martes, 24 de mayo de 2016

29. De búsqueda por la Cañada Real



   Ponte, en su duermevela matinal, no hace más que pensar sobre como localizar a la familia gitana que puede ayudarles a encontrar a los tocayos que encontraron el furgón blindado y que luego vendieron a un chatarrero; si es que quieren, porque los calés son muy suyos, y siempre que la versión del fulano del desguace sea cierta. Como no llega a ninguna consecuencia práctica, deja de dar vueltas al asunto y abre el ordenador. La noticia que destaca El Mundo del último día de noviembre es una encuesta de Sigma Dos y su titular: Ciudadanos adelanta al PSOE y se queda solo a cuatro puntos del PP. ¡Coño, cómo han subido estos chicos!, piensa el viejo. Claro, que es solo un sondeo y estos de las encuestas fallan más que una carabina de feria y para mí que además las manipulan. Otra noticia que le llama su atención dice que: El Papa visita la gran mezquita de Bangui para mostrar la hermandad con los musulmanes. Es un bonito detalle, pero seguramente se quedará solo en eso, en un detalle. No creo que a la mayoría de musulmanes, y también de los cristianos, el gesto les hará cambiar de posiciones. En la sección de internacional, el pie de una foto en la que se ve la borrosa cara de un niño reza así: Niños suicidas afganos a 100 dólares. Ves, piensa, lo que decía antes. La miseria aliada con la religión produce estas monstruosidades. Críos que deberían estar en la escuela y lo que hacen es empuñar un kalashnikov. Y aunque no es un gran aficionado al fútbol termina repasando los resultados de los partidos de primera división del día anterior, es algo que hay que conocer porque la marcha de la liga es un tema de charla que más pronto que tarde saldrá en la conversación con sus amigos.
   Ponte ha quedado con Ballarín en el Paseo de Moret, casi esquina con Pintor Rosales. Puntual como un reloj suizo de alta gama, Ballarín le está esperando dentro de su coche.
- Buenos días, Amadeo, ¿hace mucho que esperas?
- Nada, unos minutos. Oye, tú que eres muy leído, ¿quién es la señora de la estatua? – pregunta Ballarín señalando el monumento que hay en la esquina de las dos calles, pero ya dentro del Parque del Oeste.
- Es doña Concepción Arenal, una escritora del diecinueve.
- Bueno, ¿dónde vamos?
- Jacinto me ha dicho que empecemos por la Cañada Real.
- Ese nombre me suena de algo, pero no sé de qué.
- Te sonará porque sale bastantes veces en los sucesos. La llamada Cañada Real Galiana es una zona de asentamientos ilegales en la que abundan los gitanos, los camellos, los yonquis y demás gente de esa ralea.
- Oye, Manolo, ¿y no será peligroso ir a un barrio así? Ya sabes que un yonqui te puede atracar por cuatro perras; bueno, ahora por cuatro euros.
- Según me explicó Jacinto, la Cañada está dividida en varios sectores que se extienden no solo por Madrid, sino también por los términos municipales de Rivas-Vaciamadrid y Coslada. Vamos a visitar solo dos de sus sectores: el tres y el cuatro, con una mayoría de familias de etnia gitana. Los calés no son precisamente unos angelitos, algunos también se dedican al menudeo de la droga, pero no creo que nos pase nada por hacer algunas preguntas.
- Bueno, esperémoslo, aunque no creas que las tengo todas conmigo.
- Coño, Amadeo, me estás saliendo un caguetas. Mira, haremos una cosa para que te quedes tranquilo: mientras yo pregunto, tú te quedas dentro del coche y bajas el seguro de las puertas.
- Es posible que sea un caguetas, como dices, pero también soy de los que no dejan a un amigo solo ante el peligro – afirma Ballarín dando a la frase un tono melodramático.
- Eso de solo ante el peligro me suena a película del oeste, como aquella que hizo John Wayne – se burla Ponte.
- Error. La protagonizó Gary Cooper. ¿Por dónde tiro?
- Coge la M-50 en dirección sur.
   La Cañada Real es como suponían: chabolas hechas con materiales de derribo, calles sin asfaltar, inmundicias, basura y por todas partes miseria, marginación…. Un barrio tercermundista con algunas pinceladas singulares que le confieren un aire peculiar: abundancia de antenas parabólicas, aparcados aquí y allá vehículos de alto porte y, de vez en cuando, edificaciones bien construidas que destacan todavía más junto a las viviendas de fortuna. Otra nota discordante es el relativo alto número de críos de variadas edades jugando entre los montones de chatarra. Deberían estar en el cole, pero…
   Ponte, repasa las directrices que le dio Grandal para comportarse como un payo respetuoso. Lo primero a tener en cuenta son algunos rasgos de la cultura gitana, esto conlleva que no debe preguntar a las mujeres ni a los jóvenes en general, debe hacerlo a un tío que es un gitano de edad que, por sus años, poder y comportamiento, suscita el respeto de los demás. Mucho mejor si pudiese acceder a que le reciba un patriarca o jefe reconocido y cabeza visible de una familia extensa. El poder del patriarca no es absoluto. Se asienta en su autoridad moral y el respeto que el gitano siente por sus mayores, de forma que el patriarca actúa como el tío más importante. También es el encargado de interpretar la ley tradicional y velar por ello, lo que es esencial en una cultura como la gitana de carácter ágrafo, es decir de una cultura cuyos códigos y pautas de comportamiento se transmiten oralmente. Además de tener en cuenta todo ello ha urdido una ingenua treta para que sus pesquisas no encuentren demasiados recelos. Va a enseñar una amarillenta fotografía, que encontró en la caja de Partagás en la que guarda viejas fotos de cuando trabajaba en Hidrola, en la que aparece junto al tío Josefo, el patriarca de los García Reyes, también conocidos como el clan de los Estepeños, al tiempo que contará que le dejó a deber tres mil pesetas y que, aunque pueda parecer una cantidad insignificante, para él es una cuestión de honor devolverle los dieciocho euros en que se han convertido. ¿Por qué ahora?, porque le han diagnosticado un cáncer y antes de que se lo lleve por delante no quiere dejar deudas. Quizá no le crean, pero es mejor una excusa aunque sea endeble que ninguna.
   Bien porque no consiguen topar con el gitano adecuado, bien porque nadie se cree la historia que cuenta Ponte, las indagaciones son un fracaso. Al menos, piensa Ballarín, no han visto ni notado nada que sugiera que hayan corrido peligro en algún momento. Cuando están a punto de tirar la toalla, la fortuna les sonríe. Entre dos de las nuevas urbanizaciones planeadas en la zona, Los Ahijones y El Cañaveral, encuentran unas chabolas casi pegadas a la autopista de peaje, la Radial 3, y allí un gitano que está trasteando en una furgoneta cargada con fruta les dice que quien más sabe de las familias que viven en la Cañada es el tío Ginés el Rubio, patriarca del clan de los Canelitas, y que vive en un poblado limítrofe al desarrollo urbanístico de los Berrocales, ya en el término de Rivas-Vaciamadrid.
   El tío Ginés resulta ser un calé que podría pasar perfectamente por payo. Para empezar, debió tener el pelo sino rubio, sí al menos castaño. Quizá de ahí le venga su mote. Tiene los ojos de un gris desvaído y su tez no es tan renegrida como la mayoría de los de su etnia. Habla pausado, con una poderosa voz de bajo y tiene el tic de que cada pocos minutos mira el reloj de bolsillo que, sujeto por una leontina, guarda en uno de los bolsillos del chaleco. Ginés les hace muchas preguntas sobre quiénes son y qué buscan. Ballarín y Ponte sin ponerse previamente de acuerdo deciden contar la verdad sobre sus respectivas personalidades. Lo que cuentan sobre su vida, trabajo y situación actual, sin hacer ninguna referencia al Tesoro Quimbaya, parece convencer al patriarca que debe ser tan viejo como ellos. En cambio, la historia de las tres mil pesetas de marras no parece que acabe de creérsela, pero la vieja foto que le enseña Ponte termina por animarle a hablar:
- Los García Reyes son unos calós de tronío y con los que es mejor estar amigachaos que lo contrario. Lo último que supe de ellos es que paraban por Salamanca, pero… - Ginés vuelve a mirar su reloj -, pero si siguen con lo de siempre, por estas fechas suelen marchar a la zona de Castellón para la recolección de una mandarina temprana que se cultiva por allí y que si no    recuerdo mal se llama satsuma.
   Y eso es cuanto logran averiguar en su búsqueda por la Cañada Real.

viernes, 20 de mayo de 2016

28. Los lunes de Grandal



   Los domingos, Ponte suele remolonear más que de costumbre porque la casa está más silenciosa. Felisa, su asistenta, no viene los fines de semana por lo que no hay nadie más que él que altere la quietud del piso. De todas formas, se dice, hoy no puedo estar demasiado en la cama porque el Jefe, así han empezado a llamar a Grandal, les ha convocado a una reunión en su casa a media mañana. Se levanta y prepara el desayuno. Recuerda que los domingos, cuando aún vivía su mujer, salía a comprar churros que luego tomaban con chocolate que había preparado su esposa. ¡Qué tiempos aquellos! Después de desayunar y de lavarse los dientes, se vuelve a meter en la cama y abre el ordenador. Hoy toca El País. El titular central del órgano de Prisa de 29 de noviembre, a tres columnas, reza así: Rajoy cierra su mandato con una leve reducción del paro. Pues no es que se haya lucido mucho, dice en voz alta como suele, pero menos da una piedra. La fotografía que viene debajo, con unas personas tendidas en el suelo, lleva un pie que la explica: Al menos 14 muertos en otro tiroteo en EEUU. Esto de los yanquis no hay manera de arreglarlo mientras se empeñen en mantener la cultura de que en la mayoría de familias haya una o varias armas. Así les luce el pelo. Y en el faldón, el titular es: España, un país más viejo y menos poblado. Como parte interesada en la noticia también lee el subtítulo: Por primera vez desde 1944, los nacimientos son menos que las muertes. Mira por donde he aquí una noticia más cierta que los impuestos. Que se den una vuelta por el barrio y cualquiera podrá comprobar que es tal y como lo cuentan. Vaya problema que van a tener mis hijos y toda su generación, ¿quién coño les va a pagar sus pensiones? En la parte superior de la columna de salida viene una información del exterior: El Congreso de Brasil abre proceso de destitución de Rousseff. Otra que, posiblemente, ha metido la mano en la caja del pan, se dice. Y debajo una perla más sobre el interminable rosario catalán: La Generalitat mantiene su desafío tras la anulación del Constitucional. Ya me extrañaba que hoy no dijeran nada sobre los separatistas, a estos no los para ni Casillas de portero.
   Los cuatro detectives aficionados se han reunido en casa de Grandal. El Jefe tiene que comunicarles nuevas directrices.
- En los últimos días nos hemos dispersado demasiado con la noticia del hallazgo del furgón y con las averiguaciones de Luis sobre la prensa colombiana. Creo que es el momento de que reconduzcamos nuestras investigaciones y que las centremos en aquello que puede darnos fruto con más rapidez y efectividad. Me refiero al seguimiento de los empleados del museo que, con más probabilidad, han podido tener acceso a manipular las cámaras de seguridad. Hasta el día de hoy, Manolo ha sido el único que ha logrado averiguar donde vive el objetivo que tenía asignado. Bien, esos seguimientos hay que reactivarlos. Además, tenemos que reordenar las actuaciones de la próxima semana. ¿Alguna pregunta?
- Por mi parte, ninguna – responde Ballarín. Álvarez y Ponte asienten.
- Bien, pues el inmediato reparto de misiones va a quedar así. Luis, tienes que hacerte con el domicilio del objetivo que tienes asignado. Amadeo, lo mismo, averigua donde viven los dos fulanos que te han tocado. Manolo, como tú ya has cumplido con tu misión, lo que vas a hacer es seguir buscando a los García Reyes. Sé que es un embolado de cuidado, pero hay que hacerlo. Quizá en unos días pueda darte algunas informaciones que te servirán de ayuda. En cuanto a lo que a mí respecta, también voy a pegarme a los dos tipos del museo que viajan en sus propios vehículos, a ver si me llevan hasta sus domicilios. A esos dos los he dejado para mí porque seguir a un coche por Madrid es algo que requiere una cierta práctica. ¿Quedan claras las asignaciones de tareas? ¿Alguna pregunta?
   Solo Ponte levanta la mano:
- Jacinto, he pensado que lo único que me queda por hacer para encontrar alguna pista sobre los García Reyes es visitar los poblados chabolistas donde se asientan núcleos gitanos y preguntar por ellos, ¿qué te parece la idea?
   Grandal se toma unos minutos para reflexionar sobre la propuesta de Ponte.
- De entrada, no me parece mal, pero por el momento la vas a posponer. Esos poblados no son seguros, abundan en ellos los camellos y por tanto los yonquis y te pueden dar un disgusto. Será mejor que lo dejes hasta que cualquiera de nosotros pueda acompañarte.
- Entonces, me quedo sin deberes esta semana y me voy a aburrir – alega Ponte -. Por ello te voy a pedir algo: que me dejes acompañarte en el seguimiento de tus objetivos. Te prometo que estaré calladito y que no te molestaré, me limitaré a observar y hacerte compañía.
   A Grandal la propuesta no parece hacerle demasiada gracia, pero accede.
-  Bueno, Manolo, pero como has prometido estarás callado y no incordiarás, ¿de acuerdo? Entonces, el martes, a las tres que es cuando cierra el museo me esperas…; a ver, tú que vives por esa zona dime un sitio donde pueda aguardar en doble fila sin armar el taco. Tendrá que estar cerca de Cristo Rey para que podamos acceder de forma fácil a la Avenida de la Victoria.
   A Ponte solo le falta batir palmas como un niño. Al fin va a ver convertida en realidad esa frase que tantas veces ha oído repetir en las películas de acción: siga a ese coche.
- Me puedes esperar en Joaquín María López, en el tramo comprendido entre Isaac Peral e Hilarión Eslava, es un trozo de calle que tiene escaso tráfico y donde no hay demasiado problema para aparcar en segunda fila. Luego, desde Hilarión Eslava se puede torcer a la izquierda para acceder a Cea Bermúdez y de allí a la zona del Arco del Triunfo hay un paso – detalla Ponte.
- De acuerdo, y lo que puedes hacer el lunes, Manolo, es darte otra vuelta por los alrededores del museo a ver si consigues más información.
- Jacinto, si me permites. Lo que acabas de mandarle a Manolo para el lunes tendrá que posponerse a otro día. Los lunes el museo está cerrado, por tanto se supone que los trabajadores no acudirán al curro ese día – Es Ballarín quien ha hecho la precisión, al tiempo que piensa que Grandal habrá sido un buen policía, pero como organizador deja mucho que desear. No saber o no recordar el dato de los lunes no dice mucho a su favor.
- Es verdad, me había olvidado que los lunes no abren – admite Grandal sin dar mayor importancia a su olvido.
- Entonces, ¿qué hago el lunes? – quiere saber Ponte.
- Un día de vacaciones no nos vendrá mal – sugiere Grandal.
- A mí se me ocurre, Jacinto, que el lunes podría darme una vuelta por algún poblado chabolista a ver si doy con la pista de los García Reyes – propone Ponte.
- Me parece bien, pero ya te he dicho que no debes ir solo y yo no te puedo acompañar, mi agenda del lunes la tengo muy ocupada – precisa Grandal.
   Posiblemente Ponte, que es quien hace más años que conoce al excomisario, sea el único que sabe el pequeño misterio de los lunes de Grandal. Ese día es el que dedica a su novia, aunque hablar de novia quizá resulte excesivamente rebuscado. El antiguo policía, que lleva separado casi dos décadas de la que fue su esposa, tiene un arreglo con Chelo, una rubia de frasco de cuarenta y pocos años que todavía está de buen ver. La dama en cuestión ejerce de azafata, acompañante de lujo o escort como también se les llama; en fin, que es una puta de altos vuelos y que suele trabajar a destajo los fines de semana con los clientes que vienen a Madrid a pasar el weekend. Los lunes, Grandal la recoge y durante veinticuatro horas a la semana conviven como si fueran un matrimonio convencional. Salen a comer, van al cine, al teatro, o si a Chelo no le apetece patear la calle se quedan todo el día en casa donde ella pasa las horas viendo la tele o leyendo el Hola, Diez Minutos, Lecturas o cualquier otra revista del corazón de las que es una adicta. Mientras que él es quien prepara la comida y trata de satisfacer sus pequeños caprichos hasta donde llegan las posibilidades de su pensión. De eso van los lunes de Grandal.
- Manolo, para lo de los gitanos cuenta conmigo el lunes – se ofrece Ballarín.

martes, 17 de mayo de 2016

27. Mucho arroz para tan poco pollo



   A Bernal y Atienza la noticia del hallazgo del furgón blindado les ha cogido en sus domicilios. Bernal está lidiando con su hijo más pequeño que se muestra inapetente, mientras los hermanos mayores ven la televisión y su esposa ultima la preparación de la cena. Atienza está delante de los fogones cocinando una merluza rebozada con guarnición de guisantes, al tiempo que su compañero de piso y de cama se esmera en preparar un coctel de frutas. Es Bernal quien toma la iniciativa y llama a su compañero:
- Juan Carlos, ¿sabes lo del furgón?
- Hace unos minutos me han llamado los compañeros de Fuenlabrada.
- ¿Nos vamos para allá?
- Bueno… - Atienza duda -. Es ya muy tarde, Eusebio, y no creo que solucionemos nada yéndonos ahora Si no tienes inconveniente creo que lo podíamos dejar para mañana a primera hora.
- Desde luego, el furgón no se va a mover de allí. De acuerdo, nos vemos mañana.
   Al día siguiente, los dos policías se dirigen a Fuenlabrada. En la comisaría local de la policía nacional les informan que el hallazgo se ha producido por una auténtica carambola. En una de las operaciones que la policía desarrolla contra el blanqueo de capitales, en este caso de las mafias chinas, se han registrado varias naves de comerciantes orientales en el polígono industrial Cobo Calleja. Dicho polígono es el principal centro importador y distribuidor en España de productos fabricados en China. En una de las naves registradas, los agentes encuentran un furgón que lleva en las portezuelas y en los laterales el logotipo de una empresa que transporta los artículos chinos a bazares de todo el país. Al principio, no se le da ninguna importancia al vehículo, es uno de los muchos que utilizan los comerciantes del polígono. Hasta que uno de los inspectores se da cuenta de que no es la habitual furgoneta dedicada al pequeño transporte, para esa tarea no era necesario blindarla. En un segundo momento se descubre que los logotipos de los laterales han sido pintados no hace demasiado tiempo y, un dato más interesante aún, las placas de identificación pertenecen a otro furgón que yace en el desguace hace años y la documentación del vehículo es más falsa que un billete de tres euros. De ahí a identificar el furgón como el que transportaba el Tesoro Quimbaya ha sido una tarea sencilla.
- ¿Y qué coño hacía el furgón en la nave de una empresa china de Fuenlabrada? – se dice Bernal en una pregunta que es más retórica que otra cosa.
- En el atestado de los compañeros que han llevado a cabo la investigación se afirma que el dueño ha declarado que lo compró de segunda mano al dueño de un desguace que hay en Humanes de Madrid.
- ¿Crees que el chino dice la verdad? – pregunta Bernal.
- Tendremos que interrogarle a ver si sacamos algo en claro.
   El interrogatorio del comerciante chino, a través de un intérprete porque el oriental apenas si balbucea unas pocas palabras en español, no aporta nueva información. Ratifica su primera declaración de que lo compró al dueño de un desguace sito en el pueblo de Humanes. El Dúo Sacapuntas se desplaza a dicha localidad para interrogar al propietario del cementerio de automóviles. El interrogatorio al que someten al dueño del centro de despiece automovilístico se centra en averiguar a quien le compró el furgón blindado. No sacan nada en limpio. El industrial del desarme de vehículos les da la rocambolesca versión de que lo compró a unos gitanos que le dijeron que lo habían encontrado abandonado en un descampado cercano adonde ellos acampaban, que hasta tenía las llaves puestas, pero sin documentación alguna. Lo único que admite el patrón del desguace es que le puso las placas de otro furgón que había desguazado y que falsificó la documentación. De los gitanos solo sabe eso, que eran de esa etnia, pero no conoce sus nombres ni donde pueden vivir. Los policías no se creen esta versión, pero no consiguen que el chatarrero se salga del guion.
- Este pozo está seco – sentencia Bernal -. A este fulano ya no le vamos a sacar nada más.
- Todavía nos queda algo por investigar. A lo mejor por ahí tenemos más suerte.
- ¿Te refieres al “artista” que pintó los nuevos logotipos en el furgón? Yo también lo he pensado, pero soy pesimista. Como nos metamos a buscar en la maraña de empleados y subcontratados que trabajan para los chinos nos podemos perder en un océano de conexiones que nos harán perder mucho tiempo y que, a buen seguro, no nos llevarán a ninguna parte.
- Posiblemente tengas razón, Eusebio, pero el negativismo tampoco nos aportará nada. No podemos descartar cualquier pista por nimia que sea. Tampoco tenemos tantas como para desperdiciar esta – responde Atienza.
   A rebufo de la policía van los vejetes convertidos en detectives. Grandal los ha llamado para informarles de las escasas noticias que ha conseguido recabar sobre el hallazgo del furgón.
- El furgón ha sido encontrado en el polígono industrial Cobo Calleja de Fuenlabrada. Estaba en el almacén de uno de los muchos chinos que tienen allí sus comercios.
- Si los chinos también andan metidos en lo del robo, ¡aviados estamos, eso va a ser mucho arroz para tan poco pollo! – sentencia Álvarez poniéndose castizo.
- No te pongas pesimista, Luis, que no es para tanto. Por ahora parece que los chinos no tienen nada que ver. Compraron el furgón al dueño de un desguace de Humanes que a su vez se lo compró a unos gitanos.
- Entonces, ¿a quién tendríamos que investigar, a los chinos, al chatarrero o a los gitanos? Inquiere Álvarez.
- De entrada, yo descartaría a los chinos y al del desguace. Creo que deberíamos centrarnos en los gitanos puesto que son los primeros de esta cadena y que, por tanto, son los más cercanos a los atracadores o a quienes pudieron tener algún contacto con estos.
- Si hay que investigar a unos gitanos eso es casi más difícil que hacerlo con los chinos. Como ha dicho antes Luis es mucho arroz para tan poco pollo. ¿Vosotros sabéis lo difícil que es sacarle a un calé la verdad como no quiera contarla? – Ballarin que es quien ha hecho la pregunta parece tan pesimista como Álvarez con los chinos.
- Manolo, ¿te acuerdas del suceso de los robos de cobre en Móstoles que fue precisamente cuando nos conocimos? – pregunta Grandal a Ponte.
- ¿Los robos de cobre? Ah, claro. Me había olvidado de ese asunto. Si la memoria no me falla eran los García Reyes los que manejaban el cotarro – Ponte está recordando.
- A ver, chicos, hacednos partícipes de vuestros recuerdos porque Amadeo y yo no sabemos de qué coño estáis hablando – exige Álvarez.
- Es una vieja historia…
   Grandal explica que en la década los ochenta hubo una auténtica plaga de robo de cables de cobre en los tendidos eléctricos que la compañía Hidroeléctrica, en la que trabajaba Ponte por entonces, estaba llevando a cabo en las nuevas urbanizaciones que, como setas en otoño, aparecían mes tras mes en el pueblo de Móstoles que por entonces registraba el mayor índice de crecimiento urbano de toda Europa. Grandal estaba destinado en la brigada de robos y a raíz de las denuncias puestas por la empresa fue cuando conoció a Ponte. Pese a las exhaustivas investigaciones realizadas por la policía y al reforzamiento que la compañía eléctrica hizo en su propio sistema de seguridad y vigilancia los robos siguieron. La situación cambió cuando alguien sugirió una idea que en principio parecía un tanto descabellada: contratar como vigilantes a familias gitanas de las que estaban afincadas, más bien temporalmente, en las zonas chabolistas de los alrededores. A dicha medida Grandal se opuso frontalmente, mientras Ponte fue uno de sus valedores. Medida que acabó adoptándose. El resultado fue espectacular: los ladrones del cobre desaparecieron de la noche a la mañana. Y Ponte se ganó unos nuevos amigos, entre ellos la interminable parentela de la familia García Reyes que fue una de las que hizo posible el fin del latrocinio cuprífero.
- ¿Y tú crees, Jacinto, que los García Reyes podrían ayudarnos a encontrar a los presuntos vendedores del furgón? – pregunta Ponte.
- A mí, desde luego no me ayudarían. Para ellos solo sigo siendo un madero que, después de los picoletos, es lo más bajo de la raza humana, pero si se lo pides tú es posible que accedan a echarnos una mano. Fuiste tú quien les dio el curro de la vigilancia, no solo a ellos sino a casi toda su parentela. Y los calés tendrán muchos defectos, pero también son de los que saben devolver los favores recibidos.
- ¿Y dónde podríamos hacernos con ellos?