viernes, 1 de abril de 2016

14. El problema está en hablar donde no debes



  Al inspector francés no le convencen ni poco ni mucho las explicaciones de sus colegas hispanos y aunque es consciente que verbalizar esa impresión no le va a hacer ganar sus simpatías, su sentido de la profesionalidad puede más que la tentación de callarse para seguir manteniendo las buenas maneras entre profesionales. Vamos, que la teoría de lo políticamente correcto no va con él, al contrario lo que hace es poner otra vez el dedo en la llaga de la falta de resultados.
- Llevamos muchas horas hablando del caso. Me habéis hablado de líneas de investigación, de sospechas, de hipótesis, pero hasta ahora no he visto que tengáis pistas fiables o indicios concretos.
   Que venga un guiri a poner en cuarentena tu trabajo profesional le sienta a Bernal como un par de banderillas negras en todo lo alto. Si el franchute le caía mal, ahora es que no lo soporta. Una vez más es Atienza el que trata de enfriar la situación, aunque comprende el cabreo de su compañero. Se dice que en algún momento habrá que explicarle a Blanchard que se cazan más moscas con miel que con hiel.
- ¿Qué si tenemos pistas fiables o indicios concretos? La verdad – dice Atienza con gesto de fastidio -, es que no. Las dos pistas en las que estamos invirtiendo más tiempo y recursos son, por el momento, descubrir el paradero del furgón, del que creemos que sigue oculto en Madrid, y averiguar la identidad de la persona o personas que inutilizaron las cámaras de vigilancia; es decir, descubrir el posible cómplice de los asaltantes. Hay una tercera pista que seguimos guardando en la manga: seguir exprimiendo la memoria del único testigo ocular.
- Me da la impresión, por lo que he leído en vuestro informe preliminar, que de ese pozo no vais a sacar más agua – replica el gabacho poniéndose en plan castizo.
- No estés tan seguro. Hemos vuelto a citar al viejo para mantener otra charla con él. Entonces tendrás ocasión de conocerle. Parece que mentalmente ha reconstruido por su cuenta el robo y ha explicado a los medios que cree que uno de los asaltantes era una mujer. Algo que no nos contó cuando le interrogamos.
- ¿Y os fiais de la memoria de un vieux croûton de ochenta años? – pregunta Blanchard con tono escéptico.
- Pues sí, tiene ochenta tacos, pero todavía está en una forma aceptable. Al menos, sus facultades mentales siguen frescas. Lo comprobarás por ti mismo porque, como acabo de decir, le hemos vuelto a citar.
   Esa nueva cita con la policía es lo que le comunica a Ponte su hija Clara en cuanto el viejo llega a casa porque ha sido ella la que ha firmado el recibí de la citación policial:
- La policía quiere hablar nuevamente contigo, papá.
- ¿Y para qué? Como si no lo hubiera contado todo, una docena de veces. Esos inútiles en vez de detener a los asaltantes lo único que saben hacer es marear la perdiz.
- La cuestión no es que lo hayas contado todo, el problema está en hablar donde no debes. Dicho en cristiano, en salir en la tele cascando por los codos y haciendo ver poco menos que te comportaste como un héroe. Si no hubieras presumido de tu perspicacia hablando de la existencia de una posible mujer no te hubiesen citado otra vez, pero en esta ocasión no voy a dejar que vayas solo, voy a llamar a Pepe Cruz para que te acompañe. Y no protestes, es lo mejor para ti y yo me quedaré más tranquila. Y no se hable más que bastantes problemas tengo.
   En cuanto se queda solo a Ponte le falta tiempo para llamar a sus amigos del dominó e instarles a reunirse en la cafetería Van Gogh, la antigua Galaxia donde conspiraban los militares del fallido golpe de 1978. Quiere contarles lo de la nueva citación y espera que le den algún consejo que le ayude a pasar el mal trago.
- Mañana estoy citado por la policía para un nuevo interrogatorio. Me tienen hasta el moño. No sé cómo quitármelos de encima…. Menos mal que a Clarita se le ha ocurrido que me acompañe Pepe Cruz.
- ¿Y quién es ese? – se interesa Luis Álvarez que es el más cotilla de todos.
- Un abogado, amigo de colegio de mi yerno y que es un letrado de primera.
- ¿Vas con un abogado a un mero interrogatorio como testigo? No te lo aconsejo – recomienda Jacinto Grandal.
- Pues a mí me parece bien que lleve a un abogado – opina Amadeo Ballarín -. Así, los polis no se propasarán y podrá hablar con mayor tranquilidad. En las pelis siempre se dice aquello de no hablaré sino es en presencia de mi abogado.
- Me parece, Amadeo, que has visto demasiadas películas de policías y ladrones – se burla Grandal.
   A Ponte la opinión que más le interesa es la de Grandal, no en vano es un policía jubilado; mejor aún, es un comisario jubilado. Por eso es a él a quien pregunta:
- Jacinto, ¿por qué me aconsejas que no me acompañe Cruz?
- Porque si hay alguien a quien los policías les jeringa más que la gente del hampa son los picapleitos. A los compañeros que llevan el caso no les va a hacer ninguna gracia verte llegar acompañado por un letrado; además no lo necesitas para nada, no estás acusado ni imputado, no eres más que un mero testigo.
- Sí, pero Clarita cree que pueden estar cabreados conmigo porque en su momento no les conté que quizá hubiera una mujer entre los atracadores y podrían tomarla conmigo.
- Te pasa lo mismo que a Amadeo, también tú ves demasiadas series policíacas. ¿Dónde te han citado? – quiere saber Grandal.
- En la comisaria de Moncloa, la que está en Rey Francisco.
- Sé dónde está y aún más, conozco al comisario jefe, Anselmo Bermúdez. Trabajó a mis órdenes cuando estaba al mando del grupo antiatracos. Es un excelente profesional y buena gente.
   Es oír eso y a Ponte se le ilumina el rostro, se le acaba de ocurrir algo.
- ¿Y por qué no me acompañas? Eres de los suyos y puedes ser de mejor ayuda que si me llevo al abogado.
   Grandal tuerce el gesto, no parece que le haga mucha gracia la petición de su compañero del dominó.
- Manolo, no se deben mezclar las actuaciones oficiales con las particulares. Aunque esté jubilado sigo siendo un policía y, posiblemente, al Dúo Sacapuntas, que imagino que serán quienes te interrogarán, no les hará ninguna gracia que me presente sirviéndote de señorita de compañía. No es que no quiera ayudarte, simplemente no es una buena idea.
- ¿Quiénes son el Dúo Sacapuntas? – Álvarez vuelve a meter baza.
- La pareja de inspectores que lleva la investigación. Así les han bautizado. Ya os podéis imaginar como son: uno, alto y delgado; el otro, bajito y rechoncho. No les conozco, pero me ha dicho un colega que son unos tíos competentes.
   Ponte no da su brazo a torcer e insiste en que le acompañe Grandal.
- Mira, Jacinto, iría mucho más tranquilo si me acompañaras, aunque solo fuera hasta la puerta de la comisaria. Comprendo que si el interrogatorio es un acto oficial tú no puedas estar presente, pero que me acompañes hasta la entrada, que luego te metas en el bar más cercano y me esperes hasta que salga, eso no te lo puede prohibir nadie ni se te puede acusar de que te metes donde no debes.
   A la petición de Ponte se suman los otros amigos. Tanto le dan la matraca que Grandal acaba rindiéndose.
- Bueno, vale. Te acompaño, pero no haré nada más; como mucho esperarte en una cafetería que conozco que está al lado de la comisaría ¿de acuerdo?
- Estupendo y gracias, Jacinto. Ahora solo me falta un morlaco que lidiar: a ver como le digo a Clarita que no voy a ir con Pepe Cruz.

martes, 29 de marzo de 2016

Capítulo 3. Unos jubilados que quieren ser algo más 13. ¿Por qué no robaron el tesoro durante el viaje?


   Los inspectores encargados de la investigación del Caso Inca siguen analizando datos y posibles hipótesis sobre el mismo. Blanchard no quiere volver a incurrir otra vez en falta de tacto, pero hay una cuestión que le bulle en mente desde hace varios días y como sus colegas no hacen ninguna mención a ella, al final decide plantearla. Si se molestan será su problema.
- Supongo que uno de los interrogantes que os habréis planteado es porqué el robo se llevó a cabo donde se hizo y no en otra parte. ¿Tenéis alguna teoría o explicación al respecto?
   Bernal y Atienza se miran. El miembro de la Brigada de Patrimonio se encoge de hombros y con la barbilla señala a su compañero. Bernal recoge el guante.
- Naturalmente, y es uno de los aspectos que nos tiene más desconcertados. El tesoro ha podido ser robado en el Museo parisino du Quai Branly donde estuvo expuesto, o en cualquiera de los mil doscientos setenta kilómetros que hay entre París y Madrid. ¿Por qué no ha sido así? Las hipótesis que hemos manejado son muchas y variadas, pero ninguna nos convence. Lo primero, como debes saber, es que robar en un museo es posible pero altamente improbable. Las medidas de seguridad tanto tecnológicas como humanas son elevadas y los ladrones correrían muchos riesgos.
- De acuerdo, de acuerdo, pero ¿y qué pasa con el recorrido entre ambas capitales, por qué no lo hicieron en un trayecto tan largo? – vuelve a preguntar Blanchard.
- No tenemos respuesta concreta a ese interrogante – responde Bernal.
- Por lo que atañe a la parte francesa os diré que la empresa contratada para el traslado cuenta con amplia experiencia en esa clase de transportes especiales y tiene fama de seriedad, rigor y solvencia. Nuestros servicios la han investigado a fondo y no han encontrado nada sospechoso – explica Blanchard.
- Por otra parte – ahora quien habla es Atienza -, los traslados de materiales tan valiosos suelen seguir dos pautas: o con una fuerte escolta policial o rodeándolos de un sigilo tan hermético que nadie fuera del personal autorizado, siempre contados individuos y de probada lealtad, sepa fechas, rutas y demás pormenores del viaje. La experiencia ha demostrado, al contrario de lo que cree mucha gente, que el último procedimiento es más seguro que el primero y que, por tanto, es el que utilizó la empresa francesa.
   El inspector parisino piensa que lo del sigilo hermético no se lo enseño su madre. Está claro que estos colegas, se dice, usan un vocabulario muy diferente al que se gastaba la señora Prieto, que en paz descanse, pero van apañados si creen que les voy a preguntar, para eso están los diccionarios. La pregunta que formula es más incisiva:
- Lo que habéis dicho, es tal cual, pero la pregunta sigue siendo la misma, ¿por qué el robo se cometió ante el museo y no en otra parte?
- Creemos – vuelve a intervenir Atienza - que el hecho de que el delito se perpetrara delante del museo es algo que, pronto o tarde, nos va a ser de gran ayuda en la investigación. ¿Por qué? De momento, no tenemos una respuesta concreta, pero si varias hipótesis que se han traducido en diferentes líneas de investigación. Supuesto A, porque era alguien del personal del museo quien les facilitó la fecha de la llegada del furgón. B, no sabían la fecha de llegada, pero sí que el tesoro sería devuelto a su lugar de origen, solo tenían que esperar. C, porque no pudieron hacerlo en el trayecto, que quizá desconocían, pero si el punto de arribo. D, porque robar durante el viaje era problemático puesto que el furgón llevaba un GPS que enviaba su señal a la gendarmería, en territorio francés, y a la Guardia Civil, en España… En fin, no sigo, pero como verás la mayor parte de esas hipótesis se centran, de una u otra forma, en el museo y, por consiguiente en su personal. Ahí es donde se focalizan nuestras investigaciones.
   El francés no puede reprimirse y vuelve a poner el dedo en la llaga:
- Investigaciones que, por ahora, no han cristalizado en nada concreto.
   Atienza, no contesta, vuelve a encogerse de hombros en un gesto que le caracteriza. Bernal mira al gabacho con ganas de darle una patada en salva sea la parte, pero por aquello de la cooperación entre países vecinos y amigos se contiene.
   Curiosamente, una disquisición parecida a la que mantienen los inspectores encargados del caso es el motivo de la charla que sostienen los cuatro jubilados que, debido a la no querida participación de uno de ellos en el robo, siguen con suma atención todo lo que se publica sobre el caso y hasta se plantean supuestos que no recogen los medios.
- Jacinto, ¿se han planteado tu compañeros porqué el robo se realiza delante del museo y no en cualquier punto del largo recorrido desde París a aquí? – pregunta Ponte que a falta de otras virtudes es uno de los que más se estruja el caletre del grupo.
- Lo han hecho, claro. Es una de las primeras incógnitas que pusieron encima de la mesa, pero sigue siendo eso, una incógnita – responde Grandal.
- Desde luego es raro. Si nos fijamos en las películas, cuando algún cargamento valioso es llevado de una parte a otra la mayoría de los atracos se producen precisamente a lo largo del recorrido. Se cruza un coche delante, otro tapona la salida por atrás, salen los ladrones armados, abren la puerta del furgón con un explosivo plástico y tararí si te vi. Robo efectuado – afirma Ballarín que suele presumir de cinéfilo.
- En la vida real no es así, Amadeo – contraviene Grandal -. Los asaltos a un vehículo en plena ruta no suelen ser tan fáciles como los pintan en el cine, ni mucho menos. Hay que planear el golpe muy bien, contar con gente preparada y hasta tener una pizca de suerte porque los imprevistos que se pueden presentar son innumerables.
- Pues en las pelis… - pretende rebatir Ballarín, pero no puede terminar su argumentación porque Grandal le corta.
- Perdona, Amadeo, pero ya he dicho que una cosa es el cine y otra muy distinta la realidad. En las pelis se abusa de los atracos en la carretera o en una calle porque son escenas de gran plasticidad que dan muy bien en las pantallas. Ten en cuenta que en las películas lo que prima es todo aquello que sea muy cinematográfico, que entre por los ojos, aunque la verdad o la realidad se resientan por ello.
- Lo que dices, Jacinto, es posible que sea tal y como lo explicas, pero no me negarás que sigue siendo un misterio porqué el robo se lleva a cabo aquí, delante de donde paseo a mi nieto, y no en se realizó en París o en cualquier punto del montón de kilómetros que hay entre la capital francesa y este Madrid de nuestros pecados – insiste Ponte.
- De eso no cabe duda, Manolo. El que el atraco se efectuara donde se hizo es una pista cojonuda y daría la paga de jubilata de una semana si tuviera una respuesta, por mínima que fuera, que esclareciera ese misterio.
- Yo tengo algo que decir al respecto – interviene Álvarez que hasta el momento ha estado más callado que un muerto -. Veréis, lo descubrí hace un par de días, pero hasta este momento no había tenido ocasión de contarlo. Como sabéis, me gusta navegar por la red, pues bien hace dos, mejor dicho tres días, entré en una web de prensa sudamericana y me topé con la sorpresa de que, al menos, tres periódicos colombianos, exactamente de Bogotá, hablaban del robo del Tesoro Quimbaya. Por lo que he podido ver, se trata de tres importantes rotativos de aquel país: El Tiempo, La República y El Espectador.
- Bueno, no es tan sorpresivo, al fin y al cabo el tesoro es colombiano o, al menos, se encontró en aquellas tierras – puntualiza Grandal.
- Sí, pero la sorpresa saltó cuando leí el contenido – insiste Álvarez -. Alguno de los medios afirmaba que quienes hubiesen robado el tesoro habían cometido un acto de justicia poética. Acusaban a nuestro país de usurpación de unos bienes culturales que no nos pertenecen. Y que el tesoro hubiera sido robado delante del Museo de América hacía más evidente el hecho de que ese centro no era el lugar idóneo para la conservación del tesoro, que donde debía estar era en el Museo del Oro de Bogotá.
- ¿Entonces…? – pregunta Ballarín, dejando la pregunta al aire.
- Entonces, es posible que mis colegas tengan una nueva línea que investigar y que les va a dar muchos quebraderos de cabeza: Colombia, y no precisamente por su prensa o su Gobierno, sino por los colombianos más poderosos y peligrosos, los narcos – sentencia Grandal.

viernes, 25 de marzo de 2016

12. Hipótesis, líneas de investigación, pero…



   El inspector francés parece darse por satisfecho con las explicaciones de sus colegas hispanos sobre las últimas acciones llevadas a cabo por la justicia colombiana relativas al Tesoro Quimbaya y cree llegado el momento de tocar otros puntos relevantes del Caso Inca.
- Hay una cuestión que hemos de tratar y creo que este es un buen momento, el fallecimiento del vigilante del museo. ¿Cuál es vuestra opinión sobre ello, fue algo premeditado o más bien un hecho accidental?
- Estamos convencidos que lo segundo – es Bernal quien contesta –. Creemos que ese suceso no figuraba en los planes de los asaltantes. El robo del furgón tiene toda la pinta de haber sido concebido por profesionales y estos saben que cometer un asesinato supone una condena mucho más dura que la de un mero atraco. Otro dato que apunta a que no desearon causar más bajas es que, pudiendo, no atacaron a nadie más. Por tanto, la muerte del uvese la calificamos como un accidente e irrelevante en cuanto atañe a la solución de caso.
- Perdón, ¿qué significa uvese? - pregunta el gabacho.
- Es la contracción de vigilante de seguridad – le explica Atienza.
- Alors, en vuestro informe preliminar sobre el fallecimiento del uvese – El galo se muestra rápido a la hora de aprender la jerga de sus colegas – indicáis que el único testimonio que tenéis sobre el hecho es el del vieillard del que me hablasteis, del tal Ponte. ¿No es así? – sin esperar respuesta prosigue -. ¿Consideráis fiable su testimonio al cien por cien?
- Hombre – es Bernal quien sigue respondiendo -, cierto que es un hombre de avanzada edad, que estaba muerto de miedo y que su única preocupación era salir vivo de allí y salvaguardar a su nieto, pese a todo damos a su testimonio un alto grado de fiabilidad.
- Bien. Más adelante me gustaría poder interrogarle, pero por el momento no es lo prioritario. Lo que ahora si me interesa porque supongo que tendréis más de una hipótesis es… - Blanchard no acaba de completar la frase.
- Hipótesis, ¿sobre qué? – inquiere Bernal.
- Sobre la identidad de los autores del robo.
- ¿Contestas tú o yo? – pregunta Bernal.
- Hazlo tú, bastante paliza os he dado hablando de los indios – se excusa Atienza.
- Tenemos al menos tres hipótesis sobre la identidad de los atracadores – explica Bernal -. La primera está relacionada con tres datos relativos al suceso: el origen del tesoro, la reclamación del mismo y el hecho de que, hasta donde hemos podido constatar, las dos únicas frases que pronunciaron los asaltantes fueron hechas en correcto español. Esos datos apuntan a que podría tratarse de una banda colombiana. Todos sabemos que en Colombia hay narcotraficantes cuya capacidad económica es increíblemente poderosa y que se mueven con asombrosa facilidad allí donde se consume coca, lo que supone casi todo el mundo. Esta hipótesis contempla la posibilidad de que un grupo de dicha nacionalidad, patrocinado por alguno de los cárteles vinculados al narcotráfico, haya sido el autor del robo.
- ¿Para devolver el tesoro a su país? – pregunta el francés, en cuyo rostro se pinta un gesto de incredulidad.
- Tu pregunta no tiene respuesta. Al menos, por ahora – aclara Atienza, al que sin duda alguna le gusta el parloteo -. Es evidente, que el gobierno colombiano no podría aceptar la devolución del tesoro recuperado por medios ilícitos. Ello no es óbice para que algún capo de la droga mantuviera las piezas robadas en lugar oculto para su particular contemplación. Algunos de los grandes señores del tráfico de coca han llegado a poseer bienes y tesoros artísticos que se disputarían los mejores museos del mundo. En todo caso, como ha dicho Bernal, es la hipótesis a la que damos menos valor. Por cierto, si no la has leído te voy a dejar una novela del Nobel colombiano Gabriel García Márquez titulada “Noticia de un secuestro”. Es una crónica basada en hechos reales, que gira alrededor de unos secuestros ordenados por el capo Pablo Escobar y que es una pintura formidable del poder que los narcos llegaron a tener en la Colombia de los años noventa. Negociaban con el gobierno de igual a igual.
- Bien, continúo – Bernal retoma la palabra -. La segunda hipótesis es que se tratara de una banda española. Tampoco tenemos mucha fe en esta teoría. En líneas generales, la delincuencia nativa no suele estar preparada para golpes de esta naturaleza. Cierto es que en nuestro país no escasea el robo de objetos artísticos, pero se centran básicamente en el asalto a centros de culto cuya seguridad deja mucho que desear o es inexistente. Iglesias de pequeños pueblos, ermitas, apartados conventos, etcétera, son algunos de los lugares en los que todos los años hay rapiñas de bienes artísticos, algunos de gran valor. Pero de esos robos, a llevarse una colección única en el mundo, como el Tesoro Quimbaya, hay todo un abismo. Pese a todo, es una línea que mantenemos abierta por el momento puesto que hay algunos elementos que así lo aconsejan.
- ¿Cuáles son? – se interesa el galo.
- Uno, que el atraco se ha cometido aquí, lo que induce a creer que si no son españoles, al menos algún componente de la banda es muy factible que lo sea. Dos, que el hecho de que las cámaras de vigilancia no funcionaran ese día abona la sospecha de que los asaltantes tienen un cómplice entre el personal del museo. Naturalmente, no es determinante ser español para conseguir un secuaz, pero en este caso serlo lo facilita. Y tres, como dije antes al hablar de los colombianos, está el dato de que los atracadores que hablaron lo hicieran en nuestro lengua.
- ¿Y la tercera hipótesis? – inquiere el galo.
- Es la que creemos más sólida. Que se trate de una banda internacional especializada en robos de objetos artísticos de gran valor. Sabemos de la existencia de esos grupos en buena parte de Europa. Nos hemos puesto en contacto con Interpol para que nos facilite cuantos datos tenga en sus archivos sobre esa clase de bandas. Ya nos han remitido una primera relación, pero que no pasa de ser una simple enumeración. Seguirán profundizando en esa línea y nos enviarán más información a medida que vayan recopilándola.
- Hay una cuestión básica, pero que no he visto en vuestro primer informe. ¿Estáis de acuerdo en que se trata de un vol sur comande? – el francés usa su idioma al no saber cómo se denomina un suceso así en la jerga policial española.
- ¿Un robo de encargo? – traduce Atienza -. Por supuesto. Así lo hemos contemplado desde el minuto uno. Este robo fue encargado y financiado por persona o personas concretas o si no fue así sería porque los atracadores conocían de antemano quien les iba a comprar la mercancía. Nos inclinamos por la primera opción, ¿por qué? Porque todas las piezas del tesoro están perfectamente catalogadas y son más que conocidas en los circuitos artísticos y museísticos de todo el mundo. Este no es un robo cuyo contenido pueda venderse al primer chamarilero
- ¿Chamarilero, qué significa? – pregunta el Blanchard.
- En principio, una persona que se dedica a comprar y vender objetos de lance y trastos viejos, pero algunos de ellos se especializan en adquirir objetos robados, lo que se conoce como receptación – contesta Atienza -. Como decía, no creemos que exista un chamarilero que se atreviese a comprar una sola pieza del tesoro, supondría correr un alto riesgo. ¡Ojalá lo hubiera!, nos facilitaría enormemente la solución. Por eso, y como apuntas, hemos creído desde el principio que persona o personas, por el momento desconocidas, han encargado a una banda especializada realizar el robo. En esa línea de investigación trabajamos básicamente.
- Hipótesis, líneas de investigación…, pero pistas fiables, indicios concretos, ¿tenéis algunos? – el gabacho es duro, sigue apretando las tuercas a sus colegas.