hoy y hambre para mañana. Esos tipos, que están como en tierra de nadie, tanto se pueden aliar con el PSOE como con el PP. Creo que no son gente de fiar – replica Álvarez.
- Mira, Luis, dejémoslo ahí, no vamos a ponernos ahora a discutir sobre a quién votar – concluye Ballarín -. En definitiva, ¿qué hacemos, volvemos mañana o qué?
   Al final, ambos amigos acuerdan pasar de cualquier reflexión y regresar al día siguiente al barrio a ver qué pueden averiguar del marido de la portera de General Orgaz. Resuelven que, en lugar de frecuentar bares y cafeterías como han hecho hasta ahora, tienen que inventar alguna treta para poder preguntar en las porterías de los edificios del barrio sin levantar sospechas. Después de desechar una tras otra, las tramas que se les van ocurriendo se quedan con una que propone Álvarez, que no es ninguna maravilla, pero que puede resultar algo más creíble que cualquiera de las demás. Se trata de presentarse como representantes de una asociación de jubilados - decir que aún están en edad laboral no colaría - que está llevando a cabo un estudio. La finalidad del mismo sería elevar al Ministerio de Hacienda la propuesta de que fuera compatible cobrar la correspondiente pensión de jubilación con el trabajo en una portería hasta los setenta años. Ello supondría alargar la vida laboral de los porteros cinco años sin dejar de percibir la prestación ordinaria de jubilación. Antes de elevar tal petición a las autoridades, la asociación está llevando a cabo una encuesta para conocer la opinión de los actuales porteros. Como la asociación no dispone de muchos fondos, en vez de encargar la encuesta a una empresa dedicada a tales actividades, ha movilizado a sus asociados para que sean ellos los que la realicen. Pese a la endeble consistencia del subterfugio, el pretexto no solo funciona sino que se revela como una fuente inagotable de información sobre la vida y milagros de los porteros del barrio en general y de la portera de General Orgaz en particular. El anzuelo que echa la pareja de jubilados es siempre el mismo:
- No sabe cuánto me alegro de que usted piense así – Siempre dicen lo mismo, piense lo que sea el interlocutor de turno -. Y lo digo porque hay otros colegas que piensan todo lo contrario. Sin ir más lejos, la portera del 2 de General Orgaz es de la opinión que…
   Y como el interpelado en cuestión conozca a la aludida portera, le falta tiempo para contar los mil y un detalles no solo de la actividad profesional de la mencionada sino también de su vida, de la de su marido e hijos y hasta de la parentela. La cantidad de cotilleos, dimes y diretes que se enteran los polis aficionados son como para llenar el suplemento dominical de El País. Tras un primer análisis de tanto cotilleo, llegan a la conclusión de que el marido de la portera no vive en absoluto por encima de sus posibilidades. El único dispendio reconocido, si se le puede calificar así, es que es un merengue a muerte que no se pierde un partido de los que el Real Madrid juega en el cercano Estadio Santiago Bernabéu. Todo lo demás, chismes.

martes, 9 de agosto de 2016

Capítulo 10. El cuarteto descubre una pista nueva.- 51. Un barrio víctima de la Ley de Memoria Histórica



   Mientras Grandal y Ponte se patean media provincia de Castellón en busca del patriarca de los García Reyes, Amadeo y Luis están metidos de lleno en el seguimiento de sus respectivos objetivos, así llaman a los empleados del Museo de América sospechosos de ser los autores del apagón de las cámaras de seguridad ocurrido el día del robo. Ambos amigos han logrado con bastante rapidez localizar los domicilios de los dos trabajadores del museo a quienes han seguido. Solo queda por averiguar el domicilio del último cuyo seguimiento corresponde a Álvarez. En cuanto Ballarín ha terminado la tarea de localización del empleado que le ha tocado seguir, llama a su compañero:
- Luis, ya he terminado con lo de mi objetivo. ¿Cómo vas con los tuyos?
- Ya tengo localizado al primero. Mañana voy a meterme con el otro que falta.
- Oye, como ya no tengo nada que hacer, ¿qué te parece si te acompaño? Entre dos el seguimiento será menos aburrido.
- Por mí, encantado. ¿Quedamos mañana un poco antes de las tres frente a la Agencia de Cooperación? Desde allí podemos seguir al objetivo en cuanto salga.
   Al día siguiente, a la hora convenida, Álvarez y Ballarín están ante la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, organismo ubicado a la vera del Museo de América. Es un día frío, y en un sitio tan despejado como el emplazamiento de la AECID y del museo el cortante aire de la sierra de Guadarrama se nota más.
- Desde aquí le vamos a seguir en cuanto pase – apunta Ballarín.
- De acuerdo, Amadeo. Yo me quedo aquí delante de la Agencia y tú ponte en la esquina de la entrada a urgencias de la clínica de La Concepción.
   Poco antes de las tres comienzan a salir los contados visitantes del museo. Al cabo de un rato aparecen varios empleados, algunos de los cuales Ballarín reconoce de cuando les fotografió en compañía de Ponte, pero del objetivo ni rastro. Se cumplen las tres y cuarto, las tres y media y el empleado al que han de seguir sigue sin aparecer. Ballarín desde el lugar donde está apostado le envía una muda interrogación a Álvarez cuya respuesta es un encogimiento de hombros. Sobre las tres cuarenta y cinco los jubilados tiran la toalla, algo ha salido mal. Se acercan al museo. Las puertas están cerradas y no hay nadie en la plazoleta de la entrada.
- ¿Dónde se habrá metido ese fulano? – se pregunta un desconcertado Álvarez.
- El museo está cerrado, lo que quiere decir que los empleados han salido.
- Puede ser que el tipo libre hoy o que esté enfermo o que su mujer se haya puesto de parto. Vete a saber – arguye Álvarez, cabreado por el fracaso.
- Cualquiera de esas cosas ha podido ocurrir, pero quizá hemos pasado por alto que hay otras salidas además de la que conduce a Reyes Católicos. Ha podido marcharse por la Ruta Verde, o por la parte de atrás en dirección al Clínico o a Isaac Peral, o ha bajado hasta la Avenida de la Victoria a coger uno de los autobuses del extrarradio. En cualquier caso, Luis, creo que hemos metido la pata dando por sentado que iba a salir en esta dirección y esperándole donde estábamos – se lamenta Ballarín.
- O sea, que la hemos cagado. Me jode ir de pardillo, pero nos hemos portado como tal.
- Por si te sirve de consuelo te diré que Manolo el primer día que tenía que hacer el seguimiento a un objetivo se durmió. Como ves, en todas partes cuecen habas.
   Cuando se despiden hasta el día siguiente, Álvarez hace una sugerencia:
- Ah, Amadeo, yo creo que del fiasco de hoy será mejor no contar nada a Jacinto y Manolo. El cachondeo que podrían montar sería de campeonato.
   Al día siguiente, Álvarez se sitúa frente a la entrada al museo y Ballarín se coloca al lado del horroroso Monolito a la Hispanidad en los jardincillos que unen el museo y la Agencia de Cooperación. Desde esas posiciones el objetivo no se les podrá escabullir. Poco después de las tres y diez, el empleado al que tienen fichado pasa por delante de Álvarez que le hace una disimulada seña a su compañero. El dúo de jubilados se dispone a seguir a su presa. El objetivo toma la pequeña bajada en zigzag que une la plazoleta del museo con la Ruta Verde y luego se dirige hacia el centro de la ciudad. Cruza Fernández de los Ríos y se mete en el Intercambiador de Moncloa hasta el andén de la línea 6 del metro, dirección a Ciudad Universitaria. Los jubilados, muy puestos en su papel de sabuesos, suben a vagones distintos, uno se mete en el coche al que ha entrado el objetivo y otro al vagón contiguo. Pasan las estaciones hasta que en la de Cuatro Caminos se baja el empleado para coger la línea 1 en dirección a Pinar de Chamartín. Dos estaciones después, en Estrecho, el objetivo se baja. En la salida de Bravo Murillo toma la calle Juan de Olías. Como es un vial más bien angosto, recuerdan el consejo que en su día les dio Grandal: que cuando fueran dos los que siguieran a un objetivo sería mejor no ir juntos sino separados e ir turnándose para que el que le siguiera más cerca no fuera siempre el mismo, y si la calle fuera estrecha lo mejor sería que cada uno le siguiera por una acera distinta. La calle desemboca en la Avenida del General Perón, pero el empleado tras recorrer  una manzana gira a la izquierda y acaba entrando en el portal del edificio que hace esquina entre General Perón y General Orgaz. Parece que es allí donde vive.
- Bueno, pues ya sabemos dónde tiene su guarida el mozo – sentencia Álvarez.
- Esta es una buena zona y esos pisos tienen que costar una pasta. ¿Tú crees que el sueldo del museo da cómo para tener casa por aquí? – pregunta, extrañado, Ballarín.
- Pues no creo, pero lo que más me sorprende es que en esos bloques de la izquierda vive personal de la Armada y el primero de la derecha, que es donde ha entrado, pertenece o pertenecía al Colegio de Arquitectos de Madrid – detalla Álvarez.
- ¡Coño!, ¿y cómo sabes tú eso? – se sorprende Ballarín.
- Porque en su día tuvimos en el Canal muchas reclamaciones por parte de los vecinos de ambos bloques y yo tuve que apechugar con ellos.
- ¿Y qué hace un empleado de un museo estatal en un edificio del Colegio de Arquitectos?
- Jacinto te respondería que investigando lo sabremos. O sea que vamos a dar una vuelta por los alrededores a ver qué podemos descubrir.
   La extraordinaria abundancia de bares, cafeterías, tabernas, cervecerías, hamburgueserías y restaurantes de toda clase y condición en General Perón y calles aledañas ponen a prueba el aguante prostático de la pareja.
- No vamos a poder con todos. Tendremos que hacer una selección – reconoce Álvarez con aire contrito.
- Y tanto. En los últimos cincuenta metros he contado nueve locales donde darle a la manduca o al bebercio – confirma Ballarín -. Mira, vamos a seleccionar a ojo de buen cubero tres o cuatro bares y cafeterías y si no sacamos nada en limpio, luego cuando lleguemos a casa nos metemos en internet y hacemos un barrido de locales de la zona que parezcan más idóneos para ser visitados por el fulano que estamos siguiendo.
   Entran en el bar de tapas Brokêr, en la cafetería Le Petit Bonbon, en el TapasBar y en Fher Café. Están a punto de entrar en Viavélez, pero cuando ven que la taberna está ubicada en el piso superior lo dejan. En ninguno de ellos sacan nada en limpio hablando con barmans y camareros.
- Bueno, Amadeo, será mejor que recojamos velas y que lo dejemos por hoy. Mañana será otro día – propone Álvarez.
- Es una buena idea. Ya no aguanto ni una birra más.
   Cuando vuelven en dirección al metro de Estrecho, Ballarín, que anteriormente ha estado familiarizándose con la zona por medio de Google Maps, va pensando en la cantidad de calles que hay en esa zona del barrio de Cuatro Caminos que llevan nombres ligados a la Guerra Civil, entre ellos los de muchos militares del bando franquista: General Orgaz, General Varela, General Yagüe, General Moscardó, Comandante Zorita, Capitán Haya… o el de trágicos hechos ocurridos en la contienda como Mártires de Paracuellos.
- Como apliquen en esta zona la Ley de Memoria Histórica no la va a reconocer ni el urbanista que la planificó – farfulla Ballarín y añade -. Tendrán que cambiar medio callejero.
- ¿Qué dices de la Memoria Histórica? – pregunta Álvarez que no ha terminado de entender la frase de su compañero.

viernes, 5 de agosto de 2016

50. Elecciones 2015: lío general, gordo e inédito

   Grandal y Ponte, tras dejar a la familia gitana que les ha facilitado el paradero actual del Tío Josefo, el patriarca de los García Reyes, recogen en Marina d´Or a Chelo que se muestra un tanto desencantada de la urbanización.
- Vicki la había puesto tanto por las nubes que la verdad es que me ha decepcionado un poco. Hay muchos bloques y están demasiado juntos para mi gusto y la playa tampoco es como para tirar cohetes, es mejor la de Benidorm. Lo que sí es una pasada es el hotel-balneario. No sé porque no habéis querido entrar, os hubiera gustado. No podéis imaginaros como está decorado y, según me ha contado un señor muy amable, la de celebraciones que hacen y además…
   Chelo sigue contando cuanto ha visto en la llamada Ciudad de Vacaciones. Es increíble la cantidad de datos que ha podido recopilar en las pocas horas que ha durado su visita. Grandal y Ponte apenas la escuchan, cada uno de ellos tiene otras cuestiones más interesantes en qué pensar. El excomisario ya está planeando como mover los hilos en Madrid para encontrar a los García Reyes, mientras Ponte, a falta de otro tema más interesante, sigue dándole vueltas al interrogante de si los gitanos votan y a quien.
   Al volver al Hotel del Golf se plantean si retornar ese mismo domingo a Madrid, pero dado lo avanzado de la tarde deciden que es más sensato esperar al día siguiente. El lunes, veintiuno, Ponte se ha levantado tan temprano como acostumbra. Desayuna y, como no ve a ninguno de sus dos compañeros de viaje, se entretiene echando una ojeada a la prensa que encuentra en la cafetería. Siente curiosidad por conocer lo que dicen los medios escritos sobre los resultados electorales que, a groso modo, ya conoce por los informativos de la televisión. Comienza con El País, cuyo el titular a cuatro columnas que abre la portada dice: La pérdida de la mayoría del PP abre espacio a los pactos. Y debajo un gráfico con la nueva composición del Congreso. En la columna de salida tres subtitulares, el primero reza así: La gobernabilidad del país depende de posibles acuerdos. El segundo: Los dos grandes partidos apenas superan el 50 %. Y el último pone: Ada Colau refuerza su liderazgo con una clara victoria. Luego coge El Mundo. En primer lugar aparecen las fotos de los líderes de los cuatro partidos que más escaños han logrado. El titular principal, a cinco columnas, es: España tumba el bipartidismo y deja en el aire el Gobierno. En el faldón otro titular: Iglesias: “Lo que se ha votado es un cambio de sistema”. Después pasa al ABC. Ocupa casi toda la primera portada una composición gráfica del mapa de España mostrando cual ha sido el partido ganador en las diferentes provincias y un titular: España deja en el aire su gobierno. Casi el mismo titular que El Mundo, piensa. En el faldón dos subtitulares: El PP gana las elecciones y es el más votado en 38 de las 52 provincias, pero sus 123 escaños no suman mayoría absoluta con los 40 de Ciudadanos. El segundo dice: El empuje de Podemos, al lograr 69 diputados, compensa el peor dato del PSOE; con 90 escaños, solo vence en seis circunscripciones, lo que limita las opciones de Sánchez. Y para terminar ojea un periódico local, El Mediterráneo. El gran titular, a cinco columnas, es mucho más sinóptico que los de los rotativos de ámbito nacional: Lío general. Debajo las fotografías de los cuatro líderes principales. En el faldón dos noticias, una local: Cuatro partidos llevan diputados de Castellón al Congreso. Y otra regional: Oltra y Podemos superan al PSPV, mientras el PP resiste. Cuando comprueba los escaños que corresponden a cada formación no puede menos que pensar que a partir de ahora los partidos tendrán que ponerse las pilas, si quieren gobernar, para formalizar pactos entre dos, tres o más formaciones. Se van a imponer gobiernos a la italiana, se dice. A ver si con ello cambia la situación para mejor, es su último pensamiento, puesto que Grandal y Chelo, hechos unos pimpollos, acaban de encontrarle. Han terminado de desayunar y están prestos para el viaje de vuelta.
   Entre unas cosas y otras, no se ponen en marcha hacia Madrid hasta media mañana. Esta vez han cambiado las posiciones dentro del coche, Chelo se ha instalado detrás armada con un montón de revistas gráficas y Grandal y Ponte van delante, tienen que hablar sobre cómo encontrar al Tío Josefo.
- En cuanto lleguemos, voy a hacer unas llamadas a ver si hay suerte y en alguna comisaría o puesto de la Guardia Civil los tienen localizados – explica Grandal.
- ¿Y si no es así? – quiere saber Ponte.
- Pues que tendremos que volver a patearnos los núcleos chabolistas de los suburbios. No queda otra.
- Oye, Jacinto, se me acaba de ocurrir que quizá podamos seguir otra pista. Si el nieto del Tío Josefo siguiera enfermo, como nos dijo el pariente, podríamos mirar en los hospitales. Si localizamos al nieto también encontraremos al abuelo – sugiere Ponte.
- ¡Coño, Manolo!, estás saliendo un alumno aprovechado. Tus habilidades deductivas son de nota.
- Eso se lo dirás a todas – replica Ponte con humor, pero sin poder ocultar cuanto le ha satisfecho el reconocimiento de Grandal hacia sus aptitudes detectivescas.
- Mira, es lo primero que haré. Llamar a los centros de la seguridad social para ver si está el nieto del Tío Josefo. Por cierto, ¿sabes cómo se llama el chaval?
- Si no recuerdo mal, creo que Frasquito.
- Supongo que eso de Frasquito vendrá de Francisco, o sea, que será Francisco García. ¿Su segundo apellido será Reyes o llevará el de su madre? ¿Tú sabes cómo manejan los gitanos lo de los apellidos de la prole?
- Jacinto, de los cañis sé mucho menos que tú. Yo creo que lo mejor es preguntar por el clan de los García Reyes, también conocidos como los Estepeños.
- Bueno, si el crío en cuestión está hospitalizado, y siendo el hijo mayor del primogénito del patriarca, la mitad de la familia estará en su habitación y la otra mitad en los pasillos. No puedes imaginarte lo solidarios que son los calés con sus parientes enfermos – asegura Grandal.
   Como parece que ya se lo han dicho todo respecto a los planes inmediatos de búsqueda de los gitanos, Ponte cambia de tercio.
- ¿Y qué me dices de los resultados electorales? En toda mi vida, y ya es larga, no había visto un reparto de escaños como el de esta vez. Parece que se acabaron las mayorías absolutas.
- Solo sé lo que he visto en los telediarios. No me ha dado tiempo a hojear la prensa. Esta mañana – y baja la voz señalando atrás – la princesa estaba juguetona.
   Ponte le hace un resumen de lo que ha leído en la prensa y termina su compendio plagiando el titular de El Mediterráneo:
- Como dice el periódico de aquí, tenemos como resultado un lío general.
- Lío general, gordo e inédito – Grandal añade más adjetivos.
- ¿Qué puede pasar? – inquiere Ponte.
- Vaya usted a saber. Lo que está claro es que con esos resultados no puede haber un gobierno monocolor. Tendrá que ser un multipartito, como dicen los italianos. Ahora va a ser un buen momento para ver la cintura de nuestros políticos, sobre todo de los dos grandes partidos. Veremos si son capaces de hacer una grosse koalition, al estilo de los alemanes o formar un tripartito.  Porque que se junten cuatro lo veo más complicado.
- O sea, que tendrán que negociar – resume Ponte.
- No les queda otra.
- ¿Y si las negociaciones fracasan?
- Entonces, lo mejor que pueden hacer nuestros políticos es marcharse del país. Yo lo he pensado más de una vez. Tenemos unos políticos que solo piensan primero en sus intereses personales, después en los de sus familiares y amigos, luego en los de aquellos a quienes deben favores o que se los puedan hacer en el futuro, en cuarto lugar en su partido, en quinto, aunque pueda parecer sorprendente, en los de sus rivales políticos por si algún día están en la oposición y puedan necesitarles y, en última posición, en la gente de la calle, incluidos los pobres jubilados como nosotros.
- Yo creía que era un escéptico en lo que atañe a la política y a los políticos, pero veo que tú me ganas de largo – confiesa Ponte.
- Porque he tenido que convivir con ellos durante muchos años. Hay alguno bueno, pero es tan difícil encontrarlo como lo de la aguja en el pajar.
- O sea, que hoy nuestros prohombres estarán comenzando a negociar.
- A negociar o a ver como se hacen la santísima entre ellos, nunca se sabe con esa clase de pájaros.