martes, 18 de agosto de 2015

7.3. Buscando recomendaciones


     Al igual que les ocurre a otros mozuelos del pueblo, para Carlitos Villangómez  el de este año también será su primer baile de los estudiantes. Y asistirá llevando entre sus brazos a Amparín Vives, la mujer de sus sueños, al igual que ocurrió en las fiestas del pasado verano donde no pararon de bailar en las verbenas que el Ayuntamiento organiza en la improvisada plaza de toros. Sus sentimientos hacia la muchacha no se los ha contado a nadie, ni siquiera a sus amigos y mucho menos a sus padres, se moriría de vergüenza, pero sí ha sincerado con su hermana Beatriz. Ahora que ella ha llegado de Ademuz, donde regenta su primera escuela, va a contar con alguien con quien compartir el aluvión de sentimientos y sensaciones que le produce Amparín y que, a menudo, le cuesta asimilar.
   Ambos hermanos se parecen bastante: son esbeltos, tienen una[ZR1]  piel que parece nacarada y unos rostros de facciones atractivas nimbados por una cascada de negro pelo. Beatriz sin ser una gran belleza, tiene algo que hace que su cara no se olvide fácilmente. Carlos sabe que su hermana siente pasión por él, por eso es la persona en quién más confía. Y ahora necesita su ayuda para despejar las dudas que le inquietan.
- Bea, otra pregunta: ¿qué será más apropiado, recoger a Amparín en su casa o esperarla en el baile? Lo digo porque cuando los domingos vamos a bailar nos citamos a la puerta de la pista.
- Pero alma de cántaro, éste no es un baile como los demás, es especial, se le podría calificar como un baile de gala y en ellos la cortesía exige que el caballero vaya al domicilio de la dama a recogerla ¿Ya hablaste con el padre de Amparín?
- No, ¿tengo qué hacerlo?
- Naturalmente. Es lo correcto y lo que debes hacer.
- Si tú lo dices..., pero Amparín me ha asegurado que no irá al baile si no es conmigo. Y que de sus padres se encarga ella.
- Vaya con la niña, pequeña pero matona. De todas formas, hermanito, habla con ella y convéncele de que deberíais decírselo a sus padres antes de que te presentes en su casa.
- Vaya trago. ¿Y qué les digo?
- La verdad. Que para ti sería un honor que te dejaran acompañar a Amparín, que cuidarás de ella como si fueras un caballero de la Tabla Redonda y…
   Carlitos interrumpe a su hermana:
- Espera, espera, ¿qué es eso de la Tabla Redonda?
- ¡Por Dios!, ¿se puede saber qué diablos os enseñan en el instituto? Que la tratarás y la guardarás como el tesoro más preciado.
- Eso ya pensaba hacerlo, pero ¿y si me niegan su permiso para llevarla al baile?
- Tendrás que aguantarte. Para que eso no suceda, antes de que tú aparezcas por su casa, quien tiene que convencer a los señores Vives es su hija. O sea, que pídele a tu Dulcinea que vaya trabajándoselos.
- ¿Tú piensas ir al baile?
- Todavía no lo sé, lo decidiré en el último momento.
- Tienes que asistir, Bea. Has sido muchos años el alma del baile.
- Sí, y ahora que dejé de serlo, ¿puedes imaginarte la cantidad de problemas y de trabajo que me he quitado de en medio? Además, no tengo pareja.
- Ni la necesitas. Te vas con tu amiga Carmen Ribes, que es otra que siempre está sola, y ya verás lo bien que lo vais a pasar. Podéis chismorrear a todo tren y despellejar hasta al lucero del alba. Por otra parte, ¿quién te dice que no vayas a encontrar un buen mozo que te tire los tejos?                                                                       
   Hay otros jovencitos que tienen problemas más peliagudos que los Villangómez, es el caso de Ernesto Ballesta; nunca asistió al baile, jamás fue invitado, tampoco mostró ningún interés en ello, pero este año Ernesto ha movido cuantos resortes han estado en su mano para participar en la fiesta, tiene un poderoso motivo: se lo ha prometido a su novia. Con el primero que habló fue con Pepín Mañes. Su sorpresa fue mayúscula al escuchar que nunca le habían invitado porque no le consideraban estudiante.
- ¿Cómo qué no soy estudiante? ¿Y entonces qué crees que hago todos los días en la Escuela de Maestría, rezar el rosario o vender cupones de la ONCE?
- Tienes razón, pero que yo recuerde nunca ha asistido al baile alguien que estudiara Maestría.
- ¡No te fastidia!, porque soy el primero del pueblo que lo hace.
- No sé qué decirte. De todos modos preguntaré, pero lo veo complicado.
   Aquel mediodía, durante el almuerzo, su madre pregunta a Ernesto porque está tan mohíno. El chico se sincera y le explica sus problemas para poder asistir al baile de los estudiantes. Cuando llega del trabajo el cabeza de familia, su mujer le cuenta el disgusto que tiene el muchacho. Esa misma noche, Alfredo Ballesta tiene tertulia en casa de Manuel Lapuerta para escuchar las emisoras internacionales, en especial aquellas que hablan mal del Régimen. En un receso cuenta a sus contertulios lo que le pasa a su hijo, como una muestra de la cerrazón social de la pretendida élite del pueblo. El médico, que es muy amigo de sus amigos, se interesa por el asunto.
- Sí tu chico tiene verdadero interés en asistir a la fiesta igual yo puedo echarle una mano.
- No se moleste, don Manuel. Solo son problemas de chavales. Dentro de unos días ni se acordará.
- Estoy de acuerdo en que es una fruslería, pero la pregunta que te planteo es ¿quiere o no quiere tu chico ir a ese baile?
- Hombre, querer lo que se dice querer claro que sí.
- Entonces, déjalo de mi cuenta y vamos a ver si podemos sintonizar de una puñetera vez la Pirenaica, que esta noche las interferencias nos lo están poniendo más difícil que nunca.
   El médico le pide a su mujer que haga la gestión para que inviten al hijo de Ballesta. Angustias habla con Lola y ésta, a su vez, traslada la petición a Beatriz. Aunque la Villangómez ya no presida la comisión del festejo sigue teniendo vara alta en la misma. El resultado del pequeño enredo es que Ernesto y su novia Matilde Puig serán de la fiesta. De esa manera, tan trivial como un tanto rocambolesca, la organización del baile de los estudiantes se entremezcla con el proceloso mar de la política local.
- Al entrar me he cruzado con la mujer de Lapuerta, ¿quería algo o solo ha sido una visita de cumplido? – pregunta Gimeno a su mujer.
- Ha venido a pedirme un pequeño favor. Una invitación para el baile de los estudiantes.
   Lola cuenta a su marido la petición que le ha trasladado Angustias, un asunto baladí entre mujeres. Sorprendentemente José Vicente se interesa por el tema.
- Estoy pensando, Lola, que ese baile podría ser un filón de futuro.
- No sé a qué te refieres.
- Piensa que ahí está toda la juventud del pueblo cuyas familias son alguien o, al menos, pretenden serlo. Si pudiésemos controlar el sistema de acceso al baile, quiénes pueden asistir y quiénes no, tendríamos un buen instrumento para dispensar favores. Y se convertiría en un caladero para pescar voluntades.
- José Vicente, he de reconocer que no había pensado en esa faceta. Conozco el baile desde la primera vez que se celebró – Lo que Lola no le cuenta es que asistió al mismo con Rafael Blanquer – y nunca se me ocurrió verlo desde ese prisma. Para mí, como creo que para todos, no es más que un festejo que solo sirve para que la gente joven se lo pase bien y, sobre todo, las chavalas puedan lucir sus mejores trapos. Para los adultos solo es una ocasión de alimentar su vanidad.
- Y supongo que así seguirá siendo, pero vamos a pensarlo con detenimiento y para el baile del próximo año hemos de ver como encontramos un procedimiento para controlar esa comisión de admisión, de tal forma que, a la postre, quienes decidamos seamos nosotros.
- Eso es muy sencillo. La comisión siempre tiene problemas de perras. Por ejemplo, este año se han quedado sin el local de la calle Sichar y han de buscar otro, que no les saldrá gratis. Como el alquiler resulte caro se van a quedar sin un duro. Eso nos ofrece dos vías de acceso para que la comisión baile, y nunca mejor dicho, al son que les queramos marcar.
- ¿Y esas vías son?
- Darles una subvención – al ver el gesto negativo de su marido, Lola se apresura a añadir -. Ya sé que el Ayuntamiento no tiene un chavo, pero estoy hablando de una contribución de poca monta. Cuatro duros mal contados. La otra vía es facilitarles directamente un local. Esta última, quizá nos resultará más barata. Hay gente en el pueblo que te debe algún que otro favor y no podrían negarse a dejarte un local por veinticuatro horas y, encima, posiblemente gratis.
- Lola, nunca me cansaré de decir que el día que me casé contigo me sonrió la diosa Fortuna.                                                                       

viernes, 14 de agosto de 2015

7.2. Jugando a celestinas



   Martín el barbero, una mañana más, está afeitando a Alfonso Grau, quien recordando lo que Gimeno le contó del baile de los estudiantes, tira de la lengua al fígaro sobre el festejo.
- ¿Y qué tiene ese baile de particular?
- Que es el único de ringorrango que se celebra en el pueblo. Nació hace unos años, como una mala copia de uno que los estudiantes de Valencia organizan en una sala de fiestas por las vacaciones de Navidad. También es un pretesto que sirve de escaparate para los que aspiran a ser algo más de lo que son.
- ¿Y cuándo se celebra?
- Generalmente en el trecho que va de Año Nuevo a Reyes.
- ¿Puede asistir cualquiera o es por invitación?
- Está reservado el derecho de admisión. Hay personas que no necesitan invitación, como los estudiantes y los hijos de las familias con más posibles, aunque ahora comienza a ir gente de medio pelo, pero estos han de trabajarse el que sean invitados.
- Y los de medio pelo, ¿cómo consiguen la invitación? – Grau sigue tirando de la lengua al rapabarbas.
- No puede ni imaginarse, don Alfonso, lo que muchas familias llegan a hacer. Hay todo un combate sotarrado para que sus hijos, especialmente los que están en edad de merecer, sean invitados al festejo. Las tásticas para lograr la invitación son muchas y diversas. La más frecuente es conseguir que el chico o chica sea pareja de uno de los miembros de pleno derecho. Estos reciben multitud de ensinuaciones, cuando no de peticiones directas, que a veces se convierten en auténticas pejigueras a lo largo de las vacaciones de Navidad, que es cuando se prepara la organización del festejo.                                                                            
   Las vacaciones a las que aludía el barbero Martín, las navideñas, se aproximan. Los muchachos que estudian fuera vuelven al pueblo. Todos se conocen, aunque eso no suponga que sean amigos. Solo hay un acontecimiento que les une: el baile de los estudiantes. Para ellos es muy importante, en cambio para la mayoría de la gente es únicamente motivo de chismorreo que es lo que están haciendo dos comadres que se han topado en la calle.
- Tengo un rumor que te va encantar. ¿Sabes quién dicen que está empeñada en que inviten a su hija al baile de los estuiantes? – Y la comadre, sin esperar ninguna clase de respuesta, suelta la noticia -. Dorotea la Barquera.
- ¿Dorotea? Si además de ser una barriobajera no tiene dónde caerse muerta.
- No creas, ganó sus buenos duros con el estraperlo.
- ¿Y a santo de qué esos humos? La inviten o no, la niña seguirá siendo la hija de la Barquera. Y todo el mundo sabe de qué pie cojea esa familia.
   La táctica más habitual para conseguir la invitación al baile, de aquellos que no la tienen, es presionar a las familias, cuyo derecho de asistencia nadie discute, para que presenten y apoyen al aspirante. Es lo que está haciendo Dorotea la Barquera con la esposa del jefe de Falange.
- Lola, no puedes negarme el favor. Te puedes imaginar la ilusión que le haría a la chiquilla ir al baile. Solo puedo recurrir a ti, y ya sabes que sé agradecer los favores.
- Te entiendo perfectamente, Dorotea. Te prometo que haré cuanto esté en mi mano, pero ya sabes que la selección es cosa de la comisión de los estudiantes.
- Ya lo sé, pero tú tienes buena mano, y tu marido no digamos.
- No es tan fácil como lo pintas, no tenemos tanta influencia como dices, ¡ojalá! Si me lo hubieses dicho antes... Bueno, no te preocupes. Veré lo que se puede hacer. Y si la cosa no sale bien, sabiendo que tienes tanto interés, el próximo año seguro que la sacaremos adelante.
- De aquí al año que viene Dios sabe lo que puede pasar. Tendría que ser ahora. He encargado el traje sin decírselo a mi marido. Como la niña se quede sin baile, en cuanto el Ramiro vea la factura de la modista me va a deslomar.
   Gastos extras son inevitables porque el baile hay que prepararlo debidamente, especialmente las debutantes. Hay que hacerse un vestido adecuado para la ocasión y un traje de buen corte solo puede adquirirse en Gandía o en Valencia. Y hay que estrenar zapatos a juego y alguna que otra joya o, cuanto menos, bisutería de cierto porte. Y todos los complementos necesarios para que la novel invitada acuda a la fiesta como un pincel. Y luego está el dilema del acompañante. Por eso, hay quien planifica la asistencia al baile como si preparase una escaramuza bélica. Uno de esos es Pepín Mañes. Piensa que no se trata de ir por ir, hay que sacar alguna utilidad al puñetero baile. Y su objetivo, que a partir de ahora va a ser prioritario, es encontrar una buena novia. Ha tonteado con varias muchachas, mas ninguna le atrajo lo suficiente como para emparejarse. Sabe que en cuanto termine la carrera de magisterio tendrá que hacer oposiciones, lo que supondrá marcharse del pueblo. Para cuando llegue ese día debería de tener algo seguro, porque luego solo estará en el pueblo durante las vacaciones e igual no es tiempo suficiente para encontrar lo que necesita. Tiene que hacerlo ahora. Todas las jóvenes de las mejores familias van a estar allí, por lo que va a tener el muestrario completo para comenzar a separar el grano de la paja. De todas formas, Pepín quiere atar todos los cabos posibles en su búsqueda y para ello le cuenta sus anhelos a la única persona que sabe que no se burlará de él y que hará cuanto pueda para ayudarle: Beatriz Villangómez, el hada madrina de los estudiantes locales. Bea, como suelen llamarla, tras escuchar atentamente las cuitas del muchacho le plantea una proposición inesperada:
- No creo que pueda ayudarte mucho, Pepín. Aunque hace ya unos años que vivo aquí, he pasado más tiempo en Valencia que en el pueblo y no conozco a fondo todas las jovencitas y a sus correspondientes familias, pero… sí sé quién las conoce muy requetebién: Lola Sales, que como sabes es buena amiga mía y a la que le flipa hacer de casamentera.
- Bea, lo que te estoy contando no es como para ir largándolo por ahí. Te lo cuento a ti y a nadie más. Ya supongo que la señora de Gimeno conoce del derecho y del revés a todas las familias del pueblo, pero mi petición es algo muy reservado y no para contársela a terceros.
- Lo comprendo, Pepín. Yo se lo plantearía de forma muy discreta y sin mencionar nombres. 
   Pepín se lo piensa un momento.
- Si lo planteas así…, bueno, pregúntale a Lola, pero como has dicho de manera muy, muy discreta.
   Beatriz lleva a cabo su embajada y aunque no menciona el nombre de Pepín Mañes, por las señas que tiene que darle a Lola ésta reconoce rápidamente quien es el apadrinado de su amiga Bea. Y lanza el primer nombre que se le ocurre y que atesora las cualidades que pretende Pepín.
- Una jovencita con las cualidades que quiere tu amigo podría ser Amparín Vives.
   Una carcajada es toda la respuesta que le ofrece Beatriz, quien antes de que se moleste su amiga, se explica:
- Lola, tienes que ponerte al día en lo que atañe a los emparejamientos del mocerío local. Amparín ya está comprometida para el baile.
- ¿Ya tiene pareja? – se sorprende Lola.
- Sí y no – es la ambigua respuesta de Bea -. Tiene pareja, pero no es oficial. Sus padres no lo saben.
- No me digas que va a ir al baile con un acompañante desconocido por sus padres. Esa chica es un poco rara, ¿no?
- De rara, nada. Lo que tiene es mucho carácter. No me importaría ser como ella. Y sí alguien te importa de verdad tener el coraje suficiente para liarte la manta a la cabeza y tirar por la calle de en medio. Eso es lo que quiere hacer Amparín, si va al baile será con su elegido que no es otro que mi hermano Carlos.
   Ahora, quien suelta la carcajada es Lola.
- Tienes toda la razón, Bea. Me estoy quedando desfasada de lo que pasa en el mundo de la gente de menos de veinte años. Eso significa que me voy haciendo vieja.
- De vieja nada, estás en la flor de la vida como suele repetir mamá. Y estamos como al principio, sigo necesitando un nombre para mi amigo.
- Te doy otro: Maricarmen Traverso.
- No la conozco. ¿Crees que será apropiada para… mi amigo?
- No respondo que se vayan a gustar mutuamente, pero apropiada lo es y mucho. De entrada es una chavala que no está mal, es bastante mona, su padre no es tan rico como Vives, pero está igualmente forrado. Ah, y otro dato que tiene su importancia: si tu amigo es quien supongo, ella es más bajita que él. Eso es algo que estoy seguro que le encantará.
- ¿Y la Traverso por qué no va al baile?
- ¿Cómo quieres qué vaya? No estudia ni le ha invitado nadie. ¿Te parecen pocos motivos para no poder asistir? Y la pena es que se muere de ganas, sería su primer baile.
- ¿Y tú crees que aceptaría ir con mi amigo?
- De mil amores. 
- ¿Y cómo accedo a la niña Traverso para invitarla al baile en nombre de mi amigo?
- Fácil. La niña Traverso, como la llamas, es amiga de Pilarín Mañes la prima de tu amigo. Dile que hable con Maricarmen y todo solucionado.
- La verdad, Lola, es que somos dos marujonas, aquí estamos como dos alcahuetas arreglando parejas y, quien sabe si no futuros emparejamientos – comenta con una sonrisa Beatriz. 
   Pilarín ha ido en busca de Maricarmen para trasladarle la invitación de Pepín que ésta recibe batiendo palmas.                                                   
- ¡Qué buena amiga eres! ¿Y tú con quien vas a ir?
- Con Manolo Valero.
- ¡Con Manolo, pero si tu familia no se habla con los Valero!
   El encogimiento de hombros de Pilarín vale por una respuesta.
- ¿Y qué les parece a tus padres que vayas con él? – inquiere, curiosa, Maricarmen.
- Aún no se lo he dicho. Supongo que al principio me montarán el pollo y me dirán que nanay, pero terminaré soltando unas lagrimitas y al final pasarán por el aro.
- Oye, Pilarín, hablando de amigas. Tenemos otra que está en mi misma situación...
- Julita Piñol, ¿verdad? – se adelanta, Pilarín.
- La misma. Está que rabia por no poder ir, pero ya sabes que pondrá una condición: solo aceptará ir si su acompañante es Miguelito Vinuesa, si no se quedará en casa.
- De todas formas, ya que lo has sacado..., se me ocurre que no perdemos nada por preguntárselo a mi primo Pepín. Como sabes, es muy amigo de Miguelito, hacen el mismo curso y viven juntos en Valencia.                                                            
- ¡Me encanta esto de hacer de celestina!