domingo, 21 de junio de 2015

*** Verano 2015




   Hoy, a las 18,38, comienza el solsticio de verano en el hemisferio norte. El clima de la ciudad en la que vivo, Madrid, se reparte anualmente en dos ciclos: nueve meses de invierno y tres de infierno, al menos eso dicen los castizos. O sea, que hoy empieza el infierno madrileño. Para escapar del mismo, como hago todos los años, me marcho a mi particular Senillar. Allí espero que la influencia del Mediterráneo haga más llevadera la canícula.
   Con ese motivo, y dado que estaré sin ordenador un par de días, la entrega de mi blog que habitualmente hago los martes la adelanto al lunes.
   Mis mejores deseos para que los lectores pasen un feliz verano y para los del hemisferio sur que el invierno les sea leve y grato.

viernes, 19 de junio de 2015

5.13. ¿Te gustaría ir a Madrid?



   La Jefatura Provincial del Movimiento ha convocado a todos los jefes locales del partido para explicarles un acto que tendrá lugar en la capital de España en unas semanas. Se trata de manifestarse contra la campaña de desprestigio y los ataques que sufren el Caudillo y su Régimen en los países democráticos y, al tiempo, arropar al Generalísimo Franco como indiscutible líder de todos los españoles. Tras el final de la II Guerra Mundial y la derrota de los países totalitarios, Alemania, Japón e Italia, solo resta España como la única nación europea en la que gobierna un dictador. Esto es una verdad a medias, hay muchas más dictaduras: la URSS y las naciones satélites que viven bajo su yugo, el vecino Portugal, así como otros muchos países sudamericanos y asiáticos, pero por muy distintas causas las democracias se ceban con el régimen franquista en el que, ciertamente, quien manda no responde ante el pueblo soberano sino únicamente ante Dios y ante la historia, tal y como repiten los voceros oficialistas.
   La información que la Jefatura Provincial traslada a sus jefes locales y que estos han de transmitir a sus afiliados y a la ciudadanía en general es que la ONU, presionada por los países comunistas y los gobernados por masones y judíos, va a condenar a España y estrangularla económicamente, más de lo que ya está. Es una muestra más de la conspiración judeomasónica contra España, otra de las frases predilectas del Caudillo. Para protestar por semejante infamia y que se entere el mundo de que los españoles no van a amedrentarse fácilmente, los sindicatos, las cooperativas, las empresas, los municipios y la gente de bien están organizando una concentración en Madrid para decir alto y claro a los extranjeros que no se metan donde nadie les llama. Los asuntos de España, afirman, hemos de solucionarlos los españoles y no necesitamos que venga nadie de fuera a decirnos como tenemos que hacer las cosas. Nosotros no vamos por ahí diciéndoles a los gabachos, a los yanquis o a los hijos de la pérfida Albión como se las tienen que arreglar, pues ellos que hagan lo mismo y que nos dejen en paz. ¿Qué es eso de decir qué Franco no representa a los españoles?, ¿quién ganó la guerra?, ¿quién nos libró de las garras comunistas?, ¿quién terminó con los masones, los liberales y los separatistas? Pues el hombre que ha hecho todo eso, y más, es don Francisco Franco Bahamonde y los españoles nunca le agradeceremos lo mucho que ha hecho por la nación.
   Cada jefe recibe el encargo de reclutar a un grupito de  gente de su confianza para que le acompañen en ese viaje a Madrid. José Vicente pone todo su empeño en la encomienda, también es una manera de atemperar el desasosiego que le embarga desde que descubrió sus sentimientos hacia Lolita. Y, sin embargo, en una muestra más del desconcierto que le atenaza es a Lolita con quien primero comenta el cometido que le han encomendado.
- ¿A ti que te parece?
- Pues qué quieres que te diga – responde Lolita con una frase que no dice nada.
- Pero algo opinarás, ¿no? – insiste José Vicente.
- Bueno, si insistes. Creo que es un montaje para consumo interno. Dudo mucho que al resto del mundo le impresione que se reúnan en Madrid cien mil personas o un millón.
- ¿No te gustaría ir?
- ¿A hacer de palmera durante unas horas? Vamos, José Vicente, seamos serios.
     La negativa opinión de Lolita no hace demasiada mella en Gimeno quien se afana en encontrar compañeros para el viaje a la capital. De ninguna manera quiere que en la Jefatura Provincial crean que no es capaz de reunir a un grupo de personas. Lo de menos es que sean afiliados o simpatizantes, lo que importa es completar la cuota de viajeros que le han asignado. En cuanto se corre la voz de la campaña de Gimeno para lo del viaje las opiniones para todos los gustos vuelan en las tertulias del café.
- ¿Y eso va a servir para algo?
- Quien sabe, a lo mejor se abarata la gasolina y aumenta el cupo del racionamiento.
- Eso no lo verán tus ojos, pardillo.
- Bueno, si lo montan será por algo, ¿no?
- Don Manuel, ¿usted piensa ir? – pregunta un contertulio al médico.
- No, no voy a ir. Por una parte, Gimeno no me ha invitado y, por otra, lo de ir a hacer bulto para aclamar al Caudillo, porque de eso se trata, no me atrae excesivamente.
- Pues a mí, como el Gimeno me lo proponga le voy a decir que sí. Sería una buena ocasión de conocer la capital.
- Supongo que para ir habrá que estar apuntado a la Falange.
- Es posible, pero que yo sepa en el pueblo no debe haber apuntados más de una docena. También tendrán que echar mano de los que no lo son.
- Yo tampoco conozco Madrid y si por aplaudir un rato a Franco me ofrecen esa oportunidad no me importaría viajar.
- ¿Y os vais a gastar una pasta para eso?
- He oído decir que si el viaje va a ser gratis.
- ¡Y encima gratis, vaya chollo! Voy a buscar al Gimeno a ver si me apunta.
   Mientras los corrillos siguen discutiendo, Gimeno prosigue en su afán de conseguir compañeros de viaje.
- ¿Te gustaría ir a Madrid? – es la pregunta que espeta a bocajarro.
- ¿A Madrid? Pues claro. No he estado nunca, pero cuéntame, ¿de qué va eso?
   Gimeno se explaya sobre el viaje tratando de convencer a quienes está invitando al mismo. De todas las provincias irán representaciones, para que el mundo sepa lo que pensamos y lo que sentimos, también de Valencia partirán varios autobuses hacia Madrid y en uno de ellos irá un grupo de gente del pueblo.
- Tú puedes ser uno de ellos – concluye.
- Pero el viaje a Madrid cuesta un dinero y no te digo si hay que hacer noche.
- Ni un duro. No tienes que gastarte nada. Es todo gratis. Hasta nos van a dar unos bocadillos para el viaje. Va a ser un viaje de ida y vuelta, y dormiremos en el autobús.
   Algunos de los invitados, los menos, excusan su asistencia. A otros lo del viaje no les parece mal. Al final, Gimeno convence a nueve personas, la cuota de participación que le han marcado. Salvo Juanito, el gasolinero que, como excombatiente de la División Azul es un falangista convencido y agradecido pues le adjudicaron la gestión del poste de gasolina del pueblo, los demás viajan más por conocer Madrid que por otra cosa. Ya dado el consentimiento hay quien está al borde de desdecirse cuando, en la reunión que se celebra en la jefatura local para informarles de los detalles del viaje, Gimeno les indica que sería conveniente que lleven camisa falangista.
- Perdona José Vicente, pero no tengo una camisa de esas.
- Tendrás alguna camisa azul, ¿no?
- Creo que sí, pero no la de falangista.
- ¿Y quién se va a enterar? Con el frío que hace en Madrid habrá que llevar ropa de abrigo, con que se te vea algo azul debajo del jersey o del suéter será suficiente.
   El ocho de diciembre, los nueve vecinos de Senillar, bajo la batuta de Gimeno, se concentran en Valencia para sumarse a los que van a marchar a Madrid. La representación provincial sale en varios autobuses hacia la capital de la nación. El viaje, por la maltrecha carretera nacional Valencia-Madrid, es largo y tedioso. Entre el pésimo estado de conservación de la vía y la escasa velocidad de los baqueteados vehículos el trayecto se hace interminable. Por si faltaba algo, en el puerto de Contreras, la única dificultad reseñable del itinerario, el motor del autobús en el que viajan los senillenses se recalienta y del radiador empieza a salir vapor como si fuera una locomotora. Han de detenerse y esperar un par de horas hasta que la máquina se enfría, reponer el agua perdida y retomar el viaje. Antes de llegar a Motilla del Palancar, donde paran a repostar gasolina y a echar una meada, la mayoría ya se ha zampado los tres bocadillos que la organización les ha facilitado. Cuando llegan a la ciudad, ya bien entrada la noche, solo piensan dónde encontrar algo sólido que llevarse a la boca y calentar el cuerpo porque, como les habían avisado, Madrid les recibe con un serrano y cortante airecillo escasamente acogedor.

martes, 16 de junio de 2015

5.12. Para que el amor siga vivo hay que luchar



   Dos de los estudiantes habituales del coche de línea Senillar-Valencia son los hermanos Villangómez. La mayor, Beatriz, prepara oposiciones al Cuerpo del Magisterio Nacional de Enseñanza Primaria. El pequeño, Carlitos, estudia bachillerato. Sus padres, don Fulgencio y doña Concha, los lunes se levantan algo más temprano que de costumbre. Habitualmente se ponen en pie sobre las ocho, lo que les da tiempo suficiente para arreglarse y desayunar antes de dirigirse al grupo escolar José Antonio, dónde ejercen de maestros. Si madrugan más los lunes es porque sus dos retoños viajan a Valencia y han de coger el autobús.
   El benjamín de la familia, Carlitos, suele levantarse con el tiempo justo. Se le pegan las sábanas con facilidad. Esta mañana está observándose en el espejo a ver como progresa su bigote. Al paso que va pronto podrá afeitarse. La idea hace que su cara, de rasgos nobles y agraciados, se pueble con una sonrisa de las que resultan contagiosas. ¿Le gustaré a Amparín con bigote? Que pregunta más tonta, se contesta, le gusto de todas las maneras. Todavía no son novios formales, son demasiado jóvenes, pero ya tienen decidido que en cuanto empiece una carrera, que ya tendrá dieciocho años, hablará con el padre de ella. Cuando lo piensa se desazona pues quién puede ser su futuro suegro tiene fama de tener mucho genio y de no ser fácil de contentar. En el pueblo goza de prestigio, no en vano es el alcalde, aunque también hay gente que le pone a caer de un burro. A todo ello hay que añadir un aspecto de la familia Vives que nunca había tenido en cuenta hasta que el cuentaduros de Pepín Mañes se lo hizo notar.
- Me han dicho que estás saliendo con la hija del alcalde. Zagal, no te consideraba tan listo. Vaya sorpresa que me he llevado contigo.
- No veo que haya nada de sorprendente. Salvo que te refieras a que Amparín es la chica más encantadora y preciosa del pueblo y, si me apuras, del mundo.
- No me vengas con chorradas, majete. El romanticismo está bien en las novelas, pero en la realidad no sirve para nada. Lo que cuenta es que quien se haga con la Vives, se llevará el mayor chollo del pueblo.
- ¿Y por qué un chollo? Tal y como lo dices parece como si Amparín fuese una especie de saldo.
- No digas bobadas, capullo. ¡Qué coño va a ser un saldo! Todo lo contrario, es como si te tocara el premio gordo de la lotería. Paco Vives no se dejaría ahorcar por menos de cincuenta quilos. Aunque está por ver que el señor alcalde te acepte como futuro yerno.
   Lo que le faltaba, que alguien pueda pensar que va con Amparín por su dinero, pero no se inquieta excesivamente por ello. Si alguien lo piensa es su problema. Está enamorado de ella porque…, porque sí. Te quiero porque te quiero, como dice la copla. Se preocupa más cuando oye hablar a sus padres de solicitar en el concurso de traslados del magisterio. Están empeñados en acercarse a una ciudad que tenga universidad, así podría cursar estudios superiores. Su padre quiere que sea médico. Ni soñarlo, con lo que le horroriza la sangre, a él lo que le gustaría es estudiar derecho. Pero... si se van del pueblo ¿qué va a pasar con Amparín? Tendrá que encontrar la manera de compaginar lo de seguir con ella e ir a la universidad. Que tonto soy, se corrige, parezco la moza del cuento de la lechera. Porque en cuanto a ser universitario, papá me lo ha dejado claro: mientras vivamos en Senillar voy a tener que conformarme con estudiar magisterio, como hizo Bea. De todas formas... El monólogo se trunca porque vuelven a llamarle.
- Carlitos, apresúrate, faltan menos de diez minutos para las ocho.    
   Amparín Vives, la hija del alcalde, mote por el que es más conocida, siente debilidad por los hermanos Villangómez. De Carlitos está locamente enamorada, ha sido el primer y único hombre que ha hecho latir desbocadamente su corazón. Desde que era niña no ha tenido ojos más que para él. Y tiene la inmensa fortuna de ser correspondida. Por Beatriz siente especial adoración, no solo por ser la hermana de quien es, sino porque Bea es algo así como su guía y confesora Con frecuencia le consulta sus problemas, incluso los sentimentales. Lo que desconoce es que Beatriz, a su vez, también tiene una especie de guía espiritual: Lolita Sales, por quien siente un enorme cariño y admiración. En las tardes que Bea pasa en la trastienda de la Moda de París absorbe, como si fuera una esponja, muchas de las opiniones y criterios que mantiene Lolita y luego los reproduce como si fueran propios.
   Es a través de Beatriz como Amparín ha llegado a conocer a Lolita, de quien se comenta en el pueblo que es una de las personas que más influye en Gimeno, el cual está enfrentado con su padre. Por eso, la primera vez que Bea le invitó a ir con ella a la trastienda de la Moda de París tuvo que hacer un acto de valentía para aceptar, porque su primera intención fue decir que no. Naturalmente, conocía a Lolita, de hecho había comprado más de una vez en la tienda, pero desde que supo que su padre estaba enemistado con Gimeno no había vuelto a pasarse por el establecimiento. La acogida que le hizo Lolita la desconcertó, más cariñosa, amable y simpática no pudo estar, pero lo que más le impactó fue encontrarse con una mujer que hablaba de temas que solo eran tratados por los hombres y no por todos. En la trastienda no se solía hablar demasiado de moda, de cine o de los últimos cotilleos locales sobre fulano o mengana. Recuerda que en aquella primera ocasión Lolita les habló de la novela que acababa de leer, escrita por una mujer, y que había obtenido el premio Nadal.
- Eso es lo que tendríamos que hacer las mujeres, ser capaces de hacer cosas para que se nos trate como personas que también saben pensar. Como ha hecho Carmen Laforet al escribir Nada. Ya está bien de que solo se nos valore por nuestra cara o por nuestro cuerpo.
- ¿Y eso cómo se logra? – pregunta Beatriz.
- Demostrando con hechos que somos algo más que floreros decorativos. Teniendo el arrojo y la energía para tomar nuestras propias decisiones. No hay que dejar que otros decidan por nuestra cuenta, sean los padres, los hermanos, los novios o los maridos.
   Es oír esto y a Amparín, que sospecha que su padre le va a montar un cirio cuando se entere de que sale con Carlitos, la réplica le sale espontáneamente:
- Eso se dice muy fácil, pero seguro que en el mundo real no se consigue así como así.
- ¿Y por qué no se va a conseguir? – inquiere Lolita.
- Te voy a poner un ejemplo. Una amiga mía – Amparín no se atreve a sincerarse – está saliendo con un chico majísimo en todos los sentidos. Todavía no les ha dicho a sus padres que sale con él porque teme que se opongan. Si llegado el momento ocurre eso, según tú ¿qué debería hacer mi amiga?
   Lolita, que ha escuchado atentamente la intervención de la jovencita, está al corriente por Beatriz de la relación entre Carlitos y Amparín y piensa que, posiblemente, la amiga a la que se refiere la muchacha no es más que ella misma.
- Esa amiga, ¿está enamorada del chico con el que sale o solo es para pasar el tiempo?
- Más que enamorada, está loquita por él – es la tajante respuesta de la jovencita.
- ¿Y el chico le corresponde?
- Completamente.
- Entonces, aconseja a tu amiga que pelee con todas sus fuerzas para mantener esa relación. El amor auténtico no se encuentra tan fácilmente y cuando se tiene la inmensa fortuna de hallarlo hay que hacer lo posible y lo imposible para conservarlo. Que se enfrente a sus padres y al mundo si es necesario, pero que no ceda. El amor no se mantiene sin más, hay que luchar para que siga vivo.